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Seg�n el art�culo 5� de la Ley 906 de 2004, �en ejercicio de las funciones de control de garant�as, preclusi�n y juzgamiento, los jueces se orientar�n por el imperativo de establecer con objetividad la verdad y la justicia� (subrayas fuera de texto). La verdad se concreta en la correspondencia que debe mediar entre la representaci�n subjetiva que el sujeto se forma y la realidad u objeto aprehendido por aquel, que, trat�ndose del proceso penal, apunta a una reconstrucci�n lo m�s fidedigna posible de una conducta humana con todas las vicisitudes materiales, personales, sociales, modales, sicol�gicas, etc., que la hayan rodeado, a partir de la cual el juez realizar� la pertinente ponderaci�n de su tratamiento jur�dico conforme con las disposiciones legales, para ah� s�, asignar la consecuencia establecida en la ley, lo cual vale tanto para condenar, como para absolver o exonerar de responsabilidad penal.
En procura de dicha verdad, la Ley 906 de 2004 establece en su art�culo 7�, lo siguiente: �Presunci�n de inocencia e in dubio pro reo. Toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal, mientras no quede en firme decisi�n judicial definitiva sobre su responsabilidad penal�. �En consecuencia, corresponder� al �rgano de persecuci�n penal la carga de la prueba acerca de la responsabilidad penal.
La duda que se presente se resolver� a favor del procesado�. �En ning�n caso podr� invertirse esta carga probatoria�. �Para proferir sentencia condenatoria deber� existir convencimiento de la responsabilidad penal del acusado, m�s all� de toda duda� (subrayas fuera de texto). (�) en la referida legislaci�n fueron refundidos en un solo precepto, tanto la presunci�n de inocencia, como el principio in dubio pro reo, �ntimamente relacionados con el concepto de verdad al que atr�s se aludi�.
En efecto, la convicci�n sobre la responsabilidad del procesado �m�s all� de toda duda�, corresponde a un estadio del conocimiento propio de la certeza racional y, por tanto, relativa, dado que la certeza absoluta resulta imposible desde la perspectiva de la gnoseolog�a en el �mbito de las humanidades e inclusive en la relaci�n sujeto que aprehende y objeto aprehendido.
Impera rememorar que la verdad racional constituye una pretensi�n sustancial com�n a cualquier sistema procesal penal, pues ser�a contrario a la justicia como valor fundante de las sociedades democr�ticas que la finalidad del proceso fuera la mentira, la falacia o el sofisma, aserto que es corroborado con el texto de las �ltimas legislaciones procesales colombianas sobre el tema: En el art�culo 218 del Decreto 409 de 1971 se dispon�a que para proferir sentencia de condena era necesario obtener �prueba plena y completa� sobre la demostraci�n del hecho y la responsabilidad del autor.
En el art�culo 247 del Decreto 050 de 1987 se exig�a como prueba para condenar aquella que condujera a �la certeza del hecho y la responsabilidad del acusado�. En el art�culo 247 del Decreto 2700 de 1991 la exigencia probatoria para condenar se circunscrib�a a la �prueba que conduzca a la certeza del hecho punible y la responsabilidad del sindicado�.
A su vez en el art�culo 232 de la Ley 600 de 2000 se establece que �no se podr� dictar sentencia condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a la certeza de la conducta punible y de la responsabilidad del procesado�. Como viene de verse, es incuestionable que la certeza sobre la materialidad del delito y la responsabilidad del acusado, que a la postre comporta la noci�n de verdad racional dentro del diligenciamiento punitivo, no es caracter�stica exclusiva del sistema procesal penal acusatorio.
En consecuencia, s�lo cuando no se arriba a dicha certeza relativa de �ndole racional ante la presencia de dudas sobre la materialidad y existencia del delito investigado o sobre la responsabilidad del acusado, siempre que, en todo caso, dichas dudas tengan entidad y suficiencia como para crear incertidumbre sobre tales aspectos que tienen que ser debidamente acreditados con medios de prueba reales y posibles en cada caso concreto, no con elementos de convicci�n ideales o imposibles, ah�, en tal momento, es posible acudir a la aplicaci�n del principio in dubio pro reo, esto es, resolver la vacilaci�n probatoria en punto de la demostraci�n de la verdad, a favor del acusado.
As� las cosas, no resulta conforme con la teor�a del conocimiento exigir que la demostraci�n de la conducta humana objeto de investigaci�n sea absoluta, pues ello siempre ser�, como ya se dijo, un ideal imposible de alcanzar, como que resulta frecuente que variados aspectos del acontecer constitutivo de la g�nesis de un proceso penal no resulten cabalmente acreditados, caso en el cual, si tales detalles son nimios o intrascendentes frente a la informaci�n probatoria ponderada en conjunto, se habr� conseguido la certeza racional, m�s all� de toda duda, requerida para proferir fallo de condena.
Por el contrario, si aspectos sustanciales sobre la materialidad del delito o la responsabilidad del acusado no consiguen su demostraci�n directa o indirecta al valorar el cuadro conjunto de pruebas, se impone constitucional y legalmente aplicar el referido principio de resoluci�n de la duda a favor del incriminando, el cual a la postre, tambi�n se encuentra reconocido en la normativa internacional como pilar esencial del debido proceso y de las garant�as judiciales�.
(Resaltado y negritas fuera de texto). De forma similar, un segmento de la doctrina patria se ha pronunciado sobre el instituto de la duda razonable que, valga decirlo - pese a las similitudes que ha expuesto la Sala Penal de la Corte Suprema frente a otras figuras procesales relacionadas con los est�ndares de prueba - resulta novedoso en la legislaci�n nacional.
Y resulta novedoso si se tiene en cuenta que es solo hasta la expedici�n del Acto Legislativo No.03 de 2002, desarrollado por la ley 906 de 2004, que esta instituci�n procesal es aludida en toda su dimensi�n en el contexto del proceso penal y no es en un secreto que ha sido extrapolada del sistema procesal de Estados Unidos y Puerto Rico, de cuyas fuentes bebe la sistem�tica acusatoria colombiana; as� por ejemplo, en palabras del Profesor Ramiro Alonso Mar�n V�squez �(�) la expresi�n duda razonable compagina m�s con la naturaleza probable de la verdad (en mayor o menor grado) que se obtiene en el proceso penal, en vez de aquellos lugares comunes en el lenguaje probatorio como �certeza inconfutable� o �certeza absoluta�, porque la verdad que puede obtenerse en el proceso es una forma particular de verdad hist�rica, en la medida en que se refiere a la b�squeda de correspondencia entre lo reconstruido por un hecho presente que es la prueba y un hecho pasado que es el delito, por medio de m�todos jur�dicamente regulados.
Lo m�s que podr�a obtenerse, si funciona satisfactoriamente la inferencia desde los elementos probatorios a los hechos probados, ser�a la m�xima probabilidad que nos pone en un estado mental del �m�s all� de duda razonable�, que es cuando puede dictarse sentencia condenatoria, porque los hechos pasados ya no pueden observarse directamente por el Juez sino que �l los reconstruye por v�a de inferencia, como hechos probados, a partir de datos probatorios y a trav�s de m�ximas de la experiencia. En este sentido avanz� la legislaci�n procesal penal, porque la epistemolog�a jur�dica contempor�nea prefiere la expresi�n �verdad probable� a la de �verdad objetiva�, sustituye la �demostraci�n� (propia de las ciencias) por la �argumentaci�n probatoria� y la �certeza� por la �razonabilidad�.
Por ello, la expresi�n �m�s all� de duda razonable�, traducci�n de la f�rmula anglosajona �beyond reasonable doubt� significa que se ha trascendido la duda justificada razonablemente o que se ha superado una duda no arbitraria; o, como dice Ernesto Chiesa Aponte, cuando cita la Regla 10C de Evidencia del Sistema de Puerto Rico: <<la prueba m�s all� de duda razonable no significa certeza absoluta ni certeza matem�tica, es suficiente la convicci�n o certeza moral en un �nimo no prejuiciado�>>�.
(Subrayas y negrita fuera de texto). Para reforzar, debe tenerse en cuenta que en el �mbito judicial el debate generalmente no se orienta a mostrar que una respuesta es la �nica correcta, o que exista certeza frente a un determinado punto, sino que la soluci�n propuesta es la m�s razonable o aceptable. PRINCIPIO DE SELECCI�N PROBATORIA- Obliga al juez a apreciar solamente los medios de conocimiento que considere relevantes para el caso. �De conformidad con criterios jurisprudenciales, el principio de selecci�n probatoria obliga al juez a que aprecie �nicamente aquellos medios de conocimiento que considere relevantes para el caso concreto, toda vez que el juzgador� �(�)�no est� obligado a hacer un examen exhaustivo de todas y cada una de las pruebas incorporadas al proceso, ni de todos y cada uno de sus extremos asertivos, porque la decisi�n se har�a interminable, sino de aquellos que considere importantes para la decisi�n a tomar, de suerte que s�lo existir� error de hecho por omisi�n o mutilaci�n de la prueba cuando aparezca claro que el medio, o un fragmento del mismo, fue realmente ignorado, siendo probatoriamente relevante� REP�BLICA DE COLOMBIA RAMA JUDICIAL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE SANTA MARTA SALA PENAL Radicaci�n: 47001 610 9527 2011 81079 00Rad.
Trib.:236-15Procesado: Jorge Luis Camargo Mozo Delito: Acceso Carnal Violento Motivo:Apelaci�n de Sentencia Condenatoria Decisi�n:Confirma Aprobaci�n:Acta 13 de diciembre de 2017Fecha:15 de diciembre de dos mil diecisiete (2017) Magistrado Ponente: David Vanegas Gonz�lez ASUNTO Procede la Sala a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la defensa en contra de la decisi�n proferida el 2 de marzo de 2015, a trav�s de la cual el Juez Cuarto Penal del Circuito de Santa Marta - Magdalena conden� a JORGE LUIS CAMARGO MOZO por el delito de ACCESO CARNAL VIOLENTO.
ACONTECER F�CTICO �El 12 de junio de 2011 en horas de la noche por la entrada de �El Yucal� en esta ciudad, JORGE LUIS CAMARGO MOZO persona mayor de edad, mediante violencia accedi� carnalmente a OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO de 24 a�os de edad, introduci�ndole el asta viril en su vagina. Los anteriores hechos se produjeron cuando la v�ctima solicit� los servicios del imputado quien se desempe�aba como moto taxista, para dirigirse a su residencia ubicada en el barrio Los Fundadores.
Bajo enga�o JORGE LUIS CAMARGO MOZO se desv�a con el pretexto de no pasar por donde estaban unos polic�as, coge un atajo y llega a un lugar solitario donde se baja de la moto y toma por el cuello a OSIRIS ISABEL oblig�ndola a quitarse el pantal�n; le realiza sexo oral y luego le introduce el pene en la vagina�. DE LA ACTUACI�N PROCESAL 1.- Luego de la captura llevada a cabo por orden del Juzgado Sexto Penal Municipal con Funciones de Garant�as el 14 de marzo de 2012, se surtieron las audiencias preliminares de legalizaci�n de captura, formulaci�n de imputaci�n y medida de aseguramiento el 16 de marzo de 2012.
Posteriormente, la Fiscal�a Segunda Seccional - CAIVAS - el 15 de mayo de 2012 present� escrito de acusaci�n contra JORGE LUIS CAMARGO MOZO, endilg�ndole el delito de ACCESO CARNAL VIOLENTO. 2.- Asignado el conocimiento del asunto al Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Santa Marta, el 30 de julio de 2012 se celebr� audiencia de formulaci�n de acusaci�n, en cuyo contexto la Fiscal�a endilg� al procesado el delito de ACCESO CARNAL VIOLENTO. 3.- El 27 de agosto de 2012 se practic� la audiencia preparatoria.
En esta misma diligencia, la Fiscal�a introdujo una adici�n al escrito de acusaci�n del 20 de junio de 2012, por la cual se adicionan tres anexos con los que se quiere respaldar la acusaci�n. Despu�s de escuchar las manifestaciones de las partes, el Juez procedi� a decretar las pruebas que se practicar�an en el juicio. 4.- Finalmente, se llev� a cabo la audiencia de juicio oral los d�as 6 de febrero de 2013, 19 de marzo de 2013, 2 de mayo de 2013, 10 de octubre de 2013, 3 de junio de 2014, 7 de julio de 2014 y 26 de agosto de 2014, y en esas fechas se procedi� a agotar la etapa probatoria y a realizar los respectivos alegatos de conclusi�n. DE LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA El Juzgado Cuarto Penal del Circuito con Funciones de Conocimiento de Santa Marta el 2 de marzo de 2015 profiri� sentencia condenatoria en contra de JORGE LUIS CAMARGO MOZO, quien fuera acusado como probable autor del delito de acceso carnal violento.
Luego de un resumen de los hechos acaecidos y de las actuaciones procesales relevantes, el Juzgado comienza afirmando que el testimonio medular del caso es el de la v�ctima, se�ora OSIRIS CASTA�EDA MERCADO, pues fue la �nica testigo directa de los hechos. Adem�s, afirma que el testimonio fue coherente, concatenado, natural y que no incurri� en contradicci�n alguna, por lo que no es posible rest�rsele valor probatorio.
Menciona el A quo, partiendo del an�lisis de la sana cr�tica, que el testimonio de BREIDIS SU�REZ MAESTRE, novio de la v�ctima posee las mismas caracter�sticas del testimonio de la se�ora CASTA�EDA MERCADO, por lo que le asigna �un valor suasorio alto�. Tambi�n establece que el testimonio de SU�REZ MAESTRE no es prueba de referencia por cuanto declar� sobre lo que escuch� y ley� directamente a trav�s del tel�fono celular, convirti�ndose en un testigo directo de varios episodios.
En la sentencia tambi�n se analiza el testimonio del perito de medicina legal, doctor ALFREDO BOL�VAR TAVERA, habida cuenta que este declar� que la v�ctima contaba con se�ales de violencia en su cuerpo al momento del examen f�sico, aseveraci�n que respalda los precitados testimonios y la acusaci�n de la Fiscal�a. Por otra parte, el Juez de primer grado sostuvo que las exculpaciones que la Defensa del procesado no tienen m�rito probatorio suficiente para infirmar el valor demostrativo que poseen las pruebas de cargo.
El Juez explic� que la violencia de la que habla el perito experto es atribuible al accionar de CAMARGO MOZO y no al medio � escenario - en que ocurrieron los hechos, como quiere hacer ver la Defensa. De igual forma, la premisa de que el procesado y la v�ctima se conoc�an con anterioridad - pues ambos son oriundos del mismo lugar -, es descartada por el Juzgado de origen, dado que el hecho de que sean de la misma poblaci�n, no es un indicador de que se conociesen, y, mucho menos, de que su encuentro hubiese estado planificado.
Por lo anterior, el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Santa Marta considera que la Fiscal�a demostr� suficientemente la materialidad de la conducta y la responsabilidad del procesado frente a la misma, por lo que procede a condenar a JORGE LUIS CAMARGO MOZO por el punible de ACCESO CARNAL VIOLENTO imponi�ndole una pena consistente en trece (13) a�os de prisi�n y accesoria de inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por el mismo lapso.
Asimismo, se le neg� la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y la prisi�n domiciliaria. DE LA APELACI�N Mediante escrito presentado el 9 de marzo de 2015, el defensor present� recurso de apelaci�n contra la sentencia proferida el 2 de marzo de 2015. Es de anotar que en el contexto del recurso, el se�or Defensor alude a que la sentencia condenatoria se finc� en contra de las reglas de la experiencia y de la sana cr�tica.
Afirma que la sentencia est� �nica y exclusivamente fundamentada en el testimonio de OSIRIS CASTA�EDA MERCADO y con ella se asever� que se pod�a demostrar la responsabilidad penal de su prohijado. Sin embargo, era claro para la Defensa que exist�an diversas hip�tesis que imped�an alcanzar la certeza (sic) m�s all� de toda duda razonable, necesaria para condenar a CAMARGO MOZO.
Sostiene que aunque en la sentencia recurrida se indic� que el an�lisis realizado parti� de la sana cr�tica o persuasi�n racional, lo que ocurri� fue todo lo contrario. Aduce que el A quo, �para, presuntamente, cumplir con la carga argumentativa que exige la ley para efectos de desvirtuar la presunci�n de inocencia, adjudic� al acusado << UN ESPECIAL SIQUISMO O FORMA DE PENSAR Y ACTUAR >> no usual, hecho que da como determinante y probado sin estarlo, m�xime cuando tal conclusi�n solo ser�a predicable de un m�dico legista o una prueba t�cnica y no de donde fue sustra�da por parte del censor de primera instancia (sic), �sea (sic) del testimonio de la v�ctima�.
Refiere el recurrente, que tras validar err�neamente la anterior premisa a la que arrim� el juzgador, se concluye infundadamente que dentro de la litis concurre la certeza m�s all� de toda duda razonable respecto de la responsabilidad del acusado, desconoci�ndose flagrantemente lo que �ha determinado la doctrina especializada en la materia como la regla est�ndar de prueba frente a la presunci�n de inocencia�.
Respecto del testimonio del perito del Instituto Nacional de Medicina Legal, el Defensor sostiene que con el mismo se desvirt�a la supuesta utilizaci�n de violencia en el encuentro sexual sostenido entre OSIRIS CASTA�EDA y el procesado. En lo referente a la violencia f�sica, expone que del peritaje no se puede determinar que los golpes con los que contaba la presunta v�ctima fuesen con ocasi�n de violencia usada durante la relaci�n sexual, sobre todo cuando en el cuello, donde deber�a existir una marca fruto de la supuesta agresi�n, no fue encontrada herida alguna.
De igual manera, alude al testimonio del procesado y de su accionar, exponiendo que de all� se derivan indicios claros de que la relaci�n sexual entre este y OSIRIS CASTA�EDA fue totalmente consensuada. As� mismo, indic� que CAMARGO MOZO no portaba ning�n elemento que pudiera infundir miedo en la persona de la presunta v�ctima; que el procesado dej� utilizar su dispositivo telef�nico a OSIRIS CASTA�EDA; que la presunta v�ctima no present� despu�s de la ocurrencia del hecho marcas de agresi�n f�sica; que despu�s de terminado el acto sexual, el procesado transport� en su motocicleta a la presunta v�ctima hasta donde ella le solicita y que el procesado le suministr� su n�mero telef�nico a la se�ora OSIRIS CASTA�EDA para continuar en contacto con ella.
Aunque el Defensor no lo dice de manera expresa, se colige de la lectura de su escrito que pretende la absoluci�n del se�or JORGE LUIS CAMARGO MOZO, por cuanto las pruebas practicadas no lograron derruir su presunci�n de inocencia. En segmentos culminantes del escrito contentivo del recurso de apelaci�n, propone que se decrete la nulidad de la actuaci�n por cuanto se quebrantaron las reglas propias del debido proceso, toda vez que el Juez culmin� la sesi�n del juicio oral y fij� fecha para sentido de fallo y lectura de sentencia en un mismo d�a. En criterio del apelante, la nulidad tambi�n debe ser decretada en atenci�n a la violaci�n a las formas propias del juicio, pues el mismo juez que dio inicio no fue el mismo que lo culmin�, situaci�n �sta que, expone, tiene grave incidencia en las resultas del proceso.
Sobre estos aspectos se profundizar� m�s adelante, cuando se de respuesta a cada uno de los puntos propios de la apelaci�n. TRASLADO A LOS NO RECURRENTES La representante del ente persecutor present� un escrito, haciendo uso del traslado a los no recurrentes. En el mismo, aduce que le asiste raz�n al Juez en la sentencia de primera instancia, en tanto que es claro que la v�ctima hizo uso de un medio de transporte, confiada en que iba a ser dejada en su destino. Sin embargo, fue llevada a un lugar inh�spito y all� se abus� de ella.
Para la fiscal, el solo hecho de la desviaci�n ya es un signo de violencia. Adem�s, la delegada de la Fiscal�a afirma que en el proceso est� plenamente probado que existi� violencia al momento del acceso, por lo que no son de su recibo las exculpaciones que realiza el Defensor en su recurso de apelaci�n. CONSIDERACIONES DE LA SALA De conformidad con el numeral 1 del art�culo 34 del C�digo de Procedimiento Penal (Ley 906 de 2004), corresponde a la Sala Penal del Tribunal Superior decidir sobre los recursos de apelaci�n contra los autos y sentencias que en primera instancia profieran los jueces de circuito y de las sentencias dictadas por los municipales del mismo distrito.
Revisados los audios y los documentos obrantes en la carpeta y analizados los argumentos del apelante, proceder� la Sala a realizar el estudio jur�dico y probatorio respectivo, atendiendo a las inconformidades del defensor apelante frente a la sentencia condenatoria. La situaci�n f�ctica denunciada corresponde a un delito que atenta contra el bien jur�dico de la �LIBERTAD, INTEGRIDAD Y FORMACI�N SEXUAL�, concretamente ACCESO CARNAL VIOLENTO, el cual se encuentra tipificado en el libro Segundo, Cap�tulo I, T�tulo IV, Art�culo 205 del C�digo.
Precisado lo anterior, debe la Colegiatura determinar si efectivamente se encuentra acreditada, m�s all� de toda duda, la responsabilidad de JORGE LUIS CAMARGO MOZO o, contrario sensu, no ha sido posible por parte de la Fiscal�a derruir su presunci�n de inocencia, al punto que se haga necesaria la revocatoria del fallo objeto de alzada, y en consecuencia absolver al procesado de la conducta por la cual se acus�.
