Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Cundinamarca

Radicado: 25269-31-03-002-2004-00127-02

Sala: SALA CIVIL - FAMILIA

Ponente: Germán Octavio Rodríguez Velásquez

Fecha: 2010-01-29

Sujetos procesales: DEMANDANTE: CONYEQUIPOS CONSTRUCCIONES LTDA. \ DEMANDADO: \ LILIA ELVIRA ROZO DE DÍAZ

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As�, si la �nica alteraci�n del cronograma de las obras que revela el litigio es la que obedeci� a la orden judicial, no hay como pensar en perjuicios en la constructora, pues lo m�nimo que debi� acreditarse en pos de esa reparaci�n, es que hubo verdaderamente retardo, algo de lo cual es ajeno totalmente el litigio. ( ) Ahora. Los hechos susceptibles de confesi�n de la demanda de las sociedad y de la contestaci�n que �sta dio a la promovida por Lilia Elvira son, b�sicamente, los atinentes a su corresponsabilidad en la extensi�n del da�o, pues admitiendo la constructora que al iniciar la obra el muro adyacente del predio vecino sufri� da�os, los cuales estuvo siempre dispuesta a reparar buscando as� conjurar la posibilidad de que los mismos se incrementaran, la propietaria de la heredad obr� con tozudez y, en cierta medida, hostilidad, alargando las cosas en el prop�sito de obtener, antes que la restauraci�n y reparaci�n del muro colindante, obtener una indemnizaci�n; eso es un hecho que puede probarse por confesi�n. Luego a las consecuencias adversas que ello genera para su posici�n dentro del litigio debe atenerse.

( ) Y no es que se diga que la renuencia a conciliar deba estigmatizarse probatoriamente; mal estar�ase sosteniendo que quien no depone sus armas en defensa de sus intereses admite la verdad que defiende su contraparte. No. Lo que acontece en este caso es que hab�an de por medio unas circunstancias muy particulares que impon�an un m�nimo de prudencia en la demandada, pues de ella depend�a que el da�o a su edificaci�n, cumplidamente al muro colindante afectado con la construcci�n del centro comercial, no se extendiera, cosa que en �ltimas se guard� comprobadamente de hacer y que, por lo mismo, autoriza a decir que los deterioros que finalmente se causaron a la estructura del antiguo muro y a las dem�s dependencias del predio fueron tambi�n culpa de ella; y no en la proporci�n que t�midamente dio en se�alar el juzgado, pues si probatoriamente pesa en contra de la demandada esa confesi�n de que se viene hablando, confesi�n que, a ojos vistas, indica que si bien su responsabilidad de cara al da�o no tiene la misma proporci�n que la que surge para la sociedad, s� alcanza para decir que por lo menos el cuarenta por ciento de la misma recae en la demandada, por supuesto que si la demanda le achaca a ella culpa en iguales proporciones, algo que se deduce de los t�rminos en que �sta se refiere al punto, y la confesi�n ficta tiene como virtualidad respaldar ese dicho, las cosas deben mirarse bajo ese prisma�.

El texto completo de la sentencia puede ser le�do a partir de la siguiente p�gina. TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE CUNDINAMARCA Sala Civil � Familia Magistrado Ponente: Germ�n Octavio Rodr�guez Vel�squez Bogot�, veintinueve (29) de enero de dos mil diez (2010) Ref: Expediente 25269-31-03-002-2004-00127-02 Pasa a decidirse el recurso de apelaci�n interpuesto por las partes contra la sentencia proferida el 4 de febrero del a�o anterior por el juzgado segundo civil del circuito de Facatativ� dentro de los procesos ordinarios acumulados que mutuamente se formularon la sociedad Conyequipos - Construcci�n y Equipos Ltda. y Lilia Elvira Rozo de D�az, teniendo en cuenta los siguientes, I.- Antecedentes La demanda presentada por la sociedad solicit� declarar que la demandada es responsable de los da�os padecidos por la demandante, al no haber permitido que �sta le hiciera las reparaciones necesarias al inmueble colindante al predio en que se estaba levantando el centro comercial �Los Portones� en el municipio de Facatativ�, y al haber impedido el normal desarrollo de la obra, haber generado traumatismos en la venta y comercializaci�n de los locales del proyecto en construcci�n, el mayor costo de la obra y la p�rdida de oportunidad causados, al haber creado p�nico econ�mico; como consecuencia, pidi�se condenar a la demandada a pagar esos perjuicios, tasados en el ac�pite petitorio de la demanda.

Asimismo, pidi� la demanda determinar los perjuicios que con la construcci�n de la obra se causaron al inmueble de la demandada, y fijar la indemnizaci�n que de buena fe debe pagarle la sociedad por ese concepto, cifra cuyo monto ha de reducirse habida cuenta de que en la causaci�n de esos da�os hubo �concurrencia de culpas�, no s�lo cuanto al valor de esos detrimentos sino tambi�n a los da�os ocasionados con posterioridad a la presentaci�n de la demanda.

Como fundamento f�ctico de tales pedimentos ad�jose, a modo de compendio, lo siguiente: Con el objeto de realizar el proyecto denominado Centro Comercial �Los Portones�, la sociedad adquiri� a principio de 2003 el predio ubicado en la calle 6� N� 3-73 de Facatativ�, tras de lo cual solicit� las correspondientes licencias de demolici�n y construcci�n ante las autoridades municipales, dando as� cumplimiento a las normas que regulan el tema, particularmente al plan de ordenamiento territorial y al decreto 2150 de 1995.

Debido al desarrollo de la obra, las construcciones aleda�as, entre ellas, la identificada con el n�mero 3-51 de la calle 6�, de propiedad de la demandada, presentaron da�os, tales como fisuras, humedad y asentamiento; por ello la sociedad procedi� oportunamente a reparar ese tipo de da�os sobre los bienes colindantes, como fue el caso de Rub�n Abril y Esperanza Arias, quienes despu�s de varias f�rmulas de arreglo, llegaron a un acuerdo extrajudicial con la compa��a; no fue as�, sin embargo, con la demandada, quien se opuso de manera rotunda, a pesar del invierno reinante y el peligro que reasentaba la hidrataci�n de los muros de adobe de su inmueble, da�os que se han venido agravando dada la antig�edad, el deterioro y la falta de mantenimiento del mismo; posici�n que mantuvo a pesar de los intentos de acercamiento verbales y escritos buscados por la sociedad, la cual, entre otras cosas, le propon�a reparar t�cnicamente el inmueble, previos estudios para ello.

En febrero de 2004 se la inst� infructuosamente a conciliar en la notar�a 2� de Facatativ�, pero de manera negligente y permitiendo de manera deliberada el deterioro del inmueble, con todo y las inclemencias del clima presentadas entre octubre y diciembre de 2003, despu�s de varias citaciones, se neg� sistem�ticamente a llegar a un acuerdo.

