Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Pasto

Radicado: 2011 - 00066 - 01 (757-02)

Sala: CIVIL

Ponente: Gabriel Guillermo Ortiz Narvaez

Fecha: 2017-09-28

Sujetos procesales: DEMANDANTE: JUAN ABED MORA \ DEMANDADO: MARIA FATIMA YANDAR PUCHANA

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En este momento, se deja constancia de que han comparecido los apoderados de las partes, a quienes se concede la palabra para que se identifiquen, indicando: NOMBRE Y APELLIDOS COMPLETOS IDENTIFICACI�N TARJETA PROFESIONAL (S�LO PARA ABOGADOS) DIRECCI�N PARA RECIBIR NOTIFICACIONES N�MERO DE TEL�FONO CORREO ELECTR�NICO Se comienza con la apoderado de la parte demandante (�) Se contin�a con el apoderado de la parte demandada (�) A continuaci�n, no habiendo pruebas qu� practicar, se oir� la alegaci�n que constituye la sustentaci�n del recurso formulado por parte del apoderado judicial de la parte demandante.

Para ello, se le conceder� la palabra hasta por 20 minutos, de acuerdo al art. 373 num. 4� del C. G. del P. aplicable por lo dispuesto en el art. 327 pen�ltimo inciso, y al art. 107 num. 3� de la misma norma. Se advierte al apelante: Que deben sujetar su alegaci�n a desarrollar los reparos concretos a la sentencia impugnada expuestos ante el juzgado de primer grado, puesto que la segunda instancia examinar� la cuesti�n debatida, �nicamente en relaci�n con tales reparos; y Que para la sustentaci�n del recurso ser� suficiente que los recurrentes expresen las razones de su inconformidad con la providencia apelada.

Lo anterior, de conformidad con lo previsto en los art�culos 320, 322 num. 3� incisos 2� y 3� y 327 inciso final del C. G. del P. Tiene la palabra el apoderado del se�or JUAN ABED MORA a fin de que sustente su recurso: Se concede ahora la palabra a la contraparte, para que presente sus alegaciones respecto a la sustentaci�n del recurso que hizo la parte contraria, hasta por 20 minutos, seg�n las normas antes citadas.

EN ESTE MOMENTO, ACUDIENDO A LO DISPUESTO EN EL ART. 373 NUM. 5� INC. 2� DEL C. G. DEL P., APLICABLE EN ESTA AUDIENCIA POR LO DISPUESTO EN EL ART. 327 PEN�LTIMO INCISO, LA SALA DECRETA UN RECESO DE VEINTE MINUTOS PARA EL PRONUNCIAMIENTO DE LA SENTENCIA. REANUDADA LA AUDIENCIA Y Una vez o�das las alegaciones de las partes, procede la Sala a dictar la siguiente: SENTENCIA Procede la Sala a decidir sobre el recurso de alzada interpuesto por el apoderado judicial de la parte demandante contra el fallo proferido en primera instancia por el Juzgado Civil del Circuito de T�querres al interior del presente asunto.

ANTECEDENTES Hechos relevantes: - Que el se�or JUAN ABED MORA es poseedor material con �nimo de se�or y due�o de un predio ubicado en la vereda el pedregal, �mbito territorial del Municipio de Imues, de 3234.43 metros cuadrados aproximadamente, registrado en la oficina de registro de instrumentos p�blicos de Ipiales con el No. de matr�cula inmobiliaria 254 - 21993 y con c�dula catastral 000000150404000. - Que el predio s� tiene antecedente registral a favor de la se�ora MAR�A F�TIMA YANDAR PUCHAN�, quien aparece como titular de derechos reales principales, de acuerdo al certificado emitido por la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos. - Se relat� que la posesi�n del demandante ha sido ejercida de manera p�blica, pac�fica e ininterrumpida desde el 6 de agosto de 1990 con verdadero �nimo de se�or y due�o. Pretensiones del demandante: Que se declare que el se�or JUAN ABED MORA ha adquirido por prescripci�n adquisitiva de dominio extraordinaria, del lote de terreno descrito en la demanda, con todas sus anexidades, dependencias, mejoras, construcciones, servidumbres, anexidades, etc.

Decisi�n de primera instancia e interposici�n del recurso: Agotado el interregno para recaudar pruebas y corrido el traslado para alegar de conclusi�n, el Juzgado Civil del Circuito de T�querres puso fin a la primera instancia, resolviendo negar las pretensiones de la demanda propuesta por el se�or JUAN ABED MORA, por cuanto no se cumpl�a con el t�rmino m�nimo exigido para la prosperidad de la prescripci�n adquisitiva de dominio extraordinaria.

Dentro de la respectiva oportunidad, el apoderado judicial de la parte demandante present� el recurso de apelaci�n por escrito, manifestando sus puntos de inconformidad. Pone de presente la Sala que como puede escucharse en la grabaci�n hecha en esta audiencia de sustentaci�n y fallo, en esencia son la reiteraci�n de lo ya expuesto y que pueden compendiarse en los siguientes postulados: i) Manifest� que no exist�a raz�n v�lida a efectos de dar mayor valor probatorio a los elementos de convicci�n aportados por la parte demandada, cuando los allegados por el actor demostraron que el se�or JUAN ABED MORA era el poseedor del bien inmueble en disputa desde el a�o 1990; ii) Que en el fallo apelado no se tuvo en cuenta el grado de parentesco o la relaci�n de amistad que exist�a entre los testigos y la parte demandada, lo que constitu�a una causal de sospecha, as� como tampoco la tacha formulada sobre el testigo Bachir Abdel Hamid El Abed Abrahin, y lo realmente aseverado por el se�or Armando Efra�n Aguirre Leyton; iii) Que la Juez consider� que exist�an errores en cuanto a la identificaci�n del inmueble por sus linderos y extensi�n, lo que no es de recibo por lo que qued� plasmado en la diligencia de inspecci�n judicial y el informe pericial, que es en �ltimas a lo que hab�a que atenerse; iv) Que la juez busc� todos los errores cometidos por la parte actora, y no repar� en las falencias probatorias de la contraparte;

Finalmente, v) Que con fundamento en todo lo dicho se hab�a satisfecho todos los elementos necesarios para la procedencia de la acci�n de prescripci�n adquisitiva de dominio extraordinaria. Tr�mite de segunda instancia La presente instancia admiti� el recurso de apelaci�n y vencido su t�rmino de ejecutoria se cit� a la audiencia de sustentaci�n y fallo que en este momento nos ocupa.

