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Partiendo del supuesto de que los institutos generales de derecho pueden ser sometidos a an�lisis por cualquiera de los tribunales de cierre y que la jurisprudencia es un criterio auxiliar de la actividad judicial, y que, adem�s - en nuestro medio - es factible efectuar interpretaciones sistem�ticas u hol�sticas del derecho, esto es, integrando todo el ordenamiento jur�dico interno, traemos a colaci�n la pedag�gica postura asumida por el Consejo de Estado, en lo que guarda relaci�n con la figura jur�dica del hecho notorio.
Veamos: �La Secci�n Primera del Consejo de Estado, al resolver un recurso de apelaci�n, indic� que un hecho notorio, conforme al art�culo 177 del C�digo de Procedimiento Civil, son los hechos p�blicos que son conocidos tanto por los extremos procesales como por un grupo de personas de cierta cultura o que pertenecen a un determinado grupo social o gremial.� As� mismo, advirti� que la existencia de un hecho notorio exime de prueba para corroborarlo y el juez debe tenerlo por cierto.
Tambi�n, la providencia cit� la opini�n del profesor Parra Quijano, el cual asegura que para configurar este hecho es necesario cumplir con los siguientes requisitos:� 1.�������No se requiere que el conocimiento sea universal.� 2.�������No se requiere que todos lo hayan presenciado, ya que basta que esas personas de mediana cultura lo conozcan.� 3.�������El hecho puede ser permanente o transitorio, lo importante es que las personas de mediana cultura y el juez lo conozcan� 4.�������Debe ser alegado en materia civil, toda vez que en materia penal no se requiere, pero debe tenerse en cuenta, sobre todo, cuando favorece al procesado.
(El resaltado y negrita es nuestro).� Por su parte, la sentencia recuerda que el profesor Hern�n Fabio L�pez Blanco sosten�a que el hecho notorio se supone conocido por la generalidad de los asociados, independiente de su grado de cultura y conocimientos, dentro de un determinado territorio y en determinada �poca. � �(�) la notoriedad puede ser a nivel mundial, continental, regional o puramente municipal y est� referida a un determinado lapso, de modo que dada la �ndole del proceso lo que para uno podr�a erigirse como hecho notorio, para otro proceso no necesariamente tiene esa connotaci�n�.� A su juicio, es una noci�n eminentemente relativa que debe el juez apreciar en cada caso.
Por ejemplo, puede citarse como hecho notorio a nivel mundial, en su momento, el arribo del hombre a la luna o, a escala regional colombiana, la insurrecci�n del 9 de abril de 1948 que por varios a�os fue un hecho notorio, as� como la toma e incendio del Palacio de Justicia o la avalancha que destruy� a Armero (C.P. Guillermo Vargas Ayala).
PRUEBA INDICIARIA- Resulta de relevancia su aplicaci�n en casos en los cuales los sujetos activos de conductas que afecten de forma grave y sistem�tica los derechos humanos, realicen actos que obstaculicen la labor de la administraci�n de justicia. En la jurisprudencia patria no se desconoce la importancia del valor probatorio de la prueba indiciaria; as� por ejemplo, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha ense�ado que �De conformidad con lo preceptuado en el pre�mbulo de la Constituci�n Pol�tica y atendiendo a los fines constitucionales del proceso penal, ninguna duda existe acerca de que corresponde a la autoridad judicial alcanzar el valor de la justicia, finalidad que ha de cumplirse dentro de un marco jur�dico y con estricto apego al principio de legalidad, que conlleva la doble connotaci�n de l�mite para el Estado y garant�a para el ciudadano. En ese orden de ideas, es claro que la codificaci�n procesal (�) (L. 600/2000), incluye los indicios entre los medios de prueba (art. 233) y en rigor �sta por su car�cter de prueba indirecta, es un juicio de valor que implica el uso de medios probatorios y permite realizar conclusiones que tienen valor dentro del respectivo proceso.
El indicio es un proceso l�gico-deductivo a trav�s del cual se emite un juicio de valor y a partir de una regla de experiencia y la comprobaci�n de un hecho indicador, se infiere la existencia de otro. En tales condiciones, ninguna irregularidad implica tener la prueba indiciaria como fundamento para adoptar la decisi�n que ponga fin a la actuaci�n penal�. Adem�s, desde hace d�cadas se ha venido sosteniendo en la doctrina nacional que �(�) en lo penal, la prueba de indicios es de necesidad y de utilidad innegables.
Con raz�n se ha dicho que sin ellos habr�a que borrar del C�digo varios delitos, porque ser�an indemostrables. Es obvio: de los actos civiles el acreedor suele tener el cuidado de asegurar previa o coet�neamente la prueba, mientras que los delitos se generan en la sombra�. As� las cosas, se puede concluir de la jurisprudencia y doctrina citadas, que resulta de ingente relevancia la prueba indiciaria y los hechos notorios, llamados por la Corte Interamericana como �pr�cticas generalizadas�, para aproximarse a la verdad real e impedir la impunidad, en casos en los cuales los sujetos activos de conductas que afecten de forma grave y sistem�tica los derechos humanos, realicen actos que obstaculicen la labor de los entes investigativos y por consiguiente � en un contexto amplio - de la administraci�n de justicia. � REP�BLICA DE COLOMBIA TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N PENAL Procesado (s):H�ctor Antonio Restrepo Villa Delito (s):Homicidio en persona protegida, desaparici�n forzada y otrosRadicaci�n:47 001 31 07 2011 00016 R/Tribunal:584-15Procedencia:Juzgado Penal del Circuito Especializado en Descongesti�n de Santa MartaAsunto:Apelaci�n de sentencia Decisi�n:Revoca y cesa el procedimientoAprobada:Acta No. 222Fecha:Doce (12) de diciembre de 2017 Magistrado Ponente: David Vanegas Gonz�lez ASUNTO Procede la Sala a desatar el recurso de alzada interpuesto y sustentado por el Fiscal Diecinueve Seccional Especializado de la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario con sede en Bogot�, contra la sentencia proferida el 17 de junio de 2015, por el Juzgado Penal del Circuito Especializado en Descongesti�n de Santa Marta (hoy extinto), a trav�s de la cual se absolvi� al se�or H�CTOR RESTREPO VILLA por los delitos de desaparici�n forzada; tortura en persona protegida; homicidio en persona protegida, desplazamiento forzado, concierto para delinquir agravado y hurto calificado y agravado.
SITUACI�N F�CTICA El Juez de primer grado, extrajo de la resoluci�n de acusaci�n los siguientes hechos: �El 8 de mayo de 2003, aproximadamente a las 10:00 pm, en el caser�o de Puerto Nuevo del corregimiento de Guachaca, municipio de Santa Marta, un grupo aproximadamente de 12 personas portando armas de fuego, vestidas con prendas de uso privativo de la Fuerza P�blica, pertenecientes a la agrupaci�n denominada �FRENTE RESISTENCIA TAYRONA� de las AUTODEFENSAS UNIDAS DE COLOMBIA (A.U.C), ingresaron en forma violenta a tres casas y luego de raptar a sus moradores: JOS� SARMIENTO ORDO�EZ, JUDITH VILLAMIL HERN�NDEZ, ENOC SARMIENTO VILLAMIL, LUZ RENOGA VASTOS, la menor KELLY SARMIENTO RENOGA, ANA URIBE CUETO, y el menor YEISON SALINAS FRANCO, los trasladaron en tres veh�culos ubicados en CASA DE TABLA, donde al cabo de 3 d�as ejecutaron a 4 de ellos y al d�a siguiente a los 5 restantes, quienes fueron sepultados en dos fosas comunes y posteriormente sacados de all� e incinerados sus cad�veres.
(�) los familiares de los occisos a ra�z de esos macabros hechos, tuvieron que abandonar sus viviendas y la regi�n por las continuas amenazas; la acusaci�n tambi�n da cuenta que los autores de estos hechos saquearon las moradas de los occisos, que antes de ejecutarlos los torturaron, para tratar de obtener informaci�n de su familiar DAVID SARMIENTO, quien era el objetivo, para no ejecutarlos y liberarlos, pero como no lo obtuvieron, los ejecutaron�� De acuerdo con la realidad de la prueba, para esta Sala de Decisi�n, es claro que en estos hechos intervino a t�tulo de coautor el se�or H�ctor Restrepo Villa alias �Papel�.
ANTECEDENTES PROCESALES RELEVANTES Con ocasi�n de la noticia criminal interpuesta por el se�or David Sarmiento Villamil, la Fiscal�a Especializada de la Unidad Nacional de Derechos Humanos, mediante resoluci�n No. 000420 del 15 de octubre de 2003, decret� la apertura de la investigaci�n previa, avocando el conocimiento de la misma. A trav�s de la resoluci�n del 27 de agosto de 2008, se dio apertura a la instrucci�n formal por los delitos de desaparici�n forzada agravada; tortura en persona protegida; homicidio en persona protegida; desplazamiento forzado; concierto para delinquir agravado y hurto calificado y agravado.
En dicha resoluci�n se orden� la vinculaci�n - mediante diligencia de indagatoria - del se�or ELISEO BELTR�N CADENA, alias �EL GORDO� O �23�. Posteriormente, el 26 de abril de 2010, se dispuso vincular formalmente a la investigaci�n - por medio de declaraci�n de indagatoria- al se�or H�CTOR ANTONIO RESTREPO VILLA alias �PAPEL�. Dicha diligencia fue llevada a cabo los d�as 3 y 4 de mayo de 2010.
A trav�s de resoluci�n proferida el d�a 25 de noviembre de 2010, la Fiscal�a delegada defini� la situaci�n jur�dica del sindicado H�CTOR ANTONIO RESTREPO VILLA, imponi�ndole medida de aseguramiento de detenci�n preventiva en centro carcelario, como presunto coautor de los delitos referenciados con anterioridad. En fecha ulterior, el 16 de febrero de 2011, la Fiscal�a 11 Especializada de la Unidad de derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, decret� el cierre parcial de la investigaci�n. Tiempo despu�s, el 1 de abril de 2011, la Fiscal�a 11 Delegada a la Unidad Nacional de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario, procedi� a calificar el m�rito del sumario, acusando a H�CTOR ANTONIO RESTREPO VILLA como presunto coautor en modalidad dolosa, del concurso homog�neo, heterog�neo y sucesivo de los delitos de homicidio en persona protegida; tortura en persona protegida, desaparici�n forzada agravada; desplazamiento forzado; concierto para delinquir y, hurto calificado y agravado.
La mencionada Resoluci�n de Acusaci�n cobr� ejecutoria el 14 de abril de 2011 Luego de surtirse las etapas procesales correspondientes, el Juzgado Penal del Circuito Especializado en Descongesti�n de Santa Marta (hoy extinto), a trav�s de sentencia proferida el 17 de junio de 2015, absolvi� - por duda - al sindicado HECTOR ANTONIO RESTREPO VILLA, como penalmente responsable de los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio en persona protegida, tortura en persona protegida, desaparici�n forzada, desplazamiento forzado, hurto calificado y agravado.
Contra la anterior decisi�n, el representante de la Fiscal�a General de la Naci�n interpuso y sustent� el recurso de apelaci�n; raz�n por la cual la actuaci�n fue remitida a esta Colegiatura para desatar la alzada y adoptar las decisiones que en derecho correspondan. DE LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA Como viene de verse, el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongesti�n de Santa Marta, a trav�s de sentencia proferida el 15 de junio de 2015, decidi� absolver, al se�or HECTOR ANTONIO RESTREPO VILLA, en aplicaci�n del principio in dubio pro reo, por los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio en persona protegida, tortura en persona protegida, desaparici�n forzada, desplazamiento forzado, hurto calificado y agravado.
Indic� que de las declaraciones juradas de David Sarmiento Villamil, Wilmer Sarmiento Villamil, Isaac sarmiento Villamil, Jos� Sarmiento Villamil, Sairis Valdebl�nquez Redondo, Viviana Sarmiento, Gisely Sarmiento Montero, Jos� Sarmiento Mart�nez, Karen Sarmiento, as� como de las declaraciones que en sus indagatorias rindieron Eliseo Beltr�n Cadena, H�ctor Restrepo Villa y Hern�n Giraldo Serna, y la denuncia que interpuso David Sarmiento Villamil, no se pudo adquirir el est�ndar de certeza que se requiere para proferir sentencia condenatoria.
Asever� el juzgador, que los hechos objeto de investigaci�n se encuentran plenamente demostrados, no as� la intervenci�n del se�or Restrepo Villa, pues no existe ni una sola prueba directa en contra del acusado, comoquiera que las declaraciones rendidas a lo largo del proceso las realizan personas cuyo conocimiento de los hechos proviene del dicho de otras.
De igual forma, indic� que alias el �Gordo� uno de los ejecutores materiales - quien cont� de forma detallada c�mo ocurrieron los sucesos -, se�al� a todos los responsables, entre los cuales no se encontraba H�ctor Restrepo Villa, Alias Papel. Acot� el juzgador, que la declaraci�n rendida por el se�or Jos� Eduardo Sarmiento Mart�nez, as� como el de varias menores que fueron testigos directos de los hechos, no tienen capacidad demostrativa en relaci�n con la responsabilidad penal del acusado, pues a pesar de estar presentes en el momento en el que acaecieron los hechos, no lograron identificar a todos los perpetradores, porque �stos llevaban cubiertos sus rostros.
Sumado a lo anterior, manifest� el Juez a quo, que el otrora m�ximo jefe del bloque Tayrona, de las AUC, Hern�n Giraldo Serna, en su declaraci�n fue expl�cito en sostener que el procesado no hab�a participado en la desaparici�n y asesinato de 9 miembros de la familia Sarmiento. As� las cosas, se puede sintetizar que fueron las siguientes premisas las que fundamentaron el fallo absolutorio de primera instancia: (i) La mayor�a de sobrevivientes de la familia Sarmiento, son testigos de o�das, en tanto no presenciaron los hechos; de tal suerte que basaron sus acusaciones en contra del se�or Restrepo Villa de acuerdo con lo que se dec�a en el corregimiento de Guachaca.
(ii) Los testigos presenciales de los hechos no lograron identificar como uno de sus victimarios al se�or Restrepo Villa, debido a que los perpetradores llevaban cubierto el rostro. (iii) Alias el Gordo, miembro de las AUC, que confes� su participaci�n en los hechos, no se�al� al acusado como uno de los sujetos que intervino en los cruentos acontecimientos.
(iv) Hern�n Giraldo Serna, como m�ximo jefe del Bloque Tayrona de las AUC, en declaraci�n jurada, sostuvo que de las averiguaciones que hizo con sus subalternos, logr� determinar que el se�or Restrepo Villa no hab�a participado de los hechos bajo examen. En virtud de lo anterior, concluy� el A quo, que no exist�a certeza m�s all� de toda duda razonable sobre la intervenci�n del acusado en los hechos en donde se desapareci� y caus� la muerte a nueve (9) miembros de la familia Sarmiento, raz�n por la cual, bajo la egida del principio de la resoluci�n en favor, lo procedente era absolver por duda a H�ctor Restrepo Villa, como en efecto lo hizo.
FUNDAMENTOS DEL RECURSO DE APELACI�N Inconforme con la decisi�n, el Fiscal Diecinueve Especializado de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario con sede en Santa Marta, Magdalena, interpuso y sustent� por escrito, recurso de apelaci�n contra la sentencia proferida el 15 de junio de 2015 por el Juzgado Penal del Circuito Especializado en Descongesti�n de Santa Marta, en lo que concerniente a la absoluci�n de HECTOR ANTONIO RESTREPO VILLA por los delitos de concierto para delinquir agravado, homicidio en persona protegida, tortura en persona protegida, desaparici�n forzada, desplazamiento forzado, hurto calificado y agravado, cimentando su impugnaci�n en los siguientes t�rminos: Luego de hacer algunas elucubraciones respecto a la conceptualizaci�n de la �certeza para condenar�, se�al� el representante del ente acusador que, en el caso de marras, se pod�a llegar al convencimiento sobre la intervenci�n de H�CTOR ANTONIO RESTREPO VILLA en los delitos por los cuales fue acusado, en los cuales fungieron como sujetos pasivos quienes en vida respond�an a los nombres de JOS� SARMIENTO ORDO�EZ, JUDITH VILLAMIL HERN�NDEZ, ENOC SARMIENTO VILLAMIL, LUZ RENOGA VASTOS, KELLY SARMIENTO RENOGA, ANA URIBE CUETO y YEISON SALINAS FRANCO (los �ltimos tres menores de edad).
Para sostener la anterior afirmaci�n, arguy� el Fiscal, que la denuncia presentada por el se�or David Sarmiento, as� como sus declaraciones, no debieron ser desechadas por el Juez de instancia, por el hecho de no provenir de un testigo directo, pues proporcionaban datos valiosos que un testigo presencial le puso en conocimiento al denunciante, cuyo nombre no pudo ser proporcionado por el denunciante porque corr�a riesgo la vida del informante; de tal suerte que tanto la declaraci�n en cita, como los dem�s medios probatorios obrantes en el expediente deb�an ser valorados en �contexto�, es decir, frente al poder�o y existencia de un grupo paramilitar como las AUC.
Aunado a lo anterior, sostiene que de acuerdo con el contexto en el que el se�or David Sarmiento rindi� declaraci�n e interpuso la denuncia, resulta apenas l�gico que no haya podido se�alar a la persona que le cont� c�mo hab�an ocurrido los hechos en los que fueron desaparecidos y asesinados sus familiares. Seguidamente, manifiesta el recurrente, que �sta forma de testigos indirectos deben ser valorados en conjunto, tanto con pruebas directas como con indicios, seg�n lo ha sostenido la Corte Suprema de Justicia. A su vez se�ala, que en el corregimiento de Guachaca, lugar en donde ocurrieron los hechos, quienes no colaboraban con la AUC, se encontraban subyugados por el poder�o armado de la organizaci�n; de tal suerte que no era dif�cil que sus moradores conocieran qui�nes hab�an sido los autores de la masacre de la familia Sarmiento.
Resalta el recurrente, que de la declaraci�n de Wilmer Sarmiento Villamil, hermano de David Sarmiento, se logra extraer que el acusado H�ctor Restrepo Villa, ten�a un cargo alto en las AUC y por ello conoc�a cuales eran la �rdenes que se impart�an en su interior; tanto as� que le afirm� a Wilmer Villamil, que la orden era de �matarlos a todos�, �del m�s chiquito al m�s grande�; as� las cosas, al conocer de antemano el plan que dar�a con la muerte de la familia Sarmiento, hizo de tal forma suyo el �nimo criminal, que termin� por tener el dominio del hecho.
Por lo anterior, considera el recurrente que el A quo confunde el concepto de autor�a inmediata individual con el de coautor�a, lo que trae como consecuencia que se le d� aplicaci�n al concepto extensivo de autor, en el cual se desestima que la coautor�a no se apoya puramente en la causalidad. As� las cosas, considera el apelante, que el juez de primera instancia desatendi� el principio de la coautor�a llamado �imputaci�n rec�proca�, porque se encuentra demostrado que el se�or Restrepo Villa urdi� desde la comandancia del grupo paramilitar de las AUC, todo el plan para dar con la ubicaci�n del se�or David Sarmiento, a trav�s del sometimiento de su familia.
En ese orden de ideas, afirma el Fiscal, que Wilmer Sarmiento Villamil, es testigo directo de las amenazas que el acusado le hizo, las cuales hac�an parte del amedrentamiento que las AUC hab�an iniciado en contra de la familia Sarmiento con el fin de dar con el paradero de uno de sus integrantes, el cual hab�a sido declarado objetivo militar.
De igual forma sostiene, que de la declaraci�n del testigo en cita y de los anteriores, se puede concluir que Restrepo Villa hizo parte del grupo de personas que sac� de forma violenta a varios integrantes de la familia Sarmiento de sus casas. En ese sentido, se queja el apelante, que para el Juez de instancia las amenazas que realiz� el acusado, sean indicios, cuando deber�an ser valoradas como plena prueba de responsabilidad.
Al lado de ello, expresa el promotor de la alzada, que fue tan clara y l�gica la intervenci�n de alias �PAPEL�, en los hechos bajo examen, que el testigo Wilmer Sarmiento se le acerc� con el fin de interceder por su familia. Aunado a esto, se�ala el recurrente, que nadie se dirige a donde un miembro de las AUC para solicitar benevolencia, si �ste no tiene el dominio del hecho.
Por otra parte, el Fiscal reproch� que el Juez unipersonal haya desestimado los testimonios de DAVID SARMIENTO VILLAMIL, WILMER SARMIENTO VILLAMIL, ISAAC SARMIENTO VILLAMIL, JOS� MANUEL SARMIENTO VILLAMIL, SAIRIS SARAY VALDEBLANQUEZ REDONDO, VIVIANA SARMIENTO, GISELY YANETH SARMIENTO MONTENEGRO, JOS� SARMIENTO MART�NEZ y KAREN DAYANA SARMIENTO, porque eran testimonios de o�das, olvidando, que de acuerdo con la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, ese tipo de atestaciones pueden ser valoradas en conjunto con otros medios de prueba, siempre y cuando el proceso valorativo se realice con sujeci�n a la sana cr�tica.
De igual forma, se�ala el censor, que de la indagatoria del procesado se puede concluir que antes y despu�s de los hechos era miembro del grupo paramilitar que azotaba el corregimiento de Guachaca, lo cual se infiere de la coartada que el indagatoriado utiliz�, la cual consisti� en sostener que el d�a de los hechos se encontraban en su casa, sin demostrar que ello hubiese ocurrido as�.
Tambi�n arguye el representante del ente acusador, que las declaraciones del Hern�n Giraldo Serna, en las cuales se sostiene que el se�or H�ctor Restrepo Villa, carecen de credibilidad, porque se tratan de manifestaciones de exculpaci�n. Finalmente, afirma de manera categ�rica que se encuentra demostrado a trav�s de los medios de conocimiento obrantes, que la jefatura de las AUC imparti� la orden de desaparecer, torturar y asesinar, a la familia Sarmiento con el fin de obtener informaci�n sobre la ubicaci�n del se�or David Sarmiento, lo cual desencaden� una serie de actividades de los subalternos a efectos de cumplir el mandato; de tal suerte, que el acusado como miembro del grupo paramilitar intervino como coautor en los hechos investigados, en tanto conoci� del plan previamente elaborado y particip� de la aprehensi�n de los miembros de la familia Sarmiento.
INTERVENCI�N DE LOS NO RECURRENTES En el transcurso del t�rmino de traslado a los no recurrentes, el defensor t�cnico del sindicado y el representante del Ministerio P�blico guardaron silencio respecto al recurso de apelaci�n interpuesto y sustentado por el delegado de la Fiscal�a General de la Naci�n. CONSIDERACIONES DE LA SALA De conformidad con lo consagrado en el inciso 2� del art�culo 20 transitorio del C�digo de Procedimiento Penal -Ley 600 de 2000-, corresponde a las Salas Penales de los Tribunales Superiores, decidir sobre los recursos de apelaci�n interpuestos en los procesos que conocen en primera instancia los jueces penales de circuito especializados.
En virtud del principio de limitaci�n que caracteriza a la doble instancia, el funcionario ad quem - en principio - no goza de libertad para adoptar su decisi�n, sino que debe circunscribir la misma a los problemas jur�dicos propuestos por el recurrente, sin perjuicio que le sea factible en un caso determinado abordar asuntos de manera oficiosa, con la finalidad de proteger derechos y garant�as fundamentales, adquiriendo de esta forma prevalencia los fines esenciales de la justicia material, base fundamental de un Estado Social y Democr�tico de Derecho.
La limitaci�n funcional concerniente a que el funcionario de alzada solo puede revisar los aspectos impugnados u otros sustancialmente vinculados a �ste, encuentra sustento normativo en el art�culo 204 de la Ley 600 de 2000, disposici�n que establece �(�) en la apelaci�n, la decisi�n del superior se extender� a los asuntos que resulten inescindiblemente vinculados al objeto de impugnaci�n�.
En este orden de ideas, la Sala, de acuerdo con la pretensi�n plasmada por el recurrente, resolver� el siguiente problema jur�dico: �Se debe revocar totalmente la providencia recurrida, en el entendido de que el A quo, con fundamento en la prueba obrante en el plenario, en lugar de absolver por duda al se�or H�ctor Antonio Restrepo Villa, debi� condenarlo como coautor de los punibles de desaparici�n forzada, tortura en persona protegida, homicidio en persona protegida, desplazamiento forzado, concierto para delinquir agravado y hurto calificado y agravado? Al anterior cuestionamiento responde esta Colegiatura de forma afirmativa aunque condicionada, esto es, que se revocar� parcialmente el prove�do objeto de alzada, condenando al se�or H�ctor Restrepo Villa por los delitos de homicidio en persona protegida; desaparici�n forzada; tortura en persona protegida y desplazamiento forzado.
Sin embargo, respecto de los punibles de hurto calificado y agravado y concierto para delinquir agravado, se cesar� el procedimiento; el primero con ocasi�n del advenimiento de una causal de extinci�n de la acci�n penal, como lo es la prescripci�n y, el segundo, en virtud del principio del �non bis in �dem�, pues el se�or Restrepo Villa ya fue condenado por el concierto para delinquir.
Lo anterior no es obst�culo para que la Sala aborde la existencia del concierto para delinquir en el contexto en que ocurrieron los hechos; pues, precisamente, es la pertenencia del acusado a la estructura organizada de poder, uno de los fundamentos de tipo ontol�gico para que haya estado en la capacidad de perpetrar el n�mero plural de delitos que se acaban de rese�ar; lo que no podr� hacer la Sala en modo alguno, es imponer una nueva pena por el delito de concierto, por cuanto por tal punible ya fue condenado el procesado.
Ahora bien, para sostener la tesis planteada, esto es, que el acusado si es autor de tales delitos, este cuerpo colegiado respetando siempre el principio de limitaci�n, abordar� los siguientes temas jur�dico-penales: (i) La existencia del paramilitarismo como hecho notorio, (ii) La existencia ontol�gica de las conductas punibles investigadas, (iii) Las declaraciones de miembros de grupos al margen de ley, (iv) El valor probatorio de los testimonios de o�das que se vertieron al interior del proceso (v) Del testimonio de Wilmer Sarmiento Villamil como prueba directa, (vi) La prueba indiciaria y su valor probatorio, (vii) Recapitulaciones sobre la responsabilidad penal del acusado de acuerdo con la valoraci�n probatoria realizada, (viii) El momento de intervenci�n del acusado en los hechos y la coautor�a al interior de aparatos organizados de poder y, por �ltimo, (ix) La cesaci�n del procedimiento en relaci�n con los punibles de concierto para delinquir agravado y hurto calificado y agravado.
7.1. ACERCA DEL CONCEPTO DE HECHO NOTORIO Y SU CONFIGURACI�N RESPECTO DE LA EXISTENCIA DEL PARAMILITARISMO EN COLOMBIA. Partiendo del supuesto de que los institutos generales de derecho pueden ser sometidos a an�lisis por cualquiera de los tribunales de cierre y que la jurisprudencia es un criterio auxiliar de la actividad judicial, y que, adem�s - en nuestro medio - es factible efectuar interpretaciones sistem�ticas u hol�sticas del derecho, esto es, integrando todo el ordenamiento jur�dico interno, traemos a colaci�n la pedag�gica postura asumida por el Consejo de Estado, en lo que guarda relaci�n con la figura jur�dica del hecho notorio.
Veamos: �La Secci�n Primera del Consejo de Estado, al resolver un recurso de apelaci�n, indic� que un hecho notorio, conforme al art�culo 177 del C�digo de Procedimiento Civil, son los hechos p�blicos que son conocidos tanto por los extremos procesales como por un grupo de personas de cierta cultura o que pertenecen a un determinado grupo social o gremial. � As� mismo, advirti� que la existencia de un hecho notorio exime de prueba para corroborarlo y el juez debe tenerlo por cierto.