Al punto que con posterioridad present� una tutela alegando esos hechos, tutela que en primera instancia dispuso la suspensi�n de la obra y la reparaci�n del inmueble de la demandada; orden que, sin embargo, fue modificada en segunda instancia, en cuanto que si bien protegi� los derechos de la demandada y de los menores y discapacitados o enfermos que habitaban o laboraban en el inmueble, dispuso su traslado a otra habitaci�n de condiciones similares; orden que de inmediato acat� la sociedad, pero que la demandada, obrando de mala fe, acab� aprovechando en beneficio de toda su familia y parentela pol�tica, en detrimento de la constructora, que por cuenta de ello debe pagar m�s arriendo y servicios p�blicos.

La tutela le dio a la accionante cuatro meses para que ocurriera ante la justicia ordinaria a fin de reclamar los perjuicios que acarre� el da�o del inmueble; mas �sta, pudi�ndolo hacer antes, no ha querido hacerlo para poder cobrar unos perjuicios mayores; ha llegado a pararse con sus hijos a la entrada del centro comercial en actitud amenazante con el fin de disuadir a los eventuales compradores de los locales de negociarlos, lo que ha generado m�ltiples perjuicios a la constructora, no s�lo por los retractos de los compradores, sino porque esto ha generado insolvencia y, de paso, ha disminuido el ritmo de los trabajos, habida cuenta de la reducci�n de personal, y sobrecostos debido al incremento en el precio de los materiales.

No le bast� con todo ello a la accionante; tambi�n present� un incidente de desacato contra la sociedad, incidente que desestim� el juzgado, decisi�n que deja ver cu�n negligente y dolosa ha sido la conducta de la demandada, quien con ello no ha buscado m�s que su inmueble, que se encontraba deteriorado y sin mantenimiento, se afecte todav�a m�s; de all� que ella tenga culpa tambi�n en los da�os a su edificaci�n, da�os de los cuales ha sido �copart�cipe� por dilatar los arreglos y perturbar la construcci�n del centro comercial por parte de la sociedad, la cual, adem�s, ha sufrido otra serie de perjuicios derivados de la suspensi�n de la obra.

Por su parte, la demanda del proceso acumulado instaurada por Lilia Elvira Rozo de D�az contra la sociedad, pide declarar que �sta es civilmente responsable de todos los da�os que en la categor�a de da�o emergente y lucro cesante ha padecido la actora en su inmueble con ocasi�n de la construcci�n del centro comercial �Los Portones�, da�os materiales cuyo monto asciende a $73�200.000 m�s la devaluaci�n que sufra la moneda y el lucro cesante correspondiente.

El soporte f�ctico de tales aspiraciones finca, resumidamente, en lo siguiente: Los muros del inmueble de su propiedad, en el que habitaba con su familia, integrada tambi�n con menores de edad, donde a su turno existe una unidad familiar y una bodega y una florister�a de la que depende el grupo familiar, han venido destruy�ndose debido a las grietas, goteras, humedad y derrumbamiento que se presenta desde que empez� la construcci�n del centro comercial, al punto que el predio hoy amenaza ruina, pues se encuentra afectado en un 80% de su estructura.

La tutela fue presentada con el objeto de evitar que el derecho al trabajo y a la vida de la accionante y quienes habitaban el inmueble, siguiera maltrecho; sobre todo porque a pesar de que el tiempo transcurr�a, el representante legal de la sociedad no hac�a presencia para cancelar el monto de los da�os, los cuales se generaron debido a fallas en la obra, pues aquella no adopt� las medidas id�neas para evitar el da�o a las construcciones colindantes, lo que gener� en la edificaci�n de la demandante la aver�a de la pared de adobe divisoria de los predios (de 5 mts. de altura y 37 metros �aproximados- de larga), la afectaci�n de los cimientos debido al �adosamiento� o falta de dilataci�n entre las construcciones y las excavaciones, y la afectaci�n de las paredes a ra�z de la improvisaci�n de la constructora al tratar de proteger la cubierta de la edificaci�n del centro comercial, lo que hizo que las aguas lluvias producto del invierno de finales de 2003 afectaran gravemente la estructura del inmueble de la demandante.

Admitidas las demandas, que precisamente quedaron radicadas en el mismo juzgado, las partes presentaron en uno y otro proceso oposici�n; al paso que frente a la primera la demandada tach� de falsa el acta contentiva de la conciliaci�n prejudicial aportada por la sociedad como anexo de la demanda, tacha con fundamento en la cual se�al� que el proceso es nulo, respecto de la segunda la sociedad propuso las excepciones que denomin� �culpa y responsabilidad directa de la v�ctima�, �inepta demanda�, �culpa grave, negligencia grave, culpa lata por parte de la demandante�, �reducci�n de indemnizaci�n por concurrencia de culpas�, �indebida representaci�n de la demandante� y �falta de requisitos formales de procedibilidad�.

En un intento de avenimiento realizado en el curso de la audiencia programada con fundamento en el art�culo 101 del c�digo de procedimiento civil dentro del proceso promovido por la sociedad, se orden� un dictamen pericial que conceptuara sobre los da�os padecidos por el inmueble de la se�ora Rozo de D�az; y como no fue posible concretar el arreglo, se recibi� dicho proceso a pruebas; tras de ello y en respuesta a la petici�n de acumulaci�n de los procesos que hizo la sociedad, se dispuso la suspensi�n del mismo hasta que ambos se encontraran en la fase de pruebas; llegado este momento, se decretaron nuevamente las pruebas ordenadas en este proceso y las pedidas en el acumulado, luego de lo cual se dict� sentencia, la que, apelada por la sociedad, recurso al que adhiri� Lilia Elvira Rozo de D�az, se apresta a revisar esta Corporaci�n. II.- La sentencia apelada A vuelta de comprobar el da�o sufrido por el inmueble de la se�ora Rozo de D�az, originado en la pared levantada en bahareque adyacente al centro comercial, que se vio afectada debido a que hubo necesidad de quitar una cubierta que la proteg�a, cosa que halla demostrada con la inspecci�n judicial realizada y los dict�menes recaudados en el proceso y las fotograf�as arrimadas a la actuaci�n, hizo ver que la culpa de ello estuvo en la constructora.

Ya que, ejerciendo �sta una actividad que entra�a riesgos, debi� poner el m�ximo cuidado para evitar los da�os a los predios colindantes, cosa que no hizo, pues al retirar la cubierta y dejar al descubierto el muro, cual lo reconoci�, �ste se humedeci� y deterior�; s�lo por la insistencia de los miembros de la compa��a actora de reparar el da�o, pudo colocarse �un pl�stico para cubrir la pared e impedir el continuo deterioro de la misma�.

Lo cierto es que de no haber sido por la obra, el inmueble de la se�ora Rozo estar�a en �mejores condiciones locativas que las actuales, si tambi�n �ste hubiera gozado de mantenimiento adecuado y oportuno�. De las pruebas, empero, no se puede establecer que la se�ora Rozo impidi� el normal desarrollo del proyecto, hasta el punto de causar p�nico econ�mico o generar traumatismo en la venta y comercializaci�n de los locales, o la depreciaci�n de los inmuebles o la perturbaci�n a la propiedad; si bien la obra se suspendi�, eso no traduce ni p�nico econ�mico ni ninguna otra de las cosas que le atribuye la sociedad a la demandada.