As�, escuchadas las sustentaciones pertinentes, se profiere la decisi�n, previas las siguientes: CONSIDERACIONES 1. Problema jur�dico Descendiendo al asunto que por hoy centra la atenci�n de esta Sala, se impone precisar el problema jur�dico que se suscita con la presentaci�n del recurso de apelaci�n formulado por la parte actora. As� tenemos que el debate en la presente instancia gira en torno a un cuestionamiento jur�dico: �De acuerdo con las pruebas recaudadas en el plenario se encuentran debidamente acreditados los elementos de la acci�n de pertenencia extraordinaria, en especial los relativos al tiempo de posesi�n y a la identificaci�n del bien inmueble? Ahora, antes de resolver el cuestionamiento jur�dico que ha sido planteado, se recuerda que de conformidad con lo establecido en el art�culo 328 del C. G. del P., el fallador de segunda instancia �nicamente tiene competencia para pronunciarse sobre los argumentos expuestos por el apelante, de ah� que proceda esta colegiatura a atender cada uno de ellos, tal como sigue: De entrada, vale decir que todos los argumentos de reproche expuestos por la parte actora en contra de la sentencia de primera instancia se relacionan directamente con la valoraci�n que de los medios de convicci�n hizo la juez a fin de fundamentar la decisi�n impugnada.

En consecuencia, es menester para esta corporaci�n verificar cu�les son esos medios de convicci�n y extraer lo que de ellos se decanta. As�, en cuanto a la prueba testimonial aportada por la parte actora, se encuentra la declaraci�n del se�or Jairo Eduardo D�az Riascos, de 47 a�os de edad, natural de Ricaurte, con estudios profesionales y de especializaci�n, residente en el corregimiento de El Pedregal, en el sector conocido como urbanizaci�n La Planada, docente de la Instituci�n Educativa T�cnica Jes�s del Gran Poder de El Pedregal, sin parentesco con las partes.

Manifest� que conoc�a al se�or JUAN ABED MORA desde hac�a unos 14 a�os, que no conoce el inmueble en cuesti�n por dentro, m�s por fuera s�, por vivir en el sector, y luego cuando uno de los hijos del actor entr� al colegio, desde el grado 0 hasta la actualidad que cursa 10� grado. Sobre la posesi�n y quien la ejerce, adujo que mira ah� al se�or JUAN MORA, quien lo habita, sin determinar con exactitud desde cuando, o en qu� calidad o t�tulo, que no conoce de la existencia de pleitos y que la estancia del demandante no ha sido continua, pues ha oscilado entre dicho lugar y la ciudad de Pasto.

Respecto de sus labores de docente, describi� que es profesor de uno de los hijos del demandante, Mohamad, desde hac�a 3 a�os, los dem�s fueron alumnos de otros de sus compa�eros desde hac�a 10 a�os. Desconoce quien realiz� las mejoras en la casa de habitaci�n, aunque luego reconoci� como due�o a JUAN MORA. Por otro lado, al ser interrogado sobre los estudiantes a su cargo, puesto en conocimiento de las constancias de estudio, manifest� que correspond�an a unos hijos del actor, pero que s�lo estuvieron estudiando por 2 o 3 a�os, no 10 como lo manifest� al principio.

Tambi�n, aclar� que s� conoc�a al hermano del actor, incluso por su nombre BACHIR, no sab�a si viva all�, lo hab�a visto llegar de vez en cuando, que para la fecha de su declaraci�n, 14 de marzo de 2013, ya no lo miraba. Igualmente se report� al plenario el testimonio del Se�or Erasmo Eliecer Mu�oz, persona de 58 a�os de edad, residente en la Tola de Las Lajas de la ciudad de Ipiales, sin parentesco con las partes, dedicado a la alba�iler�a, manifest� conocer al demandante porque hab�a sido �l quien lo contrat� para realizar unos trabajos en un inmueble que denomina como finca, agregando que quien le pag� por ello fue el se�or JUAN MORA, actividades que consistieron en el levantamiento de unos muros, construcci�n de un tanque de abastecimiento de agua, la pintura de la casa que se encontraba en obra negra, el enchapado de unas bancas, entre otras, por all� en el a�o 1990 o 1991, por lo dem�s que tambi�n hac�a trabajos de mantenimiento.

Agreg� que lo consideraba due�o al demandante porque hab�a sido �l quien lo hab�a contratado, la persona que le pag� por los trabajos y le dio los materiales, adem�s que conoc�a que viv�a ah�. No obstante, declar� que habiendo hecho las obras entre 1990 o 1991, s�lo pasaba frente al terreno, volviendo a trabajar en �l en noviembre del a�o 2012.

Adem�s, describi� que aparte de los trabajos que �l mismo realiz� y que fueron enunciados, en el mencionado periodo de tiempo tambi�n hab�a otros obreros a quienes no conoc�a, relatando al igual que el anterior testigo, sobre la existencia de otra persona de nombre BACHIR, quien tambi�n estaba pendiente de c�mo iban las obras y hac�a las visitas.

