Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Pasto

Radicado: 2012-00258 (171-01)

Sala: CIVIL

Ponente: Marcela Adriana Castillo Silva

Sujetos procesales: DEMANDANTE: ROSA ISABEL BENAVIDES DELGADO \ DEMANDADO: PERSONAS INDETERMINADAS

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I.- ANTECEDENTES: 1.- Demanda. Mediante libelo de postulaci�n adiado 19 de noviembre de 2012, la parte demandante, a trav�s de apoderado judicial, elev� las siguientes pretensiones: (i) Que se declare que ha adquirido por prescripci�n extraordinaria adquisitiva del dominio el bien inmueble denominado �El Diviso�, ubicado en la vereda �La Aguada� del Municipio de Yacuanquer (N).

(ii) Que en consecuencia se ordene la apertura de un folio de matr�cula y su correspondiente n�mero de matr�cula inmobiliaria en la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Pasto, con los cuales se identificara al bien. (iii) Finalmente, solicit� que se oficie al Instituto Geogr�fico Agust�n Codazzi con el fin de generar la correspondiente cedula catastral del inmueble.

Las anteriores pretensiones se fundaron en los hechos que a continuaci�n se sintetizan: Asegur� la demandante que ha pose�do el inmueble denominado �El Diviso� de manera quieta, regular, pacifica e ininterrumpida por m�s de 25 a�os, posesi�n que se ha ejercido de manera p�blica, tranquila y sin clandestinidad. Asever� que entre los actos de se�or�o desplegados sobre el bien se encuentran la construcci�n de una casa de habitaci�n en la cual actualmente la demandante reside y cultiva productos agr�colas como los son la papa, ma�z, frijol, cebolla, etc.

Igualmente, expres� que la se�ora ROSA ISABEL BENAVIDES DELGADO, desde el momento que adquiri� el predio en el 1� de enero de 1987, ha sido la �nica poseedora real y material del mismo, siendo procedente que la misma adquiera el inmueble por prescripci�n adquisitiva extraordinaria. 2.- Tramite de primera instancia. 2.1.- Mediante auto del diez (10) de diciembre de 2012, el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Pasto, admiti� la demanda y ordeno el emplazamiento de las personas indeterminadas que crean tener derechos reales sobre el inmueble. 2.2.- Tras varias vicisitudes respecto a la publicaci�n del edicto que emplaza a los indeterminados, y una vez expirado el t�rmino para su comparecencia, se design� como curador ad litem de los mismos, al abogado V�CTOR HUGO HERN�NDEZ PATI�O, quien en la contestaci�n respectiva se�al� que no se opon�a a las pretensiones de la demanda, siempre y cuando se demostraran claramente los hechos plasmadas en dicho libelo. 2.3.- Una vez recaudados los elementos de convicci�n decretados en autos de 20 de abril de 2015, se corri� traslado para alegatos de conclusi�n mediante aviso fijado el 14 de agosto de 2015. 2.4.- Posteriormente, mediante auto del 2 de diciembre de 2015, se solicit� de manera oficiosa informaci�n al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural � INCODER sobre la situaci�n del inmueble, espec�ficamente que comunicara si el mismo ha salido o no del dominio del Estado.

Dicha instituci�n, allego el memorial correspondiente el 12 de enero de 2016, afirmando que no se identifica plenamente la condici�n jur�dica del bien, es decir, de si el mismo es bald�o o ha salido del patrimonio de la Naci�n, adem�s, manifest� que de la revisi�n del certificado expedido el 17 de junio de 2014 por la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Pasto, se puede inferir que sobre el bien no aparecen personas como titulares de derechos reales sujetos a registro, siendo por tanto responsabilidad de la Juez hacer el estudio de los documentos allegados al expediente. 3.- Sentencia de primera instancia. Mediante providencia de 19 de febrero de 2016, la juzgadora de primer grado resolvi� negar las pretensiones de la demanda de pertenencia instaurada por la se�ora BENAVIDES DELGADO, al considerar que de acuerdo al certificado especial expedido por la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de Pasto, sobre el predio pretendido no figura inscrita ninguna persona como titular de derechos reales y tampoco existe un registro inmobiliario, por lo que afirm� que el inmueble no ha salido del dominio del Estado y puede ser catalogado como bien bald�o, no susceptible de adquirirse por prescripci�n y en el cual no es posible ejercer posesi�n. 4.- Apelaci�n. La parte activa de la lid, recurri� en alzada la decisi�n judicial de primera instancia, en los siguientes t�rminos: (i) Asegur� que por el obrar probatorio anexo al expediente, quedo claramente demostrado que el lote pretendido ha sido pose�do por la demandante por un periodo superior a treinta a�os, y previamente fue pose�do por sus padres y abuelos, dicha posesi�n se tradujo en la construcci�n de una casa de habitaci�n, el cultivo de productos agr�colas y el mantenimiento de ganado vacuno. (ii) Arguy� que de acuerdo a la jurisprudencia de la Sala de Casaci�n Civil de la Corte Suprema de Justicia, el que no aparezca anotado en la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos el nombre de una persona como propietaria, no puede constituir indicio suficiente para pensar que se trata de un bien bald�o y por tanto imprescriptible, ya que implicar�a desconocer la existencia de fundos privados hist�ricamente pose�dos.

