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El planteamiento doctrinario acabado de citar, guarda plena armon�a con la jurisprudencia emanada de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, que resulta conveniente reiterar, en el entendido que �El recurso de apelaci�n impone a la parte impugnante la carga argumentativa de demostrar el yerro en que incurri� el juzgador en la decisi�n recurrida, labor en la cual le es exigible que haga manifiestos los argumentos de hecho y de derecho por los cuales estima errada la postura del funcionario de primera instancia�. Y aunque se podr�a inferir que el reproche del apelante se aproxima t�midamente a que la equivocaci�n judicial radica en la forma como el juez concluy� demostrados los hechos y c�mo estos le fueron puestos de presente a trav�s de las pruebas, lo cierto es que el recurrente no sustent� id�neamente en que consisti� tal equ�voco, es m�s, no explica las razones por las cuales el a quo debi� restarles credibilidad a los agentes de la Polic�a Nacional y a la propia v�ctima, pues enfoca su argumento, como se dijera en p�rrafos ya superados, en hacer disquisiciones doctrinarias y legales sobre el principio de presunci�n de inocencia y en quejarse por la puesta en libertad del otro sujeto que fuera capturado en situaci�n de flagrancia, sin que fundamentara los perjuicios que esta decisi�n le irrog� a su defendido.
Es m�s, el propio Juez de conocimiento encontr� irregular esta �ltima situaci�n, al advertir que ambos capturados estaban comprometidos en la comisi�n de los delitos que les fueran endilgados, al punto que compuls� copias penales y disciplinarias en contra de los funcionarios de la Fiscal�a, con el fin de que se estableciera por qu� raz�n el otro coautor fue puesto en libertad, al parecer de manera irregular, decisi�n que, como se expusiera en l�neas pret�ritas, le causara satisfacci�n al hoy apelante.
Para finalizar, considera la Magistratura, siguiendo criterios jurisprudenciales, que el recurso de apelaci�n carece de los aspectos fundamentales que lo deben caracterizar, tales como: 1. La valoraci�n de la prueba acopiada, 2. Las razones de tipo probatorio en que se soporta la inconformidad, 3. La referencia concreta del an�lisis efectuado por juez en la providencia atacada que no se comparte, 4.
La cr�tica jur�dica con la que se contradiga y refute el fundamento que condujo a sentenciar en el sentido que no se acepta, 5. La indicaci�n, en concreto, de los aspectos que deben ser reformados o revocados por el superior. Pero como qued� palmariamente evidenciado, el recurrente efect�o una simple manifestaci�n de desacuerdo con lo decidido, aduciendo expresiones abstractas, o gen�ricas como que el se�or JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ no es responsable de los delitos que le fueran endilgados o que la prueba resulta insuficiente, pues ello no responde a una adecuada sustentaci�n del recurso, requisito sine qua non para su admisi�n y tr�mite.
RECURSO DE APELACI�N/ DECLARATORIA DE DESIERTO- En el evento de considerarse indebida o insuficiente la sustentaci�n del recurso, lo procedente no es la declaraci�n de desierto que, como se dijo, sino su rechazo o negaci�n. Con sustento en lo dispuesto en los art�culos 179A y 179B de la Ley 906 de 2004, la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, ven�a sosteniendo pac�ficamente que la declaratoria de desierto aplica, bien cuando el recurso es sustentado deficientemente, bien cuando la sustentaci�n es inexistente o extempor�nea, decisi�n contra la cual procede �nicamente el recurso de reposici�n. Tal postura fue variada recientemente en los siguientes t�rminos: (�) No obstante, encuentra la Sala que el citado criterio resulta inadecuado y por tanto, debe modificarse, pues comporta una restricci�n irrazonable y desproporcionada del principio general de la doble instancia. En efecto, la garant�a de la doble instancia, como expresi�n del debido proceso, faculta a los sujetos procesales a someter las decisiones contrarias a sus intereses al an�lisis del superior funcional de quien la profiri�, con el fin de que se revise su legalidad.
Bajo tal perspectiva, la citada prerrogativa garantiza el acceso a la justicia en condiciones de igualdad y propende por la eficacia de los derechos de las partes e intervinientes en el proceso penal, a trav�s de la implementaci�n en el ordenamiento jur�dico de mecanismos de impugnaci�n y de autoridades jerarquizadas que posibilitan la revisi�n de los asuntos sometidos a la administraci�n de justicia. En este orden, el principio de la doble instancia tiene como prop�sito garantizar los fines del Estado y reforzar la presunci�n de acierto y legalidad predicable de las providencias judiciales, objetivo que no se agota con la sola existencia formal de medios de recursos, sino que demanda del Estado la garant�a de acceso a aqu�llos.
Dada la trascendencia de este principio, estima la Sala que en aquellos eventos en que media alg�n grado de sustentaci�n del recurso de apelaci�n, de considerarse �sta indebida o insuficiente, lo procedente no es la declaraci�n de desierto que, como se dijo, solo contempla como medio de control el recurso de reposici�n, sino su rechazo o negaci�n, a efectos de habilitar la posibilidad que la parte afectada interponga, si lo estima pertinente, el recurso de queja.
Lo anterior, por cuanto no resulta razonable que la posibilidad de revisi�n por el superior jer�rquico de una decisi�n, cuando se ha hecho uso de la oportunidad procesal para exhibir las razones de inconformidad con aqu�lla, quede supeditada exclusivamente al arbitrio del juez que la emiti�. Ello por cuanto la declaratoria de desierto del recurso de alzada impide de plano que otro funcionario revise si, en efecto, los argumentos expuestos son insuficientes para activar la competencia de la segunda instancia. Por ello, reitera la Sala, siempre que haya controversia en torno a si el impugnante cumpli� con la carga de sustentaci�n suficiente de la alzada, deber� denegarse esta con el prop�sito de permitir al interesado la interposici�n de queja, para que sea el superior jer�rquico quien decida sobre la idoneidad de la fundamentaci�n. REP�BLICA DE COLOMBIA TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N PENAL Radicaci�n: 47 001 600 1018 2013 01828 Procedencia: Juzgado Quinto Penal del Cto., de conocimientoRad.
Trib.:290 -16Procesado:Jos� Luis Arrieta G�mez Delito:Hurto calificado y agravado y fabricaci�n, tr�fico, porte o tenencia de armas de fuego o municiones Motivo:Apelaci�n de sentencia condenatoriaDecisi�n:Confirma y modificaAprobaci�n:Acta No.-20Fecha:Febrero 7 de 2018 Magistrado Ponente: David Vanegas Gonz�lez ASUNTO Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la defensa en contra de la sentencia de fecha 1 de abril de 2016, por medio de la cual el Juzgado Quinto Penal del Circuito con funciones de conocimiento de Santa Marta, Magdalena, declar� penalmente responsable al se�or JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ por la comisi�n de los delitos de Hurto Calificado y Agravado en grado de tentativa, en concurso con Tr�fico, fabricaci�n y porte de arma de fuego y municiones y lesiones personales. 2.