Luego, al ser contrainterrogado afirm� que el se�or BACHIR era hermano de JUAN MORA, quien tambi�n le preguntaba sobre lo que hac�a falta para la construcci�n. Aclar� el testigo que �l s�lo realiz� el levantamiento de unos muros por el t�rmino de un a�o, y que al mismo tiempo otros maestros de quienes no sabe a cargo de quien estaban, hab�an construido la casa de habitaci�n dej�ndola en obra negra, la que luego pint�.

Respecto de la presencia de un ingeniero manifest� �Est� entre 90 y 91, porque ya lleg� el ingeniero con los planos para seguir construyendo la casa� y luego al respecto agreg�: �Fue cuando nosotros est�bamos construyendo los muros, ellos ya estaban construyendo la casa otros maestros, ellos terminaron antes que de yo terminar el muro y la dejaron en obra negra, entonces yo efectu� la pintura�.

Finalmente relat� que en los sectores aleda�os al muro que �l manifest� construir, no sabe de actos de posesi�n que se hubieren realizado, dibujando de su propia mano un plano respecto de la zona descrita por �l. Igualmente, aparece en el plenario la versi�n expuesta por Jos� Bayardo Quetam� Pinchao, persona de 37 a�os de edad, natural de Funes, residente en El Pedregal, jornalero, quien expres� que trabaj� para el se�or JUAN MORA, en actividades como la limpieza de los �rboles, adecuaci�n de los suelos, b�sicamente funciones de aseo, desde que un se�or llamado Alcidio P�rez se lo present� en el a�o 2001, trabajando ah� para el demandante hasta mediados del 2003.

All�, observ� que durante esa �poca viv�an el se�or JUAN, refiri�ndose al demandante, con su esposa y los hijos, no recibiendo �rdenes de nadie m�s y trabajando s�lo para ellos. Manifest� conocer al se�or BACHIR, por ser el hermano del se�or JUAN MORA, que espor�dicamente visitaba el inmueble, que ni antes o despu�s de cuando �l trabaj� ah�, sabe de los actos de posesi�n realizados por el demandante u otras personas, salvo haber visto una m�quina, sin hacer m�s especificaciones o descripciones.

Continuando con el an�lisis de la prueba aportada por la parte demandante, aparece Marcial Ignacio Meza Guerrero, de 51 a�os de edad, natural de Funes, residente en El Pedregal � Municipio de Imu�s, indic� conocer al demandante desde hac�a m�s de 15 a�os por ser �l quien le entrega la leche y ser de �l de quien recib�a el dinero como remuneraci�n por el producto, agreg� que en el lugar objeto del proceso �nicamente observ� al se�or JUAN MORA, persona que ha vivido en el predio, describi� adem�s que era a �l a quien pidi� permiso para dejar el ganado en una parte del inmueble.

Manifest� que no pod�a decir si realmente era el due�o, no obstante lo hab�a visto residir ah�. El mencionado, no dio cuenta de otros actos de posesi�n m�s all� de dejarle poner el ganado en una parte del predio donde crece la yerba, aparte de comprarle la leche. Agreg� que posiblemente el demandante era el due�o porque siempre lo ha visto vivir ah�.

Que adem�s, �l le ha hecho arreglos espor�dicos por los cuales recibe frutas que crecen en el terreno, en donde existen cultivos de �rboles frutales para su propio consumo o para los vecinos que le ayudan. Este testigo de forma voluntaria habl� de la presencia del se�or BACHIR expresando literalmente: �Yo vi a don BACHIR, le ten�a como miedo, como algo as�, m�s adelante los ve�a que entraban el uno y el otro entonces no sab�a qui�n era el due�o, pero lo veo m�s permanente a don Juan�, pero luego manifest� que tambi�n espor�dicamente lo miraba a don BACHIR en el mismo inmueble.

Adem�s, manifest� que el lugar donde le hac�a poner el ganado era una explanada que queda al respaldo, donde luego mir� una m�quina, sin determinar a cargo de quien se hicieron los trabajos. Luego, se report� el se�or Alfonso Ramiro Benavides P�rez, de 39 a�os de edad, natural de Imu�s, residente en El Pedregal, dedicado a la alba�iler�a, quien conoce al demandante, sin parentesco con �l. Relat� que lleg� a trabajar con el maestro Eliecer (quien es uno de los testigos) para realizar un muro en el a�o de 1990 a 1991, adujo tambi�n que mientras construy� el muro, otras personas estaban edificando la casa de habitaci�n, la que luego pint�, sin realizar m�s trabajos.

Agreg� que el se�or Juan lo considera poseedor porque es quien cultiva las plantas, desde hac�a aproximadamente 20 a�os, es decir, desde cuando �l realiz� las actividades descritas. Por lo dem�s, tambi�n describi� que las �rdenes de los trabajos las daba don JUAN, es decir, el demandante. Sin embargo, tambi�n habl� de la presencia del se�or BACHIR, que siempre estuvo ah�.

De forma literal expres�: �Si, si lo conozco y lo he mirado, llegaba siempre ah�, llevaba frutas tambi�n, como son hermanos con el se�or ABED�. As�, los expuestos hasta el momento son quienes comparecieron al plenario como prueba testimonial aportada por la parte demandante, y los que servir�an para sustentar y acreditar los actos de posesi�n, entendida �sta como aquella conjugaci�n de los dos elementos de los que al un�sono hablan doctrina y jurisprudencia, el uno consistente en la aprehensi�n f�sica de la cosa y el otro intr�nseco traducido en la voluntad de tenerla como due�o. Respecto del elemento interno, es posible encontrarlo acreditado por cuanto la misma interposici�n y ejercicio de la acci�n de prescripci�n adquisitiva de dominio, develan en el actor el animus rem sibi abendi, o esencialmente la intensi�n de ser due�o, elemento intr�nseco que escapa a la percepci�n de los sentidos.