II.- CONSIDERACIONES: 1.- Comentario inicial. El presente asunto se adelanta por el tr�mite se�alado en el CPC, en virtud de lo dispuesto en el art�culo 40 de la Ley 153 de 1887, modificado por el art�culo 624 del C�digo General del Proceso, que prev� que las leyes adjetivas prevalecen sobre las anteriores desde el momento en que deban empezar a regir; sin embargo, precisa que los recursos interpuestos deben tramitarse por la norma vigente en la fecha en que aquellos fueron propuestos, circunstancia que se encuentra respaldada por el art�culo 625 del C.G.P. 2.- Problema jur�dico.

Corresponde determinar por parte de la Sala de Decisi�n, si el bien inmueble pretendido por la demandante, denominado �El Diviso� es susceptible de adquirirse por prescripci�n extraordinaria adquisitiva del dominio y en caso afirmativo, establecer si los requisitos para la procedibilidad de dicha figura jur�dica se configuraron en el asunto. 3.- Tesis de la Corporaci�n Sobre el predio �El Diviso� no puede materializarse la tradici�n del dominio por medio de la usucapi�n puesto que no se demostr� que el bien sea efectivamente privado y ante la falta de antecedente registral se debe presumir el mismo como bald�o. 4.- An�lisis del caso.

Inicialmente recordemos que la prescripci�n de acuerdo con el art�culo 673 del C�digo Civil es uno de los cinco modos de adquirir el dominio de las cosas ajenas, lo cual armoniza con lo preceptuado en el art�culo 2512 ib�dem cuando se�ala que: "(�) La prescripci�n es un modo de adquirir las cosas ajenas, o de extinguir las acciones o derechos ajenos, por haberse pose�do las cosas y no haberse ejercido dichas acciones o derechos durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los dem�s requisitos legales ( )".

De la anterior definici�n se desprenden dos clases de prescripci�n: la extintiva y la adquisitiva o usucapi�n. La primera entendida como el modo de fenecer las acciones o derechos ajenos por no haberse ejercido durante cierto lapso de tiempo y la segunda como un modo de adquirir el dominio de las cosas ajenas que est�n en el comercio, por haber sido pose�das con las condiciones legales.

A su vez, la prescripci�n adquisitiva se divide en ordinaria y extraordinaria, siendo la ordinaria aquella que se presenta cuando adem�s de la posesi�n existe justo t�tulo y buena fe en el poseedor, y la extraordinaria la que se da por el simple transcurso del tiempo exigido por la ley ejerciendo posesi�n sobre la cosa. Adicionalmente se encuentra dentro de la legislaci�n nacional regulada mediante la Ley 200 de 1936, modificada por la Ley 4� de 1973, la prescripci�n agraria, la cual hace referencia a inmuebles rurales y establece un t�rmino especial de posesi�n y explotaci�n econ�mica para su adquisici�n, as� como lo ce�ido por el Decreto 508 de 1974, el cual dictamino unos requisitos especiales para la procedencia de la prescripci�n adquisitiva de bienes rurales.

Atendiendo a lo establecido en el art�culo 762 del C�digo Civil, tenemos que la posesi�n �es la tenencia de una cosa determinada con �nimo de se�or o due�o, sea que el due�o el que se da por tal, tenga la cosa por s� mismo, o por otra persona que la tenga en su lugar o a nombre de �l. El poseedor es reputado due�o, mientras otra persona no justifique serlo�.

