��ࡱ�>�� ����������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������c� ���;bjbj���� ;���W\��W\'/|���������>F�4����������8�����)&�(����" &H d p)r)r)r)r)r)r)$,��.��)�t " " t t �)����H�)� � � t.����p)� t p)� �:�$,J%������\��������.�$ \)�)0�)�$R]/�.]/J%J%]/�h%�t t � t t t t t �)�)� t t t �)t t t t ��������������������������������������������������������������������]/t t t t t t t t t �: Rad. 08-001-22-04-000-2010-00237-00 Procesado: Myriam D�az de P�rez Delito: Peculado por Apropiaci�n por Favorecimiento a Terceros Agravado.
Acta No: 228 Primera Instancia- Barranquilla, diecis�is (16) de agosto de dos mil doce (2012). Asunto Finalizada la audiencia p�blica de juzgamiento y como no se observan irregularidades sustanciales o violaci�n al derecho de defensa de la procesada, que amerite decretar la nulidad de la actuaci�n, aborda la Sala Penal, la tarea de dictar sentencia de primera instancia en el proceso tramitado en contra de la doctora Myriam D�az de P�rez, quien se desempe�� como Juez Primero Laboral del Circuito de Barranquilla - Atl�ntico, acusada por la Fiscal�a Veinte Delegada ante el Tribunal Superior de Bogot�, por el delito de Peculado por Apropiaci�n, en la modalidad de Favorecimiento a Terceros, Agravado.
Identificaci�n e Individualizaci�n De La Procesada Myriam D�az de P�rez, se identifica con la c�dula de ciudadan�a n�mero 22.399.962, de Barranquilla, nacida el 20 de Febrero de 1950; hija de Eduardo D�az y de Ilse Saad; estado civil casada con el se�or Enrique P�rez, con quien tiene cuatro hijos de nombres Myriam Caterine, Eduardo Enrique, Gustavo Adolfo y Vanesa Carolina, mayores de edad; estudios realizados de Derecho en la Universidad Sim�n Bol�var de Barranquilla, se ha desempe�ado durante m�s de treinta a�os en la Rama judicial.
Hechos Se extractan de la Resoluci�n de Acusaci�n proferida por la Fiscal�a General de la Naci�n, de la siguiente manera: �La presente instrucci�n, tuvo como fundamento la compulsa de copia de la Resoluci�n N� 001105 de noviembre 1 de 2005 expedida por el Ministerio de la Protecci�n Social � Coordinaci�n General del Grupo Interno de Trabajo para la Gesti�n del Pasivo Social de Puertos de Colombia, por medio de la cual, dando aplicaci�n al fallo de Consulta del 3 de marzo de 2004 de la Sala de Decisi�n Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto � revocando en su integridad la sentencia de condena proferida por el Juzgado Primer Laboral del Circuito de Barranquilla dentro del proceso ordinario laboral de Manuel Vicente Hereira Rodr�guez contra la Empresa Puertos de Colombia -, dispuso revocar la Resoluci�n N� 2325 del 10 de noviembre de 1995 dictada por el Gerente General del Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia � Foncolpuertos � en la que se hab�a ordenado dar cumplimiento al fallo de primer grado, y consecuentemente, el reintegro de las sumas canceladas con ocasi�n del mismo ascendiendo a la suma de treinta y siete millones setecientos cuarenta y ocho mil noventa pesos con 77/100 ($37.748.090.22) M/CTE.
El tr�mite del proceso en primera instancia, estuvo a cargo de la doctora Myriam D�az de P�rez en calidad de Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla, profiriendo en Audiencia de Juzgamiento celebrada el 12 de julio de 1994, fallo de condena contra la demandada Empresa Puertos de Colombia Terminal Mar�timo y Fluvial de Barranquilla, para el reconocimiento y pago al se�or Manuel Hereira Rodr�guez de la pensi�n vitalicia de jubilaci�n en cuant�a inicial de $32.559.50 a partir del 24 de enero de 1989 m�s los reajustes de ley por a�o, sin costas�.
Resoluci�n De Acusaci�n Luego de se�alar los requisitos formales y sustanciales sobre las alternas formas de calificaci�n sumarial, se sumerge en conceptos sobre lo que se entiende por la tipicidad material, en referencia con el delito de Peculado por Apropiaci�n a Favor de Terceros, mismo que exige que el sujeto activo de esta conducta, sea un servidor p�blico, que en el caso nuestro se trata de la doctora Myriam D�az de P�rez, quien ejerc�a como Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla, para la �poca del tr�mite, fallo y ejecuci�n del mismo en el proceso ordinario laboral, que se constituye en la piedra angular de la instrucci�n que adelant� la Fiscal�a General de la Naci�n; a dem�s, aduce que la funcionaria estuvo revestida de la relaci�n funcional, en virtud de la cual, intervino la administraci�n p�blica, para disponer mediante fallo judicial, posteriormente revocado, sobre el pago de dineros p�blicos, que demuestra, a su juicio, la disposici�n jur�dica y no s�lo material, exigida para la estructuraci�n del tipo penal de Peculado.
Expone, que se da la configuraci�n del sujeto pasivo en la figura de la Naci�n, para el caso particular, el Fondo de Pasivo Social de la Empresa Puertos de Colombia -Foncolpuertos-, y sobre las consecuencias jur�dicas, afirma, que vienen determinadas por factores cuantitativos mediante la adopci�n del t�rmino de salarios m�nimos. A continuaci�n eval�a las pruebas considerando la ilicitud material; conforme a lo cual estima que estamos en presencia del delito de Peculado por Apropiaci�n en cuant�a de $37.748.090.77 (equivalentes a 98.94 S.M.M.L.V para el a�o 2005), que se deriva de la pensi�n de jubilaci�n reconocida a favor de Manuel Vicente Hereira Rodr�guez, mediante sentencia de 12 de julio de 1994, emitida por la Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla, cuyo pago fue autorizado por medio de Resoluci�n N� 3225 de 10 de noviembre de 1995 y causada hasta el mes de octubre de 2005, cuando cesaron los pagos en virtud de Resoluci�n N� 001105 del 1 de Noviembre de ese a�o, la cual fue emitida por el Ministerio de la Protecci�n Social, en cumplimiento del fallo de Consulta del 3 de marzo de 2004, que revoc� la sentencia de primer grado.
Es por ello, que en la calificaci�n jur�dica provisional, adecua tambi�n la conducta de la procesada en el delito de Peculado por Apropiaci�n, en la modalidad de aprovechamiento a favor de terceros en cuant�a superior a 50 S.M.M.L.V, sin ser superior a 200 S.L.M.M.L.V, conforme a la descripci�n t�pica del art�culo 397 de la ley 599 de 2000, con punibilidad de 6 a 15 a�os de prisi�n. Comportamiento que, estima, es agravado por circunstancia de mayor punibilidad contemplada en el numeral 10 del art�culo 58 del C�digo Penal, el cual alude a las formas de coparticipaci�n criminal.
Con relaci�n a la responsabilidad subjetiva, indica que el comportamiento desplegado por la actora es eminentemente doloso, siendo de dif�cil demostraci�n por el plano subjetivo en el que opera, pero que, sin embargo, pueden ser probados mediante la acreditaci�n de factores objetivos, que permiten juicios de desvalor acerca de la orientaci�n de la voluntad hacia la producci�n de consecuencias antijur�dicas de ella derivada.
Por ello, considera necesario realizar un examen de legalidad de las decisiones judiciales, que en el tr�mite del proceso ordinario laboral se produjeron con la autor�a de la juez titular Myriam D�az de P�rez, que, estima, fueron el medio eficaz e id�neo para la indebida apropiaci�n en detrimento del erario p�blico. Hace referencia al delito de Prevaricato por Acci�n, a pesar de haber operado la prescripci�n de la acci�n penal para esa conducta que, considera, fue la de origen.
Todo para explicar que la valoraci�n del dolo en el delito de peculado, partir� del examen de la legalidad de la sentencia y mandamiento de pago con los cuales se procur� la apropiaci�n de dineros de la Naci�n, administrados por el Fondo de Pasivo Social de Colpuertos, a efectos de establecer, si las decisiones judiciales se apartaron abierta y ostensiblemente de los principios de legalidad e imparcialidad jur�dicas en desconocimiento tanto de la normatividad jur�dica como de la prueba y si tales actos estuvieron precedidos de conciencia y voluntad de lesionar al bien jur�dico de la administraci�n p�blica.
Considera infortunada la valoraci�n que la Juez dio a la prueba aportada por la apoderada del demandante, que consist�a en dos declaraciones extrajuicio, en las cuales se fundament� la decisi�n de 12 de julio de 1994, a�n por encima de las certificaciones laborales y de la documentaci�n acreditada por la Empresa demandada en Inspecci�n judicial, de las que, indica, no se hizo alusi�n en el fallo.
La fiscal, entre otras cosas aduce que las exculpaciones rendidas por la ex Juez en la diligencia de indagatoria, para justificar la decisi�n contenida en la sentencia y el mandamiento de pago, no resultan atendibles, pues, por el contrario, se evidencia la ilegalidad de la sentencia de la que se deriv� el pago de la pensi�n, mediante actos irregulares e inobservancia manifiesta de claros preceptos y principios legales.
Analiza, la actuaci�n surtida en el proceso laboral, que culmin� con las decisiones cuestionadas y deduce que no s�lo se inobservaron las reglas de procedimiento, en cuanto a la validez de la prueba testimonial en aplicaci�n del Derecho Laboral sino, adem�s, sesgarse de tal manera que considera es intencionada, la prueba existente, en abierta oposici�n al mandato procedimental.
Agrega, que la valoraci�n probatoria realizada por la funcionaria judicial dentro del proceso referido implic� una apreciaci�n aislada de las pruebas que culmin� con el fallo, pues repar� solo en las declaraciones extrajuicio que hab�an sido suministradas por los se�ores Alfaro Mart�nez Cruz y Salvador Pallares Varela, por las cuales se indicaba constarles que el se�or Manuel Hereira Rodr�guez, hab�a laborado en la Empresa Puertos de Colombia Terminal Mar�timo y Fluvial de Barranquilla, durante el tiempo comprendido entre 4 de diciembre de 1941 y 31 de diciembre de 1962, desempe��ndose como obrero; pasando por alto, a su juicio, la prueba documental obtenida en inspecci�n judicial donde se constat� que el trabajador hab�a laborado hasta 31 de diciembre de 1949, tiempo muy inferior al se�alado por los declarantes, contradicci�n a la que debi� hacer alusi�n en la sentencia, sobre todo al hacer consideraciones sobre el tiempo de servicio requerido para adquirir el derecho de pensi�n. Cuestiona la fiscal, que la funcionaria aqu� procesada debi� considerar la tabla de salarios devengados y el n�mero de horas laboradas, sin que su omisi�n fuera explicada.
M�xime cuando, revela, que aun teniendo en cuenta la ley 50 de 1990, y la informaci�n brindada por los declarantes, tampoco se lograr�a acreditar el tiempo para la pensi�n, pues el tiempo total laborado ser�a de 18 a�os, 10 meses y 25 d�as, en todo caso, inferior al tiempo de 20 a�os de servicios requeridos para la pensi�n. Insiste, en que la apreciaci�n de la prueba realizada por la funcionaria encausada, no se compadece con las reglas de la sana cr�tica, pues, en su parecer, aun prescindi�ndose de las pruebas documentales obtenidas en la inspecci�n judicial, pas� por alto aspectos propios de las declaraciones de los compa�eros de trabajo, tales como, porqu�, s�lo despu�s de 28 a�os de adquirido el derecho a pensionarse, fue perseguido el reconocimiento de la pensi�n, pues como consta el derecho se adquiere a los 55 a�os para los hombres y se present� la demanda s�lo hasta 1990, cuando contaba el demandante con 65 a�os de edad.
Agrega que, para la acreditaci�n del tiempo de servicios la ex Juez no se apoy� en prueba distinta a las declaraciones extrajuicio, lo que cuestiona contrario a las reglas de la sana cr�tica, pues no resulta concebible, a su juicio, que durante el lapso de 13 a�os, indicado por los testigos como laborado, no existiera otro documento como pagos de n�mina, afiliaci�n sindical y al r�gimen de salud y pensione, entre otros.
Por todo ello concluye que la conducta fue prevaricadora y eminentemente dolosa. Sustenta la presunta inobservancia en la que incurri� la ex Juez, sobre las solemnidades prescritas por la ley para la existencia o validez de los actos. As�, cita la ley 50 de 1886, que �fija las reglas generales sobre concesi�n de pensiones y jubilaciones�, donde se estipula que la prueba testimonial no es admisible para comprobar hechos que deben constar en documentos o copias autenticas, salvo que hayan desaparecido los archivos o no fuere posible probar con documentos que los remplacen, Aclara que la prueba testimonial puede ser admitida como supletoria para la demostraci�n de la relaci�n laboral, sugiriendo, entonces, la necesidad de auscultar con otros medios de prueba.
Por otro lado, explica que la funcionaria admiti� la solitaria prueba testimonial para ser recepcionada de manera anticipada, lo que, a su juicio, tampoco est� acorde con el art�culo 298 del C.P.C, seg�n el cual deb�a rechazarse de plano, al no ser demostrada circunstancia alguna de enfermedad grave que as� lo ameritara; esto dentro del proceso ordinario laboral, pues para solicitar la pensi�n ante la entidad administrativa si era posible.
La fiscal difiere tambi�n del procedimiento para la ratificaci�n de los testimonios, pues seg�n las normas procedimentales, debi� realizarse interrogatorio para ello, y no una simple lectura de lo que ya se encontraba contenido en las declaraciones extraproceso. Argumenta sobre la omisi�n en la que presuntamente incurri� la ex Juez Myriam D�as de P�rez, al no surtir el tr�mite del grado jurisdiccional de consulta que la ley estipulaba para los casos en que se profiriera fallo condenatorio en contra de la Naci�n, y, aclara, que si bien esta omisi�n no tuvo trascendencia debido a que la decisi�n fue apelada por la parte afectada, si considera importante que se precise que el procedimiento seguido por la funcionaria estuvo viciado de omisiones.