Para llevar a cabo dicha labor, se hace necesario abordar el estudio de algunas instituciones jur�dicas, sustantivas y procesales, como lo veremos en lo sucesivo. ALGUNAS ACOTACIONES PRELIMINARES SOBRE LOS INGREDIENTES NORMATIVOS DEL TIPO PENAL DE ACCESO CARNAL VIOLENTO El objeto jur�dico que se estructura en este tipo penal es el de la Libertad Sexual, que es entendida como la capacidad de actuaci�n que le asiste al individuo con el solo imperio de su voluntad de disponer ante s� - y frente a los dem�s integrantes de la comunidad - de su propio sexo, con libertad de elegir, aceptar o rechazar las pretensiones que se produzcan en la esfera de su sexualidad.
El mismo se centra en la facultad de decidir soberanamente sobre la realizaci�n o tolerancia de sus funciones sexuales conforme a sus propias valoraciones y en la de rechazar actos de injerencia ajena, o supuestos de fuerza o intimidaci�n o cualquier otra pretensi�n externa en donde comprometan sus instintos, atributos o potencialidades sexuales, y se coloque en entredicho, el libre ejercicio de su autonom�a individual y su propia capacidad de decisi�n. De acuerdo a la descripci�n t�pica, los elementos estructurales de la conducta punible son: La violencia, entendida como la fuerza, el constre�imiento, la presi�n f�sica o ps�quica �intimidaci�n o amenaza - que el agente despliega sobre la v�ctima para hacer desaparecer o reducir sus posibilidades de oposici�n o resistencia a la agresi�n que ejecuta;
La relaci�n causal, porque debe haber perfecto v�nculo de fundamento a consecuencia entre la violencia realizada por el autor sobre el cuerpo del sujeto pasivo y el acto agresor. Dicho de otra forma, el comportamiento sexual es consecuencia de la fuerza previa o concomitante, en el entendido de que sin esta no es posible el atentado. O en las palabras del art�culo 206 del c�digo penal, el acceso carnal se debe realizar �mediante violencia�.
Sin violencia, pues, no puede haber acceso carnal sexual violento. Por eso la doctrina afirma que entre el acto de fuerza y el acceso carnal debe mediar la adecuada relaci�n de causalidad, valorando las circunstancias objetivas y subjetivas concurrentes, que la fuerza se erija en causa del acceso carnal practicado; que la v�ctima resulte sexualmente agredida por haberse usado contra ella la fuerza necesaria para doblegar su voluntad remisa; que debe existir nexo causal entre el acceso y la violencia; que es necesario que la violencia sea la causa efectiva del evento; y que entre el acceso y la fuerza ha de haber conexi�n causal, de modo que sea l�cito establecer que el primero se ha producido como consecuencia de haberse usado la segunda.
La dualidad acci�n-oposici�n: Si la violencia o intimidaci�n es utilizada para vencer la resistencia de la v�ctima, por regla general, ante el asalto, tiene que haber una respuesta negativa de �sta, que finalmente resulta dominada por el autor. Es decir, entre agresor y agredido debe mediar una lucha, que tanto la fuerza � material o moral, se entiende - como la resistencia, que son antagonistas, deben ser f�sicas. - Para la tipificaci�n del delito de acceso carnal violento �art�culo 205 del C�digo Penal- no es obligatorio que se encuentren huellas esperm�ticas, l�quidos o fluidos gen�ticos. - Las huellas de violencia f�sica sobre la v�ctima no son un requisito�sine qua non�para la tipificaci�n del delito. - La violencia puede ser f�sica o moral, ambas buscan subyugar la voluntad de la mujer, dominar sus sentidos, minar su autonom�a y aniquilar su resistencia. Habr� violencia moral por ejemplo, mediante amenazas, por miedo o temor de muerte. - El factor violencia en el delito de acceso carnal violento debe ser analizado ex ante, es decir al momento de la realizaci�n de la acci�n, y observando si conforme a las condiciones de un observador inteligente el comportamiento del autor ser�a o no adecuado para vencer la voluntad de la v�ctima y producir el resultado t�pico.
As� mismo, se deben tener en cuenta factores como la seriedad del ataque, la desproporci�n de las fuerzas y el estado de vulnerabilidad de la persona agredida. En el delito de acceso carnal violento, la violencia puede ser de dos tipos: 1. Violencia f�sica: Durante la ejecuci�n del hecho el sujeto activo se vale de cualquier v�a de hecho contra la libertad f�sica o de disposici�n del sujeto pasivo, que resulte suficiente a fin de vencer la resistencia que una persona en id�nticas condiciones a las de la v�ctima habr�a hecho ante el comportamiento desplegado. 2.
Violencia moral: Actos de intimidaci�n, amenaza o constre�imiento, que no implican el despliegue de fuerza f�sica, pero que tienen la capacidad de influir de tal manera en la libertad de la v�ctima para que �sta acceda a las exigencias del sujeto agente. ACERCA DE LOS PRINCIPIOS QUE REGULAN LA DECLARATORIA DE LAS NULIDADES En primer lugar, debe precisar la Sala que en lo concerniente a la ineficacia de los actos procesales, conforme lo ha sostenido la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia, entre otros, en los autos CSJ SP, 9 May. 2007, Rad. 27022 y CSJ SP, 29 oct. 2010, Rad. 30300, si bien es cierto el sistema penal acusatorio no consagr� expresamente los principios que orientan la declaratoria y convalidaci�n de las nulidades como lo hac�a la ley 600 de 2000 (art. 305 al 310), tal circunstancia no significa que esos postulados hubiesen desaparecido, y es as� porque son inherentes al asunto. �A esa conclusi�n lleg� la Sala de Casaci�n Penal, al interpretar las normas que regulan el instituto de la nulidad y especialmente porque consider� que la actividad del Estado se dirige a garantizar la efectividad de los principios, derechos y deberes consagrados en la Carta Pol�tica, entre los que se cuentan las garant�as fundamentales, la legalidad de la prueba y la competencia del juez, consagrados principalmente en el art�culo 29 de la Constituci�n Nacional.
En consecuencia, los principios de taxatividad, protecci�n, convalidaci�n, trascendencia, instrumentalidad y el car�cter residual, seguir�n rigiendo las nulidades como hasta ahora. En ese orden, el funcionario judicial s�lo podr� decretar las nulidades expresamente consagradas (art. 458 L. 906/04), no podr� invocarlas el sujeto procesal que ocasion� la configuraci�n de la causal salvo el caso de ausencia de defensa t�cnica, la irregularidad puede convalidarse con el consentimiento expreso o t�cito del sujeto perjudicado siempre y cuando se hayan observado las garant�as fundamentales, el postulante est� forzado a demostrar que la irregularidad afecta las garant�as constitucionales de los sujetos procesales o desconoce la estructura b�sica del proceso judicial, y que no existe otro dispositivo procesal distinto a la nulidad para subsanar el yerro cometido.
Por lo tanto, quien aduce una nulidad tiene la obligaci�n de indicar el motivo de invalidez que alega, las razones de hecho y derecho en que la fundamenta, y no podr� invocar una nueva petici�n por la misma causal sino por una diferente o por hechos ulteriores. Esos principios, no sobra advertirlos, deben concurrir en cada caso�. La Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia se ha pronunciado acerca de los principios que regulan las nulidades, de la siguiente manera: �Principio de trascendencia: Quien solicita la declaratoria de nulidad tiene el indeclinable deber de demostrar no s�lo la ocurrencia de la incorrecci�n denunciada, sino que �sta afecta de manera real y cierta las garant�as de los sujetos procesales o socava las bases fundamentales del proceso.
Principio de instrumentalidad de las formas: No procede la invalidaci�n cuando el acto tachado de irregular ha cumplido el prop�sito para el cual estaba destinado, siempre que no se viole el derecho de defensa. Principio de taxatividad: Para solicitar la declaratoria de invalidez de la actuaci�n es imprescindible invocar las causales establecidas en la ley.
Principio de protecci�n: El sujeto procesal que haya dado lugar al motivo de anulaci�n no puede plantearlo en su beneficio, salvo cuando se trate del quebranto del derecho de defensa t�cnica. Principio de convalidaci�n: La irregularidad que engendra el vicio puede ser convalidada de manera expresa o t�cita por el sujeto procesal perjudicado, siempre que no se violen sus garant�as fundamentales.
Principio de residualidad: Compete al peticionario acreditar que la �nica forma de enmendar el agravio es la declaratoria de nulidad. Principio de acreditaci�n: Quien alega la configuraci�n de un motivo invalidatorio, est� llamado a especificar la causal que invoca y a plantear los fundamentos de hecho y de derecho en los que se apoya�. (Negritas y subrayas fuera de texto).
NULIDAD POR CAMBIO DE JUEZ En reciente decisi�n, la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia advirti� que el criterio jurisprudencial vigente en lo referente al relevo de jueces de conocimiento, en el contexto del modelo de juzgamiento que regula la ley 906 de 2004, est� orientado a que tal circunstancia - solo por excepci�n -, es constitutiva de nulidad, como quiera que el cambio puede obedecer a situaciones administrativas ingobernables.� De acuerdo con el citado prove�do, solo se configurar�a una nulidad cuando el debate probatorio no es presenciado y dirigido por un mismo juez, porque ello entra�a, adem�s, la violaci�n de otras garant�as.
No obstante, si del supuesto f�ctico procesal se desprende que las pruebas soporte de la decisi�n atacada fueron recibidas por el mismo funcionario que anunci� el sentido de fallo, y que la sentencia guarda unidad tem�tica con los argumentos expuestos en ese anuncio, la jurisprudencia ha sido enf�tica y reiterativa en que ning�n agravio serio hay frente a la estructura del proceso o los derechos fundamentales de las partes. NULIDAD Y ABSOLUCI�N. PRINCIPIO DE PRIORIDAD.
Cargos que pretendan la absoluci�n prevalecen frente a la nulidad. La Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia ha explicado que el principio de prioridad comporta que los cargos contra la sentencia del Tribunal deban ser presentados en un orden l�gico, de manera tal que aquel de mayor cobertura y trascendencia se presente como principal, pues as� se facilita el trabajo del juez de casaci�n; como que, de prosperar, se torna inoficioso el estudio de las censuras restantes.
En ese contexto, cuando el recurrente pretende cuestionar la sentencia, primero para lograr una decisi�n de fondo, pero, segundo, porque observa el quebrantamiento de las garant�as superiores al debido proceso y/o al derecho a la defensa, aquel principio indicar�a que lo �ltimo, que necesariamente apunta a la nulidad, deba plantearse en primer orden, en tanto mal puede pretenderse una sentencia cuando se han violado derechos fundamentales, de tal forma que debe pretenderse primero que estos se restablezcan para que, luego, se emita un fallo respetuoso de todas esas potestades.
No obstante, el principio debe ser matizado, en tanto puede suceder que lo actuado imponga la absoluci�n del procesado, contexto dentro del cual resulta perjudicial que se retrotraiga el juicio con el pretexto de restablecer sus derechos, dado que aquella decisi�n estructura una garant�a mayor. La jurisprudencia de la Corte se ha pronunciado en ese sentido, en el entendido de que la tensi�n que pueda existir entre las alternativas de anular el procedimiento por vicios que afectan exclusivamente al procesado y la de eximirlo de responsabilidad debe resolverse a favor de la que representa mayor significaci�n sustancial, que es la �ltima, como finalidad suprema perseguida por la parte defendida. DE LA SANA CR�TICA Y LAS REGLAS DE LA EXPERIENCIA DESDE UNA BREVE PERSPECTIVA DOCTRINARIA Y JURISPRUDENCIAL Hugo Alsina dice que "Las reglas de la sana cr�tica, no son otras que las que prescribe la l�gica y derivan de la experiencia, las primeras con car�cter permanente y las segundas, variables en el tiempo y en el espacio�. Couture define las reglas de la sana cr�tica como "(�) las reglas del correcto entendimiento humano; contingentes y variables con relaci�n a la experiencia del tiempo y del lugar; pero estables y permanentes en cuanto a los principios l�gicos en que debe apoyarse la sentencia".
Asimismo, este autor se�ala que las reglas de la sana cr�tica configuran una categor�a intermedia entre la prueba legal y la libre convicci�n. Sin la excesiva rigidez de la primera y sin la excesiva incertidumbre de la �ltima, configura una feliz f�rmula de regular la actividad intelectual del juez frente a la prueba. Las reglas de la sana cr�tica son, para �l ante todo, "(�) las reglas del correcto entendimiento humano. En ellas interfieren las reglas de la l�gica, con las reglas de la experiencia del juez.
Unas y otras contribuyen de igual manera a que el magistrado pueda analizar la prueba con arreglo a la sana raz�n y a un conocimiento experimental de los casos. El juez que debe decidir con arreglo a la sana cr�tica, no es libre de razonar a voluntad, discrecionalmente, arbitrariamente. Esta manera de actuar no ser�a sana cr�tica, sino libre convicci�n. La sana cr�tica es la uni�n de la l�gica y la experiencia sin excesivas abstracciones de orden intelectual, pero tambi�n sin olvidar esos preceptos que los fil�sofos llaman de higiene mental, tendientes a asegurar el m�s certero y eficaz razonamiento". La Corte Suprema concibe las reglas de la sana cr�tica a partir de tres elementos: la l�gica, las m�ximas de la experiencia o las reglas de la ciencia. En la doctrina se considera la sana cr�tica como el conjunto de las reglas de la l�gica, de la experiencia y de la ciencia que deben ser utilizadas por el juez en el momento de decidir acerca del m�rito que dan a las pruebas. La Corte Suprema de Justicia, en diversas ocasiones ha entendido que las reglas de la experiencia, son aquellas que: �(�) se configuran a trav�s de la observaci�n e identificaci�n de un proceder generalizado y repetitivo frente a circunstancias similares en un contexto temporo - espacial determinado, de manera que tienen pretensiones de universalidad que solo se except�an frente a condiciones especiales que introduzcan cambios variables, con virtud de desencadenar respuestas diversas a las normalmente esperadas y predecibles�.
As� las cosas, con apoyo en las citas precedentes, las reglas de la experiencia corresponden al postulado �siempre o casi siempre que se presenta A, entonces sucede B�, motivo por el cual permiten efectuar pron�sticos � referidos a predecir el acontecer que sobrevendr� a la ocurrencia de una causa espec�fica (prospecci�n) �, y diagn�sticos � predicables de la posibilidad de establecer a partir de la observaci�n de un suceso final su causa eficiente (retrospecci�n). Para Friedrich STEIN, a quien se debe la introducci�n en el derecho procesal del concepto m�ximas de experiencia, estas "Son definiciones o juicios hipot�ticos de contenido general, desligados de los hechos concretos que se juzgan en el proceso, procedentes de la experiencia, pero independientes de los casos particulares de cuya observaci�n se han inducido y que, por encima de esos casos, pretenden tener validez para otros nuevos" EL CONCEPTO DE DUDA RAZONABLE, DESDE LA JURISPRUDENCIA Y LA DOCTRINA NACIONALES Si recordamos que el recurrente afirm� que el juez de primer grado desconoci� flagrantemente �lo que ha determinado la doctrina especializada en la materia como la regla est�ndar de prueba frente a la presunci�n de inocencia�, se hace necesario desarrollar un estudio sencillo de las instituci�n jur�dica aludida, de cara a determinar hacia qu� extremo se debe inclinar la balanza de la Justicia. En una decisi�n de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia que deviene en grado sumo pertinente, se efectu� un estudio de alto contenido pedag�gico, acerca de la instituci�n jur�dica de la duda razonable, en los t�rminos que siguen: �(ii) La certeza, la duda razonable y el principio in dubio pro reo.
Seg�n el art�culo 5� de la Ley 906 de 2004, �en ejercicio de las funciones de control de garant�as, preclusi�n y juzgamiento, los jueces se orientar�n por el imperativo de establecer con objetividad la verdad y la justicia� (subrayas fuera de texto). La verdad se concreta en la correspondencia que debe mediar entre la representaci�n subjetiva que el sujeto se forma y la realidad u objeto aprehendido por aquel, que, trat�ndose del proceso penal, apunta a una reconstrucci�n lo m�s fidedigna posible de una conducta humana con todas las vicisitudes materiales, personales, sociales, modales, sicol�gicas, etc., que la hayan rodeado, a partir de la cual el juez realizar� la pertinente ponderaci�n de su tratamiento jur�dico conforme con las disposiciones legales, para ah� s�, asignar la consecuencia establecida en la ley, lo cual vale tanto para condenar, como para absolver o exonerar de responsabilidad penal.
En procura de dicha verdad, la Ley 906 de 2004 establece en su art�culo 7�, lo siguiente: �Presunci�n de inocencia e in dubio pro reo. Toda persona se presume inocente y debe ser tratada como tal, mientras no quede en firme decisi�n judicial definitiva sobre su responsabilidad penal�. �En consecuencia, corresponder� al �rgano de persecuci�n penal la carga de la prueba acerca de la responsabilidad penal.
La duda que se presente se resolver� a favor del procesado�. �En ning�n caso podr� invertirse esta carga probatoria�. �Para proferir sentencia condenatoria deber� existir convencimiento de la responsabilidad penal del acusado, m�s all� de toda duda� (subrayas fuera de texto). (�) en la referida legislaci�n fueron refundidos en un solo precepto, tanto la presunci�n de inocencia, como el principio in dubio pro reo, �ntimamente relacionados con el concepto de verdad al que atr�s se aludi�.
En efecto, la convicci�n sobre la responsabilidad del procesado �m�s all� de toda duda�, corresponde a un estadio del conocimiento propio de la certeza racional y, por tanto, relativa, dado que la certeza absoluta resulta imposible desde la perspectiva de la gnoseolog�a en el �mbito de las humanidades e inclusive en la relaci�n sujeto que aprehende y objeto aprehendido.
Impera rememorar que la verdad racional constituye una pretensi�n sustancial com�n a cualquier sistema procesal penal, pues ser�a contrario a la justicia como valor fundante de las sociedades democr�ticas que la finalidad del proceso fuera la mentira, la falacia o el sofisma, aserto que es corroborado con el texto de las �ltimas legislaciones procesales colombianas sobre el tema: En el art�culo 218 del Decreto 409 de 1971 se dispon�a que para proferir sentencia de condena era necesario obtener �prueba plena y completa� sobre la demostraci�n del hecho y la responsabilidad del autor.
En el art�culo 247 del Decreto 050 de 1987 se exig�a como prueba para condenar aquella que condujera a �la certeza del hecho y la responsabilidad del acusado�. En el art�culo 247 del Decreto 2700 de 1991 la exigencia probatoria para condenar se circunscrib�a a la �prueba que conduzca a la certeza del hecho punible y la responsabilidad del sindicado�.
A su vez en el art�culo 232 de la Ley 600 de 2000 se establece que �no se podr� dictar sentencia condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a la certeza de la conducta punible y de la responsabilidad del procesado�. Como viene de verse, es incuestionable que la certeza sobre la materialidad del delito y la responsabilidad del acusado, que a la postre comporta la noci�n de verdad racional dentro del diligenciamiento punitivo, no es caracter�stica exclusiva del sistema procesal penal acusatorio.
En consecuencia, s�lo cuando no se arriba a dicha certeza relativa de �ndole racional ante la presencia de dudas sobre la materialidad y existencia del delito investigado o sobre la responsabilidad del acusado, siempre que, en todo caso, dichas dudas tengan entidad y suficiencia como para crear incertidumbre sobre tales aspectos que tienen que ser debidamente acreditados con medios de prueba reales y posibles en cada caso concreto, no con elementos de convicci�n ideales o imposibles, ah�, en tal momento, es posible acudir a la aplicaci�n del principio in dubio pro reo, esto es, resolver la vacilaci�n probatoria en punto de la demostraci�n de la verdad, a favor del acusado.
As� las cosas, no resulta conforme con la teor�a del conocimiento exigir que la demostraci�n de la conducta humana objeto de investigaci�n sea absoluta, pues ello siempre ser�, como ya se dijo, un ideal imposible de alcanzar, como que resulta frecuente que variados aspectos del acontecer constitutivo de la g�nesis de un proceso penal no resulten cabalmente acreditados, caso en el cual, si tales detalles son nimios o intrascendentes frente a la informaci�n probatoria ponderada en conjunto, se habr� conseguido la certeza racional, m�s all� de toda duda, requerida para proferir fallo de condena.
Por el contrario, si aspectos sustanciales sobre la materialidad del delito o la responsabilidad del acusado no consiguen su demostraci�n directa o indirecta al valorar el cuadro conjunto de pruebas, se impone constitucional y legalmente aplicar el referido principio de resoluci�n de la duda a favor del incriminando, el cual a la postre, tambi�n se encuentra reconocido en la normativa internacional como pilar esencial del debido proceso y de las garant�as judiciales�.
(Resaltado y negritas fuera de texto). De forma similar, un segmento de la doctrina patria se ha pronunciado sobre el instituto de la duda razonable que, valga decirlo - pese a las similitudes que ha expuesto la Sala Penal de la Corte Suprema frente a otras figuras procesales relacionadas con los est�ndares de prueba - resulta novedoso en la legislaci�n nacional.
Y resulta novedoso si se tiene en cuenta que es solo hasta la expedici�n del Acto Legislativo No.03 de 2002, desarrollado por la ley 906 de 2004, que esta instituci�n procesal es aludida en toda su dimensi�n en el contexto del proceso penal y no es en un secreto que ha sido extrapolada del sistema procesal de Estados Unidos y Puerto Rico, de cuyas fuentes bebe la sistem�tica acusatoria colombiana; as� por ejemplo, en palabras del Profesor Ramiro Alonso Mar�n V�squez �(�) la expresi�n duda razonable compagina m�s con la naturaleza probable de la verdad (en mayor o menor grado) que se obtiene en el proceso penal, en vez de aquellos lugares comunes en el lenguaje probatorio como �certeza inconfutable� o �certeza absoluta�, porque la verdad que puede obtenerse en el proceso es una forma particular de verdad hist�rica, en la medida en que se refiere a la b�squeda de correspondencia entre lo reconstruido por un hecho presente que es la prueba y un hecho pasado que es el delito, por medio de m�todos jur�dicamente regulados.