Para la configuraci�n de la posesi�n, entonces, se debe cumplir con dos requisitos esenciales, esto es, el animus y el corpus, el primero considerado como el elemento subjetivo o interno, por medio del cual la persona act�a como se�or y due�o del bien, desconociendo dominio ajeno y el segundo, es el elemento material o externo, que se traduce generalmente como la explotaci�n econ�mica de la cosa.

En cuanto a la imprescriptibilidad de los bienes, los cuales se integran con los denominados bienes fiscales por naturaleza, constituido tanto por bienes muebles como inmuebles y admiten las m�s diversas clasificaciones legales, doctrinarias y jurisprudenciales, tales como fungibles, divisibles, presentes, futuros, singulares, universales, comerciables, apropiables, alienables, lo mismo que la alusi�n directa a derechos reales y personales, todos connotados por la imprescriptibilidad como com�n denominador y por un r�gimen jur�dico propio.

Tanto en el dominio p�blico como en el privado del Estado hay inmuebles, pero al paso que en el primero son inalienables, -con la salvedad especial de la adjudicaci�n de los bald�os- en el segundo es perfectamente posible la realizaci�n de un negocio jur�dico de enajenaci�n, previa observancia de las formalidades legales. Debido a que el Juzgado de instancia determino que el predio pretendido puede denominarse como bald�o, bien valdr�a la pena citar lo que sobre la imprescriptibilidad de dichos bienes ha se�alado la Corte Constitucional: �Mediante providencia C-595 de 1995, la Corte abord� una demanda ciudadana contra varias normas nacionales (Ley 48 de 1882, Ley 110 de 1912 y Ley 160 de 1994) que consagraban la imposibilidad jur�dica de adquirir el dominio sobre bienes inmuebles a trav�s del fen�meno de la prescripci�n. En opini�n del actor, la Constituci�n actual no incluy� en su art�culo 332 la titularidad sobre los bald�os, como s� lo hac�a la Carta anterior en el art�culo 202-2.

En tal medida, el legislador no pod�a consagrar la imprescriptibilidad de los mismos, en detrimento de los mandatos constitucionales que ordenan promover el acceso a la propiedad en general. De forma un�nime, la Sala Plena declar� la exequibilidad de las mencionadas normas. Resalt� que en la Constituci�n Pol�tica existe una disposici�n expresa que permite al legislador asignar a los bienes bald�os el atributo de imprescriptibilidad; a saber, el art�culo 63 superior que textualmente reza: �Los bienes de uso p�blico, los parques naturales, las tierras comunales de grupos �tnicos, las tierras de resguardo, el patrimonio arqueol�gico de la Naci�n y los dem�s bienes que determine la ley, son inalienables, imprescriptibles e inembargables�.

Explic� que dentro de los bienes de uso p�blico se incluyen los bald�os y por ello concluy� que �no se viol� el Estatuto Supremo pues bien pod�a el legislador, con fundamento en este precepto, establecer la imprescriptibilidad de terrenos bald�os, como en efecto lo hizo en las disposiciones que son objeto de acusaci�n�. Aunque la prescripci�n o usucapi�n es uno de los modos de adquirir el dominio de los bienes corporales, ra�ces o muebles que est�n en el comercio, los terrenos bald�os obedecen a una l�gica jur�dica y filos�fica distinta, raz�n por la cual estos tienen un r�gimen especial que difiere del consagrado en el C�digo Civil.

No en vano, el Constituyente en el art�culo 150-18 del Estatuto Superior, le confiri� amplias atribuciones al legislador para regular los asuntos relacionados con los bald�os, concretamente para �dictar las normas sobre apropiaci�n o adjudicaci�n y recuperaci�n de tierras bald�as�. De acuerdo a lo previamente aludido, le asiste raz�n a la Juez a quo respecto de la imprescriptibilidad de bienes bald�os y al designar como tal al inmueble denominado �El Diviso�, ello debido a que dentro del asunto no se logr� demostrar la naturaleza privada del inmueble, toda vez que el carecer de antecedente registral hace suponer que el mismo sea bald�o, y por lo tanto imposible de adquirirse por prescripci�n adquisitiva.