ACONTECER F�CTICO De acuerdo con lo probado en la audiencia de juicio oral, los hechos tuvieron ocurrencia en el siguiente contexto: El d�a 26 de julio de 2013, siendo las 15:45 horas, la se�ora GENY PATRICIA SILVA GUERRERO se desplazaba en una motocicleta y fue interceptada en el barrio Santa Clara de esta ciudad por dos sujetos de sexo masculino, quienes se movilizaban a su vez en otra motocicleta marca Boxer de color azul, con n�mero de placa NCF 65B, los cuales, adem�s de golpearla, la intimidaron con un arma de fuego, la patearon y arrastraron en el piso despoj�ndola de una mochila que en su interior conten�a la suma de $1.500.000 y objetos personales; seguidamente, la v�ctima aborda una patrulla de la Polic�a Nacional compuesta por dos uniformados y les pone de presente la situaci�n, indic�ndoles adem�s las caracter�sticas de los sujetos.
Acto seguido los policiales inician la b�squeda y es as� como avistan el veh�culo en menci�n, conducido por JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ, quien iba acompa�ado por HERN�N DAVID TEJERA G�MEZ en calidad de parrillero, este �ltimo estaba en poder de la mochila, con la totalidad del dinero hurtado. Es de resaltar que al conductor ARRIETA G�MEZ, previa requisa, se le hall� en su poder un total de cinco cartuchos para arma de fuego, calibre 9 mm.
Ante tales hallazgos, los policiales efect�an la captura en situaci�n de flagrancia y como quiera que la v�ctima se encuentra presente, procede a reconocer a los dos aprehendidos como los sujetos que previamente la hab�an despojado de sus pertenencias. Al ser acreditados estos hechos, el Juez de primer grado declar� penalmente responsable a JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ por todos los delitos por los que fue acusado, y compuls� copias penales y disciplinarias, por cuanto habiendo sido capturado igualmente en situaci�n de flagrancia el se�or HERN�N DAVID TEJERA G�MEZ, este no fue puesto por la Fiscal�a a disposici�n del Juez de Control de Garant�as.
3. DE LA ACTUACI�N PROCESAL De acuerdo con la informaci�n que aparece en la carpeta proveniente del juzgado de primera instancia, este es el iter procesal relevante: 1. El escrito de acusaci�n se recibe en el Centro de Servicios Judiciales el d�a 24 de octubre de 2013. F. 10 del C.O. No.1 2. La audiencia de formulaci�n de acusaci�n se practica el d�a 5 de mayo de 2014., luego de haberse superado serios tropiezos entre ellos la inasistencia de las partes y el incumplimiento del INPEC en trasladar al procesado.
F-89 del C.O. No.1 3. La audiencia preparatoria se desarrolla el 6 de mayo de 2014. F-94 del C.O. No.1 4. La audiencia de juicio oral inicia el d�a 6 de agosto de 2014. F-1 a 23, del C.O. No.2, y se desarrolla en las siguientes otras sesiones: 30 de septiembre de 2014, f-42 del C.O. No.2; 12 de febrero de 2015, f-59 del C.O. No.2; 14 de abril de 2015, f-74 del C.O. No.2. 5.
Alegatos de clausura y anuncio del sentido del fallo, 3 de junio de 2015, f-88 � 90, del C.O. No.2. 6. Audiencia de lectura de fallo 1 de abril de 2016, f-124 del C.O. No.2.
4. DE LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA Consider� el Juez de primera instancia que concurrieron los dos requisitos para dictar sentencia condenatoria, esto es, se acredit� la existencia de los delitos y la responsabilidad penal del acusado. Hizo el A quo un an�lisis de los hechos jur�dicamente relevantes, recordando que la se�ora GENY PATRICIA SILVA GUERRERO puso en conocimiento de miembros de la Polic�a Nacional que dos hombres que se transportaban en una motocicleta la despojaron de una suma de dinero, tras intimidarla con un arma de fuego.
Como consecuencia de este enteramiento se materializ� la captura en situaci�n de flagrancia de los se�ores HERN�N DAVID TEJERA CASTRO y JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ, aunque reproch� el fallador que solamente se hubiese puesto a disposici�n del Juzgado de Control de Garant�as al segundo de los aprehendidos, no obstante la aludida situaci�n de flagrancia, lo que propici� que compulsara las respectivas copias penales y disciplinarias.
En lo que ata�e al il�cito de FABRICACI�N, TR�FICO, PORTE O TENENCIA DE ARMA DE FUEGO O MUNICIONES, el Juez de primera instancia soporta su decisi�n en la informaci�n aportada por un n�mero plural de testigos, entre ellos el Patrullero de la Polic�a Nacional KEVIN ENRIQUE CANTILLO SARMIENTO quien declar� que el d�a de los hechos la se�ora GENY PATRICIA SILVA lo abord� a �l y a su compa�ero JOHN ALEXANDER P�REZ R�OS, inform�ndoles que hab�a sido v�ctima de un atraco y que el parrillero ten�a un arma de fuego.
Adujo que posterior a esta informaci�n se materializ� la captura del hoy procesado JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ quien conduc�a la motocicleta y a quien a su vez le hallaron en su poder una munici�n. La informaci�n anterior es corroborada en lo esencial por el Patrullero JOHN ALEXANDER P�REZ R�OS quien relat� que en poder del acusado se hallaron cinco cartuchos para arma de fuego y que la v�ctima se les acerc� y lo reconoci� como autor del hurto.
En lo atinente a la idoneidad del arma, el a quo bas� su determinaci�n en el dictamen rendido por la perito del CTI de la Fiscal�a, ANA ADELINA SANTAMAR�A AYALA, quien declar� en el juicio que los cinco cartuchos son aptos para ser disparados. Ahora, en lo que corresponde al ingrediente normativo del tipo penal relacionado con la ausencia de permiso para el porte de la munici�n, el fallador se apoy� en el testimonio del investigador del CTI, se�or YAMIL MALKUN CASTILLEJO, quien inform� que solicit� la informaci�n correspondiente al Batall�n C�rdova, obteniendo como respuesta que el se�or ARRIETA G�MEZ no tiene asignado permiso para porte de armas o municiones.
En lo que tiene que ver con la materialidad del delito de hurto calificado y agravado, el Juez le dio credibilidad a la atestaci�n rendida por la v�ctima, se�ora GENY PATRICIA SILVA GUERRERO, la cual manifest� en el juicio oral que fue intimidada con un arma de fuego por parte de dos sujetos que se desplazaban en una motocicleta; datos estos que en criterio del juez, fueron corroborados por los agentes captores.