Lo m�s que podr�a obtenerse, si funciona satisfactoriamente la inferencia desde los elementos probatorios a los hechos probados, ser�a la m�xima probabilidad que nos pone en un estado mental del �m�s all� de duda razonable�, que es cuando puede dictarse sentencia condenatoria, porque los hechos pasados ya no pueden observarse directamente por el Juez sino que �l los reconstruye por v�a de inferencia, como hechos probados, a partir de datos probatorios y a trav�s de m�ximas de la experiencia. En este sentido avanz� la legislaci�n procesal penal, porque la epistemolog�a jur�dica contempor�nea prefiere la expresi�n �verdad probable� a la de �verdad objetiva�, sustituye la �demostraci�n� (propia de las ciencias) por la �argumentaci�n probatoria� y la �certeza� por la �razonabilidad�.
Por ello, la expresi�n �m�s all� de duda razonable�, traducci�n de la f�rmula anglosajona �beyond reasonable doubt� significa que se ha trascendido la duda justificada razonablemente o que se ha superado una duda no arbitraria; o, como dice Ernesto Chiesa Aponte, cuando cita la Regla 10C de Evidencia del Sistema de Puerto Rico: <<la prueba m�s all� de duda razonable no significa certeza absoluta ni certeza matem�tica, es suficiente la convicci�n o certeza moral en un �nimo no prejuiciado�>>�.
(Subrayas y negrita fuera de texto). Para reforzar, debe tenerse en cuenta que en el �mbito judicial el debate generalmente no se orienta a mostrar que una respuesta es la �nica correcta, o que exista certeza frente a un determinado punto, sino que la soluci�n propuesta es la m�s razonable o aceptable. DEL IN DUBIO PRO REO. De acuerdo con la jurisprudencia especializada, esta instituci�n procesal de marcado acento constitucional - al punto que est� incluida en el art�culo 29 superior -, se debe aplicar si no hay certeza de la culpabilidad del procesado, y as� se proceder� en los casos en los cuales las pruebas allegadas al juicio arrojan un estado de total incertidumbre o de duda, pues si bien no puede descartarse plenamente que los hechos hubiesen podido suceder en la forma se�alada en la acusaci�n, esa duda, agotado el juicio, se torna insalvable, imponi�ndose el deber de resolverla en favor del sujeto pasivo de la acci�n penal. DEL PRINCIPIO DE SELECCI�N PROBATORIA De conformidad con criterios jurisprudenciales, el principio de selecci�n probatoria obliga al juez a que aprecie �nicamente aquellos medios de conocimiento que considere relevantes para el caso concreto, toda vez que el juzgador� �(�)�no est� obligado a hacer un examen exhaustivo de todas y cada una de las pruebas incorporadas al proceso, ni de todos y cada uno de sus extremos asertivos, porque la decisi�n se har�a interminable, sino de aquellos que considere importantes para la decisi�n a tomar, de suerte que s�lo existir� error de hecho por omisi�n o mutilaci�n de la prueba cuando aparezca claro que el medio, o un fragmento del mismo, fue realmente ignorado, siendo probatoriamente relevante� Efectuado el an�lisis legal y jurisprudencial precedente, se habr� de abordar a continuaci�n los motivos de disenso planteados por el defensor, que para una mayor claridad se resumen de la siguiente manera: 1.
Depreca que se decrete la nulidad de la actuaci�n, por cuanto se vulneraron las formas propias del juicio oral por emitirse el sentido del fallo y dictarse la sentencia condenatoria en una misma fecha y por haberse desconocido el principio de inmutabilidad o permanencia del juez. Sea lo primero indicar que aunque la solicitud de nulidad fue el �ltimo punto abordado por el defensor en su escrito de apelaci�n, en este caso en particular se debe dar aplicaci�n al principio de prioridad, desde su �ptica tradicional, pues si bien es cierto el recurrente solicit�, inicialmente, que se decrete la absoluci�n ante la existencia de duda probatoria, no lo es menos que la Sala advierte que tal pedimento no tiene vocaci�n de prosperidad por las razones que en su debido momento se explicar�n, y si esto es as�, se insiste, se acoger� la postura tradicional de la Corte Suprema de Justicia y en este sentido se abordar� el estudio de los cargos referidos al desconocimiento del debido proceso, pues de prosperar el pedimento de nulidad se har�a inoficioso el estudio de los restantes cargos.
Grosso modo, aduce el censor que se quebrantaron las reglas propias del debido proceso, por cuanto el a quo culmin� la sesi�n del juicio oral y fij� fecha para el anuncio del sentido del fallo y lectura de sentencia en un mismo d�a y, adem�s, en un t�rmino que supera las dos horas que es el mandato contemplado en la ley 906 de 2004. Sustenta su petici�n en la transcripci�n de sentencias emanadas de la Corte Constitucional, que dicho sea de paso, no guardan estrecha correspondencia con el tema propuesto, como quiera que se refieren en amplio sentido al instituto de las nulidades, pero que en modo alguno aluden al anuncio del sentido del fallo y a la trascendencia de la incorrecci�n denunciada, esto es, haberse dictado la sentencia de manera inmediata a dicho anuncio.
Tampoco sustent� los motivos por los cuales el proceder del juez de primer grado afect� de manera real y cierta las garant�as del acusado y socav� las bases fundamentales del debido proceso, siendo entonces su reproche vago y distante de las exigencias jurisprudenciales sobre la materia. Pese a la precariedad advertida la Sala dar� respuesta a la censura.
Para tal efecto, no se desconoce que de conformidad con lo preceptuado en los art�culos 446 y 447 de la Ley 906 de 2004, una vez finalizado el debate oral y p�blico, el juez podr� decretar un receso hasta por dos horas para dictar el sentido del fallo y, si es de car�cter condenatorio, inmediatamente conceder� la palabra a las partes para que se refieran a las condiciones individuales de todo orden del declarado penalmente responsable, luego de lo cual fijar� fecha y hora para proferir sentencia en un t�rmino que no puede exceder de quince d�as.
Reprocha entonces la Defensa que el a quo realiz� las dos audiencias (sentido del fallo y lectura de sentencia) en una �nica vista p�blica, situaci�n que si bien no es la contemplada en el estatuto procesal, no comporta irregularidad sustancial que afecte la estructura del debido proceso o el derecho de defensa en tanto las partes tuvieron la oportunidad de intervenir y expresar su punto de vista en torno a los aspectos que deb�an tratarse; adem�s, basta con una lectura desprevenida del escrito impugnatorio, para percatarse que el censor como se indicara en precedencia, no explic� las razones por las cuales esta din�mica afect� el debido proceso en su arista de defensa t�cnica.
En ese orden, la falencia advertida no ostenta la trascendencia que se le atribuye, pues si la sencillez del caso o la agilidad del funcionario permiten su confecci�n r�pida, nada obsta para que la sentencia se dicte de una vez, siendo esta la postura asumida por la Sala de Casaci�n Penal, dentro del proceso No.- 44792. SP4319, de fecha 16 de abril de 2015.
El cargo, anuncia esta Sala de Decisi�n, no prospera. En lo que ata�e al segundo reproche generador, seg�n el recurrente, de nulidad, aduce que el principio de la inmediaci�n de la prueba se vio quebrantado por cuanto el juez que dio inicio al juicio oral, no fue el mismo que lo culmin�; situaci�n �sta que desde su perspectiva, tiene graves incidencias en las resultas del proceso, �si nos detenemos a revisar que el operador judicial que da inicio al juicio recepciona unos testimonios de vital importancia que indiscutiblemente deben ir concatenados con los que el segundo juez recibe en sede de juicio oral�.
Empero, no discrimina el defensor los testimonios aludidos, y cu�les de ellos fueron recibidos por uno u otro juez, como tampoco explica los aspectos convergentes o concatenados entre ellos y su relevancia y la raz�n por la cual se hac�a necesario que un mismo juez hubiera tenido la inmediaci�n en el examen de dichos testigos que, se reitera, no aludi� ni relacion� en modo alguno. Tal y como qued� sentado en renglones pret�ritos de esta providencia, la circunstancia referida al cambio de juez- solo por excepci�n -, es constitutiva de nulidad, toda vez que el cambio puede obedecer a situaciones administrativas ingobernables.
Tambi�n qued� sentado que si del supuesto f�ctico procesal se desprende que las pruebas soporte de la decisi�n atacada fueron recibidas por el mismo funcionario que anunci� el sentido de fallo, y que la sentencia guarda unidad tem�tica con los argumentos expuestos en ese anuncio, la jurisprudencia ha sido enf�tica y reiterativa en que ning�n agravio serio hay frente a la estructura del proceso o los derechos fundamentales de las partes. Lo m�s relevante es que el impugnante no explic� cu�l es el perjuicio que por las pretendidas anomal�as sufri� el procesado y c�mo se afectaron sus garant�as o las bases fundamentales del proceso, pues, como lo ha reiterado la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, para que opere la nulidad se requiere la producci�n de un da�o y el defensor tiene la carga de ense�ar de qu� forma se beneficiar�a el procesado con la invalidaci�n del proceso.
Por consiguiente, ense�a la Corte, �(�) los principios que rigen las nulidades, as� como la demostraci�n de la incidencia trascendente del vicio alegado, el se�alamiento del estadio procesal a partir del cual debe decretarse la invalidaci�n, y la comprobaci�n del perjuicio concreto irrogado a la parte que se reputa afectada con la irregularidad, son exigencias que deben colmarse, trat�ndose de la invocaci�n de alguna de las causales de nulidad�. Pero en gracia de discusi�n, basta con revisar las actas correspondientes a las sesiones del juicio oral de fechas junio 3 de 2014 (f - 228 C.O) y julio 7 de 2014 (f � 297 del C.O), para constatar que el juez que anunci� el sentido del fallo y emiti� la sentencia condenatoria, tuvo inmediaci�n en la pr�ctica de la prueba testimonial de la v�ctima, de su novio para la fecha de los hechos, se�or Breidis de Jes�s Su�rez Maestre, y del acusado, pruebas estas en grado sumo relevantes, en las cuales - en virtud del principio de selecci�n probatoria -, soport� la decisi�n judicial que ahora se ataca por la v�a de la apelaci�n. Luego entonces, por carencia de sustento y relevancia, el cargo alegado no prospera. 2.
La relaci�n sexual sostenida entre la presunta v�ctima y el acusado fue de manera voluntaria. La pericia m�dico legal desvirt�a el uso de la violencia sobre la presunta v�ctima. Para dar respuesta a este reproche, es pertinente traer a colaci�n los aspectos m�s relevantes del testimonio rendido por el M�dico Forense del Instituto Nacional de Medicina Legal, Dr. ALFREDO BOLIVAR TAVERA, veamos: �Preguntado: Recuerda usted ese abordaje (�) sexol�gico que hace a la joven OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO? Contest�: S�, recuerdo ese nombre.
PREGUNTADO: Nos dec�a que hay un ac�pite sobre hallazgos. Recuerda usted si al valorar a la joven OSIRIS ISABEL, hubo alg�n hallazgo en cuanto al ac�pite de lesiones, qu� encontr� usted? CONTEST�: Recuerdo que en esa paciente se hallaron lesiones en el cuerpo. PREGUNTADO: Recuerda cu�les fueron esas lesiones, si le otorg� alguna incapacidad? CONTEST�: Las lesiones espec�ficas no las recuerdo porque fue en 2011, recuerdo que el mecanismo causal fue contundente cortante.
Se determin� una incapacidad definitiva de 8 d�as y sin secuelas m�dico � legales. Si se me permite leer el documento para refrescar memoria, con mucho gusto lo har�. PREGUNTADO: Dr, nos quiere leer lo que pone en el ac�pite de lesiones? CONTEST�: Equimosis viol�cea en rodilla izquierda, edema moderado en tercio medio anterior de la pierna izquierda, herida lineal de bordes regulares superficial en falange proximal dorsal de primer dedo de pie izquierdo, equimosis verdosa en tercio proximal lateral externo de pierna izquierda.
Cuando hago referencia a las equimosis, hago referencia a lo que com�nmente se conoce como morados o verdes, y el edema hago referencia a lo que usualmente se conoce como hinchaz�n. PREGUNTADO: Recuerda con respecto al examen genital, qu� hallazgos, rastros encontr� en esta valoraci�n? CONTEST�: A nivel genital se encontr� un desgarro antiguo y a nivel anal no se encontraron signos traum�ticos.
PREGUNTADO: Respecto al ac�pite de las conclusiones, nos puede informar cu�les fueron estas? CONTEST�: Con respecto a las conclusiones, lo que recuerdo es que el himen ten�a un desgarro antiguo, eso suele suceder cuando hubo una desfloraci�n superior a 10 d�as. A nivel anal no se encontraron signos traum�ticos pero eso no descarta caricias y tocamientos.
Con respecto a la edad, se dej� consignada la fecha de nacimiento de la v�ctima, edad documental de 24 a�os. En la parte de la conclusi�n, sobre las lesiones, se dej� consignado lo que dije hace un momento, sobre el mecanismo causal contundente y cortante, incapacidad de 8 d�as, sin secuelas m�dico legal. Se recomend� una evaluaci�n por psicolog�a y al momento del examen se dictamin� un estado de embriaguez negativo.
PREGUNTADO: Referente al aspecto al an�lisis general de la persona que se valora m�dicamente, y para el caso espec�fico, s�rvase a manifestar si encontr� alguna lesi�n en el cuello. CONTEST�: No se encontraron lesiones en el cuello. PREGUNTADO: Ud., nos ha ilustrado que ha realizado m�ltiples diligencias de este tipo. Ind�quenos cu�les son las lesiones m�s comunes de encontrar en este tipo de casos, donde a Ud., le manifiestan que hay un acceso carnal violento.
CONTEST�: El com�n denominador de la mayor�a de los casos, es que f�sicamente no se encuentran lesiones. Pero atendiendo a la pregunta, las pacientes que presentan lesiones suelen presentar equimosis y edemas, son las lesiones m�s frecuentes, pero esto tambi�n depende donde haya sucedido el hecho. La mayor�a de las veces las lesiones se dan por el lugar y no por el agresor al momento de realizar el hecho.
(�) PREGUNTADO: Referente al an�lisis de los �rganos genitales, se lee en las conclusiones que pone �sin hallazgos de importancia�. Me puede explicar qu� significa? CONTEST�: Eso hace referencia al hecho de que no se encuentran signos traum�ticos: ni equimosis, ni edemas, ni heridas realmente significativas para el caso bajo estudio. PREGUNTADO: Cuando se realiza una relaci�n sexual sin el consentimiento de la persona, esto genera un traumatismo en la zona genital? CONTEST�: No necesariamente.
La din�mica de la relaci�n sexual es muy voluble. Incluso una relaci�n sexual consentida puede dejar hallazgos, dependiendo de cu�n fogosa o apasionada haya sido. Y una relaci�n en contra de la voluntad de una persona, dependiendo de las circunstancias, puede no dejar hallazgos. De hecho un gran porcentaje de los reconocimientos que se hacen de delitos sexuales no se encuentra hallazgos f�sicos de ning�n trauma.
PREGUNTADO: En el interrogatorio anterior manifest� que las caricias y tocamientos no dejan evidencia, por qu� hace menci�n a eso si nos est� diciendo que el asta viril tampoco deja evidencia?. CONTEST�: Eso hace referencia a que el hecho de que una caricia o un tocamiento, dependiendo con la fuerza que se haga o en qu� superficie se haga, puede no dejar evidencia f�sica de que hubo, pero eso tampoco quiere decir que no lo haya habido.
(�)� Ahora bien, en gracia de discusi�n, as� las huellas de violencia f�sica sobre la v�ctima no sean un requisito�sine qua non�para la tipificaci�n del delito, se colige de la informaci�n introducida por el m�dico legista, que contrario a lo expuesto por el recurrente, la v�ctima presentaba algunas lesiones de consideraci�n en varias partes de su cuerpo que s� son compatibles con la ausencia de voluntad o de consentimiento y aunque como lo explicara el forense, tales lesiones no siempre son indicativas de violencia sexual, pues incluso en relaciones sexuales consentidas pueden producirse lesiones, lo cierto es que los hallazgos guardan correspondencia con lo informado por la joven OSIRIS CASTA�EDA, quien, como se recabar� m�s adelante, relat� que el acusado la hab�a recostado usando su fuerza contra la motocicleta y en varias ocasiones apartaba con violencia sus piernas con el fin de accederla; estos son algunos segmentos de su atestaci�n, que guardan correspondencia con lo aportado por el legista: �(�) Entonces me baj� el pantal�n hasta las rodillas y con la mano me hal� la pierna, coloc� el pie en el pantal�n y me hal� la pierna�. �Con su mano, me subi� esta pierna en la moto, mi pie qued� enredado en algo de la moto porque no pod�a mover la pierna, �l me segu�a pisando el pie (�)�.
En palabras del defensor, otro aspecto que refuerza su teor�a del caso � en punto de la no utilizaci�n de la violencia en el encuentro sexual � deviene del hecho de que el mecanismo causal de las heridas en la humanidad de la joven OSIRIS CASTA�EDA, �fue contundente - cortante�, situaci�n que corrobora que no las produjo el procesado, por cuanto ning�n elemento ten�a en su poder al momento de la consumaci�n del encuentro sexual; enfatiza que el acusado no portaba arma o elemento alguno capaz de generar las lesiones descritas por el m�dico legista.
Sobre este aspecto, advierte la Sala que el defensor de manera habilidosa hace una modificaci�n gramatical de lo manifestado por el legista en su dictamen m�dico que incluso fue incorporado como parte integral de su testimonio (f-139 del C.O); all� claramente se expuso en el ac�pite de la conclusi�n que el mecanismo causal fue �(�) contundente; cortante;
(�)�, para diferenciar que las heridas habr�an sido causadas indistintamente por estos dos mecanismos, pero no por uno cortante � contundente como lo quiere hacer ver el defensor. De este dictamen se infiere de manera razonable que ante la presi�n corporal ejercida a la v�ctima por parte del acusado contra la superficie dura del veh�culo, perfectamente pudo originarse el tipo de lesiones detalladas por el perito m�dico.
Y en cuanto a las herida lineal mencionada por el legista en el pie izquierdo de la ofendida, recordemos que la denunciante indic� en su atestaci�n que el procesado le pis� fuertemente su pie izquierdo con al fin de inmovilizarle la pierna y poder accederla carnalmente, lo cual hace m�s cre�ble y fiel su relato, pues si la relaci�n hubiera sido consentida, como lo pretende hacer ver el recurrente, no habr�a necesidad de ejercer este tipo de violencia. Por otro lado, es importante tener en cuenta que el dictamen m�dico legal sexol�gico le fue practicado a la joven v�ctima al d�a siguiente de la ocurrencia de los hechos, esto es, el d�a 13 de junio de 2011, habiendo entonces una relaci�n de causalidad clara y razonable entre el episodio que denuncia y los hallazgos de lesiones corporales efectuados por el legista, doctor Bol�var Tavera.
Por guardar �ntima relaci�n con los primeros hallazgos evidenciados por el m�dico legista al d�a siguiente de los hechos, se destaca que las muestras recolectadas de la vagina de la v�ctima fueron analizadas por parte de la Dra. Sandra Pacheco Yepes, m�dico legista del Instituto Nacional de Medicina Legal, quien declar� en el juicio y expuso los pormenores de su dictamen, el que en sus segmentos de interpretaci�n de los hallazgos y conclusiones da cuenta que �(�) en los escobillados con frotis de origen vaginal, tomados a la v�ctima OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO, el 13-06-2011, se observaron espermatozoides, se interpreta como la PRESENCIA DE L�QUIDO SEMINAL�.
(F-135 C.O). 3. La sentencia condenatoria se finc� en contra de las reglas de la sana cr�tica y las reglas de la experiencia. Es una sentencia contraevidente. Se debi� dar prevalencia al principio de presunci�n de inocencia y absolver por duda probatoria. Aduce el defensor que el juez de primera instancia realiz� una valoraci�n contraevidente de la prueba y de las circunstancias f�cticas que rodearon el proceso penal (�) es as� como se finc� su determinaci�n de condena casi exclusivamente sobre el dicho de la presunta v�ctima y en la sentencia se dedica a verter ese dicho, para concluir que merece la m�s alta valoraci�n probatoria y as� declarar penalmente responsable al procesado; determinaci�n ante la cual se erige una enorme duda probatoria (�) en tanto no se realiz� un an�lisis global de los elementos que apoyaban la tesis planteada por la defensa, en el sentido de que la relaci�n sexual sostenida entre el procesado y la denunciante fue de com�n acuerdo.
Refuerza que se contravinieron abiertamente las reglas de la experiencia y la sana cr�tica, aunque en la sentencia recurrida se indic� que el an�lisis realizado parti� de la sana cr�tica o de la persuasi�n racional. SOBRE OTROS PUNTOS DE DISENSO OBRANTES EN EL ESCRITO CONTENTIVO DEL RECURSO DE APELACI�N. Con el fin de atender de manera integral los reproches del apelante, se har� alusi�n a otros argumentos que se hayan diseminados a lo largo de su escrito de apelaci�n y que guardan correspondencia, de acuerdo con el criterio del recurrente, con la afectaci�n de las reglas de la experiencia, haciendo claridad que algunos puntos de disenso sobre esta materia � que el recurrente cataloga a su vez como indicios que juegan a favor del procesado - ya fueron respondidos parcialmente en otros p�rrafos del presente prove�do, sin detrimento de que ahora se vuelvan a recabar, no solo para un mejor entendimiento de la situaci�n, sino tambi�n con el prop�sito de dar una respuesta verdaderamente seria a los reproches del apelante.