No obstante, como durante la suspensi�n decretada en la tutela se echaron a perder unos bultos de cemento (150), es razonable pensar que ello aparej� una p�rdida para la sociedad, p�rdida que debe pagar la demandada, cuyo monto asciende a $2�508.750, cifra que, sin embargo, no habr� de actualizarse, teniendo en cuenta que la indexaci�n no puede concurrir con los intereses corrientes.

Relativamente a las otras sumas de dinero aludidas en la demanda de la sociedad, dice que no hay prueba �concreta, clara y espec�fica del mayor valor pagado para adelantar la obra, ni el monto de los salarios pagados a los contratistas y empleados, si el pago de honorarios profesionales pagados por la compa��a, mucho menos aparece prueba sobre la presunta depreciaci�n y desvalorizaci�n del centro comercial�, raz�n por la que no es dable atender esos pedimentos.

A fin de cuantificar los da�os cuyo pago deduce la otra demanda, toma en cuenta el segundo dictamen pericial, donde se refiere al �agrietamiento vertical y fisuras de muros en el local (3 grietas verticales), en la ofician (muro del costado norte grieta vertical donde se aprecia que el muro se desprendi� de otro, en la cocina grieta vertical con desprendimiento del muro que est� a 90 grados u ortogonal, grietas por humedad a trav�s de la grieta de la cubierta del mezanine, falla por cortante a 45 grados en la escalera de acceso al mezanine, en concepto de la perito (quien cont� con asesor�a experta en el tema arquitecto e ingeniero) la construcci�n del centro comercial Los Portones desestabiliz� la cimentaci�n de la casa de la demandada produciendo empujes horizontales y asentamientos diferenciales que causaron desplazamientos diferenciales de la construcci�n tanto en el sentido vertical como horizontal.

Desprendimiento de pa�etes y muros como se describe a folio 613 del cuaderno 1. El valor del da�o emergente fue tasado en la suma de $57�232.097�. A pesar de ello, concluye que si la demandada no ha efectuado el mantenimiento correspondiente al inmueble, pues que �ste se encuentra a la intemperie, cosa que es grave si se tiene en cuenta que se trata de una construcci�n antigua levantada en madera, bahareque y adobe, condiciones que se empeoran en �poca invernal, pues llevan al predio a un estado de ruina, tal como lo concept�o el perito, la indemnizaci�n que a �sta la corresponde debe reducirse en el 10%, toda vez que, en este sentido, hay compensaci�n de culpas, soluci�n que se aviene al caso, como que ella fue renuente a que la constructora le hiciera las reparaciones al inmueble, en una actitud tozuda que agrega a la acci�n de la compa��a un ingrediente que contribuy� a la extensi�n del da�o. Actitud que es tambi�n apreciable en el proceso, donde su pasividad procesal, limit�ndose a unas muy escasas actuaciones en la fase de pruebas, conducen a esa conclusi�n. Al remate, despu�s de puntualizar que no hay lugar al reconocimiento de perjuicios morales, aborda el estudio de las �excepciones�, se�alando cuanto a la tacha propuesta por la demandada, y en relaci�n con las alegadas por la sociedad, que al haber concurrencia de culpas habr� de reducir la indemnizaci�n a favor de la demandada en los t�rminos ya indicados.

III.- El recurso de apelaci�n Dice la constructora, quien apel� directamente de la sentencia, que si bien el tema de la identidad entre las dos demandas est� definido, el punto debe analizarse nuevamente con mayor detenimiento; am�n de ello, que probatoriamente se estableci� que la responsable de los da�os sufridos por la demandada fue ella misma, como dio en declararlo el juzgado al reconocer que aquella tuvo responsabilidad en el da�o, quien pretende aprovecharse de las circunstancias para hacerse a una considerable indemnizaci�n. Alega la apelaci�n adhesiva presentada por la demandada, que am�n de la suma reconocida, as� �sta haya sido actualizada, la condena a cargo de la demandante debe incluir tambi�n el monto de los c�nones de arrendamiento que tuvo que cancelar por once meses al tener que desalojar el inmueble, habida cuenta de la orden de tutela que, en vista de los da�os que presentaba su casa de habitaci�n debido a la construcci�n levantada por la demandante, ampar� en forma transitoria sus derechos fundamentales frente a la constructora.

C�nones de arrendamiento cuyo pago se encuentra acreditado pericialmente. Aduce, de otro lado, que la compensaci�n en que dio el a-quo relativamente al valor de los bultos de cemento perdidos debido a la suspensi�n de que fue objeto la obra, con los dineros reconocidos a favor de la demandada, no es procedente, pues lo cierto es que la demanda se promovi� dentro del plazo establecido por la tutela para que esto se hiciera; no fue capricho suyo sino la inminencia del riego lo que determin� la suspensi�n de la obra; as� que no puede achac�rsele culpa en la p�rdida de los bultos de cemento; adem�s, la constructora pudo adoptar medidas para evitar su p�rdida, y sin embargo no lo hizo.

En lo que respecta a la compensaci�n de culpas, por cuenta de la cual el a-quo determin� que la indemnizaci�n deb�a reducirse en un 10%, sostiene que las cosas no son as�, pues pericialmente se estableci� que las grietas que desde un comienzo se presentaron en el inmueble debido a la construcci�n de la edificaci�n aleda�a, se mantuvieron estables �en su nuevo equilibrio�, de modo que no hay raz�n para atribuirle culpa o negligencia a ella, menos cuando en la fase prejudicial de conciliaci�n hizo manifiesto su �nimo de llegar a un arreglo presentando una f�rmula que no fue acogida por la constructora que persist�a en hacer las reparaciones al predio, aspecto en que no repar� el a-quo.

Consideraciones La disputa litigiosa circul� de comienzo a fin en ambos procesos sobre una premisa que hoy en d�a, apelada como fue la sentencia, se ha mantenido intacta; �sta la de que la obra adelantada por la constructora en desarrollo de un proyecto para levantar un centro comercial en el municipio de Facatativa fue lo que determin� los da�os que afectan el inmueble de propiedad de la demandada, colindante con el predio donde el centro comercial se constru�a. Al demoler las construcciones adyacentes a la vivienda de Lilia Elvira para, posteriormente, desarrollar el proyecto comercial para el cual contaba con las licencias administrativas correspondientes, hubo necesidad de remover �rebanar- parte de la cubierta que proteg�a tambi�n el muro colindante com�n, dej�ndolo de esa manera expuesto a las inclemencias del clima; lo que a la final condujo al deterioro del mismo, a tal punto que hoy amenaza ruina.