Es de anotar que el Juez de primera instancia tuvo en cuenta que la v�ctima reconoci� al acusado en el juicio como una de las personas que particip� en el hurto. No soslay� el Juez la valoraci�n de la prueba de descargo presentada por la Defensa, y a este respecto, en lo que corresponde al testimonio de la se�ora BEATRIZ JARABA MAC�AS, quien adujo ser testigo presencial de los hechos y no haber visto que a la v�ctima la hubiesen amenazado y que fuera despojada de objeto alguno, sostuvo el Juez, luego de hacer un ejercicio de confrontaci�n, que este relato no resulta cre�ble como quiera que la v�ctima expuso que al momento de los hechos no hab�a nadie m�s en el lugar, aparte de ella y los dos atracadores; del mismo modo, desestima este testimonio como quiera que los polic�as lograron recuperar en poder de los aprehendidos, la mochila en cuyo interior se encontr� la suma de dinero que report� la v�ctima como hurtado.
Tuvo en cuenta el Juzgador que la testigo, ante una pregunta realizada por el agente del Ministerio P�blico respondi� ser �amigu�sima de la madre del implicado, lo cual como es natural lleva a catalogar su testimonio como sospechoso, pues ello permite inferir que tuvo el prop�sito de favorecer al acusado, y por lo mismo no resulta ser una prueba determinante para establecer la irresponsabilidad del se�or ARRIETA G�MEZ en las conductas punibles investigadas (sic)�.
En varios segmentos del prove�do el A quo expone las razones por las cuales emite la sentencia condenatoria, considerando que �(�) De acuerdo con el examen detenido de los testimonios rendidos por los policiales que participaron en la captura como de la denunciante, se extrae claramente que el acusado fue sorprendido por la polic�a momentos despu�s de perpetrado el hurto, en el momento en que se dispon�a con su acompa�ante a huir con el producto del il�cito en un medio motorizado�.
Fl. 15 de la sentencia de primera instancia. �(�) En el presente caso para cumplir su cometido se ejercit� la intimidaci�n con arma de fuego para vencer la resistencia de la v�ctima con el fin de asegurar el producto del hurto, y aparte de lo anterior, la misma asegura que fue golpeada en el casco que ella llevaba puesto con la cacha de la pistola, pateada y arrastrada en medio de un forcejeo, es decir, que se desplegaron ambas vertientes de la violencia (moral y f�sica) de conformidad con lo ilustrado supra de ah� que se estructure la circunstancia calificante del delito de hurto prevista en el art�culo 240 inciso segundo del C.P.� Los anteriores razonamientos constituyeron, groso modo, la base para que el Juez endilgara responsabilidad por la comisi�n de los delitos de hurto agravado por haberse cometido con el concurso de dos personas, y calificado por la violencia ejercida en contra de la v�ctima.
En cuanto a la circunstancia de agravaci�n del delito de porte de arma de fuego o munici�n, claramente adujo el A quo que esta conducta se cometi� utilizando un medio motorizado y en el contexto de la comisi�n del delito de hurto, como quedara acreditado a lo largo del prove�do de primera instancia. Por �ltimo, estim� el Juez que se acredit� la existencia del delito de lesiones personales, toda vez que se alleg� el examen de Medicina Legal practicado a la v�ctima por el legista FABIO ENRIQUE DE LA HOZ, donde se concedi� una incapacidad provisional de ocho d�as, actualiz�ndose as� el tipo penal contemplado en el art�culo 112 del C.P., esto es, lesiones personales con incapacidad para trabajar o enfermedad, que no pase de treinta d�as.
5. DEL RECURSO DE APELACI�N En un escrito de siete folios, uno de los cuales est� repetido, el abogado de la defensa present� recurso de apelaci�n en contra de la sentencia emitida en disfavor del se�or JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ. En los primeros cuatro folios el recurrente se ocupa de hacer algunas disquisiciones gen�ricas - acompa�adas de trascripciones normativas - acerca de los requisitos para condenar contemplados en el art�culo 381 de la ley 906 de 2004 y de la presunci�n de inocencia, explicando doctrinariamente el contenido y alcance de esta garant�a procesal, para lo cual cita el art�culo 29 superior, los art�culos 8 de la Convenci�n Americana de Derechos Humanos y 14.2 del Pacto de Derechos Civiles y Pol�ticos.
Seguidamente hace una descripci�n etimol�gica y jur�dica del instituto de la presunci�n de inocencia, para concluir citando normas contenidas en el derogado decreto 2700 de 1991 y la ley 600 de 2000 sobre el in dubio pro reo. En las p�ginas restantes de su escrito, el actor efect�a algunos reproches en grado sumo gen�ricos, en contra de la decisi�n de primera instancia, aludiendo que en reiteradas ocasiones solicit� al Juez de Conocimiento que �corriera traslado� a la Fiscal�a General de la Naci�n para que se investigara al fiscal de la URI y a todos aquellos que participaron la captura en flagrancia. Expone, a manera de pregunta que ��c�mo es posible que al autor material e intelectual al mismo tiempo, se�or HERN�N DAVID TEJERA CASTRO que fue capturado con arma de fuego en la mano por un miembro de la Polic�a que ven�a de civil, lo dejaran libre, sin ser judicializado ante un juez de control de garant�as, y contrario sensu s� dejan capturado a su cliente que es mototaxista?�.
A rengl�n seguido, aprueba la postura asumida por el A quo, en el sentido de compulsar copias para que se investigue a los funcionarios de la URI ante quienes se habr�an puesto a disposici�n los capturados. Alega que su cliente no fue capturado como lo dijeron los polic�as, ya que este se encontraba en la moto cuando se present� el intercambio de disparos y sali� corriendo.
Aduce que su cliente viv�a a cuadra y media del lugar de los hechos y se pregunta si una persona atraca cerca de su casa. Concluye su escrito reprochando que se hubiera dado libertad al capturado TEJERA CASTRO, que su cliente �no fue la persona que le quit� y la maltrat� (sic)�, y acto seguido arguye que el juez actu� con terquedad y temeridad en el juicio al no prestar atenci�n a (�) que hab�a irregularidades, que no ten�an que procesar a su cliente porque la v�ctima no lo se�al�. 6.
TRASLADO A LOS NO RECURRENTES Efectuado el traslado a los no recurrentes, estos guardaron silencio.
7. CONSIDERACIONES DE LA SALA De entrada se habr� de manifestar que el recurrente no expuso de manera clara y suficiente los motivos por los cuales no comparte la decisi�n del Juez de primera instancia; se echa de menos, del mismo modo, el sustento argumentativo respecto de los yerros en que pudo haber incurrido el juez y que ameriten que su decisi�n sea despojada, en esta segunda instancia, de la triple presunci�n de constitucionalidad, acierto y legalidad.
Y se hace alusi�n al plus de constitucionalidad toda vez que el debido proceso desciende desde el techo ideol�gico de la Constituci�n Pol�tica, siendo la ley un desarrollo de la norma superior; desde esta perspectiva, se considera que cuando una autoridad judicial respeta el mandato constitucional desarrollado en la ley, cumpliendo, del mismo modo, con el deber de motivar - esto es, de analizar los presupuestos f�cticos y jur�dicos de una determinada pretensi�n � la decisi�n que surge como consecuencia de dicho razonamiento por ser respetuosa del debido proceso, est� cobijada por la presunci�n de acierto y legalidad.