Tambi�n, la providencia cit� la opini�n del profesor Parra Quijano, el cual asegura que para configurar este hecho es necesario cumplir con los siguientes requisitos: � 1.�������No se requiere que el conocimiento sea universal. � 2.�������No se requiere que todos lo hayan presenciado, ya que basta que esas personas de mediana cultura lo conozcan. � 3.�������El hecho puede ser permanente o transitorio, lo importante es que las personas de mediana cultura y el juez lo conozcan � 4.�������Debe ser alegado en materia civil, toda vez que en materia penal no se requiere, pero debe tenerse en cuenta, sobre todo, cuando favorece al procesado.
(El resaltado y negrita es nuestro). � Por su parte, la sentencia recuerda que el profesor Hern�n Fabio L�pez Blanco sosten�a que el hecho notorio se supone conocido por la generalidad de los asociados, independiente de su grado de cultura y conocimientos, dentro de un determinado territorio y en determinada �poca. � �(�) la notoriedad puede ser a nivel mundial, continental, regional o puramente municipal y est� referida a un determinado lapso, de modo que dada la �ndole del proceso lo que para uno podr�a erigirse como hecho notorio, para otro proceso no necesariamente tiene esa connotaci�n�.� A su juicio, es una noci�n eminentemente relativa que debe el juez apreciar en cada caso.
Por ejemplo, puede citarse como hecho notorio a nivel mundial, en su momento, el arribo del hombre a la luna o, a escala regional colombiana, la insurrecci�n del 9 de abril de 1948 que por varios a�os fue un hecho notorio, as� como la toma e incendio del Palacio de Justicia o la avalancha que destruy� a Armero (C.P. Guillermo Vargas Ayala). � Ahora, si hacemos un estudio de derecho comparado encontramos, por ejemplo, que en M�xico, guardando una estrecha correspondencia con la doctrina que ha sido construida alrededor del hecho notorio, se ha establecido que, �(�) los tribunales pueden invocar hechos notorios aunque no hayan sido alegados ni probados por las partes.
Por hechos notorios deben entenderse, en general, aquellos que por el conocimiento humano se consideran ciertos e indiscutibles, ya sea que pertenezcan a la historia, a la ciencia, a la naturaleza, a las vicisitudes de la vida p�blica actual o a circunstancias com�nmente conocidas en un determinado lugar, de modo que toda persona de ese medio est� en condiciones de saberlo; y desde el punto de vista jur�dico, hecho notorio es cualquier acontecimiento de dominio p�blico conocido por todos o casi todos los miembros de un c�rculo social en el momento en que va a pronunciarse la decisi�n judicial, respecto del cual no hay duda ni discusi�n; de manera que al ser notorio la ley exime de su prueba, por ser del conocimiento p�blico en el medio social donde ocurri� o donde se tramita el procedimiento� (Negrita fuera de texto original).
Y se trae a colaci�n el anterior estudio doctrinario y legal, por cuanto no se desconoce la dificultad que comporta la valoraci�n de la prueba al interior del sub lite y, en consecuencia, para apoyar las conclusiones a las que llegar� la Sala, se hace indispensable abordar el estudio relativo a la notoriedad de la existencia del paramilitarismo en una regi�n como la del Magdalena, m�s exactamente en el corregimiento de Guachaca, circunscripci�n territorial que otrora fuese un fort�n � en un comienzo inexpugnable por parte de las autoridades judiciales - del grupo de autodefensas comandando por Hern�n Giraldo Serna, concretamente, el denominado Bloque Tayrona de las AUC.
Y descendiendo al asunto concreto, ha de resaltarse que sobre el hecho notorio de la existencia de grupos paramilitares la Corte Suprema de Justicia ha dicho: �Realizadas las anteriores precisiones, impera referir en primer t�rmino, como ya lo ha hecho la Sala en pret�ritas oportunidades (Cfr. CSJ AP, 24 Mar 2010, Rad. 33788), que constituye un hecho notorio la conformaci�n de grupos armados al margen de la ley, com�nmente conocidos como paramilitares, que ejercieron una ocupaci�n violenta y control de muchas esferas de la vida social en diversas regiones del territorio nacional.
(�) Resulta indudable tambi�n que la actividad de esas organizaciones criminales ha conducido a afectar las reglas de convivencia social y en especial a la poblaci�n civil en la cual ha reca�do la mayor�a de las acciones de estos grupos, motivadas generalmente por no compartir sus intereses, estrategias y procedimientos, y es as� como en el af�n de anteponer sus prop�sitos han dejado entre sus numerosas v�ctimas a servidores p�blicos de la administraci�n de justicia, de la polic�a judicial, alcaldes y defensores de derechos humanos (Cfr. CSJ AP, 22 May 2008, Rad. 29702;
CSJ AP, 23 Abr 2009, Rad. 31599). En el contexto de la misma providencia en cita, la Sala de Casaci�n del �rgano de cierre en materia penal sostuvo frente al concepto de hecho notorio que, �(�) La denominaci�n de hecho notorio implica, como lo ha entendido la Sala en su amplia jurisprudencia sobre el tema, que un determinado acontecimiento, situaci�n o circunstancia no requiere de prueba espec�fica que lo corrobore (CSJ AP, 01 Ago 2007, Rad. 27840).� (Negrita fuera de texto).
Luego,se colige, que en el asunto puesto a consideraci�n de esta corporaci�n no se requiere prueba para demostrar que el Bloque Tayrona, al que pertenec�a el procesado Restrepo Villa, ejerci� control militar y pol�tico en el sector en donde ocurrieron los hechos - en los que fueron asesinados 9 miembros de la familia Sarmiento -; as� como tampoco se necesita prueba de que los grupos paramilitares que operaron en esa zona realizaron violaciones sistem�ticas de Derechos Humanos y del Derecho Internacional Humanitario, comoquiera que ejecutaron homicidios selectivos, secuestros, torturas, desplazamientos forzados, entre otros graves delitos, en contra de la poblaci�n civil. De igual forma, se sostiene, que es un hecho notorio que estos grupos de autodefensa con el fin de obstaculizar las labores investigativas, ora de las autoridades estatales, ora de los familiares de la v�ctimas, realizaban pr�cticas tales como la incineraci�n, el desmembramiento y posterior ocultamiento de los cuerpos o restos, en fosas elaboradas de forma artesanal.
Claro est� que la Sala no est� dando por sentado que la comisi�n concreta de los delitos en particular, cuyo an�lisis es pasado por el tamiz de este recurso de alzada, sea hecho notorio. No. Lo que se quiere significar, se reitera, es el conocimiento general de la poblaci�n acerca de la existencia de grupos paramilitares que ten�an su fort�n en diversos sectores de la geograf�a nacional y que dentro de su modus operandi estaba la perpetraci�n de diversos delitos, entre ellos secuestros, desapariciones y desplazamientos forzados, homicidios, entre otros.
Siguiendo el derrotero trazado, le corresponde a esta Corporaci�n establecer si en esta ocasi�n, como lo expone la Fiscal�a, algunos de estos delitos se le pueden adjudicar o atribuir al procesado, en virtud de la pertenencia a la organizaci�n delictiva y de la prueba recolectada por el ente investigador. Debe advertirse en este sentido, que el recaudo y reproducci�n de la prueba ante formas de criminalidad organizada como las descritas, originan, entre otras cosas, que a la prueba directa sobre la ocurrencia de los hechos y responsabilidad de los intervinientes en su comisi�n, en algunas ocasiones (como la presente) se acceda con dificultad, debiendo por consiguiente el administrador de justicia, �echar mano� de la prueba circunstancial o de los testigos de o�das con el fin de reconstruir de la manera m�s fehaciente posible el decurso hist�rico que le permita dilucidar el conflicto que se le puso de presente como representante leg�timo de la jurisdicci�n. 7.2 LA PRUEBA DE INDICIOS EN EL DELITO DE DESAPARICI�N FORZADA, EN LA JURISPRUDENCIA DE LA CORTE INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS. En el presente ac�pite se citar�n algunas providencias proferidas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que versan sobre la complejidad de la obtenci�n de la prueba cuando se trata del delito de desaparici�n forzada perpetrada por aparatos organizados de poder y la importancia de la prueba indiciaria pata obtener la verdad de lo acontecido y adem�s, agrega la Sala, - en casos como el que hoy tienen la atenci�n de la Sala-, para impedir que triunfen los prop�sitos de impunidad que precisamente buscaban las organizaciones como las AUC, a trav�s del modus operandi ya rese�ado, que en su condici�n de hecho notorio fue explicado en precedencia. Se resalta que a pesar de que a juicio de la Sala existe prueba directa acerca del delito de desaparici�n forzada y de la intervenci�n del acusado a t�tulo de autor, la jurisprudencia que se traer� a colaci�n, cumplir� una funci�n explicativa y de apoyo al uso de la prueba indiciaria para revocar la decisi�n de primer grado.
En el Caso God�nez Cruz Vs. Honduras, la Corte Internacional referida dijo lo siguiente, �La Corte reitera a este respecto que en los casos de desaparici�n forzada de seres humanos es especialmente v�lida la prueba indiciaria que fundamenta una presunci�n judicial. Se trata de un medio probatorio utilizado en todos los sistemas judiciales y puede ser el �nico instrumento para que se cumpla el objeto y fin de la Convenci�n Americana y para que la Corte pueda hacer efectivas las funciones que la misma Convenci�n le atribuye, cuando las violaciones a los derechos humanos implican la utilizaci�n del poder del Estado para la destrucci�n de los medios de prueba directos de los hechos, en procura de una total impunidad o de la cristalizaci�n de una suerte de crimen perfecto.� A su vez, en el caso Fair�n Garbi y Sol�s Corrales Vs. Honduras, explic� que, �Hay numerosas e insalvables dificultades de prueba para establecer que estas desapariciones hayan ocurrido en Honduras y que, por tanto, sean imputables jur�dicamente a este Estado.
En efecto, como ya lo ha dicho la Corte, ha sido plenamente demostrado que, en la �poca en que ocurrieron los hechos exist�a en Honduras una pr�ctica represiva de desaparici�n forzada de personas por razones pol�ticas. Esa pr�ctica representa en s� misma una ruptura de la Convenci�n y puede ser un elemento de primera importancia para fundar, junto con otros indicios concordantes, la presunci�n judicial de que determinadas personas fueron v�ctimas de esa pr�ctica.
No obstante, la sola comprobaci�n de la pr�ctica de desapariciones no basta, en ausencia de toda otra prueba, aun circunstancial o indirecta, para demostrar que una persona cuyo paradero se desconoce fue v�ctima de ella.� (Negrillas y Subrayas nuestras) Por otra parte, en el caso Blake Vs. Guatemala, la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sostuvo, �La Corte estima posible que la desaparici�n de un determinado individuo sea demostrada mediante pruebas testimoniales indirectas y circunstanciales, sumadas a inferencias l�gicas pertinentes, as� como su vinculaci�n a una pr�ctica general de desapariciones.
En un caso como el presente, la Corte ha entendido siempre que las pruebas documentales y testimoniales directas no son las �nicas que pueden fundamentar la sentencia. Las pruebas circunstanciales, los indicios y presunciones pueden igualmente utilizarse, siempre que de ellos puedan inferirse conclusiones consistentes sobre los hechos. Como esta Corte ha advertido anteriormente, [:] [l]a prueba indiciaria o presuntiva resulta de especial importancia cuando se trata de denuncias sobre la desaparici�n, ya que esta forma de represi�n se caracteriza por procurar la supresi�n de todo elemento que permita comprobar el secuestro, el paradero y la suerte de las v�ctima.
En concordancia con este criterio, la Corte atribuye un alto valor probatorio a las declaraciones de los testigos antes mencionados, dentro del contexto y de las circunstancias de un caso de desaparici�n forzada, con todas las dificultades que de �sta se derivan, donde los medios de prueba son esencialmente testimonios indirectos y circunstanciales en raz�n de la propia naturaleza de este delito.� (Negrillas y subrayas nuestras) En la jurisprudencia patria no se desconoce la importancia del valor probatorio de la prueba indiciaria; as� por ejemplo, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha ense�ado que �De conformidad con lo preceptuado en el pre�mbulo de la Constituci�n Pol�tica y atendiendo a los fines constitucionales del proceso penal, ninguna duda existe acerca de que corresponde a la autoridad judicial alcanzar el valor de la justicia, finalidad que ha de cumplirse dentro de un marco jur�dico y con estricto apego al principio de legalidad, que conlleva la doble connotaci�n de l�mite para el Estado y garant�a para el ciudadano. En ese orden de ideas, es claro que la codificaci�n procesal (�) (L. 600/2000), incluye los indicios entre los medios de prueba (art. 233) y en rigor �sta por su car�cter de prueba indirecta, es un juicio de valor que implica el uso de medios probatorios y permite realizar conclusiones que tienen valor dentro del respectivo proceso.
El indicio es un proceso l�gico-deductivo a trav�s del cual se emite un juicio de valor y a partir de una regla de experiencia y la comprobaci�n de un hecho indicador, se infiere la existencia de otro. En tales condiciones, ninguna irregularidad implica tener la prueba indiciaria como fundamento para adoptar la decisi�n que ponga fin a la actuaci�n penal�. Adem�s, desde hace d�cadas se ha venido sosteniendo en la doctrina nacional que �(�) en lo penal, la prueba de indicios es de necesidad y de utilidad innegables.
Con raz�n se ha dicho que sin ellos habr�a que borrar del C�digo varios delitos, porque ser�an indemostrables. Es obvio: de los actos civiles el acreedor suele tener el cuidado de asegurar previa o coet�neamente la prueba, mientras que los delitos se generan en la sombra�. As� las cosas, se puede concluir de la jurisprudencia y doctrina citadas, que resulta de ingente relevancia la prueba indiciaria y los hechos notorios, llamados por la Corte Interamericana como �pr�cticas generalizadas�, para aproximarse a la verdad real e impedir la impunidad, en casos en los cuales los sujetos activos de conductas que afecten de forma grave y sistem�tica los derechos humanos, realicen actos que obstaculicen la labor de los entes investigativos y por consiguiente � en un contexto amplio - de la administraci�n de justicia.
Ahora bien, es importante resaltar, que lo que quiere significar este Tribunal trayendo a colaci�n la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, no es que en el sub lite se deban aplicar los presupuestos de responsabilidad estatal propios de justicia que �sta imparte, comoquiera que los presupuestos sobre los que descansa son distintos a aquellos sobre los que se erige la justicia penal ordinaria, no; lo que se quiere relievar es la existencia de una obligaci�n por parte de los Estados suscriptores de investigar y juzgar las graves afectaciones de derechos humanos; deber para el que se requiere, en casos como el que nos ocupa, el uso de la prueba indiciaria en aras de evitar la impunidad, so pena, de contrariar la propia Convenci�n Americana de Derechos Humanos. 7.3 DE LA EXISTENCIA ONTOL�GICA DE LAS CONDUCTAS PUNIBLES INVESTIGADAS.
Al tenor del art�culo 232 de la ley procedimental penal aplicable a asunto bajo examen (ley 600 de 2000), �no se podr� dictar sentencia condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a la certeza de la conducta punible y de la responsabilidad del procesado.� La disposici�n en cita, contiene un imperativo que traduce que el Juez de Conocimiento debe - a trav�s de los medios de prueba obrantes en el expediente -, adquirir certeza (grado de aproximaci�n a la verdad) sobre la materialidad de los hechos objeto de juzgamiento, es decir, si �stos acaecieron en el mundo fenomenol�gico.
Se destaca, que esta precisi�n resulta imperiosa para la resoluci�n de la alzada, porque a pesar de que la existencia de los hechos no fue un punto objeto de disenso, no ocurre lo mismo frente a la intervenci�n y responsabilidad del procesado en los mismos; de tal suerte que, existiendo claridad sobre la ocurrencia los presupuestos f�cticos, se podr� develar con mayor suficiencia se insiste, la intervenci�n del procesado en ellos, o por el contrario, sino se logra obtener certeza acerca de su participaci�n, se evitar�a por inocuo, la realizaci�n de un juicio de responsabilidad al respecto.
Tenemos entonces, que basta con citar las declaraciones vertidas por el Eliseo Beltr�n Cadena, alias �El Gordo� quien acept� haber intervenido en la retenci�n y posterior asesinato de los miembros de la familia Sarmiento, para llegar a la conclusi�n de que todas las conductas punibles endilgadas a H�ctor Restrepo Villa sucedieron en el -mundo f�sico de las cosas-, a saber: �Eso fue como a principios del a�o 2003 me parece, eso fue cuando el mandato de WALTER, el comandante el expidi� la orden de irlos a coger a todos y fuimos en la noche casa por casa y los sacamos y los echamos en los carros de ah� fueron llevados a un punto de una vereda que le dicen Casa de Tabla, all� WALTER orden� meterlos en un colegio y nos dej� a nosotros y �l se vino, nos dej� cuid�ndolos a ellos hasta nueva orden, como a los tres d�as subi� y expidi� la orden de ejecutar a cuatro y al otro d�a subi� y expidi� la orden de ejecutar a los otros cinco.
De ah� pues, por ah� est�n enterrados y yo s� d�nde est�n (�) tambi�n fui muy claro (�) que antes de desmovilizarnos el estado mayor de las autodefensas Resistencia Tayrona expidi� la orden de sacar los restos y de incinerarlos, yo mismo lo hice (�) PREGUNTADO: Sabe o tiene conocimiento cual fue el motivo o raz�n para que ustedes en compa��a de las otras personas nombradas (�) hayan cometido el hecho (�) CONTEST�: (�) despu�s fue que supimos el por qu� los hab�an mandado a ejecutar, porque un familiar de ellos trabajaba con narc�ticos de la polic�a, porque uno de ellos se volvi� informante de la polic�a (�) PREGUNTADO: Sabe o tiene conocimiento que a las personas donde se las llevaron de sus casas, les hac�an alguna exigencia a cambio de su libertad (�) CONTEST�: Siempre esas preguntas las hac�a era el comandante WALTER, no s� qu� les pregunt�, no escuch� nada.
PREGUNTADO: Diga si una vez fueron retenidas estas personas, estas fueron maltratadas o torturadas (�) CONTEST�: Torturados no fueron. A m� me ha preguntado la doctora ZENAIDA de Justicia y Paz que a la ni�a ique (sic) la viol� WALTER, pero que yo sea sabedor, no. Eso es mentira si yo siempre estuve ah�, WALTER era muy correcto en sus cosas y yo no creo que haya hecho eso (�) PREGUNTADO: Diga si (�) usted y sus acompa�antes (�) se apoderaron de bienes de las v�ctimas.
CONTEST�: Uno de ellos ten�a un taller, a �l le dec�an ENOC, �l ten�a la casa del taller y el taller, la casa del pap� y las dos casas de ENOC, las regal� WALTER (�) se llevaron lo del taller que eran repuestos mofles y otras cosas�� A su vez, en declaraci�n rendida por el testigo en cita, al interior del procedimiento regido por la llamada ley de Justicia y Paz, dijo lo siguiente: �DRA. ZENAIDA: ELLOS LES DIJERON ALGO A USTEDES, LES PREGUNTARON ALGO (�) ELICEO: PREGUNTABAN QUE POR QU�, Y� NO, WALTER LOS NECESITABA Y (�) PERO ELLOS TOC� SACARLOS A LA FUERZA.
DRA ZENAIDA: A LA FUERZA C�MO QU�? ELICEO: O SEA (�) HE (�) A LAS MALAS. DRA. C�MO? ELICEO: A LAS MALAS. DRA ZENAIDA: C�MO A LAS MALAS COMO FUE? ELICEO: COGI�NDOLOS, Y LLEV�NDOLOS, ELLOS NO FUERON VOLUNTARIAMENTE, TOC� FUE LLEVALOS (sic) DRA. ZENAIDA: LLEVARLOS QU� FUE, LOS ARRASTRARON, LOS AMARRARON (�) ELICEO: S�, FUERON AMARRADOS (�) USTED SUPO LOS MOTIVOS POR LOS CUALES SE ORDEN� DARLE MUERTE A LOS MIEMBROS DE LA FAMILIA SARMIENTO? ELICEO: HABER, TENGO ENTENDIDO FUE POR, UN MUCHACHO DE ELLOS QUE, SE FUE A TRABAJAR CON LA FUERZA P�BLICA� (Salvo las negrillas, la transcripci�n es literal) Seguidamente en la versi�n libre mencionada, cuando se le indag� al testigo sobre lo ocurrido luego del rapto de los miembros de la familia Sarmiento y su traslado hac�a un colegio cercano al corregimiento de Guachaca, dijo que: �WALTER LOS METI� A TODOS AH� EN UN SAL�N DONDE DICTABAN CLASE AH� A LOS NI�OS.
PERO ESO YA SIENDO DE NOCHE YA ERAN COMO LAS ONCE O DOCE DE LA NOCHE CUANDO LLEGAMOS ALL� Y CONVERS� CON ELLOS UN RATO NOSOTROS NOS FUIMOS A PRESTAR SEGURIDAD Y CUANDO, COMO A LA UNA DE LA MA�ANA WALTER SALI� Y DIJO QUE EL SE IBA A CUIDARNOS HASTA NUEVA ORDEN (�) CUANDO NOS LLEVAMOS LOS PRIMEROS CUATRO, LOS QUE QUEDARON CREO QUE ESCUCHARON LOS TIROS Y CUANDO LLEGAMOS ESTABAN LLORANDO GRITANDO Y ORANDO A LOS D�AS QUE YA QUE, NO QUE VAMOS, Y TODO EL MUNDO COMENZ� A LLORAR�� (Salvo las negrillas, la transcripci�n es literal) As� las cosas, en punto de la existencia ontol�gica de los hechos denunciados por el se�or David Sarmiento Villamil, es dable afirmar que �stos ocurrieron y que se adec�an a los tipos penales de: Desaparici�n forzada agravada, pues se priv� de la libertad y ocult�, en un colegio, a nueve integrantes de una misma familia, neg�ndose a dar informaci�n sobre paradero; actuaciones que condujeron a que los sujetos pasivos se encontrasen fuera del amparo de la ley.
La conducta punible en referencia es agravada, al tenor del numeral 3 del art�culo 166 del C�digo Penal, debido a que recay� sobre menor de 18 a�os, en atenci�n a que se encuentra acreditado que las v�ctimas KELLY JOHANA SARMIENTO RENOGA Y YEISON SALINAS FRANCO, eran menores de edad. De igual forma, es agravada seg�n el numeral 9 ejusdem, pues los cad�veres de las v�ctimas, fueron arrojados a una fosa com�n, de la cual posteriormente fueron desenterrados e incinerados, para evitar su identificaci�n. Homicidio en persona protegida, debido a que varios integrantes de las AUC (combatientes dentro del conflicto armado interno colombiano) les quitaron la vida a nueve miembros de la poblaci�n civil (no combatientes), con el �nimo de lograr �los fines �ltimos de una campa�a militar�, como lo fue dar con el paradero de una persona que sirvi� como testigo del asesinato de unos Polic�as de Antinarc�ticos; es decir, hallar al testigo permitir�a que la justicia prescindiera de informaci�n a trav�s de la cual se podr�a investigar las acciones que el grupo paramilitar emprend�a para continuar con el negocio del narcotr�fico como fuente de financiaci�n; de tal suerte que dichos homicidios se entienden cometidos con ocasi�n del conflicto armado, en tanto obedecieron a un m�todo para evitar que fuesen delatados por la comunidad y como consecuencia poder continuar con el narcotr�fico como fuente de financiaci�n. Desplazamiento forzado, comoquiera que adem�s del acogimiento a sentencia anticipada que hiciere Eliseo Beltr�n Cadena en relaci�n con el punible en comento, el cual puede entenderse como una confesi�n simple, se cuenta al interior del plenario con los testimonios de varios integrantes y sobrevivientes de la familia Sarmiento, quienes de forma inequ�voca como sujetos pasivos del desplazamiento, afirman que luego del asesinato de sus familiares debieron cambiar de lugar de residencia. Hurto, pues miembros de las AUC se apoderaron de los bienes muebles que quedaron al interior de la casa y taller de la v�ctima llamada Enoc Sarmiento, despu�s de que sus habitantes fuesen desplazados unos y asesinados otros.
Es agravado porque se ejerci� violencia sobre las cosas, como se evidencia del dicho de Karen Sarmiento Renoga, quien afirm� que d�as despu�s de la desaparici�n de sus familiares, los integrantes de las AUC les permitieron a entrar a la casa de su padre (ENOC SARMIENTO) en donde encontraron todo en desorden (hecho indicador), circunstancia que permite inferir la violencia que sobre las cosas se aplic� (hecho indicado).
Asimismo, se puede concluir que los sujetos activos del hurto, lo cometieron mediante penetraci�n arbitraria en el lugar que habitaba el n�cleo familiar del finado Enoc Sarmiento, justo en el momento en que debieron salir de �l. A su vez, resulta evidente que los sujetos agentes, colocaron a su v�ctima en estado de indefensi�n y se aprovecharon de ello, debido a que la desparecieron, apoder�ndose de sus bienes posteriormente.
A su vez, emerge claro, que en la comisi�n del hurto participaron varias personas que sacaron en distintos d�as, los bienes muebles de propiedad del hoy occiso, Enoc Sarmiento. Sobre el punible de tortura en persona protegida, se debe acudir a prueba circunstancial, tal y como se procedi� para acreditar la causal de agravaci�n consistente en haber ejercido violencia sobre las cosas, toda vez que no existe prueba directa que lo acredite; en tal sentido, contamos con los siguientes hechos indicadores -probados con la declaraci�n de Eliseo Beltr�n- a) que las v�ctimas fueron sacadas en forma violenta de sus viviendas, b) que fueron amarrados de manos, c) que permaneci� el primer grupo de cuatro v�ctimas privados de la libertad, en un colegio, por tres d�as y el segundo grupo de cinco personas, por cuatro d�as. d) que al�as �Walter� durante los d�as de privaci�n de la libertad, �conversaba� con las v�ctimas, e) que el motivo del asesinato fue una retaliaci�n porque David Sarmiento Villamil hab�a servido de testigo en contra de la organizaci�n. De igual forma, se encuentra probado, de acuerdo con el dicho del mismo David Sarmiento que el m�vil de la desaparici�n y posterior muerte de su sus familiares, fue hallar informaci�n sobre el paradero de David Sarmiento y d) los cuerpos fueron incinerados.
As� las cosas, de los hechos indicadores relacionados, se puede inferir de forma l�gica, que los miembros de las AUC captaron y posteriormente custodiaron a los miembros de la familia Sarmiento; los torturaron para obtener informaci�n sobre la ubicaci�n de David Sarmiento Villamil y dicha tortura fue tanto f�sica (al amarrarlos para facilitar su captura), como psicol�gica al ser sometidos a los interrogatorios que alias �Walter� les hizo.
Esta inferencia adem�s encuentra respaldo en las reglas de la experiencia relativas al modus operandi de los grupos paramilitares que detentaron un devastador poder criminal en gran parte del territorio colombiano, debido a que siempre o casi siempre que necesitaban obtener informaci�n de una persona, ejerc�an tratos crueles e inhumanos para lograr su fin, m�xime, cuando la v�ctima se encontraba privada de la libertad.
En ese orden, luego de torturar a las v�ctimas y asesinarlas, desaparec�an sus cuerpos o los incineraban, con el �nimo de no dejar rastro de los execrables actos. Se advierte, que pese haber tocado tangencialmente el tema de la prueba circunstancial o indiciaria frente a la demostraci�n de la existencia de la conducta punible, se volver� al an�lisis del indicio con posterioridad, a efectos de analizar la responsabilidad del acusado. 7.4 DE LAS DECLARACIONES DE MIEMBROS DE GRUPOS AL MARGEN DE LEY.
De acuerdo con lo sostenido por la jurisprudencia especializada en materia penal y por principios l�gicos de razonabilidad, las declaraciones rendidas por confesos infractores de la ley penal, deben ser valoradas con especial cuidado, comoquiera que por su condici�n se ha erigido una especie de presunci�n de sospecha sobre la veracidad de sus dichos.
Luego, la especial atenci�n aludida, no implica m�s que darle cabal aplicaci�n a las disposiciones de los art�culos 237, 238 de la ley 600 de 2000, as� como al art�culo 277, atinente a las reglas para apreciar los testimonios, a saber: (i) las reglas de la sana cr�tica, (ii) la naturaleza del objeto percibido, (iii) el estado de sanidad del sentido o los sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, (iv) las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que el testigo percibi�, (v) la personalidad del declarante, (vi) la forma como hubiere declarado y (vi) las otras particularidades que hayan sido observadas durante el testimonio.
