Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2011-80321-01

Sala: PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2017-08-29

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Hora: 09:20 a.m. Manizales, veintinueve (29) de agosto de dos mil diecisiete (2017). 1. ASUNTO. Tras reconformar la Sala, se procede a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por el sentenciado IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ frente al auto interlocutorio No. 010 del 2 de agosto de 2017, mediante el cual el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Manizales, Caldas, le neg� la libertad por vencimiento de t�rminos deprecada dentro del proceso que por los delitos de actos sexuales abusivos con persona menor de catorce a�os e incesto se ha seguido en su contra. 2.

ANTECEDENTES RELEVANTES. 2.1. El se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ fue denunciado, acusado y objeto de juzgamiento por el concurso homog�neo de actos sexuales con menor de catorce a�os, en concurso heterog�neo con incesto, tr�mite durante el cual siempre conserv� su libertad, hasta cuando el Juzgado de conocimiento (Sexto Penal del Circuito de Manizales, Caldas) en fallo del 18 de junio del a�o 2013 le responsabiliz� por tales delitos, imponi�ndole una pena privativa de la libertad de 10 a�os. 2.2.

Tal decisi�n fue impugnada oportunamente por la Defensa, siendo as� como el proceso fue remitido ante la Sala Penal del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, correspondi�ndole el conocimiento del asunto al Despacho del Magistrado en descongesti�n Orlando Fierro Perdomo, dependencia desde la cual se dict� el Fallo de segundo nivel. 2.3.

Inconforme la Defensa con la decisi�n confirmatoria de la condena, interpuso el recurso extraordinario de casaci�n, lo cual gener� que el expediente fuese dirigido a la Corte Suprema de Justicia, alto tribunal en el que se radic� el 11 de septiembre del a�o 2014, correspondi�ndole el conocimiento del asunto a la Magistrada Patricia Salazar Cu�llar. 2.4.

Estando pendiente el proceso para desatar el recurso extraordinario formulado, el d�a 31 de julio del a�o 2017, de parte del se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO, se present� memorial con el cual reclam� la concesi�n de libertad por vencimiento de t�rminos. Tal pedimento lo fund�, en principio, en que ha estado privado de la libertad desde el 5 de junio de 2013, sin contar con una decisi�n en firme, en tanto que luego de que se emiti� la sentencia de segunda instancia, promovi� recurso extraordinario de casaci�n que a�n se encuentra pendiente de su resoluci�n, lo cual interpreta lo habilita a reclamar la libertad por vencimiento de t�rminos de que trata la Ley 1786 de 2016, como quiera que, si bien ya hubo sentencias, al ser recurridas mantiene �l la condici�n de sindicado, con la opci�n de exigir la aplicaci�n favorable que impone un lapso para dictar el fallo de fondo.

Haciendo referencia a la Ley 1786 de 2016 y la decisi�n de constitucionalidad C-221 de 2017, predic� el solicitante que ha quedado aclarado que quienes aguardan por un fallo de fondo tambi�n est�n cobijados por la garant�a a un proceso en el que la libertad no se extienda m�s de un a�o, como reiter� ser su caso por haber recurrido en casaci�n y, por tanto, en t�rminos de la Alta Corte, no estar purgando pena, sino cobijado por una medida de aseguramiento que no puede ser extendida, como as� lo ambicion� el Legislador con las leyes 1760 y 1786.

Tambi�n hizo alusi�n el se�or LLANO a pronunciamientos en torno al derecho a la libertad por vencimiento de t�rminos, y referencia gen�rica a decisi�n del Tribunal de Pereira, para aludir que quienes esperan un fallo en casaci�n no est�n tampoco purgando pena. Finaliz� hablando del principio de favorabilidad en la aplicaci�n de las leyes rese�adas. 3.

DECISI�N DE PRIMERA INSTANCIA Mediante decisi�n del 2 de agosto de 2017 la Juez de conocimiento, tras aducir las razones por las que se consideraba competente para darle curso a la solicitud, sin ata�er a un juez de control de garant�as, y explicar que por virtud del principio de favorabilidad era preciso verificar la aplicaci�n de las referidas leyes al caso del se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO, indic� en torno al quid del asunto que el hecho de que tal solicitante ya tuviese decisiones de primera y segunda instancia en su contra, imped�a calificarlo detenido preventivamente por una medida de aseguramiento, estando realmente recluido purgando la sanci�n que le fuese impuesta.