No estima viable ninguna justificaci�n, pues la ex Juez expresa que s�lo hasta despu�s de la sentencia SU 962 de 1999, opero para estos casos el grado de consulta, sin embargo esta no hizo m�s que dar aplicaci�n al C�digo de Procedimiento Laboral expedido desde 1948. Explica, que no existe duda de que la contraparte en el proceso ordinario adelantado por la funcionaria procesada, era la Naci�n, pues fue quien asumi� el pasivo social de la liquidada Empresa Puertos de Colombia, por lo que el fallo condenatorio debi� ser objeto de Consulta, a dem�s, debi� notificarse el auto admisorio de la demanda al Ministerio P�blico, en aplicaci�n al art�culo 41 del C�digo de Procedimiento Laboral.
Aduce, que esas omisiones y vicios de procedimiento no se corresponden con su trayectoria y experiencia en la rama judicial por 35 a�os, por lo que le adjudica la imputaci�n a t�tulo de autora dada su calidad de Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla y de garante de los bienes oficiales puestos a su custodia. Concluye que se colman con suficiencia los requisitos sustanciales para proferir resoluci�n de acusaci�n en contra de la Dra. Myriam D�az de P�rez, en calidad de Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla, como presunta autora responsable del delito de Peculado por Apropiaci�n Agravado.
AUDIENCIA P�BLICA La Fiscal�a: Inicia su discurso solicitando del tribunal, que se profiera sentencia condenatoria en contra de la doctora Myriam D�az de P�rez. Asegurando, que para que se estructure la conducta t�pica de Peculado por Apropiaci�n a favor de terceros, se requiere que concurran unos elementos, tales como la calidad de servidor p�blico del sujeto activo del delito, condici�n que se encuentra probada dentro del proceso, con las certificaciones del Tribunal Superior de Barranquilla; tener la potestad en la administraci�n, tenencia o custodia, material o jur�dica, de los bienes del Estado; y el tercer elemento solicitado lo es el acto de apropiaci�n, a favor propio o de terceros.
Considera la Fiscal�a, que el il�cito o conducta de Peculado por Apropiaci�n a favor de terceros, se encuentra demostrado con los materiales probatorios recaudados. Que con relaci�n a la cuant�a del Peculado, se pudo establecer que como quiera que se cancelaron mesadas pensionales de abril de 1995 a octubre de 2005, el monto especifico es de 37.748.090 pesos con 77 centavos.
Cosa diferente sucede con respecto al pago de las mesadas pensionales que van del 24 de enero de 1989 a marzo de 1995, cuya cancelacion se orden� por mandamiento de pago; pero agrega que no existe prueba de tal asignaci�n, por lo que en total la cuant�a es en la cifra indicada, que excede los 50 S.M.M.L.V y es inferior a 200 S.M.M.L.V. Indica, que teniendo en cuenta la �poca de los hechos su legal adecuaci�n t�pica se encuentra en el art�culo 133 del Decreto 100 de 1980, modificado por el art�culo 19 de la ley 190 de 1995, comportamiento agravado por la circunstancia de mayor punibilidad contemplada en el art�culo 58, numeral 10 de la ley 599 de 2000, que es igual a la que consagra en el art�culo 66, numeral 7 del Decreto 100 de 1980.
A continuaci�n, pasa a referirse sobre la responsabilidad subjetiva de la acusada, Doctora Myriam D�az de P�rez, a quien le imputa el acto delictivo eminentemente doloso, a su juicio, aunque de dif�cil demostraci�n al operar en el plano subjetivo; no obstante a ello, bas�ndose en la jurisprudencia, afirma, que con las pruebas, es posible su asuncion mediante la acreditaci�n de factores objetivos que permiten hacer juicios acerca de la voluntad o la orientaci�n de la voluntad en la producci�n de las consecuencias antijur�dicas.
Con ello explica, que la sentencia proferida por la ex Juez, fue el medio id�neo y eficaz para la indebida apropiaci�n en detrimento del Estado, ante esto aclara que, quiz� la legalidad de la sentencia sea m�s bien un asunto propio del delito de Prevaricato por Acci�n, sin embargo, que haya operado su prescripci�n, no impide que se consuma el peculado por apropiaci�n, m�xime cuando estima demostrado la apropiaci�n de los dineros del erario p�blico con fundamento en la decisi�n de 12 de julio de 1994, sentencia que estima completamente sustra�da del derecho aplicable.
Insiste, en que por ser de dif�cil demostraci�n el dolo y la valoraci�n de la prueba, analizada la legalidad o abierta ilegalidad en que incurri� la funcionaria acusada, al tramitar el proceso ordinario laboral propuesto por Manuel Heredia Rodr�guez, contra Foncolpuertos, cuya sentencia se bas� en dos declaraciones extra juicio, donde se les asign� valor probatorio, a pesar de existir pruebas documentales que contrariaban lo dicho por los testigos; ello demuestra que no fue realizada una evaluaci�n integral de las pruebas.
Entonces, indica que notablemente existi�, por parte de la ex Juez, una ilegal apreciaci�n de las pruebas, al considerar s�lo las aportadas por una de las partes, que, adem�s, fueron divergentes. Sobre la pertinencia de la prueba testimonial para demostrar el tiempo de servicio, arguye que no lo es, atendiendo a lo indicado en la ley 33 de 1985, donde se regulo que los testigos no pueden acreditar el cumplimiento de una jornada de trabajo, ya que considera que los testimonios, solo deb�an ser considerados como prueba supletoria, en los eventos en que se pierdan los documentos aut�nticos, como en el caso; pero esto no se dio.
Por �ltimo desacredita lo referido por los testigos, en tanto sostiene que estos lo que hicieron fue una simple una ratificaci�n que no fue acorde con la ley, pues esta solamente consisti� en una simple lectura de las declaraciones extra proceso, ignorando, a su juicio, las formalidades de ley. La Parte Civil: Indica que, en relaci�n con el proceso penal, los hechos tuvieron su g�nesis en la causa ordinaria laboral radicado N� 10785, que curs� en el Juzgado 1� Laboral del Circuito de Barranquilla, de quien era titular la Dr. Miriam D�az de P�rez.
Considera, que los perjuicios producidos a la Naci�n, tienen lugar porque el erario p�blico, para asuntos de car�cter laboral estaba a cargo del Fondo de Liquidaci�n de Foncolpuertos. Cuestiona, que hayan sido admisibles las declaraciones extrajuicio como medio probatorio, cuando, considera, son supletorios en el caso en que los archivos hayan desaparecido o por deficiencia de las pruebas documentales.
Alega, que fue aprovechada las facultades dadas al fondo para administrar los recursos p�blicos, tanto por los directivos de Foncolpuertos, ya sancionados, como por los ex portuarios que impetraron acciones ordinarias laborales, para apropiarse del erario p�blico sin justificaci�n alguna. Indica, que en la demanda laboral presentada por apoderada diferente al que agot� la v�a gubernativa, no fue aportada copia de la convenci�n colectiva que se pretend�a hacer valer, por lo que no deb�a valorarse este hecho a trav�s de prueba supletoria y lograr as� la concesi�n del derecho a la pensi�n. Afirma, con vehemencia que la decisi�n de la ex juez procesada, carece de motivaci�n, aun m�s cuando logra evidenciarse que los testigos, a quienes dot� de total credibilidad, depusieron sobre hechos que no les constaba, pues hay un marco de diferencia de 13 a�os, que ri�e con las otras pruebas que obran en el expediente, esto es, la inspecci�n judicial de donde se extrajo la hoja de vida donde constaba el tiempo efectivamente trabajado por el demandante que fue desde 4 de noviembre de 1941 al 31 de diciembre de 1949.
Al referirse sobre la disponibilidad jur�dica que guardaba la ex Juez Miriam D�az de P�rez, manifiesta que la conducta debe ser analizada desde que fue proferida la decisi�n, pues el aspecto del dolo lo conforman las actuaciones de la funcionaria al ordenar una erogaci�n que era ilegal y desbordaba la administraci�n de justicia, con una conducta prevaricadora, que ya fue declarada prescrita, aunque sigue interesando para el delito por el que se juzga y que, a su juicio, fue bien expuesto por la Fiscal�a en su tipicidad, antijuricidad y de haberse hecho a t�tulo de dolo.
Por ello estima configurada la afectaci�n al bien jur�dico de Recta Administraci�n de Justicia, que deb�a ser defendida y no, por el contrario, puesto al servicio de los intereses de una persona para conceder un derecho laboral que no se acredit�. Sostiene, que si bien no hay prueba de que la sentencia fue pagada, tampoco se puede asegurar que no fueron canceladas dichas sumas, pues existe, afirma, informaci�n que indica que por la trascendencia del asunto, muchas actas y otros documentos fueron sustra�dos para efectos de evitar compromisos penales de quienes en ellas intervinieron.
De lo que, asegura, no existe duda es que se dict� una decisi�n de fondo que tuvo ejecuci�n hasta tanto no fue revocada por el Tribunal Superior de Pasto, cuyo valor asciende a 37.748.090.77, y que constituye el monto de la conducta peculante por la que, considera, debe responder la ex Juez 1� Laboral del Circuito de Barranquilla, pues caus� graves da�os al erario p�blico.
Censura que el asunto que nos ocupa no fue el �nico donde se present� la conducta punible, pues, informa que en otro expediente cuyo radicado es 2009-00401, se profiri� sentencia condenatoria en contra de la misma ex juez procesada, lo cual, a su juicio, debe ser considerado para efectuar la dosificaci�n de la punitiva y para que se niegue cualquier mecanismo sustitutivo de la pena de prisi�n. Culmina su intervenci�n manifestando que la testigo Margarita Arango Londo�o, m�s que coadyuvar a la situaci�n de compromiso de la procesada, m�s bien la responsabiliza en cuanto a que en su exposici�n trato de confundir los aspectos radicados con convenciones celebradas por Foncolpuertos, que en nada tienen que ver con este asunto, como quiera que no fue aportada copia de dicho documento en la demanda ordinaria.
La Defensa: La abogada defensora, pregona de la corporaci�n, se emita fallo absolutorio a favor de la Dra. Mirian D�az de P�rez, de quien preliminarmente menciona sus calidades y su gran experiencia como funcionaria judicial. Indica que se propone desvirtuar a continuaci�n cada uno de los puntos expuestos por el fiscal y persistira sobre lo expuesto por el representante de la Parte Civil, manifiesta que no puede catalogarse de corruptos, a todos los procesos relacionados con Foncolpuertos, pues est� satanizando hasta aquellos que legalmente fueron llevados, porque, afirma, tambi�n all� aplicaba la ley.
Alega que el apoderado de la Parte Civil, se encuentra confundido, porque en ning�n momento aport� convenciones para tratar de darle validez al proceso laboral, s�lo hizo alusi�n a las mismas, afirma, que para que fueran tenidas en cuenta dentro del proceso penal, debido a que no fueron consideradas por la fiscal�a, y que demuestra la existencia, a su juicio, de un procedimiento viable.
Recalca que las declaraciones del se�or Alfaro y el se�or Salvador, se practicaron porque era a ellos a quienes les constaba el tiempo de servicio del demandante, a dem�s, que se hizo en debida forma, la notificaci�n al representante legal de la empresa sin que hubiera efectuado intervenci�n o contradicci�n. Alega que las declaraciones fueron ratificadas en audiencia laboral, por las personas que las hab�an realizado con antelaci�n, con la presencia del Ministerio P�blico y que la inoperancia de los abogados, no pueden tenerse en cuenta en contra de la ex juez, del acto cuestionado o de su apoderado.
Con relaci�n a las solicitudes de la Parte Civil, pide que no sean tenidas en cuenta, debido a que no le corresponde auspiciar nada referente a la pena o a los subrogados penales, agravantes de la conducta o prisi�n domiciliaria, pues por ser Parte Civil, s�lo debe limitarse a pronunciamientos sobre la existencia del hecho, los autores o part�cipes, la responsabilidad de los mismos y la cuant�a del da�o reclamado.
Tampoco, considera de recibo que se haga alusi�n a otro proceso llevado ante esta Colegiatura, pues a�n no se encuentra en firme, debido a que se encuentra en tr�mite de apelaci�n, as� mismo son hechos aislados a los de este asunto. Considera, que no deba tenerse en cuenta que se efectuaron pagos a partir de la sentencia proferida por la ex juez procesada, pues el Ministerio de Protecci�n Social, nunca as� lo certific�, y aun la Fiscal�a, afirm� que no existe prueba de ello, por lo que considera, mal podr�a la Parte Civil, solicitar que se tengan como realizados dichos pagos.
Ahora, sostiene que el proceso surtido por su defendida, Dra. Miriam D�az de P�rez, se llev� con el pleno de los requisitos legales, y no resulta concebible lo alegado por los sujetos procesales, Fiscal�a y Parte Civil, en la medida en que se fundamentan en la supuesta inobservancia del art�culo 7� de la ley 50 de 1986, porque esta no dice nada sobre lo alegado, y m�s bien se trata de una conmemoraci�n de los 450 a�os de la fundaci�n de Tunja y rinden honores a la memoria del fundador de dicha ciudad, por lo que estima, no se puede tildar la conducta de su apadrinada como de prevaricadora, por haber aplicado la ley vigente al momento de los hechos y que consider� aplicable para el caso.
Igualmente cataloga de acertado el comportamiento de la ex juez procesada, al no tomar como obligatorio el grado de consulta para las sentencias condenatorias, porque se trat� de una decisi�n en contra de Foncolpuertos, que si bien era una empresa que recib�a dinero p�blico, no se trataba de un ente territorial, por lo que no correspond�a con lo se�alado en el art�culo 69 del C�digo de Procedimiento Laboral, tesis que prevaleci� en la Sala Laboral del Tribunal Superior de Barranquilla.
Argumenta que no por haber sido revocada la sentencia en segunda instancia, significa que la conducta de la Juez que la profiri� sea prevaricadora, aun cuando ya �ste delito se encuentra prescrito, y tampoco es dable afirmar que se trat� de una conducta dolosa, en tanto, no se ha comprobado alg�n tipo de relaci�n personal, de amistad o laboral con el demandante o su apoderada.