Aunado a antes expuesto, se debe tener en cuenta, en lo que ata�e a la valoraci�n de los testimonios que �una es su coherencia y uniformidad intr�nseca, y otra la extr�nseca. Lo primero se relaciona con la armon�a y falta de contradicciones de la versi�n general y completa de un suceso, ya sea que �sta se hubiese realizado en una sola intervenci�n o en varias y distintas oportunidades, en tanto que lo segundo tiene que ver con la concordancia que halle ese relato en otros medios de prueba de igual o diferente �ndole legalmente aportados� Tenemos entonces, que el marco referencial expuesto, fue el que seg�n el recurrente, desconoci� el A quo al momento de valorar las declaraciones del se�or H�ctor Antonio Restrepo Villa, debido a que para el representante del ente acusador, sus relatos hacen parte de una coartada exculpatoria, situaci�n que no fue tenida en cuenta por el Juez unipersonal; de tal suerte, que le corresponde a la Sala determinar si en la providencia impugnada se realiz� la valoraci�n de las declaraciones del acusado conforme a los art�culos 237, 238 y 277 de la ley 600 de 2000.
El Juez de primer grado cit� el siguiente aparte de la indagatoria del procesado: �� yo no tengo nada que ver con eso, pas� ese caso y yo me encontraba en mi casa, mi casa que queda en puerto nuevo� yo no tengo nada que ver con eso, tengo testigos� yo no tengo nada que ver con eso, yo no sal�a a hacer vueltas con ellos, tengo testigos que saben que yo no tengo nada que ver con esas vueltas�� M�s adelante, luego de referenciar lo dicho por los testigos de o�das expres� que: �De las citas realizadas, se debe concluir que no existe certeza m�s all� de toda duda razonable, acerca de si el procesado H�ctor Antonio Restrepo Villa, intervino de modo alguno en el rapto y posterior asesinato de nueve miembros de una misma familia en un caser�o del corregimiento de Guachaca, Magdalena el 8 de mayo del a�o 2003, esto en raz�n, primero, a que las personas que lo se�alan como autor de los hechos mencionados lo hacen con fundamento en rumores, segundo, los testigos directos y presenciales de los hechos no pudieron identificar a los agresores y tercero, los compa�eros de organizaci�n criminal del procesado que aceptaron haber perpetrado los hechos bajo estudio, no se�alan al se�or H�ctor Antonio Restrepo Villa, ya sea porque no recuerdan que el acusado haya participado (Eliseo Beltr�n Cadena) o ya sea, porque sostienen de manera categ�rica que el acusado no intervino en los delitos que les fueron imputados (Hern�n Giraldo Serna).� (Negrillas nuestras) Esta corporaci�n observa que la primera instancia no valor� de forma individual el testimonio del acusado, en el entendido de que solo plasm� el fragmento de la declaraci�n que consider� relevante y lo confront� con las atestaciones de los dem�s testigos; de modo que los dichos de Restrepo Villa no pasaron correctamente por el tamiz de la sana cr�tica, en especial de las reglas de la experiencia y los principios de la l�gica, en punto de explicitar si sus relatos le merec�an credibilidad o no; de tal suerte que de ello se ocupar� la Sala enseguida.
Para los fines descritos, se hace necesario poner de presente las declaraciones vertidas por el acusado al interior de la actuaci�n procesal, comenzando por la rendida en indagatoria, a saber: �� Bueno doctor, yo cuando eso pas�, ese caso, yo me encontraba en mi casa, mi casa queda en PUERTO NUEVO, pegadito al corregimiento de GUACHACA, en esos diitas me hab�a retirado de la organizaci�n, era la de HERN�N GIRALDO SERNA, pero �l no ten�a conocimiento de eso, pero �l no estaba de acuerdo con los hechos que ocurrieron ah�, el que estaba al mando de eso, era el comandante difunto WALTER, no le s� los apellidos, con toda sinceridad le digo, que yo no tengo nada que ver con eso, tengo testigos gente que puede decir que si tuve o no tuve nada que ver con eso, con el FLACO VENGOECHEA y el GORDO ELISEO, alias los MACROBIOS, uno est� muerto y otro est� extraditado, el MACROBIO extraditado es un peladito� PREGUNTADO: Diga donde se encontraba usted y que actividad a finales de abril y principios del mes de mayo de 2003: CONTEST�: Me encontraba en PUERTO NUEVO que es una poblaci�n grandecita pegada a GUACHACA�PREGUNTADO: Diga si usted pertenece o perteneci� a alg�n grupo armado al margen de la ley�CONTEST�: S� pertenec� al grupo de AUTODEFENSAS RESISTENCIA TAYRONA, ingres� en el a�o 1992, ingres� por una venganza, dur� como 10 a�os, yo me retir�, pero cuando ocurri� eso, yo ya me encontraba retirado cuando entr�, entr� como chofer, despu�s me fui retirando poco a poco, estuve como RADIO CHISPA, manejando radios de pueblo a pueblo, en inteligencia contra la subversi�n� de los compa�eros m�os de esa �poca todos est�n muertos�PREGUNTADO: Diga si usted conoce o conoci� a DAVID SARMIENTO VILLAMIL.
CONTEST�: lo conozco de lejitos porque �l viv�a en el pueblito PUERTO NUEVO y all� todo el mundo se conoce, sabe qui�n es y yo era amigo del pap� de �l�PREGUNTADO: Sabe o tiene conocimiento si DAVID SARMIENTO tuvo un problema o inconveniente con la organizaci�n de autodefensas. CONTEST�: yo de eso no s� tuve conocimiento, yo quede muy aburrido con la vuelta que le hicieron a la familia de eso muchacho� dicen que el muchacho este SARMIENTO tuvo problemas con la organizaci�n porque era SAPO, porque en ese tiempo, yo ya me hab�a retirado.
PREGUNTADO: En esta diligencia obra prueba que se�ala que usted amenaz� a integrantes de la familia SARMIENTO para que abandonaran esa regi�n porque si no todos resultar�an muertos desde el m�s peque�o hasta el m�s grane�CONTEST�: Yo nunca le dije una mala palabra a esta gente, yo con esa gente nunca me met�, no ten�a razones para meterme con ellos�� (Negrillas y subrayas nuestras) M�s adelante, al ser interrogado al interior de la audiencia p�blica de juzgamiento, el acusado dijo: ��Yo trabajaba con la organizaci�n�, era urbano, yo hac�a limpieza y toda esa vaina� Yo para esa �poca estaba reci�n retirado de las urbanas pero s� tengo conocimiento de eso, de los hechos que pasaron en wachaca (sic) puerto nuevo (sic) era una familia llamada los sarmientos donde fueron todos asesinados, yo ten�a conocimiento porque el comandante WALTER cuando fueron hacer eso me comentaron a m� y me dijo que si los acompa�aba yo no quise ir en ese momento porque el pap� de los sarmientos era muy bueno conmigo, buen amiguito m�o, entonces no quise ir a eso no me prest� para eso, el error m�s grande que comet� fue que por hacer un bien hice un mal� el error que yo comet� fue decirles a ellos que se fueran de la regi�n porque los iban a matar� el comentario fue que un hijo del se�or sarmiento lo pusieron en objetivo militar porque �l le colaboraba a los narc�ticos� entonces a m� me parec�a injusto que por un error que cometiera uno de ellos tuviera que pagar todo la familia y por eso me dirig� a ellos a contarles un secreto de la organizaci�n arriesgando la vida m�a porque si la organizaci�n se hubiera dado cuenta que yo le avis� a esa gente el muerto hubiera sido yo�.
Yo le coment� al muchacho que lo que estaba pasando por culpa el (sic) el hermano hab�a metido a la familia en problemas. PREGUNTADO: Manifiesta usted en esta audiencia a pesar de que ya lo manifestara claramente si usted hac�a parte de las estructuras criminales del frente resistencia Tayrona�CONTEST�: S� hac�a parte de la organizaci�n. PREGUNTADO: Conforme a su respuesta usted ten�a un conocimiento universal de los hechos o de los actos o de los actos perpetrados por los miembros de su organizaci�n. CONTESTADO: Lo �nico que conoc�a era que recib�a �rdenes, era forma como un patrullero m�s o menos pero no era que hac�a parte de todo lo que ellos fueran hacer.
PREGUNTADO: Como obtuvo usted el conocimiento sobre la posibilidad de que los miembros de la familia sarmiento (fueran asesinados) y por ello fue que usted les avis� conforme a su respuesta antecedente. CONTESTADO: Obtuve esa informaci�n porque el comandante Walter me cont� que pensaba hacer eso, resulta y pasa que el se�or Walter para poder hacer eso lo que hizo, necesitaba una orden� y el hizo eso sin orden, el no pidi� conocimiento para hacer eso, hasta por cierto le dije que no estaba de acuerdo con eso, no le gust� mucho pero como no se puede hacer, hasta por cierto el se�or Hern�n Giraldo no tiene nada que ver con esa orden que �l dio.
Siendo usted un patrullero como lo ha afirmado pod�a no estar de acuerdo con una decisi�n que tomata (sic) el comandante Walter� como era muy buenos amigos yo me tom� el atrevimiento de decirle al comandante Walter que no estaba de acuerdo con eso, lo hice fue como abrirle los ojos para hacerle ver las cosas, hacerle ver el error tan grande� y casi resulto emproblemado por eso, porque yo al ser un patrullero no pod�a darle �rdenes a �l si yo era un simple patrullero que recib�a �rdenes sino que me tom� el atrevimiento �(Negrillas nuestras) Realizada la valoraci�n correspondiente, considera esta corporaci�n que las atestaciones hechas por el acusado, como lo sostuvo el recurrente, hacen parte de una fallida coartada urdida con el fin de exculparse y proteger al ex jefe paramilitar Hern�n Giraldo Serna, debido a que confrontadas con los par�metros establecidos por el art�culo 277 de la ley 600 de 2000, sus atestaciones carecen de credibilidad, al ser contrarias a las reglas de experiencia y los principios de la l�gica como se explicar� enseguida.
Como se dijo con anterioridad, los testimonios de los confesos delincuentes como lo es H�ctor Restrepo Villa, deben ser examinados al igual que los del testigo com�n (pero con mayor cuidado), es por ello, que la Sala avizor�, que al interior del testimonio en cita, existen serias contradicciones que afectan el principio l�gico de identidad y no contradicci�n, como componente de la sana critica.
Obs�rvese lo siguiente: El acusado en su indagatoria, expresa que como miembro de las AUC fungi� como chofer, radio chispa y haciendo labores de inteligencia en contra de la subversi�n, no obstante, al ser interrogado en juicio sostuvo que hab�a sido un urbano que hab�a hecho limpieza social, es decir, que seg�n el acusado, al mismo tiempo realiz� y no realiz� actividades violentas como las de �limpieza social�, las cuales distan de labores como la conducir veh�culos, alertar a sus compa�eros de empresa criminal o hacer inteligencia. Tal inconsistencia desconoce los principios l�gicos en virtud de los cuales alguien no puede ser y no ser algo al mismo tiempo.
Afirma en su indagatoria, cuando se le pregunta sobre los m�viles de los asesinatos perpetrados a los miembros de la familia Sarmiento, que no ten�a conocimiento de lo ocurrido, pero que dec�an que hab�a sido porque uno de sus integrantes estaba sirviendo de informante de la Polic�a Antinarc�ticos. Contrario sensu, en juicio, explic� que el comandante Walter antes de iniciar el operativo contra la familia referida, le coment� el plan que contra ellos se hab�a elaborado y las causas del mismo.
Al respecto, se debe decir que es contrario a la l�gica sostener que se tiene un conocimiento precario sobre unos hechos, sus m�viles y que se obtuvo la informaci�n por rumores y a su vez, afirmar, que se tiene conocimiento pleno y que �ste fue conseguido por una fuente directa. A su vez indica, en su primigenia intervenci�n, que nunca dijo una �mala palabra� a alg�n integrante de los Sarmiento, queriendo decir con ello, que no los hab�a amenazado; no obstante, en disertaci�n posterior, refiri� que su gran yerro consisti� en haberle dicho a Wilmer Sarmiento que se fueran de la regi�n por que los iban a matar.
A este respecto se debe decir, que si bien es cierto el acusado en ninguna de las dos intervenciones afirma haber amenazado al se�or Wilmer Sarmiento, no es menos cierto, que en la primera proporciona una respuesta evasiva sobre el tema indicando que no hab�a sido soez con la v�ctima referida y en juicio asevera haber hablado con �sta. En este orden de ideas, la respuesta evasiva que proporcion� el acusado raya con el principio de no contradicci�n, comoquiera que con posterioridad se explaya en cuanto a todo lo que le manifest� al se�or Wilmer Sarmiento, es decir, inicialmente pretende dejar claro que no amenaz� al miembro de la familia Sarmiento en cita (sin decir que habl� con �l) y posteriormente, afirm� haber hablado con �ste y que no lo amenaz� sino que lo alert�.
Asevera al inicio de ambas deposiciones, que los d�as en que ocurrieron los hechos, se hab�a retirado de la organizaci�n criminal, empero, cuando fue sujeto a interrogatorio, indic� que pese a ser un simple patrullero se atrevi� a decirle al comandante Walter que lo que iban hacer a la familia Sarmiento era un grave error. Sobre este punto, emerge paladina la afectaci�n al principio de no contradicci�n, por la pot�sima raz�n de que alguien no puede pertenecer y al mismo tiempo no pertenecer a una organizaci�n criminal, luego, si el acusado sostuvo que no pertenec�a a las AUC al momento de los hechos, es contrario a la l�gica que asevere haber hablado con el comandante Walter en su condici�n de patrullero.
Sumado a lo anterior, observa la Sala que algunas de las deposiciones del acusado, tales como que al momento de la ocurrencia de los hechos no hac�a parte de las AUC y que a pesar de ello se encontraba en un corregimiento cercano al lugar en donde �stos acontecieron, no son cre�bles en tanto ri�en con las reglas de la experiencia. Asimismo, Tampoco resulta ajustado a la reglas en menci�n, que el acusado en su condici�n de ex miembro del grupo armado al margen de la ley iterado, haya hablado con el comandante de la operaci�n militar y �ste le haya solicitado participar en la irregular captura y ejecuci�n de los Sarmiento.
Ahora, esta Sala de Decisi�n considera que las m�ximas de la experiencia que desconocen las aseveraciones del acusado, son las siguientes: Siempre o casi siempre que una persona se retira de una organizaci�n criminal como las AUC, se deb�a alejar de la zona de influencia militar de dicho grupo, ante las represalias y persecuci�n posterior.
Se destaca que el mismo acusado, en su indagatoria, manifest� que dej� de colaborar con Justicia y Paz porque a los desmovilizados los estaban buscando para matarlos. Siempre o casi siempre que una persona se retira de una organizaci�n criminal como las AUC- a menos que contin�e de alguna forma ligado a la estructura armada- pierde contacto con los comandantes, con ocasi�n de las represalias referidas, raz�n por la cual �stos- los comandantes- no buscan a los ex -integrantes para contarles los operativos que van a realizar, as� como tampoco, para pedirles colaboraci�n. Adem�s, debe decir la Sala, que no existe ning�n medio probatorio a trav�s del cual se haya podido acreditar que el se�or Restrepo Villa no se encontraba en el corregimiento de Puerto Nuevo el d�a 23 de mayo de 2003; es decir, que el acusado en la fecha se�alada no se encontraba en el lugar de los hechos, debido a que al se�or Eliseo Beltr�n Cadena no se le pregunt� sobre ese aspecto y a Hern�n Giraldo Serna seg�n su mismo dicho le era muy dif�cil conocer todo lo que pasaba en la zona baja de la Sierra Nevada de Santa Marta.
En este orden de ideas, la Sala no encuentra veros�mil el testimonio del acusado, situaci�n que conlleva a afirmar que no existe en �l, uniformidad intr�nseca ante las contradicciones a las que se hizo alusi�n ni tampoco extr�nseca, pues existen otros medios de prueba (como los testimonios de los miembros de la familia Sarmiento que sobrevivieron) que acreditan que el se�or Restrepo Villa s� intervino en los hechos objeto de estudio, raz�n lo la cual esta colegiatura no le dar� credibilidad a su dicho, hall�ndole raz�n al recurrente, en cuanto a que lo expresado por el actor hac�a parte de su falsa coartada exculpatoria.
Habiendo estudiado la censura que sobre la valoraci�n del testimonio del acusado plante� el Fiscal, se proceder� hacer lo propio frente a otro confeso delincuente como lo es, Eliseo Beltr�n Cadena alias �El Gordo�, quien en su indagatoria, sobre el punto relativo a quienes intervinieron en los cruentos hechos acaecidos en el corregimiento de Guachaca dijo: �PREGUNTADO: con base en respuesta anterior usted manifiesta que fueron casa por casa y los sacaron y los echaron en carros, diga cu�ntos y los nombres de quienes participaron en esas labores con usted. CONTEST�: En esa ejecuci�n de los que yo me acuerdo participamos EL FLACO VENGOECHEA, LOS MACROBIOS, BOCA DE MULO, EL GUAJIRO, LALO, EL IMBECIL, SAMUEL CARVAJAL y YO.
S� que hubo m�s gente en la captura, pero en la ejecuci�n estuvimos esos que nombr�.� (Negrillas y subrayas nuestras) A su vez, en versi�n libre que rindi� ante una Fiscal de Justicia y Paz alias el Gordo (Eliseo Beltr�n Cadena) testigo directo de los hechos, en tanto intervino en la captura, desaparici�n y ejecuci�n de la familia Sarmiento, relata de forma contundente c�mo ocurrieron los mismos; con todo, existen fragmentos de su atestaci�n, en especial los relativos al se�alamiento de miembros de las AUC, en donde se muestra inseguro y afirma no recordar, -como en su indagatoria-, a la totalidad de personas que intervinieron en los hechos bajo estudio, verbi gratia: �DRA. ZENAIDA: GRACIAS.
HE� QUE LE HABIA PREGUNTADO. OKEY, EN ESTE HECHO A PARTE QUE USTED HA MENCIONADO, PARTICIPARON OTRAS PERSONAS? ELICEO: ESTA EL IMBECIL, QUE EL IMBECIL PARTICIPO POR QUE EL ESTABA ARRIBA EN CASA DE TABLA�DRA. ZENAIDA: NO HASTA DONDE VAMOS, VAMOS SOLAMENTE EN QUE LOS SACARON DE LA CASA Y LOS MONTARON AL CARRO, HASTA AH� VAMOS EN ESE PEDACITO QUE ES LA PARTE QUE QUIERO� ELICEO: NO ME ACUERDO, NO ME ACUERDO SI FUERON MAS PERSONAS�� (Negrillas y subrayas nuestras) El testimonio del confeso delincuente Beltr�n Cadena, resulta de evidente relevancia para el presente asunto, dado que fue el �nico testigo presencial perteneciente al Bloque Tayrona del grupo paramilitar tantas veces citado, de tal suerte que se proceder� a valorar sus dichos.
Llama la atenci�n de la Sala que el se�or Beltr�n Cadena, en cuanto a la descripci�n de la forma en que las AUC perpetraron los hechos resulte convincente, coherente y congruente; contrario sensu, en lo ateniente a las personas que intervinieron, no lo es tanto; sin embargo, no existe prueba, m�s all� de su pertenencia a la organizaci�n en comento, que permita inferir que existe una causa distinta a la p�rdida de memoria connatural al paso del tiempo para ocultar el nombre de todos aquellos que intervinieron en la masacre de los Sarmiento; de tal suerte, que se acoger� �sta hip�tesis acerca de la dificultad para recordar, comoquiera que la falta de memoria de este testigo en nada influye para la estructuraci�n de la presente decisi�n; en tanto, sin importar la causa o motivo por el cual el deponente no brind� los nombres de todos sus compa�eros de concierto criminal, lo cierto es que afirm� en su indagatoria que participaron m�s personas y en su versi�n libre asegur� no recordar si intervinieron otras miembros de las autodefensas; es decir, que adem�s de las personas cuyos nombres proporcion� (entre los cuales no hizo alusi�n al acusado) estuvieron presentes algunas otras, y entre ellas, de acuerdo con las intelecciones que ha efectuado la Sala, particip� el hoy acusado, H�ctor Antonio Restrepo Villa.
Finalmente, en lo atinente a los testimonios de los confesos delincuentes, se valorar� el de Hern�n Giraldo Serna, toda vez que fue un punto objeto de apelaci�n. Y sobre esta atestaci�n, reprocha el recurrente que el A quo no logr� extraer la verdadera intenci�n del otrora m�ximo comandante del Bloque Tayrona de las AUC, la cual consist�a en que no le fuese atribuida de forma directa la responsabilidad por los hechos estudiados; tanto as�, que GIRALDO SERNA les dio dinero a las v�ctimas sobrevivientes � de la familia Sarmiento - para que no lo se�alaran; situaci�n que para el representante del ente persecutor constituye un indicio de responsabilidad, que de contera le resta credibilidad a su declaraci�n; adem�s, debe recordarse que si bien en un principio GIRLADO SERNA neg� su participaci�n en estos hechos, posteriormente acept� su responsabilidad en atenci�n a la l�nea de mando, esto es, a su car�cter de cabecilla de una organizaci�n perfectamente jerarquizada.
Y si bien es cierto que el presente proceso no se desarroll� en contra de GIRALDO SERNA, lo expuesto por este en su declaraci�n, cobra importancia de cara a determinar la responsabilidad del hoy procesado RESTREPO VILLA. Y aqu� se explican � por v�a de inferencia - las razones por las cuales RESTREPO VILLA en sus declaraciones adem�s de querer deslindarse de estos hechos, hizo una defensa ac�rrima de su comandante Giraldo Serna, bajo el entendido que este no ten�a conocimiento del plan que se hab�a fraguado para extinguir la vida de todos los miembros de la ya referida familia Sarmiento, y para la Sala resulta claro que tal proceder constituye una estrategia m�s que forma parte del �modus operandi� de los miembros de la estructura organizada de poder para salir impunes de la comisi�n de aquellos delitos que no confiesan en la Unidad de Justicia y Paz, y por los cuales se compulsan las respectivas copias ante la justicia ordinaria.
Para mayor claridad, les resulta importante y �til que un miembro � subordinado - de la organizaci�n no sea vinculado a un episodio delictivo de gran envergadura � una masacre, como ocurri� en este caso - para que este, a su vez, declare a favor del cabecilla y as� su atestaci�n cobre mayor credibilidad. Eso fue lo que ocurri� en la presente actuaci�n: Eliseo Beltr�n Cadena alias �El Gordo�, no aludi� a alias �Papel� en la masacre y �Papel�, por su lado, declara en su injurada que ya estaba retirado del grupo delincuencial para la fecha de ejecuci�n de los delitos y adem�s que el comandante m�ximo del Bloque, esto es, Hern�n Giraldo, no ten�a nada que ver con esos hechos.
Para la Sala, se reitera, todo este ardid comporta una ayuda rec�proca entre miembros de la organizaci�n criminal, con el fin de confundir a las autoridades acerca la responsabilidad de algunos integrantes en determinados hechos que, por alguna raz�n, no confesaron en el contexto del procedimiento regulado por la ley 975 de 2005 � ley de Justicia y Paz�, y con el fin de no recibir las sanciones respectivas - debido a su incompleta confesi�n o ausencia de �nimo pleno de colaboraci�n -, hacen todo lo que est� a su alcance para que otro desmovilizado que �goce de credibilidad� declare a su favor.
Para la Sala esta inferencia acabada de hacer se hace ostensible en la declaraci�n que hace el mismo acusado Restrepo Villa en la audiencia p�blica, pues sin que se le estuviera preguntando si el Comandante de la organizaci�n paramilitar hab�a participado o tenido conocimiento de esta incursi�n delincuencial, motu proprio expuso: �(�) Obtuve esa informaci�n porque el comandante Walter me cont� que pensaba hacer eso, resulta y pasa que el se�or Walter para poder hacer eso lo que hizo, necesitaba una orden (�) y el hizo eso sin orden, el no pidi� conocimiento para hacer eso, hasta por cierto le dije que no estaba de acuerdo con eso, no le gust� mucho pero como no se puede hacer, hasta por cierto el se�or Hern�n Giraldo no tiene nada que ver con esa orden que �l dio�.
Ahora, sobre el se�or Restrepo Villa, en testimonio rendido en audiencia p�blica de juzgamiento, Hern�n Giraldo Serna dijo lo siguiente: Preguntado (defensa) �El procesado ha cre�do conveniente que usted deponga en esta causa, para que si es del caso y su memoria no le falla, que conocimiento tiene de estos hechos y si es del caso que conocimientos tiene seg�n el caso? Contestado (Hern�n Giraldo): Min 2:46 �Esos hechos fueron ejecutados por Walter torres� Min 3:15 �En este caso el se�or Restrepo villa no tuvo nada que ver con estos hechos, quien tuvo que ver en estos hechos m�s que todo fue el se�or Walter torres L�pez, y quienes participaron en la recogida de estas personas (incluso a espaldas m�as) fue el se�or Eduardo Vengoechea Mola y Eliseo Beltr�n Cadena, ellos fueron los que me explicaron que hab�an sido ellos los que hab�an estado en esos hechos y luego entregados a Walter Torres L�pez�� Min 4:07 �Estoy seguro de que el se�or llamado papel perteneciente al grupo autodefensas no tuvo nada que ver en estos hechos pertenecientes a la familia sarmiento� PREGUNTADO � FISCALIA.- Min 4:50 �D�gale a este despacho quien es el se�or H�ctor Restrepo villa, y que funciones desempe�ada dentro del frente resistencia tayrona que dirig�a usted? Min 5:16 contestado (Hern�n Giraldo): �El se�or Restrepo Villa era un miembro, hacia parte de la organizaci�n, y lo utilizaban para diferentes cosas los comandantes, como bien es sabido yo manten�a en la parte alta de la sierra nevada, no manten�a pendiente a lo que pasaba en las partes baja�� vine a enterarme a los 8 d�as siguientes Min 6: 00 �como nosotros hemos estado aqu� gran parte en estados unidos, se nos hace casi imposible conocer todo lo que sucedi� �MIN 6: 29 �Si pertenec�a a las autodefensas, lo conoc� hace muchos a�os,�vivi� en mendihuaca hace muchos a�os hasta que nos desmovilizamos, ya cuando nos entregamos todos, yo me entregu�, al poco tiempo me extraditaron para estados unidos, entonces para entregar toda la versi�n que �l haya hecho no me es dif�cil sino imposible saber�� (Negrillas y subrayas nuestras) Insiste la Sala en que esa ayuda rec�proca de los integrantes de la organizaci�n, son un segmento m�s de su modus operandi tendiente a obtener impunidad en la comisi�n de ciertos delitos.
De los apartes transliterados se desprende que el testigo de forma rotunda y categ�rica sostiene que el acusado no particip� en la masacre de la familia Sarmiento, pues quienes cometieron los hechos as� se lo dijeron. Ahora bien, esta manifestaci�n constituye una aseveraci�n de o�das que contrario a lo que ocurre con las vertidas por los miembros de la familia Sarmiento que sobrevivieron (sobre esto ahondaremos m�s adelante) carece de sustento probatorio alguno, debido a que si bien el acusado afirm� no haber hecho parte del grupo de paramilitares que se ensa�aron en contra de los Sarmiento, de acuerdo al an�lisis que de sus relatos se hizo, �stos no merecen credibilidad por ser contrarios a las m�ximas de la experiencia y los principios de la l�gica.
Luego, tampoco se puede sostener que el testimonio de Eliseo Beltr�n Cadena, sirva de apoyo a la declaraci�n de o�das que verti� Giraldo Serna, comoquiera que aquel no manifest� que el acusado no tuvo nada que ver con los hechos objeto de estudio, porque ni siquiera se le pregunt� sobre esa situaci�n, de tal suerte que llegar a esa intelecci�n, ser�a tanto como adicionarle contenido a una prueba.