Para tal decisi�n la Juez cit� in extenso la decisi�n C-221 de 2017 referida por el solicitante, pero para concluir que no hab�a lugar a la libertad en el presente caso, en tanto que, a contrapelo, la Corte Suprema de Justicia, en decisi�n del 24 de julio de 2017 (Rad.49734) aclar� que la medida de aseguramiento tiene vigencia hasta el anuncio del sentido del fallo, sigui�ndose all� la aplicaci�n de pena que encuentra por base un pronunciamiento de fondo sobre la responsabilidad, el cual expresamente tiene un t�rmino para ser dictado, como no el de segundo grado que habr�a sido objeto de regulaci�n expl�cita por el Legislador si hubiese querido adoptar el sentido que pregona la Corte Constitucional.

Se concluy� as� que en el evento de marras se estaba ante un privado de la libertad, no preventivamente, sino como consecuencia del fallo de condena, no estando ante una indefinici�n del caso que es la que busca evitar la norma, sin perjuicio de que la responsabilidad definida pueda ser sometida a controversia ante una nueva instancia o en aplicaci�n del recurso extraordinario de casaci�n. 4.

LA IMPUGNACI�N 4.1. Una vez notificada la decisi�n, el condenado opt� por presentar el recurso de apelaci�n, sustentando su disenso mediante escrito oportunamente presentado. Comenz� el Censor cuestionando la competencia de la Juez, en tanto que �l formul� la petici�n ante los jueces de control de garant�as que, a su juicio, con la decisi�n de la Corte Constitucional son los llamados a resolver por tratarse de la sustituci�n de una medida de aseguramiento.

En respaldo de lo anterior hace cita del Tribunal Superior de Pereira. A continuaci�n expres� el Apelante que la Juez debi� acogerse al precedente constitucional, sobre el que cit� pronunciamiento en cuanto a su efecto vinculante como fuente formal int�rprete de la ley, el cual aduce que exige que a quien no tiene sentencia en firme se entienda bajo detenci�n preventiva, como alude que es su caso, equivoc�ndose la Juez al darle trato de condenado, en detrimento de sus derechos a la igualdad, a la libertad y al debido proceso, desconoci�ndose adem�s la presunci�n de inocencia que lo cobija dentro de este caso en el que se ha lacerado el derecho a ser juzgado en un plazo razonable.

Al respecto habl� de auto del Tribunal de Armenia. Finalmente aleg� el Apelante como un defecto procesal de la decisi�n, el que se dictara por escrito, sin citar a audiencia, y sin haber sido citado su abogado defensor; censurando adem�s que la decisi�n la adoptara el Juzgado que hab�a tenido su caso en la etapa de juzgamiento, lo cual lo pon�a en estado de desventaja, siendo lo correcto que conociera un juzgado de control de garant�as, con la posibilidad de deprecar la reposici�n al Juzgado de conocimiento y la apelaci�n al Tribunal.

Con base en lo anterior, deprec� pues el Censor revocar el auto confutado y, en su lugar, ordenar la sustituci�n de la medida de aseguramiento que pesa en su contra o disponer la libertad provisional. Tambi�n reclama, de ser necesario, la anulaci�n de la decisi�n. 5. CONSIDERACIONES. 5.1. Planteamiento del problema. Varias son las irregularidades que plantea el se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ en su calidad de apelante.

De un lado est�n las alegaciones sobre yerros procedimentales, aptos para vulnerar garant�as. En este sentido, en principio, alega la falta de competencia del Juez de conocimiento para dar curso a su solicitud, planteando el tratarse de un asunto definible por el juez de control de garant�as. A continuaci�n esboza como defecto procesal el que su solicitud se resolviera por escrito, sin citar a diligencia en la que se escuchara a su defensor.

Y finalmente aduce que la Juez de conocimiento, al ser quien resolvi� en fase de juzgamiento, estaba impedida para resolver sobre el vencimiento de t�rminos. Ya en lo tocante a la decisi�n de fondo, reclama el que se reconozca que no es un sentenciado que purga pena, sino sobre quien pesa una detenci�n preventiva que, al tenor de la ley y la jurisprudencia, no puede durar m�s de un (1) a�o, por lo que es preciso disponer su libertad en raz�n al tiempo que ha pasado recluido, sin contar en la actualidad con un fallo en firme.