Veamos: 1. El censor vuelve a reiterar que CAMARGO MOZO al momento de los hechos no portaba elemento que pudiera infundir miedo en la humanidad de la se�ora OSIRIS CASTA�EDA, esta situaci�n aunada a que la contextura f�sica del procesado es delgada y de estatura baja, permiten colegir que ning�n miedo causaba a la denunciante. Reprocha el actor a lo largo de su escrito contentivo del recurso de apelaci�n que el Juez singular emiti� la sentencia condenatoria con un palmario desconocimiento de las reglas de la experiencia; tal aseveraci�n, no es cierta, y precisamente en lo que a este punto de disenso respecta, la Sala le responde que no es una regla de la experiencia que hombres de contextura delgada y de baja estatura carezcan de la fortaleza f�sica para doblegar a otro individuo � hombre o mujer - y afectar su integridad personal.
M�ltiples casos se presentan recurrentemente en el contexto socio - jur�dico dando cuenta de individuos que atentan contra el bien jur�dico de la vida e integridad personal de sujetos de mayor contextura corporal y no solo con la utilizaci�n de armas de cualquier �ndole, sino usando solamente las armas como herramientas. En suma, en lo atinente a la �alegada carencia de aptitud� del agresor en virtud de su contextura f�sica, en este punto tampoco le asiste raz�n al apelante como quiera que el material probatorio que reposa en la actuaci�n obra en su contra.
Veamos el sustento: En la sesi�n del juicio oral de fecha 19 de marzo de 2013 (f-96), la Fiscal�a y la defensa pactaron tres estipulaciones: Arraigo, carencia de antecedentes y plena identidad del procesado. En cuanto a esta �ltima estipulaci�n, las partes convinieron en aportar el informe dactilosc�pico (f 99-101) el cual est� a su vez acompa�ado de la fotocopia simple, por ambas caras, de la c�dula de ciudadan�a del se�or JORGE LUIS CAMARGO MOZO y la parte posterior, se indica que tiene una estatura de 1.70 metros; luego, la altura del acusado no es tan baja como lo quiere hacer ver el defensor, como quiera que se encuentra muy pr�ximo al rango de estatura promedio de los colombianos, de acuerdo con los �ltimos datos estad�sticos reportados, que ubican a los hombres en un rango de 1.71 metros y a las mujeres en 1.59 mt. Dicha informaci�n es de dominio p�blico y hace parte de los conocimientos que est�n al alcance de todos los ciudadanos, sin que se requiera tener conocimientos especializados para acceder a ella, como tampoco se amerita que sea aportada por cient�ficos o t�cnicos en el contexto de una actuaci�n de car�cter penal, lo cual significa que tambi�n hacen parte de los conocimientos generales y acad�micos del Juez y este los puede tener en cuenta, al momento de elaborar sus decisiones.
Pero en gracia de discusi�n - aun acept�ndose que el procesado es de baja estatura, que no lo es -, no se debe olvidar que la violencia que acompa�a los delitos sexuales, como el ahora examinado, puede ser f�sica y/o moral; y en este sentido, adem�s de haber quedado evidenciado � de conformidad con el dictamen rendido por el m�dico forense Dr. Alfredo Enrique Bol�var Tavera - que el acusado despleg� fuerza material sobre la v�ctima, tambi�n se prob� que la dobleg� desde el punto de vista psicol�gico o moral, como quiera que la ofendida relat� cre�blemente que su agresor, con el fin de evitar que pidiera auxilio y no ofreciera resistencia, le habr�a dicho que no gritara por cuanto en ese lugar, de suyo oscuro y retirado, hab�a viciosos y pod�an correr peligro e incluso a �l le pod�an robar la moto.
As� pues, la regla de la experiencia que ha querido construir el defensor, acerca de la carencia de aptitud f�sica del acusado, carece de todo soporte. Para culminar la respuesta a esta censura, se reitera entonces que la v�ctima nunca hizo alusi�n a que el hoy acusado usara arma de fuego, cortante o contundente para intimidarla, lo cual resulta de todas formas resulta irrelevante, como quiera que la violencia puede tener existencia as� el autor del delito act�e desprovisto de este tipo de elementos; pero para el caso que nos ocupa, se aviene con las reglas de la experiencia que la v�ctima, al ser empujada o recostada con fuerza contra el veh�culo automotor, haya podido sufrir el tipo de lesiones en sus extremidades inferiores, se enfatiza, dada la naturaleza de los elementos con que est�n fabricados este tipo de veh�culos; recu�rdese adem�s que de acuerdo con el dicho de la v�ctima, la motocicleta contra la cual el acusado recost� o empujo a la ofendida, se fue hacia atr�s en el momento del forcejeo, lo cual hace m�s cre�ble su relato en punto de haberse usado la fuerza para la materializaci�n del acceso carnal.
Se hace �nfasis en este momento que el aspecto concerniente a la intimidaci�n moral o ps�quica que se le atribuye al autor del punible, para la Sala es en grado sumo relevante, y es por eso que en pr�ximos segmentos ser� tratado, de cara a dar respuesta a otro de los reproches planteados por el apelante. 2. Alude por otro lado el recurrente, que �la se�ora Osiris Casta�eda no present� un d�a despu�s de la ocurrencia de los hechos investigados, marcas de agresi�n f�sica, espec�ficamente en su cuello en donde fue enf�tica en referir una supuesta lesi�n propinada por Camargo Mozo�.
Lo aseverado por el recurrente tampoco se aviene con la realidad de la prueba practicada en el juicio. Basta con rememorar que el m�dico forense, Dr. Alfredo Enrique Bol�var Tavera - en la sesi�n del juicio oral de fecha mayo 2 de 2013, (f-128) - fue interrogado acerca del DICTAMEN M�DICO LEGAL SEXOL�GICO practicado a la v�ctima. Claramente inform� en el ac�pite de lesiones que la examinada presenta: �1) Equimosis viol�cea discreta de 1 x 1.5 cm en rodilla izquierda. 2) Edema moderado de 3 x 3 cm en tercio medio anterior de pierna izquierda. 3) Herida lineal de bordes regulares superficial de 1 cm en falange proximal dorsal de 1er dedo de pie izquierdo. 4) Equimosis verdosa de 1.5 x 1 cm en tercio proximal lateral de pierna izquierda.
CONCLUSI�N: MECANISMO CAUSAL: Contundente; Cortante. Incapacidad m�dico legal DEFINITIVA: OCHO (8) D�AS (�)� Para esta Sala de Decisi�n, el dictamen de lesiones guarda seria correspondencia con el testimonio que rindiera la v�ctima en la sesi�n del juicio oral de fecha 3 de junio de 2014 (seg�n acta obrante a f � 228). Veamos por anticipado, los segmentos de esa atestaci�n que se conexionan con los hallazgos m�dicos: �(�) Volvi� a pisarme el pie izquierdo, yo pr�cticamente estaba puesta sobre la moto de tanto que me inclinaba hacia atr�s, mi �nico punto de apoyo era el pie izquierdo, el pie derecho quedaba en el aire, no encontraba donde agarrarme de la moto.
Me inclinaba y me bajaba el pantal�n, yo le dec�a que por qu� a m�, me dec�a que porque yo le hab�a gustado, me dec�a que me calmara, que no me preocupara y que eso lo hab�a hecho muchas veces. Entonces me baj� el pantal�n hasta las rodillas y con la mano me hal� la pierna, coloc� el pie en el pantal�n y me hal� la pierna�. �(�) Con su mano, me subi� esta pierna en la moto, mi pie qued� enredado en algo de la moto porque no pod�a mover la pierna, �l me segu�a pisando el pie� �(�) Me agarr� por el cuello y con una mano me empez� a bajar el pantal�n, con la otra mano me ten�a inclinada hacia atr�s. Volvi� a pisarme el pie izquierdo, yo pr�cticamente estaba puesta sobre la moto de tanto que me inclinaba hacia atr�s, mi �nico punto de apoyo era el pie izquierdo, el pie derecho quedaba en el aire, no encontraba donde agarrarme de la moto (�)� Es entendible entonces la raz�n por la cual � en este caso - la mayor�a de las lesiones de la v�ctima se presentan en las extremidades inferiores y con �nfasis en la pierna izquierda, pues si el atacante pis� con violencia su pie izquierdo para inmovilizarla, se aviene con las reglas de la experiencia que la mayor resistencia de la ofendida la hiciera con su pierna izquierda, pues en esta regi�n anat�mica el agresor hab�a acentuado su fuerza f�sica.
De ah� que, se reitera, sea esta parte del cuerpo la que m�s presentara hallazgos de lesiones y que denotan que la relaci�n sexual jam�s fue consentida, pues si bien es cierto que, tal y como lo ense�ara el legista, incluso en relaciones sexuales consensuadas pueden generarse lesiones de este tipo, para esta Sala es m�s probable � de acuerdo con las reglas de la experiencia - que estas se manifiesten en accesos carnales violentos como quiera que el sujeto ofensor, ante la falta de consentimiento y voluntad, imprime tambi�n su fuerza corporal en las extremidades inferiores de la mujer v�ctima, la cual, en un natural reflejo defensivo, intenta evitar � algunas veces con �xito - el acceso del miembro viril del agresor.
En honor a la verdad, le asiste en cambio raz�n al recurrente cuando acota que no se hallaron lesiones o marcas en el cuello; sin embargo, en modo alguno esta circunstancia es indicativa de que la relaci�n sexual fue consentida y que la v�ctima miente a este respecto, pues as� no se tengan conocimientos m�dicos especializados, es compatible con las reglas de la experiencia que no todas las marcas o huellas corporales originadas por la presi�n efectuada con las manos desaparecen de manera simult�nea, pues ha podido ocurrir en una situaci�n semejante a la examinada, que el atacante haya acentuado m�s la presi�n en las extremidades inferiores, en relaci�n con la que ejerci� en el cuello, sin que esto implique que el hoy acusado � ante la ausencia de lesiones en el cuello - no haya tomado a la v�ctima tambi�n por esta parte del cuerpo para doblegar m�s su voluntad.
Ahora bien, de acuerdo con el meridiano sentido com�n, quien primero se cerciora de la existencia de marcas o huellas de violencia en el cuerpo, es la propia v�ctima y si fuera cierto, como lo expone el defensor, que esta incrimin� falsamente al acusado pues sencillamente � de ser esta su verdadera intenci�n - hubiese omitido esta parte de su declaraci�n � donde indic� que el agresor hab�a ejercido violencia en su cuello - para hacerla m�s cre�ble ante el Juez pero, contrario sensu, no guard� ning�n detalle de lo ocurrido, lo que hace m�s fiel su exposici�n, en cuanto a la manera como se desarrollaron los hechos Debe relievarse que este aspecto tampoco se soslay� del estadio de valoraci�n probatoria realizado por el Juez a quo, quien atinadamente motivo que, �Respecto de la ausencia de las marcas en el cuello lo que resultar�a contradictorio en criterio de la defensa, habida consideraci�n de las manifestaciones de la v�ctima seg�n las cuales el agresor la sujetaba por el cuello para accederla, replica el despacho, acorde con la ciencia que se desprende del peritaje, que se�al� que no siempre quedan huellas o signos de violencia producidos por el agresor (�) de manera que su existencia y posterior fijaci�n en la pericia m�dico legal no es cosa que resulte necesaria cada vez que se produzcan actos de violencia�.
Como puede observarse, esta secci�n del proceso de valoraci�n no repugna con las reglas de la sana cr�tica ni de la experiencia, pues adem�s de haberse desarrollado el an�lisis pertinente con base en la cultura acad�mica del Juez, el an�lisis realizado tampoco est� distante de la realidad probatoria, como quiera que el fallador se afianz� de manera razonable en lo expuesto en el dictamen pericial; en este sentido no debe olvidarse que �el juez es perito de peritos�, m�xime que, como lo ha sostenido la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, el objeto de valoraci�n por parte del juez en una prueba pericial no es la conclusi�n del perito, sino el procedimiento que sustenta sus afirmaciones; recalca la Corte que �Como ocurre con todos los medios probatorios, la pericial debe ser considerada racionalmente por el juez, porque en la apreciaci�n del dictamen resulta imperativo tener en cuenta la firmeza, precisi�n y calidad de sus fundamentos�. Ninguno de estos postulados fueron desatendidos y para esta Sala � se itera - la valoraci�n que hiciera el A quo de las afirmaciones del perito m�dico se muestra racional, en clave de sustentar las circunstancias por las cuales no quedaron huellas de violencia en el cuello de la agredida, y en este punto es dable sostener - tomando como apoyo el an�lisis del forense - que la ausencia de lesiones en una determinada v�ctima, no es indicativa de la inexistencia del acceso carnal violento; empero, cuando estas se manifiesten pueden apuntar precisamente a lo contrario, esto es, a que s� existi� violencia sexual, pero la conclusi�n no se obtiene �nicamente en virtud de la presencia de las lesiones, marcas o huellas � las que incluso pueden originarse en una relaci�n sexual consentida -, sino de la valoraci�n conjunta que hace el Juez de las pruebas practicadas en el juicio oral; y en este sentido, la Sala ha de sostener que en modo alguno se puede esperar que el perito concluya que �estamos ante un acceso carnal violento�, pues esta tarea no lo corresponde al especialista forense, como quiera que desplazar�a la actividad que �nica y exclusivamente es del resorte del Juez.
En suma, esta adjudicaci�n judicial le compete - v�lgase el pleonasmo � al Juez y la misma equivale a asignar responsabilidad, en cuanto luego del an�lisis probatorio determina el fallador que 1) los hechos realmente tuvieron ocurrencia, 2) que estos se encuadran en una descripci�n de car�cter legal, 3) que los mismos se le atribuyen a un sujeto determinado, y en consecuencia 4) se hace merecedor de un castigo penal.
Para finalizar este fragmento de la apelaci�n, traigamos a colaci�n nuevamente que la descripci�n que hace el legista acerca de las lesiones en el cuerpo de la v�ctima, guardan plena correspondencia con el testimonio rendido por esta �ltima, en lo que ata�e a la manera como el acusado habr�a doblegado su voluntad; ya se dijo en renglones superados que en este punto la ofendida merece plena credibilidad, como quiera que si la relaci�n hubiese sido consentida, no habr�a sido necesario que el hoy procesado le causara lesiones en sus extremidades inferiores y concretamente en el pie izquierdo al momento de la materializaci�n del acto sexual, pues sencillamente, como se expusiera en otros ac�pites, quien consiente o permite en una relaci�n de esta naturaleza, no opone resistencia de la manera como quedara evidenciado en la declaraci�n ofrecida por la joven Osiris Casta�eda, la que, se enfatiza, es corroborada en lo fundamental, por el dictamen rendido por el m�dico legista. 3.
Expone igualmente que �una vez terminado el encuentro sexual el procesado le suministra el n�mero telef�nico a la se�ora Osiris Casta�eda para continuar en contacto con ella�. 4. �Argumenta asimismo el apelante que �una vez terminado el encuentro sexual, la se�ora Osiris Casta�eda le solicita al se�or Camargo Mozo que la movilice en su motocicleta al Centro Comercial Buenavista de la ciudad de Santa Marta, lugar donde la est� esperando su novio, en este caso cabe preguntarse, qu� clase de violador lleva a su v�ctima hacia donde ella se lo solicita, adem�s siendo informado previamente que en dicho sitio se encontrar�a el novio de su reci�n agredida?, la respuesta es categ�rica (�) ninguno porque lo que ocurri� en este caso fue una relaci�n sexual consentida entre las partes como la evidencia y las reglas de la experiencia lo indican�. 5.
Sostiene el impugnante que �el se�or Camargo Mozo dej� realizar, recibir varias llamadas telef�nicas y enviar mensajes de texto a la se�ora Osiris Casta�eda durante el desarrollo de los hechos, no siendo esto coherente dentro de una situaci�n de acceso carnal violento, en la cual ense�an las reglas de la experiencia que el agresor evita todo contacto que pueda tener la eventual v�ctima y pedir auxilio�. 6.
Acota en este mismo sentido que �una vez es trasportada la se�ora Osiris a su lugar de destino despu�s del encuentro sexual, y al parecer despu�s de una escaramuza ocasionada por el novio de la referida se�ora, le es arrebatado el casco de la moto al se�or Camargo Mozo, casco que ten�a la placa de la moto anotada en su parte posterior, no obstante este sigue utilizando la motocicleta y tanto es as�, que su captura es realizada dos a�os despu�s de ocurridos los hechos objeto de juzgamiento en el referido rodante�.
Para dar respuesta a los planteamientos aducidos por el recurrente en los numerales 3, 4, 5 y 6 encuentra la Sala necesario hacer menci�n de los aspectos m�s relevantes del testimonio rendido por la v�ctima OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO (Audiencia del juicio oral, sesi�n de fecha 3 de junio de 2014. 1:43:00 � 3:18:25), los cuales se confrontar�n en su debido momento con las atestaciones rendidas por BREIDIS SU�REZ MAESTRE (novio de la v�ctima para la fecha de los hechos) y del acusado JORGE LUIS CAMARGO MOZO.
Se aclara que para una mayor comprensi�n, en lo que ata�e al testimonio de la agredida, se insertar�n las respuestas emitidas en el interrogatorio directo practicado por la Fiscal�a y las propias del contrainterrogatorio efectuado por la Defensa. �(�) Osiris Casta�eda Mercado � F: Ud., recuerda unos hechos sucedidos el 12 de junio de 2011? R: S� F: Nos puede decir qu� pas� ese d�a? R: Ese d�a fui violada por el se�or ac� presente F: Con qui�n estaba ese d�a antes de que ocurrieran los hechos? R: Ese d�a estaba con mi, en ese entonces, novio Breidis, quien ahora es mi esposo, estaba en la casa de �l y me dirig� hacia mi casa.
F: Recuerda qu� hora era? R: Eran m�s o menos las siete de la noche. Eran las siete cuando sal� de la casa de mi novio, yo estaba desde antes all�. F: �Saliste hacia qu� lado? R: Sal� a coger una buseta, de la casa de mi novio hacia los lados de la Universidad del Magdalena, la avenida donde pasan las busetas. Salimos de la casa mi novio y yo, �l me acompa�� a coger el bus, el transporte que fuera a coger hacia mi casa.
F: D�nde viv�as en ese momento? R: En el barrio Los Fundadores F: Cu�l era la direcci�n de tu casa? R: Calle 9G No.59-05 F: Continuamos, ibas a coger el transporte R: Mi novio me acompa�� a coger el transporte, se iba haciendo tardecito y yo ten�a que coger para mi casa. Salimos hacia la avenida y nos ubicamos enfrente de un dep�sito donde compr�bamos los insumos para las clases de odontolog�a, se llama Salud Dental, bueno, se llamaba, ya no queda ah�. �l me acompa�� a coger el bus, est�bamos esperando una buseta que dijera �Directo Bastidas� pero pues nada, no pasaba buseta, ni taxi ni nada.
Se iba haciendo oscurito y yo ten�a cosas que hacer, ten�a que trabajar en mi proyecto de grado y ten�a que estudiar, entonces me ten�a que ir para mi casa. A la vista de que no pasaba transporte, �l paraba muchos taxis y nada, les dec�amos que para all� y no quer�an ir para los lados de Los Fundadores porque quedaba muy lejos. Incluso par� varias motos y ninguna quer�a ir porque quedaba muy lejos, que para all� no me llevaban.
Al final �l par� una moto y me dijo �s� nena, �l te va a llevar� F: Te recogi� la moto y qu� m�s pas�? R: Me sub� a la moto, yo escuch� cuando dijo que dos mil pesos era lo que nos iba a cobrar, igual yo pagaba cuando llegara a mi casa. De ah� la moto pues normal, yo anteriormente hab�a cogido motos y sab�a la ruta por d�nde se ten�a que meter.
Breidis ten�a y tiene como costumbre anotar la placa del transporte donde me voy, sea taxi, moto, lo que fuera. Me sub� en la moto y pues la moto arranc� del dep�sito y de ah� la moto dio la vuelta y cogi� la ruta que coge la buseta de la �U� (universidad) que lleva hacia Cootransmag, hacia la troncal. La moto cogi� normal y su ruta fue normal, normal porque cogi� de la Avenida de la �U� hasta COOTRANSMAG, subi� a la izquierda, cogi� la Troncal derecho derecho.
Sigui� la ruta de la buseta, que generalmente se desv�a por el Buenavista, cogen la ruta de Mamatoco, pasan por el colegio Rodrigo de Bastidas y pasaba por la entrada de Bastidas y luego Los Fundadores. Otra ruta era que cog�a la Troncal y se desviaba por la alterna (1:55:10) y llegaba hasta los Fundadores. La ruta de la moto iba normal hasta que llegamos al rompoy (round point) de Mamatoco, por donde se supone que deb�a cruzar para coger a la v�a alterna, pero cuando vamos llegando al rompoy, el muchacho que iba manejando la moto me dijo �no, vamos a coger por ac� y yo le pregunt� �por qu�?, y me dijo �viste los polic�as, all� hay un ret�n�.
Sinceramente, yo no alcanc� a ver si hab�a o no polic�a, �l sigui� derecho y cuando sigui� derecho es que me di cuenta que esa no es la ruta. �l me dijo �no, volteamos por ac� detr�s de la bomba y nos devolvemos, all� hay polic�a, yo tengo problemas y ellos despu�s se ponen a molestar, no s� qu�. En ese momento yo no le hab�a preguntado nada al se�or que manejaba, por la misma costumbre.
Sin embargo, como el se�or empez� a hablar de problemas con la polic�a, yo le dije �ah bueno, c�mo te llamas�, creo que me dijo Rafael. Le pregunt� que por d�nde �bamos a voltear y me dijo �por all� atr�s de la bomba, cogemos un atajo, salimos y nos regresamos por esta misma v�a.� Cuando �l coge el sem�foro que lleva al Yucal, me va diciendo �No cogemos por ac� derecho y cruzamos m�s adelante�.