Ser�a importante citar lo establecido para este tipo de asuntos por la jurisprudencia de la Corte Constitucional quien ha se�alado que ante la ausencia de propietario privado registrado, el bien inmueble debe reputarse como bald�o y por lo tanto imprescriptible, siendo aplicable la presunci�n del art�culo 1� de la Ley 200 de 1936, solo cuando la propiedad del fundo rural se encuentra registrada en cabeza de un particular.

Espec�ficamente dicha curia se�alo: �(�) As� las cosas, el yerro advertido por el registrador era evidente en tanto la decisi�n judicial reca�a sobre un terreno que carec�a de registro inmobiliario, por lo cual era razonable pensar que se trataba de un bien bald�o. De igual manera, en la nota devolutiva se advirti� que los ocupantes de tierras bald�as, por ese solo hecho, no tienen la calidad de poseedores sino una simple expectativa, de acuerdo al marco legal vigente.� Si bien la Corte Suprema de Justicia de vieja data llevaba una l�nea jurisprudencial tendiente a la adjudicaci�n de bienes sin antecedentes registrales, dicha tendencia cambio radicalmente en las �ltimas providencias dictadas por dicha Instituci�n, para dar luces a dicha circunstancias bien valdr�a citar los argumentos dados en una de sus sentencias: �T�ngase en cuenta, que si bien que el art�culo 1� de la Ley 200 de 1936, establece que se �presume que no son bald�os sino de propiedad privada�, los inmuebles rurales que siendo pose�dos por particulares, son explotados econ�micamente �por medios positivos propios del due�o, como las plantaciones o sementeras, la ocupaci�n con ganados y otros de igual significaci�n�, la aludida presunci�n solo es predicable para demostrar la buena fe del colono al momento de solicitar la adjudicaci�n de terrenos, pues se itera, de acuerdo con el art�culo 675 del C.C., se tiene como bald�os los fundos que carecen de otro due�o, no siendo esta norma una presunci�n, luego entonces, es claro que es una carga probatoria del demandante, siempre, demostrar la naturaleza del predio, ya sea para que le sea adjudicado a trav�s del tr�mite administrativo, o se declare en cabeza suya la usucapi�n a trav�s del proceso judicial.� En concordancia con lo anterior se infiere que al momento de presentarse la demanda de pertenencia el predio objeto del litigio, por una parte, carec�a de registro mediante folio de matr�cula inmobiliaria y por tanto de inscripci�n de personas con derechos reales, por lo que con tan solo esas circunstancias, de acuerdo a lo mencionado en precedencia, se pod�a colegir que no se trataba de un bien privado, principalmente por carecer de due�os y registro, y consecuencialmente no susceptible de ser adquirido por prescripci�n. En este punto es necesario remarcar que la autonom�a judicial en el proceso de interpretaci�n y aplicaci�n del ordenamiento jur�dico no es absoluta, ya que su rango de acci�n se encuentra restringido en el derecho de toda persona a recibir el mismo tratamiento por parte de las autoridades judiciales.

De hecho, en el �mbito judicial los jueces interpretan la ley y atribuyen consecuencias jur�dicas a las partes en conflicto, �la igualdad de trato que las autoridades deben otorgar a las personas supone adem�s una igualdad en la interpretaci�n y la aplicaci�n de la ley.� De manera que la jurisprudencia ha advertido que el problema en el manejo de los precedentes judiciales surge cuando, en franco desconocimiento del derecho a la igualdad y tomando como fundamento la autonom�a e independencia judicial, los jueces adoptan decisiones diferentes frente a casos semejantes.

Igualmente ha reconocido la jurisprudencia constitucional que la autonom�a judicial debe respetar ciertos l�mites al momento de interpretar y aplicar la ley. En este sentido, la actividad de los Despachos judiciales se encuentra condicionada por: (i) la posibilidad de que el juez superior controle la interpretaci�n del juez inferior mediante los mecanismos procesales de apelaci�n y consulta;