Para Resolver Se Considera La Sala Penal del Tribunal Superior De Barranquilla, es competente para fallar el presente asunto en primera instancia, de conformidad con lo establecido en el art�culo 76, numeral 2 de la Ley 600 de 2000. Se advierte que el sujeto pasivo de la acci�n penal, es calificado por cuanto se desempe�aba como Juez Primero Laboral del Circuito de Barranquilla � Atl�ntico, calidad probada en el expediente y que nadie osa discutir.
El art�culo 232 de la ley 600 de 2000, regula el principio de necesidad de la prueba, exigiendo que toda providencia debe fundarse en prueba legal, regular y oportunamente allegada a la actuaci�n. Igual, determina que a nadie se le podr� dictar sentencia condenatoria sin que obre en el proceso prueba que conduzca a la certeza de la conducta punible y de la responsabilidad del procesado.
En subsiguientes art�culos de la ley en cita, se encuentran los principios de libertad probatoria y apreciaci�n de las pruebas, las cuales se har�n en conjunto y de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica. Es oportuno, se�alar que en el tr�mite de este proceso penal, no se observan irregularidades sustanciales o afectaci�n del derecho de defensa del procesado, que habilite el uso de la nulidad como castigo extremo del proceso, para de ah�, proceder a enderezar las falencias procedimentales a que hubiere lugar o a restablecer el derecho de defensa violada.
Tampoco en los alegatos de conclusi�n vertidos en la audiencia p�blica, ning�n sujeto procesal, propone nulidad alguna y de oficio no la percibe la judicatura. Aqu�, se acusa a la Doctora Miriam D�az de P�rez, en su calidad de Juez Primero Laboral del Circuito de Barranquilla � Atl�ntico, por el delito de Peculado por Apropiaci�n, que presuntamente cometiera al favorecer a un tercero, en la especie de proferir una sentencia dentro de un proceso ordinario laboral, fechado 12 de julio de 1994, mediante la cual condena a la Empresa Puertos de Colombia Terminal Mar�timo y Fluvial de Barranquilla, determinando el reconocimiento y pago al se�or Manuel Hereira Rodr�guez, de la pensi�n vitalicia de jubilaci�n en cuant�a inicial de $32.559.50 a partir del 24 de enero de 1989, m�s los reajustes de ley por a�o. La acusaci�n, fue proferida por la Fiscal 20 Delegada ante el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogot�, el d�a 19 de marzo de 2010.
El delito de Peculado por Apropiaci�n, se encuentra sancionado y descrito en el art�culo 133 del decreto ley 100 de 1980, modificado por el art�culo 19 de la ley 190 de 1995, el cual reza: �El servidor p�blico que se apropie en provecho suyo o de un tercero de bienes del Estado o de empresas o instituciones en que �ste tenga parte o de bienes o fondos parafiscales, o de bienes de particulares cuya administraci�n, tenencia o custodia se le haya confiado por raz�n o con ocasi�n de sus funciones, incurrir� en prisi�n de seis (6) a quince (15) a�os, multa equivalente al valor de lo apropiado e interdicci�n de derechos y funciones p�blicas de seis (6) a quince (15) a�os�� La jurisprudencia penal, ha dicho sobre el delito de Peculado por Apropiaci�n, lo siguiente: ��La apropiaci�n de dineros estatales en beneficio de terceros, para este caso los ex trabajadores de la Empresa Puertos de Colombia y su apoderado judicial, no ofrece dificultad alguna; lo que no ocurre con la vinculaci�n que el Juez 8� Laboral del Circuito de Barranquilla ten�a con tales dineros.
En atenci�n a que el instructor concluy� que el procesado no ostentaba disponibilidad jur�dica sobre ellos, con el fin de lograr la necesaria claridad sobre el punto, conveniente resulta recordar algunos pronunciamientos de la Sala que ilustran el concepto. En sentencia de casaci�n proferida en la radicaci�n 8729, el 4 de octubre de 1994, con ponencia del Magistrado Gustavo G�mez Vel�squez, se leen las siguientes citas: " La expresi�n utilizada por la Ley en la definici�n de peculado y que dice "en raz�n de sus funciones", hace referencia a las facultades de administrar, guardar, recaudar, etc., no puede entenderse en el sentido de la adscripci�n de una competencia estrictamente legal y determinada por una regular y formal investidura que implique una �ntima relaci�n entre la funci�n y la facultad de tener el bien del cual se dispone o se hace mal uso; no significa, pues, que tales atribuciones deban estar antecedentemente determinadas por una rigurosa y fija competencia legal, sino que es suficiente que la disponibilidad sobre la cosa surja en dependencia del ejercicio de un deber de la funci�n. La fuente de la atribuci�n, en otros t�rminos, no surge exclusivamente de la ley puesto que ella puede tener su origen en un ordenamiento jur�dico diverso que fija la competencia en estricto sentido.
Lo esencial en este aspecto, es la consideraci�n de que en el caso concreto, la relaci�n de hecho del funcionario con la cosa, que lo ubica en situaci�n de ejercitar un poder de disposici�n sobre la misma y por fuera de la inmediata vigilancia del titular de un poder jur�dico superior, se haya logrado en ejercicio de una funci�n p�blica, as� en el caso concreto no corresponda a dicho funcionario la competencia legal para su administraci�n. Igual se presentar� el delito de peculado en la hip�tesis de que la administraci�n del bien derive del ejercicio de una funci�n nominalmente propia de otro empleado".
(Sentencia de 3 de agosto de 1976). "Las facultades de manejo en el empleado p�blico, que son las que en este caso considera ausentes el casacionista, no solamente las otorga la ley, el decreto, la ordenanza o el acuerdo, sino tambi�n las resoluciones, los reglamentos y hasta la orden administrativa, cuando los destinatarios son servidores del Estado.
De suerte que por medio del mandato, enti�ndase como contrato o como orden, se transfieren, trasladan o delegan, total o parcialmente, esas atribuciones al mandatario, quien por el mencionado encargo las ejercita". (Sentencia de septiembre 8 de 1981. M.P. Dr. Fabio Calder�n Botero) En el entendido de que la relaci�n que debe existir entre el funcionario que es sujeto activo de la conducta de peculado por apropiaci�n y los bienes oficiales puede no ser material sino jur�dica y que esa disponibilidad no necesariamente deriva de una asignaci�n de competencias, sino que basta que est� vinculada al ejercicio de un deber funcional, forzoso es concluir que ese v�nculo surge entre un juez y los bienes oficiales respecto de los cuales adopta decisiones, en la medida en que con ese proceder tambi�n est� administr�ndolos.
Tanto es as� que en sentencias judiciales como las proferidas por el implicado en los procesos laborales que tramit� ilegalmente, dispuso de su titularidad, de manera que sumas de dinero que estaban en cabeza de la Naci�n (FONCOLPUERTOS � Ministerio de Hacienda y Cr�dito P�blico), pasaron al patrimonio de los extrabajadores de la Empresa Puertos de Colombia y del abogado que los represent�, siendo indiscutible que el acto de administraci�n de mayor envergadura es aquel con el cual se afecta el derecho de dominio.
En esas condiciones, la competencia funcional del Juez 8� Laboral del Circuito de Barranquilla, la cual le permit�a resolver los conflictos laborales entre el Estado y los extrabajadores de la Empresa Puertos de Colombia, le confirieron la disponibilidad jur�dica de las sumas cobradas por prestaciones laborales a la Naci�n en los casos a que se refiere este proceso, por manera que, la apropiaci�n de tales bienes a favor de terceros, se consum� por raz�n de las funciones oficiales que cumpl�a el procesado, de donde se debe concluir que la extracci�n de dineros de la Naci�n no estructur� el delito de estafa sino el de peculado por apropiaci�n�� El art�culo 230 de la Constituci�n Pol�tica, nos se�ala; �los jueces, en sus providencias, s�lo est�n sometidos al imperio de la ley.
La equidad, la jurisprudencia, los principios generales del derecho y la doctrina son criterios auxiliares de la actividad judicial�. El art�culo 55 de la Ley 270 de 1996 advierte que: �Las sentencias judiciales deber�n referirse a todos los hechos y asuntos planteados en el proceso por los sujetos procesales. La parte resolutiva de las sentencias estar� precedida de las siguientes palabras: "Administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la Ley" La pulcritud del lenguaje; la claridad, la precisi�n y la concreci�n de los hechos materia de los debates y de las pruebas que los respaldan, que los Magistrados y Jueces hagan en las providencias judiciales, se tendr�n en cuenta como factores esenciales en la evaluaci�n del factor cualitativo de la calificaci�n de sus servicios� El art�culo 174 del C�digo de Procedimiento Civil, se�ala: �Toda decisi�n judicial debe fundarse en las pruebas regular y oportunamente allegadas al proceso�.
El art�culo 187 de la misma obra, describe: Apreciaci�n de las Pruebas: �Las pruebas deber�n ser apreciadas en conjunto de acuerdo con las reglas de la sana cr�tica, sin perjuicio de las solemnidades prescritas en la ley sustancial para la existencia o a nivel de ciertos actos. El juez expondr� siempre razonadamente el m�rito que le asigne a cada prueba�.
El Art�culo 60 del C�digo de Procedimiento Laboral estipula: �An�lisis de las Pruebas. El Juez, al proferir su decisi�n, analizar� todas las pruebas allegadas en tiempo�. Debemos hacer unas precisiones preliminares, para oxigenar la determinaci�n que de fondo tomara el tribunal, se�alando que, la funci�n p�blica, se sustenta en la prestaci�n de un servicio a favor de los intereses generales, la cual se desarrolla por intermedio de unos conciudadanos que son escogidos por un acto condici�n o por elecci�n popular, para que dispensen a nombre del Estado Social, de Derecho y Democr�tico, acciones, actos o agencias que procuren, ante todo, bajo la �gida de los principios de igualdad, moralidad, transparencia, eficacia, econom�a, celeridad, imparcialidad y publicidad, de forma directa o por la descentralizaci�n, delegaci�n o desconcentraci�n de funciones, cumplir con la satisfacci�n de �stos intereses e igual de los fines colectivos � Art�culo 209 C.N. �.
Esto explica el de que la inobservancia manifiesta u ostensible de estos principios por parte del funcionario p�blico, quien detente o administre bienes del Estado, lo compromete altamente ante los organismos de control fiscal, disciplinarios y penal, por no asumir tambi�n las prevenciones o seguridades que el caso amerita o dicho de otra manera en la custodia jur�dica, especifica, ineludible y verificable de dineros del Estado, como aqu� ocurri� y sin importar para que se pueda rotular responsabilidad penal, la existencia de un se�alamiento directo y efectivo de testigo alguno, porque en nuestro caso, como se ver� m�s adelante, es la misma documentaci�n recaudada la que nos permite deducir con alta probabilidad de certeza, aquella mezquindad de la procesada, en cuidar la cosa p�blica, para dar paso a subyacentes apetitos econ�micos il�citos y desde luego que enmarcan el dolo, tal como lo postula la Jurisprudencia Penal y la misma normatividad juridica que regula la materia.
Acudiendo a una metodolog�a pragm�tica y que teleol�gicamente tiene por virtud estructurar una sentencia que consulte de manera global los puntos en que el delegado fiscal basa su acusaci�n y por contera igual labor se har� con relaci�n a la r�plica de estos mismos, que hace la defensa t�cnica de la procesada, empezaremos por decir: La acusaci�n tiene su fuente informativa en la compulsa de copias de la resoluci�n N� 001105 de noviembre 1 de 2005, expedida por el Ministerio de la Protecci�n Social � Coordinaci�n General del Grupo Interno de Trabajo para la Gesti�n del Pasivo Social de Puertos de Colombia, por cuanto la acusada en un proceso laboral, en su condici�n de Juez Primero Laboral del Circuito de Barranquilla, tramit� de manera irregular y propici� la apropiaci�n por parte del demandante de dineros del Estado, representado por Foncolpuertos o entidad que manej� su pasivo pensional, procediendo la Fiscal�a, a averiguar los sucesos y concluir de la siguiente manera: Que se denota la irregularidad anunciada en el fallo de Consulta de 3 de marzo de 2004, de la Sala de Decisi�n Laboral del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, mediante el cual se revoc� en su integridad la sentencia de condena proferida por el Juzgado Primero Laboral del Circuito de Barranquilla, dentro del proceso ordinario laboral de Manuel Vicente Hereira Rodr�guez, contra la empresa Puertos de Colombia.
Lo anterior provoc� que se revocara la resoluci�n N� 2325 de 10 de noviembre de 1995, dictada por el Gerente del Fondo de Pasivo Social de la empresa Puertos de Colombia � Foncolpuertos-, mediante la cual se orden� el cumplimiento del fallo de primer grado, en cuant�a de $37.748.090.77. Que en el adelantamiento del proceso ordinario laboral de Manuel Hereira Rodr�guez, contra la empresa Puertos de Colombia � Terminal Mar�timo y Fluvial de Barranquilla -, tramitado ante el Juzgado Primero Laboral del Circuito de Barranquilla, que se encontraba en cabeza de la procesada en calidad de Juez, se llev� audiencia de juzgamiento el d�a 12 de julio de 1994, en donde se evaluaron en criterio de la indagada, las pruebas en su conjunto.
Que en el proceso aludido radicado el 24 de junio de 1992, se pretend�a obtener el reconocimiento y pago de una pensi�n de jubilaci�n, en cuant�a del 75% del �ltimo salario promedio devengado por el demandante, en su condici�n de ex trabajador de la Empresa Puertos de Colombia, en la cual a juicio de sus pretensiones labor� por m�s de 20 a�os de servicio, para lo cual se apoya en dos declaraciones extra juicio de compa�eros de labores en la empresa demandada � Alfaro Mart�nez Cruz y Salvador Payares Varela -, evacuadas el 29 de junio de 1990 ante el Juzgado Primero Laboral del Circuito, en las cuales manifiesta el primer testigo que el demandante labor� en la entidad demandada desde el 4 de noviembre de 1941, y el segundo afirma que labor� desde el 4 de diciembre de 1941, coincidiendo ambos que lo fue hasta el 31 de diciembre de 1962, no obstante, mediante inspecci�n judicial, llevada a cabo por la Juez, en las instalaciones de la empresa demandada, el d�a 11 de marzo de 1993, obtuvo la hoja de vida del se�or Manuel Hereira Rodr�guez, con la cual constata que este labor� en la empresa entre el 4 de noviembre de 1941 hasta el 31 de diciembre de 1949, lo cual se incorpora y es prueba que por el principio de comunidad ten�a que evaluar la Juez.