Ahora bien, lo que s� observa este cuerpo decisorio es la notable inclinaci�n de Restrepo Villa y de Giraldo Serna, en dejar claro que ninguno de los dos intervino en la desaparici�n, tortura y asesinato de la familia Sarmiento, circunstancia que produce una merma en la credibilidad de sus atestaciones. No obstante, dejando de lado el encubrimiento rec�proco puesto de presente por este Tribunal, la declaraci�n de Giraldo Serna lejos de haber contribuido a la causa exculpatoria que emprendi� Restrepo Villa, reafirma una de las conclusiones a las que se lleg� cuando se examin�, a la luz de la sana cr�tica, el testimonio de �ste, como lo fue que no era cierto que al momento de los hechos no era integrante del Bloque Tayrona de las AUC, pues como lo asever� quien fuese el m�ximo comandante de dicho bloque, el acusado s� era miembro de las autodefensas cuando acaeci� la masacre de la familia Sarmiento.
As� las cosas, en relaci�n con las declaraciones de los confesos delincuentes que fueron recepcionadas al interior del sub examine, la Sala lleg� a las siguientes conclusiones: (i) Los dichos de H�ctor Restrepo Villa no son cre�bles porque son contrarios a la sana cr�tica, en especial a las m�ximas de la experiencia y los principios de la l�gica, (ii) Eliseo Beltr�n Cadena a pesar de no haber se�alado al acusado como uno de los coautores de los hechos, no afirm� que �ste no intervino, aceptando que s� intervinieron otros miembros de la organizaci�n criminal, de los cuales no aport� nombres o alias, y (iii) La declaraci�n de Giraldo Serna muestra una ingente inclinaci�n de favorecimiento en relaci�n con el acusado y a trav�s de ella, tambi�n se puede demostrar que Restrepo Villa no hab�a dejado de ser integrante de las autodefensas para el 8 de mayo de 2003 (fecha de los hechos).
Favorecimiento o encubrimiento que resultan rec�procos si se recuerda que es claro el af�n ostensible de ambos declarantes (Giraldo Serna y Restrepo de Villa) de ponerse al margen de los diversos delitos que se cometieron en contra del n�cleo familiar de los Sarmiento. 7.6 DEL VALOR PROBATORIO DE LOS TESTIMONIOS DE O�DAS QUE SE VERTIERON AL INTERIOR DEL PROCESO.
Sobre los llamados testigos de o�das, los cuales se caracterizan de forma principal por no haber percibido de forma directa y por los sentidos los hechos de que se traten, la Corte Suprema de Justicia ha sentado unas reglas que a continuaci�n se citan: �En otras palabras, aun cuando el testigo de o�das no es de por s� prueba deleznable, el operador jur�dico est� en la obligaci�n de dedicar especial cuidado al ejercicio valorativo que implica esa clase de medios de prueba, ya que esta especie de testimonio adquiere preponderancia en aras de reconstruir la verdad hist�rica y hacer justicia material, �nicamente cuando es imposible obtener en el proceso la declaraci�n del testigo o testigos que tuvieron directa percepci�n del suceso; de ah� que en la apreciaci�n del referido medio de persuasi�n sea menester establecer: Inicialmente, s� se trata de un testigo de referencia de primer grado o de segundo grado o grados sucesivos, entendiendo que aqu�l es quien sostiene en su declaraci�n que lo narrado lo escuch� directamente de una persona que tuvo conocimiento inmediato de los hechos, y �ste, el que al deponer afirma que oy� a una persona relatar lo que �sta, a su turno, hab�a o�do a otra, y as� sucesivamente.
Tal exigencia se justifica porque en el an�lisis de esa prueba de orden testimonial, el de primer grado ofrece mayor fiabilidad y fortaleza que el de segundo, tercero, etc., dado que lo conocido no es de una tercera o cuarta fuente, sino de la inicial respecto de lo afirmado o narrado por el testigo directo. En segundo t�rmino, es preciso que el testigo de o�das se�ale cu�l es la fuente de su conocimiento, esto es, al testigo directo del evento de quien recibi� o escuch� la respectiva informaci�n, identific�ndolo con nombre y apellido o con las se�as particulares que permitan individualizarlo, condici�n que resulta sustancial, de una parte, para que en el curso del proceso el funcionario intente por todos los medios legales que �ste asista a declarar acerca de su cognici�n personal del suceso, indistintamente de que por razones debidamente justificadas (muerte, enfermedad, localizaci�n, etc.) resulte imposible obtener tal comparecencia; y de otra, porque de no ser as�, es decir, de acoger o conceder m�rito a la declaraci�n de un testigo de referencia que no precisa qui�n es su referente, o que atribuye la ciencia de su dicho al comentario p�blico o rumor popular �divulgado por personas desconocidas, creado, alimentado y dirigido por intereses inciertos, transformado por fen�menos de psicolog�a colectiva, y difundido sin direcci�n ni sentido de responsabilidad�, en la pr�ctica equivaldr�a a admitir una prueba testimonial an�nima, cuya validez es contraria a elementales postulados que sustentan el Estado Social de Derecho.� Y, finalmente, en tercer lugar, tambi�n la jurisprudencia ha se�alado que es imperioso establecer las condiciones en que el testigo directo transmiti� los datos a quien despu�s va a dar referencia de esa circunstancia, de modo que sea posible evidenciar que lo referido de modo indirecto por el declarante ex auditu es trasunto fiel de la informaci�n vertida a �ste por el cognoscente directo, siendo entonces fundamental para otorgar poder suasorio a la especie de prueba en comento la confluencia de otra clase de medios de persuasi�n, as� sean indiciarios, con la capacidad de reforzar las atestaciones del testigo de o�das, pues valorados en conjunto pueden suministrar elementos aptos para acreditar que lo referido al testigo indirecto se le transmiti� en la forma como �ste lo se�al� y que efectivamente el suceso debatido ocurri� de conformidad con su narraci�n. En conclusi�n, el testimonio de o�das se erige como medio de persuasi�n id�neo, serio y cre�ble cuando, adem�s de reunir los dos primeros presupuestos, �aparece corroborado o respaldado por otros elementos de convicci�n que no permiten dudar de la veracidad del relato hecho por otras personas al testigo�, lo cual implica afirmar que la prueba testifical de referencia �nica, por s� sola, es decir, hu�rfana de otros medios probatorios que la confirmen y robustezcan, en cualquier caso carece de eficacia suficiente para desvirtuar la presunci�n constitucional y legal de inocencia.�(Negrillas y subrayas nuestras) Ahora, resulta cierto, como lo sostuvo el A quo, que los se�ores DAVID SARMIENTO VILLAMIL, WILMER SARMIENTO VILLAMIL, ISAAC SARMIENTO VILLAMIL, JOS� MANUEL SARMIENTO VILLAMIL y KAREN DAYANA SARMIENTO, son testigos de o�das, en tanto no estuvieron presentes en el lugar de los hechos, lo que imposibilit� que tuviesen un conocimiento personal y directo de los mismos.
No obstante, le asiste raz�n al recurrente cuando asever� que los testigos de o�das no son, per se, medios de prueba que deban ser desechados, dado que siempre que se cumpla con los presupuestos que en la jurisprudencia citada se pusieron de presente, es viable su valoraci�n con fundamento en el sistema de libre persuasi�n racional. Sobre los testigos de o�das referidos, es menester realizar una valoraci�n diferenciada, bajo el entendido de que algunos a pesar de haber aportado el nombre de su fuente, no explicaron las circunstancias en la que los transmisores de los datos los obtuvieron, con todo, ello no es �bice para restarles capacidad demostrativa, tal y como se explicar� enseguida.
Tenemos entonces que David Sarmiento Villamil, en su denuncia indic� que una de las personas que hab�a participado en los actos perpetrados en contra de sus familiares, fue alias �Papel�, aunque no proporcion� los datos de la persona que le hab�a brindado la informaci�n, toda vez, que de hacerlo la vida de �sta, correr�a peligro. M�s adelante, en declaraci�n jurada, expres� que se hab�a enterado de los hechos por medio de Manuel, alias �Cabecita�, quien adem�s de ser primo suyo, trabajaba para Hern�n Giraldo Serna.
Afirm� David Sarmiento Villamil que su primo obtuvo el conocimiento de lo ocurrido a trav�s de otro de miembro de la organizaci�n, de cual no se conoce c�mo se enter� de los hechos, esto es, si los percibi� de forma directa o tambi�n es testigo de o�das, debido a que su comparecencia no fue requerida ni en etapa de instrucci�n ni en el juzgamiento.
A su vez, Jos� Manuel Sarmiento Villamil, asegur� que alias �Papel� fue uno de los sujetos que intervino en la desaparici�n y muerte de sus cong�neres y, que de ello se enter� porque la cu�ada de su hermano Enoc Sarmiento (asesinado) se lo hab�a comentado. Por su parte, Wilmer Sarmiento Villamil, Isaac Sarmiento Villamil y Karen Dayana Sarmiento, sostienen que alias �Papel� particip� de los violentos hechos de que fueron v�ctimas sus parientes y asimismo afirmaron que esa informaci�n la obtuvieron porque en el corregimiento de Guachaca �todo el mundo� sab�a qui�nes hab�an sido.
Ahora bien, del hecho de que los testigos no hubiesen aportado al proceso, por una parte, las condiciones en las que la fuente de origen trasmiti� la informaci�n y por otra, los nombres o datos que permitieran individualizar a la fuente, no puede concluirse que sus dichos corresponden a un mero �comentario p�blico o rumor popular �divulgado por personas desconocidas, creado, alimentado y dirigido por intereses inciertos, transformado por fen�menos de psicolog�a colectiva, y difundido sin direcci�n ni sentido de responsabilidad-�, sino que por el contrario, sus atestaciones son cre�bles (en tanto testimonios referenciales) comoquiera que el hecho de no haber aportado la informaci�n, correspondi� a causas razonables, como es la protecci�n de la vida del �rgano de prueba de origen, dado que como se anticip� en el primer ac�pite de la parte considerativa de esta providencia, es un hecho notorio, que los grupos paramilitares que operaron en Colombia emprend�an acciones dirigidas a la desaparici�n, no solo de dirigentes sindicales, pol�ticos de izquierda, sino que tambi�n en contra de aquellas personas que pudiesen atestiguar acerca de las violaciones masivas de derechos humanos que perpetraron.
En tal sentido, reitera la Sala, que no existe talanquera para que los testimonios de referencia se�alados sean valorados; as� como tampoco la hay para que tengan fuerza demostrativa, m�xime, cuando resultaba insensato exigirle al testigo indirecto el se�alamiento de su fuente, pues precisamente el m�vil por el cual las AUC exterminaron a 9 miembros de los Sarmiento, versa sobre una retaliaci�n que �sta organizaci�n criminal realiz� ante la colaboraci�n que prest� David Sarmiento Villamil a las autoridades al darles informaci�n sobre las actividades criminales del grupo paramilitar iterado, de tal suerte que imponer dicha carga, ser�a ir en contra de los m�s elementales instintos de protecci�n frente a sus iguales y por qu� no, frente a principios como el pro homine y de solidaridad �ntima y colectiva.
Sumado a lo anterior, resalta este Cuerpo Decisorio, que esos testimonios indirectos cuentan con otros medios de prueba que los apoyan o corroboran, como son las mismas declaraciones de H�ctor Restrepo Villa, las vertidas por Eliseo Beltr�n Cadena y la de Hern�n Giraldo Serna, las cuales como se explic� en precedencia acreditan � pese a su reticencia - la participaci�n del acusado en las conductas punibles que le fueron endilgadas, raz�n por la cual esta Sala les otorga credibilidad tanto a los dichos de Jos� Manuel Sarmiento Villamil y David Sarmiento Villamil, quienes proporcionaron los nombres de sus fuentes, como a los de los dem�s testigos de o�das quienes indicaron que conocieron de la intervenci�n del se�or H�ctor Restrepo Villa, a trav�s de los dichos de los habitantes del corregimiento de Guachaca. 7.7 DE LA PRUEBA INDICIARIA Y SU VALOR PROBATORIO Dejando a un lado las discusiones doctrinarias acerca de si el indicio es o no, un medio de prueba aut�nomo, tenemos que el legislador en el art�culo 23 de la ley 600 de 2000, preceptu� que �son medios de prueba la inspecci�n, la peritaci�n, el documento, el testimonio, la confesi�n y el indicio�, es decir, que de acuerdo con la ley procesal que rige la presente actuaci�n la prueba indiciaria o circunstancial es una especie del g�nero de los �medios de prueba� y por lo tanto es aut�noma e independiente.
En concordancia con lo anterior, se encuentra el 284 ejusdem, el cual establece que �todo indicio ha de basarse en la experiencia y supone un hecho indicador, del cual el funcionario infiere l�gicamente la existencia de otro�. Por su parte, el art�culo 287 de la codificaci�n en cita establece que �el funcionario apreciar� los indicios en su conjunto teniendo en cuenta su gravedad, concordancia y convergencia, y su relaci�n con los medios de prueba que obren en la actuaci�n�.
Al respecto la Corte Suprema de Justicia ha mantenido de forma pac�fica una l�nea jurisprudencial en la que explica lo siguiente: �� la Sala ha entendido, en consonancia con su consagraci�n en la legislaci�n adjetiva penal del indicio, que se trata de un verdadero medio de prueba �cr�tico, l�gico e indirecto, estructurado por el juzgador a partir de encontrar acreditado por otros medios autorizados por la ley, un hecho (hecho indicador) del cual razonadamente, y seg�n las reglas de la experiencia, se infiera la existencia de otro hasta ahora desconocido que interesa al objeto del proceso (hecho indicado o inferido), el cual puede recaer sobre los hechos, o sobre su agente, o sobre la manera como se realizaron, cuya importancia deviene de su conexi�n con otros acaecimientos f�cticos que, estando debidamente demostrados y dentro de determinadas circunstancias, permite establecer, de modo m�s o menos probable, la realidad de lo acontecido.
Los indicios pueden ser necesarios, cuando la comprobaci�n del hecho indicador denota de manera fatal e inexorable el hecho indicado, o contingentes, en aqu�llos eventos en que el hecho demostrado puede o no evidenciar la realidad del inferido, seg�n el grado de probabilidad de su causa o efecto. En esta segunda hip�tesis, se distingue entre los indicios graves y leves.
Los primeros se configuran cuando entre el hecho indicador y el indicado existe un nexo de determinaci�n racional, l�gico, probable e inmediato, fundado en razones serias y estables, sustentado en la com�n ocurrencia de las cosas. En contraste, el indicio ser� considerado leve si, por el contrario, �el nexo entre el hecho indicador y el indicado constituye apenas una de las varias posibilidades que el fen�meno ofrece.� Nada impide que la sentencia de condena se soporte en prueba indiciaria, siempre que su valoraci�n conjunta, integral y articulada, ce�ida a los criterios previstos en el art�culo 287 de la Ley 600 de 2000, arroje certeza sobre la materialidad del delito y la responsabilidad de la persona investigada.
El valor suasorio de las inferencias indiciarias, al tenor de la disposici�n referida, deviene de su mayor o menor gravedad y su coherencia respecto del restante acervo probatorio, pero tambi�n de su concurrencia y convergencia. Lo primero se afirma cuando se aparecen �como piezas integrantes de un todo, pues siendo �stos fragmentos o circunstancias accesorias de un �nico suceso hist�rico, deben permitir su reconstrucci�n como hecho natural, l�gico y coherente�.
A su vez, se reputar�n convergentes si apuntan a acreditar una �nica hip�tesis f�ctica, y no a una cantidad plural �hacia una misma conclusi�n y no hac�a varias hip�tesis de soluci�n.� Ahora, si acudimos a los aportes del derecho comparado, vemos que la aplicaci�n y eficacia de la prueba indiciaria tambi�n ha sido tema de inter�s en otras legislaciones, as� por ejemplo, en la Jurisprudencia espa�ola se sostiene con todo ah�nco: �(�) Ha de reconocerse la posibilidad de que a partir de la prueba de indicios el �rgano judicial deduzca racionalmente la veracidad de los hechos no probados directamente en el juicio oral�. �Se crear�an amplios espacios de impunidad si la prueba indiciaria no tuviera virtualidad incriminatoria para desvirtuar la presunci�n de inocencia�. �La presunci�n de inocencia que ampara a toda persona acusada de un hecho delictivo puede ser desvirtuada tanto por prueba directa como prueba indirecta, indiciaria o circunstancial, puesto que, de excluirse esta segunda modalidad como prueba de cargo valorable por el juzgador, quedar�an en la m�s completa impunidad un sinf�n de actividades criminales que no pueden acreditarse directamente�. Como viene de verse, no existe prohibici�n alguna que impida que se erija una condena y en este caso, que se revoque una sentencia absolutoria, a trav�s de la prueba indirecta, siempre y cuando al momento de su valoraci�n se verifique su concurrencia y convergencia, de acuerdo a los postulados de la sana cr�tica.
Habiendo puesto de presente el anterior marco legal y jurisprudencial, a continuaci�n se proceder� a construir los indicios que como afirm� el recurrente, debieron haber sido atendidos por el A quo, debido a que �ste, al no haber hecho una valoraci�n en conjunto de los medios de prueba obrantes en el plenario � y por ello de los hechos indicantes que m�s adelante se expondr�n- no les hall� valor suasorio, al considerar que no permit�an inferir de forma inequ�voca la responsabilidad penal del acusado; es decir, que no se trataba de una prueba indiciaria de naturaleza necesaria, cuando lo cierto es, que examinada la convergencia y concurrencia de los hechos que fueron plenamente probados al interior de la presente causa, los cuales son a su vez hechos indicantes, es dable afirmar que estamos en presencia de indicios necesarios.
A tal yerro se llega cuando, entre otros aspectos, se desconoce el principio de �unidad del indicio� en el cual implica que hacen parte de un mismo indicio, como indicadores, aquellos hechos plenamente probados que por medio de la misma inferencia l�gica y razonable conduzcan a una misma conclusi�n, valorando para esos fines, la relaci�n existente entre todos los indicantes, imperativo que impide, que se construya de forma aislada, con cada hecho indicador un indicio (como lo hizo el A quo), pues de procederse de esa manera se estar�a desarticulando el entramado de premisas menores que generan la relaci�n de necesariedad entre �stas y la conclusi�n. Para lo fines descritos en el p�rrafo anterior, inicialmente tenemos como hechos indicadores de la responsabilidad del acusado en los sucesos que terminaron con la vida de 9 integrantes de la familia Sarmiento, los siguientes: La pertenencia para la fecha en que ocurrieron los hechos, del se�or H�ctor Restrepo Villa al Bloque Tayrona de las AUC, hecho indicante que se encuentra plenamente demostrado con la declaraci�n vertida por el se�or Hern�n Giraldo Serna, m�ximo jefe de dicho bloque en ese entonces y con la misma declaraci�n del acusado quien en una de sus m�ltiples contradicciones expres� pertenecer a la mencionada organizaci�n cuando acontecieron los sucesos fatales, tal y como se explic� con anterioridad.
Que adem�s de Eliseo Beltr�n Cadena, El Flaco Vengoechea, Los Macrobios, Boca De Mulo, El Guajiro, Lalo, El Imb�cil y Samuel Carvajal, en los hechos tantas veces referidos, participaron m�s personas, hecho indicante plenamente demostrado con el testimonio del testigo directo Eliseo Beltr�n Cadena alias El Gordo. La intervenci�n, en alg�n momento del iter criminal, de H�ctor Restrepo Villa, en los hechos ocurridos el 8 de mayo de 2003 en el corregimiento de Guachaca, hecho indicador plenamente demostrado con los testimonios de o�das de Jos� Manuel Sarmiento Villamil y David Sarmiento Villamil, quienes recibieron esa informaci�n de una cu�ada y de un primo (Manuel, alias Cabecita quien trabaja para Hern�n Giraldo Serna).
Que algunos habitantes del corregimiento de Guachaca le afirmaron a Wilmer Sarmiento Villamil, Isaac Sarmiento Villamil y Karen Dayana Sarmiento, que H�ctor Restrepo Villa, hab�a participado en los hechos en los que se le quit� la vida varios miembros de las familia Sarmiento, hecho indicante plenamente demostrado con los testimonios de o�das de Wilmer Sarmiento Villamil, Isaac Sarmiento Villamil y Karen Dayana Sarmiento.
El hecho notorio consistente el Bloque Tayrona, al que pertenec�a el procesado Restrepo Villa, ejerci� control militar y pol�tico en el sector en donde ocurrieron los hechos en los que fueron asesinados 9 miembros de la familia Sarmiento y que los grupos paramilitares que operaron en esa zona realizaron violaciones sistem�ticas de derechos humanos y del derecho internacional humanitario, comoquiera que ejecutaron homicidios selectivos, secuestros, torturas, desplazamientos forzados, entre otros graves delitos.
Este hecho indicante por su notoriedad no necesita prueba. Estos indicios, como se anticip�, permiten inferir que al acusado le asiste responsabilidad penal en las hechos en los cuales se tortur�, desapareci�, desplaz� y asesin� a un grupo de personas integrantes de un mismo n�cleo familiar (hecho indicado o hecho nuevo no conocido), pues esa es la conclusi�n que de forma un�voca, inequ�voca e inexorable surge de ellos, dado que si bien, se podr�a pensar, a priori, que los indicantes se�alados no proporcionan certeza acerca de si el acusado intervino en los hechos objeto de averiguaci�n y por lo tanto se admiten otras hip�tesis en el plano de la duda, �sta inteligencia no deviene razonable de acuerdo con la valoraci�n que del testimonio de Restrepo Villa se hizo, toda vez que se encontr� en su dicho una coartada exculpatoria � no cre�ble -, a la luz de los principios de la l�gica y las m�ximas de la experiencia- y por contener un marcado inter�s de encubrir a Hern�n Giraldo Serna, situaci�n que hace a�n m�s inescindible la relaci�n de necesidad que se encontr� entre los hechos indicadores y la conclusi�n. Ahora bien, a efectos de continuar d�ndole sustento a la inferencia l�gica surgida de los hechos indicantes previamente planteados, es menester hacer alusi�n al llamado indicio de mala justificaci�n que fue avizorado en la declaraci�n del se�or H�ctor Restrepo villa, el cual surge de las contradicciones en que incurri� el acusado, as� como de las atestaciones que desconociendo las m�ximas de la experiencia, expuso.
Sobre este especie de indicio la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, ha se�alado que, �De acuerdo con una pac�fica y reiterada l�nea jurisprudencial de la Sala, el indicio de mala justificaci�n implica que, cuando una persona es interrogada acerca de la situaci�n f�ctica que se le atribuye, las respuestas que brinda, una vez sea debidamente informada de los derechos que tiene a guardar silencio y a no incriminarse, contribuyen a desvirtuar la presunci�n de inocencia, de acuerdo con la relevancia de su contenido, siempre y cuando sean absurdas, evasivas o incluso falaces.
En otras palabras, si aducir una versi�n propia de los hechos le impone al procesado las consecuencias desfavorables que desmentir tal relato acarrea, es obvio que el indicio en comento �nicamente opera cuando est� demostrado que lo por �l dicho es contrario a la realidad de los hechos� En este orden de ideas, sostiene la Sala, que el acusado luego de haber sido informado sobre su derecho a guardar silencio y a no incriminarse, decidi� romper el silencio y aducir en su defensa una versi�n propia de los hechos que le fueron endilgados; esta versi�n debi� haber sido desestimada por mendaz, o bien, valorada de manera negativa por el juez de primer grado y se itera que, en este punto, el a quo en el proceso de valoraci�n desconoci� varios componentes de la sana cr�tica como l�mite racional al principio de libre apreciaci�n de la prueba y aqu� se enfatiza que el hecho indicante - consistente en que el acusado estaba mintiendo -, no solo apoya la conclusi�n obtenida en el indicio construido con anterioridad, sino que por s� solo permite inferir de forma l�gica y razonable, que el se�or H�ctor Restrepo Villa es responsable penalmente de la situaci�n de las conductas punibles bajo examen.
Y es que no otra cosa se puede aseverar de las atestaciones del acusado en las que indica que fue por mucho tiempo miembro de las AUC y precisamente para los d�as en los que ocurrieron los hechos abandon� el grupo criminal (sin explicar alguna causa y sin que haya prueba alguna que lo corrobore) o que luego de haber salido de las filas del grupo paramilitar se haya quedado viviendo en la zona de acci�n militar de �ste o, finalmente, que luego de su retiro de la actividad criminal haya entablado una conversaci�n con un jefe paramilitar que lo invit� a que participara en la operaci�n que se iba a adelantar en contra de los Sarmiento y a quien le dijo que �lo que iban hacer era un error�.
Para la Sala, las mismas manifestaciones del acusado le resultan contrarias a sus fines defensivos. Pero adem�s - como soporte a la intelecci�n que ha efectuado la Sala respecto de las mentiras en que incurre el procesado en su injurada - no debemos soslayar la posici�n reiterada de la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia frente al derecho a la no autoincriminaci�n, pues se ha dicho que aqu�l no presupone el derecho a mentir, sino que implica que al procesado no se le pueda constre�ir, de ninguna manera, a decir la verdad, y por esta raz�n se le exime de juramento; pero esto no quiere decir que si falta a ella, su actitud no pueda ser tenida como indicio de responsabilidad en el hecho investigado cuando se cumplen las exigencias de orden f�ctico y jur�dico en su deducci�n, pues la indagatoria tambi�n es un medio de prueba del que pueden derivarse consecuencias probatorias favorables y desfavorables al procesado Es sumamente importante la cita jurisprudencial que se acaba de realizar, por cuanto no hace otra cosa que justificar la tesis planteada por esta Sala de Decisi�n, en cuanto a que en el presente asunto � a diferencia de lo planteado por el Juez de primer grado, se cuenta con prueba testimonial directa que sirve de fundamento al juicio de reproche que recae sobre el acusado; lo que ocurre es que, como lo hemos dejado claro, es viable que de estas pruebas directas se puedan colegir indicios de responsabilidad penal; para mayor claridad, la Sala reitera que de las declaraciones de los testigos Wilmer Sarmiento Villamil;
Eliceo Beltr�n Cadena; Hern�n Giraldo Serna y la indagatoria de H�ctor Restrepo Villa al�as �Papel�, se han derivado indicios de responsabilidad que ubican a este �ltimo como uno de los autores de los graves delitos tantas veces referenciados; sobre estos aspectos se seguir�n haciendo las debidas argumentaciones en el proceso de motivaci�n judicial que a�n no termina, como lo veremos a posteriori.
Y entonces se aclara que la construcci�n indiciaria no termina en este interregno de valoraci�n, pues de las declaraciones testimoniales pueden surgir otros indicios, uno de ellos el de amenaza, como lo veremos a continuaci�n. 7.8 DEL TESTIMONIO DE WILMER SARMIENTO VILLAMIL COMO PRUEBA DIRECTA DE LAS AMENAZAS DEL ACUSADO EN CONTRA DE LA FAMILIA SARMIENTO VILLAMIL.
El dicho de Wilmer Sarmiento Villamil,- hasta el momento-, ha sido valorado como un testimonio o�das (o de referencia si se quiere), que versa sobre la intervenci�n del acusado en los hechos objeto de prueba, sin embargo, nada impide que un mismo medio de prueba tenga dos connotaciones distintas, en otras palabras, que sea prueba de referencia frente a unos hechos y prueba directa en relaci�n con otro u otros.
Es as� como se puede sostener, que Wilmer Sarmiento Villamil, adem�s de ser testigo de o�das, es testigo directo sobre las amenazas e intimidaci�n que con anterioridad a los hechos examinados, despleg� H�ctor Restrepo Villa despleg� en contra de los Sarmiento, los cuales constituyen, de igual forma, actos coactivos de desplamiento forzado.