De ah� que no sea infundado sostener que una decisi�n acertada es aquella que ha respetado los principios y valores constitucionales, cumple con los presupuestos legales de orden sustantivo y procedimental - que son un desarrollo de la Constituci�n y - surge, en consecuencia, la aludida determinaci�n judicial como producto de una motivaci�n seria y razonada efectuada por el titular de la jurisdicci�n que recae sobre las pretensiones � y oposiciones � de las partes de la contienda jur�dico procesal.
Y si esto es as�, quien se encuentre en desacuerdo con el prove�do judicial est� en el deber de argumentar con todo rigor las razones por las cuales la ya referida presunci�n tripartita de constitucionalidad, acierto y legalidad, debe ser derrumbada por el superior de quien emiti� el pronunciamiento que es motivo de disenso. A este prop�sito, debe tenerse en cuenta que la jurisprudencia de la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia ha propendido por la adecuada sustentaci�n del recurso de apelaci�n, como quiera que �ste delimita los linderos dentro de los cuales se ha de movilizar el superior jer�rquico, al punto que quien desata la alzada queda, incluso, facultado para determinar si existe deficiencia en la construcci�n y sustentaci�n del recurso, de cara al reproche de alg�n aspecto espec�fico.
Veamos lo expuesto por esa Corporaci�n: �(�) La forma como est� concebido el recurso, en el marco de una justicia rogada, de partes, regido por los principios de igualdad de armas y de imparcialidad, se impone la necesidad de motivar y sustentar las peticiones que se formulen a los jueces, y entre tales peticiones, los recursos, de otra forma ello implicar�a que los jueces debieran examinar todo de manera oficiosa, extralimitando as� una competencia, que para el caso de la que deriva de la apelaci�n, debe circunscribirse a lo que es materia del disenso. �(�) Como en anterior oportunidad se consign�: �no basta la mera sustentaci�n o defensa de una posici�n, sino que esa sustentaci�n debe ser la debida, la adecuada, la apropiada al caso.
Esto lleva a concluir que no es suficiente la mera exposici�n de argumentos que tiendan a defender una determinada postura, sino que es preciso que esa argumentaci�n est� orientada a controvertir de manera seria la decisi�n impugnada, se�alando las razones del disenso, destacando cu�les pueden ser las falencias de la providencia y de qu� manera tal decisi�n no resulta acertada y acorde con el ordenamiento, todo ello siempre sin perder de vista el substrato f�ctico sobre el cual se realiza el debate.
La sustentaci�n debe se�alar con claridad qu� es lo que se pretende. En el mismo sentido en otras oportunidades, sostuvo: �De ah� que la fundamentaci�n de la apelaci�n constituya un acto trascendente en la composici�n del rito procesal, en la medida que no basta con que el recurrente exprese inconformidad gen�rica con la providencia impugnada, sino que le es indispensable concretar el tema o materia de disentimiento, presentando los argumentos f�cticos y jur�dicos que conducen a cuestionar la determinaci�n impugnada, carga que de no ser acatada, obliga a declarar desierto el recurso, sin que se abra a tr�mite la segunda instancia, toda vez que de frente a una fundamentaci�n deficiente el funcionario no puede conocer acerca de qu� aspectos del pronunciamiento se predica el agravio.
Pero una vez satisfecho el presupuesto de la fundamentaci�n explicita o suficiente, en cuanto identifica la pretensi�n del recurrente, adquiere la caracter�stica de convertirse en l�mite de la competencia del superior, en consideraci�n a que s�lo se le permite revisar los aspectos impugnados� (Resaltado fuera de texto). Postura que se afianza en providencia posterior, en la cual se indica: �(�) La impugnaci�n es la herramienta de car�cter constitucional que tienen las partes para controvertir la legalidad de la providencia emitida.
Por este motivo, el recurrente debe ser claro y coherente al expresar las razones por las cuales considera que la decisi�n cuestionada no se ajusta a las normas procesales o sustantivas en las que se debe fundamentar. Cualquier otra expresi�n o manifestaci�n del recurrente que no est� dirigida a demostrar esta inconsistencia legal, no puede considerarse como sustento de la impugnaci�n. Ello no implica necesariamente el uso de un lenguaje t�cnico, sobre todo cuando el recurrente no es abogado, como que basta la expresi�n de los argumentos de oposici�n presentados en forma clara y comprensible.(Resaltado fuera del texto original).
L�nea de pensamiento que es ratificada en otra decisi�n, al decir que �(�) si se trata de controvertir una decisi�n judicial en la cual se plasman motivaciones jur�dicas y probatorias, lo menos que puede esperarse de la sustentaci�n del recurso, es que se expongan de manera clara y suficiente las razones por las cuales no se comparte lo decidido, los yerros que ello comporta y, en punto de trascendencia, el efecto nocivo o da�o que apareja para la parte que impugna.
El debate dial�ctico, entonces, se produce por la tensi�n entre dos extremos: los fundamentos de la decisi�n y los argumentos en contrario presentados por el recurrente. A partir de all�, no es posible obtener que lo decidido se revoque o modifique, si no ha sido cabalmente demostrado el yerro o falencia y, a la par, verificado que sus efectos fueron nocivos.
As� la segunda instancia, encargada de dirimir el debate, podr� conocer no s�lo el motivo de la inconformidad, sino la naturaleza de la medida que debe tomarse para resta�ar el da�o�. Ahora bien, tal y como la ha entendido la jurisprudencia del mismo tribunal de cierre citado, el recurso de apelaci�n se declara desierto �cuando no se sustente�, lo cual equivale a que la parte inconforme con la decisi�n no ofrece los argumentos de hecho y de derecho que controviertan, refuten, nieguen los propuestos por el juzgador. As� pues, de no cumplirse con tal exigencia, queda desprovisto el Juez que ha de desatar el recurso de alzada, de los razonamientos - no solo f�cticos sino tambi�n jur�dicos - que permitan confrontar el inconformismo del impugnante con la providencia que es objeto de reproche y, decidir, en consecuencia, a qui�n le asiste la raz�n de derecho, respecto del tema que origina la controversia.
En el caso que ocupa nuestra atenci�n, el funcionario judicial - en el contexto de un ejercicio serio de valoraci�n probatoria y de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica - expuso los motivos por los cuales hall� penalmente responsable al procesado JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ de la comisi�n de los delitos por los cuales fue acusado por parte de la Fiscal�a. Y se dice que existe una motivaci�n seria, como quiera que el Juez analiz� no solo las declaraciones rendidas por los dos miembros de la Polic�a Nacional que intervinieron en el procedimiento de captura en situaci�n de flagrancia, sino tambi�n la atestaci�n rendida por la v�ctima, se�ora GENY PATRICIA SILVA y encontr� que en ellas hab�a plena convergencia, en cuanto a las circunstancias en que se desarrollaron los hechos.