No obstante, respecto del elemento externo o aprehensi�n f�sica de la cosa pretendida en usucapi�n, se ha advertido que ella se devela de actuaciones externas que s� pueden ser percibidas por los sentidos, en la forma en que lo relataron los testigos ya mencionados, quienes seg�n lo han descrito, corresponden a la construcci�n de un muro, la pintura de la fachada de la casa de habitaci�n en el terreno edificada, prestar una porci�n del predio para la estancia y alimentaci�n de ganado, pago de obreros y personal para eventuales arreglos, siembra y cuidado de plantas ornamentales y �rboles frutales, recogida de sus frutos y la destinaci�n brindada al bien relacionada con la habitaci�n tanto del actor JUAN ABED MORA, como de su familia.

As�, si bien se ha dicho por la jurisprudencia nacional ya desde 1945, que ciertos actos como el de arrendar y percibir c�nones, sembrar y recoger las cosechas, cercar, hacer limpiar desag�es, atender a las reparaciones de una casa o terrenos dados, no implican de suyo posesi�n, s� lo hacen cuando se encuentran acompa�ados con el �nimo de se�or y due�o. Sin embargo, el an�lisis de los testimonios devela que por s� solos no resultan suficientes para determinar si la hubo y su tiempo de duraci�n, a efectos de que �sta sirva de germen a efectos de convertirse en dominio, a trav�s de la prescripci�n adquisitiva, como pasar� a verse.

De entrada, si bien los interrogados en principio manifiestan conocer al actor como el due�o del inmueble por el hecho de habitarlo, al ser contrainterrogados, dejan dudas para esta Sala sobre si esa calidad se ejerc�a de forma exclusiva, puesto que en varios apartes destacados anteriormente expresan que no tienen conocimiento al respecto, como el se�or Jos� Bayardo Quetam� Pinchao, o que al menos lo dudan como lo advirti� Marcial Ignacio Meza Guerrero, precisando que los mismos actos como recoger las frutas, estar pendientes de las obras de construcci�n y mantenimiento del inmueble, tambi�n eran desempe�ados por Bachir Abdel Hamid El Abed Abrahim, conocido por todos los deponentes analizados simplemente como Bachir, hermano del demandante.

Por otra parte, a excepci�n del testigo Marcial Ignacio Meza Guerrero, quien declar� que conoc�a al demandante desde hac�a aproximadamente 15 a�os por cuanto era quien peri�dicamente, y durante ese interregno, le compraba la leche, adem�s de dejar pastar su ganado; los dem�s declarantes no hablan de unos actos de posesi�n consecutivos y permanentes en el tiempo, pues por ejemplo, Erasmo Eliecer Mu�oz y Alfonso Ramiro Benavides, hablan de la construcci�n que elaboraron entre 1990 y 1991, y el primero s�lo volvi� a trabajar en el predio para el a�o 2012, sin que pueda dar cuenta cierta del periodo intermedio entre dichos extremos, que dur� 22 a�os; igualmente, el docente Jairo Eduardo D�az Riascos, �nicamente afirm� haber dictado clases a dos de los hijos del actor por un periodo de 2 o 3 a�os y el se�or Jos� Bayardo Quetam� Pinchao, describi� haber laborado en el predio desde el a�o 2001 hasta mediados del 2003, acredit�ndose as� un poco m�s de 6 a�os de actos posesorios, muy lejanos de los 20 narrados en la demanda.

Ahora, tambi�n es cierto que en el plenario se aportaron pruebas documentales, como por ejemplo unos recibos de pago de los servicios p�blicos b�sicos domiciliarios de energ�a el�ctrica y acueducto. No obstante, aquellos corresponden s�lo a dos pagos efectuados uno en el mes de diciembre de 2012 y otro en febrero de 2013, instrumentos que est�n lejos de demostrar una posesi�n ininterrumpida de 20 a�os de longevidad, al igual que las copias correspondientes a la querella policiva de perturbaci�n de la posesi�n, la cual fue interpuesta en abril de 2011 y que incluso fue resuelta de forma negativa al actor.

Ahora, el an�lisis de las pruebas de la parte demandante por s� solas no resisten el rasero a efectos de servir de base para la acreditaci�n de todos los elementos de la acci�n de prescripci�n adquisitiva de dominio y en consecuencia encaminar a la prosperidad de las pretensiones, menos lo hacen si son apreciadas de forma integral con los dem�s elementos de convicci�n allegados al plenario.

Vale en este momento precisar que si bien la falladora A quo consider� que los testimonios aportados tanto de un extremo en litigio como del otro, resultaban totalmente contradictorios, un an�lisis detenido devela que no lo son de forma absoluta. Como se memor�, los se�ores Erasmo Eliecer Mu�oz y Alfonso Ramiro Benavides P�rez, alba�iles, quienes se desempe�aron como maestros de obra en la construcci�n de un muro en el predio en disputa para el a�o de 1990 - 1991, precisaron que mientras ellos realizaron la anotada labor, simult�neamente otras personas estaban a cargo de la construcci�n de la casa ubicada en el inmueble, de quienes no daban cuenta a cargo de quien llevaron a cabo dicha obra.

Para resolver tal vac�o, aparece en el plenario el testimonio del se�or Carlos Enrique Lucero Coral, persona de 57 a�os de edad, natural de Ipiales, arquitecto de profesi�n, quien describi� haber sido contratado por el se�or Bachir Abdel Hamir a efectos de la construcci�n de la casa de habitaci�n ubicada en el interior del inmueble. Indic� que se encargaba de la compra de los materiales y la supervisi�n del predio, teniendo contacto con el mencionado desde que inici� la obra hasta su terminaci�n, aproximadamente en el a�o de 1990 con una duraci�n de 5 o 6 meses;

Al ser interrogado sobre qu� incluy� el contrato de obra manifest� que estaban los planos de la casa, compra de los materiales y revisi�n de la obra con los respectivos alba�iles, relatando que a ellos los hab�a contratado directamente el se�or BACHIR, mencionando los nombres de Luis Felipe V�squez y Leonel Villa, y otras personas como auxiliares de quienes no memoraba su nombre.