La defensa t�cnica, finca la absoluci�n de su asistida por el delito de Peculado, argumentando que en primer lugar el delito de Prevaricato se encuentra prescrito, que la Juez que defiende apreci� las pruebas en su conjunto en ejercicio de la autonom�a judicial, que le impone acudir a los mejores criterios hermen�uticos para solucionar los casos que se le plantean, como ocurri� en el proceso laboral, que abort� el inicio de esta causa penal.
Critica a la parte civil, porque alude a la convenci�n colectiva que gu�a la regulaci�n laboral, las cuales a su juicio, son claras tales como las vigente para los a�os 81 y 82, el art�culo 29 de los a�os 91 y 94, y art�culo 49 para los a�os 83 y 84, as� mismo que el procedimiento anticipado estaba debidamente regulado. Se�ala que no puede hablarse de condena anterior en contra de la ex Juez, porque este se encuentra en fase de apelaci�n, am�n que en el fallo cuestionado en este proceso penal, no puede aplicarse el art�culo 7 de la ley 50 de 1986, porque se trataba de la conmemoraci�n de los 450 a�os de la fundaci�n de Tunja, concluyendo por otra parte que la providencia se ajust� a los lineamientos legales, ya que el grado de jurisdicci�n de consulta no operaba cuando se profer�a una sentencia de condena en contra de Puertos de Colombia.
Ep�gonos de los lineamientos jurisprudenciales que guardan relaci�n con los atentados a la Administraci�n P�blica, como en nuestro caso, cuando prima facie se observa que en el proceso que adelantara el Juzgado que regentaba la aqu� ex Juez acusada, con ocasi�n de demanda laboral que presentara el se�or Manuel Hereira Rodr�guez, por intermedio de apoderada y en su condici�n de ex trabajador del Puerto Mar�timo y Fluvial de Barranquilla, supuestamente superando los 20 a�os, de labores continuas o discontinuas, mas la edad, pretendi� obtener la pensi�n de vejez y consustancial con ello el pago vitalicio y los ajustes o retroactivos a que hubiera lugar, refulgen irregularidades que no tolera el procedimiento laboral y mucho menos el derecho penal, quien se activa ante circunstancias de la entidad que m�s adelante se har�n notar, para imponer la condigna sentencia. La se�ora ex Juez, en su injurada manifiesta que el procedimiento y decisi�n dentro del plurimentado proceso laboral, se ajust� al rigor legal e inclusive la decisi�n se asumi� en el ejercicio de la autonom�a judicial y de la independencia de los Jueces de la Rep�blica, de conformidad con los art�culo 53, 228 y 230 de la Constituci�n Pol�tica de Colombia, asegurando que debe recordarse que el derecho sustancial prima sobre el derecho procesal, ancilar o adjetivo, con el agregado de que la evaluaci�n probatoria se hizo en forma integral, pero veamos como resulta liviano o peregrino este argumento de defensa material, previa aplicaci�n de los principios que orientan la sana cr�tica, como m�todo de evaluaci�n probatoria: Como se recordar� el art�culo 187 del C�digo de Procedimiento Civil, exige que la evaluaci�n probatoria en su conjunto es aplicable al proceso laboral, por remisi�n que hace el art�culo 145 del C�digo de Procedimiento Laboral, que describe la aplicaci�n de la analog�a, al se�alar que a falta de disposiciones especiales en el procedimiento del trabajo, se aplicar�n las normas an�logas de este Decreto y en su defecto las del C�digo Judicial, enti�ndase, C�digo de Procedimiento Civil, es por eso que oportuno se ofrece transcribir la evaluaci�n que hiciera la acusada en el fallo cuestionado, para comprender la certidumbre de su dicho o la omisi�n manifiesta de reparar en las normas citadas y en especial en aquella que dijo aplicar en ese cometido funcional. �Solicita el actor se condene a la demandada a reconocer una pensi�n de jubilaci�n. Al entrar este despacho a estudiar esta petici�n observa que el actor para acreditar el tiempo de servicio aport� la declaraci�n extrajuicio rendida ante este Juzgado y ratificada posteriormente dentro del proceso, reuniendo as� los requisitos exigidos por el art. 229, del C. de P.C., aplicable por analog�a del Laboral en virtud del art. 145 del C.P.L. en la cual se estableci� que el actor prest� sus servicios a la entidad demandada entre el 4 de noviembre de 1941, al 31 de diciembre de 1962, para un tiempo efectivo de 21 a�os y 26 d�as, lo que corrobora lo consignado en las tarjetas control salario aportadas al proceso.
La declaraci�n extrajuicio obra en el expediente a folio 8 a 12, en la que se observa que los testigos son acertivos (sic), id�neos, responsibos (sic), no contradictorios.� Sobre el particular, m�s adelante dijo: �En consecuencia, en el caso de estudio, qued� demostrado el tiempo de servicio con la declaraci�n extrajuicio aportada al proceso, y la edad, con la partida de bautismo expedida por la Parroquia de Nuestra Se�ora del Rosario, se deber� condenar a la demandada al reconocimiento de la pensi�n de jubilaci�n.� Visto as� el ejercicio cr�tico de la ex Juez acusada, emerge una cl�sica apor�a conceptual entre lo que dice realiz� en la evaluaci�n probatoria integral y lo que muestra ese apartado en la audiencia de juzgamiento de fecha 12 de julio de 1994, porque esa evaluaci�n es parcializada y escueta ex ante seg�n el ordenamiento jur�dico que regula la ratificaci�n de los testimonios y de aquellas echadas de menos en la sentencia, como lo son las pruebas documentales obtenidas en una inspecci�n judicial en la empresa Puertos de Colombia, referente a la Hoja de Vida del ex trabajador demandante, en especial el relativo a la certificaci�n del jefe del departamento de personal y bienestar social, Yomaira Barios de S�nchez, cuando certifica: �Que el se�or Manuel Hereira Rodr�guez, identificado con c�dula de ciudadan�a N� 3.681.996 de Barranquilla, labor� en esta empresa as�: Ingres� en Noviembre 4 de 1941 hasta diciembre 31/49, fecha en que se le cancel� el contrato de trabajo, seg�n folio 18 que reposa en su hoja de vida.� Con todo porque no tiene sentido l�gico y mucho menos coherencia que se afirme, por parte de la acusada, que la evaluaci�n probatoria fue integral, cuando fue su voluntad en contubernio con la petici�n de la parte demandante, la que propici� el acopio de pruebas con mayor entidad que las declaraciones extrajuicio anexadas en la demanda, en uso del art�culo 55 del C�digo de Procedimiento Laboral, el cual en parte de nuestro inter�s se�ala: �Art�culo 55.
Diligencia de Inspecci�n Judicial. Cuando se presenten graves y fundados motivos o para aclarar hechos dudosos, el Juez podr� decretar inspecci�n judicial, siempre que tal diligencia pueda cumplirse sin grave da�o para las partes o los terceros, y sin obligarlos a violar secretos profesionales, comerciales o art�sticos. Para lograr la verificaci�n de la prueba el Juez podr� valerse de los apremios legales.� (Subrayado fuera del texto original).
De suerte que, la Inspecci�n Judicial y los documentos seg�n la din�mica probatoria, se erigen en pruebas directas y que su contenido salta a la vista ante todos los protagonistas de un proceso, sea judicial o administrativo, entendiendo que esta categorizaci�n, solo decae en su aspecto informativo en la conciencia del Juez, cuando se tacha de falso el documento y prospera la tacha por el acopio de elementos probatorios que le quiten el valor que contiene, sin embargo, no resulta lo mismo con relaci�n a la Inspecci�n, que en nuestro caso practic� la Juez, en las instalaciones de la entidad demandada laboralmente, en donde nos muestra: (i) que existe un banco de datos y documentos relativos a sus trabajadores y (ii) que con relaci�n al ex trabajador Manuel Hereira Rodr�guez, exist�an documentos que hablaban de su vinculaci�n laboral a la empresa Puertos de Colombia, con una fecha de ingreso cierta y con otra tambi�n cierta de su desvinculaci�n - Noviembre 4 de 1941 hasta diciembre 31 de 1949 -.
Circunstancias objetivas que no debi� desconocer la ex Juez en el fallo altamente cuestionado en su legalidad, en el cabal entendimiento de que el art�culo 229 del C�digo de Procedimiento Civil, es claro cuando ordena cumplir unos requisitos en el proceso de admisi�n y ratificaci�n de las declaraciones extra juicio, las cuales son tildadas normativamente de supletorias, pues hay que probar el supuesto de hecho contenido en la norma, que a su vez consagra unos efectos jur�dicos que ellas mismas persiguen, a la luz tambi�n del art�culo 177 ib�dem. Art�culo 229.
Ratificaci�n de Testimonios Recibidos Fuera del Proceso. <Art�culo modificado por el art�culo 1, numeral 106 del Decreto 2282 de 1989. El nuevo texto es el siguiente:> S�lo podr�n ratificarse en un proceso las declaraciones de testigos: 1. Cuando se hayan rendido en otro, sin citaci�n o intervenci�n de la persona contra quien se aduzca en el posterior. 2.
Cuando se hayan recibido fuera del proceso en los casos y con los requisitos previstos en los art�culos HYPERLINK "http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/codigo/codigo_procedimiento_civil_pr010.html" \l "298" \t "_blank" 298 y HYPERLINK "http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/codigo/codigo_procedimiento_civil_pr010.html" \l "299" \t "_blank" 299.
Se prescindir� de la ratificaci�n cuando las partes lo soliciten de com�n acuerdo, mediante escrito autenticado como se dispone para la demanda o verbalmente en audiencia, y el juez no la considera necesaria. Para la ratificaci�n se repetir� el interrogatorio en la forma establecida para la recepci�n de testimonio en el mismo proceso, sin permitir que el testigo lea su declaraci�n anterior.
(Subrayado fuera del texto original). La se�ora ex Juez aqu� acusada, en la Segunda Audiencia de Tr�mite no s�lo pervirti� el procedimiento aplicable y establecido en el art�culo 229 del C�digo de Procedimiento Civil, para la ratificaci�n de los testimonios recaudados por fuera del proceso ordinario laboral, si no que como directora del proceso, omiti� ostensiblemente direccionar o ajustar el desarrollo de la audiencia a sus obligaciones funcionales, fundamentalmente porque si se mira la pregonada ratificaci�n de los testigos, palmar emerge que fue pasiva y terreno abonado del equ�voco proceder tambi�n de la apoderada de la demandante, cuando se ritu� lo siguiente: a.- Ratificaci�n de Alfaro Mart�nez Cruz, a quien la actora le pregunta: �diga el declarante si reconoce el contenido y firma del documento obrante a folio 12 del expediente.
Para lo cual solicito a la se�ora Juez le sea puesto de presente. Cont. En este estado de la diligencia la se�ora Juez le pone de presente el folio solicitado por la apoderada del actor. Analizado. Cont. Si reconozco el contenido y firma del documento que me han exhibido, esa es mi firma y es la misma que utilizo en todos los mismos actos p�blicos y privados.� Ratificaci�n de Salvador Pallares Varela, a quien la apoderada del demandante le pregunta: �diga el declarante si reconoce el contenido y firma del documento obrante a folio 12 vuelta, en caso afirmativo s�rvase decir al Juzgado en condici�n de qu� lo reconoce.
Solicito a la se�ora Juez se le ponga de presente el documento para su reconocimiento. En este estado de la diligencia la se�ora Juez le pone de presente el documento solicitado por la apoderada del actor. Analizado. Cont. Si la reconozco que es mi firma es la misma que utilizo en todos mis actos p�blicos y privados, el contenido tambi�n lo reconozco esa fue una declaraci�n jurada que rend� ante este mismo despacho.� Ya que tambi�n le correspond�a, no como lo hizo, acudir a las directrices claras y de inexcusable obediencia que contiene el inciso final del art�culo 229 del C�digo de Procedimiento Civil, es decir, repitiendo el interrogatorio en la forma establecida para la recepci�n de testimonio en el mismo proceso, sin permitir que el testigo lea su declaraci�n anterior.
Cosa que precisamente fue lo que se hizo, anuencia y pasividad de la ex Juez acusada, sin que tampoco se diera cabida a las reglas que gobiernan la pr�ctica del interrogatorio surtas en el art�culo 228 ib�dem, que entre otras cosas impone al Juez, en el numeral 3, que: �el juez pondr� especial empe�o en que el testimonio sea exacto y completo, para lo cual exigir� al testigo que exponga la raz�n de la ciencia de su dicho con explicaci�n de las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que haya ocurrido cada hecho y de la forma como llego a su conocimiento teniendo en cuenta lo dispuesto en el art�culo 226�� Procedimiento reglado y sin arbitrio porque fue birlado por la aqu� acusada en el desempe�o de sus funciones, por eso el Tribunal, es categ�rico en afirmar que este comportamiento indebido se hizo ex profeso en la ratificaci�n de las declaraciones extra juicio y en el proceso suasorio o de valoraci�n probatoria al momento de asumir una decisi�n que puso fin a la instancia en el proceso ordinario laboral de marras; m�xime cuando quien aparentemente pregunta sobre los hechos es la parte actora, contrariando in situ, el numeral 4 del canon 228 del C�digo de Procedimiento Civil, cuando describe que: �a continuaci�n del juez, las partes podr�n interrogar al testigo�, con lo cual tampoco puede percibirse que se invirti� el orden de las intervenciones del Juez con referencia a las partes, porque a la Juez le correspondi� las preguntas formales de inicio de la audiencia y de la culminaci�n de �sta, sin que se diera a la tarea tal como le correspond�a, escrutar a los testigos sobre los hechos objeto de litis, teniendo a su alcance en esos instantes los documentos o historia de la hoja de vida del demandante, que con una ligera lectura le impon�a en su conciencia juzgadora, cuestionar a los testigos, porque los documentos no permit�an que �ste accediera a la pensi�n de jubilaci�n y dem�s emolumentos derivados de la empresa demandada � Puertos de Colombia -.