Me pareci� sincero lo que iba diciendo el se�or, yo iba normal esperando a que el cruzara. En ning�n momento vi un lugar donde �l pudiera hacer el retorno y me dijo �M�s adelante�. No hab�a un lugar donde cruzar hacia la bomba, la bomba iba quedando atr�s. Al ver eso, yo cog� el tel�fono y le marqu� a mi novio. La �ltima llamada sol�a ser a �l, por lo que s�lo era desbloquearlo, darle llamar � llamar y listo.
Lo llam�, cuando est� timbrando la llamada, voy con el tel�fono, lo salud� �hola amor como vas�, me pregunt� ��ya llegaste?� y yo le dije �no, imag�nate que voy por ac� por un lugar que no conozco que est� oscuro�. Cuando yo le voy describiendo por donde estaba, en ese momento la moto se desv�a y mete la moto por un caminito, una trochita.
A m� no me dio tiempo, apenas y reaccion�, yo grit� y me baj� de la moto. En ese momento, cuando �l mete la moto en la trochita esa, yo iba hablando con mi novio. F: Recuerda qu� hora era? R: No s�, hab�an transcurrido unos 10-15 minutos de trayecto, no recuerdo. F: Qu� pas�? R: Cuando �l mete la moto, la pone ah�, me agarr� la mano y la otra me la puso en la boca, me dice �c�llate y dame el tel�fono, que �l nos est� escuchando�.
Yo asumo que cuando dice �l es con la persona con la que estoy hablando y que �l sabe que yo estaba hablando con mi novio porque cuando yo marqu� dije �hola amor�. Yo le hac�a con la cabeza que no, que no le iba a entregar el tel�fono ni nada, tantas veces que yo pasaba trabajo por perder los tel�fonos. Yo ten�a la boca tapada, hac�a �mmm�, trataba de hablar.
Entonces yo con la mano izquierda, logr� quitarme un poquito la mano de la cara y le dec�a �no, c�lmate c�lmate�. Yo estaba muy asustada pero alcanc� a decirle que se calmara, que ya hab�a colgado y que ya no se escuchaba, porque �l estaba muy preocupado porque �l nos estaba escuchando. Yo le preguntaba que �qu� quer�a?, que si me iba a atracar.
Llevaba un computador con un morral, con instrumentos de odontolog�a y pues para m� son cosas muy valiosas y que realmente tienen su valor, son muy costosas. Yo le dec�a �c�lmate c�lmate� y �l me dec�a �estoy calmado, estoy calmado�. Mi idea era salir corriendo por el mismo lugar por donde meti� la moto. Yo le iba a dar el bolso y salir corriendo.
F: Esta persona ten�a un arma? R: No recuerdo que tuviera alg�n arma pero me sujetaba muy fuerte, cuando logr� quitarme la mano de la cara, �l la baj� a mi cuello, me ten�a as� como, me ten�a que no me pod�a mover. Yo le dec�a que se calmara pero muy pasito. Me dijo �cuelga� y yo le dije que no hab�a llamada. Le dije �qu� quieres?� y me dijo �c�llate�.
Me mandaba a que me callara, que me bajara la voz. Yo le dije que le daba el bolso y me dijo que no, que �l me quer�a a m�. Cuando me dice eso, yo el tel�fono no lo solt�, lo met� en un bolsillo peque�o del morral para el tel�fono, era costumbre m�a meterlo ah�. Me dijo que no quer�a nada de las pertenencias sino que me quer�a a m�. Me agarr� del brazo y me coloc� delante de la moto.
Yo trataba de calmarlo, de persuadirlo a que desistiera de tenerme en ese lugar. Yo le dec�a que se calmara y �v�monos, v�monos, te doy lo que tengo�. Yo hablaba fuerte pero tratando de calmarlo porque lo ve�a aturdido. F: �Recuerda las caracter�sticas de la moto? R: Una moto grande, color oscuro, no recuerdo si era negro o azul. Lo que s� recuerdo es la placa de la moto, eso no se me olvida nunca.
VTV84A creo. Contin�o. �l me ten�a agarrada de la mano derecha y me hal�, yo trataba de gritar y �l lo que hac�a era agarrarme m�s fuerte el cuello, me tapaba la boca y la nariz. Yo pues ese d�a hab�a ido a playa porque ten�a gripa. �l me apretaba el cuello, me colocaba la mano en la boca y la nariz y yo no pod�a respirar. Me dec�a que me callara, que si no me callaba era peor para m� porque pod�a haber gente viciosa por el lugar y para �l porque se pod�an robar la moto, nos pod�an hacer da�o a los dos.
F: Hab�a alguna casa por ese sitio? R: Cuando �bamos, alcanc� a ver unas casas. Pasamos la bomba, no vi ning�n retorno, alcanc� a ver una casa con lucecitas y dije �por lo menos por aqu� hay gente�. Entonces �l dijo �no no, por ac� no es� y se devolvi� un poquito. Se meti� por un lugar raro, que fue donde llam� al novio m�o y �l entr� al caminito este, al monte.
F: Nos dec�a que no pod�a respirar porque ten�a la mano tap�ndole la cara R: Yo trataba de soltarme pero no pod�a pero no daba para quitarme la mano. Entonces me dec�a �te vas a callar� y con la cabeza le hac�a que �mmm� y me dec�a �pero c�llate que nos va mal a los dos�. Cuando me quit� la mano, yo trat� de gritar, me apret� m�s el cuello y me arrecost� (sic) contra la moto, yo qued� inclinada hacia atr�s. Entonces me inclin� hacia all�, aunque tratara de gritar, por el apret�n del cuello, no me sali� la voz.
Como estaba inclinada atr�s, no hallaba donde agarrarme, ten�a las manos en el aire. Entonces �l me dec�a que me bajara el pantal�n y yo le dec�a que no me iba a bajar nada pero la voz no me daba para gritar. �l me pis� el pie izquierdo, me dijo que me bajara el pantal�n y le dije que no me iba a bajar nada, me apretaba m�s el cuello. Yo le dec�a que se calmara para que aliviara la presi�n en mi cuello, porque con las manos no pod�a. Entonces �l me agarraba y yo trataba de quitarme las manos del cuello, no pod�a respirar.
Despu�s le dije que s�, que se calmara, que yo me lo quitaba. Como hab�a ido a playa, el pantal�n que ten�a no era como el de hoy, era bastante ancho. Yo le dec�a que se calmara, entonces �l me dec�a que me callara, que las reglas las pon�a �l. Trataba de influenciar lo que �l estaba pensando en ese momento para que me sacara de ah�, que hab�a culebras, bichos, que ese no era el lugar, que nos fu�ramos para otro lado.
Me dec�a que me callara, que las reglas las pon�a �l, que �l hab�a hecho muchas veces. �l me agarr� la mano derecha y me agarr� de ac�, me dec�a que me quitara el pantal�n. Yo empec� a quitarme el pantal�n y entonces �l, al verlo, me solt� del cuello y de la mano. Entonces �l dio media vuelta y puso algo que ten�a en el suelo. Yo trat� de salir corriendo pero �l me agarr� del morral, porque todav�a lo ten�a puesto, me devolvi� y tir� el morral al suelo.
Me agarr� por el cuello y con una mano me empez� a bajar el pantal�n, con la otra mano me ten�a inclinada hacia atr�s. Volvi� a pisarme el pie izquierdo, yo pr�cticamente estaba puesta sobre la moto de tanto que me inclinaba hacia atr�s, mi �nico punto de apoyo era el pie izquierdo, el pie derecho quedaba en el aire, no encontraba donde agarrarme de la moto.
Me inclinaba y me bajaba el pantal�n, yo le dec�a que por qu� a m�, me dec�a que porque yo le hab�a gustado, me dec�a que me calmara, que no me preocupara y que eso lo hab�a hecho muchas veces. Entonces me baj� el pantal�n hasta las rodillas y con la mano me hal� la pierna, coloc� el pie en el pantal�n y me hal� la pierna. Yo no sab�a para donde moverme.
Luego me apretaba muy fuerte y me echaba hacia atr�s, lleg� un momento donde yo no pod�a respirar m�s, �l baj� y en una de esas baj� su cara hacia mis genitales y me lami�, cuando se agachaba, me soltaba un poquito y yo respiraba. Eso lo hizo varias veces. Con su mano izquierda, yo trataba de soltarme pero no pod�a. Con su mano, me subi� esta pierna en la moto, mi pie qued� enredado en algo de la moto porque no pod�a mover la pierna, �l me segu�a pisando el pie.
Me pregunt� que cuantos a�os ten�a, yo no me acuerdo qu� edad le dije, obviamente le dije menos de los que ten�a, qu� cuando hab�a sido la �ltima vez que hab�a tenido el per�odo, no me acuerdo qu� d�a le dije. En esas me solt� y me abraz�, fuerte que yo no pod�a mover los brazos, y ah� fue cuando me penetr�. Dur� un ratico all�. Trat� de gritar pero la voz no me sal�a. Despu�s se retir�, buscaba algo en el monte, yo corr� simplemente a vestirme nuevamente.
Antes de eso, yo trat� de salir corriendo varias veces. El celular, metido en el bolso, hab�a sonado varias veces y en esos momentos yo trataba de persuadirlo. F: Ud., nos dec�a que durante todo eso, generalmente mantuvo la mano en el cuello. C�mo se quit� la ropa? R: �l no se quit� la ropa, en ning�n momento se quit� la ropa, ni se quit� el casco.
Se lo levant�, creo que ten�a puesta una gorra. Yo en ning�n momento vi que se quit� la ropa, no s� c�mo se bajar�a el pantal�n. F: Nos contabas que te abraz� y te penetr�. Por v�a vaginal? R: S� F: Despu�s de esa penetraci�n, qu� pas�? R: Yo corr� a vestirme, a colocarme el pantal�n nuevamente. �l me solt� y se agach� a buscar algo al monte, yo pens� que iba a buscar un arma o algo para matarme, pens� lo peor.
Pero como le hab�a dicho antes, tuve muchos momentos para decirle que se calmara. Anteriormente, cuando yo llam� a mi novio que se cort� la llamada, ese celular son�. �l me dijo �Ese es �l, no vayas a contestar�. Yo le dije �Pero c�lmate, mira que no voy a contestar� y colgaba para tratar de calmarlo. Me llev� a la moto y me tir� el tel�fono, el bolso al suelo, todav�a no me hab�a bajado el pantal�n, pero el bolso estaba tirado y son� el tel�fono, y me dijo que contestara.
Todav�a me ten�a agarrada. Que contestara, que iba a responder lo que �l dijera. Entonces entr� la llamada y me dijo que le dijera qui�n era. Le dije que era mi hermana. Entonces se alteraba m�s y me apretaba m�s duro. Me dijo �cont�stale� y vas a contestar lo que yo diga. Le contest� a mi hermana, me dijo que �t� d�nde est�s, ac� est� Breidis en la casa, preguntando donde est�s, d�nde andas�. �l muy bajito me dec�a �dile que vas por la v�a alterna�.
Yo le dije �Voy por la v�a alterna�. Me pregunt� �pero por la v�a alterna, por d�nde? Ac� est� Breidis preocupado�. El lugar era muy silencioso, no me pareci� necesario prender el altavoz porque se escuchaba todo lo que se dec�a, adem�s �l estaba al ladito. �l me dijo �dile que ya vas para all� y yo le dije �nena ya voy para all�. Mi hermana pues estaba furiosa porque no hab�a llegado.
Colgu�, me acerqu� nuevamente al bolso, y le dije �mejor nos vamos�, tratando de irnos, se lo dije calmadamente. Me regres�, me dijo que las normas las pon�a �l, que no nos �bamos a demorar mucho, que eso �l ya lo hab�a hecho muchas veces, que me subiera a la moto. F: (No se escucha la pregunta) R: Yo corr� a vestirme, a ponerme el pantal�n, porque �l se hab�a agachado a buscar algo en el pantal�n, yo iba a correr apenas me vistiera. �l no sac� nada del monte sino que fue a coger la moto y a sacarla, me iba a dejar ah�.
Por un lado me dio tranquilidad de que no sacara nada del monte, porque pens� que iba a sacar un arma para matarme, pero cuando vi que iba a sacar la moto, ya mi novio me hab�a llamado antes. Entonces yo le dije �ya voy para all� pero fue para que este se�or supiera que yo me ten�a que ir, que ese lugar no era bueno. Cuando iba sacando la moto le dije �t� no me vas a dejar aqu� porque mi novio me est� esperando y t� me tienes que llevar donde mi novio�. �l se qued� mir�ndome.
Me dijo que s�, que �l me iba a llevar. Cuando �l iba sacando la moto, yo agarr� el bolso, vi nuevamente la placa, lo ayud� a sacar la moto. Le pregunt� nuevamente que si me iba a llevar y me dijo que s�. No s� ni de d�nde saqu� fuerzas para decirle que me llevara donde yo quisiera. �l prendi� la moto y me sub�. �l ya estaba m�s calmado y me dijo �Yo te llevo donde t� quieras pero c�lmate�.
Cuando arranc�, no sali� por la trocha donde entr�, sino que se adentr� m�s. Entonces yo en ese momento le escrib� un mensaje a mi novio, yo le escrib� a �l �me viol�. Para que fue eso, porque se puso a marcarme, puse el celular para que se callara porque se escuchaba el sonido. Yo le marcaba y �l se pon�a a hablar pero como eso estaba silencioso, cualquier sonido se escuchaba.
Entonces le colgaba y volv�a y le marcaba, hasta que de pronto �l simplemente se qued� escuchando, yo mantuve el celular cerca para que �l escuchara lo que yo dec�a. En ese momento le dije �por d�nde vamos�, en ning�n momento dej� de hablarle al que iba manejando la moto, para que no dejara de hablarme y de concentrarse en que de pronto iba hablando con otra persona.
Yo le preguntaba �y t� por qu� conoces esto, y t� vives por d�nde� y �l me contestaba �yo conozco todo esto, todos estos atajos, vivo por no s� d�nde�. Transcurri� un trayecto largu�simo, salimos como a un pozo de agua, yo nunca colgu� la llamada, yo llevaba mi tel�fono y mi novio iba escuchando todo. Despu�s yo dec�a que por d�nde �bamos y �l me dijo �Por el L�bano�, yo repet�a lo que �l me dec�a para que mi novio escuchara.
Yo le dec�a �pero dale r�pido que mi novio me est� esperando�. En la llamada anterior mi novio me hab�a dicho que no me moviera de donde estaba, que �l me iba a buscar, y pues obviamente �l escuch�. Por eso le dec�a que mi novio me estaba esperando. Cuando llegamos a donde hab�a luz, un sitio con carros y movimiento, le dije �me tienes que llevar al Buenavista� y se lo repet�a diez mil veces para que me llevara.
Me dijo que s�, que me calmara, pero que qu� rica la experiencia, que qu� l�stima que nos hubi�semos conocido en estos t�rminos, que ojal� nos volvi�ramos a encontrar, que no s� qu�. Yo le dec�a que s� a todo con tal de que no viera en m� que le iba a atacar. �Que nos volvamos a ver, ojal� nos encontremos� y yo le dije que s�. Entonces me dijo �pero me escribes un mensaje� y yo le dije que d�nde le iba a escribir.
Me dijo �anota mi tel�fono�, me lo dio, yo lo guard� en el celular. �l condujo la moto hasta la entrada del Buenavista que queda por el colegio San Pedro Alejandrino, la normal de varones, no s� qu� colegio queda ah�. Entonces yo le dije �no me vas a dejar ac�, me dejas en la otra entrada que es donde me est� esperando mi novio, que ah� no hab�a mucha gente�.
Entonces condujo la moto hasta esa entrada, pues yo iba viendo mi tel�fono y segu�a la llamada activa. En mi mente sali� que mi novio me estaba escuchando y que me iba a ir a buscar donde yo estaba diciendo, y cuando ya llegamos a esa entrada, me quit� el casco de una. Veo cuando mi novio viene corriendo, para m� fue descanso, el que iba manejando la moto tambi�n lo vio y digo yo que lo reconoci� porque se meti� en contrav�a, aceler� la moto que casi se estrella con una buseta, yo me tir� de la moto, yo me iba a bajar y cuando me iba a bajar, �l aceler�.
Ca� por donde hay un and�n ah� al frente del Buenavista. Cuando mi novio lo empuja, no s�, lo patea, si yo le tir� el casco que ten�a en la mano, y pues mi mam� lleg� de aquel lado y ya de ah� lleg� mi novio. �l aceler�, mi novio no lo alcanz� a agarrar, a detener, se logr� escabullir. De ah� fuimos al puesto de polic�a de Mamatoco. F: Con anterioridad hab�as conocido al conductor de esa moto? R: Nunca antes F: No lo hab�as visto nunca? R: No F: Recuerdas c�mo iba vestido? R: Llevaba un pantal�n azul y arriba ten�a un su�ter, no me acuerdo qu� color, pero arriba ten�a un reflector de estos naranjas F: Alguna caracter�stica particular reconociste en esa persona? R: Ninguna F: Dec�as que tu novio le dio una patada o algo as�, nos quieres ampliar un poquito sobre eso? R: Cuando yo caigo, caigo en un paradero.
Cuando caigo, veo que mi novio lo empuja, lo patea, la moto se balancea y este muchacho casi cae al suelo pero no alcanza a caerse del todo, sino que se estabiliza nuevamente y arranca. F: Ese d�a fuiste a alguna autoridad? R: Ese d�a, de ah� pues mi mam� lleg� en el taxi de un vecino, nos fuimos en ese mismo taxi y nos llev� a la estaci�n de Polic�a de Mamatoco.
No s� qui�n cogi� el casco de la moto, no s� si fue mi novio, pero tambi�n lo llevamos, all� en el casco estaba escrita la placa de la moto. En la estaci�n nos dijeron que all� no se pon�an esas denuncias y que ten�amos que ir a la URI. El casco lo dejamos en la estaci�n de Polic�a. F: En la URI te hicieron algunos ex�menes? R: En la URI me dijeron que no me pod�a ba�ar F: Qu� hora era m�s o menos, recuerdas? R: Era tarde.
Cuando fuimos a la estaci�n, eran pasadas las 8. De ah� que fuimos a la URI, y hasta que nos atendieron porque demoramos mucho, nos vinieron atendiendo como a las 10:30, 11, 12 de la noche, ya era bien tarde. En la URI se nos hizo el otro d�a, no me hicieron ex�menes pero me hicieron un relato, que relatara la historia. F: Con respecto a la Fiscal�a, hiciste otra diligencia posterior a esa fecha? R: S�lo hice esa denuncia el d�a de los hechos.
Al d�a siguiente, me dijeron que fuera a Medicina Legal, que no me ba�ara porque me iban a tomar unos ex�menes. Fuimos a Medicina Legal al d�a siguiente, me tomaron unos ex�menes y listo. F: Con posterioridad a lo sucedido, Osiris, realizaste alguna diligencia en pro a reconocer al presunto agresor? R: De ah�, cuando me tomaron esos ex�menes, pas� un tiempo, me llamaron a m� y llamaron a mi novio para que hici�ramos nuevamente otro relato.
No s� cu�ntas veces me pusieron a relatar eso. Luego me volvieron a llamar para que hiciera un reconocimiento en la c�rcel. F: C�mo fue ese reconocimiento? R: Pusieron a varias personas, con casco puesto, pero yo con casco o sin casco lo hubiera reconocido porque ya en el momento, cuando ya hubo m�s luz, pude ver la parte que se le ve�a con el casco.
F: La Fiscal�a le va a poner de presente a la testigo a lo que ella se est� refiriendo en este momento. (�) La Fiscal�a te va a poner de presente un documento para que digas si lo reconoces. R: S� F: Por qu� lo reconoces? R: Porque aqu� est� mi firma. F: En qu� consiste ese documento, nos puedes leer? R: Aqu� dice �Reconocimiento en fila de personas�, lo que hice en la c�rcel.
Colocaron a varias personas, les pusieron n�meros, los colocaron en una ventanita e hicieron que yo mirara a trav�s de una ventanita y reconociera a la persona F: Qu� fecha tiene ese documento? R: 20 de marzo de 2012 F: Quieres leer su contenido? R: (Lee) F: Antes de estos hechos, hab�as tenido alg�n trato con esta persona? R: No F: C�mo te has sentido despu�s de lo sucedido? R: Para m� siempre ha sido muy dif�cil.
De hecho aprovecho para pedirles por favor que no me vuelvan a citar a una cosa de estas porque para m� es muy dif�cil volver a recordar cada vez que citan a juicio, es otra vez recordar y yo lo que quiero es olvidarme de todo lo que pas�. Yo estuve en tratamiento m�dico por un mes, estuve en cama porque el tratamiento que me pusieron era terrible para m�, me indispon�a, me daba temblores, mareos, ganas de vomitar, mareos, pesadillas.
F: Eso fue a consecuencia de alg�n medicamento? R: S�. Mientras estuve ah�, mi pesadilla siempre era la misma. Cuando pude tolerar un poco los medicamentos, me adapt� un poco a ese malestar, yo no pod�a salir sola. F: (No se escucha) R: No s� F: (No se escucha) R: Yo en ese momento estaba afiliada a la EPS de mi mam�, la de los educadores, la Cl�nica General del Norte.
All� me remitieron a psicolog�a, varias sesiones, all� relat� la historia muchas veces porque ella me dec�a que entre m�s yo contara, m�s me iba a liberar de esa presi�n, de esa tensi�n. Y pues yo anduve muy nerviosa, todav�a mantengo cierta precauci�n de andar tarde en la calle, cuando pasa una moto cerca me pone a temblar, es escalofriante.
Le pido disculpas a mi familia y a mis amigos porque no quer�a hablar con nadie, no quer�a ni verlos. A mi novio, en varias ocasiones, hasta le pegu�, no quer�a ni verlo ni que me tocara. Que fueran las 7 pm y que yo estuviera fuera de mi casa, me pon�a nerviosa, quer�a que me llevaran a mi casa. Mi novio era el que m�s me acompa�� a todas partes, era al que m�s se la montaba.