La discrepancia est� en que mientras la constructora dice que la intensidad de los da�os se produjo b�sicamente por la desidia y la mala fe de la propietaria de ese predio, �sta, por su lado, sostiene que nada tuvo que ver ella en la extensi�n del mismo, pues al margen de que la afectaci�n del muro advino por cuenta de la remoci�n de la cubierta, influy� tambi�n en ello el indebido aislamiento de las obras para la nueva edificaci�n; ah� gravita pr�cticamente el litigio, excepto por un planteamiento adicional expuesto por la constructora en su demanda; asegura que am�n de la concurrencia de culpas que determin� los da�os que finalmente present� el inmueble de su vecina, �sta le caus� a la sociedad unos da�os independientes cuyo abono debe hacer, tales como la depreciaci�n del centro comercial, los sobrecostos en que incurri� al demorarse la construcci�n del mismo y, en fin, otro tipo de rubros en cuya demostraci�n, como bien lo apunt� el a-quo al saldar esa zona de la controversia, no tienen respaldo probatorio, lo que impide entrar a reconocerlos.

Y para ir por partes lo mejor es empezar analizando este �ltimo tema mencionado, discutido en la demanda que promovi� la sociedad; porque deduci�ndose perjuicios por raz�n de las maniobras que le endilga a la demandada y a sus hijos, al igual que por la demora que gener� en el desarrollo del proyecto el conflicto de vecindad que se suscit� con la se�ora Rozo, de primer orden era para la constructora demostrar que, efectivamente, las demoras y el retardo en el ciclo de construcci�n del centro comercial se dio, cosa que, bien mirado el litigio, no alcanza a establecerse de las probanzas del mismo, y menos que si ese cronograma se alter�, ello haya obedecido espec�ficamente a la actuaci�n de la demandada.

Cierto que la tutela, en primera instancia, orden� la suspensi�n de la obra, lo que de suyo es indicativo que el cronograma de la obra debi� afectarse; pero n�tese que el fallo de segunda instancia proferido por el juzgado segundo penal del circuito de Facatativ� revoc� esa orden, desde luego que si ello fue as�, mal podr�a cargarse en hombros de la demandada la responsabilidad de unos perjuicios que supuestamente surgieron de esa suspensi�n, sobre todo si se tiene en cuenta que la misma fue dispuesta judicialmente, que no por razones de facto atribuibles a la vecina afectada con la obra.

As�, si la �nica alteraci�n del cronograma de las obras que revela el litigio es la que obedeci� a la orden judicial, no hay como pensar en perjuicios en la constructora, pues lo m�nimo que debi� acreditarse en pos de esa reparaci�n, es que hubo verdaderamente retardo, algo de lo cual es ajeno totalmente el litigio. De ah� que si los bultos de cemento cuyo pago reconoci� el a-quo se echaron a perder, ello no pueda atribu�rsele a la demandada.

Y si bien la conducta de la demandada debe mirarse como confesi�n bajo la �ptica que autoriza el art�culo 210 del estatuto procesal civil, pues mem�rase que �sta se guard� de asistir injustificadamente a la audiencia programada para realizar el interrogatorio de parte que de ella solicit� la parte contraria, es muy de notar que esa confesi�n no va m�s all� de probar hechos que le conciernen a ella y que le resulten adversos, no hechos propios de la sociedad, a quien, por lo mismo, le correspond�a probar la alteraci�n de los cronogramas, los sobrecostos, la p�rdida de oportunidad, la desvalorizaci�n del inmueble y, en fin, todos los da�os que dice haber padecido, quehacer probatorio que, est� dicho, no afront� debidamente, por supuesto que en esas condiciones no hay forma de reconocer una indemnizaci�n por ello.

Lo neur�lgico del litigio est� en lo de la culpa, como qued� anotado. Y al respecto obra como un importante elemento de convicci�n esa confesi�n ficta a la que acaba de referirse el Tribunal, al cual tambi�n se refiri� el a-quo; en verdad, programada la audiencia correspondiente para su realizaci�n para el 26 de julio de 2006, cual en efecto lo previ� el auto de 11 de mayo de ese a�o, por el cual se recibieron los procesos acumulados a pruebas, la se�ora Rozo se guard� injustificadamente de comparecer a la audiencia; reza el acta levantada con ocasi�n de la misma, que su apoderada se comunic� telef�nicamente con el juzgado inform�ndole de una calamidad dom�stica que la oblig� a trasladarse a la ciudad de Barrancabermeja, excusa que si bien admiti� el a-quo para disponer el aplazamiento de todas las diligencias fijadas para ese d�a, no relevaba a la parte de justificar su inasistencia, pues que la que hab�a de rendir declaraci�n era Lilia Elvira, desde luego que por ello deb�a comparecer al juzgado para absolver el interrogatorio que le formular�a su contraparte y no su representante judicial.

Mas, es un hecho cumplido que el juzgado admiti� esa circunstancia y la volvi� a citar, fecha para la cual tampoco compareci� �sta para los efectos correspondientes, lo que decididamente, ya sin la discusi�n de si la justificaci�n para el primer aplazamiento era de recibo, impone predicar las consecuencias de que habla el precepto 210 en menci�n, en cuanto se�ala que �[l]a no comparecencia del citado a la audiencia o la renuencia a responder y las respuestas evasivas, se har� constar en el acta y har� presumir ciertos (�) los hechos de la demanda y de las excepciones de m�rito, o de sus contestaciones, cuando no habiendo interrogatorio escrito el citado no comparezca�.

Ahora. Los hechos susceptibles de confesi�n de la demanda de las sociedad y de la contestaci�n que �sta dio a la promovida por Lilia Elvira son, b�sicamente, los atinentes a su corresponsabilidad en la extensi�n del da�o, pues admitiendo la constructora que al iniciar la obra el muro adyacente del predio vecino sufri� da�os, los cuales estuvo siempre dispuesta a reparar buscando as� conjurar la posibilidad de que los mismos se incrementaran, la propietaria de la heredad obr� con tozudez y, en cierta medida, hostilidad, alargando las cosas en el prop�sito de obtener, antes que la restauraci�n y reparaci�n del muro colindante, obtener una indemnizaci�n; eso es un hecho que puede probarse por confesi�n. Luego a las consecuencias adversas que ello genera para su posici�n dentro del litigio debe atenerse.

Cuanto m�s si esa confesi�n que se predica relativamente a ella, no aparece infirmada de ninguna forma en los autos. Porque, n�tese, la actividad probatoria de la demandada en esa direcci�n fue m�nima, cual vino apunt�ndolo el a-quo cuando dio en que ella tuvo una culpa en la extensi�n equivalente al 10% del total del mismo. En contrapartida, obran en el diligenciamiento los testimonios de varias personas afines a la sociedad, cuyo dicho por ende impone un examen m�s celoso de parte del juzgador, a las que les consta directamente que la demandada se neg� en todo momento a permitir que la sociedad implementara las acciones preventivas para evitar que el muro se deteriorara al punto que lo demuestran los autos, lo que por obvias razones redunda en pos de la confesi�n;

Addonio Dur�n, quien ciertamente trabaj� para la sociedad en el desarrollo del proyecto, dijo en su declaraci�n que si bien se hicieron las reparaciones que requirieron las viviendas colindantes, �en la casa de do�a LILIA ELVIRA no dieron el permiso para hacer[las] (�) no se hicieron porque la se�ora no dio permiso, esta estaba con el esposo o con alg�n hijo no s�, aseveraci�n en que no ve el Tribunal signos de parcialidad, lo que autoriza tenerlo como fuente de convicci�n para esos efectos.