Debe precisarse que la sind�resis que vierte el delegado fiscal en la acusaci�n es coherente con el material probatorio acopiado y, a dem�s, son suficientes para abatir la presunci�n de inocencia que como garant�a constitucional y legal rodea a la ex Juez Myriam D�az de P�rez, como directora y juzgadora dentro del proceso ordinario laboral, que sirvi� de fuente al nacimiento de este proceso penal, en el entendido que estos mismos argumentos por su fuerza persuasiva, no se resintieron ante los embates de la defensa material y defensa t�cnica de la procesada, racionalmente porque los defensivos se refundieron en temas, que si ten�an alg�n grado de pertinencia con los hechos, estos eran de naturaleza sutil o tangencial, ya que no pose�an la dimensi�n y alcance probatorio, para eliminar la prueba documental recaudada, aquella que no valor� indebidamente la Juez, por asumir el desquiciamiento consciente y con voluntad proyectada a omitir las reales y obligadas normas jur�dicas en la soluci�n del caso laboral, sabedores de la experiencia y altura jur�dico laboral de la procesada, f�jese que sobre el siguiente t�pico de la acusaci�n, poco o nada dijo la ex Juez en su descargo y mucho menos la defensa t�cnica en sus alegatos de cierre: �Por ejemplo, entra�a duda, que si el se�or Manuel Vicente Hereira Rodr�guez, labor� para Puertos de Colombia Terminal Mar�timo y Fluvial de Barranquilla, hasta el 31 de diciembre de 1962, como refer�an los declarantes � que no hasta el 31 de diciembre de 1949, como certificaba la empresa- s�lo 28 a�os despu�s, esto es, en el a�o 1990, contando ya con 65 a�os de edad � cuando el derecho se habr�a tenido al cumplir los 55 a�os-, hubiere perseguido el reconocimiento de la pensi�n anticipando el tr�mite ante la v�a gubernativa conforme a escrito radicado en enero 24 de 1992, presentaron la demanda ante la Jurisdicci�n Ordinaria; �poca para la cual, era ya evidente la defraudaci�n que por a�os ven�a sucedi�ndose en la Empresa Puertos de Colombia, hasta ser liquidada por medio de la Ley 1 de 1991 y luego ante el Fondo de Pasivo Social, creado para la asunci�n del pasivo y dem�s acreencias laborales adeudadas con recursos de la Naci�n. De igual manera, rep�rese en que aparte de la solitaria prueba testimonial extraproceso, ning�n otro medio probatorio se introdujo para desvirtuar el tiempo de servicio certificado por la Empresa, circunstancia que ri�e con las reglas de la l�gica y de la experiencia, si de considerarse que se labor� no al 31 de diciembre de 1949, como refer�a la prueba inspeccionada en los archivos de la entidad demandada sino al 31 de diciembre de 1962, del modo como se indicaba por los testigos, c�mo por espacio de trece (13) a�os no se tuviera alg�n otro documento como fuera recibos de pago de n�mina, afiliaci�n sindical y al r�gimen de salud y pensiones o cualesquier otra para acreditar acerca de la existencia de la relaci�n laboral por el tiempo excedido que se pretend�a acreditar para efectos de la pensi�n.� Como viene de verse, un procedimiento judicial torticero convoc� inevitablemente a la fracturaci�n del bien jur�dico de la Administraci�n P�blica, en la especie del Peculado por Apropiaci�n a favor de terceros y del Prevaricato por Acci�n, como delito medio que sirvi� para esquilmar el patrimonio p�blico representado en la empresa Puertos de Colombia o Foncolpuertos, cuando con ocasi�n de la sentencia 12 de julio de 1994, que emiti� la ex Juez Laboral Myriam D�az de P�rez, que la conden� a pagar pensi�n de vejez al se�or Manuel Hereira Rodr�guez, en suma que desde entonces y al 2005, alcanzaron un total de $37.748.090.77, lo cual se sufrag� en esa cuant�a y per�odo por Resoluci�n N� 2325 de noviembre 10 de 1995, comprendiendo que la funcionaria aun cuando no ten�a la disposici�n material de dicho dinero, si ten�a la disposici�n jur�dica sobre los mismos, en raz�n de que la sentencia condenatoria por ella dictada, fue el veh�culo jur�dico para que un tercero sin derecho y probar sus pretensiones pensi�nales � demandante- reclamara y obtuviera el dinero aludido, al amparo de la ejecutoria de esa decisi�n, que cobr� ejecutividad, por eso en buena hora fue desestimada por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Pasto, mediante sentencia de segunda instancia de fecha 3 de marzo de 2004, cuando le toca revisar el fallo de primera instancia en ejercicio del grado jurisdiccional de consulta.
Se itera que, el delito de prevaricato por acci�n consolidado en la decisi�n de la ex funcionaria por manifiestamente arbitraria o grosera se encuentra actual prescrito, sin embargo, a la luz de la realidad ontica y presente, esta sentencia no puede quedar en el olvido como eslab�n o elemento de ponderaci�n, validamente por que exiti� y produjo unos nefastos efectos jur�dicos para el patrimonio p�blico, cuando por medio de ella se enriquece ileg�timamente el pretensor, lo que sucede es que el estado por el transcurso del tiempo perdi� la potestad sancionatoria por este delito; sin que el mismo sea expulsado del mundo fenomenol�gico o con la historia que guarda relaci�n, pero que sea la Corte, quien solidifique nuestros asertos: ��El argumento del apelante -seg�n el cual, una vez preclu�da la investigaci�n por el prevaricato por acci�n, se hace imposible juzgar y condenar por el peculado por apropiaci�n- conducir�a a concluir que el peculado siempre se comete a trav�s de un delito medio, -generalizaci�n que no es cierta- y que ontol�gicamente no se puede escindir la responsabilidad derivada del delito medio y del delito fin y que todos los punibles, de consuno, forman una gran unidad, �nico espacio en que se puede hacer el juicio de responsabilidad frente a dicha totalidad.
En el prop�sito de sacar avante su hip�tesis, el apelante pierde de vista que, una cosa es que no pueda continuarse la investigaci�n ni eventualmente imponerse pena por el posible delito de prevaricato por acci�n, por haber operado la prescripci�n de la acci�n penal; pero otra, muy diferente, es que las consecuencias derivadas de la ejecuci�n de las sentencias, queden por fuera del reproche penal.
El instrumento con el cual se cometi� el peculado por apropiaci�n en favor de terceros fue el conjunto de las sentencias en que se favorecieron las pretensiones de los demandantes en los procesos ordinarios laborales; pero el que no se pueda predicar la ilegalidad del instrumento - por prescripci�n de la acci�n penal - no conduce a que se niegue la existencia del delito producido con el uso del instrumento.
El razonamiento del recurrente, llevado a otra modalidad delictual a modo de ejemplo, conducir�a a afirmar que una vez prescrito el delito del porte ilegal del arma homicida es imposible sancionar el homicidio que se cometi� gracias el uso del arma cuya tenencia ilegal no se puede predicar por haber operado el fen�meno extintivo; lo cual raya en el absurdo.
Con la revocatoria de las sentencias ordinarias laborales por parte de la Sala de Descongesti�n Laboral mediante el grado jurisdiccional de consulta queda en evidencia que no estaban asistidas por el derecho, y por tanto los pagos que generaron constituyeron una defraudaci�n del erario p�blico; independientemente de que las decisiones sean calificadas de prevaricadoras o no. As� las cosas, se concluye frente a este punto que, el reconocimiento de la prescripci�n de la acci�n penal por el delito de prevaricato por acci�n en manera alguna inhibe al juez de pronunciarse respecto del delito de peculado por apropiaci�n, tal y como lo plantea erradamente el recurrente�� Igual que con el discurrir argumentativo de la Sala, el Tribunal de Pasto, concluy� que la pruebas supletorias no se abr�an paso, para demostrar los supuestos predicados en la demanda, en atenci�n a que para que sirvieran �stas de instrumentos v�lidos en ese prop�sito, se deb�a reparar en unos establecimientos f�cticos, que permitieran consultar que los archivos hab�an desaparecido o cuando no fuere posible probar con ello el tiempo de servicio conforme a lo previsto en el art�culo 15 de la ley 65 de 1946.
Respuesta a Los Alegatos Fiscalia y Parte Civil: Sobra hacer referencia a aquellos que vierten la Fiscal�a General de la Naci�n y el representante de la Parte Civil, porque son arm�nicos y nos exhiben conniventes argumentos, con diferentes matices normativos; pero que en el fondo son de recibo para la Sala, para estimar que se colman los requisitos del art�culo 232 de la ley 600 de 2000, para condenar a la ex Juez Myriam D�az de P�rez, por el delito de Peculado por Apropiaci�n a favor de terceros, ya que demostrado est� que su comportamiento sometido a debate forense es t�pico, antijur�dico y culpable, racionalmente porque tal como se moriger� en precedencia, la sentencia que emite manifiestamente contraria a la ley, sirvi� para que un tercero se apropiara de dinero estatal, lo cual no reviste hesitaci�n alguna, por haber impronta de ese suceso en los documentos, lesionando formal y materialmente el bien jur�dico de la Administraci�n P�blica, am�n que se hizo con voluntad y conciencia, como se revela del expediente laboral, dadas las tradiciones judiciales y cultura en derecho de la Dra. Myriam D�az de P�rez.
La Defensa T�cnica: Dentro del discurso y que sirvi� de soporte argumentativo para pregonar de la ex Juez Myriam D�az de P�rez, se conglobaron algunas respuestas a la defensa t�cnica, no compartiendo sus posturas jur�dicas, que a juicio de ellas desembocan en la absoluci�n por el cargo objeto de acusaci�n � Peculado por Apropiaci�n a favor de Terceros -.
La autonom�a de los jueces, se constituye en una prerrogativa constitucional y legal, que tiene por objeto la libertad de asumir el control del proceso, rituarlo y decidirlo, sin injerencia externa o interna mas all� de los postulados preestablecidos para tal fin. Pero eso no quiere decir que el Juez, no se encuentre atado al cumplimiento de unas reglas de argumentaci�n, que presuponen la coherencia y racionalidad- no arbitrariedad o capricho- con lo probado y con el referente normativo aplicable al caso concreto.
Porque la Exjuez acusada asume infortunadamente que el actuar que se revisa lo hizo al amparo de la autonom�a de los jueces de la Rep�blica, sin embargo, un escrutinio sobre el expediente ordinario laboral, nos ausenta el uso debido y a nombre del Estado, en la administraci�n de justicia, como expresi�n de su voluntad en la definici�n del referenciado proceso, por que dio por descontado el que el se�or Manuel Heredia Rodr�guez, hab�a cumplido los requisitos de edad y tiempo que exig�a el art�culo 1� de la ley 33 de 1985, vale decir tener 55 a�os de edad y 20 a�os al servicio de la parte demandada o sea de Foncolpuertos, a partir de unas declaraciones extrajuicio, que en principio no satisfac�an la pretensi�n como lo descubre la inspecci�n judicial, tanto que a la saz�n tampoco ten�an la virtualidad de dar por satisfechas el objeto de la demanda, por lo ampliamente visto en antecedencia, de situaciones similares se encarga la Jurisprudencia Penal: ��Entonces los jueces y los tribunales son aut�nomos e independientes para elegir la norma aplicable, para determinar como ser� aplicada, y para establecer la manera como habr�n de llenarse los vac�os legislativos encontrados con el fin de resolver en derecho el asunto sometido a su consideraci�n; pero en esta labor no les es dable apartarse de los hechos, dejar de valorar las pruebas regular y oportunamente aportadas, y desconocer las disposiciones constitucionales, porque la justicia se administra en relaci�n con los hechos debidamente probados, y los contenidos, postulados y principios constitucionales son criterios hermen�uticos de forzosa aplicaci�n �art�culos 6�, 29 y 230 C.P.-.� Es m�s, esta Corte tiene definido que en raz�n de la autonom�a y libertad de acci�n que se desprende del art�culo 230 constitucional, los jueces y tribunales no pueden, por ning�n motivo, aplicar la voluntad abstracta de la ley al caso concreto desconociendo los derechos fundamentales de las personas involucradas en sus decisiones, porque la normativa constitucional atinente a tales derechos prevalece respecto de la que organiza la actividad estatal y determina las distintas funciones de las autoridades p�blicas.
Otro aspecto que la jurisprudencia constitucional destaca, en aras de que la autonom�a e independencia de los jueces en la resoluci�n de los casos particulares sometidos a su consideraci�n sea entendida dentro del contexto constitucional que la establece, es el papel que la interpretaci�n judicial cumple en el acatamiento de las normas, entre �stas de las constitucionales, porque �sin desconocer que los asociados se encuentran sujetos en primer t�rmino a la ley- no se puede negar que los asociados perciben y acatan el ordenamiento desde la perspectiva en que �ste es aplicado por los jueces y los tribunales�� (Subrayado fuera de texto) Ello en sana consideraci�n de que los expuestos argumentos por la defensa t�cnica, a veces resultan anodinos en lo que se quiere probar, b�sicamente porque se pretende insinuar un yerro del fiscal, cuando alude a la ley 50 de 1886, d�ndole el cariz que �l no exhibe, haci�ndolo referir a la ley 50 de 1986, que tiene su raz�n y aprobaci�n para conmemorar los 450 a�os de Tunja, siendo que la citada por el acusador hace alusi�n a reglas o requisitos generales sobre concesi�n de pensi�n o jubilaci�n. Igual equ�voco nos presenta la defensa cuando concept�a que seg�n el art�culo 69 del C�digo de Procedimiento Laboral, para la �poca en que se emite la sentencia de fecha 12 de julio de 1994, por parte de la procesada en su calidad de Juez Primero Laboral del Circuito de Barranquilla, dentro del ordinario laboral, que promoviera Manuel Hereira Rodr�guez, no era obligatorio el grado jurisdiccional de consulta porque Foncolpuertos, no era de aquellas entidades reguladas en el aludido art�culo, se responde que este es un argumento sof�stico o inatinente al estimarse por la Sala, que si no se hubiese surtido la consulta, ello per se no ratifica que la actuaci�n de la ex Juez, sea leg�tima, ya que el expediente habla por s� solo e inclusive esto lo percibe un desprevenido lector que domine m�s o menos los vericuetos hermen�uticos o interpretativos de las glosas o normar jur�dicas, permiti�ndonos recordar en contrav�a de la valoraci�n integral de las pruebas, que supuestamente hizo la Ex juez, en criterio de la defensa, la figura del res ipsa loquitur tan de moda en la responsabilidad m�dica como forma de valoraci�n y de establecimiento de una negligencia. De otro lado, criticar a la parte civil porque hace alusi�n a los subrogados penales, a juicio nuestro, no es un esbozo que ofrezca la m�s m�nima atenci�n de la Sala, sabedora que se torna tal auspicio impertinente desde el punto de vista de las facultades de los protagonistas.