Esta circunstancia, como se dilucidar� enseguida, reafirma las conclusiones de �ndole probatoria a las que ha arribado la Sala, hasta este segmento de la presente decisi�n. Luego, con el fin de respaldar la afirmaci�n anterior, es menester traer a colaci�n, lo que al respecto sostuvo el testigo en menci�n, �PREGUNTADO: Sabe o tiene conocimiento si previamente al desaparecimiento de su familia, las AUTODEFENSAS� hayan hecho alguna advertencia o exigencia a usted, a DAVID o a su familia� CONTEST�: S� se�or, principalmente a m�, yo me fui a hablar con al�as PAPEL, entonces �l me dijo que la orden que hab�a era que nos ten�an que picarnos a todos, de matarlos a todos del m�s chiquito al m�s grande, que el FLACO hab�a dado esa orden, �l me dijo que hab�a que dar con el paradero de DAVID, que si yo sab�a d�nde estaba, que le diera la informaci�n, en verdad yo no sab�a, entonces �l se me puso bravo, y yo le dije yo no s�, al momento que yo habl� con �l, nos toc� salir, sal� yo, mi hermano ISAAC y mi hermano JOS�, al salir nosotros, yo llam� a mi padre que se saliera y no se quiso salir � (Negrillas y subrayas nuestras) A trav�s del testimonio tra�do a colaci�n, se puede acreditar de forma directa que el acusado amenaz� a Wilmer Sarmiento Villamil, que ten�a conocimiento del plan elaborado por la AUC para atentar contra la familia Sarmiento y hallar informaci�n sobre el paradero de David Sarmiento y que el acusado s� pertenencia al Bloque Tayrona de las autodefensas.
Ahora bien, es a esta declaraci�n a la que este cuerpo colegiado le otorga credibilidad y no a aquella en la que el acusado expres� que hab�a hablado con un miembro de la familia Sarmiento, - presuntamente de forma altruista y compasiva -, para que abandonaran la regi�n y de esa forma salvarles la vida, comoquiera que no otra intelecci�n se puede hacer en un plano racional, debido a que no se aviene con las reglas de la experiencia, que cuando un miembro de un aparato organizado de poder lanza ese tipo de expresiones, las haga en el contexto de la bondad, m�xime cuando fueron tan ciertas la amenazas e intimidaciones realizadas por el acusado, que las mismas terminaron por materializarse contra 9 miembros de la Familia Sarmiento.
Es m�s, si los fines por los cuales el acusado entabl� una conversaci�n con Wilmer Sarmiento, fuesen unos distintos a los intimidatorios y coactivos, las reglas de la experiencia nos indican que era el procesado Restrepo Villa quien habr�a buscado a los miembros de la familia Sarmiento para alertarlos sobre la �rdenes que se hab�an impartido al interior de la organizaci�n a la que pertenec�a; empero, lo acaecido fue lo contrario, esto es, fue una de las v�ctimas (en el sentido amplio del concepto) quien debi� acudir ante el hoy procesado para deprecar benevolencia; la que de hecho nunca obtuvo, y se insiste, de haber sido cierto el inter�s del procesado en que una injusticia de esta magnitud no se cometiera, les habr�a dado previo aviso a los Sarmiento para que huyeran del sitio conocido como Guachaca; empero, esto no fue lo que ocurri�, pues contrario a lo que quiere hacer ver alias �Papel�, Wilmer Sarmiento se sinti� seriamente intimidado y/o amenazado al escuchar por boca del mismo procesado que la intenci�n de la organizaci�n criminal era exterminarlos, �de picarlos a todos del m�s chiquito al m�s grande�.
Y recordando lo expuesto en l�neas pret�ritas, lo que es un hecho notorio � desde una perspectiva general - acerca del modus operandi, que incluye muertes y desapariciones, en este caso los episodios concretos quedaron corroborados al existir prueba directa acerca de las amenazas previas y de los posteriores homicidios y desapariciones forzadas de varios integrantes de una misma familia, a manos de miembros de una organizaci�n que dentro de sus m�todos inclu�a la intimidaci�n y el amedrentamiento, se enfatiza, por la v�a de homicidios y desapariciones sistem�ticos de personas que comportaban un riesgo para los fines de la empresa criminal.
Ese ese sentido, tambi�n es dable sostener, que el plan para dar con el paradero de David Sarmiento Villamil, no comenz� el 8 de mayo de 2003, d�a en el que fueron aprehendidos los integrantes de su familia, pues como se ha demostrado, antes de ese acontecimiento se hab�an iniciado las actividades del grupo delictivo tendientes a obtener informaci�n que diera con el paradero de su delator (David Sarmiento Villamil); de tal suerte que al no lograr su objetivo inicial, procedieron con la desaparici�n, tortura y asesinato de los integrantes de la familia Sarmiento, como parte esencial del modus operandi de los grupos paramilitares que ejercieron control militar y pol�tico en el territorio colombiano, entre los que se encuentra el Bloque Tayrona, con dominio territorial y militar en los departamentos de Magdalena y La Guajira.
Para corroborar lo anterior, es bien relevante acotar que la existencia de las amenazas no se obtiene a partir de prueba de o�das o de referencia, sino de prueba directa, esto es, de la atestaci�n rendida en la actuaci�n procesal por parte del se�or Wilmer Sarmiento Villamil; y con esto se cierra el paso a cualquier tipo de reproche consistente en que la decisi�n de esta Sala se fundamenta exclusivamente en testimonios de o�das o de mero contenido referencial; y del mismo modo, la valoraci�n probatoria que en este segmento se est� efectuando, sirve para sustentar que nos encontramos ante un n�mero plural de indicios que por s� solos ser�an suficientes para arrimar al juicio de reproche; se expone lo anterior por cuanto, la doctrina del derecho probatorio es convergente en que, para cimentar la sentencia condenatoria en prueba indiciaria se requiere de un n�mero plural de indicios.
Esta exigencia es cierta y razonable, s� y solo s� no se han allegado al proceso otros medios de conocimiento y solo se cuente con la aludida prueba de indicios; a este razonamiento se llega luego de considerar que ni jurisprudencial ni legalmente se ha establecido una tarifa negativa para la prueba de indicios cuando estos van acompa�ados de otras pruebas; pero, en gracia de discusi�n, la construcci�n indiciaria de que da cuenta esta sentencia no adolece del requisito de pluralidad, y encuentran su refuerzo y complemento en las pruebas directas de contenido testimonial obrantes en el proceso.
De contera tenemos entonces, que el testimonio de Wilmer Sarmiento Villamil, en su condici�n de prueba directa, indica que es m�s probable que no, que el se�or H�ctor Villa, sea penalmente responsable de la comisi�n de los hechos en los que 9 integrantes de la familia Sarmiento, fueron asesinados, torturados, y desaparecidos y otros m�s, fueron desplazados.
Pero hay un segmento de la declaraci�n de indagatoria rendida por RESTREPO VILLA, que la Sala no debe soslayar con el fin de acreditar a�n m�s la existencia de indicios de responsabilidad, en su contra. Recordemos que al ser interrogado sobre los hechos, respondi�: �(�) yo cuando eso pas�, ese caso, yo me encontraba en mi casa, mi casa queda en PUERTO NUEVO, pegadito al corregimiento de GUACHACA, en esos diitas me hab�a retirado de la organizaci�n, era la de HERN�N GIRALDO SERNA�.
De esta manifestaci�n se logra construir otro indicio que lo vincula a�n m�s con la comisi�n de los delitos que le fueron endilgados: El de presencia en el lugar de los hechos. Para la Sala qued� probada, como presupuesto necesario, la existencia de los hechos delictivos. Luego, es preciso probar que el acusado se encontraba en el lugar del delito al tiempo de cometerse o al menos en sus inmediaciones.
Si el imputado reconoce esta presencia, es un eslab�n que ya queda capitalizado, pudiendo pasarse a la acreditaci�n de los otros extremos, como ser su autor�a� En otro interregno de su injurada, el procesado aporta informaci�n a�n m�s comprometedora que lo vincula no solo con el conocimiento del plan criminal, sino con la real y efectiva participaci�n en su perpetraci�n o ejecuci�n, veamos: �(�) el que estaba al mando de eso, era el comandante difunto WALTER, no le s� los apellidos, con toda sinceridad le digo, que yo no tengo nada que ver con eso, tengo testigos gente que puede decir que si tuve o no tuve nada que ver con eso, con el FLACO VENGOECHEA y el GORDO ELISEO, alias los MACROBIOS, uno est� muerto y otro est� extraditado, el MACROBIO extraditado es un peladito�.
Sobre este aspecto habr� de decir la Sala que no se aviene con las reglas de la experiencia que una persona que niega su participaci�n en los hechos, est� en la capacidad de decir los nombres y/o alias de cada una de los sujetos que si hicieron presencia en el teatro de los acontecimientos y materializaron o ejecutaron los graves delitos ya rese�ados.
Lo que se desprende o se infiere es que por haber estado en el sitio en el momento mismo en que se masacraba a la familia Sarmiento y por haber intervenido directamente en el plan criminal, alias �Papel� est� en la posibilidad de relacionar a �El FLACO VENGOECHEA�, �EL GORDO ELISEO� y �LOS MACROBIOS�, personas estas que de acuerdo con otros medios de prueba es cierto que estuvieron de cuerpo presente en el lugar del il�cito y, se insiste, esta informaci�n tan sensible solo puede ser conocida por quienes han intervenido en el plan criminal y prestado su concurso para su concreci�n material.
Este an�lisis permite desvirtuar con mayor �nfasis que para la fecha de los hechos el ahora procesado todav�a hac�a parte de la organizaci�n criminal, pues tampoco se entiende que un miliciano o patrullero o integrante ya retirado de la estructura delincuencial, pudiera tener acceso a informaci�n tan sensible relacionada con la comisi�n de hechos de tan grave naturaleza, m�xime que era caracter�stica de los grupos paramilitares actuar con total contundencia y reserva en sus operaciones, en procura de cometer sus cr�menes sin posibilidad de yerro alguno; al menos as� dan cuenta las estad�sticas y/o cubrimientos period�sticos de conocimiento p�blico, en lo que ata�e a las matanzas cometidas por estos grupos delincuenciales; a guisa de ejemplo, las masacres de �EL SALADO�, �EL ARO�, �MAPIRIP�N� �MACAYEPO�, entre otras Pero es m�s, recordemos que a DAVID SARMIENTO las autodefensas lo buscaban para matarlo, precisamente por haber aportado informaci�n a la Polic�a Antinarc�ticos sobre las actividades de tr�fico de estupefacientes llevadas a cabo por la organizaci�n liderada por Hern�n Giraldo Serna; luego entonces, no se aviene con las reglas de la experiencia que un paramilitar ya retirado se atreva a criticar, desautorizar o pretenda oponerse a una orden dada por los jefes de la organizaci�n criminal, o peor a�n, que haya tenido la osad�a de avisar a miembros de la familia Sarmiento del plan que se estaba fraguando en su contra, a sabiendas de la manera como la organizaci�n delincuencial actuaba contra �los sapos�, calificativo este que le hab�an dado a David Sarmiento, por las razones ya expuestas.
Si bien es cierto que en p�rrafos subsiguientes se har� alusi�n al fen�meno jur�dico de la coautor�a, se hace pertinente - a manera de pre�mbulo -, afianzarnos del criterio jurisprudencial trazado por la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia sobre esta materia; en efecto, ha reiterado esa Corporaci�n desde hace mucho tiempo, que �(�) cuando varias personas conciertan libre y voluntariamente la realizaci�n de un mismo hecho (conducta) punible, con distribuci�n de funciones en una id�ntica y compleja operaci�n delictiva, de tal manera que cada uno de ellos ejecuta una parte diversa de la empresa com�n,� todos tienen la calidad de coautores, por ello act�an con conocimiento y voluntad� para la producci�n del resultado com�nmente querido o por lo menos aceptado como probable�. Pero en gracia de discusi�n, se itera, s�lo en gracia de discusi�n, y sin que por esto entre la Sala en contradicciones de tipo argumentativo, as� el acusado no haya hecho presencia en el lugar de los acontecimientos, lo cual no es cierto, por cuanto s� estuvo presente, por las razones que ya quedaron expuestas, del mismo conocimiento que este ten�a acerca del plan criminal existente para extinguir la vida de toda la familia Sarmiento - �desde el m�s chiquito hasta el m�s grande� y sin que hubiese hecho nada por evitarlo, pues sus manifestaciones exculpatorias, en este sentido son en grado sumo falaces -, se infiere su autor�a desde la perspectiva del plan de autor, pues con todo y que recalc� en su indagatoria que su labor era la propia de un patrullero, esta denominaci�n o �cargo� que dice haber tenido, no minimiza la importancia que ostentaba dentro de la organizaci�n criminal, y as� se desprende de la informaci�n sensible a la cual ten�a acceso; y tan reconocido era dentro de la estructura delincuencial, que el mismo comandante del Bloque Tayrona, Hern�n Giraldo Serna, se refiere a �l de una manera tal que permite inferir a esta Sala de Decisi�n que el acusado no era un �simple patrullero�; recordemos que el propio Giraldo Serna adujo que �(�) En este caso el se�or Restrepo villa no tuvo nada que ver con estos hechos, quien tuvo que ver en estos hechos m�s que todo fue el se�or Walter torres L�pez (�) �Estoy seguro de que el se�or llamado papel perteneciente al grupo autodefensas no tuvo nada que ver en estos hechos pertenecientes a la familia sarmiento�.
Sobre este aspecto debe tenerse en cuenta que un comandante, que se encuentra de primero en la l�nea de mando, no est� en la posibilidad de conocer a todos los integrantes de la estructura criminal - para los efectos que ocupan nuestra atenci�n aludiremos al Bloque Tayrona - lo cual es acorde con las reglas de la experiencia, pero cuando se refiere con toda precisi�n al nombre y alias de uno de sus hombres bajo su mando, tal aseveraci�n permite ubicar a dicha persona, en este caso a Restrepo Villa, en un contexto privilegiado de poder en el Bloque, puesto que se insiste, es entendible que un cabecilla no conozca los nombres de todos sus subordinados, pero cuando ocurre lo contrario, se enfatiza, tal circunstancia permite inferir - en consonancia con todo el contexto probatorio -, que el �simple patrullero� no es tal, sino que goza de respeto, representaci�n y autoridad en la asociaci�n criminal, y esta intelecci�n de la Sala tiene su sustento en que cuando las eventuales v�ctimas acuden a pedir clemencia a una organizaci�n delictiva, no abordan a un miembro cualquiera carente de poder, liderazgo o representaci�n; todo lo contrario, procuran presentarse, como ocurri� en este caso, ante alguien con capacidad de abortar, conjurar o reversar, la orden macabra de extinguir las vidas de todos los integrantes de una misma familia; remembremos una vez m�s que el testigo Wilmer Sarmiento Villamil adujo que acudi� directamente a Restrepo Villa y no que este acudi� ante �l, como lo quiso hacer ver falazmente el acusado; todo lo anterior permite ubicar a Restrepo Villa alias �Papel� en el plan de autor; sobre este aspecto y en lo que tiene que ver con la forma particular de intervenci�n criminal de un procesado, ha explicado la Corte Suprema de Justicia, que �(�) se destaca la afluencia de varios principios para entender el concurso de personas dentro de la instituci�n de la coparticipaci�n criminal, a saber, el de la�ejecutividad, entendida �sta como la exteriorizaci�n de la conducta, m�nimo hasta el grado de la tentativa, de la�identidad, de manera que en torno a una misma empresa delictiva se aglutinen los part�cipes, la�convergencia�dolosa, el cual supone el acuerdo de voluntades y de la�divisi�n de trabajo�como efecto de lo concertado y concretado.
Si de la intervenci�n as� convenida, se pod�a deducir la �realizaci�n de una misma y compleja operaci�n delictiva�, esta forma de participaci�n ten�a que ser calificada como de autor. (�) Es factible que la teor�a objetivo-formal de la��realizaci�n��del hecho o de la conducta punible,� resulte adecuada para resaltar al autor unitario, no as� al plural, puesto que en muchos casos de� coautor�a el coautor no interviene en actos de ejecuci�n, en el sentido objetivo-formal, como sucede, por ejemplo, con el organizador de un plan delictivo que est� presente en la direcci�n de la ejecuci�n, pero no materialmente en ella.
Su colaboraci�n y aporte es de vital importancia, sin duda, pero no es ejecutiva desde el punto de vista objetivo-formal. Sin embargo, es un coautor, porque dentro de la divisi�n de trabajo que complementa el concepto de autor, su participaci�n es importante, porque est� comprendida dentro del�plan de autor, como as� lo admite la doctrina, tanto nacional como comparada�. Siguiendo el hilo conductor trazado, es momento de efectuar algunas conclusiones obtenidas hasta el momento, en punto de valoraci�n probatoria. 7.7 RECAPITULACIONES SOBRE LA RESPONSABILIDAD PENAL DEL ACUSADO DE ACUERDO CON LA VALORACI�N PROBATORIA REALIZADA.
De acuerdo con los puntos objeto de apelaci�n, la Sala emprendi� una labor de valoraci�n probatoria, que no fue hecha por el Juez unipersonal de primera instancia o que se realiz� de forma deficiente, la cual trajo como consecuencia que se deba revocar la sentencia absolutoria objeto de apelaci�n. En virtud de tal labor se llegaron a los siguientes razonamientos: Las declaraciones del acusado desconocen los principios de la l�gica y las m�ximas de la experiencia, lo que permite afirmar que son mendaces y constituyen un indicio de mala justificaci�n en su contra, en tanto no es cre�ble que al momento de los hechos no perteneciera al Bloque Tayrona de las AUC, m�xime cuando de forma indirecta reconoci� que d�as antes de que los mismos acaecieran, en su condici�n de patrullero, se atrevi� a decirle a un comandante que estaban actuando mal.
Tampoco es veros�mil, que luego de su retiro de la organizaci�n se haya quedado viviendo en la misma zona en la que otrora ejerci� control militar. En igual sentido, se debe afirmar que dista de las reglas de la experiencia, que sin pertenecer a las AUC, uno de los comandantes de dicha organizaci�n le haya pedido su concurso en los hechos perpetrados en contra de los Sarmiento.
De la intelecci�n anterior y de los hechos consistente en que (a) Hern�n Giraldo Serna, haya expresado que el acusado s� pertenec�a a la organizaci�n de la que era m�ximo comandante, (b) que Eliceo Beltr�n Cadena, testigo directo de los hechos como perpetrador, haya afirmado que en el acto de aprehender a los 9 miembros de la familia Sarmiento participaron 9 sujetos incluy�ndolo a �l y que, tambi�n participaron otras personas que no recordaba, (c) que varios testigos de o�das, afirmaron que el se�or Restrepo Villa hab�a intervenido en el operativo llevado a cabo por las AUC en contra de la familia Sarmiento, (c) del hecho notorio que para el mes de mayo de 2008, el Bloque Tayrona de las AUC violaba sistem�ticamente el derecho internacional humanitario y los derechos humanos y, (d) Que Wilmer Sarmiento Villamil, haya sido testigo directo y receptor de sendas amenazas e intimidaciones realizadas por el acusado, se infiere necesariamente y en grado de certeza, que el se�or H�ctor Antonio Restrepo Villa no solo particip� en la imputaci�n f�ctica que se le hizo en la resoluci�n de acusaci�n, sino que le asiste responsabilidad penal por las conductas punibles en las que �stos se adec�en.
Es m�s, la pertenencia del acusado para la fecha se�alada a la AUC, junto al modus operandi de dicha organizaci�n y las reglas de experiencia, tambi�n nos permiten inferir de forma razonable la participaci�n de H�ctor Antonio Restrepo Villa en la perpetraci�n de los hechos bajo examen; pues de igual manera se aviene con las reglas de la experiencia que en virtud de la sumisi�n a la cadena de mando, pero con cierta representavidad en atenci�n a los razonamientos expuestos, los llamados patrulleros que hac�an parte del Bloque respectivo de la organizaci�n deb�an ejecutar las �rdenes que impart�an sus superiores; de tal suerte que al haberse demostrado plenamente que el acusado era miembro de las AUC y que seg�n su dicho, hac�a labores de limpieza y transporte como chofer, se muestra razonable su participaci�n en la ubicaci�n, transporte al lugar da la retenci�n, desaparici�n, tortura y muerte de los integrantes de la familia Sarmiento; m�xime, cuando de acuerdo con el relato de Wilmer Sarmiento - en su condici�n de testigo directo de las amenazas -, inclusive antes de la fecha de la aprehensi�n de los integrantes de su familia, el acusado H�ctor Antonio Restrepo Villa lo intimid� para obtener informaci�n sobre su consangu�neo David Sarmiento; esta informaci�n aportada por el testigo en todo su contexto, permiten aseverar que era parte del plan criminal - del cual el procesado ten�a conocimiento � consistente en extinguir la vida de todos los miembros de este n�cleo familiar � y como se dijo, esta amenaza tiende a corroborar los dichos de o�das, de los cuales se desprende que Restrepo Villa particip� directamente en el operativo criminal que termin� con la masacre de la familia Sarmiento.
7.7.1. ALGUNAS PRECISIONES RELACIONADAS CON LA CONSTRUCCI�N INDICIARIA REALIZADA POR ESTA SALA DE DECISI�N. Vale la pena, como complemento de lo ya expuesto, anticiparnos a cualquier cr�tica que pueda recaer sobre nuestra construcci�n indiciaria, pues se podr�a argumentar por parte de la Defensa que los indicios de mentira, de mala justificaci�n, de presencia en el lugar de los hechos y de amenaza comportan un solo lo indicio.
Estimamos que de ninguna manera afectamos el principio de unidad de indicio, que rechaza, en el plano l�gico, la divisi�n del hecho indicador. �(�) Sin embargo, la doctrina est� dividida en cuanto a la naturaleza de la prueba exigible para demostrar el hecho indicador. Algunos afirman que debe estar demostrado por prueba directa, de manera que un indicio no puede ser la prueba de otro indicio.
(�). Al respecto, Devis Echand�a Sostiene que bien con un indicio necesario o con varios indicios graves, precisos y concordantes, un indicio puede adquirir car�cter de plena prueba en cuanto a un determinado hecho. Este autor cita como ejemplo, el caso del hecho indiciario de enemistad grave del imputado o sindicado con la v�ctima de un homicidio.
Ese hecho puede aparecer demostrado por otros indicios plenamente demostrados, que hagan inferir con certeza aquella enemistad, por ejemplo, injurias graves cruzadas una vez, agresi�n de hecho ocurrida en otra ocasi�n, amenazas serias producidas en otro momento, etc.� Igual posici�n sostiene Reyes Alvarado, cuando indica que tanto los indicios necesarios suponen una conclusi�n absolutamente cierta a partir de premisas verdaderas e indiscutibles, como los indicios no necesarios, cuando son valorados en conjunto pueden alcanzar categor�a de plena prueba, y por ende demostrar de forma irrefutable un hecho indicador. La doctrina m�s moderna sostiene en cambio, que no existen razones v�lidas para sostener que el indicio no pueda ser demostrado con otros indicios.
Con todo, acogeremos, en principio, la tesis referida a la unidad de indicios, aunque aceptamos que respecto de algunos indicios, es posible la derivaci�n de otros, que de todas maneras guardan coherencia, en clave de demostrar la responsabilidad del procesado HECTOR ANTONIO RESTREPO VILLA en la comisi�n de las conductas por las cuales se acus� por parte de la Fiscal�a. Vayamos primeramente a la definici�n de hecho: Est� aceptado pac�ficamente que es �un fragmento de la realidad demostrable por circunstancias de tiempo, modo, lugar y persona�.
Luego, si tomamos como fundamento esta definici�n, es claro que todas y cada una de las construcciones indiciarias arriba se�aladas � salvo las referidas a la mentira y a la presencia en el lugar de los hechos - no tienen como com�n denominador el mismo hecho (o fuente), toda vez que es evidente que hubo un conjunto de hechos indicadores claramente diferenciables en el tiempo, en el modo y en el espacio.
En cuanto a las personas, el juicio l�gico realizado tuvo como uno de sus presupuestos la informaci�n aportada por un n�mero plural de sujetos, entre los que se encuentra el procesado, y de esa informaci�n se deriv� una serie de inferencias, para arrimar a la existencia del hecho desconocido, esto es, la participaci�n del procesado en las conductas investigadas. 7.7.2 DE LAS VARIAS CLASES DE INDICIOS QUE SE CONSTRUYEN CON BASE EN LA VALORACI�N DE LAS PRUEBAS OBRANTES EN LA ACTUACI�N PROCESAL.
El indicio de amenazas.- La acreditaci�n del indicio de amenazas no tiene su origen en otra prueba indiciaria, como quiera que tiene su fuente en prueba directa; esto es, en la declaraci�n jurada rendida por Wilmer Sarmiento Villamil, quien dio cuenta de las expresiones lanzadas por el procesado, consistentes en que matar�an y picar�an a todos los miembros de su n�cleo familiar, �desde el m�s chiquito hasta el m�s grande�.
Lo que en efecto ocurri�, aunque parcialmente, si se recuerda que varios integrantes de esa familia, entre ellos dos menores de edad, sucumbieron ante el poder letal del Bloque Tayrona, en tanto que otros lograron huir a diferentes regiones de la geograf�a nacional y al vecino pa�s de Venezuela. Y aqu� es interesante, por sus efectos probatorios, asimilar - en cuanto a sus consecuencias -, la expresiones �picar� e �incinerar� las que aunque no se desconoce que presentan diferencias desde lo sem�ntico y/o gramatical, es claro que en el contexto criminal en que ocurrieron los hechos, tales expresiones son constitutivas de una misma finalidad: borrar cualquier huella que comprometiera a la organizaci�n delincuencial con la muerte y desaparici�n de los miembros de la familia Sarmiento.
Valoremos del mismo modo la expresi�n del acusado, consistente en que la orden era la �de picarlos a todos del m�s chiquito al m�s grande�. Esta manifestaci�n tiende a corroborar que tal amenaza estaba destinada a cumplirse al pie de la letra, si consideramos que la organizaci�n delincuencial dio muerte a dos menores de edad, integrantes de la familia Sarmiento.
Se insiste nuevamente, a diferencia de la justificaci�n del acusado, ning�n �nimo de benevolencia, altruismo o conmiseraci�n se advierte en su injurada, pues si recordamos una vez m�s la estrecha relaci�n existente entre Hern�n Giraldo Serna y el procesado Restrepo Villa, de haber sido cierto que mostr� su inconformidad con la orden emitida, esta hubiese sido tenida en cuenta; pero contrario sensu, la susodicha orden se cumpli� de una manera tal que �integrantes de la familia Sarmiento fueron masacrados, �desde los m�s chiquitos, hasta los m�s grandes� excepci�n hecha de algunos que pudieron escapar de la muerte, con la intervenci�n de las autoridades judiciales.
Y la estrecha relaci�n acabada de aludir entre el m�ximo comandante del Bloque Tayrona y el procesado tiene uno de sus fundamentos en el af�n rec�proco y solidario de exculparse, como quedara documentado en otros espacios argumentativos precedentes. Ahora bien, las amenazas efectuados por el procesado al testigo Wilmer Sarmiento Villamil, ostentan el car�cter de indicio necesario, si se tiene en cuenta que luego de tales manifestaciones, efectivamente los consangu�neos del declarante fueron localizados, retenidos, torturados, muertos e incinerados con el fin de borrar todo rastro acerca de su paradero.
Y desde esta perspectiva, siguiendo la doctrina especializada, los indicios necesarios son aquellos que por s� solos pueden llevar a la certeza de la existencia del hecho investigado. �(�) En este sentido Dei Malatesta los define como aquellos que revelan en forma cierta una causa determinada y que se fundan en una relaci�n constante de causalidad, son sumamente raros de observar y, de existir, se basar�n principalmente en reglas t�cnicas o cient�ficas que lleven a que, de un solo indicio, se derive una conclusi�n inequ�voca�.
Y para darle la categor�a de indicio necesario a las amenazas proferidas por el procesado RESTREPO VILLA, las que en efecto se concretaron, nos afianzamos en una regla de la experiencia consistente en el poder avasallador de los grupos paramilitares en Colombia, cuyos cabecillas y dem�s integrantes en efecto cumpl�an con todo arrojo y determinaci�n con las amenazas proferidas en contra de la poblaci�n civil; de no ser as�, las estad�sticas no dar�an cuenta del grueso n�mero de masacres cometidas por estas estructuras criminales, a lo largo y ancho del territorio nacional.