Al respecto, el se�or Erasmo Eliecer Mu�oz precis� tardarse un a�o en el levantamiento del muro a su cargo, describiendo que quienes construyeron la casa terminaron su labor con anticipaci�n, concordando con lo dicho por el arquitecto Lucero Coral, quien afirm� que tal obra duro aproximadamente entre 5 y 6 meses. Igualmente, si bien el arquitecto manifest� recordar los nombres de dos maestros en particular, cuando fue contrainterrogado sobre si conoc�a alba�il Erasmo Eliecer Mu�oz, expres� de forma literal: �No, esperece un momentico, ah� me rectifico, no s� si sea Eliecer de Ipiales, s� lo conoc�, el estuvo yo creo que estuvo trabajando en la obra por supervisi�n de un maestro mayor��.

Igualmente, lo afirmado por el mencionado arquitecto se corrobora por lo depuesto por el se�or Luis Felipe V�squez, persona que dedicado a la labor de la construcci�n, detalla las labores realizadas en compa��a de Lucero Coral, tales como la compra de materiales, su procedencia, ya sea de Pasto, Ipiales, el Espino o Santa Ana, dependiendo de lo que se necesitara, describiendo el inmueble en t�rminos generales de forma coincidente con el que est� en disputa.

Lo anterior, descarta la veracidad de las manifestaciones vertidas por el demandante al momento de rendir su declaraci�n, especialmente cuando manifest� que la construcci�n de la casa de habitaci�n hab�a sido en su totalidad costeada por �l, cuando los testigos aportados apenas refieren la construcci�n de un muro, siendo tajante el arquitecto Lucero en precisar que quien siempre lo contrat� y le pag� por concepto de la elaboraci�n de planos, compra de materiales y supervisi�n de la obra fue el se�or Bachir Abdel Hamir.

Adem�s, sobre el tema, tambi�n obra en el plenario la declaraci�n de la se�ora Luz Ang�lica S�nchez Zambrano, persona de 68 a�os de edad, natural de Funes, residente en El Pedregal - Municipio de Imues, sin parentesco con las partes, manifest� tener conocimiento de los hechos por cuanto tiene un negocio de venta de caf�, lugar donde en el a�o de 1990 o 1991 el se�or Bachir Abdel Hamir iba con los obreros en los descansos de la construcci�n de la casa, a adquirir sus productos.

La testigo, manifest� igualmente que en cierta oportunidad el se�or Bachir Abdel Hamir le prest� la casa para la realizaci�n de un fiesta, y que en ciertas oportunidades visitaba con sus nietos el inmueble donde se encuentra ubicada, especialmente por la piscina, precis� conocer al se�or JUAN MORA desde hace muy poco tiempo, de quien ni siquiera sab�a que era hermano de quien ella consideraba el due�o del predio, Bachir Abdel Hamir.

Versi�n muy semejante puede leerse de la declaraci�n de Leonel Olmedo S�nchez Zambrano, persona de 53 a�os de edad, natural de Funes, residente en la ciudad de Pasto, Subcontralor del Departamento para la �poca de su relato. Manifest� conocer a las partes en litigio y al se�or Bachir, a la se�ora MAR�A F�TIMA YANDAR PUCHAN� y a ADOLFO HORACIO GAMBOA, reconoce al se�or Bachir Abdel Hamir como due�o del inmueble, por cuanto �l lo invitaba a hacer visitas en la propiedad objeto del litigio, incluso le arrendaba la finca con el fin de realizar reuniones familiares al igual que la piscina.

Reconoce perfectamente el bien inmueble objeto del proceso y da cuenta de las ventas parciales que de todo el predio realiz� a diferentes personas. Igualmente, manifest� que conoc�a al se�or JUAN MORA desde hac�a muy poco tiempo, aproximadamente dos o tres a�os a la fecha de su declaraci�n a quien no reconoce como propietario del inmueble.

Del mismo modo, versiones muy similares a las anteriores, relacionadas con visitas espor�dicas al predio y su casa de habitaci�n, invitaciones hechas por el se�or Bachir Abdel Hamir a pasar un momento en la piscina, descripci�n en t�rminos generales del lugar, y en reconocer al mencionado como el due�o del inmueble, pueden encontrarse en las versiones rendidas por Armando Efra�n Aguirre Le�n y Yusef Ibrahim Yusef Nafi, personas que no tienen parentesco con las partes y el �ltimo residente en el sector.

Adem�s, la declarante Guadalupe del Socorro Aguirre Le�n de 47 a�os de edad, natural de Guachucal, residente en la ciudad de Pasto, precis� conocer al se�or Bachir Abdel Hamid desde el a�o 2002 en raz�n de que integraba una junta de agua de El Pedregal realizando una solicitud de concesi�n de aguas con el Municipio de Funes, persona que luego le manifest� que estaba interesado en lotear una finca de su propiedad ubicada en La Planada del mismo corregimiento; describi� que se hizo el loteo de la misma, gestion� la colocaci�n de la energ�a el�ctrica, abri� unas calles y m�s o menos en el a�o 2007 le ofreci� un lote, hicieron la promesa de compraventa y luego la escritura p�blica, reconociendo como due�o del predio en disputa Bachir Abdel Hamid y no al actor.

Ahora, de relevancia para la cuesti�n puesta al conocimiento de la jurisdicci�n, resulta el testimonio vertido por Martha Cecilia Acosta Cifuentes, quien en el aparte pertinente de su relato, el apoderado de la parte actora contrainterrog� sobre la existencia de personas que hab�an declarado �sobre todo en la �ltima �poca� que los se�ores JUAN ABED MORA y su familia eran quienes ocupaban el inmueble, frente a lo cual manifest�: �Existen personas que han declarado porque a partir de que don JUAN entr� en la casa de don BACHIR hace muy poco tiempo, es obvio que lo vean ah�, yo tambi�n veo los hijos porque son los �nicos que los distingo hace menos de 6 meses, porque una vez fui a buscar a don BACHIR en estos �ltimos meses que le comento y vi ah� a unos muchachos que ya eran diferentes, nunca los hab�a visto, que estaban ocupando esa casa, entonces yo creo que la gente que declara que viven otras personas ah� es por ese motivo�.