(ii) el recurso de casaci�n cuya finalidad es la unificaci�n de la jurisprudencia nacional. En el caso de la Corte Suprema de Justicia, la Corporaci�n se encarga de revisar la interpretaci�n propuesta y aplicada por los jueces y de determinar �la manera en que los jueces han de interpretar determinadas disposiciones.�; (iii) la sujeci�n al precedente vertical, es decir, al precedente dado por el juez superior en relaci�n con la manera en que se ha de interpretar y aplicar una norma; y (iv) al precedente horizontal que implica el acatamiento al precedente fijado por el propio juez �individual o colegiado- en casos decididos con anterioridad. Adicionalmente se ha precisado que la actividad judicial tambi�n se encuentra limitada por �el marco axiol�gico, de�ntico y el cuerpo normativo y constitucional que compromete el ordenamiento jur�dico�, los principios de razonabilidad y proporcionalidad, as� como el principio de supremac�a de la Constituci�n, que obliga a todos los jueces a interpretar el ordenamiento jur�dico de manera compatible con la Constituci�n. En concordancia con lo previamente referido, no podr�a entonces esta Judicatura entrar a reformar la sentencia de primera instancia, puesto que los �rganos de cierre tanto de la Jurisdicci�n Ordinaria, como de la Constitucional, han establecido de manera enf�tica sobre la imposibilidad de usucapir bienes sin antecedentes registrales, toda vez que tal y como se dijera previamente en esta misma providencia, ante la carencia de persona de derecho privado registrada como titular del dominio del inmueble, el mismo debe considerarse salvo prueba en contrario como un bien bald�o de la Naci�n, y por lo tanto no es susceptible de alcanzarse por medio de la prescripci�n adquisitiva del dominio, incumpli�ndose con ello los requisitos necesarios para la procedencia de dicha figura jur�dica.

Con lo anterior ser�a suficiente para mantener intacta la decisi�n de la a quo, sin embargo ser�a pertinente se�alar que dentro del proceso existe un punto adicional que obliga al Despacho a tomar dicha determinaci�n, al considerarse que en el testimonio rendido por la se�ora MAR�A MERCEDES PORTILLA, al ser interrogada sobre los posibles conflictos que se hubieren suscitado respecto del predio �El Diviso�, afirm� lo siguiente: �Nunca se ha sabido que haya tenido problemas de demandas, siempre han permanecido ellos, me refiero a ROSA ISABEL y los hermanos que han vivido con ella.� Circunstancia que fue confirmada por la parte demandante quien en su escrito de correcci�n de la demanda que fuera presentado el d�a 14 de mayo de 2013 se�alo �la posesi�n de la demandante cumple con m�s de 20 a�os en el cual ha pose�do junto con sus hermanos el predio, como lo demostrare en la Inspecci�n ocular y en la toma de declaraciones a los testigos (�)�, por lo que por parte de la se�ora Rosa Isabel Benavides Delgado se estar�a reconociendo propiedad por parte de personas diferentes a ella misma incumpli�ndose otro de los requisitos necesarios de la prescripci�n adquisitiva.

A pesar de lo anterior, no puede negarse que las pruebas se�alan que es la demandante quien ha ejercido la explotaci�n econ�mica del inmueble y quien se ha encargado del cuidado del mismo, por lo que a pesar de no proceder el presente asunto de pertenencia, no por ello significa que la se�ora Rosa Isabel Benavides Delgado este impedida para iniciar un proceso de adjudicaci�n y saneamiento de bien rural ante la Agencia Nacional de Tierras, puesto que a primera vista pareciere que se cumplen con los estamentos y exigencias necesarias para la procedencia de dicho proceso.

En raz�n a los asertos realizados, esta Judicatura proceder� a confirmar la sentencia recurrida. Por �ltimo, no habr� lugar a imponer condena en costas de segunda instancia, por estimarse que las mismas no se causaron, de conformidad con lo se�alado en la regla 8� del art�culo 365 del C�digo General del Proceso. III.- DECISI�N: En m�rito de lo expuesto el TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE PASTO, en SALA DE DECISI�N CIVIL FAMILIA, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley,

RESUELVE

PRIMERO. - CONFIRMAR la sentencia de 19 de febrero de 2016, proferida por el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Pasto, dentro del proceso agrario de pertenencia de la referencia SEGUNDO.- Sin lugar a condenar en constas, por estimarse que no se causaron.