Pero aun as�, en gracia de discusi�n, tal indicio, en el evento en que la tesis planteada no sea de recibo, no podr�a tener una categor�a inferior a la de indicio contingente grave, que sumado a los otros indicios ya documentados, conllevan a una misma conclusi�n: el procesado debe responder como coautor de los delitos investigados, por hacer parte del plan criminal, trazado con toda precisi�n por el Bloque Tayrona de las autodefesas.
Recordemos para este menester, que el indicio es grave o vehemente cuando el hecho indicador se perfila como la causa m�s probable del hecho indicado, y no hay que hacer un mayor esfuerzo para indicar que el n�mero plural de este tipo de indicios, valorados de manera conjunta con las pruebas directas, resultan m�s que suficientes para desembocar en un juicio de reproche en contra del procesado RESTREPO VILLA.
Los indicios de mentira y/o de mala justificaci�n. Aqu� se asevera que estos se extraen de la propia declaraci�n rendida por el procesado - recordando que procesalmente la indagatoria es medio de defensa y medio de prueba -, en cuanto a que para la fecha de los hechos no pertenec�a a la organizaci�n delictiva, pese a contar con informaci�n precisa y sensible que solamente un miembro activo - y con representatividad - en el Bloque paramilitar podr�a tener en su poder, como por ejemplo, la orden impartida de exterminar a todos los integrantes de la familia Sarmiento; el m�vil y tambi�n el modo escogido por la empresa criminal para llevar a cabo tales prop�sitos.
Pero tambi�n tiene su asidero este indicio en la declaraci�n jurada por Hern�n Girlado Serna, quien admiti� que el procesado a�n hac�a parte de la estructura criminal, recordemos su dicho sobre esta particular circunstancia: �Estoy seguro de que el se�or llamado papel perteneciente al grupo autodefensas no tuvo nada que ver en estos hechos pertenecientes a la familia sarmiento�.
El indicio de presencia, si recordamos que en p�ginas ya superadas, igualmente tiene su base en lo expuesto por el mismo procesado quien admiti� que para la fecha de los hechos: �(�) me encontraba en mi casa, mi casa queda en PUERTO NUEVO, pegadito al corregimiento de GUACHACA�. As� las cosas, se logr� probar, por as� haberlo admitido el propio Restrepo Villa, que este se encontraba en el lugar del delito al tiempo de cometerse o al menos en sus inmediaciones.
Luego entonces, al haberse reconocido por parte del procesado su presencia en el teatro de los acontecimientos, tal aseveraci�n � parafraseando al autor citado en l�neas superadas � por si sola se constituy� en un eslab�n que qued� capitalizado, pudiendo pasarse a la acreditaci�n de los otros extremos, como ser su autor�a�. El indicio del m�vil que se colige de la declaraci�n rendida por Eliseo Beltr�n Cadena, alias �El Gordo�, Este �ltimo acept� haber intervenido en la retenci�n y posterior asesinato de los miembros de la familia Sarmiento y dio cuenta que estos delitos se habr�an cometido porque David Sarmiento aport� informaci�n a las autoridades policiales, sobre las actividades delictivas del Bloque Tayrona, relacionadas con el narcotr�fico.
Indicio del m�vil referido a la venganza.- Si se considera que la organizaci�n criminal pretend�a localizar a David Sarmiento, con el fin de ajusticiarlo, por las razones ya expuestas; al no lograr este cometido se tom� venganza en contra de su familia, con los cruentos resultados ya mencionados. Este indicio se deriva de las manifestaciones que le habr�a hecho alias, �El gordo� al se�or Wilmer Sarmiento Villamil.
Indicio de encubrimiento.- Si recordamos el af�n rec�proco que se advirti� en las declaraciones del acusado y del comandante del Bloque Tayrona, Hern�n Giraldo Serna; es de anotar que el acusado, sin que se le hiciera pregunta alguna sobre el conocimiento y participaci�n de Giraldo Serna en los hechos, expuso motu proprio en su declaraci�n y en un claro af�n de marginar a su Jefe de los hechos, que alias Walter �(�) hizo eso sin orden, el no pidi� conocimiento para hacer eso, hasta por cierto le dije que no estaba de acuerdo con eso, no le gust� mucho pero como no se puede hacer, hasta por cierto el se�or Hern�n Giraldo no tiene nada que ver con esa orden que �l dio�.
A su vez, Giraldo Serna en una palmaria muestra de solidaridad rec�proca expuso que �(�) En este caso el se�or Restrepo villa no tuvo nada que ver con estos hechos, quien tuvo que ver en estos hechos m�s que todo fue el se�or Walter torres L�pez (�) �Estoy seguro de que el se�or llamado papel perteneciente al grupo autodefensas no tuvo nada que ver en estos hechos pertenecientes a la familia sarmiento�.
Pero adem�s de lo anterior, como qued� motivado en otro interregno de esta providencia, inadvertidamente Giraldo Serna aport� informaci�n que echa por tierra lo expuesto por el procesado RESTREPO VILLA, en cuanto a que para la fecha de los hechos este no pertenec�a al Bloque Tayrona, as� se infiere y en esto queremos ser reiterativos, de la expresi�n � �(�) el se�or llamado papel perteneciente al grupo de autodefensas no tuvo nada que ver con estos hechos (�)� El indicio de capacidad para delinquir.
Acreditada como est� la pertenencia del procesado al Bloque Tayrona para la fecha de los hechos - lo cual se obtuvo de la declaraci�n de Hern�n Giraldo Serna y del an�lisis de la propia indagatoria que rindiera el acusado y del testimonio rendido por Wilmer Sarmiento Villamil, es claro que este, por el hecho de hacer parte de las filas de esa estructura delictiva, estaba en plena capacidad de cometer los cr�menes que le endilga la Fiscal�a. Es claro que este tipo de comportamientos dif�cilmente puede ser ejecutado por un solo autor, pues como qued� sustentado, se requiri� de un grupo de hombres que se encargaron de la ubicaci�n, aprehensi�n, transporte en veh�culos automotores, custodia, tortura, muerte y posterior incineraci�n de un n�mero plural de v�ctimas.
Y en estas tareas aludidas es clara la pericia o capacidad del acusado quien reconoci� en su injurada que una de las actividades que desarroll� en el Bloque, del cual hac�a parte, fueron las de �limpieza� y transporte, veamos: �Yo trabajaba con la organizaci�n (�), era urbano, yo hac�a limpieza y toda esa vaina� (�) cuando entr�, entr� como chofer, despu�s me fui retirando poco a poco, estuve como RADIO CHISPA, manejando radios de pueblo a pueblo, en inteligencia contra la subversi�n�.
Se hace hincapi� en que los indicios ya aludidos son graves, como quiera que en el presente caso materia de juzgamiento penal, los hechos indicantes se perfilan como las causas m�s probables del hecho indicado. Alrededor de esta tem�tica, se ha pronunciado la Sala Penal de Corte Suprema de Justicia, al ense�ar que �Los indicios pueden ser necesarios cuando el hecho indicador revela en forma cierta o inequ�voca, la existencia de otro hecho a partir de relaciones de determinaci�n constantes como las que se presentan en las leyes de la naturaleza; y contingentes, cuando seg�n el grado de probabilidad de su causa o efecto, el hecho indicador evidencie la presencia del hecho indicado.
Estos �ltimos, a su vez, pueden ser calificados como graves, cuando entre el hecho indicador y el indicado media un nexo de determinaci�n racional, l�gico, probable e inmediato, fundado en razones serias y estables, que no deben surgir de la imaginaci�n ni de la arbitrariedad del juzgador, sino de la com�n ocurrencia de las cosas; y leves, cuando el nexo entre el hecho indicador y el indicado constituye apenas una de las varias posibilidades que el fen�meno ofrece�.� Y en otro de los pronunciamientos de ese Tribunal de cierre se ha expuesto, en lo que ata�e a la valoraci�n tendiente a calificar la importancia o el peso del indicio, que �Se trata de una simple ponderaci�n l�gica que permite al funcionario judicial asignar el calificativo de grave o vehemente al indicio contingente cuando el hecho indicante se perfila como la causa m�s probable del hecho indicado; de leve, cuando se revela s�lo como una entre varias causas probables, y podr� darle la menguada categor�a de lev�simo cuando deviene, apenas, como una causa posible del hecho indicado�.
Por �ltimo, en lo que tiene que ver con la acreditaci�n del indicio, consideramos que esta Corporaci�n ha cumplido con las reglas trazadas por la jurisprudencia y la doctrina, en cuanto a sus requisitos, por cuanto: 1) Se demostr� la existencia de varios indicios, 2) Los hechos indiciarios est�n acreditados mediante prueba directa; 3) Entre el hecho o hechos demostrados (indicios) y aquel que se declar� probado, existe una conexidad precisa y directa seg�n las reglas del criterio humano, 4) La Sala de Decisi�n explicit� en la Sentencia el razonamiento en virtud del cual, partiendo de los indicios o extremos directamente relacionados en la actuaci�n penal, lleg� a la conclusi�n de la certeza del hecho desconocido, esto es la participaci�n del procesado en los diversos delitos cometidos en contra de la familia Sarmiento. 7.8 ACERCA DE LOS DELITOS EN PARTICULAR ATRIBUIDOS AL PROCESADO;
DEL MOMENTO DE INTERVENCI�N DEL ACUSADO EN LOS HECHOS Y DE LA COAUTOR�A AL INTERIOR DE APARATOS ORGANIZADOS DE PODER. Siguiendo con el an�lisis jur�dico propuesto n�tese c�mo, desde que se inici� con el estudio de la prueba indiciaria que conducir�a a la revocatoria de la providencia censurada, se ha sostenido que el acusado es penalmente responsable de los hechos bajo examen; empero, no se ha especificado, como es deber de la Sala, cu�les y a qu� conductas punibles se adec�an los hechos atribuidos a Restrepo Villa.
No obstante, debe resaltarse que lo afirmado en el p�rrafo inmediatamente anterior, obedece a razones meramente metodol�gicas que propenden porque la providencia sea lo m�s explicativa posible, pues en el ac�pite siguiente se realizar�n las disquisiciones correspondientes, primero sobre el medio de prueba que demuestra la fase del camino criminal en el que intervino el acusado; es decir, en qu� hechos prest� su concurso y segundo, sobre su forma de intervenci�n, ya ser� como c�mplice o como coautor, entendiendo la pluralidad de sujetos activos.
Esta corporaci�n, de conformidad con lo que se ha venido sosteniendo, le hall� raz�n al promotor del recurso de alzada, en cuanto a que de los elementos materiales de prueba obrantes en la actuaci�n, se pod�a erigir una sentencia condenatoria en contra del acusado, o lo que es igual, que era procedente revocar la decisi�n absolutoria de primer grado.
Ahora bien, tal y como se dijo en los p�rrafos antecedentes, cuando se trata de conductas punibles como las que se estudian, cuyos sujetos activos son integrantes de aparatos organizados de poder, la �cuesti�n� probatoria se torna especialmente compleja, en atenci�n a que el accionar de estos grupos se caracteriza por la eliminaci�n o intimidaci�n de los testigos- situaci�n que se prob� en el presente asunto, a trav�s del testigo directo Wilmer Sarmiento Villamil- y la desaparici�n de las evidencias, entre otras formas de obstaculizar la labor de la justicia; en otras palabras su proceder delictivo est� caracterizado por la clandestinidad y por el empe�o ostensible en que sus actos delincuenciales queden en la absoluta impunidad, de ah� que haga parte de su modus operandi la intimidaci�n de sus v�ctimas y la desaparici�n de sus cuerpos en aquellos eventos en que se les causaba la muerte.
La situaci�n descrita resulta evidente en el caso bajo examen pues algunas v�ctimas que fueron testigos directos de los hechos, no pudieron reconocer a todos los victimarios porque ten�an los rostros cubiertos, otros testigos fueron asesinados y la �nica persona que confes� de forma plena su participaci�n, sostuvo no recordar a todas las personas que lo acompa�aron, sin descartar de plano que otras no mencionadas por �l, hayan intervenido directamente en su ejecuci�n material.
Partiendo de esos presupuestos, la labor consistente en determinar si el acusado, prest� su concurso, no solo a trav�s de la intimidaci�n de Wilmer Sarmiento Villamil, sino en la totalidad de los hechos sub examine, revisti� una dificultad evidente, pero no insalvable si acogemos las recomendaciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que quedaron explicitadas en renglones ya superados.
Es as� como de la declaraci�n de Eliseo Beltr�n Cadena, confrontada con el resto del caudal probatorio, se infiere que H�ctor Restrepo Villa al�as �Papel�, fue una de las personas que de forma violenta sustrajeron a los nueve (9) miembros de la familia Sarmiento de sus respectivas viviendas y los transportaron hasta el lugar conocido como Casa de Tabla, sitio en el cual, con posterioridad, fueron asesinados.
Recordemos el segmento correspondiente de esa declaraci�n: �PREGUNTADO: con base en respuesta anterior usted manifiesta que fueron casa por casa y los sacaron y los echaron en carros, diga cuantos y los nombres de quienes participaron en esas labores con usted. CONTEST�: En esa ejecuci�n de los que yo me acuerdo participamos EL FLACO VENGOECHEA, LOS MACROBIOS, BOCA DE MULO, EL GUAJIRO, LALO, EL IMBECIL, SAMUEL CARVAJAL y YO.
S� que hubo m�s gente en la captura, pero en la ejecuci�n estuvimos esos que nombr�.� (Negrillas y subrayas nuestras) Luego, tomando como base los planteamientos de �ndole probatorio que se hicieron, se sostiene una vez m�s, por la v�a del testimonio directo y del indicio, que una de esas personas que sacaron de forma violenta a las v�ctimas fue el acusado, destacando que probablemente pudo haber extendido su participaci�n a actos posteriores, inclusive hasta el momento de la ejecuci�n y ocultamiento de los cuerpos en fosas comunes.
Tenemos entonces que, para esta Sala de Decisi�n, en el presente asunto son actos ejecutivos iniciales del punible de tortura en persona protegida, aquellos desplegados por el acusado cuando - junto a otras personas � sustrajeron de sus viviendas a los integrantes de la familia Sarmiento (civiles ajenos al conflicto), amarr�ndolos de las manos y en contra de su voluntad subi�ndolos a unos veh�culos (formas de infligir dolor o sufrimiento), todo esto de acuerdo con las �rdenes y plan urdido por el llamado comandante Walter, con el fin de obtener informaci�n acerca del paradero del joven David Sarmiento Villamil.
Se aclar� que dichas acciones son actos ejecutivos iniciales en el entendido, de que con posterioridad a ellos, los miembros de la organizaci�n criminal perpetraron m�s, tales como �los interrogatorios� que alias Walter les realiz� por varios d�as a los integrantes de la familia retenida. Ahora bien, el anterior an�lisis no quiere significar que el acusado es tan solo responsable penalmente a t�tulo de coautor del punible de tortura en persona protegida; todo lo contrario, seg�n los elementos de la coautor�a impropia que la doctrina mayoritaria y la jurisprudencia la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, los actos en los que se encuentra demostrado que Restrepo Villa intervino, son suficientes para revocar en su totalidad la providencia impugnada y en su lugar condenarlo a t�tulo de coautor de las conductas punibles de desaparici�n forzada agravada, homicidio en persona protegida, desplazamiento forzado y se insiste, tortura en persona protegida.
Destaca una vez m�s la Sala, que no se condenar� por los punibles de concierto por delinquir agravado y hurto calificado agravado, pues respecto de ellos se cesar� el procedimiento. Frente a la coautor�a como especie de la participaci�n, el m�ximo �rgano jurisdiccional en materia penal en Colombia de forma pac�fica ha dicho, �De tiempo atr�s, la jurisprudencia de la Sala tiene decantado que la figura de la coautor�a comporta el desarrollo de un plan previamente definido para la consecuci�n de un fin propuesto, donde cada uno de los part�cipes desempe�a una tarea espec�fica, de forma tal, que responden como coautores por el designio com�n y los efectos colaterales que de �l se desprendan, as� su conducta individualmente considerada no se muestre subsumida en el respectivo tipo penal, pues todos act�an con conocimiento y voluntad para la producci�n de un resultado.
En punto de la participaci�n plural de personas, la Corte ha precisado las diferencias entre la coautor�a propia, que ocurre cuando varios sujetos acuden a la ejecuci�n del injusto, donde cada acci�n es suficiente para producir por s� sola un resultado, y la impropia o funcional, que es la prevista en el aludido art�culo 29-2 del C�digo Penal, en cuanto tiene como coautores a quienes, �mediando un acuerdo com�n, act�an con divisi�n del trabajo criminal atendiendo la importancia del aporte�.
Dicho fen�meno se estructura a partir de tres elementos, a saber, i) una decisi�n com�n al hecho; ii) una divisi�n o reparto de funciones y iii) una contribuci�n trascendente en la fase ejecutiva del injusto.� (Negrillas y subrayas nuestras) As� las cosas, la Sala explicar�, ahora, como los presupuestos de la coautor�a concurren en la conducta desplegada por el acusado, veamos: Decisi�n com�n al hecho: se encuentra demostrado que una vez David Sarmiento Villamil prestara su colaboraci�n a las autoridades como testigo en contra de las AUC, esta organizaci�n emprendi� una cruenta retaliaci�n en contra de �ste, tanto as� que antes de que los integrantes de la familia Sarmiento fuesen desaparecidos, Restrepo Villa en su calidad de militante del grupo paramilitar referido, de forma amenazante le dijo a Wilmer Sarmiento que la orden era �matarlos a todos, desde el m�s grande hasta el m�s peque�o�, situaci�n que denota que exist�a un acuerdo previo entre todos miembros del grupo delincuencial que prestaron su concurso, el cual como es paladino, implicaba obtener informaci�n sobre David Sarmiento Villamil y realizar una vendetta en contra de �ste, acabando con la vida de sus familiares.
Una divisi�n o reparto de funciones: de lo rese�ado por Eliseo Beltr�n Cadena, se logra inferir que las acciones perpetradas en contra de los Sarmiento, fueron ejecutadas de acuerdo con un plan u operativo muy bien elaborado, que implic� una necesaria divisi�n de funciones, en donde algunos conduc�an los veh�culos, otros se encargaban de esperar a fuera de las viviendas, mientras que otros m�s aprehend�an, amarraban y extra�an a las v�ctimas de sus casas para introducirlas, - como es notorio-, de forma violenta, a los veh�culos.
Luego de la aprehensi�n, fueron conducidos a las instalaciones de un colegio, en donde permanecieron amarrados y fueron sujetos a interrogatorios por parte de uno de los comandantes de la organizaci�n, hasta que al d�a tercero de haber sido retenidos y encontrarse por fuera de la protecci�n del Estado, fueron asesinados 4 personas y al d�a siguientes, las 5 restantes, procediendo con posterioridad a ocultar los cuerpos en fosas.
Una contribuci�n trascendente en la fase ejecutiva del injusto: para explicitar de mejor manera porqu� la contribuci�n del acusado en la etapa ejecutiva del injusto, fue esencial, la Sala se permite dividir en dos momentos la unidad f�ctica o el universo f�ctico que se subsume en los supuestos de hecho de los tipos penales atribuidos al actor; el primero comprendido entre la extracci�n de las v�ctimas de sus hogares, hasta cuando fueron retenidos en un colegio de la vereda Casa de Tabla y el segundo, comprendido desde la llegada de las v�ctimas a las instalaciones del centro educativo, hasta cuando los cuerpos sin vida de las v�ctimas fueron ocultados en fosas comunes.
Todo esto, con el fin de dar a entender que si se suprime mentalmente el primero de los momentos el segundo no hubiese ocurrido, as� como tambi�n, que sin el concurso del acusado en la primera fase de la operaci�n, �sta �ltima tampoco se hubiese podido concluir. Para llegar a las conclusiones se�aladas, la Sala tuvo en cuenta que para lograr su cometido (el de arremeter en contra de la familia Sarmiento) las AUC organizaron un plan en cual cada uno de los perpetradores cumpl�a un rol de vital importancia, de tal forma que se pudiesen cumplir con cada uno de las etapas del mismo, luego, si los encargados de aprehender a las v�ctimas y llevarlas hasta la vereda casa de Tabla (entre los cuales estaba el acusado), fallaban, el plan en un integralidad correr�a la misma suerte.
La misma inteligencia se puede predicar sobre la importancia del aporte de aquellas personas, - que mientras que sus compa�eros de camino criminal, aprehend�an y amarraban a las v�ctimas -, hac�an guardia afuera de las viviendas de �stas, debido a que si no advert�an la presencia de las autoridades o de alg�n particular que intentar� evitar el rapto de los Sarmiento, el plan pod�a haber fracasado, as� como tambi�n, se hubiese truncado la operaci�n en contra de la familia Sarmiento, si quienes custodiaban a las v�ctimas mientras que estaban privadas de su libertad en un colegio, hubiesen permitido su huida.
En este orden de ideas, se afirma, que todas las personas que intervinieron en los hechos probados al interior de la presenta causa penal, ten�an dominio funcional del hecho, en tanto que sin la sumatoria de sus aportes, las conductas punibles bajo examen no se hubiesen podido consumar; de tal suerte, que en virtud del principio de imputaci�n rec�proca los actos realizados por cada uno de sujetos es atribuible a los dem�s, as� como los resultados que se produjeron.
Es as� como de las pruebas practicadas se colige con toda tranquilidad, y siguiendo las orientaciones acad�micas del tratadista MARIO SALAZAR MARIN, que en el comportamiento desarrollado hubo, subjetivamente, comunidad de �nimo; y, objetivamente, divisi�n de tareas y que el aporte de cada uno de los miembros de la organizaci�n delincuencial de la cual hac�a parte el procesado HECTOR ANTONIO RESTREPO VILLA alias �PAPEL�, fue de superlativa importancia y se ha traducido en el resultado de las torturas, muertes y desapariciones de los integrantes de la familia Sarmiento.
A esta conclusi�n judicial se llega con fundamento en el aporte informativo que hicieran Wilmer Sarmiento Villamil (v�ctima indirecta de los hechos); ELISEO BELTR�N CADENA, alias �EL GORDO� O �23�; Hern�n Giraldo Serna; el mismo procesado RESTREPO VILLA, y a la construcci�n indiciaria realizada por esta Sala de Decisi�n. Es perfectamente v�lido sostener que un ataque de esta magnitud obedece a un plan previamente concebido y a una repartici�n de tareas, todas ellas con un solo prop�sito: extinguir la existencia de los seres humanos cuyos nombres han quedado registrados a lo largo de este prove�do.
Siguiendo con las orientaciones doctrinarias del autor tra�do en cita, el dominio del hecho lo ejercieron todos los sujetos que intervinieron en el ataque, mediante una realizaci�n mancomunada y rec�proca de ese comportamiento. Todos los coautores dominaron, en parte y en todo, funcional e instrumentalmente, la realizaci�n del injusto pues como se dijo anteriormente, el hecho de cada uno constituy� una contribuci�n de suma importancia en el resultado, que se concret� en las torturas, muertes y desapariciones de las v�ctimas. De esto modo, se colige que el acusado es coautor de los hechos en los que a 9 miembros de la familia Sarmiento, entre los cuales se encontraban dos menores de edad, se les priv� de su libertad, sustray�ndolos de sus viviendas y ocult�ndolos posteriormente en un colegio de la vereda Casa de Tabla del corregimiento de Guachaca y finalmente, neg�ndose a brindar informaci�n sobre su paradero.
Estos hechos se adec�an t�picamente a la conducta punible de Desaparici�n forzada consagrada en el art�culo 165 del C�digo Penal, agravada por el numeral 3 y 9 del art�culo 166 ib�dem, al haber reca�do en persona menor de 18 a�os y al haber ejecutado acciones en contra de los cuerpos de las v�ctimas con la intenci�n de evitar su hallazgo.
De igual forma H�ctor Restrepo Villa, es coautor de la conducta punible de homicidio en persona protegida, consagrado en el art�culo 135 del C�digo sustantivo penal, comoquiera que su contribuci�n, como se explic�, fue esencial para causarles la muerte a 9 miembros de la poblaci�n civil (no combatientes) con el �nimo de lograr uno de los fines �ltimos de la campa�a militar emprendida por la AUC en su af�n de contrarrestar la avanzada de los grupos insurgentes de izquierda, como lo era, poder continuar su financiaci�n a trav�s del narcotr�fico, toda vez que como se indic�, los homicidios en menci�n se produjeron como una respuesta de las autodefensas ante la informaci�n que le proporcion� David Sarmiento Villamil a las autoridades sobre un atentado que dicha organizaci�n realiz� en contra de la Polic�a Antinarc�ticos, de tal suerte que si no se intimidaba a miembros de la poblaci�n civil para que no continuaran delat�ndolos, no solo se afectar�a una de las fuentes de financiaci�n, sino la campa�a militar en s� misma.
He ah� la relaci�n de los homicidios con el conflicto armado interno colombiano. A su vez, H�ctor Restrepo Villa es coautor del punible de desplazamiento forzado, preceptuado en el art�culo 180 del C�digo de las penas, debido a que como consecuencia de los actos violentos ejecutados en contra de la familia en m�ltiples ocasiones referenciada, - en los cuales particip� de forma activa y relevante-, se logr� demostrar que David Sarmiento Villamil, Wilmer Enrique Sarmiento Villamil, Adel Josu� Sarmiento Villamil, Isaac Sarmiento Villamil, Jos� Manuel Sarmiento Villamil, Ruth Esther Sarmiento Villamil, Sairis Valdeblanquez Redondo, Gisely Yaneth Sarmiento Montero, Viviana Patricia Sarmiento Montero, Jos� Eduardo Sarmiento Mart�nez y Karen Dayana Sarmiento Renoga, debieron cambiar de lugar de residencia, algunos al interior del pa�s, otros al pa�s vecino de Venezuela, por temor a ser asesinados.
Finalmente tenemos que el acusado es coautor de la conducta punible de tortura en persona protegida, contemplada el art�culo 137 del C�digo Penal, pues a las v�ctimas, con ocasi�n del conflicto armado interno, se les infligi� dolor f�sico al sacarlos de sus viviendas de forma violenta y amarrados de las manos y luego, cuando se encontraban privados de la libertad fueron sometidos a interrogatorios (sufrimiento psicol�gico) con el fin de obtener de ellos informaci�n sobre el paradero de David Sarmiento Villamil.
Adem�s de lo t�pico y antijur�dico de las conductas descritas, en el caso objeto de an�lisis, se infiere seriamente que el procesado ten�an un conocimiento actual de la ilicitud del acto, lo cual presupone su capacidad para motivarse en las normas de contenido penal; adem�s, le era exigible comportarse conforme a derecho, esto es, pudo haber obrado de otra manera �c�mo?: absteni�ndose - como sujeto capaz de voluntad - de participar en el plan criminal urdido con el fin de torturar, para obtener informaci�n, matar y desaparecer a los integrantes de la familia Sarmiento Villamil; pero aun as� no se abstuvo, por eso H�ctor Restrepo Villa es culpable.
De igual forma, debe precisar la Sala, que la alusi�n que supra se ha hecho acerca de la figura de la autor�a mediata en los aparatos organizados de poder, no implica de ninguna manera, que la responsabilidad penal de Restrepo Villa se haya construido en virtud de la llamada cadena de mando, por la sencilla raz�n de que el acusado no ostentaba un mando alto al interior de la organizaci�n. Lo que pretende esta Corporaci�n es sostener que al interior de la organizaci�n jerarquizada de las AUC, alias �Papel� ten�a una posici�n privilegiada frente a su m�ximo comandante, en comparaci�n con los dem�s integrantes que ten�an su mismo cargo.
No de otra forma de explica, c�mo un patrullero pod�a tener los detalles de la operaci�n que despleg� el grupo paramilitar en contra de la familia Sarmiento Villamil, as� como tampoco se explica c�mo el m�ximo comandante del Bloque Tayrona de las AUC, Hern�n Giraldo Serna conoc�a de forma especial a un simple patrullero. Y es que entender que el m�ximo comandante de una organizaci�n criminal de esta envergadura y con tantos frentes, conozca a todos sus integrantes, contrariar�a ostensiblemente las reglas de la experiencia, pues lo que ocurre las m�s de las veces es que quienes se encuentren en la c�spide del aparato organizado de poder no distinguen a todos sus subordinados, a menos que tengan una relaci�n especial con alguno de ellos, tal y como ha logrado dilucidar esta Sala en el sub lite.