Adem�s, de las versiones de los testigos mencionados, puede extractarse de varios de ellos la existencia de un se�or de nombre Rom�n, a quien describen como cuidador del predio en disputa y que aparece como testigo respondiendo a sus generales de ley como Vitalino Rom�n Romo Melo, describiendo que lleg� a trabajar a la finca en el a�o 2007 por el t�rmino de 4 a�os, siendo don Bachir quien llev� a su hermano JUAN ABED MORA a vivir all�, el que luego inici� a manifestar que el predio era suyo m�s o menos entre los a�os 2009 y 2010, despoj�ndolo de los servicios p�blicos b�sicos, motivo que llev� al testigo a abandonar el lote.

En este momento, la Corporaci�n destaca que m�s all� de las cuestiones advertidas, los testimonios tra�dos al plenario por la parte demandante en comparaci�n con los allegados por la demandada, difieren en un punto que resulta trascendental para las resultas del proceso, pues mientras los primeros manifestaron reconocer como poseedor del inmueble al se�or JUAN ABED MORA y s�lo haber mirado eventualmente en algunas ocasiones a quien conocen como Bachir, los de la parte demandada precisan conocer s�lo a este �ltimo como se�or y due�o del predio desde 1990, a excepci�n de los �ltimos tres a�os en que aseveran observar al actor y a sus hijos habitando el lugar.

Al respecto, bien sabido es que el fallador al momento de proferir su decisi�n, debe realizar una apreciaci�n integral del acerbo probatorio, m�s a�n cuando en casos como el que actualmente ocupan la atenci�n de la corporaci�n, se verifica una contradicci�n como la advertida, para as�, luego poder determinar la probabilidad de veracidad de una u otra afirmaci�n. As�, da cuenta el plenario que el predio donde actualmente se ubica la denominada Urbanizaci�n La Planada con una dimensi�n aproximada de 10 hect�reas, inicialmente era de propiedad del se�or Bachir Abdel Hamid El Abed Abrahim en asocio con Yusef Ibrahim Yusef Nafi, quien era propietario de una menor proporci�n, situaci�n que puede corroborarse no solo de la declaraci�n de este �ltimo, sino principalmente por la copia de la escritura p�blica obrante a folio 7 del cuaderno principal, y a las anotaciones iniciales consignadas en el folio de matr�cula inmobiliaria No. 254 - 21993 de la Oficina de Registro de Instrumentos P�blicos de T�querres que se aport� a folio 12 del mismo legajo.

En el mismo sentido, el �ltimo documento referenciado da cuenta en varias de sus anotaciones, como por ejemplo las n�meros 5, 7, 9, 10, 11, 15, 17, 22, 23, 24, 26, 28, entre muchas otras, de las enajenaciones parciales de ciertas unidades de terreno del lote que inicialmente se denomin� �El pedregal� hechas por el se�or Bachir Abdel Hamid El Abed Abrahim a partir de la cuales hubo necesidad de abrir las matr�culas inmobiliarias que pueden verse en la parte final del folio 17 del cuaderno principal y reverso.

Adem�s de lo develado, tambi�n existe prueba en el plenario que acredita las gestiones hechas por el se�or Bachir Abdel Hamid El Abed Abrahim, a fin de dotar de los servicios de energ�a el�ctrica y acueducto al bien inmueble ya anotado, pues tal como lo confes� el actor en su declaraci�n de parte, esa es la raz�n por la cual en los recibos de cobro de dichos servicios p�blicos domiciliarios aparece su nombre, lo que adem�s puede verificarse del testimonio de Guadalupe del Socorro Aguirre Le�n y el certificado expedido por Luz Ang�lica Sanchez, quien fungi� como tesorera del Acueducto Central Pedregal entre 1990 y 2003.

En adici�n, ya se mencion� que el arquitecto Carlos Enrique Lucero Coral manifest� sin lugar a dudas respecto de la contrataci�n que hab�a hecho para la construcci�n de la casa de habitaci�n ubicada en el lote, el pago de los materiales y maestros encargados de la obra. Pero adem�s, puede extractarse de lo declarado por el mencionado profesional que �l no estuvo a cargo de la construcci�n de la piscina, no obstante, a folio 35 del cuaderno de pruebas de la parte demandada, un documento original firmado por la ingeniera Amparo Zamora, quien certific� que ella hab�a asesorado la realizaci�n de la alberca, vendiendo e instalando ciertos elementos de la misma al se�or Bachir Abdel Hamir.

Por lo dem�s, de extrema importancia para el caso puesto al conocimiento de la jurisdicci�n, aparece prueba documental de la existencia de unas audiencias de conciliaci�n convocadas por el ahora demandante JUAN ABED MORA, llevadas a cabo los d�as 19 de mayo y 10 de julio de 2009 ante el Centro de Conciliaci�n Casa de Justicia de la Alcald�a Municipal de Pasto, en donde llam� a su hermano Bachir Abdel Hamir, a fin de solucionar algunos conflictos relacionados con la compraventa de determinados inmuebles, como producto de los negocios que realizaban en sociedad.