Empero, ninguna cr�tica se hizo al respecto, como quiera que el recurrente, antes que atacar los razonamientos del a quo, se limit� a efectuar elucubraciones jur�dicas relacionadas con la presunci�n de inocencia y con los requisitos para emitir sentencia condenatoria, soslayando que el ataque deb�a recaer en la motivaci�n construida por el se�or Juez Quinto Penal del Circuito y que le sirvi� de sustento a la decisi�n judicial, por medio de la cual declar� responsable penalmente a su prohijado judicial.
En este orden de ideas, imperaba que el impugnante explicara las razones por las cuales a pesar del an�lisis jur�dico vertido en la decisi�n no compart�a las motivaciones del a quo; m�xime si se toma en consideraci�n que el impugnante es un profesional del derecho que goza de la idoneidad necesaria para la construcci�n de argumentos que tengan por finalidad derruir la presunci�n de constitucionalidad, legalidad y acierto de la decisi�n judicial que reprocha y que fue consecuencia l�gica del an�lisis de los hechos, de la valoraci�n de las pruebas y la interpretaci�n de las normas correspondientes, que permitieron emitir un juicio de reproche y culpabilidad respecto del comportamiento del procesado.
Para reforzar este planteamiento, es sabido que la sustentaci�n del recurso de apelaci�n es carga del impugnante; desde luego - como lo sostiene la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia - que no se trata de construir una pieza jur�dica sobre el particular, pero s� es necesario presentar los planteamientos en los que estriba la inconformidad con la decisi�n recurrida y no basta un desacuerdo gen�rico que no indique en concreto los puntos en que se fundamenta, sino que se requiere la formulaci�n de los argumentos de hecho y de derecho en que se finca la impugnaci�n � (M.P. Dr. Gustavo G�mez Vel�squez, Marzo 18 de 1992).
En este sentido, �La fundamentaci�n de la apelaci�n, por el aspecto indicado, es ya un acto trascendental. No le basta al recurrente afirmar una inconformidad general frente a la providencia que recurre, sino que le es imperativo concretar aquello de lo que disiente presentando los argumentos de hecho y de derecho que lo conducen a cuestionar la determinaci�n impugnada.
Sustentar indebidamente, en consecuencia, es como no hacerlo, y la consecuencia de la omisi�n es que el recurso se declara desierto � (�) �A tenor de la normativa procesal derogada, contenida en el Decreto 2700 de 1991 y la hoy en d�a vigente- ley 600 de 2000-, el recurso de apelaci�n, como una de las formas de acceder a la segunda instancia, no s�lo debe ser interpuesto oportunamente, sino, tambi�n, sustentado por escrito ante la primera instancia, de manera que la fundamentaci�n de la apelaci�n, se constituye en acto trascendente en la composici�n del rito, pues no es suficiente con que el recurrente exteriorice inconformidad general con la providencia que impugna sino que le es imperativo, adem�s, concretar el tema o aspectos de los que disiente, presentando los argumentos f�cticos y jur�dicos que lo conducen a cuestionar la determinaci�n impugnada, al punto que si no se sustenta debidamente el disentimiento se declara desierto y no se abre a tr�mite la segunda instancia, pues en tal evento el juzgador no podr�a conocer sobre qu� aspectos del pronunciamiento se predica el agravio.
As�, entonces, la sustentaci�n de la apelaci�n es carga para el impugnante y constituye presupuesto ineludible para acceder a la segunda instancia, pero una vez cumplido el requisito, la fundamentaci�n expuesta en cuanto identifica la pretensi�n del recurrente, adquiere la caracter�stica de convertirse en l�mite de la competencia del superior, en consideraci�n a que s�lo se le permite revisar los aspectos impugnados, seg�n lo dispon�a el art�culo 217 del Decreto 217 del C�digo de procedimiento penal y ahora el art�culo 204 de la ley 600 de 2000.
La sustentaci�n, en otras palabras, fija el marco de examen y pronunciamiento sobre la cuesti�n debatida al funcionario de segunda instancia y es limitativa de su actividad. De manera que si los fundamentos de la impugnaci�n establecen el objeto de pronunciamiento del ad quem, y ellos est�n referidos a discutir los t�rminos y conclusiones a que arrib� el a quo, resulta evidente la relaci�n de necesidad que se produce entre la providencia impugnada, la sustentaci�n de la apelaci�n y la decisi�n del funcionario judicial de segunda instancia. Por tanto, providencia apelada y recurso, conforman una tensi�n que debe resolver el superior.
Se trata de una de las manifestaciones m�s decantadas del principio de contradicci�n o controversia que rige el proceso penal y que explica el deber legal que tiene el funcionario judicial de integrar a la estructura de su decisi�n la exposici�n del punto que se trata y los fundamentos jur�dicos de ella�. Para esta Sala de Decisi�n no se advierte en la sustentaci�n del recurso, un juicio diferente de parte del impugnante que ataque la providencia recurrida y oriente la labor de esta segunda instancia. La fundamentaci�n expuesta por el apelante no reviste las caracter�sticas de un verdadero recurso el cual debe estar signado por una sustentaci�n adecuada, encaminada a controvertir la determinaci�n judicial de primer grado, por cuanto ella solo entra�a una aparente sustentaci�n; mucho menos aporta nuevos argumentos cr�ticos de tipo probatorio que vayan m�s all� de su mera enunciaci�n, respecto de la providencia de la cual se disiente.
En casos como el actual, es el recurrente quien tiene sobre sus hombros la carga de indicarle al Ad quem, en concreto, las razones de su inconformidad o las conclusiones que se consideren equivocadas a partir de la postulaci�n de un criterio diferente del contenido en la determinaci�n jurisdiccional cuestionada, explicando clara y no vagamente, los fundamentos por los cuales, depreca la prevalencia de su pretensi�n. Pr�cticamente el recurrente lo que pretende - as� lo infiere la Sala - es que se aborde nuevamente en esta instancia la valoraci�n de la prueba allegada y se acoja su tesis defensiva planteada en los alegatos de clausura, sin poner de presente el por qu� son desacertadas las conclusiones a que llega el a quo, luego del estudio de las pruebas aportadas.
Tal pretensi�n no puede tener asidero por cuanto no resulta apropiado, en virtud de las reglas que direccionan el procedimiento acusatorio, que el recurso de apelaci�n se convierta en una extensi�n del debate probatorio y de los alegatos de clausura. M�s a�n cuando el recurso de apelaci�n lo que garantiza es que el superior funcional entre a determinar si le asiste raz�n al impugnante respecto de los yerros en que pudo incurrir el fallador, los cuales deben ser explicitados debidamente, pues con todo y que existe el llamado principio de caridad, este no puede ser patente de corso para que el tribunal entre a llenar los vac�os del recurrente, de ser as�, este cuerpo colegiado afectar�a hondamente el principio de imparcialidad, pues, en la pr�ctica, se convertir�a en el autor y sustentador del recurso, lo cual no se compadece con el rol que debe asumir y que debe estar caracterizado, como se dijera, por los principios de imparcialidad y de igualdad de armas.