Pasar� entonces la Sala a abordar cada uno de los puntos desarrollados con la impugnaci�n, resolviendo en primer lugar los de orden procesal que, de ser superados, dar�n lugar al abordaje del reclamo de libertad como tal, punto en el cual deber� verificarse si el se�or LLANO L�PEZ debe obtener la libertad como aplicaci�n del par�grafo 1� del actual art. 307 del C.P.P. que dispone: �el t�rmino de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad no podr� exceder de un (1) a�o�. 5.2.

De la competencia del Juez de conocimiento. El Juez con funci�n de control de garant�as es el encargado de adelantar las audiencias preliminares, entre ellas, las solicitudes de libertad que se presenten con anterioridad al anuncio del sentido del fallo y las relacionadas con medidas de aseguramiento. Pues bien, de entender que nos hallamos ante una solicitud de libertad, por ser posterior al anuncio del sentido del fallo, ya no ser� competencia del Juez de control de garant�as, y en ese sentido deber� acogerse el art. 190 del C.P.P. que resulta plenamente aplicable a este caso al pregonar: �Durante el tr�mite del recurso extraordinario de casaci�n lo referente a la libertad y dem�s asuntos que no est�n vinculados con la impugnaci�n, ser�n de la exclusiva competencia del juez de primera instancia�.

No obstante, el Censor clama que se est� ante una solicitud de sustituci�n de la medida de aseguramiento, lo cual esta Sala no respalda. Lo anterior porque ha sido criterio de esta Colegiatura, acompasada con el razonamiento de la Corte Suprema de Justicia, que al dictarse la sentencia de primer nivel, la raz�n jur�dica por la que el sentenciado queda privado de la libertad lo es el castigo impuesto como consecuencia por la declaratoria de responsabilidad, y ya no la medida de aseguramiento que eventualmente lo cobij� durante el juzgamiento.

Criterio que no ser�a trastocado en momento alguno para este caso por la visi�n de la Corte Constitucional contenida en la decisi�n C-221 de 2017, como quiera que el se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO se halla aguardando por la resoluci�n del recurso extraordinario de casaci�n, significando ello que ya cuenta con una decisi�n de segunda instancia, punto de quiebre para el Alto Tribunal Constitucional del c�mputo del a�o al que alude el art. 307 del C.P.P., en tanto que en su pronunciamiento concluye que el tiempo de las medidas de aseguramiento no podr� exceder de tal t�rmino contado desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n hasta la decisi�n de la impugnaci�n en segunda instancia; lo cual extrapola la situaci�n en la que se halla el solicitante y hace entender que en su caso ya no es aplicable el reclamo de sustituci�n de la medida de aseguramiento.

Luego, era competente la Juez Sexta Penal del Circuito para abordar la solicitud incoada por LLANO L�PEZ. 5.3. Impedimento de la Juez de conocimiento. Se discurre Infundado. 5.3.1. Como lo ha reiterado en diversas oportunidades esta Corporaci�n, tomando las palabras de la Corte Suprema de Justicia, la consagraci�n de las causales de impedimento y recusaci�n se fundamenta en una misma raz�n jur�dica que no es otra distinta a la de garantizar, dentro de un Estado Social y Democr�tico de Derecho, que el funcionario judicial llamado a resolver un conflicto jur�dico, sea indiferente a cualquier inter�s distinto al de administrar una recta justicia y que, por lo tanto, su imparcialidad y ponderaci�n no se encuentren perturbadas por circunstancias ajenas al proceso.

Por ello, ambos institutos son mecanismos de protecci�n de la imparcialidad que deben guardar quienes sirven a la administraci�n de justicia. Proleg�meno que conduce a que esta Colegiatura anuncie, desde ya, que no encuentra factor de perturbaci�n de la imparcialidad de la juez de primera instancia, atendiendo que para la evaluaci�n del asunto no deb�a justipreciar su probidad en el tr�mite de primera instancia, as� como cualquier determinaci�n que adoptara no ata��a a su modo de adelantar tal juzgamiento.