En tales solicitudes, puede observarse que el se�or JUAN ABED MORA pretendi� de forma espec�fica que su hermano Bachir Abdel Hamir, le reconozca una suma equivalente al 50% de las enajenaciones hechas de las diferentes porciones de terreno ubicado en el municipio de El Pedregal, y particularmente respecto del predio en disputa identificado con el n�mero de matr�cula inmobiliaria 254-21993 que le sea reconocida su calidad de copropietario: As� lo expresa de forma literal: �que se efect�e la correspondiente escritura p�blica aclaratoria y/o id�nea mediante la cual se haga constar que mi representado JUAN ABED MORA conjuntamente con el se�or BACHIR ABDEL HAMID EL ABED ABRAHIM son propietarios de los bienes con matr�cula inmobiliaria 254-219993 ubicado en el pedregal�.

As�, a partir de tales documentos resulta f�cil inferir para esta corporaci�n, que el demandante JUAN ABED MORA para el a�o 2009, reconoci� dominio ajeno a favor de una sociedad de hecho conformada entre �l y su hermano, respecto del inmueble que ahora reclama en pertenencia, pues nadie en quien resida el �nimo de se�or y due�o, presentar�a tal tipo de peticiones ante otra persona para ser reconocido apenas como socio de un ente jur�dico de hecho o con derecho de copropietario.

Lo anteriormente dicho, a todas luces da al traste con sus pretensiones fundamentadas en una supuesta posesi�n a partir del a�o 1990, y se constituye como un hecho de interrupci�n de la posesi�n, tal como lo explica la doctrina: �Como la ley sustantiva en el art�culo 2514 faculta al poseedor para renunciar expresa o t�citamente a la prescripci�n, �pero por solo despu�s de cumplida�, es decir, cuando ha transcurrido el t�rmino establecido para producir efectos jur�dicos, la renuncia hecha antes de dicho t�rmino en realidad configura una interrupci�n, por cuanto vale para el t�rmino transcurrido, m�s no para el que a�n falta por transcurrir�.

Como puede observarse, la presentaci�n de dichas solicitudes de conciliaci�n dan cuenta de una interrupci�n t�cita de cualquier periodo de posesi�n que hubiera existido con anterioridad al a�o 2009. De lo analizado, resulta claro para la Sala que la parte actora no logr� demostrar una posesi�n continua e ininterrumpida por el periodo de veinte a�os como lo hab�a narrado en la demanda, puesto que m�s all� de lo expuesto tanto por unos como otros testigos en comparaci�n de la prueba documental, es que los actos de se�or y due�o, de existir, resultan ser muy pr�ximos a la presentaci�n de la demanda, datados en el a�o 2009, seg�n lo visto.

Ahora, se reproch� en la sustentaci�n de la alzada que la falladora A quo de entrada y con inmediata posterioridad al planteamiento del problema jur�dico, expres� que la posesi�n no hab�a perdurado por el tiempo se�alado por la ley para adquirir por prescripci�n, antes de valorar los medios de convicci�n, lo que dejaba dudas en el actor en cuanto a la existencia de una inclinaci�n contraria a los postulados de la sana cr�tica y persuasi�n racional de la prueba.

Sobre el tema, basta decir que se trata de la exposici�n de las tesis del despacho, la que a criterio de la juez puede hacerse tanto a continuaci�n del cuestionamiento a resolver, o con posterioridad, sin que ello afecte la probidad del fallo. Por otra parte, no se trata de que las versiones relatadas por los testigos Erasmo Eliecer Mu�oz, Jos� Bayardo Quetam� Pinchao, Marcial Ignacio Meza Guerrero y Alfonso Ramiro Benavides P�rez no merezcan una consideraci�n en lo que describieron, siendo descartados de tajo; no, lo acontecido es que en virtud del principio de valoraci�n y apreciaci�n integral de la prueba, contenido ahora en el art�culo 176 del C. G. del P., no alcanzan para acreditar lo que el actor pretende, que no es otra cosa que la posesi�n ininterrumpida por m�s de 20 a�os, como aqu� se analiz�.

Por otra parte, sobre la valoraci�n de la prueba testimonial allegada por la parte demandada, si bien en el fallo apelado nada se dice respecto de la relaci�n de familiaridad existente entre varios de los testigos, o de la amistad que develaron con el se�or Bachir Abdel Hamid, lo cierto es que el apoderado de la parte demandante nada manifest� respecto de la tacha por sospecha en su debida oportunidad.

No obstante, todos son coherentes, claros y responsivos en sus declaraciones, las que sometidas al rasero de la valoraci�n integral y comparadas con el restante material de convicci�n, controvierten las versiones dadas por los deponentes llamados por el actor, develando las falencias en la acreditaci�n de los elementos de la acci�n esgrimida.

En el mismo sentido, en lo correspondiente al se�or Armando Efra�n Aguirre Leyton, si bien en lo aqu� destacado nada report� en cuanto a la construcci�n de la obra o su participaci�n como ingeniero de la misma, qued� claro que la persona encargada de la elaboraci�n de los planos, compra de los materiales y supervisi�n del levantamiento de la casa de habitaci�n ubicada en el inmueble en disputa, fue el arquitecto Carlos Enrique Lucero Coral, quien record� a los trabajadores que colaboraron en tal proyecto, incluso al se�or Erasmo Eliecer Mu�oz, precisando que quien asumi� los gastos no fue el demandante.

Por lo dem�s, si bien en la prueba pericial, que no fue objeto de reparo alguno por los integrantes de la litis, se dice que el poseedor del inmueble es el se�or JUAN ABED MORA, y as� puede leerse en el informe obrante a folio 68 del legajo de pruebas de la parte demandante y su posterior aclaraci�n solicitada de oficio por la Juez, lo cierto es que lo expresado por el ingeniero Luis Alberto Mora Mora, en nada contradice lo hasta aqu� advertido, y es que si el actor ejerci� actos posesorios, aquellos son muy pr�ximos a la interposici�n de la demanda, pues nada devela sobre una extensi�n en el tiempo por m�s de 20 a�os, menos a�n contradice lo expuesto por testimonios como el de la se�ora Martha Cecilia Acosta Cifuentes, Luz Ang�lica S�nchez Zambrano, u otros que alegan conocer al promotor de la usucapi�n en periodo reciente.