Y es que bien es sabido que las equivocaciones en que podemos incurrir los jueces en el momento de aplicar el procedimiento y de adoptar determinaciones, ya sea de oficio, ora en respuesta a las reclamaciones de los intervinientes, han sido denominadas por la doctrina y la jurisprudencia, como errores in iudicando y errores in procedendo.
En cuanto a los primeros, �(�) Son errores de juicio, de apreciaci�n, que pueden darse respecto de la ley o de la prueba, en el entendido que las equivocaciones del juez estriba en la forma de valorar los medios probatorios allegados o la legislaci�n aplicable al caso�. Estos, a su vez, pueden ser: Errores de hecho. Errores de derecho.
En lo atinente a los segundos, �Son errores de procedimiento. En este evento el juez yerra en la aplicaci�n de las formas, del tr�mite que se impone para el caso concreto. Se subdividen en: Errores de estructura. Errores de garant�a. El planteamiento doctrinario acabado de citar, guarda plena armon�a con la jurisprudencia emanada de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, que resulta conveniente reiterar, en el entendido que �El recurso de apelaci�n impone a la parte impugnante la carga argumentativa de demostrar el yerro en que incurri� el juzgador en la decisi�n recurrida, labor en la cual le es exigible que haga manifiestos los argumentos de hecho y de derecho por los cuales estima errada la postura del funcionario de primera instancia�. Y aunque se podr�a inferir que el reproche del apelante se aproxima t�midamente a que la equivocaci�n judicial radica en la forma como el juez concluy� demostrados los hechos y c�mo estos le fueron puestos de presente a trav�s de las pruebas, lo cierto es que el recurrente no sustent� id�neamente en que consisti� tal equ�voco, es m�s, no explica las razones por las cuales el a quo debi� restarles credibilidad a los agentes de la Polic�a Nacional y a la propia v�ctima, pues enfoca su argumento, como se dijera en p�rrafos ya superados, en hacer disquisiciones doctrinarias y legales sobre el principio de presunci�n de inocencia y en quejarse por la puesta en libertad del otro sujeto que fuera capturado en situaci�n de flagrancia, sin que fundamentara los perjuicios que esta decisi�n le irrog� a su defendido.
Es m�s, el propio Juez de conocimiento encontr� irregular esta �ltima situaci�n, al advertir que ambos capturados estaban comprometidos en la comisi�n de los delitos que les fueran endilgados, al punto que compuls� copias penales y disciplinarias en contra de los funcionarios de la Fiscal�a, con el fin de que se estableciera por qu� raz�n el otro coautor fue puesto en libertad, al parecer de manera irregular, decisi�n que, como se expusiera en l�neas pret�ritas, le causara satisfacci�n al hoy apelante.
Para finalizar, considera la Magistratura, siguiendo criterios jurisprudenciales, que el recurso de apelaci�n carece de los aspectos fundamentales que lo deben caracterizar, tales como: 1. La valoraci�n de la prueba acopiada, 2. Las razones de tipo probatorio en que se soporta la inconformidad, 3. La referencia concreta del an�lisis efectuado por juez en la providencia atacada que no se comparte, 4.
La cr�tica jur�dica con la que se contradiga y refute el fundamento que condujo a sentenciar en el sentido que no se acepta, 5. La indicaci�n, en concreto, de los aspectos que deben ser reformados o revocados por el superior. Pero como qued� palmariamente evidenciado, el recurrente efect�o una simple manifestaci�n de desacuerdo con lo decidido, aduciendo expresiones abstractas, o gen�ricas como que el se�or JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ no es responsable de los delitos que le fueran endilgados o que la prueba resulta insuficiente, pues ello no responde a una adecuada sustentaci�n del recurso, requisito sine qua non para su admisi�n y tr�mite.
8. DE LA VARIACI�N JURISPRUDENCIAL RESPECTO DE LA DECLARATORIA DE DESIERTO DEL RECURSO DE APELACI�N CONTRA SENTENCIAS Con sustento en lo dispuesto en los art�culos 179A y 179B de la Ley 906 de 2004, la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, ven�a sosteniendo pac�ficamente que la declaratoria de desierto aplica, bien cuando el recurso es sustentado deficientemente, bien cuando la sustentaci�n es inexistente o extempor�nea, decisi�n contra la cual procede �nicamente el recurso de reposici�n. Tal postura fue variada recientemente en los siguientes t�rminos: (�) No obstante, encuentra la Sala que el citado criterio resulta inadecuado y por tanto, debe modificarse, pues comporta una restricci�n irrazonable y desproporcionada del principio general de la doble instancia. En efecto, la garant�a de la doble instancia, como expresi�n del debido proceso, faculta a los sujetos procesales a someter las decisiones contrarias a sus intereses al an�lisis del superior funcional de quien la profiri�, con el fin de que se revise su legalidad.
Bajo tal perspectiva, la citada prerrogativa garantiza el acceso a la justicia en condiciones de igualdad y propende por la eficacia de los derechos de las partes e intervinientes en el proceso penal, a trav�s de la implementaci�n en el ordenamiento jur�dico de mecanismos de impugnaci�n y de autoridades jerarquizadas que posibilitan la revisi�n de los asuntos sometidos a la administraci�n de justicia. En este orden, el principio de la doble instancia tiene como prop�sito garantizar los fines del Estado y reforzar la presunci�n de acierto y legalidad predicable de las providencias judiciales, objetivo que no se agota con la sola existencia formal de medios de recursos, sino que demanda del Estado la garant�a de acceso a aqu�llos.
Dada la trascendencia de este principio, estima la Sala que en aquellos eventos en que media alg�n grado de sustentaci�n del recurso de apelaci�n, de considerarse �sta indebida o insuficiente, lo procedente no es la declaraci�n de desierto que, como se dijo, solo contempla como medio de control el recurso de reposici�n, sino su rechazo o negaci�n, a efectos de habilitar la posibilidad que la parte afectada interponga, si lo estima pertinente, el recurso de queja.
Lo anterior, por cuanto no resulta razonable que la posibilidad de revisi�n por el superior jer�rquico de una decisi�n, cuando se ha hecho uso de la oportunidad procesal para exhibir las razones de inconformidad con aqu�lla, quede supeditada exclusivamente al arbitrio del juez que la emiti�. Ello por cuanto la declaratoria de desierto del recurso de alzada impide de plano que otro funcionario revise si, en efecto, los argumentos expuestos son insuficientes para activar la competencia de la segunda instancia. Por ello, reitera la Sala, siempre que haya controversia en torno a si el impugnante cumpli� con la carga de sustentaci�n suficiente de la alzada, deber� denegarse esta con el prop�sito de permitir al interesado la interposici�n de queja, para que sea el superior jer�rquico quien decida sobre la idoneidad de la fundamentaci�n. Esta Sala de Decisi�n, acogiendo la nueva tesis jurisprudencial de la Corte Suprema de Justicia, por considerar que es la que m�s se ajusta a las garant�as constitucionales de que da cuenta el art�culo 29 de la Constituci�n Pol�tica, habr� de denegar el recurso como quiera que el abogado defensor no cumpli� con la carga suficiente de sustentaci�n, por las razones que ya han quedado explicadas suficientemente en el transcurso de esta providencia judicial.