En cuanto a la autorizaci�n o no de las pruebas anticipadas a que alude la defensa, que en su sentir se encuentra clara y perfectamente reguladas en las convenciones colectivas de la empresa Puertos de Colombia, consideramos que ese t�pico no fue tocado en el proceso ordinario laboral de nuestro resorte, con todo porque el expediente nada dice y s�lo resulta plausible en la estrategia defensiva de la acusada, para mostrar que el proceder de �sta fue leg�timo, pero sabemos y as� lo dejamos sentado que equivoc� los cauces legales, que de suyo, eran ineluctables para cumplir con el sagrado deber de Administrar Justicia. Recordando que este argumento, de ser cierto, decae en su estabilidad cuando se registra descubierto en el marco del rituario procesal laboral, que no se repar� en las normas que apoyan y direccionan la ratificaci�n de unos testimonios extra proceso, en fin son insostenibles probatoriamente los asertos de la defensa t�cnica, tanto que dan paso a la fuerza de las pruebas de cargos para condenar.
Punibilidad Ahora, como la acusaci�n es por el punible de Peculado por Apropiaci�n, seg�n el art�culo 397 del Estatuto Penal, la pena de prisi�n oscila entre seis (6) a quince (15) a�os, o lo que es lo mismo, entre setenta y dos (72) y ciento ochenta (180) meses de prisi�n; y multa que al valor de lo apropiado. Fijado este marco, tenemos que los cuartos quedan en el siguiente orden: Primer Cuatro2.
Cuarto Medio3. Cuarto MedioCuarto M�ximo72-9999-126126-153153-180 Como quiera que el acusador dedujo en el pliego acusatorio la circunstancia gen�rica de agravaci�n punitiva contenida en el numeral 10, del art�culo 58, del C�digo Penal, anterior numeral 7 del art�culo 66, que guarda relaci�n con que la procesada actu� en coparticipaci�n criminal, de conformidad con los lineamientos del art�culo 61, por tener carencia de antecedentes penales, pues no lo registra la actuaci�n, se constituye en circunstancia de menor punibilidad, a la luz del numeral 1� del art�culo 55 ib�dem, nos ubicaremos en el primer cuarto medio, en el extremo m�nimo al cual se le incrementar� 12 meses m�s de prisi�n, acorde con la gravedad de la conducta, el da�o real o potencial creado, y la intensidad del dolo, atendiendo factores como el tracto sucesivo que implicaba cumplir con la sentencia que expidi� la ex Juez Myriam D�az de P�rez, en ejercicio de sus funciones y sin reparar en las consecuencias que por sus actos padecer�a el Estado colombiano, ajust�ndole una pena de prisi�n definitiva de 111 meses y multa equivalente al valor de lo defraudado que se estima para la �poca de los hechos en cuant�a $37.748.090.77., que depositar� a ordenes del Estado, secci�n o entidad recaudadora de multas.
Indemnizaci�n De Perjuicios Es cierto que toda conducta punible genera un perjuicio e igual es evidente que aquel sujeto o sujetos pasivos de esta se hace merecedor a una indemnizaci�n de orden material o moral de conformidad con los art�culos 45 y siguientes de la ley 600 de 2000, en armon�a con el art�culo 94 del C�digo Penal. En nuestro caso, el directamente perjudicado es el Estado, porque el atentado criminal que se le atribuye la Doctora Myriam D�az de P�rez, es el del Peculado por Apropiaci�n a favor de terceros, que tiene como bien jur�dico protegido a la Administraci�n P�blica, en la expresi�n de administrar justicia, sabedores que este Estado, se constituy� en parte civil, para reclamar el monto de los objetivos perjuicios que padeciera con ocasi�n de una pensi�n de jubilaci�n que reconociera esta funcionaria en calidad de Juez Primera Laboral del Circuito de Barranquilla, dimension�ndose el monto de lo pagado por este concepto al se�or Manuel Hereira Rodr�guez, la suma de $37.748.090.77., los cuales deber� cancelar �sta procesada a la representante de la Parte Civil, que lo es la Unidad Administrativa Especial de Gesti�n Pensional y Contribuciones Parafiscales de la Protecci�n Social � UGPP-, con las correcciones e indexaciones a que haya lugar desde su pago y hasta cuando se haga efectiva esta determinaci�n. Mecanismos Sustitutivos De la Pena Teniendo en cuenta que la pena a imponer supera los treinta y seis (36) meses de prisi�n, ning�n objeto nos brinda tales esclusas para estudiar el factor subjetivo, contenido en el art�culo 63 del C�digo Penal, para conceder a la procesada la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, por lo que se negar� este subrogado penal.
Igual suerte corre con la concesi�n de la prisi�n domiciliaria porque que el delito por el que se procede � Peculado por Apropiaci�n -, es de aquellos que tiene como pena m�nima de prisi�n m�s de 5 a�os, resultando inane estudiar los dem�s aspectos solicitados en el art�culo 38 del C�digo Penal, que regula esta figura. Por lo tanto y para los fines de la pena, teniendo en cuenta que sobre la procesada recae medida de aseguramiento, sin beneficio de libertad provisional, con orden de captura vigente, se reiterar� esta para que se coloque a ordenes de este Tribunal. En consideraci�n a lo expuesto precedentemente esta Colegiatura, administrando Justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley,
RESUELVE
Primero: Condenar a la doctora Myriam D�az de P�rez, de condiciones civiles conocidas en autos, a la pena de prisi�n de ciento once (111) meses de prisi�n, e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por el mismo t�rmino de la pena principal impuesta y multa por el valor de lo apropiado, equivalente a $37.748.090.77, por haber sido hallada responsable del punible de Peculado, del cual resultara v�ctima el Estado.
Segundo: Denegar la condena de ejecuci�n condicional y la prisi�n domiciliaria a la Doctora Myriam D�az de P�rez, por lo expuesto en la parte motiva de esta providencia. Tercero: Condenar a Myriam D�az de P�rez, al pago de perjuicios del orden material y moral, a la suma de $37.748.090.77., los cuales deber� cancelar �sta procesada a la representante de la Parte Civil - Unidad Administrativa Especial de Gesti�n Pensional y Contribuciones Parafiscales de la Protecci�n Social (UGPP)-, con las correcciones e indexaciones a que haya lugar desde su pago y hasta cuando se haga efectiva esta determinaci�n. Cuarto: Tal como se anot� se reiterar� la orden de captura a la procesada Myriam D�az de P�rez, para que se coloque a ordenes de este Tribunal.
Quinto: Dese cuenta de esta decisi�n a las autoridades pertinentes, una vez quede ejecutoriada esta decisi�n. Sexto: Ejec�tese lo dem�s de Ley. Septimo: Contra la presente sentencia procede el recurso de apelaci�n. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE JORGE ELI�CER CABRERA JIM�NEZ Magistrado LUIS FELIPE COLMENARES RUSSO JORGE ELI�CER MOLA CAPERA Magistrado Magistrado Con Salvamento De Voto Parcial JOSEFA JIM�NEZ DE GONZALEZ Secretaria En sentido similar: Sentencia, octubre 2/97, rad. 11.657.
M.P. Juan Manuel Torres Fresneda. Sentencia noiembre 12/97, rad. 9887. M.P. Ricardo Calvete Rangel. Sentencia, noviembre 3/98, rad. 10.778, M.P. Fernando Enrique Arboleda Ripoll. Sentencia del 6 de marzo de 2003, radicado 18021 M.P. Marina Pulido de Bar�n. Folio 53 y 54. Cuaderno Anexos o Proceso laboral. Art�culo 7,8 y 9 de la Ley 50 de 1886. La prueba supletoria es tambi�n admisible cuando se acredite de un modo satisfactorio que no se puede establecer oportunamente prueba escrita y las razones por las cuales esto sucedi�. Folio 45.
Cuaderno Anexo o Proceso Laboral. Folio 47. Ib�dem. Folio 271. Cuaderno de Fiscal�a � Acusaci�n. Sentencia del 10 de marzo de 2010, radicado 33.435, M.P. Jos� Leonidas Bustos Mart�nez. Sentencia SU120/03, M.P. �lvaro Tafur Galviz Art�culo 188 Ley 600 de 2000. Rad. 08-001-22-04-000-2010-00237-00 Procesado: Myriam D�az de P�rez Delito: Peculado por Apropiaci�n por Favorecimiento a Terceros Agravado. PAGE 3 REP�BLICA DE COLOMBIA DISTRITO JUDICIAL DE BARRANQUILLA TRIBUNAL SUPERIOR SALA PENAL #/CD���������������˲���rYG2G2(h�mEh�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH 0h�@�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH nH sH tH 0hxFvh�K_CJOJQJ^JaJmH nH sH tH (hxFvh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJOJQJ^JaJmH sH 0h�~h�K_CJOJQJ^JaJmH nH sH tH *h�K_CJOJQJ^JaJmH nH sH tH hxFvh�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJOJQJ^JaJ$D���������WX�����������������$�dh��^�a$gd�;Y$�dh��^�a$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�;Y $dha$gd�;Ydhgd�;Y $dha$gd�;Y$a$gd�;Y����* @ B � � � WXh}�������w �ӻ�����u�u\����Ku:�:� h+@�h�K_CJ OJQJ^JaJ h�z@h�K_CJ^JaJmH sH 1h�z@h�K_5�>*CJOJQJ\�^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h-B�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH h�K_CJ OJQJ^JaJ h-B�h�K_CJ OJQJ^JaJ.h�mEh�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH .h�!�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH �w x � � � h������ L��������������������dhgd�;Y$�Sdh`�Sa$gd^�$�Sdh`�Sa$gd�;Y $dha$gd�;Y $dha$gd�;Y$���dh��^�`��a$gd�-w x � � � � ������ ��C!D!�"�"�%�%!'"'�(�(../.!0"0�2�25464�Կ����{Ԡ�j�Y�Y�j�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y�Y h+=h�K_CJOJQJ^JaJ h+=h�K_CJOJQJ^JaJ&h�,!h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ h�,!h�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ )h�,!h�K_5�>*CJOJQJ\�^JaJ&h�!�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ.h�,!h�K_5�CJOJQJ\�^JaJmH sH "�C!D!�"�"�%�%!'"'�(�(J*../.!0"0�2�25464�47787�9�9�<�>��������������������������$�Sdh`�Sa$gd� G$�Sdh`�Sa$gd�&647787�9�9�?�? AAA+A�C�C�F�F0H1H�L�L9R:R;RLR>S?S�S�S�T�T,W-W9Y:Yt\u\D_E_�`�`vb�������̺�������r����������������)h�,!h�K_5�>*CJOJQJ\�^JaJ hk$h�K_CJ OJQJ^JaJ h+=h�K_CJOJQJ^JaJ h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ #h�K_5�>*CJ OJQJ\�^JaJ )h+=h�K_5�>*CJOJQJ\�^JaJ h+=h�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ '�>�?�? AAA+A�C�C�F�F0H1H�L�L:R;RLR>S?S������������������� $dha$gd+=$�Sdh`�Sa$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd<�$�Sdh`�Sa$gdk$dhgd+= $dha$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd� G?S�S�S�T�T�U,W-W9Y:Yt\u\D_E_�`�`vbwb�b�h�hOkPk�l�lkolo�������������������������� $dha$gd+=$�Sdh`�Sa$gd�;Yvbwb�b�h�hOkPk�l�lkoloWqXq�r�r�r�r�r�rs%s�s�t��ͼͫͼͼͼ͚�u�aL:L:"h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (hz�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH &h�!�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ&h�!�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ h�Sh�K_CJOJQJ^JaJ h�:�h�K_CJ OJQJ^JaJ h+=h�K_CJOJQJ^JaJ h+=h�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ &h+=h�K_5�CJOJQJ\�^JaJloWqXq�r�r�r�r�s�t�tbucu�v�v�x�x�{�{||�|�~���������������������$��dh`��a$gd��$��dh`��a$gd�;Y $dha$gd�!� $dha$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�;Y�t�tbucurv�v�v�v�v�v�x�xlz�z�z�z�z�z�ze{f{s{�{�{�{||�|�|q~�~�~�~�~�����������ٰ�������������ٍu`u`�(h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH .h�>�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH (h��h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH h�K_CJ OJQJ^JaJ h�~Vh�K_CJ OJQJ^JaJ.h {h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�,!h�K_CJOJQJ^JaJmH sH !�~�~K�L������6����;�������(�����į��lV?V?V?V?V?V-h$kh�K_6�>*@���CJOJQJ]�^JaJ*h$kh�K_6�@���CJOJQJ]�^JaJ$h�K_6�@���CJOJQJ]�^JaJ.h�Sh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH .h$kh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h��h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH �~K�L�������P�������ziX&���T�]��^�T`�gd$k$ �0���*$]��a$gd$k$ �0����T���*$]��^�T`���a$gd$k$ �0��������*$]��^��`���a$gd$k$$ ���|��dh]�|^��a$gd$k $$dha$gd$k$$�|��dh]�|^��a$gd$k $dha$gd$k$��dh`��a$gd�;Y ��N�O�P�Q�R�v�w�����>��G����ȰȰ�w�bP;P(h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH >jh_�h�K_0J6�>*CJOJQJU]�^JaJmH sH 1h_�h�K_6�>*CJOJQJ]�^JaJmH sH .h�Sh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH .h$kh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH %jh$kh�K_0JOJQJU^Jh$kh�K_OJQJ^JP�Q�R�v�w������ƒ�h�����T�l���i�j�������������������$ ����dh]���a$gd�>�$�Sdh`�Sa$gd�� $dha$gd$k$$��dh`��a$gd$k$$�|�8dh]�|^�8a$gd$k$$��`��a$gd$k$$a$gd$kG��������R�T�������l��������ӻ��ө�|�cM5.hm~�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH +h�K_6�>*CJ OJQJ]�^JaJ mH sH 1h�sCh�K_6�>*CJ OJQJ]�^JaJ mH sH (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH.h�sCh�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH.h�Sh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH.h�sCh�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH ������Ŗ̖�������A�F�f�i�j��c���˺ˣ��{f{UD�3 h� �h�K_CJ OJQJ^JaJ h�>�h�K_CJOJQJ^JaJ h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ )hm~�h�K_6�>*CJ OJQJ]�^JaJ &hm~�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ &h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ,hm~�h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ hm~�h�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_CJ OJQJ^JaJ (hm~�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH j�c�d���B�C���� ��ΦϦ�������������{$��dh`��a$gdNg$��dh^��a$gd;�!$���dh^�`��a$gdNg!$�dh^�a$gdNg!$���dh^�`��a$gdNg$��dh`��a$gd�;Y $dha$gd�S$ ������dh]���`��a$gd�>�c�d���� ��ΦϦ����ʫ}�~�ҰӰ?�@�U�]����'�)���ԿԿԿ���ԀԿԿ�eԿ�eM�.h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH 4hPL�h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH (h��h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h;�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH 1h�Sh�K_6�>*CJOJQJ]�^JaJmH sH ����}�~�ҰӰ?�@��������������_�������������������������$����dh]��^��a$gd;�$�Sdh`�Sa$gdk'�$�Sdh`�Sa$gd`U� $dha$gd9;9$�Sdh`�Sa$gd��������������;�A�M���������뾦뎾s[�F1(h;�h�K_CJOJQJ^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH .h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH 4hk'�h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH .h��h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH .h`U�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH 5jh�K_0J6�CJ OJQJU]�^JaJ mH sH (h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH ������������2�����F�l�r�t����������������{�c�N�N�6�6�/jh�K_0JCJ OJQJU^JaJ mH sH (hc'�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH .h�~�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH 1h�.!h�K_6�>*CJ OJQJ]�^JaJ mH sH (h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH .h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH .h;�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH ���������y����������h�G�H����������>��������������������!$ &Fdha$gd"*�!$��dh^��a$gd"*�$�Sdh^�Sa$gd;�$�Sdh`�Sa$gdm~�$�Sdh`�Sa$gd`U�$�Sdh`�Sa$gdk'������������������ �� ���������h��!�G����խ����h�����h�S�B h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ )hDm�h�K_6�>*CJ OJQJ]�^JaJ 9jh�2;0J"6�>*B*CJ OJQJU]�^JaJ ph�6hm~�h�K_0J"6�>*B*CJ OJQJ]�^JaJ ph�h�2;jh�2;U&hm~�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ &h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ,hm~�h�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ &h�Sh�K_6�CJOJQJ]�^JaJG�H����0�;���������>���������������м���}��iRi8*�h�K_CJOJQJ^JaJ3jh�/�h�K_0J6�CJ OJQJU]�^JaJ,h�/�h�K_5�6�CJOJQJ\�]�^JaJ&h�/�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ-jh�K_0J6�CJOJQJU]�^JaJ h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ,h"*�h�K_5�6�CJOJQJ\�]�^JaJ&h"*�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ h;�h�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_CJ OJQJ^JaJ h�Sh�K_CJOJQJ^JaJ>����� � �c�d�������V��������������zzk$��dh`��a$gd�;Y$����d�]��^��a$gd�3G$ ��!�3�Sdh]�3`�Sa$gd_�$ ��!�3�Sdh]�3`�Sa$gdC+�$��dh]��a$gd=4�!$����dh]��^��a$gd=4�!$��Sdh^�`�Sa$gd�/�!$��dh^��a$gd"*����� � �b�d���� ���������~��������ʶ�ۥ�ۃ�nVn;V5jh�K_0J6�CJOJQJU]�^JaJmH sH .h�3Gh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH h�Sh�K_CJOJQJ^JaJ h��h�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ &h=4�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ h�K_6�CJOJQJ]�^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ,h� Hh�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ ��������Z�]�^�_�`�`alz���٬�|���dO7.h�!�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH .h�Sh�K_5�CJOJQJ\�^JaJmH sH 5jh�K_0J6�CJOJQJU]�^JaJmH sH (h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH .h[H-h�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH ��������� �����O�P�����5�6�_�`�`az{��������������������$��dh`��a$gd�>� $dha$gd�#*$a$gd�#*gd�#*$���T]��^�Ta$gd�#*$��dh`��a$gd�;Yz{�����; < B�ѿ��}�h�S;#/h�+`h�K_6�B*CJOJQJ]�^JaJphCCC/h�+`h�K_6�B*CJ OJQJ]�^JaJ phCCC(h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH .h��h�K_5�CJOJQJ\�^JaJmH sH (h��h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH .h�>�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH +h��h�K_>*CJOJQJ^JaJmH sH {����2; < ����JKCD�����������������������#$a$gd_�#$���T]��^�Ta$gd_�$��dh`��a$gd_�$��dh`��a$gd�;Y$��dh`��a$gd�� $dha$gd�>�B�),-.JKCD!X�ι���saLa1a4h�fh�K_5�6�CJ OJQJ\�]�^JaJ mH sH (h��h�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h_�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH )h_�h�K_B*CJ OJQJ^JaJ phCCC6jh�K_0J6�B*CJ OJQJU]�^JaJ phCCC)h�K_6�B*CJ OJQJ]�^JaJ phCCC/h�+`h�K_6�B*CJOJQJ]�^JaJphCCC2h_�h�K_6�>*B*CJOJQJ]�^JaJphCCCXj�����������E ���ٯٗ�jQ�<*"h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH 1h i�h�K_5�>*CJOJQJ\�^JaJmH sH .h�!�h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH (h i�h�K_CJOJQJ^JaJmH sH .h�Sh�K_6�CJOJQJ]�^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH (h�Sh�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH (h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ mH sH ���������+!,!-!w!x!y!�!�!����������������dh$Ifgdm~�dhgd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�;Y$ �0��Sdh*$`�Sa$gd�;Y$�S`�Sa$gd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�;Y$��dh`��a$gdk~�$��dh`��a$gd�;YE F s x � � � � +!,!-!G!f!v!w!x!y!�!�!�!�!�!�!�!�!�!�!�!�!��������ʼ������uauauauaZ�a�h�+?h�K_&h�+?h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ h�+?h�K_CJ OJQJ^JaJ &h�O�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ h�_�h�K_CJ OJQJ^JaJ hD�h�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_CJ OJQJ^JaJ $h�Sh�K_@���CJOJQJ^JaJh�K_@���CJ OJQJ^JaJ $hD�h�K_@���CJ OJQJ^JaJ �!�!�!�!�!�!�!��SD55$dh$Ifa$gdm~�$dh$Ifa$gd�<�kd$$If�l����\��,�L�!���� t��0�������6���������������������4�4� la���dh$Ifgdm~��!�!�!�!�!�!�!�!�!�!�!�"�"�"�&�&�&�&�&������ɵ�����kZF/,h i�h�K_5�6�CJOJQJ\�]�^JaJ&h_�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ &h_�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ&h�7�h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ h�Sh�K_CJOJQJ^JaJ h 2Zh�K_CJOJQJ^JaJ&h i�h�K_6�CJOJQJ]�^JaJ h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ h�+?h�K_h�K_CJ OJQJ^JaJ h�<h�K_CJ OJQJ^JaJ �!�!�!�!�!�!�RJ>/$�Sdh`�Sa$gd�;Y�Sdh`�Sgd�;Ydhgd�;Y�kd�$$If�l��\��,�L�!���� t��0�������6���������������������4�4� la���$dh$Ifa$gdm~��!�!�&�&�&�&�&�'�'�+�+,,,W-�.�.�/�����������������$�Sdh`�Sa$gd�!�$�Sdh`�Sa$gd�!� $dha$gd�S$�Sdh`�Sa$gd�;Y�Sdh`�Sgd�;Y$�Sdh`�Sa$gd�!�dhgd�z�$�Sdh`�Sa$gd�;Y�&�'�'�(�(�+�+,,,�.�.�/�/�/-0.0������r�^M�< h��h�K_CJ OJQJ^JaJ h�!�h�K_CJ OJQJ^JaJ 'jh�K_0JCJ OJQJU^JaJ h�Sh�K_CJOJQJ^JaJ&h i�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ&h�!�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ &h�Sh�K_5�CJOJQJ\�^JaJ h�K_6�CJ OJQJ]�^JaJ h_�h�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ �/.0c0d0"2#2�2�2�4�455�5�5�5�5�5�5 6 6������������������� $dha$gd�)�$�dh��^�a$gd�;Y $dha$gd�)� $dha$gd7y� $dha$gd�;Y�Sdh`�Sgd�!�$�Sdh`�Sa$gd_�.0Y0a0c0d0v0�0171"2#242�2�2�2�2�23���멛��yh�T?.�. h��h�K_CJ OJQJ^JaJ (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH &h i�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJ h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ h i�h�K_CJOJQJ^JaJ h�mEh�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_CJ OJQJ^JaJ "h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH.h�!