Por otra parte, el apoderado alzadista reproch� que la Juez tuviera en cuenta las falencias probatorias de la parte demandante, m�s no las del extremo demandado. Sin embargo, a criterio de la Sala ello no es una situaci�n indicadora de parcialidad a favor de uno u otro contendor, sino simplemente la aplicaci�n del principio de la carga de la prueba establecido en el art�culo 177 del C. de P. C., ahora 167 del C. G. del P., seg�n el cual incumb�a al actor demostrar el supuesto de hecho de las normas relativas a la prescripci�n adquisitiva de dominio, y no necesariamente al opositor desvirtuarla.

En este punto, descartado como est� el elemento de la acci�n de usucapi�n extraordinaria, relativa al ejercicio de la posesi�n por el t�rmino exigido por la ley, resulta suficiente para confirmar en su integridad el fallo objeto de apelaci�n, siendo absolutamente inane recabar en otros argumentos de reproche como por ejemplo, los relacionados con la debida identificaci�n del bien atendida la prueba de la inspecci�n judicial o lo mencionado por el perito en su dictamen, los que de ninguna forma tendr�an ya la vocaci�n de alterar tal decisi�n, o derribar los pilares sobre los cuales est� fundamentada.

Finalmente, en virtud de que el recurso de apelaci�n ha sido resuelto de manera negativa a la parte que lo interpuso, se hace necesario entonces imponer condena en costas de segunda instancia a cargo de la parte demandante y a favor de la demandada. Siendo tambi�n deber fijar lo correspondiente a las agencias en derecho, teniendo como criterio los l�mites establecidos en el Acuerdo 1887 de 2003, que en su parte pertinente hablan de un monto no superior a cuatro salarios m�nimos legales mensuales vigentes.

III. DECISION En m�rito de lo expuesto el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto en Sala de Decisi�n Civil Familia, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, Resuelve:

PRIMERO. CONFIRMAR en su integridad la sentencia proferida por el Juzgado Civil del Circuito de T�querres al interior del presente asunto, y que fuera objeto de apelaci�n.

SEGUNDO. CONDENAR en costas de segunda instancia a la parte demandante.

TERCERO. Al momento de tasar las costas de segunda instancia, TENER por agencias en derecho la suma de OCHOCIENTOS MIL PESOS ($800.000.oo).

CUARTO. ORDENAR, una vez en firme la presente decisi�n, el env�o del expediente al Juzgado de origen. La presente decisi�n se notifica por estrados de acuerdo al art. 294 del C. G. del P. No siendo otro el objeto de la presente audiencia, la misma se da por terminada, no sin antes solicitar a los intervinientes que antes de retirarse, procedan a firmar el formato de control de asistencia, que hace parte del acta a que se refiere el art. 107 del C. G. del P. Gracias.

GABRIEL GUILLERMO ORT�Z NARV�EZ Magistrado MAR�A MARCELA PEREZ TRUJILLO Magistrada MARCELA ADRIANA CASTILLO SILVA Magistrada  Fl. 56 � C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 58 del C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 62 � C. Pruebas parte demandante.  Fl. 63 � C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 65 � C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 3 - Cuaderno de pruebas de la parte demandante.  Fl. 55 - Cuaderno de pruebas de la parte demandada.  Fl. 22 - C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 4 - Cuaderno de pruebas de la parte demandante.  Fl. 14 - C. Pruebas parte demandada.  Fl. 11 -C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 16 - C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 19 - C. Pruebas de la parte demanda.  Fl. 7 - C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 9 - C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 24 - C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 7 - C. Pruebas de la parte demandada.  Fl. 55 - C. Pruebas de la parte demandante.  Fl. 38 a 41 - C. Pruebas de la parte demandante.  CANOSA TORRADO, Fernando.

Teor�a y pr�ctica del proceso de pertenencia. 7� Ed. Ediciones Doctrina y Ley. Bogot�, 2017. p. 160.     PAGE  Apelaci�n sentencia en proceso ordinario No. (757 - 02) Magistrado Ponente Dr. Gabriel Guillermo Ortiz Narv�ez PAGE 1 Apelaci�n sentencia en proceso ordinario agrario de pertenencia No. 2007-00174 (165-01) Magistrado Ponente Dr. Gabriel Guillermo Ortiz Narv�ez   @ABOP\]hiwx~�������; *CJOJQJ^JaJjkl��������� � � � u v � ������������������ $dha$gd�} $dha$gd�&� $dha$gdn�$ & Fdha$gd�} $dha$gdD�dhgdD� $ & Fa$gd�}$a$gd�}dhgd�q�kl}~���(U����� Y������������¶����znbV�J�J�V>Vh�I7CJOJQJaJh�;�CJOJQJaJh�aWCJOJQJaJh�{qCJOJQJaJh�Y�CJOJQJaJhSsCJOJQJaJhe �>�?�?rBsB���������������������� $dhH$a$gd�` $dhH$a$gdcY� $dhH$a$gdTP $dhH$a$gd�q� $dhH$a$gd�K�1�1�1�1�1 2e2f2g2h2i2}2�2�2�2�3�3�3�34 4�4�4!5&5I5d5�5�5�5�566 *CJOJQJaJ( )>�>�>�>?-?>?J?x?�?�?�?�?�? @����ֻ���������������������n�_Sh fCJOJQJaJ h�x hTPCJOJQJaJ#jh,.�0J CJOJQJUaJ h,.�h,.�>*CJOJQJaJ h,.�hcY�>*CJOJQJaJh!sCJOJQJaJ hcY�hcY�CJOJQJaJhcY�CJOJQJaJ h�x h�x CJOJQJaJh�x CJOJQJaJ h�x h�bCJOJQJaJ hTPh�bCJOJQJaJ @;@=@�@�@�@�@�@ AA?A�A�A�A�A�A�A�A�A 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