TERCERO: DEVU�LVASE el expediente junto con la actuaci�n surtida en �sta Corporaci�n, al juzgado de origen. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE MARCELA ADRIANA CASTILLO SILVA Magistrada GABRIEL GUILLERMO ORTIZ NARV�EZ Magistrado AIDA M�NICA ROSERO GARC�A Magistrada  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, M.P.: Luis Armando Tolosa Villabona, STC5201-2016, Radicaci�n N.� 85001-22-08-003-2015-00235-01  "Art�culo 3.

Las tierras bald�as se reputan bienes de uso p�blico, y su propiedad no se prescribe contra la Naci�n, en ning�n caso, de conformidad con lo dispuesto en el art�culo 2519 del C�digo Civil."  "Art�culo 61. El dominio de los bald�os no puede adquirirse por prescripci�n".  "Art�culo 65. La propiedad de los terrenos bald�os adjudicables, s�lo puede adquirirse mediante t�tulo traslaticio de dominio otorgado por el Estado a trav�s del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, o por las entidades p�blicas en las que se delegue esta facultad.

Los ocupantes de tierras bald�as, por ese solo hecho, no tienen la calidad de poseedores conforme al C�digo Civil, y frente a la adjudicaci�n por el Estado s�lo existe una mera expectativa".�  Corte Constitucional, Sentencia C-595 de 1995.  Corte Constitucional, Sentencia C-595 de 1995.  Corte Constitucional, Sentencia T-488 de 2014  Corte Constitucional, Sentencias T-488 de 2014, T-549 de 2016 y SU-426 de 2016.  Corte Constitucional, Sentencia T-488 de 2014.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, M.P.: Luis Armando Tolosa Villabona, STC5201-2016, Radicaci�n N.� 85001-22-08-003-2015-00235-01  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Civil, M.P.: �lvaro Fernando Garc�a Restrepo, STC13729-2016, Radicaci�n N.� 85001-22-08-002-2016-00016-01  Sentencia T-918 de 2010 M.P. Luis Ernesto Vargas Silva.

En la sentencia T-193 de 1995, M.P. Eduardo Cifuentes Mu�oz, se estim�: �el principio de igualdad no se contrae exclusivamente a la producci�n de la ley. Asimismo, la aplicaci�n de la ley a los diferentes casos debe llevarse a cabo con estricta sujeci�n al principio de igualdad. || La Corte Constitucional repetidamente ha se�alado que se vulnera el principio de igualdad si se otorga un trato desigual a quienes se hallan en la misma situaci�n, sin que medie una justificaci�n objetiva y razonable.

Se pregunta la Corte si este principio se viola por el juez que resuelve un caso sometido a su consideraci�n de manera distinta a como �l mismo lo decidi� ante una situaci�n sustancialmente semejante o si se aparta de la jurisprudencia vigente sentada por los �rganos jurisdiccionales de superior rango (�). || En materia judicial el principio de igualdad no puede entenderse de manera absoluta, lo que no quiere decir que pierda vigencia. La Constituci�n reconoce a los jueces un margen apreciable de autonom�a funcional, siempre que se sujeten al imperio de la ley (CP arts. 230 y 228).

(�). || Es evidente que si el principio de independencia judicial se interpreta de manera absoluta, se termina por restar toda eficacia al principio de igualdad. En la aplicaci�n de la ley, los jueces podr�an a su ama�o resolver las controversias que se debaten en los procesos. En esta hip�tesis no se podr�a objetar el hecho de que simult�neamente el juez, enfrentado a dos situaciones sustancialmente id�nticas, fallase de distinta manera. || Los principios y normas constitucionales se deben aplicar de manera coordinada y arm�nica.