En igual sentido declar� Jenny Cristina Cabezas Rinc�n, tambi�n vinculada con la constructora, comentando que �el problema comenz� cuando quedaron unos muros de la casa vecina y este qued� a la intemperie y como son muros en adobe quedaban expuestos a la intemperie y pod�an humedecerse y deteriorarse, entonces se intent� hablar con do�a ELVIRA para que nos permitiera protegerlos y ella nos impidi� hacerlo alegando que eso ya ten�amos que tratarlo con su abogada, en cierta forma no nos dej�, incluso la obra se par� un tiempo mientras se arreglaban los problemas�, sobre lo cual agreg� m�s adelante, en afirmaci�n donde no hay ninguna intenci�n de favorecer a la sociedad, que �en varias ocasiones desde un comienzo se habl� con la se�ora ELVIRA y ella nos dej� ingresar a su casa pues para revisar eso fue en el comienzo pero ya despu�s que se empez� a deteriorar el muro pues ella ah� se neg� y no nos permit�a el ingreso y se negaba alegando que eso ya tendr�amos que hablar con el abogado, siempre estuvimos atentos en reparar cualquier da�o que se presentara por la construcci�n�.

Otro de los testigos, Andr�s Humberto Beltr�n Fl�rez, al parecer, tambi�n dependiente de la constructora pero no por ello menos cre�ble que los anteriores, coment� c�mo �en repetidas ocasiones yo personalmente fui hasta la casa y se le comunic� que se iban a hacer los arreglos pertinentes y se estaba teniendo en cuidado constructivo del centro comercial para que se afectase lo menos posible el muro, esta se�ora siempre mostr� la negativa de que nosotros intervini�ramos en los da�os ocurridos, adicionalmente debido a las aguas lluvias el muro qued� expuesto a lo cual yo como residente se orden� cubrirlo con unos pl�sticos ya que debido al material en que est�n construidos los muros estos son susceptibles de da�o por la humedad causada por las aguas lluvias (�) Ella en todas las oportunidades cuando se le manifest� por parte de la firma CONYEQUIPOS CONSTRUCCIONES LTDA. solucionar los inconvenientes siempre se mostr� renuente a conciliar alg�n tipo de arreglo�.

Actitud reticente que alcanza a resumirse en el comportamiento que tuvo antes de que los procesos despegaran, pues n�tese que si bien hubo de parte de la sociedad unos intentos por salir amistosamente del problema, como en efecto es posible considerarlo tras examinar las comunicaciones que se le enviaron a Lilia Elvira con el fin de salir pac�ficamente del dilema, inclusive por v�a de la conciliaci�n extrajudicial, nunca vino de su parte un m�nimo de acercamiento o de aproximaci�n en b�squeda de la soluci�n del conflicto.

Y no es que se diga que la renuencia a conciliar deba estigmatizarse probatoriamente; mal estar�ase sosteniendo que quien no depone sus armas en defensa de sus intereses admite la verdad que defiende su contraparte. No. Lo que acontece en este caso es que hab�an de por medio unas circunstancias muy particulares que impon�an un m�nimo de prudencia en la demandada, pues de ella depend�a que el da�o a su edificaci�n, cumplidamente al muro colindante afectado con la construcci�n del centro comercial, no se extendiera, cosa que en �ltimas se guard� comprobadamente de hacer y que, por lo mismo, autoriza a decir que los deterioros que finalmente se causaron a la estructura del antiguo muro y a las dem�s dependencias del predio fueron tambi�n culpa de ella; y no en la proporci�n que t�midamente dio en se�alar el juzgado, pues si probatoriamente pesa en contra de la demandada esa confesi�n de que se viene hablando, confesi�n que, a ojos vistas, indica que si bien su responsabilidad de cara al da�o no tiene la misma proporci�n que la que surge para la sociedad, s� alcanza para decir que por lo menos el cuarenta por ciento de la misma recae en la demandada, por supuesto que si la demanda le achaca a ella culpa en iguales proporciones, algo que se deduce de los t�rminos en que �sta se refiere al punto, y la confesi�n ficta tiene como virtualidad respaldar ese dicho, las cosas deben mirarse bajo ese prisma.

Mas no desconociendo que el principio del da�o comenz� en el actuar peligroso que despleg� la constructora, naturalmente que de siempre esa actividad de la construcci�n se ha considerado como una de aquellas que por s� misma genera un riesgo de da�o, lo que indudablemente indica que, proporcionalmente, su culpa en el hecho da�oso que afecta a la demandada alcanza el 60% del mismo, punto en que, por cuenta de esas precisiones, habr� de modificarse el fallo apelado.

Y sin que al efecto valga el razonamiento que expone la apelaci�n de la se�ora Rozo de D�az, con arreglo al cual pericialmente se estableci� que el da�o del muro y de las dependencias de su edificaci�n se mantuvo estable, siempre en el mismo punto. Porque con prescindencia de la contradicci�n que el argumento lleva en s�, pues parad�jicamente, mientras la demanda reclama perjuicios por la ruina que a la postre afectar� la construcci�n, ahora la apelaci�n dice que el grav�simo da�o que padece la edificaci�n se ha mantenido estable, es ostensible que las conclusiones periciales en que el planteamiento se finca, no dicen exactamente eso; el ingeniero Germ�n Lozano G�mez ciertamente afirma que �la casa permanece estable en su nuevo equilibrio� (folio 320 del cuaderno principal), pero en el p�rrafo siguiente se�ala que �[e]l problema de la gotera es el m�s grave que desafortunadamente contin�a afectando la construcci�n, pues seg�n parece, un recubrimiento pl�stico que fue colocado en alg�n momento, fue colocado irresponsablemente y nadie ha tomado medidas de emergencia para evitar mayores da�os�, apreciaciones que de lejos indican que el argumento de la apelaci�n es inaceptable, si es que, efectivamente, el perito, cuyo dictamen, por lo dem�s, fue fuertemente hostigado por la propia se�ora Rozo, no dice lo que en boca del auxiliar pone la recurrente.

Algo que ocurre igualmente en lo que respecta a los otros conceptos t�cnicos en que se funda la apelaci�n, pues, como renglones adelante habr� de verse, no es cierto que esos t�cnicos hayan dejado la idea de que el proceso de deterioro del inmueble se detuvo en un momento espec�fico, sin descartar, eso s�, que estabilizada la construcci�n, el problema del muro, por cuenta de los desplazamientos causados por los �empujes horizontales� y los �asentamientos diferenciales�, cej�.

Restar�a s�lo mirar lo atinente a la cuantificaci�n del da�o; en ese prop�sito el a-quo hizo pie en el dictamen pericial rendido por la perito abogada Elsy Yanira Gacharn� Forero, auxiliar de la justicia que se vali� del apoyo de un arquitecto (Pablo Jaime Ni�o) y un ingeniero civil (Manuel Guillermo Rocha Mu�oz) para responder los cuestionamientos t�cnicos que a ella le fueron formulados, alternativa que no s�lo autoriza el numeral 2� del precepto 237 del estatuto procesal civil, sino que fue aceptada por los contendientes debido a que en la lista de auxiliares de la justicia no hab�an peritos en dichas especialidades, que cuantific� los da�os en la suma de $57�232.097, sin miramientos a los otros dict�menes que, mal que bien, obran en el proceso y tienen intr�nsecamente el poder persuasivo que se predica de toda prueba legalmente incorporada al proceso, pues a la par que unos de ellos fueron arrimados al pleito con la demanda que present� Lilia Elvira, cual lo permite el numeral 1� del art�culo 10 de la ley 446 de 1998, norma cuya vigencia no est� en duda, el practicado como consecuencia del intento conciliatorio efectuado en la audiencia de que trata el art�culo 101 del c�digo de procedimiento civil no se resiente en ese sentido, como que fue realizado a instancia de las partes y, en �ltimas, se someti� a la contradicci�n que corresponde respecto de este tipo de experticias.

De cualquier modo, a efectos de tasar el monto de los da�os es necesario ir al �ltimo dictamen de que da cuenta el proceso, que a la final, en raz�n de los fundamentos que trae sobre el particular, es el �nico que puede servir de base para juzgar el punto, pues los otros adolecen de diversas carencias que, en ese prop�sito, impide adoptarlos como instrumento para definir esa zona del litigio, en concreto porque ya en lo que es la cuantificaci�n misma de los da�os, no ofrecen la concreci�n que en ese tipo de pruebas debe encontrar el juzgador para tomarlas como fundamento de su decisi�n. Empezando por los estudios periciales que se realizaron antes de que el proceso arrancara, en ninguno de los cuales es posible apreciar elementos para decir cu�l es la magnitud del da�o; se cuentan entre �stos los conceptos del arquitecto Luis Eduardo Cuenca Ramos, del ingeniero civil Ra�l Her�clito Mart�nez S�nchez, y del perito avaluador Jes�s Alfonso Gonz�lez Buitrago, presentados como anexos de la demanda de Lilia Elvira, a prop�sito realizados por la �poca en que el conflicto entre las partes comenz�, en los cuales, salvo por la especificaci�n de los deterioros que present� el inmueble luego de que las obras dieron inicio, algo en lo que, bien miradas las cosas, coinciden con la descripci�n que sobre el particular trae el �ltimo de los dict�menes a que se hizo referencia, no contribuyen mucho en la tarea de cuantificar el monto de los da�os dado el escaso fundamento que en ese sentido tienen.

Los del arquitecto, s�lo los realizados el 7 de octubre de 2003 (folios 15 y siguientes y 31 y siguientes del cuaderno 1 del proceso iniciado por aquella) y el 5 de agosto del a�o siguiente, traen unas recomendaciones para conjurar el riesgo de ruina que presentaba el inmueble previamente descrito, lo que indudablemente resulta insuficiente en el quehacer que adelanta de momento el Tribunal; el otro concepto, dado el 10 de agosto de 2003 seg�n se aprecia del folio 82 del mismo cuaderno, es apenas el aval�o del predio, cosa que resulta desconcertante pues que si las obras del centro comercial iniciaron a finales de mayo y comienzos de junio de ese a�o, �a qu� tanta anticipaci�n en la realizaci�n de ese aval�o? De otro lado, el concepto del ingeniero civil, efectuado el 22 de noviembre de 2003 (folio 24 ib�dem) es otra descripci�n de los da�os, destacando del mismo esa parte donde se�ala la serie de modificaciones que con el tiempo se le hicieron a la construcci�n, caracterizada por su antig�edad, precisa que �[l]a parte de la construcci�n intermedia es el producto de adaptaciones hechas por maestros de obra que son vulnerables desde el punto de vista de estabilidad, por no estar perfectamente arriostradas y el m�todo constructivo no cumple con los requisitos que necesitan las viviendas en caso de un sismo, y lo m�s grave es si sus �reas de apoyo se modifican y se ve afectado lo que queda con humedad permanente; lo que se concluye es que jam�s debi� afectarse ni modificarse los componentes de la estructura de muros y cubierta del inmueble para evitar los problemas que a la fecha tiene�.

Pero, rep�tese, cuanto a valores nada dice, por supuesto que en ese sentido presta poca utilidad para establecer el monto de los da�os padecidos por Lilia Elvira. El otro concepto proviene del auxiliar de la justicia Jes�s Alfonso Gonz�lez Buitrago, en cuyo trabajo presenta unas cifras expresadas sin ning�n sustento; simplemente dice que el valor de los materiales debe tasarse a raz�n de $207.000 por metro cuadrado sin mayores explicaciones, las que resultan vitales si es que se est� diciendo que se trata de una construcci�n antigua, donde fueron realizadas unas modificaciones que alteraban la estabilidad de la edificaci�n y en la que las partes afectadas est�n principalmente en una parte del muro colindante con el centro comercial que a la saz�n se constru�a. Obra tambi�n copia del concepto t�cnico rendido por los ingenieros civiles Josel�n Augusto Rocha Carrillo y Juli�n Roberto Moya Mahecha dentro del tr�mite de la tutela que a finales de 2003 promovi� Lilia Elvira contra la constructora, dictamen que encomend� el juez de la tutela a la secretar�a de obras p�blicas de Facatativ�, la cual encomend� a estos profesionales dicho estudio, en el que consta, ciertamente, como ocurre en los otros conceptos, la descripci�n y origen de los da�os del inmueble, pero no el valor de los mismos, lo que, se itera nuevamente, no permite adoptarlo como fuente de conocimiento para ese preciso aspecto litigioso; importa s� subrayar un frase sentenciosa de los ingenieros expresada al culminar su trabajo, donde sugieren �ordenar el inicio de los trabajos a la mayor brevedad posible, toda vez, que cualquier demora empeorar�a la situaci�n del inmueble, as� como tambi�n la �poca invernal del momento agravar�a aun m�s la estabilidad de la vivienda y seguridad de los moradores de �sta�.

En fin. Est� visto que las obras no se adelantaron, que todo se pospuso sin raz�n explicable a que se diera una definici�n judicial por la justicia ordinaria luego de que la tutela progresara, y que los da�os del predio se agravaron, debido a la condici�n propia de la edificaci�n y a la exposici�n que tuvo el muro colindante con el centro comercial a causa de la demolici�n de la construcci�n vecina y que hac�a parte de la casa antigua de la se�ora Rozo de D�az; el valor de esos da�os, como ya lo anot� la Corporaci�n, hab�a entonces que calcularse teniendo en cuenta el �ltimo dictamen pericial recaudado en el proceso, como a esos efectos lo hizo el a-quo, experticia que a prop�sito se�ala que �stos, seg�n la descripci�n que all� figura, ascienden a la suma de $43�687.900, cifra a cuyo resultado se llega tras sumar los costos preliminares de excavaci�n y demolici�n, del concreto y acero de refuerzo, de la mamposter�a correspondiente y de la cubierta, y del arreglo del piso y de la pintura, �tems que alude el dictamen en sus conclusiones.