Lo anterior, con el prop�sito de permitir al interesado la interposici�n de queja, para que sea nuestro superior jer�rquico, esto es, la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, quien decida sobre la idoneidad de la fundamentaci�n.
9. ACERCA DE OTRAS DECISIONES. DE LA ADOPCI�N OFICIOSA DE UN CRITERIO DE CORRECCI�N, EN VIRTUD DEL PRINCIPIO DE JUSTICIA MATERIAL De acuerdo con la informaci�n plasmada en el escrito de acusaci�n (F.10 C.O. No.1), los hechos de connotaciones delictivas ocurrieron el d�a 26 de julio del a�o 2013 y la formulaci�n de imputaci�n se realiz� el d�a 27 de julio del mismo a�o por los delitos de FABRICACI�N, TR�FICO, PORTE O TENENCIA DE ARMAS DE FUEGO O MUNICIONES AGRAVADO;
HURTO CALIFICADO Y AGRAVADO EN GRADO DE TENTATIVA y LESIONES PERSONALES, este �ltimo, rese�ado en el art�culo 112 del C.P., como quiera que, de acuerdo con el dictamen m�dico legal, el da�o consisti� en incapacidad para trabajar o enfermedad que no super� los treinta d�as; es de anotar que esta conducta tiene aparejada una pena de prisi�n de 16 a 36 meses.
Pues bien, revisada la foliatura, encuentra la Sala que respecto de este �ltimo delito no se agotaron las exigencias legales que se desprenden de los art�culos 70 y 73 de la ley 906 de 2004 - esto es, la presentaci�n de la querella dentro de los seis meses siguientes a la comisi�n del delito, como requisito de procesabilidad para el ejercicio de la acci�n penal - toda vez que el delito de lesiones personales del que dan cuanta los art�culos 111 y 112 del C.P., requiere querella de parte, por estar enlistado en el art�culo 74 del C�digo de Procedimiento Penal.
En este orden de ideas, resulta claro que ha operado el fen�meno jur�dico de caducidad de la querella, pues si recordamos que la formulaci�n de imputaci�n se materializ� el d�a 27 de julio de 2013, sin que se hubiese agotado el mencionado requisito, a la fecha ha transcurrido un t�rmino que supera ostensiblemente el de los seis meses que dispone la ley, para que se ponga en funcionamiento el engranaje jurisdiccional, previo requerimiento del afectado.
Es claro entonces que para la fecha de la sentencia de primera instancia, es decir, el 1 de abril de 2016, ya hab�a operado la caducidad, y as� debi� haberlo decretado el A quo, absteni�ndose en consecuencia de imponer sanci�n por el delito de lesiones personales, la que se fij� en cuatro meses, por concepto de �otro tanto�, de conformidad con las previsiones del art�culo 31 de la ley 599 de 2000.
Con base en los precitados razonamientos, esta Sala entonces habr� de decretar de oficio la caducidad de la querella, amerit�ndose la correspondiente redosificaci�n punitiva, lo cual no implica un mayor esfuerzo intelectual, como quiera que el Juez de primer grado impuso una pena de 216 meses de prisi�n por el delito de FABRICACI�N, TR�FICO, PORTE O TENENCIA DE ARMAS DE FUEGO, ACCESORIOS, PARTES O MUNICIONES; luego, adicion� un a�o por el delito contra el patrimonio econ�mico y cuatro (4) meses m�s por el delito de lesiones personales, quedando finalmente una pena de 221 meses, seg�n la sumatoria efectuada por el A quo, (F.30 de la sentencia de primera instancia y 155 del C.O. No.2); luego entonces, en virtud de la caducidad de la querella, se restar�n estos cuatro meses, quedando una pena definitiva de 217 meses de prisi�n. Observa la Sala que existe un error en la sumatoria efectuada en la sentencia venida en alzada, como quiera que 216, m�s doce, m�s 4, arroja un guarismo de 232 meses y no de 221.
Empero, el yerro en que incurri� el a quo no puede ser subsanado por esta Corporaci�n, pues se estar�a incurriendo en un desprop�sito que violentar�a una garant�a de rango constitucional: el principio de prohibici�n de reforma peyorativa; pues es claro - de acuerdo con lo rese�ado en el inciso segundo del art�culo 31 superior -, que el superior no podr� agravar la pena impuesta cuando el condenado sea apelante �nico, y en efecto, de acuerdo con la historia procesal de que da cuenta la foliatura, �nicamente el defensor del procesado present� desacuerdo con la decisi�n del juez de primera instancia. La postura que ahora se asume, encuentra pleno respaldo jurisprudencial, es as� como la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia, ha indicado sobre este particular aspecto que �La garant�a constitucional de no reformatio in pejus constituye (�) un l�mite a la autoridad judicial que conoce en segunda instancia, consistente en que no puede agravar la pena impuesta del condenado cuando �ste sea apelante �nico; entendiendo este concepto no referido exclusivamente al n�mero de recurrentes de la sentencia condenatoria, sino a la naturaleza de sus pretensiones.
Dentro de las garant�as y principios rectores previstos en la Ley 906 de 2004, aparece tal postulado en el art�culo 20, pero de manera ampliada, en cuanto se establece que �el superior no podr� agravar la situaci�n del apelante �nico�, norma que fue declarada exequible por la Corte Constitucional en CC C-591/05. (�) Por manera que todas las decisiones que adopte el ad quem est�n condicionadas por esa prohibici�n y vulnerar� el aludido principio cuando altere el prove�do objeto de alzada de forma tal que cause un detrimento al impugnante �nico.
Habr�, entonces, una violaci�n de la ley sustancial cuando, en ese supuesto, el superior le imponga al condenado una pena mayor o cuando, en cualquier sentido, modifique su situaci�n, haci�ndola m�s nociva, como, por ejemplo, le fije una carga no considerada por el inferior, var�e su forma de responsabilidad por una que implique mayor reproche penal o con tal actuar le restrinja el acceso a un beneficio, subrogado o sustituto.
Esa intervenci�n, ex officio, conculca el debido proceso y el derecho de defensa�. (Negrita y resaltado fuera de texto). No obstante lo anterior, la Sala le hace un serio llamado de atenci�n al a quo, exhort�ndolo a que en casos futuros desarrolle el ejercicio de dosimetr�a con mayor detenimiento, de cara a evitar excesos contrarios a la administraci�n de justicia. As� pues, quedar� en definitiva una pena de 217 meses de prisi�n, como se anunciara en segmentos precedentes, y as� se dispondr� en la parte resolutiva.