Lo anterior porque estamos ante un procesado que, habiendo conservado su libertad durante toda la actuaci�n de primer nivel, luego de ser condenado en primera y segunda instancia, y hallarse ya tras rejas, alega tener derecho a su libertad en raz�n a que ha pasado considerable tiempo (m�s de un a�o) sin que se decida el recurso extraordinario de casaci�n, lo cual funda en el art. 307 del C.P.P. y el alcance que de este precepto ha realizado la Corte Constitucional en sentencia C-221 de 2017, demandando todo ello que quien adopte una decisi�n de fondo asuma una postura frente a tales bases jur�dicas, para luego aplicarlas a la privaci�n de la libertad posterior a la sentencia de primera instancia en la que deb�a definirse si se consideraba detenci�n preventiva o cumplimiento de pena, sin que ello reclame del examen de si hubo dilaciones ileg�timas e injustificadas durante la actuaci�n surtida ante el Juzgado Sexto Penal del Circuito local.

Dependencia que en la actualidad cuenta con una funcionaria diferente a aquel servidor que en su momento profiri� el fallo de primer nivel, lo cual tiene incidencia sobre los impedimentos que son personales y no institucionales, apareciendo ello como argumento adicional para no pregonar la parcialidad de aquella Juez que, se insiste, para resolver sobre la solicitud de libertad no requer�a evaluar c�mo se llev� el proceso en el Despacho que regenta, manteni�ndose as� al margen de las actuaciones de instancia, para adentrarse a un an�lisis eminentemente jur�dico que tuvo por premisa base e indiscutible que IGNACIO ASDRUBAL LLANO llevaba privado de la libertad m�s de un a�o. 5.4.

Tr�mite escritural vs. Audiencia oral. 5.4.1. Uno de los rasgos principales del sistema de enjuiciamiento adoptado con la Ley 906 de 2004 es, sin duda alguna, la oralidad, atributo dado con el fin de que el proceso penal dejara de ser un espectro de etapas extendidas en el tiempo en las que cada actuaci�n de parte y cada decisi�n jurisdiccional se daba de manera aislada y desarticulada, para pasar a toda una secuencia de diligencias concentradas en las que las partes interactuaran en la construcci�n dial�gica de la verdad procesal, con su encuentro efectivo en un escenario de debate con presencia del Juez, recogidos por la posibilidad real de confrontaci�n de los adversarios, y con un claro contacto con las peticiones, reclamos y actuaciones en general de los protagonistas del litigio.

Se instituy� as� un procedimiento de audiencias preliminares que se adelantan ante los jueces de control de garant�as, y, de otra parte, las audiencias de formulaci�n de imputaci�n, de formulaci�n de acusaci�n, preparatoria y de juicio oral que tienen lugar en fase de conocimiento, con el objetivo �nico de que la reconstrucci�n de la realidad materia de juzgamiento tenga lugar en el escenario vivo de interacci�n de las partes y el Juez.

De ah� que el art. 9 del C.P.P. disponga que �la actuaci�n procesal ser� oral�, de la mano del art. 145 ejusdem que plantea: �todos los procedimientos de la actuaci�n, tanto pre-procesales como procesales, ser�n orales�, lo cual interpreta esta Corporaci�n como la existencia de normas espec�ficas que ordenan que dentro de los procesos seguidos por los ritos de la Ley 906 de 2004 (con sus modificaciones) se respete el imperio de la oralidad.

Sin haber distingo de si se trata de solicitudes de libertad, en tanto que este t�pico tambi�n ha sido regulado por la Ley procesal vigente, al pregonar que los reclamos de tal jaez deber�n adelantarse en audiencia. Reza el art. 160 del C.P.P.: �ART�CULO 160. T�RMINO PARA ADOPTAR DECISIONES. <Art�culo modificado por el art�culo  HYPERLINK "http://www.secretariasenado.gov.co/senado/basedoc/ley_1142_2007.html" \l "48" 48 de la Ley 1142 de 2007.

El nuevo texto es el siguiente:> Salvo disposici�n en contrario, las decisiones deber�n adoptarse en el acto mismo de la audiencia. Para este efecto el juez podr� ordenar un receso en los t�rminos de este c�digo. �Cuando deban adoptarse decisiones que se refieran a la libertad provisional del imputado o acusado, el funcionario judicial dispondr� m�ximo de tres d�as h�biles para realizar la audiencia respectiva.� (Resaltado de la Sala) Aparece as� una regla expresa en torno a la oralidad de las actuaciones que, en consecuencia, torna innecesario que el operador judicial, bajo la herramienta de la remisi�n normativa (que aplica frente a vac�os legales), acuda a los dictados de la Ley 600 de 2000 que contempla un sistema escritural exang�e. 5.4.2.