Dicha pericia, contrariamente a lo que en su momento plante� la constructora, se impone sobre el primer dictamen realizado dentro del proceso, cuando en la fase de conciliaci�n se hizo un intento por transar el proceso design�ndose al auxiliar de la justicia �ingeniero civil Germ�n Lozano G�mez para que avaluara el monto de los da�os, pues aunque la prueba no tiene objeciones en su decreto, producci�n e incorporaci�n, debe admitirse que las partes la consintieron s�lo en ese prop�sito preliminar de acercamiento, lo que merma su capacidad persuasiva, sobre todo si en la etapa de pruebas el juzgado no se remiti� a la misma como medio de prueba, como lo pidi� la constructora al finiquitarse la audiencia del art�culo 101 del c�digo de procedimiento civil y, en cambio, decret� un dictamen con ese prop�sito espec�fico (auto de 11 de mayo de 2006, por el cual se abrieron a pruebas los procesos ya acumulados � folio 535 del cuaderno principal), pronunciamiento que nunca mereci� reparos de la constructora, lo que dej� la otra prueba en un limbo que obsta asumirla con ese prop�sito.

Al complementar la sentencia (prove�do de 24 de marzo del a�o que antecede), el a-quo reconoci� como parte de la indemnizaci�n el valor de los arrendamientos que la demandante ha venido cancelando desde noviembre de 2007 hasta la fecha de dicho auto, dejando en claro, sin embargo, que esos c�nones habr� de pagarlos la sociedad hasta el momento en que se verifique su pago, algo que resulta correcto, pues en el fondo la imposibilidad de habitar las dependencias del mismo es una secuela de los da�os cuyo pago se deduce en este proceso.

De agregar ser�a, sin embargo, que como la demandada contribuy� en la causaci�n de su propio da�o en la proporci�n que se indic� ya en este prove�do, de dichos arrendamientos s�lo habr� de pagarle a la se�ora Rozo de D�az el 60% del total que se causen hasta el d�a en que haga el pago, teniendo en cuenta la cifra calculada por el juzgado para marzo del a�o pasado y los incrementos que con arreglo a la ley tenga la renta desde ese mes hasta que el sobredicho pago se realice.

Aunque la apelaci�n adhesiva de la demandada pide complementaci�n en ese punto, es lo cierto que el juzgado ya hab�a hecho la correspondiente adici�n, raz�n que excusa m�s an�lisis a ese respecto. Ep�logo de todo lo expuesto es que la sentencia apelada ha de modificarse. Basilarmente en cuanto al monto de la indemnizaci�n a cargo de la constructora, que ser� del 60% de los rubros aqu� determinados, sin que tal pronunciamiento imponga modificar el numeral primero de la parte resolutiva de la misma, en el cual se niegan las pretensiones de la demanda formulada por la sociedad, pues con abstracci�n de la precisi�n que esa negativa requerir�a, como quiera que �sta se refiere �nicamente a las s�plicas que deducen perjuicios de la demandada y no relativamente a la �compensaci�n de culpas� que en �ltimas viene deprecada tambi�n en esa primera demanda, es lo cierto que al declararse esa �compensaci�n� en los t�rminos que se expresan en este fallo, no es necesario entrar en variaciones como esa.

Las costas en primera instancia, en ese orden de cosas, habr�n de modificarse tambi�n reflejando el grado de responsabilidad que cabe a la sociedad en la causaci�n del da�o a la demandada. Igual proporci�n se tendr� en cuenta en las costas de la apelaci�n. II.- Decisi�n En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Cundinamarca, Sala Civil � Familia, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, modifica la sentencia de fecha y procedencia preanotadas en los siguientes t�rminos: Primero: Deni�ganse las s�plicas de la demanda formulada por la sociedad Conyequipos Equipos y Construcci�n Ltda. en contra de Lilia Elvira Rozo de D�az, por las razones indicadas en la parte motiva de la providencia. Segundo: Decl�ranse infundadas las excepciones alegadas por la inicial demandante tituladas culpa y responsabilidad directa de la v�ctima (mala fe), compensaci�n, inepta demanda, culpa grave, negligencia grave, culpa lata por parte de la se�ora Rozo de D�az.

Tercero: Decl�rase infundada la excepci�n alegada por Lilia Elvira Rozo de D�az denominada falta de requisito de procedibilidad de la acci�n por no cumplimiento de la conciliaci�n prejudicial ley 640 de 2001. Cuarto: Decl�rase que la sociedad Conyequipos Equipos y Construcci�n Ltda., es responsable, en un 60%, de los da�os ocasionados al predio de propiedad de Lilia Elvira Rozo de D�az, como consecuencia de la construcci�n del edificio denominado centro comercial Los Portones, ubicado en el predio colindante y de propiedad de la firma Conyequipos Equipos y Construcci�n Ltda. Quinto: Como consecuencia de la anterior declaraci�n, cond�nase a la sociedad Conyequipos Equipos y Construcci�n Ltda. a cancelar a favor de Lilia Elvira Rozo de D�az el 60% de todos los perjuicios ocasionados a Lilia Elvira Rozo de D�az con ocasi�n de los hechos que han dado lugar a este proceso, da�os materiales que ascienden a la suma de $64�272.097, monto cuyo 60% equivale a $38�563.258,20, suma esta que deber� actualizarse con fundamento en la variaci�n del �ndice de precios al consumidor a la fecha de su pago.

Sexto: Cond�nase igualmente a la constructora a pagar� a favor de Lilia Elvira Rozo de D�az el 60% de los c�nones de arrendamiento causados y pagados por �sta, atendiendo los criterios establecidos en el proceso, entre la fecha de la sentencia de primera instancia y el d�a en que se verifique su pago. S�ptimo: Se absuelve a la parte inicialmente actora del pago de perjuicio moral.

Octavo: Las costas causadas en primera instancia ser�n a cargo de la constructora en un 60%. T�sense por la secretar�a del a-quo. Costas de la apelaci�n en un 60% a cargo de la constructora apelante. T�sense. Oportunamente, vuelva el proceso al juzgado de origen para lo de su cargo. Esta decisi�n fue discutida y aprobada en sesi�n de la Sala Civil-Familia de decisi�n del 3 de diciembre de 2009, seg�n acta n�mero 60.