De contera, concluye la Sala, que se revocar� la sentencia absolutoria proferida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongesti�n y en su lugar se declarar� penalmente responsable al se�or H�ctor Restrepo Villa, de la comisi�n de las conductas punibles referidas, a t�tulo de coautor. 7.9 LA CESACI�N DEL PROCEDIMIENTO EN RELACI�N CON LOS PUNIBLES DE CONCIERTO PARA DELINQUIR AGRAVADO Y HURTO CALIFICADO Y AGRAVADO.
En relaci�n con la conducta punible de hurto calificado y agravado, as� como con la de concierto para delinquir agravado, se cesar� el procedimiento, frente a la primera como consecuencia del advenimiento de una causal de extinci�n de la acci�n penal y frente al segundo en aplicaci�n del principio del Non Bis In �dem. El art�culo 39 de la ley 600 de 2000, dispone lo siguiente: �En cualquier momento de la investigaci�n en que aparezca demostrado que la conducta no ha existido, o que el sindicado no la ha cometido, o que es at�pica, o que est� demostrada una causal excluyente de responsabilidad, o que la actuaci�n no pod�a iniciarse o no puede proseguirse, el Fiscal General de la Naci�n o su delegado declarar� precluida la investigaci�n penal mediante providencia interlocutoria.
El juez, considerando las mismas causales, declarar� la cesaci�n de procedimiento cuando se verifiquen durante la etapa del juicio.� (Negrillas y Subrayas nuestras) Luego, tenemos que uno de los eventos por los cuales no puede continuarse la actuaci�n penal, es cuando se configura la prescripci�n de la acci�n penal, instituci�n jur�dica regulada del art�culo 82 en adelante del C�digo penal.
Ahora bien, el t�rmino prescripci�n de la acci�n penal es igual al m�ximo de la pena fija en la ley para el delito de que se trate, no obstante, ese t�rmino se interrumpe con la ejecutoria de la resoluci�n de acusaci�n, acto procesal que ocasiona que el tiempo se�alado inicialmente, comience a correr una vez m�s por la mitad, sin que pueda ser inferior a 5 a�os.
El punible de hurto calificado por los numerales 1, 2, y 3 del art�culo 240 del C�digo Penal, tiene una pena m�xima de 8 a�os, la cual debe aumentarse en la mitad, con ocasi�n del numeral 10 del art�culo 241 ejusdem, de conformidad con la acusaci�n hecha por la Fiscal�a, de tal suerte que el t�rmino de prescripci�n de la acci�n penal y la pena m�xima del punible de hurto calificado y agravado es de 12 a�os.
Ahora bien, desde la fecha de la ocurrencia de los hechos, mayo del 2003 hasta que se interrumpi� el t�rmino de prescripci�n, 14 de abril de 2011, solo pasaron 7 a�os y 11 meses, lo que indica que en ese interregno procesal no se configur� la figura extintiva de la acci�n penal en menci�n, comoquiera que para tales efectos deb�an haber transcurrido 12 a�os.
No obstante, desde el momento de la interrupci�n del t�rmino de prescripci�n de la acci�n penal, esto es, desde 14 de abril de 2011, fecha de ejecutoria de la resoluci�n de acusaci�n, el t�rmino de prescripci�n para el punible de hurto calificado y agravado, comenz� a correr de nuevo por la mitad, es decir, por 6 a�os, de tal suerte que el 14 de abril de 2017, se configur� la prescripci�n de la acci�n penal como fen�meno extintivo, circunstancia que a su vez, impide que se prosiga con la presente actuaci�n penal respecto de la conducta punible en referenciada, raz�n por la cual, en lo que a ella respecta se cesar� el procedimiento.
La misma decisi�n se adoptar� en punto de la conducta punible de concierto para delinquir, bajo el entendido de que el 29 de mayo de 2015, el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongesti�n de Santa Marta, al interior del proceso penal identificado con el radicado 4700113107751-2013-00349-00 conden� al desmovilizado H�ctor Restrepo Villa, por el delito de concierto para delinquir agravado en virtud de su pertenencia al bloque Tayrona de las AUC, supuesto f�ctico y tipo penal, por el cual en la presente actuaci�n tambi�n fue acusado el se�or Restrepo Villa, de tal suerte, que con fundamento en el principio de non bis in �dem, se cesar� el procedimiento por el concierto, comoquiera que no se puede juzgar a un persona dos veces por lo mismo.
Ahora bien, la cesi�n del procedimiento en lo atinente al punible de concierto para delinquir agravado, por la pertenencia del acusado al bloque Resistencia Tayrona de las AUC, no quiere significar que su existencia fenomenol�gica haya desaparecido, pues como se ha dicho, se encuentra demostrado en grado de certeza que el acusado era miembro activo de las AUC para el mes de mayo de 2003.
DE LA DOSIFICACI�N PUNITIVA. El art�culo 31 del C�digo Penal establece que cuando se trate de concurso de conductas punibles, el sujeto agente quedar� sometido a la pena del punible que establezca la pena m�s grave seg�n su naturaleza, aumentada hasta en otro tanto, sin que fuera superior a la suma aritm�tica de las que correspondan a las respectivas conductas punibles debidamente dosificadas cada una de ellas.
Luego, para determinar cu�l es el delito m�s grave de acuerdo con su naturaleza, la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, ha indicado que se debe dosificar de forma individual cada una de los tipos penales concursales, de tal suerte que sea la pena en concreto obtenida y no la pena fijada en laye, que sirva como criterio de gravedad.
Este orden de ideas se proceder� conforme a lo establecido por la jurisprudencia especializada, siguiendo los par�metros establecidos en los art�culos 60 y 61, del C�digo Penal. Se destaca, que las penas que se utilizar�n para realizar el proceso de dosificaci�n, ser�n aquellas que consagraba el C�digo Penal sin las modificaciones introducidas por el art�culo 14 de la ley 890 de 2004, pues como se ha decantado, el aumento generalizado que se hizo con ocasi�n del art�culo en menci�n es aplicable a los procesos penales que se adelanten bajo la egida de la ley 906 de 2004. - Desaparici�n Forzada agravada por los numerales 3 y 9 del art�culo 166 del C.P.: tiene una pena de prisi�n que oscila entre los 30 y los 40 a�os, pena de multa de 2 mil a 5 mil SMLMV e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de 15 a 20 a�os.
Se procede ahora a dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, as�: 30 a�os = 360 meses 40 a�os= 480 meses 480 � 360 = 120 120/4= 30 360 + 30 = 390 390 + 30 = 420 420 + 30 =450 450 + 30 = 480 Tenemos en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 360 meses a 390 meses de prisi�nCuarto medio menorDe 390 meses a 420 meses de prisi�nCuarto medio mayorDe 420 meses 450 meses de prisi�nCuarto m�ximoDe 450 meses a 480 meses de prisi�n Igualmente ocurre con la multa, es necesario dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 5000 � 2000 = 3000 3000 / 4 = 750 2000 + 750= 2750 2750 + 750 = 3500 3500 + 750 = 4250 4250 + 750 =5000 Tenemos, en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 2000 salarios a 2750 salariosCuarto medio menorDe 2750 salarios a 3500 salariosCuarto medio mayorDe 3500 salarios a 4250 salariosCuarto m�ximoDe 4250 salarios a 5000 salarios El mismo procedimiento debe hacerse frente a la interdicci�n derechos y funciones p�blicas, es decir, se debe dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 15 a�os = 180 meses 20 a�os = 240 meses 240 � 180 = 60 60 / 4= 15 180 + 15 = 195 195 + 15 = 210 210 + 15 = 225 225 + 15 =240 Tenemos, en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 180 meses a 195 mesesCuarto medio menorDe 195 meses 210 mesesCuarto medio mayorDe 210 meses a 225 mesesCuarto m�ximoDe 225 meses a 240 meses Ahora, al no haberse imputado circunstancias de mayor ni de menor punibilidad respecto de la pena de prisi�n, nos ubicaremos en el cuarto m�nimo de punibilidad, escogiendo la pena m�nima de este cuarto, es decir, la equivalente a 360 meses, que es igual a 30 a�os de prisi�n. La misma intelecci�n se aplicar� para las dem�s penas de tal suerte, que la pena en concreto a imponer por el punible de desaparici�n forzada agravada es de 30 a�os de prisi�n, multa de dos mil SMLMV e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 15 a�os. - Homicidio en persona protegida contemplado en el art�culo 135 del C.P.: tiene una pena de prisi�n que oscila entre los 30 y los 40 a�os, pena de multa de 2 mil a 5 mil SMLMV e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de 15 a 20 a�os.
Como se observa, resulta innecesario realizar para este punible el proceso de individualizaci�n de la pena a imponer, dado que los guarismos de los cuales se partir�a ser�an id�nticos a los de la desaparici�n forzada agravada, de tal suerte que se llegar�a al mismo resultado. En virtud, de lo anterior la Sala Colige que, al igual que el punible anterior, al no haberse imputado circunstancias de mayor ni de menor punibilidad respecto de la pena de prisi�n, nos ubicaremos en el cuarto m�nimo de punibilidad, escogiendo la pena m�nima de este cuarto, es decir, la equivalente a 360 meses, que es igual a 30 a�os de prisi�n. La misma intelecci�n se aplicar� para las dem�s penas de tal suerte, que la pena en concreto a imponer por el punible de homicidio en persona protegida es de 30 a�os de prisi�n, multa de dos mil SMLMV e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 15 a�os. - Desplazamiento forzado consagrado en el art�culo 180 del C.P.: tiene una pena de prisi�n que oscila entre los 6 y los 12 a�os, pena de multa de 600 a 1500 SMLMV e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de 6 a 12 a�os.
Se procede ahora a dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, as�: 6 a�os = 72 meses 12 a�os= 144 meses 144 � 72 = 72 72 / 4= 18 72 + 18 = 90 90 + 18 = 108 108 + 18 =126 126 + 18 = 144 Tenemos en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 72 meses a 90 meses de prisi�nCuarto medio menorDe 90 meses a 108 meses de prisi�nCuarto medio mayorDe 108 meses 126 meses de prisi�nCuarto m�ximoDe 126 meses a 144 meses de prisi�n Igualmente ocurre con la multa, es necesario dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 1500 � 600 = 900 900 / 4 = 225 600 + 225= 825 825 + 225 = 1050 1050 + 225 = 1275 1275 + 225 =1500 Tenemos, en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 600 salarios a 825 salariosCuarto medio menorDe 825 salarios a 1050 salariosCuarto medio mayorDe 1050 salarios a 1275 salariosCuarto m�ximoDe 1275 salarios a 1500 salarios El mismo procedimiento debe hacerse frente a la interdicci�n derechos y funciones p�blicas, es decir, se debe dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 6 a�os = 72 meses 12 a�os= 144 meses 144 � 72 = 72 72 / 4= 18 72 + 18 = 90 90 + 18 = 108 108 + 18 =126 126 + 18 = 144 Tenemos en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 72 meses a 90 mesesCuarto medio menorDe 90 meses a 108 meses Cuarto medio mayorDe 108 meses 126 meses Cuarto m�ximoDe 126 meses a 144 meses Ahora, al no haberse imputado circunstancias de mayor ni de menor punibilidad respecto de la pena de prisi�n, nos ubicaremos en el cuarto m�nimo de punibilidad, escogiendo la pena m�nima de este cuarto, es decir, la equivalente a 72 meses, que es igual a 6 a�os de prisi�n. La misma intelecci�n se aplicar� para las dem�s penas de tal suerte, que la pena en concreto a imponer por el punible de desplazamiento forzado es de 6 a�os de prisi�n, multa de 600 SMLMV e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 6 a�os. - Tortura en persona protegida consagrado en el art�culo 137 del C.P.: tiene una pena de prisi�n que oscila entre los 10 y los 20 a�os, pena de multa de 500 a 1000 SMLMV e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de 10 a 20 a�os.
Se procede ahora a dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, as�: 10 a�os = 120 meses 20 a�os= 240 meses 240 � 120 = 120 120 / 4= 30 120 + 30 = 150 150 + 30 = 180 180 + 30 =210 210 + 30 = 240 Tenemos en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 120 meses a 150 meses de prisi�nCuarto medio menorDe 150 meses a 180 meses de prisi�nCuarto medio mayorDe 180 meses 210 meses de prisi�nCuarto m�ximoDe 210 meses a 240 meses de prisi�n Igualmente ocurre con la multa, es necesario dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 1000 � 500 = 500 500 / 4 = 125 500 + 125= 625 625 + 125 = 750 750 + 125 = 875 875 + 125 =1000 Tenemos, en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 500 salarios a 625 salariosCuarto medio menorDe 625 salarios a 750 salariosCuarto medio mayorDe 750 salarios a 875 salariosCuarto m�ximoDe 875 salarios a 1000 salarios El mismo procedimiento debe hacerse frente a la interdicci�n derechos y funciones p�blicas, es decir, se debe dividir el �mbito punitivo de movilidad en cuartos, a fin de encontrar la diferencia entre los extremos y dividirlo entre cuatro: 10 a�os = 120 meses 20 a�os= 240 meses 240 � 120 = 120 120 / 4= 30 120 + 30 = 150 150 + 30 = 180 180 + 30 =210 210 + 30 = 240 Tenemos en consecuencia que los cuartos quedar�n as�: Cuarto m�nimoDe 120 meses a 150 meses Cuarto medio menorDe 150 meses a 180 meses Cuarto medio mayorDe 180 meses 210 meses Cuarto m�ximoDe 210 meses a 240 meses Ahora, al no haberse imputado circunstancias de mayor ni de menor punibilidad respecto de la pena de prisi�n, nos ubicaremos en el cuarto m�nimo de punibilidad, escogiendo la pena m�nima de este cuarto, es decir, la equivalente a 120 meses, que es igual a 10 a�os de prisi�n. La misma intelecci�n se aplicar� para las dem�s penas de tal suerte, que la pena en concreto a imponer por el punible de desplazamiento forzado es de 10 a�os de prisi�n, multa de 500 SMLMV e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 10 a�os.
De las dosificaciones realizadas se desprende que el homicidio en persona protegida y la desaparici�n forzada, son los delitos m�s graves de acuerdo a su naturaleza, como quiera que tienen la misma pena de prisi�n, de multa y de interdicci�n de derechos m�s alta, esto es, 30 a�os de prisi�n, multa de dos mil SMLMV e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 15 a�os.
No obstante, para la Sala es un criterio diferenciador que con ocasi�n de la segunda de las conductas punibles se�aladas, luego de haber ocultado los cuerpos de las v�ctimas, hayan sido extra�dos de las fosas para incinerarlos, circunstancia que hace a�n m�s gravoso el punible en menci�n. Bajo el entendido anterior ser� la pena de la conducta punible de desaparici�n forzada agravada, la que esta corporaci�n tomar� como pena base para aumentarla hasta otro tanto por los dem�s delitos.
Se resalta que los tantos que se adicionen a la pena base, se determinar�n teniendo en cuenta que la pena m�xima de prisi�n a imponer en los procesos adelantados seg�n el rito procesal de la ley 600 de 2000, es de 40 a�os, seg�n el texto original del art�culo 37 del C�digo Penal. Tambi�n se advierte que en relaci�n con la pena de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas, los tantos a adicionar se fijaran, teniendo en cuenta el l�mite m�ximo, que seg�n el art�culo 51 ib�dem es de 20 a�os de prisi�n. Ahora bien, el numeral 4 del art�culo 39 del C�digo sustantivo penal, explica que cuando se trate de la pena de multa, se sumaran sin que dicha suma sea superior a 50.0000 salarios, de modo que la operaci�n respectiva se har� por separado.
As� las cosas, por una de las desapariciones forzadas agravadas se condenar� a H�ctor Restrepo Villa a la pena de 30 a�os de prisi�n e interdicci�n derechos y funciones p�blicas por 15 a�os, por cada una de las 8 restantes desapariciones se aumentara 6 meses, para un total de 4 a�os. A su vez, en relaci�n con la pena de interdicci�n de derechos se aumentar� 3 meses, por cada uno de las 8 desapariciones restante, para un total de 2 a�os.
Es decir, que la pena por el concurso homog�neo de 9 desapariciones forzadas agravada es de 34 a�os de prisi�n y 17 a�os de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas. A la pena se�alada se le deben sumar 3 meses por cada uno de los 9 homicidios en persona protegida, para un total de 2 a�os, mientras que por la pena de interdicci�n se adicionaran 1.5 meses por cada uno de los homicidios, para un total de 1 a�o, que la pena por el concurso de desapariciones forzadas agravada y de homicidios en persona protegida es de 37 a�os de prisi�n y 18 a�os de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas.
Con la obtenci�n de la pena anterior, se continua ahora con la adici�n de 3 meses por cada una de las 9 torturas en persona protegida, para un total de 2 a�os y por la pena de interdicci�n se adicionaran 1.5 meses para un total de 1 a�o, por las 9 torturas. Hecha la operaci�n matem�tica, se tiene que la pena por el concurso de desapariciones forzadas agravadas, homicidios en personas protegidas y torturas en personas protegidas es de 39 a�os de prisi�n y 19 a�os de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas.
Finalmente, se aumentar� a la pena resultante hasta el momento 1 a�os de prisi�n y 1 a�os de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas por el punible de desplazamiento forzado, de tal manera, que la pena a imponer por el concurso homog�neo y heterog�neo y sucesivo de desapariciones forzadas agravadas, homicidios en personas protegidas, torturas en personas protegidas y desplazamiento forzado, es de 40 a�os de prisi�n e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de 20 a�os.
Por su parte, frente a la multa tenemos lo siguiente: La multa de la desaparici�n forzada agravada se determin� en 2.000 SMLMV multiplicados por el n�mero de v�ctimas (9), arroja como resultado 18.000 SMLMV, luego, como la multa para el homicidio en persona protegida es id�ntica a la de la anterior conducta punible, solo basta con sumar la misma cantidad, para obtener un total de 36.000 SMLMV por los dos concursos.
Luego, la multa respecto de la tortura en persona protegida se fij� en 500 salarios; los cuales, multiplicados por 9, que es el n�mero de veces que se actualiz� dicho tipo penal, arrojan 4.500 SMLMV, que sumados a la �ltima cifra dan 40.500 salarios. Para terminar sumaremos 600 salarios por el desplazamiento forzado para una pena de multa total de 41.100 SMLMV.
En virtud de la pena obtenida, por no cumplirse con los presupuestos contemplados para la concesi�n del subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, ni para el mecanismo sustitutivo de la prisi�n domiciliaria, no se conceder�n. En conclusi�n, se revocar� la sentencia absolutoria proferida por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongesti�n de Santa Marta, el 17 de junio de 2015, y en su lugar se declarar� penalmente responsable al se�or H�ctor Restrepo Villa, de todos los delitos por los cuales fue acusado; excepci�n hecha de los punibles de concierto para delinquir agravado y hurto calificado y agravado, por los cuales se cesar� el procedimiento, por las razones que quedaron explicadas, a lo largo de esta providencia. En m�rito de lo expuesto, la Sala de Decisi�n Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Santa Marta, administrando justicia en nombre de la Republica y por autoridad de la ley,
RESUELVE
PRIMERO. - REVOCAR la sentencia proferida el 17 de junio de 2015 por el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Descongesti�n de Santa Marta y, en su lugar, DECLARAR penalmente responsable al se�or H�CTOR ANTONIO RESTREPO VILLA, identificado con c�dula de ciudadan�a No. 8.038.454 expedida en Taraza, Antioquia, del concurso homog�neo, heterog�neo y sucesivo de las conductas punibles de tortura en persona protegida, desaparici�n forzada agravada, homicidio en persona protegida y desplazamiento forzado, condenando a la pena de cuarenta (40) a�os de prisi�n, multa de cuarenta y un mil cien (41.100) salarios m�nimos legales mensuales vigentes a la fecha de los hechos e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas por un t�rmino de veinte (20) a�os.
SEGUNDO. - CESAR EL PROCEDIMEINTO en relaci�n con las conductas punibles de hurto calificado y agravado y concierto para delinquir agravado, de acuerdo con los razonamientos expuestos en la parte motiva de esta providencia TERCERO.- NEGAR al condenado ning�n subrogado penal, as� como tampoco mecanismo sustitutivo alguno.
CUARTO: Por Secretar�a de la Sala Penal de este Tribunal, COMUNICAR la presente decisi�n a las autoridades que ordena la ley para los fines pertinentes.
QUINTO. En firme esta providencia, rem�tase la actuaci�n al Juzgado de Ejecuci�n de Penas y Medidas de Seguridad que corresponda, para lo de su cargo. SEXTO.- Contra la presente providencia procede el recurso de casaci�n ante la Sala de Casaci�n Penal de la H. Corte Suprema de Justicia. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE, DAVID VANEGAS GONZ�LEZ Magistrado Ponente JOS� ALBERTO DIETES LUNA CARLOS MILTON FONSECA LIDUE�A Magistrado Magistrado (Salvamento Parcial) JOAQU�N RAFAEL GONZ�LEZ ORTEGA Secretario Constituci�n Pol�tica, art�culo 230.�Los jueces, en sus providencias, s�lo est�n sometidos al imperio de la ley.
La equidad, la jurisprudencia, los principios generales del derecho y la doctrina son criterios auxiliares de la actividad judicial. (Resaltado y negrita fuera de texto). Hol�stico�es un adjetivo que indica que algo es relativo o pertenece al�holismo. Se forma a partir del t�rmino griego�E����(h�los, que en espa�ol significa 'total', 'todo', 'entero').�El holismo�es un concepto creado en el a�o 1926 por Jan Christiaan Smuts que describi� como �la tendencia de la naturaleza de usar una evoluci�n creativa para formar un todo que es mayor que la suma de sus partes�.
En t�rminos generales,�hol�stico�indica que un sistema y sus propiedades se analizan como un todo, de una manera global e integrada, ya que desde este punto de vista su funcionamiento s�lo se puede comprender de esta manera y no s�lo como la simple suma de sus partes. Hol�stico se suele aplicar a t�rminos como planteamiento, pensamiento, paradigma, enfoque, concepto o programa para significar que se utiliza una visi�n integral y completa en el an�lisis de una realidad.
El t�rmino hol�stico aparece en diversas disciplinas como la filosof�a, la biolog�a, la psicolog�a o la educaci�n (incluso es usado en las disciplinas jur�dicas). Algunas palabras y t�rminos que en ocasiones se utilizan con un significado similar pueden ser 'sist�mico', 'global' y 'en conjunto'. Fuente: HYPERLINK "http://www.significados.com/holistico/" http://www.significados.com/holistico/ (Lo subrayado y entre par�ntesis, fuera de texto). C�digo General del Proceso, ley 1564 de 2012.�Carga de la prueba. inciso final.- Los hechos notorios y las afirmaciones o negaciones indefinidas no requieren prueba�.
(Resaltado fuera de texto). Fuente: https://www.ambitojuridico.com/bancoconocimiento/administrativo-y-contratacion/asi-se-configura-un-hecho-notorio Sentencia�39841�de�agosto 28 de 2013 de veintiocho de agosto de dos mil trece. M.P. Dr. Luis Guillermo Salazar Otero. Antonio Rocha Alvira. De la prueba en derecho. Biblioteca Jur�dica Dik�, Medell�n, 1990.
Pags. 571 y ss. Consultar tambi�n Caso Rodr�guez Vera y otros (Desaparecidos del Palacio de Justicia) Vs. Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 14 de noviembre de 2014, caso G�mez Palomino Vs. Per�. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 22 de noviembre de 2005, caso Ibsen C�rdenas e Ibsen Pe�a Vs. Bolivia.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 1 de septiembre de 2010, caso Gonz�lez Medina y Familiares Vs. Rep�blica Dominicana. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de febrero de 2012 y caso Osorio Rivera y Familiares Vs. Per�. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de noviembre de 2013, caso Rodr�guez Vera y otros (Desaparecidos del Palacio de Justicia) Vs. Colombia.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 14 de noviembre de 2014, inter alia. Visible a partir del folio 1 del Cuaderno original No. 1 Visible a folios 14- 16 del Cuaderno Original No.1. Visible a folios 102 - 104 del Cuaderno Original No.2. Visible a folios 137 - 139 del Cuaderno Original No. 3. Visible a folios 146 del Cuaderno Original No. 3. Visible a folios 1 - 25 del Cuaderno Original No.4. Visible a folio 46 del Cuaderno Original No. 4. Visible a folio 81 a 115 del C.O No.4. Constancia de ejecutoria visible a folio 131 del C.O. No. 4. Visible a folio 22 a 41 del C.O No.5. Visible a folio 45 a 63 del C.O No.5. Constituci�n Pol�tica, art�culo 230.�Los jueces, en sus providencias, s�lo est�n sometidos al imperio de la ley.
La equidad, la jurisprudencia, los principios generales del derecho y la doctrina son criterios auxiliares de la actividad judicial. (Resaltado y negrita fuera de texto). Hol�stico�es un adjetivo que indica que algo es relativo o pertenece al�holismo. Se forma a partir del t�rmino griego�E����(h�los, que en espa�ol significa 'total', 'todo', 'entero').�El holismo�es un concepto creado en el a�o 1926 por Jan Christiaan Smuts que describi� como la tendencia de la naturaleza de usar una evoluci�n creativa para formar un todo que es mayor que la suma de sus partes�.
En t�rminos generales,�hol�stico�indica que un sistema y sus propiedades se analizan como un todo, de una manera global e integrada, ya que desde este punto de vista su funcionamiento s�lo se puede comprender de esta manera y no s�lo como la simple suma de sus partes. Hol�stico se suele aplicar a t�rminos como planteamiento, pensamiento, paradigma, enfoque, concepto o programa para significar que se utiliza una visi�n integral y completa en el an�lisis de una realidad.
El t�rmino hol�stico aparece en diversas disciplinas como la filosof�a, la biolog�a, la psicolog�a o la educaci�n (incluso es usado en las disciplinas jur�dicas). Algunas palabras y t�rminos que en ocasiones se utilizan con un significado similar pueden ser 'sist�mico', 'global' y 'en conjunto'. Fuente: HYPERLINK "http://www.significados.com/holistico/" http://www.significados.com/holistico/ (Lo subrayado y entre par�ntesis, fuera de texto). C�digo General del Proceso, ley 1564 de 2012.�Carga de la prueba. inciso final.- Los hechos notorios y las afirmaciones o negaciones indefinidas no requieren prueba�.
(Resaltado fuera de texto). Fuente: https://www.ambitojuridico.com/bancoconocimiento/administrativo-y-contratacion/asi-se-configura-un-hecho-notorio CE Secci�n Primera, Sentencia 25000232400020050143801, Abr. 14/16 Art�culo 88 del C�digo Federal de Procedimientos Civiles de M�xico. Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, Tomo XXIII, junio de 2006, p�gina 963, Pleno, tesis P./J. 74/2006; v�ase ejecutoria en el Semanario Judicial de la Federaci�n y su Gaceta, Novena �poca, Tomo XXIII, abril de 2006, p�gina 755. Providencia del 22 de julio de 2015.
Rad 46426. Informaci�n period�stica relacionada con el cierre del primer caso en la Unidad Nacional de Justicia y Paz. La conclusi�n judicial es que tras 24 a�os hay mil v�ctimas y un poco m�s de 1.800 violaciones graves a los derechos humanos. Se trata de un cierre hist�rico. El bloque de Hern�n Giraldo oper� durante 24 a�os en las inmediaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, entre Magdalena y La Guajira.
Es una de las autodefensas m�s antiguas, naci� en 1982. El proceso que hoy cerr� la Fiscal�a los responsabiliza por m�s de 1.800 violaciones graves a los derechos humanos, que dejaron m�s de 4.000 v�ctimas.�(Negrita fuera de texto). "Lo que implica esta imputaci�n de cierre es que concluye la posibilidad que tienen los postulados de contar de manera indefinida la verdad de lo que aconteci�", dijo Caterina Heyck, directora de articulaci�n de fiscal�as.�� Del bloque Resistencia Tayrona se desmovilizaron 1.166 paramilitares el 3 de febrero de 2006.