La interpretaci�n m�s acorde con la Constituci�n es la que evita que la escogencia de un principio lleve al sacrificio absoluto de otro de la misma jerarqu�a. Si en el caso concreto, el juez est� normativamente vinculado por los dos principios -igualdad e independencia judicial-, debe existir una forma de llevar los principios, aparentemente contrarios, hasta el punto en que ambos reciban un grado satisfactorio de aplicaci�n y en el que sus exigencias sean mutuamente satisfechas.�  Corte Constitucional, C-836 de 2001, M.P. Rodrigo Escobar Gil.  Corte Constitucional, C-836 de 2001: �para interpretar correctamente el concepto de sometimiento de los jueces a la ley y establecer el nivel de autonom�a que tienen para interpretar el ordenamiento, el juez constitucional debe partir de la premisa de que las potestades y prerrogativas otorgadas a las autoridades estatales en la parte org�nica de la Constituci�n est�n sometidas a un principio de raz�n suficiente.� En esa medida, la autonom�a e independencia son garant�as institucionales del poder judicial, que se legitiman constitucionalmente en tanto que son necesarias para realizar los fines que la Carta les asigna�.�  Corte Constitucional, T-446 de 2013, M.P. Luis Ernesto Vargas Silva  Corte Constitucional, T-688 de 2003, M.P. Eduardo Montealegre Lynett  Corte Constitucional, Sentencias T-808 de 2007, T-302 de 2006, T-698 de 2004 y T-468 de 2003.  Corte Constitucional, Sentencia T-698 de 2004, M.P. Rodrigo Uprimny Yepes.  Folio 11, C. Pruebas Parte Demandante.  Folios 30 y 31, C. Principal.     PAGE 1 Proceso Agrario de Pertenencia. No.: 2012-00258 (171-01) @ABPW_abuvw���ų���n�WEWn3#h1~ghP3�5�CJOJQJ^JaJ#h1~ghV?�5�CJOJQJ^JaJ,h1~ghV?�5�B*CJOJQJ^JaJph,h1~ghP3�5�B*CJOJQJ^JaJph,h1~ghE�5�B*CJOJQJ^JaJph,h1~gh97�5�B*CJOJQJ^JaJph#h1~gh#�5�CJOJQJ^JaJ#h1~gh]X5�CJOJQJ^JaJ#h1~ghT(%5�CJOJQJ^JaJ,h1~ghT(%5�B*CJOJQJ^JaJph  7 V W � � � � �   B C U V c ����������������� $dha$gd: ?��xyno������89��Z[��  ������������������������� $dha$gd: ?F�����������������п���}�}�}l�[�[�[M�h,,;CJOJQJ^JaJ h: �CJOJQJ^JaJ h: $>p>�>�>??8?9?:?;?>?���Ⱥ�����qcUC+.hP�hP�6�CJOJQJ\�^JaJmH sH #hP�hP�6�CJOJQJ^JaJh>K�CJOJQJ^JaJh�M)CJOJQJ^JaJhP�CJOJQJ^JaJh�4CJOJQJ^JaJhC�CJOJQJ^JaJh'B3CJOJQJ^JaJ h�R=h�O�CJOJQJ^JaJh�O�CJOJQJ^JaJh[:�CJOJQJ^JaJhWCJOJQJ^JaJjh�Y0JCJUaJh�YCJOJQJ^JaJ>???�@�@�@�@�@�A�ATBUBVBWB�B�C�������y���gQ9.hz&hz&6�CJOJQJ\�^JaJmH $sH $+hz&hz&6�CJOJQJ^JaJmH $sH $#hz&hz&6�CJOJQJ^JaJjh.|h0JCJUaJh.|hCJOJQJ^JaJhg *CJOJQJ^JaJ#hpP�hpP�6�CJOJQJ^JaJhpP�CJOJQJ^JaJh�P-CJOJQJ^JaJ#h�BOh�BO6�CJOJQJ^JaJh�BOCJOJQJ^JaJh%ACJOJQJ^JaJ"hz&CJOJQJ^JaJmH sH "h�BOCJOJQJ^JaJmH $sH $"h�lpCJOJQJ^JaJmH $sH $"h� @CJOJQJ^JaJmH $sH $�V'W(W1WsW�W�W�W�W�W�W�X�X�X [![j[�[Z\���Ҿ�Ҟ��t�fP=P%hI)CJOJQJ\�^JaJmH sH +hI)hI)CJOJQJ\�^JaJmH sH h�66CJOJQJ^JaJh�]�CJOJQJ^JaJh�BOCJOJQJ^JaJhd|kCJOJQJ^JaJ hd|k6�CJOJQJ^JaJ hd|k6�>*CJOJQJ^JaJ&h�`�h�`�6�>*CJOJQJ^JaJ#h�`�h�`�6�CJOJQJ^JaJjh�`�0JCJUaJh�`�CJOJQJ^JaJ![[\\\l\m\4]5]�]�]8^9^�^�^�^�^�^�^�^�^�^�^�^�^���������������������� $dha$gd� # $d8a$gdx%Y $dha$gd�K� $dha$gdI) $dha$gd: *CJ^JaJmH $sH $'jh�`�h p�p�p�p�p�p�p�p�p�p*q+q,qBqYq[qwqyqzq�������������r�^�r�r��G-jh�`�h�`�0JCJOJQJU^JaJ'jh�`�h:7�6�CJH*U^JaJh�`�h 6666666666666666666666666666666666666666666666666hH66666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666�62����&6FVfv������2(��&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv��8X�V~�������� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@_HmH $nH $sH $tH $@`��@ NormalCJ _HaJ mH sH tH ZZ T�tulo 1$ FdF@&a$5�OJQJ\�^JmH $sH $VV T�tulo 2$ & FdF@&a$OJQJ^JmH $sH $PP T�tulo 3$ & F@&a$OJQJ^JmH $sH $VV T�tulo 4$ & F@&a$5�OJQJ\�^JmH $sH $`` T�tulo 5 $ & FdF@&]�Sa$5�OJQJ\�^JmH $sH $ff T�tulo 6$ & F@&]�Sa$%5�;�CJOJQJ\�^JaJmH $sH $^^ T�tulo 7$ & FdF@&a$ CJOJQJ^JaJmH $sH $ZZ T�tulo 8 & F��� Ref. de nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Texto de nota al pieH*OJQJ^J  @�  *�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Ref. de nota al pie1,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char Char Char,Texto nota pie Car Car Car,Footnote referenc,Texto nota pie Car Car5$7$8$9DH$"6�CJOJQJ]�aJmH sH tHb�/���b Footnote Text Char&6�CJOJQJ]�^JaJmH sH tH � ��,0BEncabezado,Header Bold,h,TENDER,*Header,*Header1,*Header2,*Header3 �C�"5$7$8$9DH$"6�CJOJQJ]�aJmH sH tHT�/���T Header Char&6�CJOJQJ]�^JaJmH sH tH D)`���D N�mero de p�gina OJQJ^Jt @t  Pie de p�gina �C�"5$7$8$9DH$"6�CJOJQJ]�^JaJmH sH T�/��T Footer Char&6�CJOJQJ]�^JaJmH sH tH R�"R T�tulo"5$7$8$9DH$a$5�CJ \�aJ mH sH R�/��1R Title Char&5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH tH B�BB P�rrafo de lista1$^��PBRP Texto independiente%a$ 5�CJd\�NPbN Texto independiente 2&a$\�@�r@ � � P�rrafo de lista'^��^Q�^ )�00Texto independiente 3(�xCJaJmHsHtHR�/���R (�00Texto independiente 3 CarCJaJ �/���  �ap�Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Ref. de nota al pie1 Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Char Char Car,Texto nota pie Car Car Car Car,Footnote referenc Car6�OJQJ]�^JmH sH V�`���V ? *B*ph� �/�� Zab_ajRJR 2�� Subt�tulo 1� W ��1> �g,`Texto en negrita5�\�b�Bb I8GBody Text Indent14dh7$8$a$CJOJQJ^JaJD' ��QD,S�0Ref. de comentarioCJaJD bD 7,S�0Texto comentario6CJaJL�/��qL 6,S�0Texto comentario Car mH sH tH LjabL 9,S�0Asunto del comentario85�\�\�/���\ 8,S�0Asunto del comentario Car5�\�mH sH tH L��L;,S�0Texto de globo:CJOJQJ^JaJ\�/���\ :,S�0Texto de globo Car CJOJQJ^JaJmH sH tH D� ���D"�0Revisi�n ��>��Aީ��^���W*6q�z�֫���F0Ҕ����4;]?�j����[�V�^�_�������+P������D��+P��7�W���W�_���K��W7� R n�K~�,G�C&�^�›�ׯW2�+̆|v�.&,��Z� �H�������Qr�g�LC�x33ͥJ�_����ԕ���H���� �h�| >J�L�܏���A^�����g����'9y����ϩ#�� ���ի���ɧ�_Ͼ{��+;������_��a������ ϟ����?xl��t�Ç$�ܹ����,������A�v�ݢ O9�����'B}m�(��:،��$�� 2��*�� bj��2� �\QD���!�H�H����LO1eNo�9��\O`�Zү���ӾO��L9���C���.;

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