C�piese, notif�quese y c�mplase, MYRIAM �VILA DE ARDILA PABLO IGNACIO VILLATE MONROY GERM�N OCTAVIO RODR�GUEZ VEL�SQUEZ     PAGE  PAGE 20 grv. exp. 2004-00127-02 ��J Q ef���Nw��� �2�2333W3[3�3�3�3�3�3C7D7I7_7�:�:9;�;G?w@4A�D�I J�N�NQQ|S�S�S�S�Z���������β��������ΓΓΓΓΓΓΓ΋ΓΓΓΓ΋΋΋΋Ο�>*@���CJaJ6�@���CJaJ5�@���>*CJaJmH sH CJaJmH sH CJaJCJOJQJaJCJOJQJ^JCJaJ @���CJaJ6�CJ]�aJ6�@���CJ]�aJCJaJmH sH 5�CJOJQJ\�aJmH sH 6���J K } ~ fghijklmnopqrs������������������������$dha$d�$ ����*$`��a$ $ ��*$a$$a$S�����stuvwxyz{|}~����������������������������������������$��`��a$$a$$ ����*$`��a$�HIwx��  ��������z{�#�#�&�&)�������������������������$��`��a$$a$ $ ��*$a$$a$$��`��a$))�*�*5+6+--11�3�3C7D7^7_7#9$9�;�;�@�@�D�D�H�H�I�I���������������������������$a$$a$$��`��a$�IJ J L LdNeN�P�P�S�S�S�SYUZUWWH[I[^^�a�a]e^e[l�������������������������$ ����*$`��a$ ��*$$��`��a$$a$�Z�Z�a�a<fAfXh]h)k*k+k�k�kXllpqpZs�s�st�t�v3w�xwy�{�{�|Έ��N�O�P�d�����ޛ���������������������P�Q�V�a��!�������K���/�R�S�T�V�W����������������������������������������������������ýýô��ã� jU5�CJOJQJ^JaJCJaJmH $sH $ >*CJaJCJaJ>*CJaJmH sH CJaJmH sH @���CJOJQJ^JaJ6�@���CJaJ @���CJaJ>*@���CJaJ@[l\l�o�o�p�p�t�t�x�x�|�|�~�~9�:� � �l�m�N�O�ɒʒ������~�����������������������������$ ����*$`��a$~���������� �!�f�g�b�c�(�)�N�O�P�Q�`�a�o�p������������������������$ �`�0�7���*$`��a$$a$$ ����8*$^�8a$$ ����*$`��a$p�J�K�O�P�!�"���������ٿڿ+�,������K������������������������������� $ �|*$a$$�f`�fa$$��`��a$$����[$\$`��a$$ �`�0�7���*$`��a$�� ����-�.�/�R�S�U�V�X�Y�[�\�^�_�h�i�j�v���������������������������� $ ��8!�5]�5a$�h]�h����&`#$$a$$a$ �|*$ $ �|*$a$W�Y�Z�\�]�_�`�f�g�h�j�k�q�r�t�u�v��������������������������CJaJOJQJ^JmH sH mH sH 0JmHnHu0J j0JU jU�����������������$a$ $ ��8!�h]�ha$: 00&P�1��P��/ �"I!� "��#��$��%��n�n �� i8@��8 NormalCJ_HaJmH $sH $tH R@R T�tulo 2$���<@& 5�6�CJOJQJ\�]�^JaJL@L T�tulo 3$���<@&5�CJOJQJ\�^JaJFA@���F Fuente de p�rrafo predeter.4@�4 Encabezado  ��8!: @: Pie de p�gina  ��8!<)@�< N�mero de p�gina OJQJ^J@�O"@ Balloon TextCJOJQJ^JaJB^@2B Normal (Web)�d�d[$\$mH sH fC@Bf Sangr�a de t. independiente$��dh`��a$CJaJ>B@R> Texto independiente�xJQ@bJ Texto independiente 3�xCJaJF&@�qF Ref. de nota al pieH*OJQJ^JRP@�R Texto independiente 2$dha$CJaJD�O�D Texto de globoCJOJQJ^JaJ<>`�< T�tulo$dha$CJaJmH sH ����������JK}~fghijklmnopqrstuvwxyz{|}~��������������HIwx��  ��������z{���"�"%%�&�&5'6'))--�/�/C3D3^3_3#5$5�7�7�<�<�@�@�D�D�E�EF F H HdJeJ�L�L�O�O�O�OYQZQSSHWIWZZ�]�]]a^a[h\h�k�k�l�l�p�p�t�t�x�x�z�z9�:� � �l�m�N�O�Ɏʎ������~���������� �!�f�g�b�c�(�)�N�O�P�Q�`�a�o�p�J�K�O�P�!�"���������ٻڻ+�,������K�ӽ������ ����-�.�/�R�S�U�X�[�^�h�i�j�v��������������0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0���0��(0���0�/��@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0���@0�� 0 ===CCF�ZW���bins�)�I[l~�p�������cefghjklmo��d !F!�!����@�  @���������H ��0�( � ����0�( � ��B �S ���� ?��J}~��#'IL��dk��J+M+$5�6 F H�L�O�OZQSIW�^�^�a�ech"k�k�p�t�x�z{{{�{:�O�ʎ���N�U����� �!�t�O�G�R�y�����ĴD�O�o�z�ϸظ������R�S�S�U�U�V�V�X�Y�[�\�^�_�g�j�u�v�y�����KXIxS�S�U�U�V�V�X�Y�[�\�^�_�v�������������CSJ�C:\RELATORIA\04 TRIBUNAL SUPERIOR DE CUNDINAMARCA\PROVIDENCIAS\CIVIL - FLIA\POR REVISAR CIVIL - FLIA 01\DR. RODR�GUEZ VELASQUEZ GERMAN OCTAVIO\SENTENCIAS\2004-0127-02 Ord Lilia Elvira Rozo de D�az vs Conyequipos.docCSJ�C:\RELATORIA\04 TRIBUNAL SUPERIOR DE CUNDINAMARCA\PROVIDENCIAS\CIVIL - FLIA\POR REVISAR CIVIL - FLIA 01\DR. RODR�GUEZ VELASQUEZ GERMAN OCTAVIO\SENTENCIAS\2004-0127-02 Ord Lilia Elvira Rozo de D�az vs Conyequipos.docCSJ�C:\RELATORIA\04 TRIBUNAL SUPERIOR DE CUNDINAMARCA\PROVIDENCIAS\CIVIL - FLIA\POR REVISAR CIVIL - FLIA 01\DR. RODR�GUEZ VELASQUEZ GERMAN OCTAVIO\SENTENCIAS\2004-0127-02 Ord Lilia Elvira Rozo de D�az vs Conyequipos.docCSJ�C:\RELATORIA\04 TRIBUNAL SUPERIOR DE CUNDINAMARCA\PROVIDENCIAS\CIVIL - FLIA\POR REVISAR CIVIL - FLIA 01\DR. RODR�GUEZ VELASQUEZ GERMAN OCTAVIO\SENTENCIAS\2004-0127-02 Ord Lilia Elvira Rozo de D�az vs Conyequipos.docCSJ�C:\RELATORIA\04 TRIBUNAL SUPERIOR DE CUNDINAMARCA\PROVIDENCIAS\CIVIL - FLIA\POR REVISAR CIVIL - FLIA 01\DR. 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