Algunos ya fueron imputados y un grupo considerable fue excluido porque continuaban delinquiendo. La imputaci�n de hoy afecta a 52 postulados que se mantuvieron dentro del proceso y a quince de los jefes del grupo, entre ellos el mismo Hern�n Giraldo.� "La situaci�n de Hern�n Giraldo, una vez cumpla su pena en estados Unidos, deber� volver al pa�s para responder por ese tipo de decisiones que se tomen cuando se obtenga la sentencia", aclar� Carlos Fidel Villamil, director nacional de Justicia Transicional.�� Los cr�menes por los que este grupo fue considerado responsable son, entre otros, violencia basada en g�nero, que son las cientos de violaciones a ni�as de la sierra nevada; desaparici�n forzada, interferencia en la democracia, por su relaci�n con pol�ticos de la zona; desplazamiento forzado y homicidios, entre los que se incluyen los del Juez Javier Alfredo Cotes, la directora del parque Tayrona, Martha Luc�a Hern�ndez; el profesor de la Universidad del Atl�ntico, Alfredo castro, entre otros.� El patr�n b�lico de este grupo estuvo fundamentado en la violencia contra los pueblos ind�genas y por ello, con este cierre judicial, la Fiscal�a tambi�n hace un cambio de denominaci�n. Por solicitud de las autoridades tradicionales ind�genas y los mamos de la Sierra Nevada de Santa Marta, se dejar� de usar el nombre de Resistencia Tayrona para referirse a los paramilitares que les hicieron tanto da�o, porque de esa tribu descienden los Arhuacos, Wiwas y Kankuamos y para ellos es un nombre sagrado.�� A pesar del cierre del proceso, las v�ctimas que no han sido reconocidas podr�n pedir su inclusi�n hasta que un juez del fallo definitivo.� Este es el primer cierre definitivo de un caso de justicia y paz.
En 2015 el trabajo continuar� con los otros bloques paramilitares que se desmovilizaron hace ocho a�os.� Fuente: HYPERLINK "http://www.noticiasrcn.com/nacional-justicia/quedo-cerrado-el-primer-caso-justicia-y-paz-el-expediente-del-bloque-hernan" http://www.noticiasrcn.com/nacional-justicia/quedo-cerrado-el-primer-caso-justicia-y-paz-el-expediente-del-bloque-hernan.
Informaci�n registrada el d�a 20 de diciembre de 2014, dando cuenta a la opini�n p�blica del cierre del primer caso de la jurisdicci�n de Justicia y Paz. Esta realidad delincuencia qued� rese�ada en la sentencia de fecha veintiuno (21) de octubre de dos mil catorce (2014), emanada del Tribunal Superior de Distrito Judicial de Barranquilla, Sala de Conocimiento de Justicia y Paz.
Radicaci�n Sala: 08-001-22-52-000-2011-8334 Magistrado Ponente Dr. Gustavo Aurelio Roa Avenda�o; la cual es de conocimiento p�blico. Sentencia de 20 de enero de 1989. Sentencia de 15 de marzo de 1989. Sentencia de 24 de enero de 1998. Sentencia�39841�de�agosto 28 de 2013 de veintiocho de agosto de dos mil trece. M.P. Dr. Luis Guillermo Salazar Otero. Antonio Rocha Alvira.
De la prueba en derecho. Biblioteca Jur�dica Dik�, Medell�n, 1990. Pags. 571 y ss. Consultar tambi�n Caso Rodr�guez Vera y otros (Desaparecidos del Palacio de Justicia) Vs. Colombia. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 14 de noviembre de 2014, caso G�mez Palomino Vs. Per�. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 22 de noviembre de 2005, caso Ibsen C�rdenas e Ibsen Pe�a Vs. Bolivia.
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 1 de septiembre de 2010, caso Gonz�lez Medina y Familiares Vs. Rep�blica Dominicana. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de febrero de 2012 y caso Osorio Rivera y Familiares Vs. Per�. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 26 de noviembre de 2013, caso Rodr�guez Vera y otros (Desaparecidos del Palacio de Justicia) Vs. Colombia.
Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 14 de noviembre de 2014, inter alia. Indagatoria visible a folio 221 del cuaderno original N 2. Visible a folio 273 y siguientes del cuaderno original No 2. Ib�dem. Denuncia visible a folio 1 de cuaderno original No 1 Seg�n sentencia 39.842 del 30 de marzo de 2016, de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, indic� que en aras de hallar la relaci�n o conexidad entre el homicidio y el conflicto se puede estudiar, entre otros aspectos que �el acto pueda ser visto como un medio para lograr los fines �ltimos de una campa�a militar� David Sarmiento Villamil, denunciante, Wilmer Enrique Sarmiento Villamil, Adel Josu� Sarmiento Villamil, Isaac Sarmiento Villamil, Jos� Manuel Sarmiento Villamil, Ruth Esther Sarmiento Villamil, Sairis Valdeblanquez Redondo, Gisely Yaneth Sarmiento Montero, Viviana Patricia Sarmiento Montero, Jos� Eduardo Sarmiento Mart�nez y Karen Dayana Sarmiento Renoga Circunstancias de agravaci�n consagradas en los numerales 1,2 y 3 del art�culo 239 del C�digo Penal. Declaraci�n visible a folio 42 y siguientes cuaderno original No 4 De acuerdo con la denuncia presentada por �l. Contentivo del principio de libertad probatoria. Contempla el sistema de apreciaci�n racional de la prueba, en el cual las pruebas �deber�n ser apreciadas en conjunto, de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica� y el administrador de justicia deber� exponer �siempre razonadamente el m�rito que le asigne a cada prueba.� Sentencia 41026 de 2013.
MP. Eugenio Fern�ndez Carlier. Sentencia de primera instancia visible a folio 21 y siguientes del cuaderno original No 5 Ib�dem Visible a folio 171 y subsiguientes del cuaderno original 4. En indagatoria visible a folio 146 cuaderno original No 3, el mismo acusado acepta haber confesado la comisi�n otras conductas punibles. Debemos considerar que si bien las reglas de la experiencia son �universales�, no quiere significar lo anterior que estas deban tener la misma aplicabilidad y relevancia, en todos los pa�ses del mundo, o incluso en todas las regiones de un mismo pa�s. Ha sostenido la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, que las reglas de le experiencia, �(�) en tanto suponen la fijaci�n de ciertas pautas con �pretensi�n de universalidad (�) tienen que �ser expresadas en t�rminos racionales�, si bien entendidos dentro de un �contexto socio hist�rico espec�fico�, pues las reglas de la sana cr�tica, aunque estables y permanentes en cuanto a los principios l�gicos y cient�ficos en que puedan apoyarse, var�an dependiendo del conjunto de vivencias en determinado tiempo y lugar�.
Es decir, el concepto de universalidad puede referirse o ser aplicado en una regi�n determinada, o en un sector de ella; ubic�ndonos en el caso de Colombia, vemos que sus departamentos y municipios est�n siendo afectados por diferentes fen�menos delincuenciales los cuales se manifiestan atendiendo diferentes modus operandi; as� por ejemplo, en las zonas fronterizas es com�n el contrabando de mercanc�as y el tr�fico ilegal de armas de fuego y municiones a gran escala, mimetizando los productos il�citos en contenedores que llevan productos l�citos; en las zonas monta�osas es frecuente la comisi�n del cultivo ilegal de plantas de las que pueda producirse sustancias estupefacientes, para lo cual los grupos al margen de la ley desplazan a la poblaci�n campesina, o simplemente la pervierten para que, en lugar de sembrar productos agr�colas, se dediquen al cultivo de plantas de marihuana, amapola o arbustos de coca, etc. Visible a folio 223 cuaderno original 2. Obrante de folio 275 en adelante del cuaderno original 2. Audiencia virtual llevada a cabo el 13 de marzo de 2015, cd visible a folio 15 del cuaderno original No 5. Sentencia del 21 de mayo de 2009.
Rad 22825. M.P. Julio Enrique Socha Salamanca Seg�n denuncia Visible a Folio 1 del cuaderno original No1 y declaraci�n visible a folio 6 del cuaderno original No 2. Seg�n declaraci�n visible a folio 159 del cuaderno original No 2. Seg�n declaraci�n visible a folio 184 del cuaderno original No 2. Seg�n declaraci�n visible a folio 190 del cuaderno original No 2. Seg�n declaraci�n visible a folio 42 del cuaderno original No 4. Providencia SP-3340-2016, radicado 40461 del 16 de marzo de 2016.
M.P Eugenio Fern�ndez Carlier. STC Espa�a 175/85 STS de enero 26/2001, Espa�a STS de junio 6 de 2001, Espa�a Explicado por Jorge Arenas Salazar, en la obra �CR�TICA DEL INDICIO EN MATERIA PENAL�. Tercera Edici�n Actualizada. Ediciones Doctrina y Ley Ltda. Providencia del 1 de julio de 2009. Rad. 21977. M.P. Julio Enrique Socha Salamanca. Ver, entre otros, fallo del 17 de marzo de 2004, con ponencia del Magistrado Mauro Solarte Portilla. Declaraci�n visible a folio 163 del cuaderno original No 2. Eduardo M. Jauchen.
Tratado de la prueba en materia penal. RUBINZAL � CULZONI EDITORES. Buenos Aires, 2004. P�g.592. LAS MASACRES COMETIDAS POR LOS PARAMILITARES. Fuente HYPERLINK "http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-8435506" http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-8435506. Por:�Redacci�n ELTIEMPO 24 de noviembre de 2010, 05:00 am. �Con 3.800 hombres bajo su mando, Carlos Casta�o e Iv�n Roberto Duque, alias 'Ernesto B�ez', fundaron las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).
Este grupo surge tras el fallido proceso de desmovilizaci�n de las Autodefensas Unidas de C�rdoba y Urab� (ACCU), lideradas por el asesinado paramilitar Fidel Casta�o. Las AUC se expandir�n muy r�pidamente por medio del uso agresivo de la fuerza, tanto contra las guerrillas como contra la poblaci�n civil. Se convertir�n en el grupo paramilitar m�s importante del pa�s y en algunas ocasiones contar�n con la tolerancia, e incluso, con el respaldo y el apoyo de unidades militares o de polic�a, al igual que de sectores civiles de sus zonas de influencia. Todo esto les permitir� preparar detalladamente y cometer cruentas masacres contra civiles: Masacre de El Salado.
V�ctimas: 60�asesinados, 2�mujeres violadas,�4.000�desplazados. Corregimiento de El Salado. 16 a 21 de febrero de 2000. Luego de tres meses de preparaci�n, 450 paramilitares divididos en cuatro grupos bloquearon todas las entradas al caser�o de El Salado. Tras dos d�as de asesinatos selectivos, el 18 de febrero reunieron de nuevo a la poblaci�n en la plaza principal y -mientras tocaban gaitas, tamboras y acordeones, como en una fiesta- asesinaron a 28 personas.
A los sobrevivientes no les permitieron enterrar a sus muertos. Mientras ocurr�a la masacre, las fuerzas del orden atend�an un robo de ganado en un municipio cercano y solo llegaron tres d�as despu�s de los hechos. El pueblo qued� desierto tras la matanza. Masacre de El Aro. V�ctimas: 17�asesinados,�42�viviendas quemadas,�1.200�reses�robadas,�702�desplazadosCorregimiento de El Aro, Ituango (Antioquia). 26 de octubre de 1997.
En pleno auge de las cooperativas armadas 'Convivir' en Antioquia, un grupo de 150 paramilitares ingres� al corregimiento y asesin� a 17 personas. El Aro est� ubicado en El Nudo de Paramillo, un �rea estrat�gica que ten�a una fuerte presencia guerrillera. "Si el Ej�rcito no es capaz de entrar y acabar con esas rep�blicas independientes, yo s�, y se los voy a demostrar", dijo Carlos Casta�o en alguna oportunidad.
Masacre de Mapirip�n. V�ctimas: 49� asesinados, decenas de desplazados. Mapirip�n (Meta). 15 al 20 de julio de 1997. En un vuelo desde Urab�, dos aviones con cerca de 100 paramilitares comisionados por la c�pula de las AUC aterrizaron en el aeropuerto de San Jos� del Guaviare, la base antinarc�ticos m�s grande del pa�s. En su camino a Mapirip�n recorrieron cinco puestos de control militares y de polic�a, ninguno de los cuales hizo nada.
Una vez en el pueblo, 'lista negra' en mano asesinaron a 49 personas durante cinco d�as. Algunas de las v�ctimas fueron degolladas. Masacre de Macayepo. V�ctimas: 15� asesinados, todo el pueblo desplazado. 14 de octubre de 2000Con piedras y garrotes, un grupo de 80 paramilitares del grupo 'H�roes de Montes de Mar�a' asesin� a 15 pobladores.�La masacre form� parte de la ofensiva del Bloque Norte de las AUC para recuperar el control de la zona.
El senador �lvaro Garc�a Romero particip� en la planeaci�n de la masacre�. CORTE SUPREMA DE JUSTICIA. M.P. Dr. REYES ECHAND�A, Alfonso. Agosto 11 de 1981. Dr. MART�NEZ Z��IGA, Lizandro. Noviembre 23 de 1988, Dr. TORRES FRESNEDA, Juan Manuel. Septiembre 16 de 1992. Dr. ARBOLEDA RIPOLL, Fernando. Marzo 23 de 1999. Dr. P�REZ PINZ�N, �lvaro.
Abril 24 de 2003. Dra. PULIDO DE BAR�N, Marina. Junio 8 de 2003, entre otros. C.S.J. Sala Penal. Proceso No 17252. Magistrado ponente HERMAN GAL�N CASTELLANOS, dieciocho (18) de febrero de dos mil cuatro��(2004).������������������ � C.S.J. Sala Penal. Proceso No 17252. Magistrado ponente HERMAN GAL�N CASTELLANOS, dieciocho (18) de febrero de dos mil cuatro��(2004).� DEI MALATESTA, Framarino. L�gica de las pruebas en materia criminal.
Cuarta Edici�n editorial Temis, Bogot� Colombia, 1988. P�g. 279. DEVIS ECHAND�A, Hernando Compendio de pruebas judiciales Tomo II. Editorial Rubinzal � Culzoni, Buenos Aires, Argentina. P. 312 � 313. REYES ALVARADO, Yesid. La prueba indiciaria. Editorial Librer�a del Profesional Bogot� Colombia, 1989, p. 50 DHORING, Erich. La prueba, su pr�ctica y apreciaci�n. Editorial EJEA, Buenos Aires, Argentina, 1972.
P. 322; REYES ALVARADO, Yesid. La prueba indiciaria. Editorial Librer�a del Profesional Bogot� Colombia, 1989, p. 50; DEVIS ECHAND�A, Hernando. Compendio de pruebas judiciales Tomo II. Editorial Rubinzal � Culzoni, Buenos Aires, Argentina, p. 312; MU�OZ SABATE, Luis. T�cnica Probatoria. Editorial Pr�xis, Barcelona, Espa�a, 1983, p. 191. �Usualmente los hechos son denominados situaciones reales de los casos o fragmentos de la realidad.
Bunge (1975) postula que es todo aquello que "pertenece a la realidad" y los divide en: acontecimientos, o modificaciones en el espacio-tiempo; procesos, o secuencia de acontecimientos ordenados en el tiempo; sistemas concretos o sustancias f�sicas; fen�menos, o el reflejo sensorial de los objetos y procesos reales en el sujeto cognoscente�.
Victor Patricio D�az. Doctor en Ciencias Biol�gicas. Una Aproximaci�n al Concepto de Hecho Cient�fico. Universidad Austral de Chile. DEI MALATESTA, Framarino Op. Cit. Pag. 71. Revista digital de la maestr�a en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica N�2, 2010. LA PRUEBA INDICIARIA, Ronald Cort�s Coto, Juez de Casaci�n Penal, Magister en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica. Eduardo M. Jauchen.
Tratado de la prueba en materia penal. RUBINZAL � CULZONI EDITORES. Buenos Aires, 2004. P�g.592. �Los indicios de capacidad para delinquir, que tambi�n pueden llamarse de oportunidad personal o, m�s sencillamente, de personalidad, proceden de la compatibilidad de la personalidad f�sica y moral con el acto cometido. Por lo que se sabe del conjunto de su car�cter, de su conducta pasada, de sus costumbres y disposiciones, se deduce que el acusado era capaz de haber cometido el delito imputado o, inclusive, que fue llevado a ejecutarlo�.
LA REFORMA DEL PROCESO PENAL PERUANO. ANUARIO DE DERECHO PENAL 2004 PRUEBA INDICIARIA: DOCTRINA Y JURISPRUDENCIA NACIONAL. JORGE ROSAS YATACO. Fuente: HYPERLINK "https://www.unifr.ch/ddp1/derechopenal/anuario/an_2004_14.pdf" https://www.unifr.ch/ddp1/derechopenal/anuario/an_2004_14.pdf Los indicios son graves �si el nexo que une las premisas del indicio es racional, l�gico, probable, inmediato, estable, seriamente indicativo del hecho indicado, seg�n las reglas de la experiencia.� Sentencia de fecha mayo 8 de 1997, rad. 9858, tambi�n en sentencia del 9 de agosto de 2006, rad. 23251. CSJ.
Sentencia 23251 del 13 de septiembre de 2006. M.P. Dr. �lvaro Orlando P�rez Pinz�n. Sentencia de fecha mayo 8 de 1997, rad. 9858, tambi�n en sentencia del 9 de agosto de 2006, rad. 23251. Seg�n CONDE-PUMPIDO TOURON, el derecho a la presunci�n de inocencia no se opone a que la convicci�n judicial en el proceso penal pueda formularse sobre la base de una prueba indiciaria tipo, si bien debe satisfacer al menos dos exigencias: Los hechos base o indicios deben estar acreditados y no pueden tratarse de meras sospechas.
El �rgano jurisdiccional debe razonar el proceso a trav�s del cual, partiendo de los indicios llega a la convicci�n sobre la existencia del hecho delictivo y la participaci�n del acusado. Para este autor, la funci�n del Tribunal consiste en comprobar una serie de requisitos, que proporcionan los par�metros que debe cumplir una sentencia que fundamente su condena en prueba indiciaria, y comentando la sentencia del Tribunal Supremo, de la Sala segunda, n�mero 1182/1997, de 3 de octubre, afirma: Desde el punto de vista formal: la sentencia debe expresar cuales son los hechos base o indicios acreditados para fundamentar la deducci�n o inferencia. Y adem�s, debe hacer expl�cito el razonamiento a trav�s del cual, partiendo de los indicios, se ha llegado a la convicci�n sobre el acaecimiento de los hechos punibles y la participaci�n en los mismos del acusado.
(�) Desde el punto de vista material los indicios deben estar plenamente acreditados, ser plurales, o excepcionalmente uno, pero de una singular potencia acreditativa, ser concomitantes al hecho que se trata de probar y adem�s, deben estar interrelacionados (cuando sean varios) de modo que se refuercen entre s�. Por �ltimo afirma, que la inducci�n o inferencia debe ser razonable, es decir, no s�lo que no sea arbitraria, absurda o infundada, sino que responda plenamente a las reglas de la l�gica y de la experiencia, de manera que de los hechos probados fluya como conclusi�n el dato, que queda acreditado para el Tribunal.
Fuente: HYPERLINK "http://www.psiquiatria.com/psicologia_juridica/los-indicios-en-el-derecho-penal-y-la-criminologia/" http://www.psiquiatria.com/psicologia_juridica/los-indicios-en-el-derecho-penal-y-la-criminologia/ Revista digital de la maestr�a en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica N�2, 2010. LA PRUEBA INDICIARIA, Ronald Cort�s Coto, Juez de Casaci�n Penal, Magister en Ciencias Penales de la Universidad de Costa Rica. Providencia SP16201-2014.
Rad. 40087, del 20 de noviembre de 2014. M.P. Eyder Pati�o Cabrera En providencia SP16201-2014. Rad. 40087, del 20 de noviembre de 2014. M.P. Eyder Pati�o Cabrera se dijo: �La Corte tambi�n ha precisado que en esa forma de participaci�n impera el principio de imputaci�n rec�proca, seg�n el cual, cuando existe una resoluci�n com�n al hecho, lo que haga cada uno de los coautores es extensible a todos los dem�s, sin perjuicio de que las otras contribuciones individualmente consideradas sean o no por s� solas constitutivas de delito.� MARIO SALAZAR MARIN.
Autor y part�cipe en el injusto penal. Ediciones Jur�dicas Gustavo Ib��ez. Bogot�, 1998. MARIO SALAZAR MARIN. Op. Cit. P�gina 111 y 112. Sobre la finalidad de estos homicidios se hizo el respectivo estudio en la p�g. 19 de esta providencia. Se dijo en varios segmentos de esta providencia que el prop�sito inicial de los integrantes del Bloque Tayrona era el de obtener informaci�n acerca del paradero de David Sarmiento Villamil, para tal efecto habr�an torturado a las personas retenidas, como estas no develaron informaci�n en este sentido, procedieron a darles muerte e incinerar sus cad�veres. Seg�n el art�culo 83 de la ley 500 de 2000. Seg�n el art�culo 89 ibidem. Seg�n el infor tv����d �κ��wcO5+h}�h}�6�OJQJ^JmH nH sH tH 3h�Zyh�Zy5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH &h}�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $&h�ZyCJOJPJQJ^JaJnH $tH $/h�Zyh�Zy5�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $&hlS5CJOJPJQJ^JaJnH $tH $,h�Zyh�ZyCJOJPJQJ^JaJnH $tH $'h�Zyh�Zy6�OJPJQJ^JnH $tH $-h�Zy5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH 3h}�h}�5�CJOJQJ^JaJmH nH sH tH ��� �.�U � �Rj�5.�����������������$d��a$gd�=B$d���-DM� ����a$gdlS5$��d���-DM� ����^��a$gd�Zy$��d���-DM� ����^��a$gd�Zy$d��a$gd�Zy$d�a$gd�Zyd � � � � 2 3 � � � � � �������������䩌tYt>t5h�=Bh}�5�6�>*CJOJPJQJ^JaJnH $tH $4h�=Bh}�6�CJOJQJ^JaJfHq� ����/h�=Bh}�6�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $8h�=Bh}�6�B*CJOJPJQJ^JaJnH $ph333tH $0h}�h}�6�B*OJPJQJ^JnH $ph333tH $Bjh}�h}�0J!6�B*OJQJU^JfHphq� ����5h}�h}�6�B*OJQJ^JfHphq� �����45H^o,-.m����W��±����z`zC&C8h�=BhlS56�B*CJOJPJQJ^JaJnH $phtH $8h�=Bh?<�6�B*CJOJPJQJ^JaJnH $phtH $3hlS5h?<�6�B*OJPJQJ\�^JnH $phtH $hlS5h?<�6�OJQJ^J/h�=Bh?<�5�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $ h�=Bh�=BCJOJQJ^JaJ h�=BhlS5CJOJQJ^JaJ/h�=BhlS55�CJOJPJQJ^JaJnH $tH $!hlS56�OJPJQJ^JnH $tH 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APELACI�N DE SENTENCIA HOMICIDIO EN PERSONA PROTEGIDA Y OTROS CONTRA: H�CTOR RESTREPO VILLA R/TRIBUNAL: 584-15 PAGE \* MERGEFORMAT 3 LEY 600 DE 2000 APELACI�N DE SENTENCIA HOMICIDIO EN PERSONA PROTEGIDA Y OTROS CONTRA: HECTOR A RESTREPO VILLA R/TRIBUNAL: 584-15 �SThshthuhwhxhzh{h}h~h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h�h������������ѸѸѸ��w�ѸfbQ!jhm5�h�<�CJOJQJUh�x� h�*�h�<�CJOJQJ^JaJ3h3Q�h�<�CJH*OJPJQJaJmH nH sH tH "h�<�@���CJOJQJaJnH tH (hjS�h�<�@���CJOJQJaJnH tH 0hjS�h�<�CJOJPJQJaJmH nH sH tH *h�<�CJOJPJQJaJmH nH sH tH jhc:Uhc:Uh�,wh�<�OJQJ�h�h�h�hiii!i8i_i�i�i�i�i�i�i���������������$a$gdBgdB$ ��8!d��a$gdB�h�h�hii iiiii7iBiWi]i^ifigi�i�i�i�i�i�i�i�i�i���������������}kR�����NJhS@�hc:0h;\ h�<�CJOJPJQJaJmH nH sH tH "h�<�@���CJOJQJaJnH tH (hjS�h�<�@���CJOJQJaJnH tH 0hjS�h�<�CJOJPJQJaJmH nH sH tH *h�<�CJOJPJQJaJmH nH sH tH h�x�h�<�h�t>CJOJQJmHnHu!jhm5�h�<�CJOJQJUh�<�CJOJQJhm5�h�<�CJOJQJ9 0&Pw1�h:p����/ �I!��"��#��$��%��������Dd�~��� � �����A�?������.� escudocolImagen 1Descripci�n: escudocol"����b�>�O4���J7�e6���lD%n�d>�O4���J7�e6����PNG IHDR��͝"2gAMA������PLTE��������������@@@��@�@��@������������������������������@��������̻�����������wwwfffUUUDDD333"""��������f��3�������̙��f��3�������������f��3���f��f��f��ff�f3�f�3��3��3��3f�33�3�����f�3�����������f��3������̙��f��3��̙�̙�̙�̙f̙3̙�f��f��f��ff�f3�f�3��3��3��3f�33�3�������f�3������̙����f��3�������̙̙��f��3�������̙�f��3���f��f̙f��ff�f3�f�3��3̙3��3f�33�3���̙��f�3�f��f��f��f�ff�3f�f��f��f̙f�ff�3f�f��f��f��f�ff�3f�ff�ff�ff�ff3fff3�f3�f3�f3ff33f3f�f�f�fff3f3��3��3��3�f3�33�3��3��3̙3�f3�33�3��3��3��3�f3�33�3f�3f�3f�3ff3f33f33�33�33�33f333�3�3�3f333�����f�3����̙�f�3��������f�3�f�f�f�fff3f3�3�3�3f333��f3�����ݻ����a�� pHYstt�fx�IDATx�͜�v�H�9�s�����Rha�_Aɀ��;n�w�=g"ڪ�|L��oץ��oMjm��-���U� �~��d���=~<Tce�1� x�c��8���WC]�~`���4> �GN#<O�ρ�j�����x�%���� �qϯ����L�c���C� �3� �'B �<�1�0��'���A�qҞ��c�(>Z�%B��{��6��t��6�e@ഭ��D@A��a���Q�d����>F�]��5�U �� ���ԧ�[��5��Hދ<&�nF�!�=*C��1�Y�d��.B��E�A��ό�~ �2 ���� �BA8�`J����@�.��S�UTh��$���4��w��a�X����R(�N�3=�'jT�H"�!�z�T�Cm&:Ĩ�H-,��:£C�\M@��Q�?�Bf 㿣>-T�T��H�@����*f#)D\����LcF�H6H�Џ�@as�c�>����O�(��e���Nc�w�ZI) ��)���GZK"�C��)�C�������_TK>�ʍ�)����,q��ބ\�Zc·�o�Y�4�h啬��>�� �l&XN��Z�� �p����eP�B!)��se�T(��Ȅ���m����S@ϑŘ���`��B2?��ܼ�;
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CJOJPJQJaJphMxT@T���T�tulo 5$$���@&B* OJPJQJphMxNA`���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri@���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin listaX�o���X���T�tulo 2 Car'5�B*CJOJPJQJ\�^JaJph[��R�o��R���T�tulo 3 Car!B* CJOJPJQJ^JaJphMxJ�o��J���T�tulo 5 CarB* OJPJQJ^JphMx*�o��!*��0�Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Ref. de nota al pie1 Car,FA Fu Car,Ref. de nota al pie11 Car,Texto de nota al pie Car,Footnotes refss Car,Appel note de bas de page Car,BVI fnr Car,f CarCJOJ PJ QJ ^JaJ(@2(��0�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Ref. de nota al pie1,FA Fu,Ref. de nota al pie11,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,referencia nota al pie,Footnote number,BVI fnr,f, Card��CJaJ$�o��A$���Texto nota pie Car1,Car Car2,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car1,Footnote reference Car1,FA Fu Car2,FA Fu Car Car Car Car Car Car Car Car 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