(�) El Juez le concede el uso de la palabra a la defensa, para que efect�e el contrainterrogatorio: D: Sra Osiris, usted conoc�a de antes al se�or JORGE ENRIQUE CAMARGO? R: No D: Usted de d�nde es oriunda? R: El Registro Civil dice que en Pivijay D: Cu�nto tiempo vivi� en Pivijay? R: Yo nac� ac� en la Cl�nica El Prado, me llevaron a Pivijay cuando era muy beb� y regres� a Santa Marta cuando ten�a unos 7 u 8 a�os.
D: Usted sab�a que el se�or JORGE ENRIQUE CAMARGO es de Pivijay tambi�n? R: Lo supe en una de estas citaciones de audiencia D: Usted o sus padres hab�an visto en alguna oportunidad al se�or JORGE ENRIQUE CAMARGO? R: Yo no, pero c�mo podr�a decir yo si mis padres. Pero en una de las citaciones de las audiencias, mi mam� me acompa�� en una de ellas, ella vivi� conmigo en Pivijay, ella ah� reconoci� a una se�ora de Pivijay D: Su pap� a qu� se dedica? R: Mi pap� era docente, se retir� hace muchos a�os.
Yo desde los 8 a�os no vivo con �l. D: Se�or Juez, para impugnar credibilidad, quiero ponerle de presente a la testigo una fotograf�a � D: Qui�n aparece en esa fotograf�a? R: Mi pap� D: Qui�n recibe el diploma? R: No s�. Es un ni�o, al que mi pap� le hace entrega de un diploma. D: Cree Ud., que es el se�or JORGE CAMARGO? R: C�mo podr�a yo reconocerlo, c�mo puedo saber si un ni�o es o no una persona.
D: Alcanza a leer las letras peque�itas que tiene el diploma? Hagamos el esfuerzo, aunque sea el apellido R: S�lo leo donde dice diploma D: Usted donde viv�a en la �poca de los hechos R: En el barrio Los Fundadores D: Alguna vez vio en ese sector al se�or JORGE CAMARGO? R: No D: Sab�a usted que �l viv�a en Chimila, muy cerca de Fundadores, contiguo, aproximadamente a dos o tres cuadras? R: S� que Chimila queda cerca a los Fundadores, como a 8 o 10 cuadras, no sab�a que viv�a por all� D: Vamos a remitirnos a lo que ocurri�, comprendiendo su estado que no es nada f�cil estar como testigo.
Usted recuerda el acento de la persona que estaba transport�ndola en la moto? R: En ese momento �l me estaba hablando raro, pronunciaba mucho una S. Recuerdo que para m� una persona que habla mucho con una S podr�a ser for�nea D: Es un hecho cierto que usted en su denuncia dice que �l ten�a como acento paisa, correcto? R: S�, eso dije D: El se�or JORGE ENRIQUE se quit� el casco en alguna oportunidad? R: No, �l se lo levant� hasta la frente D: Por qu� en la denuncia y en su ampliaci�n Ud. sostiene que �l nunca se quit� el casco? R: Porque nunca se lo quit�.
Para m� quit�rselo es levant�rselo y ponerlo fuera de su cabeza. D: En unos apartes de la denuncia dice �ten�a una gorra puesta y nunca se quit� el casco� y luego �No pude verle el rostro porque no se quit� el casco� R: Me imagino, porque no estoy leyendo, estoy hablando del momento donde est� sucediendo el hecho. El lugar est� bastante oscuro y no le vi el rostro.
Cuando salimos y vi m�s luz, pude ver su rostro D: Ud., mencionaba que era bastante inc�moda la posici�n en que estaba. Ud., mencionaba que �l la ten�a agarrada del cuello y le practicaba maniobras sexuales orales. En alg�n momento se cay� la moto? R: La moto se ech� hacia atr�s, s�, y yo me reincorpor� y trat� de salir corriendo, no s� si �l la levant�.
D: Por qu� no lo dijo en el interrogatorio? R: Creo que pas� por alto muchos detalles, para m� entre menos lo recuerde, mejor. Pas� por alto que recib� unas llamadas y era importante, pas� por alto que sent� carros porque la carretera estaba cerca, pas� por alto que sent� algunas gotas de roc�o. D: En alg�n momento el se�or JORGE CAMARGO la despoj� de su celular? R: No D: En alg�n momento el se�or JORGE CAMARGO tuvo el poder del celular o Ud., lo tuvo en todo momento? R: En alg�n momento �l pudo tenerlo pero no lo tuvo D: Es un hecho cierto que Ud., tuvo comunicaci�n con su hermana, correcto? R: S� D: Su hermana no vino a declarar, correcto? R: As� es D: Sabe usted por qu� no vino a declarar? R: Puede parecer est�pido, il�gico, pero en mi familia, las personas que estuvieron presentes, mi mam� y mi novio, yo les ped� que no dijeran nada.
Mi hermana, aunque recibi� la llamada, no ten�a por qu� saber. D: Ella no conoce nada de este asunto R: Actualmente s�, pero antes no, lo supo cuando me empezaron a citar D: Usted cu�ntas llamadas consigue hacer desde que se monta en la moto y el momento en que se baja en el Buenavista R: Usted contar�a las llamadas? D: Mentalmente R: Yo no s� cu�ntas llamadas.
En primera instancia mand� un mensaje de texto. Luego mi novio me llamaba y yo colgaba, luego yo lo llamaba. No puedo decirles cu�ntas fueron. D: Fueron varias las llamadas, cierto? M�s de tres R: �l me marc�, yo rechac� por el sonido. Luego le marqu� y �l hablaba. Como se escuchaba fuerte, colgu� y volv� a marcar. Creo que no colgu� m�s D: Eso quiere decir que fueron varias.
Cuantos mensajes de texto envi�? R: Uno D: A qui�n? R: A mi novio, a Breidis D: No le menciona lo que estaba sucediendo? R: S�, yo lo dije anteriormente. Le mand� un mensaje de texto diciendo �Me viol�. D: Me imagino que usted, para ese momento doloroso, en que encuentra luces, y ante ese temor que usted ten�a, por qu� no se baja de la moto y sale corriendo? R: Porque el muchacho que iba manejando iba muy entretenido, diciendo que quer�a verme.
Mi mente estaba programada a llegar donde estuviera mi novio Breidis, y que �l lo levantara a pu�o, patada, no s�. D: Eso quiere que usted entabl� alg�n tipo de conversaci�n con �l? R: Anteriormente lo dije, �l hablaba y yo dec�a �Ujum�, �S�, �Aj� D: Usted afirmaba que el se�or CAMARGO la apretaba muy duro en el cuello, correcto? R: S� D: Le dej� alguna marca? R: En el momento, no me mir� a un espejo.
D: Posteriormente, cuando fue a Medicina Legal. Alguien le dijo algo R: En ese momento nadie me dijo nada. A una persona, luego de haberla golpeado, no le van a decir nada. En el momento o al d�a siguiente, no me mir�. Luego de unos d�as, me mir� en el espejo y ten�a unas marcas en el cuello. D: Medicina Legal, en el dictamen o en la incapacidad, le inform� si usted ten�a equimosis o escoriaciones? R: Yo no le� eso, sinceramente, en ese momento.
Pero mi mam� s� lo ley� y me dijo �No te colocaron la u�a que ten�as levantada� pero yo no lo le� D: Es un hecho cierto que el se�or CAMARGO le permit�a hablar por celular, correcto? R: S�, en el sentido de que cuando sonaba el celular, �l me permit�a que yo llegara donde estaba el celular pero no dejaba de tenerme el cuello agarrado y no dejaba de repetirme �vas a decir lo que yo te diga� y que las reglas las pon�a �l D: De pronto no he entendido, me disculpar� el estrado, la testigo ha manifestado que acostumbra a poner el celular en el morral.
Eso no se entiende bien. R: �l me ten�a agarrada del cuello contra la moto, el morral estaba hacia un lado, enfrente de m� hacia un lado. Cuando sonaba el celular, sin que me soltara el cuello, permit�a que yo caminara y tomara el celular que estaba en el suelo, lo levantara y hablaba D: Es decir que la tomaba del cuello para que usted cogiera el celular, correcto? R: S� D: Remiti�ndonos al momento donde cogi� el transporte, usted escuch� en cuanto �cuadraron� ellos el transporte? R: �l me dijo �nena son 2 mil� y me sub� D: Donde ocurrieron los hechos, escuchaba veh�culos? R: Dije que s� D: Usted no pens� en salir corriendo hacia donde estaban los veh�culos? R: Ya dije que s�! Creo que ya he relatado la historia, y usted me pregunta lo mismo� (Se suspende la diligencia para que se calme la testigo) D: Cuando JORGE CAMARGO la lleva al Centro Comercial Buenavista, usted se tira de la moto? R: Cuando llegamos all�, �l baja la velocidad de la moto pero no par�, sino que cuando ve que viene mi entonces novio, ahora mi esposo, �l acelera y cruza la calle, y es cuando yo me tiro de la moto D: Usted el d�a de los hechos sostuvo relaciones sexuales con su actual esposo? R: S� D: Usted le observ� o advirti� que tuviera morados en las piernas luego del suceso? R: S� D: No m�s preguntas F: No hace uso del redirecto.
Una vez analizado en toda su dimensi�n el testimonio rendido por la v�ctima, OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO, la Sala comparte la valoraci�n que sobre el mismo hiciera el Juez de primera instancia, quien atinadamente consider� que est� caracterizado por la coherencia; esto es, sin contradicciones ni inconsistencias. Para el a quo, la v�ctima narr� los hechos de una forma concatenada y circunstanciada, �exponiendo detalles que solo puede ofrecer una persona que ha vivido un acontecimiento de tal magnitud personalmente, por lo que resulta cre�ble y revela la realidad que vivi� la v�ctima�.
En este ejercicio de valoraci�n el Juez de primera instancia no afect� las exigencias de car�cter legal, como tampoco soslay� los derroteros trazados por la doctrina y la jurisprudencia en lo que ata�e a la valoraci�n judicial de la prueba, como quiera que adem�s del an�lisis individual que realizara de este testimonio, procedi� a efectuar un estudio integral con otras atestaciones que a su juicio resultaban relevantes, por tener estrecha relaci�n con la manera como ocurrieron los hechos.
A manera de ejemplo, el a quo confront� el testimonio de la v�ctima con la informaci�n aportada por el testigo presencial del episodio previo a la comisi�n de la conducta delictiva; nos estamos refiriendo concretamente a la atestaci�n rendida por el se�or BREIDIS DE JES�S MAESTRE, novio de la ofendida para la fecha del 12 de junio del a�o 2011.
La Sala entonces una vez escuchados los registros de audio correspondientes a este testigo, encuentra que en efecto hay una convergencia f�ctica - en lo esencial -, toda vez que coincide con la v�ctima en las circunstancias en las cuales requirieron los servicios del mototaxista, se�or JORGE LUIS CAMARGO MOZO. Para mayor ilustraci�n, de los dos testimonios referenciados se colige con toda claridad que es el se�or BREIDIS DE JES�S quien le hace el pare a la motocicleta, a diferencia de lo relatado por el acusado, quien sostiene que fue la dama la que le hiciera esta se�al.
Del mismo modo, coinciden en que una vez la joven sube al veh�culo, BREIDIS DE JES�S anota las placas de la motocicleta, lo cual se aviene con las reglas de la experiencia, siendo este el proceder normal de una persona interesada en salvaguardar la integridad de quien est� en la esfera de sus afectos o sentimientos. Siguiendo este mismo hilo conductor, BREIDIS DE JES�S reconoce y corrobora lo expuesto por la v�ctima en cuanto a que una vez se percat� de la llegada de su novia en la motocicleta agredi� al mototaxista y que incluso el casco que portaba OSIRIS rod� por el suelo, d�ndose este �ltimo a la huida.
En esta misma l�nea, con el estudio de la sentencia de primera instancia encuentra la Sala que no es cierto lo indicado por el recurrente, cuando asevera con �nfasis que el Juez solamente tuvo en cuenta un solo testimonio - concretamente el rendido por OSIRIS CASTA�EDA - para arribar a la conclusi�n judicial. Tal afirmaci�n no es cierta, puesto que resulta claro que el Juez se afianz� en el aporte informativo que hiciera el perito del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, el relato que hiciera el se�or BREIDIS SU�REZ MAESTRE y en el testimonio rendido por el acusado CAMARGO MOZO; lo anterior, como se dijera, tiene soporte en el reconocido principio jurisprudencial de �selecci�n probatoria; cosa bien distinta es que el A quo no le haya dado el valor pretendido por la defensa a esta �ltima declaraci�n. Pero veamos qu� fue lo que dijo el procesado JORGE LUIS CAMARGO MOZO y cu�l fue el estudio que hizo de su dicho el Juez: �PREGUNTADO (Por la defensa): Ud., conoce a OSIRIS ISABEL CASTA�O MERCADO? CONTEST�: Como no la voy a conocer, todos los pivijayeros nos conocemos.
Es un pueblo peque�o, donde yo me cr�o, donde me formo, donde ella tambi�n se forma. Somos de Pivijay, nacimos en Pivijay. La conozco desde que estudiaba en el Colegio Bachillerato Varones No. 1. Me acuerdo perfectamente que mi profesor era Rosendo Casta�eda, el pap� de la que me est� acusando. Adem�s, al lado de la casa de Osiris en Pivijay viv�a mi t�o, yo viv�a a cuatro cuadras, la casa de mi mam�.
Y a dos cuadras de donde mi mam� vive la abuela, yo conozco a toda su familia. No es s�lo que la conozco, es que estamos emparentados, un t�o m�o est� casado con su prima. Ac� tengo una foto con el pap� de OSIRIS CASTA�EDA, mi profesor. PREGUNTADO: Ud., ac� en Santa Marta ha visto a OSIRIS CASTA�EDA, ha sido vecina suya, la conoce de alguna manera, la vio en alg�n lugar p�blico? Si es as�, com�ntenos circunstancias de tiempo, modo, lugar.
CONTEST�: Claro, ac� en Santa Marta yo estuve viviendo donde mi hermana, Ruby Camargo, barrio Chimila 1, a cuatro o cinco cuadros de donde vive OSIRIS. Adem�s, donde ella coge la buseta para la universidad, queda a una cuadra. Me acuerdo que a veces cuando la ve�a, la llevaba a la universidad. Y tambi�n entre pivijayeros se conocen, yo desayuno en donde una pivijayera que vende empanadas, al lado de la entrada del barrio Los Fundadores, y siempre cuando ella pasaba por ah�, la saludaba.
PREGUNTADO: Vamos a trasladarnos al 12 de junio de 2011. Recuerda qu� sucedi� de especial en esa fecha. CONTEST�: Yo iba por casualidad, o bueno, no por casualidad, a veces para conseguir una entrada extra, trabajaba como mototaxista, a una cuadra de la universidad y la vi. Era de noche, yo sab�a para donde iba porque como le digo, sab�a d�nde viv�a, a esa hora donde m�s pod�a ir si no era para la casa.
Yo me le acerqu�, claro, ella me alz� la mano, yo me acerqu� y la recog�. Cuando la recog�, la llev� para la casa. Cuando la llevaba a la universidad, yo siempre la enamoraba. Ella siempre me comentaba que ten�a novio pero yo le insist�a. Ese d�a la recog� para la casa y empec� a hablar con ella sobre el tema, hasta que se dieron las cosas.
Me acuerdo que me dijo �si vamos a hacerlo, tiene que ser pronto�. Acordamos tener relaciones. Ella me dijo que fu�ramos a una residencia y yo le dije �Ombe pivijayera, no tengo plata�. Entonces, con consentimiento de ella, recorrimos el barrio El Yucal, buscando un lugar donde pudi�ramos estar solos para darle un besito, un abrazo, una caricia. En el yucal no encontramos un lugar, me regres� y busqu� un lugar en el L�bano, y encontr� en la carretera, en la v�a, como a 3 metros de la v�a. Ah� llegu�, me parquee, y de manera consentida, con gusto como dicen por ah�, tuve relaciones con ella.
En ese momento yo si ve�a que el celular a ella le timbraba pero que no lo contestaba. Despu�s de que terminamos, vi que le entr� una llamada que la puso muy nerviosa y ella me dijo lo siguiente �No me lleve a mi casa porque es muy tarde, ll�vame al Buenavista. Yo s�lo iba a mi casa a cambiarme y me devolv�a porque me iba a encontrar en el Buenavista con unas amigas y con mi novio porque nos vamos a ver una pel�cula�.
Yo la llev� all�, a un lugar p�blico. Cuando yo paro la moto, ella mira y dice �mi novio�, se asust�, se encogi�. Cuando alzo la mirada, �l viene corriendo y me da una patada en el pecho, tan fuerte que me tir�, yo estaba inocente. La moto se fue para el paradero de buses que est� en el Buenavista. Casi me llevo a una madre que estaba con una ni�a de cinco a�os.
La moto se subi� al and�n. Yo me di la vuelta al ver la agresividad del muchacho y me voy. Qu� me voy a quedar al ver un tipo tan agresivo? Ella si me hab�a contado que el novio era celoso y agresivo, yo pens� que era algo sencillo. Pero al ver que era tan agresivo, me fui en seguida en la moto, porque no voy a esperar que un tipo de esos qui�n sabe que haga.
Yo pregunto, por qu� hace eso? El novio la cogi� infraganti, lo m�s f�cil para ella es decir �me violaron�. PREGUNTADO: Vamos a remitirnos al momento en que ustedes estaban en ese paraje solitario. Ud., la agredi� de alguna manera?. CONTEST�: Yo nunca le he pegado a una mujer. En ning�n momento la agred�. PREGUNTADO: Ud., llevaba consigo alg�n tipo de arma, de fuego, cortopunzante? CONTESTO: No, yo que voy a andar armado, yo no soy delincuente.
Yo soy una persona que est� estudiando, que se est� preparando. PREGUNTADO: Ud., dej� que ella hiciera llamadas, que escribiera mensajes, que se comunicara con alguna persona del exterior de ese paraje? CONTEST�: Totalmente, ella recibi� llamadas, y cuando �bamos al Buenavista ella hizo varias llamadas. Cuando yo le hablaba, ella estaba entretenida en el celular.
Ella ten�a la libertad de usar su celular. Por qu� habr�a de imped�rselo? PREGUNTADO: Ud., le dio su n�mero telef�nico o ella el de ella? CONTEST�: Yo siempre le ped�a el n�mero y ella me dec�a que no. Yo sab�a que ella ten�a novio y ella no quer�a que la fuera a llamar en un mal momento. Ella me dio el n�mero pero ahora al final. Pero cuando vi la agresividad del novio, borr� el n�mero porque no quer�a tenerlo.
PREGUNTADO: Al momento en que recoge a OSIRIS CASTA�EDA, ella con qui�n estaba? CONTEST�: Estaba con un muchacho, ah� fue que conoc� al novio. En ese momento no lo detall�, despu�s que ella se sube a la moto, es que me dice que el que estaba con ella era el novio. PREGUNTADO: En cuantas oportunidades OSIRIS ISABEL se comunic� con la hermana, con el novio? CONTEST�: No s� cu�ntas pero me imagino que varias, porque yo no la reprim� para nada.
Ella todo el tiempo estuvo hablando y digo yo que mandando mensajes. PREGUNTADO: En alg�n momento, cuando estaban en el paraje, ella intent� salir corriendo, pedir auxilio o hizo alguna demostraci�n de que no quer�a estar en ese lugar? CONTEST�: En ning�n momento. Si ella me hubiera dicho que no quer�a nada, que otro d�a, le hubiera dicho que no hab�a ning�n problema.
PREGUNTADO: Para ese momento hubo alg�n tipo de violencia f�sica, trat� de correr, hubo gritos, le pidi� a Ud., que la sacara de ese lugar? CONTEST�: En ning�n momento. PREGUNTADO: Se escuchaban veh�culos donde Ud., se encontraba? CONTEST�: Claro, donde yo estaba era v�a de carros. Incluso hay un barrio cerquita y por ah� circula mucha gente y veh�culos.
PREGUNTADO: Ud., llevaba casco puesto? CONTEST�: S� claro. PREGUNTADO: Qu� hizo con el casco durante la relaci�n? CONTEST�: Me lo quit�, sin el casco no se pueden dar besos. Me quit� hasta los pantalones porque tuve relaciones con ella. PREGUNTADO: Manifiesta la presunta v�ctima que Ud., la sujet� muy fuerte? CONTEST�: Para nada, en ning�n momento la agred�.
(�) PREGUNTADO: Ud., dec�a que deciden, al salir del paraje, ir al Buenavista. CONTEST�: Ella me dijo que se le hizo tarde. Le pregunt� que por qu� no la llevaba a la casa y me dijo que no, �que ten�a que ir a su casa a cambiarse porque en el Buenavista me est�n esperando mi novio y unas amigas para ir a ver una pel�cula, entonces ll�vame directamente al Buenavista�.
PREGUNTADO: Ustedes se pusieron el casco, c�mo fue eso? CONTEST�: Claro, los dos nos colocamos los cascos, pero cuando �bamos por el L�bano ella se quit� el casco para poder llamar. PREGUNTADO: Qu� pas� con el casco cuando llegaron al Buenavista? CONTEST�: Ella se qued� con �l. Lo llevaba en el codo pero por el susto de ver al novio encima, no me lo devolvi�.
PREGUNTADO: Con cual casco se qued� ella, con el que llevaba usted o con el que llevaba ella? CONTEST�: Con el que llevaba ella. (�) INTERROGATORIO DE LA FISCALIA. PREGUNTADO: En la respuesta que le daba a la Defensa que usted a veces buscaba ingresos extra con la moto, nos puede indicar qu� placa ten�a el veh�culo? CONTEST�: DTV 74 A. PREGUNTADO: Con qu� frecuencia conduc�a usted ese veh�culo? CONTEST�: Ese era el medio de mi trabajo.