�h�K_5�CJOJQJ\�^JaJmH sH.hP4h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH 3�4�4�4�4�455$5�5�5�5�5�5�5�5�5�5�5 6���������o^M<� h��h�K_CJOJQJ^JaJ hHU�h�K_CJ OJQJ^JaJ h7�h�K_CJ OJQJ^JaJ &h5]h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ (h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ mH sH (h_�h�K_CJOJQJ^JaJmH $sH $ h_�h�K_CJOJQJ^JaJ"h�K_CJ OJQJ^JaJ mH sH h�K_5�CJ OJQJ\�^JaJ h�)�h�K_CJOJQJ^JaJh�K_CJ OJQJ^JaJ 6 664656667686�6�6�6�677&7'7(7888h8i8j8k8��ȷ����ve�Tv�vHD>HD>HD h�K_^Jh�K_jh�K_0JU^J h�)�h�K_CJOJQJ^JaJ hZ&:h�K_CJ OJQJ^JaJ h�K_CJ OJQJ^JaJ h{#h�K_CJOJQJ^JaJ h�)�h�K_CJOJQJ^JaJ h��h�K_CJOJQJ^JaJ h�)�h�K_CJOJQJ^JaJ h�O�h�K_CJ OJQJ^JaJ (h�)�h�K_CJOJQJ^JaJmH sH "h�K_CJOJQJ^JaJmH sH 66)64656667686�6�6�6�6777'78i8�8�8�9�9�9�9�����������������������gdI"8gd$k d��gdZ&: d��gd�;Y$d��a$gd�;Y $dha$gd�;Yk8�8�8�8�8�8�8�8�8�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9�9L:M:N:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:=;>;?;@;��������������������������������������������ހjh��0JU2h�,!h�K_5�CJ OJPJQJ\�^JaJ mH sH 0h�X�h�K_CJ OJQJ^JaJ mH nH sH tH h�X�h�K_CJ OJQJ^JaJ h�2;^Jjh�2;U^Jh�2;h�K_jh�K_0JU^J h�K_^Jh�K_mH sH 0�9M:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:�:=;>;?;J;K;L;b;���������������������$a$gdm~��h]�hgdm~� ����&`gdm~� $�a$gdm~�$a$gd�X� d��gd�;Ygd_�gd�#*@;F;G;H;I;J;K;L;b;c;d;�;�;�;�;�;�;�;������ӽ��v��`��Rh�K_CJ OJQJ^JaJ *he�h�K_5�CJ OJPJQJ\�^JaJ $h�K_5�CJ OJPJQJ\�^JaJ *h4A�h�K_5�CJ OJPJQJ\�^JaJ;j$h�TWh�TW5�CJ OJPJQJU^JaJ mHnHu*h4A�h�K_5�CJ OJPJQJ\�^JaJ h�2; h�K_^Jh�K_0J^Jh�TW0JmHnHujh��0JU h�K_0Jb;d;�;�;�;�;�;�;�;��������$d��a$gd�;Y$a$gdm~�$a$gdm~�9 0&P�1�h:p+=��/ �"I!��"��#��$��%��������$$If�!vh#v�#v�#v�:V�l�� t��0�������65��5��5��a����$$If�!vh#v�#v�#v�:V�l t��0�������65��5��5��a���� Ddf���� � ��d��A�?�������escudoImagen 1escudo"����b�j���swѰ����{��[��h#n�j���swѰ����{��[��PNG IHDR�wl�sRGB���gAMA���a cHRMz&�����u0�`:�p��Q<0PLTE���������������������������O&I pHYs!�!�����IDATh��ϋ�����Q��I�-�έ�ӱ���hM��Rh/=��T�`� A��K��&�=��� �2�j�^�o��)�-{���y^i�,�w^OR ��L�����>?�W�#%��C�?vlL����{��D-)�_���XI�L!%U=CўB�ޛagRz$]R�j�.���v�ɨ�Y_�� XO��ד��M�0�+즦i>��P<<I�)��WI �]�~���W���a]�@����;}m����R�,ܛ)�f�}E�b� Fx��# ��bd8�>����F�og ���@��&6� ���4j����>�u�b�Q�ά��rl�a��y )��KA�Ͻ����J�bctP*-�}�q>�u�nW����ƔjΜc���g��c�lJ+�LZF!��|Jw�X^a�1�Q��� a�rlj�Uz�&DNACv$I{�q%OQ�L_;��SA����.�5I��E_ i}x��b�΄$9�BG�j;iq�yÍ]�,� pl��pTw����g+�~��?��m�bf�5o�6c93q��wpb9 �A�.��T��jϜ��u0_J�ʋ�]��$�I�!u��כQ bS,$�h,�:/�ν�1! �0�qzʥǦ�DjS��K�B6���p�25�C} �I�=�6O���������Ӟ6.��eB<��!�����)W�c,2� "�䄐�y���h�)�sFXwxdW]��i�v�np�s�-E�m���R�и^&�lE#�Y1��4vϵ]���߄t� Y��&r�'��e.�ԃ�����\�t5vF�Dǧ�;dL���%��I��5���G����u��$ M�c�x�N�$��x`g�{�BN58V�HL�wx#�^�RH�. ��^�v��A�!�0րd��2u� ��=�^�t��j\%F ̬�A�a�N��g`�{����ع�t�*�k�bĕ�-��(��4<�'��.����>���u��@J9������Z�ׇQ~��8�k� ��'�z�+2O�kL���!$m�6��aA����6;���C����.5�제�@��}y�� )�f>8��I�ٴ����!�؍@m���׆� � ��N'v��ټT�^L_��*&b!���9��'�b������F�a�o-�z1�H͗�i�6��Ʀ.�}C�����k� (����(�oNL�CF�%��;� �sﳃw��ok���m�؉l��+�B'����g�=Y0�~��6��O7l����V3*YS�2�b�jp�^�ܲ�R�`��o+YG����o_\Z���j���ňA{�y˞��!�}I�$r�\h��X&�%F.m �c�:T��k�sH�G$��F��0��Hb�Q-V�r�M�$,b�Ɋޙ�ǃ��'�;tC{���$���`qDi�P;�֏�0$�ADE��� Eېe��>���'(�V&07� ���c����ا�F�O�7�G���m3-CT�/������6d�cXky�G������}<wn}K���to�����l�cOh����i�駲T8jbO��G�Q� ��.-��3P ��j��|{�~�!�d��ͱ�,J{�2�˰����nB�ma���0ٺ�����G�3�&��V���gQ�ƃc톍��O�j�oǀ]:���bKh��Gnه�5!��WX��t}��Ɉ7�e#����\�n��.PU�?��r�X&t�n�3}���9�:��;��_g���=������9UݝcsC�EF�V��$^�� ������c��p���f1��R;8�ڱ�g�4��F��C�2L����Ƥ��%���-Lx���%�#9v,b�L�u�'���O���Q%U]<D�J�_Q;#~�%�Y��~���`?S��[0K3��tqp!Ao���<�T�X��~+2|CDl�0Y4/3�D �y➨�b���.�>Do��z�a]��,~�m3�I,��)�.2�l&���^$�8�w\������Ѭ+�d��#+�J£�b����b�+O#4���������HY��@��r�j�b����h�����C�=���!�8ޓS���'�R!�x����p�T��ϐd-앷���6�E��={�-�[��S;�zj�=��&X�d#�[��8�*�m[B�6�h�Z*�ڀm�P�)�u��}�W��� �uq>�z`�j婪.���O86�iZBt�6��t|0��ܭa��Mf��|V_��A���4�|�P�{ ��Y� V�9R��H��1ZP.UFy�:��3���8ȍ�rU� �t�˜���"��sÊ��b벘�'[��CU���R�����`��&�n���r+jU�UʕTB�9 R.}������C� ��Pf���%�zFPVV|H�]�����A+��}̎` R i�Uh���M�4���r�~ ���2G�r �$�Ҷ���R0hfXۥ����� �y�=W[�;K��8M%�`Or��i$I����5z}l1��[�FH>h^����DJW�W�Űz�}�1 t_헊�إ�m"d�֓5��l$��G]���f���1���� �~����a�o`�e�N�a��Apw�V���|��o��c�.!�,���w�� �P�~*ȅ>X����g��q�A-Y�t���=����p�A5���M��7H-�����Z�*,;����"h�1�Yw��ao�x|w�.���\7�N��=��X_c�r�W6ɏ?���_�=x�f�3�a����Ё�~'�V��Ͱ��Vtnj�@�rQ,nZ܉�骶}c�C�o%w�Ú���X���X�K��oX��dS�zA��o�Z�����7��EX�}<�o�`�9���z��9o�AO�r�⍢���鷂TQlL� `�e,T���^����`����b����#IEND�B`� 's 666666666666666666666666666666666666666666 6666666666 666666666666 6666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666666662����&6FVfv������2(��&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv������&6FVfv��8X�V~�������� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@�� 0@ OJPJQJ_HmH $nH $sH $tH $R`��R�;YNormald�� CJPJ^J_HaJmH $sH $tH $NA`���N Fuente de p�rrafo predeter.Ri@���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin listaJ@�J�;Y0Texto nota pied��CJaJT�/��T�;Y0Texto nota pie CarCJOJQJ^JaJtH $B&`��B�;Y0Ref. de nota al pieH*F@"F�;Y0 Encabezadod���C�"D�/��1D�;Y0Encabezado CarOJQJ^JtH $L @BL�;Y0 Pie de p�ginad���C�"J�/��QJ�;Y0Pie de p�gina CarOJQJ^JtH $R�`��bR�;Y0 Sin espaciadoCJ^J_HaJmH sH tH V�/��qV�;Y0Texto independiente CarOJQJ^JtH NB@�N�;Y0Texto independiente�xPJtH:�/���:�,�0Body Text Char1PJX�/���X�;Y0Texto independiente Car1OJQJ^JtH $PP@�P�;Y0Texto independiente 2d��xZ�/���Z�;Y0Texto independiente 2 CarOJQJ^JtH $l�O�l�;Y0P�rrafo de lista1d��^�� CJOJQJ^JaJmH sH tH 8)@��8�;Y0N�mero de p�ginaV��V �;Y0Texto de globod��CJOJQJ^JaJT�/��T�;Y0Texto de globo CarCJOJQJ^JaJtH $@�@@qT�0P�rrafo de lista!^��<U`��!<m~�0Hiperv�nculo>*B*ph�V^@2V=s0Normal (Web)#d��CJPJaJmH sH tH RC@BR%$k0Sangr�a de texto normal $�x^�R�/��QR$�]�0Sangr�a de texto normal CarPJ�T@b�$k0Texto de bloque)&d���0�*$]��^��`�0�a$&6�@���CJOJPJQJ]�^JaJtH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6_rels/.rels���j�0���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml�M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!����Ptheme/theme/theme1.xml�YOo�6��w toc'vu�ر�-M�n�i���P�@�I}��úa��m�a[�إ�4�:lЯ�GR��X^�6؊�>$���������!)O�^�r�C$�y@�����/�yH*��)�����UDb�`}"�qۋ�Jח���X^�)I`n�E���p)���li�V[]�1M<������O�P��6r�=���z�gb�Ig��u��S�eb���O������R�D۫����qu �g��Z����o~ٺlAp�lx�pT0���+[}`j�����zA��V�2�F���i�@�q�v�֬5\|��ʜ̭N��le�X�ds���jcs����7����f���� ��W���+�Ն�7����`���g�Ș��J���j|��h(�K��D-���� dX��iJ�؇(��x$(��:��;�˹!�I_�T��S1�������?E��?������?ZBΪm���U/������?�~����xY����'���y5�g&/����ɋ�>���G�M�Ge���D�����3Vq%'#q�����$�8��K�����)f�w9:ĵ�� x}r�x����w���r�:\TZaG�*�y8I�j�bR��c|XŻ�ǿ�I u3KG�nD1�NIB�s��� ��R��u���K>V�.EL+M2�#'�f��i~�V��vl�{u8��z��H� �*���:�(W�☕ ~��J��T�e\O*�tHG��HY��}KN��P�*ݾ˦���TѼ�9/#��A7�qZ��$*c?���qU��n��w�N��%��O��i�4=3ڗP�� ����1�P�m\\9���������Mؓ�2a�D�]�;Yt�\����[x������]�}Wr��|�]��g-��� eW� �)6-r��CS�j�� i�d �DЇA�ΜIqbJ#x�꺃6k���#��A�Sh��&ʌt(Q�%��p%m��&]�caSl=�X�������\P�1�Mh�9�M��V�dDA��aV�B��[݈fJ�íP|8�քA�V^��f �H��n���-��"�d>�z���n��NJ� �ة�>�b���&����2��v����Kyϼ���D:����,AGm��\nz��i�Ù��.uχYC�6�OMf��3o�r��$��5�����NH�T[XF64�T,ќ���M0�E)`#�5�XY�`�פ;��%�1�U�٥m;���R>QD����D�cp�U�'��&LE�/p���m���%]�����8fi��r�S4�d7y\�`�J�n���ί�I�R���3U�~7+���#��m�q�BiD����������i*�L6�9��m�Y&�����i���HE��=(K&�N!V��.K�e�LD�ĕ�{D ����vEꦚde��NƟ��e�(�MN9ߜR�6����&3(��a����/D��U�z�<�{ˊ�Y��ȳ����V���)�9�Z[��4^n��5���!J��?��Q�3�eBo�C����M����m<�.�vp�����IY�f���Z�Y_p�[�=al-�Y�}Nc͙���ŋ4vfa��vl����'S���A�8�|�*u�{��-�ߟ0%M0�7%����<���ҍ���PK! ѐ��'theme/theme/_rels/themeManager.xml.rels��M �0���wooӺ�&݈Э���5 6?$Q�� �,.�a��i����c2�1h�:�q��m��@RN��;d�`��o7�g�K(M&$R(.1�r'J��ЊT���8��V�"��AȻ�H�u}��|�$�b{��P����8�g/]�QAsم(����#��L�[������PK-!����[Content_Types].xmlPK-!�֧��60_rels/.relsPK-!ky���theme/theme/themeManager.xmlPK-!����P�theme/theme/theme1.xmlPK-! ѐ��'� theme/theme/_rels/themeManager.xml.relsPK]� <?xml version="1.0" encoding="UTF-8" standalone="yes"?> <a:clrMap xmlns:a="http://schemas.openxmlformats.org/drawingml/2006/main" bg1="lt1" tx1="dk1" bg2="lt2" tx2="dk2" accent1="accent1" accent2="accent2" accent3="accent3" accent4="accent4" accent5="accent5" accent6="accent6" hlink="hlink" folHlink="folHlink"/>N�������������]�,�'�3�Bv�Z���&[{~�3� ���� ����w 64vb�t�~��G���c������G�����zBXE �!�&.03 6k8@;�;�������������������������������>?Slo�~P�j�����>���{��!�!�!�/ 6�9b;�;��������������������������������3X���X������!�����T� #�����@���������H ��0�( � ����0�( � ��B �S���� ?���BM55BM60BM229E������3E������3&/�2?3I3b3c3�3&/�2?3I3b3c3�3&/�2?3I3b3c3�3�Z� ������������p�1��P���������������^��`���o(.�����^��`���.�[ �L�^�[ `�L�.�+ ���^�+ `���.�����^��`���.���L�^��`�L�.�����^��`���.�k���^�k`���.�;�L�^�;`�L�.�����^��`���o(.�����^��`���.�� �L�^�� `�L�.�\ ���^�\ `���.�,���^�,`���.���L�^��`�L�.�����^��`���.�����^��`���.�l�L�^�l`�L�.�p�1�Z��������������XM NbX� �0�s�0�s���^g$k�l�e�~�3�\� �6 �G �S�i �A�UK+��z��?�S=s {��$�|�2�4�&2��g�,!�.!["�#{#k$c|&�&� *�#*<[*�+�G+�-[H-�f.�O0P4�06*96�R6�7I"8".89;9�_9Z&:�2;l{;�<+=Z#?�+?�z@�"C�nC�sC�EQE�mE�=F� G�3G� H�H<J1Mi]M�N�NAGU�VyPV�~V�TW�X�!Y�;Y 2Z�Q\�V\8]�]5]=7]�K_�+`�b.d�e�*e0Ce{f�f wfNg@Si�YiD?jLj�k�uk�.l�noQo�pu>p�wqvr<r�ms�KtxFv�zS_zR{nq{C`~�.����&��Z� ��)�qT����O��^��U�C�;�c'�-n�-B�7��z�u���w�fk�7y����,�PL�����m~�=4��G������!��,�<���2�D� v�Q.�[S��_�zm��,��%�)6�4A�/J�;����(�Z�&.�<*�k6��g�4�gn�`U�,s��]��H�Dm���HU��:��Z�� �k'����X�~��A�K4��O�^�z�M�+��/��B� i����`�� ��r��O�%�C+�e��H��~��"*��>��@�_�th�G��7�+@�����|�I'�0+�<Y�^m�d�_�k~������:�'/)/�@��3�@��Unknown������������ G��*�Ax� �Times New Roman5��Symbol3.��*�Cx� �Arial;.�Agency FB9���GaramondI�Arial Unicode MS7.�����@�Calibri5&�*a��TahomaA�Cambria Math"1�����e��e�ƪG�.�)�#�.�)�#!�������0�.�.B����H�� $P�����������������������;Y2!xx����RadConsejo superior Gustavo Fernando Negrete Arteaga�������Oh��+'��0��������� (4 T`l x�����RadConsejo superiorNormal$Gustavo Fernando Negrete Arteaga2Microsoft Office Word@@d۶�@خā��@خā��)�.�����՜.��+,��D��՜.��+,��8�hp�������� ���Microsoft#��.RadT�tulo< 8@_PID_HLINKS�A�._http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/codigo/codigo_procedimiento_civil_pr010.html299._http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/codigo/codigo_procedimiento_civil_pr010.html298 !"#$%&'()*+,-./0123456789:;<=>?@ABCDEFGHIJKLMNOPQRSTUVWXYZ[\]^_`abcdefghijklmnopqrstuvwxyz{|}~������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������Root Entry�������� �F��g����Data �������������1Table�����q/WordDocument����;�SummaryInformation(�������������DocumentSummaryInformation8���������CompObj������������v������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������������ ���� �F$Documento de Microsoft Word 97-2003 MSWordDocWord.Document.8�9�q