Ya para concluir, ut supra se dijo que hab�a operado la caducidad de la querella en lo atinente al delito de lesiones personales; esta decisi�n es la m�s acertada, por cuanto en los casos de concurso de delitos, cuando concurran conductas investigables de oficio con delitos que necesiten querella de parte, esta circunstancia no habilita al Estado, a trav�s de sus entidades investigativas y/o judiciales, para que investigue de oficio las conductas querellables, las que jam�s adquieren la calidad de oficiosas por la ya aludida concurrencia mixta; y si esto es as�, como en efecto lo es, lo procedente ser� decretar, con fundamento en el art�culo 77 de la ley 906 de 2004, la extinci�n de la acci�n penal, decisi�n contra la cual procede �nicamente el recurso de reposici�n. Por otro lado, encuentra la Sala que es pertinente reiterar la compulsa de copias ordenadas en la sentencia por el Juez de Conocimiento, con el fin de que investiguen las faltas penales y/o disciplinarias en que pudieron haber incurrido los Fiscales de la Unidad de Reacci�n Inmediata, al haber decretado la libertad de uno de los sujetos capturados en situaci�n de flagrancia, que responde al nombre de HERN�N DAVID TEJERA CASTRO, dado su eventual compromiso en la comisi�n de los delitos que fueron objeto de investigaci�n penal.
En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior de Santa Marta, Sala de Decisi�n Penal, 10.
RESUELVE
PRIMERO: Por las razones expuestas en la parte motiva de esta providencia, denegar el recurso de apelaci�n, decisi�n contra la cual procede el recurso de queja.
SEGUNDO: Decretar la extinci�n de la acci�n penal respecto del delito de lesiones personales, en consecuencia, se corrige la pena impuesta en la sentencia de primera instancia, que ya no ser� de 221, sino de 217 meses de prisi�n. Contra esta decisi�n procede �nicamente el recurso de reposici�n.
TERCERO: Reiterar la compulsa de copias ordenadas por el Juez de primera instancia.
CUARTO: Una vez en firme esta decisi�n, devu�lvase por la Secretar�a de esta Sala de Decisi�n al juzgado de origen. Esta decisi�n queda notificada en estrados. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE. Los Magistrados, DAVID VANEGAS GONZ�LEZ JOS� ALBERTO DIETES LUNA CARLOS MILTON FONSECA LIDUE�A JOAQU�N RAFAEL GONZ�LEZ ORTEGA Secretario Sala Penal C.S.J. AP4870-2017.
Radicaci�n 50560 de fecha dos (02) de agosto de dos mil diecisiete (2017). M.P. LUIS ANTONIO HERN�NDEZ BARBOSA. C.S.J, AP 24 Feb 2016, Rad. 44684; AP 28 Sep 2016, Rad. 48865; AP 15 Jul 2015, Rad. 46319, entre otros. Sala Penal C.S.J. AP4870-2017. Radicaci�n 50560 de fecha dos (02) de agosto de dos mil diecisiete (2017). M.P. LUIS ANTONIO HERN�NDEZ BARBOSA Providencia del 29 de marzo de 2012.
Rdo: 38278. M.P: Fernando Alberto Castro Caballero. V�anse radicaciones 26087 auto febrero 28 de 2007, 37449 auto 19 octubre de 2011 Rad- 23667 sentencia 11 de abril de 2007. Auto 23 de febrero de 2011, Rad. 35678. CSJ, Sala Penal. Proceso n.� 36125. Magistrado Ponente: Dr. SIGIFREDO ESPINOSA P�REZ. Aprobado Acta No. 311.Bogot�, D.C., treinta y uno de agosto de dos mil once. CSJ.
Sala Penal AP7234-2014. Radicaci�n N� 45.018. Aprobado acta N� 407. M.P. JOS� LUIS BARCEL� CAMACHO. Bogot�, D. C., veintis�is (26) de noviembre de dos mil catorce (2014). CSJ. Sala Penal. Sentencia del 25 de Marzo de 1999, expediente 11279, Magistrado Ponente, Dr. Carlos Eduardo Mej�a Escobar. Proceso No. 15262. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. - SALA DE CASACION PENAL.
Magistrado Ponente: Dr. FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL. Aprobado acta No. 049. Bogot�, D. C., dos de mayo del a�o dos mil dos. Vel�squez Ni�o, Jorge, �La casaci�n penal? �Pero si es muy f�cil!. Ediciones Doctrina y Ley, Bogot�, 2012. Op. Cit. P�g.28 Op. Cit. P�g.28 y siguientes. Sala Penal C.S.J. AP4870-2017. Radicaci�n 50560 de fecha dos (02) de agosto de dos mil diecisiete (2017).
M.P. LUIS ANTONIO HERN�NDEZ BARBOSA. C.S.J, AP 24 Feb 2016, Rad. 44684; AP 28 Sep 2016, Rad. 48865; AP 15 Jul 2015, Rad. 46319, entre otros. Sala Penal C.S.J. AP4870-2017. Radicaci�n 50560 de fecha dos (02) de agosto de dos mil diecisiete (2017). M.P. LUIS ANTONIO HERN�NDEZ BARBOSA CSJ. Casaci�n Penal. Proceso 45736, SP2168, de 24 de febrero de 2016.
M.P., Dr. Eyder Pati�o Cabrera. Proceso No.290-16 Procesado: JOS� LUIS ARRIETA G�MEZ. Delito: Hurto calificado y agravado y otros. Decisi�n: Deniega recurso y decreta prescripci�n. 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al pie,Ref,de nota al pie,FC,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,Ref. de nota al pie 2H*h�O"h�^\ nospacing1d��d�d[$\$$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH P�o��1P�^\Fuente de p�rrafo predeter.1L�o��BL�^\Normal1dd*$CJ_HaJmH $sH $tHZ�`��RZ�^\ Sin espaciado$CJOJPJQJ_HaJmH sH tH f�Obf�^\ Profesi�n$ �ndh�a$5�CJ OJPJQJ^JaJtH <@r<@a�0 Encabezado �C�"@�o���@@a�0Encabezado CarCJaJtH B @�B@a�0 Pie de p�gina �C�"F�o���F@a�0Pie de p�gina CarCJaJtH �P@���cl0Texto independiente 2$ �� dh�a$*6�CJOJPJQJ]�^JaJmH sH tH t�o���t�cl0Texto independiente 2 Car*6�CJOJPJQJ]�^JaJmH sH tH hZ@�hY�0Texto sin formatod�� CJOJPJQJaJmH sH tH Z�o���ZY�0Texto sin formato CarOJPJQJmH sH tH `^@�`Y�0Normal (Web)d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $b�o��bY�Default 7$8$H$-B*CJOJQJ^J_HaJmH $phsH $tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g 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