En ese momento trabajaba con una librer�a y yo era el encargado de llevarles los libros a los clientes. PREGUNTADO: Desde cuando tiene Ud., ese veh�culo? CONTEST�: Desde que lo compr� en 2008, desde que lo saqu� del almac�n� En lo atinente a este aspecto, estimo el fallador que �Las exculpaciones del procesado no alcanzan suficiente m�rito probatorio para derrocar el valor demostrativo que poseen las pruebas de cargo, no solo porque no gocen de confirmaci�n en otros medios probatorios, sino porque es entendible que el procesado al declarar lo haga en procura de sus propios intereses en la actuaci�n�.
Este sustento efectuado por el Juez de primer grado prima facie no tendr�a la suficiente contundencia para determinar la responsabilidad del procesado, pues resulta l�gico que si decidi� declarar es porque quiere actuar en procura de sus propios intereses, que se encuentran en vilo en la actuaci�n procesal. Esta aseveraci�n del Juez bien que podr�a constituir una petici�n de principio traducida en que �el procesado miente porque tiene inter�s en la actuaci�n�.
Jam�s podr�a arribarse a una conclusi�n judicial con base en estas premisas; de ser as�, perder�an vigencia el principio de presunci�n de inocencia y la garant�a del acusado a declarar en su propia causa, previa renuncia expresa de su derecho a guardar silencio, como quiera que si resuelve rendir testimonio, tal decisi�n comportar�a, per se, un indicio en su contra: el de mentira, por tener inter�s, como se dijera, en la actuaci�n judicial.
Pero ocurre que el sustento del A quo trascendi� � en t�rminos positivos - lo expuesto en el p�rrafo que antecede y es as� como construy�, m�s adelante,argumentos racionales con base en el an�lisis que hizo de la declaraci�n del acusado, con sustento, a su vez, en las potestades que se desprenden del art�culo 404 de la ley 906 de 2004. Luego de este ejercicio, concluy� que su atestaci�n es falaz, pero por otras razones que van m�s all� del leg�timo inter�s del procesado; as� lo sustent�: �La tesis del conocimiento antecedente que el procesado CAMARGO MOZO ten�a de OSIRIS CASTA�EDA, como vecinos del mismo sector de una poblaci�n del Magdalena, Pivijay, del que ambos son oriundos (sic) resulta especulativa, no confirmada, porque por m�s que la defensa intent� en el juicio lograr la admisi�n por parte de la ofendida de esta circunstancia, mostrando una fotograf�a (que no es evidencia del juicio y no fue incorporada), que revela a quien parec�a era su padre, profesor de oficio de ese poblado, la se�ora CASTA�EDA alcanz� simplemente a referir que ese s� era su padre, m�s le resultaba imposible determinar qui�n era el menor que aparec�a en la imagen (un menor, al parecer el procesado) recibiendo un diploma de manos del padre de la se�ora OSIRIS CASTA�EDA profesor de la poblaci�n. Contestando a la defensa y a manera de contra argumento, el hecho de que ambos, procesado y ofendida, sean de la misma poblaci�n, Pivijay � Magdalena, no constituye de por s� una circunstancia indicadora de que hab�a un conocimiento previo entre los dos, pues no resulta infrecuente que en las ciudades capitales de departamento, coincidan espont�neamente personas que provienen de municipios secundarios del ente territorial departamental, o de municipios vecinos. Y contin�a el A quo: �(�) Aun si acept�ramos en gracia de discusi�n que la fotograf�a mostrada por la defensa a la testigo OSIRIS CASTA�EDA en juicio, corresponde al procesado en su minor�a de edad recibiendo un diploma del padre de la se�ora OSIRIS CASTA�EDA, en el poblado de Pivijay, esta circunstancia no muestra indefectiblemente que existiera una relaci�n de conocimiento entre la v�ctima y el encartado, como para confirmar la hip�tesis de que porque se conoc�an desde ni�os y hab�a entre ellos trato originado en la vecindad del poblado en que ambos nacieron, la relaci�n sexual que se produjo entre los dos se dio bajo el consentimiento de la se�ora OSIRIS CASTA�EDA.
La se�ora OSIRIS CASTA�EDA refiri� que parti� del lugar en que naci� (Pivijay) desde su ni�ez, a partir de la ruptura del v�nculo marital entre sus padres, traslad�ndose a la ciudad de Santa Marta para proseguir aqu� su vida, quedando su padre en el poblado de Pivijay. Adem�s la espontaneidad del relato de la v�ctima OSIRIS CASTA�EDA al afirmar que no conoc�a al se�or CAMARGO MOZO antes de los acontecimientos, es circunstancia que permite atribuirle m�rito probatorio, lo que se corresponde con el hecho de que JORGE LUIS CARMARGO MOZO, pasaba espont�neamente por la calle en que fue abordado por la se�ora CASTA�EDA y su novio BREIDIS, para solicitarle (que) prestara un servicio de moto taxi, lo que �l admite en su relato, pues no dice que haya sido llamado o convocado por OSIRIS CASTA�EDA, v�a telef�nica o por otro medio, para que le efectuara la carrera de moto taxi�.
Una vez m�s, advierte esta Sala de Decisi�n que la sentencia de primera instancia en lo que tiene que ver con la valoraci�n probatoria es acertada y respetuosa de la sana cr�tica y esto se ve reflejado en las concisas pero juiciosas motivaciones del fallador. Y es que pretender que el conocimiento previo entre un hombre y una mujer � que en este caso, valga decirlo, no se acredit� � hace menos probable la materializaci�n de una relaci�n sexual violenta, implica la construcci�n de una regla de experiencia en grado sumo desafortunada, sexista, estereotipada y carente de fundamento, por no comportar un proceder generalizado y repetitivo, que traer�a graves consecuencias para el derecho a la integridad sexual de los coasociados, y especialmente de las mujeres.
Pero en gracia de discusi�n, as� la estrategia de la defensa t�cnica y material hubiera arrojado resultados positivos en lo referente a la demostraci�n de un v�nculo de paisanaje entre el acusado y la se�ora OSIRIS, el mismo no ser�a raz�n suficiente para acreditar que la relaci�n sexual debidamente probada, haya sido consensuada. Acerc�ndonos al momento culminante de la presente providencia, ha de rememorar la Sala que, con soporte en las declaraciones rendidas por la v�ctima, su novio y el ahora procesado - las cuales fueron examinadas conjuntamente por el Juez -, se dar�a respuesta a los planteamientos de los numerales 3, 4,5 y 6 que seg�n criterio del recurrente constituyen �indicios a favor del acusado� y que grosso modo se resumen as�: 1) El procesado le dio el n�mero de su tel�fono celular a quien alega la condici�n de v�ctima, 2) luego de la relaci�n sexual la llev� al centro comercial Buenavista, donde se sab�a, la estar�a esperando su novio, 3) la v�ctima hizo varias llamadas y 4) el procesado pese a que el casco de la motocicleta quedara en poder de la ofendida y de su novio, la sigui� usando por espacio de dos a�os.
Estas circunstancias, da a entender el apelante, no se corresponden con las reglas de la experiencia. Estas circunstancias, pese a los reparos del censor, tambi�n captaron el inter�s del Juez de primera instancia, quien las valor� con toda justeza y acierto. As� qued� consignado el resultado de este ejercicio intelectual: �(�) si bien se advierte por esta agencia que los hechos se presentaron de forma inusual, pues el procesado llev� a la v�ctima hasta el lugar que ella le indic�, inmediaciones del centro comercial BUENAVISTA, luego de ejecutado el acceso, con la intenci�n no revelada a �l por la se�ora OSIRIS CASTA�EDA de que una vez all� fuera aprehendido por su novio, a quien ped�a ayuda, v�a telef�nica, mand�ndole mensajes indirectos de su ubicaci�n y recorrido, dando a entender al procesado de que se dirig�a a �l, (sic) ante sus descuidos cuando conduc�a la motocicleta, a quien tambi�n distra�a con conversaciones, tal discurrir f�ctico no puede entenderse como demeritorio del relato de la mujer (�) constituyendo m�s bien medidas estrat�gicas de la v�ctima, ante las caracter�sticas psicol�gicas que intu�a pose�a su agresor, quien le refer�a que hab�a sido una l�stima que su primer encuentro sexual se hubiera producido de esa manera, vale decir, violentamente, pero que quer�a que se repitiera en otra oportunidad en otros t�rminos. Es decir, la v�ctima intu�a en el agresor la idea de que este quer�a que los encuentros se repitieran y que pese a la violencia que �l reconoc�a se hab�a dado, era posible encontrar en ella un atisbo de complacencia por la relaci�n sexual sostenida, lo que le permiti� a ella manejarlo estrat�gicamente para que cumpliera su prop�sito de acercarla hasta el lugar en que estar�a su novio, a quien le dio las indicaciones v�a telef�nica y de forma cifrada, ante la presencia de su agresor�.
Los precedentes razonamientos del Juez A quo no son compartidos por el recurrente, pues en su criterio �(�) le asign� a OSIRIS CASTA�EDA MERCADO habilidades policivas y estrat�gicas al manifestar que el hecho de que despu�s del encuentro sexual (�) hubiera abordado nuevamente la motocicleta del procesado, hablado por tel�fono entre otras circunstancias �inusuales� obedecieron �nicamente a medidas estrat�gicas encaminadas a lograr la captura de su agresor�.
En este reproche tampoco le asiste raz�n al impugnante, puesto que la inferencia que hizo el juzgador acerca de que la v�ctima intu�a ciertas caracter�sticas psicol�gicas en la persona de su agresor no es infundada, esto es, tiene soporte probatorio en el testimonio rendido por la se�ora CASTA�EDA MERCADO; basta con retrotraer el segmento de su declaraci�n en el que manifest�, sobre este particular que, �(�) el muchacho que iba manejando iba muy entretenido, diciendo que quer�a verme.
Mi mente estaba programada a llegar donde estuviera mi novio Breidis, y que �l lo levantara a pu�o, patada, no s�. En otros apartes de su atestaci�n, la v�ctima ilustr� a la audiencia acerca del particular comportamiento asumido por el acusado, del cual se infiere, seg�n criterio de esta Corporaci�n, una personalidad temeraria y audaz y un concepto de s� mismo presuntuoso, como si en su psique creyera � o estuviera convencido - que lo hecho por �l no constitu�a delito; veamos: �Cuando llegamos a donde hab�a luz, un sitio con carros y movimiento, le dije �me tienes que llevar al Buenavista� y se lo repet�a diez mil veces para que me llevara.
Me dijo que s�, que me calmara, pero que qu� rica la experiencia, que qu� l�stima que nos hubi�semos conocido en estos t�rminos, que ojal� nos volvi�ramos a encontrar, que no s� qu�. Yo le dec�a que s� a todo con tal de que no viera en m� que le iba a atacar. �Que nos volvamos a ver, ojal� nos encontremos� y yo le dije que s�. Entonces me dijo �pero me escribes un mensaje� y yo le dije que d�nde le iba a escribir.
Me dijo �anota mi tel�fono�, me lo dio, yo lo guard� en el celular. �l condujo la moto hasta la entrada del Buenavista que queda por el colegio San Pedro Alejandrino, la normal de varones, no s� qu� colegio queda ah�. Entonces yo le dije �no me vas a dejar ac�, me dejas en la otra entrada que es donde me est� esperando mi novio, que ah� no hab�a mucha gente�.
As� pues, la Sala converge con el Juez A quo, en que es claro que la actitud asumida por el acusado le permiti� a la agredida sacar cierto provecho de la situaci�n adversa en la que se encontraba, y la inferencia que hizo el Juez acerca de la personalidad del acusado, antes que contravenir los postulados de la sana cr�tica y las reglas de la experiencia, muy por el contrario los confirman y precisamente los us� el fallador para construir un juicio l�gico cuya conclusi�n no podr�a ser otra que endilgar responsabilidad penal al acusado, por cuanto la tesis planteada por la Fiscal�a se asomaba como la m�s razonable en el contexto de las probabilidades.
Pero como se ha venido anunciando, el recurrente estima que el A quo, �(�) presuntamente para cumplir con la carga argumentativa que exige la ley para efectos de desvirtuar la presunci�n de inocencia, adjudic� al acusado << UN ESPECIAL SIQUISMO O FORMA DE PENSAR Y ACTUAR >> no usual, hecho que da como determinante y probado sin estarlo, m�xime cuando tal conclusi�n solo ser�a predicable de un m�dico legista o una prueba t�cnica y no de donde fue sustra�da por parte del censor de primera instancia (sic), �sea (sic) del testimonio de la v�ctima�.
En esta afirmaci�n tampoco le asiste raz�n al actor, como quiera que el fallador no hizo otra cosa que dar aplicaci�n a los deberes y facultades que se desprenden del contenido del art�culo 404 de la ley 906 de 2004, cuyo tenor literal reza: �Art�culo 404.�Apreciaci�n del testimonio.�Para apreciar el testimonio, el juez tendr� en cuenta los principios t�cnico cient�ficos sobre la percepci�n y la memoria y, especialmente, lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, los procesos de rememoraci�n, el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su personalidad�.
(Negrita y resaltado fuera de texto). Para adentrarnos en el an�lisis de la norma tra�da en cita, el cual encuentra necesario la Sala, es pertinente definir el concepto de personalidad, desde la Psicolog�a: �Conjunto de caracter�sticas ps�quicas y modalidades de comportamiento que, en su integraci�n, constituyen el n�cleo irreductible de un individuo, que perdura como tal en la multiplicidad y en la diversidad de las situaciones ambientales en las que se manifiesta y act�a�. En otra definici�n encontramos que personalidad es, �La estructura ps�quica de cada individuo, la forma como se revela por su modo de pensar y expresarse, en sus actitudes e intereses y en sus actos.
Son patrones duraderos de percibir, relacionarse y pensar acerca del ambiente y de uno mismo. Los rasgos de personalidad son aspectos prominentes que se manifiestan en una amplia gama de contextos sociales y personales importantes ( )�. (Negrita y resaltado fuera de texto9. Pero ahora veamos la definici�n que trae el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Espa�ola � DRAE -: 1.�f.�Diferencia�individual�que�constituye�a�cada�persona�y�la�distingue�de�otra. 2.�f.�Conjunto�de�caracter�sticas�o�cualidades�originales�que�destacan�en�algunas�personas.�Andr�s�es�un�escritor�conpersonalidad. 3.�f.�Persona�de�relieve,�que�destaca�en�una�actividad�o�en�un�ambiente�social.�Al�acto�asistieron�el�gobernador�y�otraspersonalidades. 4.�f.�Inclinaci�n�o�aversi�n�que�se�tiene�a�una�persona,�con�preferencia�o�exclusi�n�de�las�dem�s. 5.�f.�Dicho�o�escrito�que�se�contrae�a�determinadas�personas,�en�ofensa�o�perjuicio�de�las�mismas. 6.�f.�Der.�Aptitud�legal�para�intervenir�en�un�negocio�o�para�comparecer�en�juicio. 7.�f.�Der.�Representaci�n�legal�y�bastante�con�que�alguien�interviene�en�un�negocio�o�en�un�juicio. 8.�f.�Fil.�Conjunto�de�cualidades�que�constituyen�a�la�persona�o�sujeto�inteligente.
Como puede observarse, cuando el Juez hace una valoraci�n en t�rminos generales de la personalidad del testigo � acusado, concepto que tiene un marcado trasfondo psicol�gico, no contraviene norma alguna, como quiera que es la misma ley la que le impone este deber, en virtud de los conocimientos acad�micos que debe tener el Juez y que lo hacen id�neo para ejercer su funci�n de impartir justicia. No en vano en las escuelas de Derecho se imparte la c�tedra de Psicolog�a Criminal o al menos se hace referencia a esta rama del saber en los estudios de Derecho Penal y/o Procesal Penal; luego entonces, no se requiere que el administrador de justicia tenga en todos los casos que acudir a la declaraci�n de un psic�logo para valorar los rasgos caracter�sticos de la personalidad de un testigo o de un acusado que ha renunciado al derecho a guardar silencio y decide ofrecer su testimonio acerca de las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se desencadenaron los hechos que se le atribuyen.
Una tal exigencia, como la acabada de aludir, tender�a a desplazar la persona del Juez, y en este sentido, la valoraci�n de la prueba testimonial estar�a en cabeza de un sujeto ajeno a la funci�n jurisdiccional, lo cual repugna con los principios de estricta legalidad y de juez natural, como quiera que no es permisible subrogar la labor judicial en un tercero carente de la potestad constitucional y legal para administrar e impartir justicia; no desconoce la Sala que en ciertos eventos se hace forzosa la intervenci�n de un perito especializado, como por ejemplo, cuando se alegue la existencia de un trastorno mental, d�gase esquizofrenia, situaci�n que compele a la parte interesada a ofrecer la declaraci�n de un m�dico psiqu�atra, pero incluso en estos casos, tampoco se desdibuja la labor principal del Juez, al punto que la jurisprudencia penal ha sostenido que el Juez se puede apartar, en t�rminos serios y razonables de una peritaci�n. Para profundizar un poco m�s en este deber � facultad del Juez, resulta afortunado traer a colaci�n el siguiente criterio doctrinario, que tiene �ntima correspondencia con el reproche que hace el recurrente: �(�) El juez de hoy no puede, como el de anta�o, pretextar inexistencia de la ley; pero tampoco puede pretender que la ley resuelva, de manera autom�tica, hasta en sus �ltimos detalles, el litigio que le ha sido entregado para composici�n. Al juez no le basta conocer los valores, los principios y las normas.
Tampoco le es suficiente con dominar los antecedentes de aplicaciones anteriores, hechas por la doctrina y la jurisprudencia. El juez deber� acercarse al conocimiento de cada disciplina, profesi�n u oficio, o de cada actividad en la cual se halle inmerso el conflicto, para poder entenderlo y ofrecer una soluci�n plausible. � En cierta �poca se oy� en Colombia el preg�n de un ilustre magistrado de la Corte Constitucional, que respond�a a los cr�ticos de ciertas decisiones muy controversiales �la Corte no necesita saber econom�a, pues sus fallos se producen en Derecho�.
Se acusaba a la Corte de ser ignorante en materias econ�mica y financiera y a fe que lo fue en las memoradas sentencias. La frase del magistrado lleva impl�cito el reconocimiento. Y no puede ponerse en duda su buena fe al creer que obraba y argumentaba correctamente. Pero, su equivocaci�n es ciertamente may�scula y la afirmaci�n citada, una enorme irresponsabilidad.
No s�lo porque la Corte Constitucional s� debe saber econom�a (los conceptos b�sicos, para entender, al menos, sobre qu� est� resolviendo, pues de lo contrario corre el mismo riesgo del juez que dictase sus fallos en un idioma que no conoce) sino porque una afirmaci�n de tal catadura, en boca de un magistrado de alta corte, constituye un mensaje de conducta a seguir para todos los jueces del pa�s. � Desbaratar semejante instrucci�n no va a ser f�cil.
Pero intent�moslo. El juez, a la hora de resolver, s� debe conocer los fundamentos b�sicos de la ciencia o arte o la actividad que constituye el entorno del conflicto (�). Si un juez civil o penal, debe juzgar la responsabilidad de un m�dico, no puede ignorar elementales conocimientos de fisiolog�a o de anatom�a. Los jueces civiles no deben seguir ignorando, a la hora de resolver sobre liquidaciones de cr�ditos, las matem�ticas financieras.
El juez de familia no debe dejar de tomar en cuenta principios elementales de psicolog�a para decidir sobre la custodia de un ni�o. El juez laboral no debe ignorar la teor�a de los conflictos humanos, o la sociolog�a o las mismas matem�ticas financieras. Y as� podr�amos seguir hasta el infinito con los ejemplos, para demostrar que, de ninguna manera, el conocimiento del juez ha de limitarse a las normas.
(Todos los resaltados fuera de texto)�. Ahora, desembocando nuevamente en la respuesta que se ha de ofrecer a los reproches de la Defensa, es este mismo an�lisis de la personalidad del acusado efectuado por el Juez, el que permite entender las razones por las cuales el procesado 1) le dio su n�mero de tel�fono celular a la ofendida, 2) la llev� luego al centro comercial Buenavista, 3) le permiti� tener comunicaci�n telef�nica y 4) sigui� utilizando la misma motocicleta en la que fuera capturado tiempo despu�s. Y se aprovecha este contexto para analizar un segmento de la declaraci�n del acusado en el cual - para demostrar su coartada referida a que ten�a una relaci�n de amistad previa con la v�ctima y que el encuentro sexual fue consentido - adujo que incluso ella le hab�a compartido a su vez, el n�mero telef�nico, pero que ante la actitud que asumi� el novio de esta en Buenavista, quien lo agredi�, prefiri� borrarlo.
En este estadio de la declaraci�n tambi�n es m�s probable que el acusado mienta, pues no se aviene con las reglas de la experiencia que quien se arriesga a conservar la motocicleta usada para la comisi�n del delito � lo cual en efecto ocurri� � tenga miedo o prevenci�n de mantener en la memoria de su equipo celular un dato tan de suma importancia, que podr�a eventualmente servir de soporte a su estrategia defensiva.
As� las cosas, no resulta cre�ble que la ofendida le haya compartido esta informaci�n al acusado, en tanto que si se aviene con la realidad de la prueba que este le haya participado los datos de su abonado telef�nico a la agredida, como quiera que estaba - de acuerdo con su particular modo de actuar, de expresarse y manifestarse -, convencido en grado sumo que pese a la falta cometida, la mujer violentada sexualmente estar�a interesada en que �se vieran en una pr�xima oportunidad�, pues seg�n �l la experiencia �le hab�a parecido rica� y sent�a �l�stima que se hubiesen conocido en esos t�rminos�; lo anterior, de acuerdo con el relato rendido por la afectada y que fuera analizado en p�rrafos ya superados.
Atendamos ahora, de manera m�s fundamentada, el reproche expuesto por la Defensa cuando alude que no se aviene con las reglas de la experiencia que la se�ora OSIRIS CASTA�EDA luego de la relaci�n sexual, seg�n ella, no consentida, haya vuelto a subirse a la motocicleta del acusado CAMARGO MOZO. Es cierto que en principio no se aviene con las reglas de la experiencia que una mujer que acaba de ser violentada sexualmente, vuelva a subirse en el veh�culo de su agresor, pero no debe soslayarse que en este caso existe una circunstancia especial que, por decirlo de alguna manera, rompe con esa regla de la experiencia; para explicar tal aserto, se hace imperioso referir algunos ac�pites precisos de la declaraci�n rendida por OSIRIS CASTA�EDA, en los que expuso: �No recuerdo que tuviera alg�n arma pero me sujetaba muy fuerte, cuando logr� quitarme la mano de la cara, �l la baj� a mi cuello, me ten�a as� como, me ten�a que no me pod�a mover.
Yo le dec�a que se calmara pero muy pasito. Me dijo �cuelga� y yo le dije que no hab�a llamada. Le dije �qu� quieres?� y me dijo �c�llate�. Me mandaba a que me callara, que me bajara la voz. Yo le dije que le daba el bolso y me dijo que no, que �l me quer�a a m�. (�) �l me apretaba el cuello, me colocaba la mano en la boca y la nariz y yo no pod�a respirar.
Me dec�a que me callara, que si no me callaba era peor para m� porque pod�a haber gente viciosa por el lugar y para �l porque se pod�an robar la moto, nos pod�an hacer da�o a los dos�. �(�) Yo trataba de soltarme pero no pod�a pero no daba para quitarme la mano. Entonces me dec�a �te vas a callar� y con la cabeza le hac�a que �mmm� y me dec�a �pero c�llate que nos va mal a los dos�.
Y si esto es as�, resulta razonable que la v�ctima en un natural reflejo defensivo haya sopesado los riesgos y ante el temor de quedar sola en un lugar oscuro, dado que ya era de noche, y por dem�s retirado y solitario, haya optado por persuadir al hoy acusado que la sacara de ese sitio. Pero incluso existe otra circunstancia que igualmente es cre�ble, dada la contundencia y coherencia que se predica del relato de la v�ctima en el sentido que quer�a que el agresor fuera castigado e incluso golpeado por lo que le hizo.
Tal prop�sito justifica su determinaci�n en la tarea de persuadir a su agresor, quien finalmente accedi� a llevarla hasta el sitio indicado, con los resultados ya ampliamente documentados, que valorados integralmente conducen a aceptar que los hechos tuvieron ocurrencia de la manera como lo denunci� la v�ctima y lo consign� la Fiscal�a en el escenario de la imputaci�n f�ctica.
Y en este momento resulta muy importante evocar la definici�n que sobre �reglas de la experiencia� quedara expresada en las p�ginas iniciales de esta providencia judicial, son aquellas que: �(�) se configuran a trav�s de la observaci�n e identificaci�n de un proceder generalizado y repetitivo frente a circunstancias similares en un contexto temporo - espacial determinado, de manera que tienen pretensiones de universalidad, que solo se except�an frente a condiciones especiales que introduzcan cambios variables, con virtud de desencadenar respuestas diversas a las normalmente esperadas y predecibles [�].
As� las cosas, apoyado en cita de la Sala, las reglas de la experiencia corresponden al postulado �siempre o casi siempre que se presenta A, entonces sucede B�, motivo por el cual permiten efectuar pron�sticos �referidos a predecir el acontecer que sobrevendr� a la ocurrencia de una causa espec�fica (prospecci�n)�, y diagn�sticos �predicables de la posibilidad de establecer a partir de la observaci�n de un suceso final su causa eficiente (retrospecci�n)� (Negrita y resaltado fuera de texto).
Vemos entonces que las pretensiones de universalidad en este caso concreto se exceptuaron frente a la existencia de condiciones especiales que introdujeron cambios variables, con virtud de desencadenar respuestas diversas a las normalmente esperadas y predecibles, lo que se traduce en que exist�an razones valederas para que la v�ctima siguiera �pro tempore � en compa��a de su agresor, pues, 1) De quedarse en el sitio de los hechos podr�a verse expuesta a un da�o igual o peor al que acababa de sufrir; y 2) Adem�s, - lo que tambi�n es razonable -, quer�a obtener venganza por el agravio sufrido y esperaba que su novio agrediera de alguna forma al autor de la ofensa sexual.
Por absurdo e il�gico que parezca, tales motivaciones no pueden ser desechadas aprior�sticamente, como quiera que cada situaci�n de la vida tiene sus propias connotaciones y, como lo ha sostenido la Sala Penal de la H. Corte Suprema de Justicia, "(�) lo que a primera vista de quien vive ajeno a esa situaci�n resulta inveros�mil por absurdo, il�gico o contrario a ciertas reglas de experiencia, recobra visos de credibilidad cuando se aprecia que, en veces, la realidad es tambi�n absurda. Recordando una vez m�s lo expuesto en los inicios de esta decisi�n, en el proceso penal el debate generalmente no se orienta a mostrar que una respuesta es la �nica correcta, o que exista certeza frente a un determinado punto, sino que la soluci�n propuesta es la m�s razonable o aceptable. Y para esta Corporaci�n, la tesis planteada por la Fiscal�a ha de prevalecer sobre la esgrimida por la Defensa, y se concluye entonces que se ha establecido - m�s all� de duda razonable - que el acusado es el autor de la conducta delictiva de acceso carnal violento, tal y como se expuso en la sentencia de primer grado, la cual, ser� confirmada.
ACERCA DE OTRAS DECISIONES En la p�gina n�mero 295 del cuaderno principal, aparece que a la presente actuaci�n se incorpor� � por intermedio de uno de los testigos de acreditaci�n - el folio No.16 del LIBRO DE MINUTA DE POBLACI�N que se lleva en el Centro de Atenci�n Inmediata - CAI � de la Polic�a Nacional, ubicado en el barrio o sector de Bastidas de Santa Marta.
All� se dice que el hoy procesado JORGE LUIS CAMARGO MOZO fue ingresado a esa entidad, en el mes de diciembre de 2011, con el fin de proceder a su identificaci�n, como quiera que la Polic�a Nacional habr�a recibido informaci�n que daba cuenta que esta persona habr�a cometido varios delitos de acceso carnal violento contra mujeres, en diferentes partes de la ciudad, para lo cual se movilizaba en la motocicleta de placas DTB � 74 A. Del mismo modo, aparece consignada informaci�n reportada por el funcionario de Polic�a Judicial, se�or Julio Cesar T�llez Perea, en el sentido que, �(�) examinados los diferentes procesos penales que se adelantan en esta Unidad Investigativa contra Delitos Sexuales, Trata y Tr�fico de Personas, hay relaci�n en el �Modus Operandi�, que utiliz� el motociclista para abusar sexualmente de la joven v�ctima OSIRIS ISABEL CASTA�EDA MERCADO, el cual al parecer aprovecha el servicio de transporte p�blico informal que se emplea en esta ciudad como lo es el �MOTO TAXISMO� para de una forma f�cil tener un acercamiento directo hacia sus v�ctimas y generarles confianza, analizando que casualmente (en) las denuncias recepcionadas a personas que han sido v�ctimas de este delito, especialmente las investigaciones que se adelantan bajo las siguientes noticias (criminales) 4700160010212011201100185, 470016001018201101046 y 470016001021201100203 percibimos que las v�ctimas poseen caracter�sticas f�sicas similares (�) las cuales han aportado informaci�n similar en cuanto a la ruta que toma el victimario, la forma de dominarlas y reducirlas, los sitios que frecuenta para desarrollar esta conducta (�) y la excusa que utiliza para desviar o sacar de su curso normal de forma discreta e insospechable a las v�ctimas argumentando que tiene que desviarse porque hay un ret�n de la Polic�a Nacional (�) el lugar de los hechos se caracteriza por ser despoblado, caminos de herraduras, enmontados, y por lo general despu�s de haber abusado sexualmente de ellas, las traslada hasta un lugar donde las v�ctimas puedan tomar otro medio de transporte (�)�.
En este orden de ideas, esta Corporaci�n judicial estima que le asiste un deber �tico social que se desprende de los art�culos 2 y 113 superiores, y es as� como se exhorta a la Fiscal�a - en un contexto de absoluto respeto por los principios de independencia y autonom�a judicial a que desarrolle las tareas necesarias -, tendientes a determinar el grado de compromiso que puede tener el ahora procesado en los delitos aludidos por el funcionario de Polic�a Judicial, dada la connotaci�n social que este tipo de comportamientos tiene, en trat�ndose de mujeres j�venes que han venido siendo violentadas sexualmente en este sector de la geograf�a nacional.
Por lo expuesto, LA SALA DE DECISI�N PENAL DEL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL de Santa Marta, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley,
RESUELVE
PRIMERO: CONFIRMAR la sentencia de fecha 2 de marzo de 2014, a trav�s de la cual el Juzgado Cuarto Penal del Circuito con funciones de Conocimiento de Santa Marta (Magdalena) conden� a JORGE LUIS CAMARGO MOZO a la pena principal de trece (13) a�os de prisi�n como autor responsable del punible de acceso carnal violento, de conformidad con lo expuesto en la parte motiva de la presente providencia.
SEGUNDO: Por Secretaria, l�brese el exhorto mencionado en el ac�pite titulado �ACERCA DE OTRAS DECISIONES�.
TERCERO: Contra la presente providencia procede el recurso de casaci�n. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE. Los Magistrados, DAVID VANEGAS GONZ�LEZ JOS� ALBERTO DIETES LUNA CARLOS MILTON FONSECA LIDUE�A JOAQU�N RAFAEL GONZ�LEZ ORTEGA Secretario Sala Penal C.S.J., Sentencia SP4316-2015. Radicaci�n 43262 (Aprobado Acta No. 134, abril diecis�is (16) de dos mil quince (2015).
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M.P. Dr. GUSTAVO ENRIQUE MALO FERN�NDEZ. Datos aportados por la Asociaci�n Colombiana de Endocrinolog�a HYPERLINK "https://www.youtube.com/watch?v=APBApq7VRu0" https://www.youtube.com/watch?v=APBApq7VRu0. Otros estudios.- COLCIENCIAS: �Un hombre en Colombia es normal si mide desde 1,59 hasta 1,81, y la mayor aglomeraci�n va a ser alrededor de 1,72 que es el promedio.
Para una mujer el promedio es 1,60 y el m�nimo es 1,48.5 y el m�ximo 1,71�http://www.noticiasrcn.com/bienestar-salud/colombia-tiene-estandares-talla-y-peso-propios CSJ, S. Penal, Sent. 39559, mar. 6/13, M. P. Julio Enrique Socha Salamanca. Petici�n de principio. Falacia que se comete cuando nos quieren demostrar algo metiendo ese algo en la misma demostraci�n. Se trata de una falacia que se produce cuando la proposici�n por ser probada se incluye impl�cita o expl�citamente entre las premisa. De sexismo: Sexismo,�discriminaci�n sexual�o�discriminaci�n de g�nero, es el prejuicio o discriminaci�n basada en el� HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/wiki/Sexo" \o "Sexo" sexo�o� HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/wiki/G%C3%A9nero_(ciencias_sociales)" \o "G�nero (ciencias sociales)" g�nero, tambi�n se refiere a las condiciones o actitudes que promueven estereotipos de roles sociales establecidos en diferencias sexuales.
Las actitudes sexistas se sostienen en creencias y estereotipos tradicionales sobre los distintos� HYPERLINK "https://es.wikipedia.org/wiki/Rol_de_g%C3%A9nero" \o "" roles de g�nero. A menudo el sexismo es asociado con argumentos sobre la supremac�a de g�nero. En los libros de texto, el sexismo se puede presentar de una manera expl�cita o estar oculto de un modo latente.
En el sexismo expl�cito se hace una referencia prioritaria a uno de los sexos, de tal modo que el otro queda oculto o invisibilizado. Esta situaci�n puede darse, bien porque hay una presencia desequilibrada de personajes de uno u otro sexo, o porque a trav�s del lenguaje que se utiliza para nombrarlos, unos quedan m�s representados que otros. https://diariodigitalamyhir.wordpress.com/2014/09/22/sexismo/ Por el contrario, en el sexismo impl�cito o latente se presentan visiones estereotipadas de los personajes, omitiendo actitudes, comportamientos o actividades de uno de los sexos, con lo que se ofrecen modelos restringidos de identificaci�n personal y social.
Ambos tipos de sexismo suelen darse de manera conjunta. https://www.uv.es/genero/_docs/public_edu/sexismo_txtos.pdf. Galimberti, Humberto. Diccionario de Psicolog�a. Siglo XXI Editores. Vera Garc�a, Rosa. Diccionario de Psicolog�a. V�rtices Psic�logos � www.verticespsicologos.com Gabinete de Madrid Capital: C/ Hiedra, 30 -- Gabinete de Las Rozas de Madrid: Avda.
Lazarejo, 106 Los diagn�sticos, conclusiones o hallazgos cient�ficos por parte de un testigo pericial son susceptibles de la cr�tica o, incluso, la desestimaci�n del funcionario judicial. As� lo reiter� la Corte Suprema de Justicia, al se�alar que�la prueba pericial debe ser valorada por el juez como todos los dem�s medios de prueba, esto es, de manera racional o sujeta a los par�metros de la sana cr�tica, y no de manera incondicional o mec�nica ante los dict�menes de los especialistas. �El alto tribunal agreg� que�el objeto de valoraci�n por parte del juez en una prueba pericial no es la conclusi�n del perito, sino el procedimiento que sustentaba sus afirmaciones. �Igualmente, precis� que, para apreciar la prueba pericial practicada durante el juicio p�blico, el funcionario debe tener en cuenta la idoneidad t�cnico-cient�fica y moral del perito, la claridad y exactitud de sus respuestas, su comportamiento al responder y� el grado de aceptaci�n de los principios cient�ficos, t�cnicos o art�sticos en que se apoya el perito. ��Como ocurre con todos los medios probatorios, la pericial debe ser considerada racionalmente por el juez, porque en la apreciaci�n del dictamen resulta imperativo tener en cuenta la firmeza, precisi�n y calidad de sus fundamentos�.
(CSJ, S. Penal, Sent. 39559, mar. 6/13, M. P. Julio Enrique Socha Salamanca). https://www.ambitojuridico.com/BancoConocimiento/Penal/noti-130327-04-juez-puede-apartarse-de-pruebas-aportadas-por-peritos Tomado de DERECHO DE HOY Por: ANTONIO BOH�RQUEZ ORDUZ HYPERLINK "http://sites.google.com/site/juecesyfiscalesbucaramanga2/derechodehoy" http://sites.google.com/site/juecesyfiscalesbucaramanga2/derechodehoy. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, proceso 23593, sentencia del 11 de abril de 2007. Sentencia de 25 de agosto de 2004, radicado 21829.
M.P. Dr. �lvaro Orlando P�rez Pinz�n $%��� � � � � * + � � � ��Ͻ������vk]H]=/h�{hGU�6�OJQJ^Jh�{6�OJQJ^J(jh�{h�{0J6�OJQJU^Jh�{h�{6�OJQJ^JhbO#6�OJQJ^J)hGU�hGU�5�6�>*CJOJQJ^JaJh�{6�CJOJQJ^JaJ hGU�h�{CJOJQJ^JaJ#hGU�h�{6�CJOJQJ^JaJ#hGU�h�{5�CJOJQJ^JaJh�e-5�CJOJQJ^JaJ#hGU�h�e-5�CJOJQJ^JaJh�/�5�CJOJQJ^JaJ� � � � � ������CD���EF0������������������������$��d��^��a$gdGU�$��d��^��a$gdGU�$d��a$gdGU�� ������BCD(�DEF/01�KLM^6����k����������������������̩����o�o��^�!h�{hGU�5�6�>*OJQJ^Jh�{h�{6�>*OJQJ^Jh�{hGU�6�OJQJ^Jh�{6�OJQJ^J!h�{h�{5�6�>*OJQJ^Jh�{h�{6�OJQJ^J)h�{h�{5�6�>*CJOJQJ^JaJ#h�{hGU�6�CJOJQJ^JaJh�{6�CJOJQJ^JaJ#h�{h�{6�CJOJQJ^JaJ$01LM��QRR S �!u#v#�'�'�(�(�*�*�+�+�+r,s,�����������������������$d��a$gdGU�$��d��^��a$gdGU�$��d��^��a$gdGU�k~%PQRQ R S t#u#v#�#�#M$b$e$w$x$)&E&F&�&�'�'�'�(�(�(*����������dz�����p�����_K�_K�&h�{hGU�6�CJOJQJ]�^JaJ 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Imprenta Nacional Bogot� 2009. Apelaci�n de Sentencia JORGE LUIS CAMARGO MOZO RAD.236-15 PAGE \* MERGEFORMAT 1 ��� # $ % & ) * + �����������hqd�hEUCJOJQJaJjhMXuUmHnHuh�e-mHnHuhMXujhMXuUhp�hqd�h�q�jh�q�U( ) * + ���$dh�a$gdEU6&P{1�h:p�/���/ �"I!��"��#��$��%������n��B�%��"S���H�˒��PNG IHDR�����sRGB���PLTE3f����3333f3�3�ff3fff�f�f������3�f���̙��!��3�f����������3�f������""")))3333f3�3�3333333f33�33�33�f3f33f3ff3�f3�f3��3�33�3f�3��3̙3��3�33�3f�3��3��3��3�33�3f�3��3��3�999BBBMMM�PPUUU___ff3fff�f�f�3f3f33ff3f�3f�3f�ffff3fffff�ff�ff��f�f3�ff�f��f̙f��f�f3�ff�f��f��f��f�f3�ff�f��f��f�www�|�����������������3�f������3�3�33�f3��3��3��f�f�3f�ff��f��f������3��f�����̙��̙̙3̙f̙�̙�̙�����3��f�����������������������������3�f̙����3�3�33�f3̙3��3��f�f�3f�ff̙f��f������3��f�̙��̙������3��f�̙����������3��f�̙�����������������������������������������f������3�33�f3��3��3��f�f�3f�ff��f��f������3��f�����̙������3��f�������������3��f����������m� pHYs���+?XIDATx^��n�X�穜�T�&���G@XN��H��^ �2#Х��(W"7Z�:2IRhJn8�� ?E� �b@�sa�sP�9�߹��%Gvd 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2d��d�d@&[$\$"5�CJ$OJPJQJ\�^JaJ$tH $NA ���NFuente de p�rrafo predeter.Ri@���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin listap @�plY�0 Pie de p�ginad����8!$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH ^�o��^lY�0Pie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH ��@��lY�pTabla con cuadr�cula7:V�0������d��OJ PJQJ ^JmH sH ,��!,lY� texto_navydZ@2dlY�0Texto sin formatod��CJOJPJQJ^JaJtH $^�o��A^lY�0Texto sin formato CarCJOJPJQJ^JaJtH $(@R(JY�0�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Ref. de nota al pie1,texto de nota al pie,Texto nota pie Car Car Car,Texto nota pie Car Car C,Car,FA Fu Car Car Car Car Car Car Car Car, Card��CJaJ�o��aJY�0�Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car1,Footnote reference Car1,FA Fu Car1,Ref. de nota al pie1 Car1,texto de nota al pie Car1,Texto nota pie Car Car Car Car1,Texto nota pie Car Car C Car1CJaJ&`��qJY�0�Ref. de nota al pie,Appel note de bas de page,referencia nota al pie,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Ref,de nota al pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,Texto de nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Footnotes refss,f,4_GH**�o���*v0�Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Ref. de nota al pie1 Car,texto de nota al pie Car,Texto nota pie Car Car Car Car,Texto nota pie Car Car C Car,Car CarCJOJPJQJ^JaJtH l^@�lv00Normal (Web)d��d�d[$\$$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH f�o���fv0Default7$8$H$1B*CJOJPJQJ^J_HaJmH phsH tH r�@�rv00P�rrafo de listad��^��m$$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH @U`���@1 �0Hiperv�nculo>*B* ^JphH�V�o���VI,�T�tulo 1 Car&5�CJ0KH$OJPJQJ\�^JaJ0tH $R�o���RI,�T�tulo 2 Car"5�CJ$OJPJQJ\�^JaJ$tH $V�@�V I,0Texto de globod��CJOJQJ^JaJP�o��PI,0Texto de globo CarCJOJQJ^JaJpP@p"�P�0Texto independiente 2!d��x CJOJPJQJaJmH sH tH j�o��!j!�P�0Texto independiente 2 Car CJOJPJQJaJmH sH tH >W`��1>� W`Texto en negrita5�\�4�/��A4�v�reference-textJ�ORJdQ�j%d��d�d[$\$CJOJPJQJaJtH $$�o��a$dQ�n_acep�o��qdQ�hV@�V)qd�0 Encabezado( �C�"d��OJ PJ QJ ^J@�o���@(qd�0Encabezado CarCJaJtH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6_rels/.rels���j�0���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml�M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!�sz��theme/theme/theme1.xml�YMoE�#�F{oc'vGu�رH�F�[��xw�;���jf��7���q�7��J\ʯ A��xgfw��I�FPAsh�����1��^�v?f�Iy���k"����m���i�CR�$��'��M���m���U��"�\�m/R*]_Z�>,cy��$�wc.b��Q�K��G�7fK˵��R�i���v4( ��xL}�m��{d$J����fN2�68�k���.����~4$���� ^�����6�.������%�����2��`���Z�7ZW� 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