No obstante lo antes esbozado, ha de tenerse presente que cuando se mira el art. 160 del C.P.P., m�s importante que la referencia a que las solicitudes de libertad deban tramitarse en audiencia, lo es la perentoriedad para adoptar una decisi�n de fondo, siendo as� como debe subrayarse el designio del legislador en que en el t�rmino de tres d�as haya una definici�n sobre la libertad.

En otras palabras, la norma en comento hace relaci�n a una ritualidad, cual es la celebraci�n de una audiencia, lo que no se soslaya ni menosprecia, m�xime cuando es ampliamente conocido que el procedimiento es el modo para hacer efectivas las normas sustanciales, pero debe alzaprimarse en la norma la necesidad de una definici�n expedita del reclamo de libertad, como quiera que �sta es una categor�a b�sica del ser humano, consagrada jur�dicamente como un derecho fundamental frente al cual los jueces de la Rep�blica deben actuar con prontitud y probidad. �ltimo aspecto que no se relaciona de manera balad�, sino porque en la hora de ahora, es sabido de las grandes dificultades que se presentan para la programaci�n y efectiva realizaci�n de audiencias en el sistema oral, no siendo escasas y, al contrario, verific�ndose en gran cantidad de expedientes, como conseguir la sola notificaci�n de partes e intervinientes es tarea dificultosa que reclama de varios d�as, siendo a la par dif�cil concertar las agendas de todos ellos para poder realizar la diligencia. En efecto, uno es el mundo del deber ser, en el cual encuadra perfectamente que en el sistema oral se decida todo en audiencia, pero otro es el mundo fenom�nico, escenario tangible de contingencias y vicisitudes en el cual la programaci�n pronta de una audiencia es tarea tit�nica, en el que aguardar hasta notificar y lograr la comparecencia de los sujetos procesales reclama, en no escasas ocasiones, de ingentes esfuerzos en el que tres d�as son lapso bien escaso.

Luego, ante una solicitud escrita de libertad provisional como la formulada por el se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO, es claro que la Judicatura queda ante la disyuntiva de si acoger el precepto que reclama la celebraci�n de una audiencia oral, con las dificultades no ficticias ni supuestas para que pueda celebrarse dentro de los tres d�as siguientes, o acoger una f�rmula escritural con la cual adoptar una decisi�n pronta respecto a una solicitud de tama�a envergadura.

Disyuntiva que esta Colegiatura entiende que debe zanjarse a trav�s de un juicio de ponderaci�n, en el cual se sopese la transgresi�n, en t�rminos de garant�as fundamentales, que representa una u otra opci�n, lo que ahora tambi�n analiza esta Sala que, teniendo presente la preeminencia constitucional de la libertad y su ya mencionada relevancia para la existencia humana, no encuentra como descabellado que los jueces, basados en las realidades (trances para mejor decir) de un sistema caracterizado por las agendas apretadas, por los innumerables aplazamientos y por las dificultades en la b�squeda y concurrencia de partes, al recibir una solicitud de libertad que reclama el s�lo estudio del expediente y de disposiciones jur�dicas, opte por una definici�n escrita dentro del t�rmino perentorio de tres d�as. 5.4.3.

Luego, no bastar� que se alegue el haber dictado una decisi�n de libertad por escrito para justificar la anulaci�n de la actuaci�n, siendo necesario que en cada caso en particular se analice, m�s all� del incumplimiento del rito esperable y ortodoxo, la efectiva transgresi�n de garant�as fundamentales que justifique el exigir una celebraci�n de audiencia para la cual, se insiste, resulta dif�cil convocar a todos los sujetos procesales en tan breve espacio de tiempo.

Y habiendo dicho lo precedente y descendiendo al caso del se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO se tiene que a �ste, en su calidad de peticionario, no se le puso en una situaci�n de desventaja o de vulneraci�n de derechos, no siendo admisible el que no se citara a una audiencia para que su Representante judicial se pronunciara, pues precisamente por tener tal rol, es de esperar que tenga el solicitante una comunicaci�n directa con �l, habiendo tenido la opci�n de asesorarse a efectos de hacer su reclamo de libertad.

Reclamo que, valga anotar, habi�ndose radicado en el Juzgado de primer nivel el 31 de julio de 2017, obtuvo una respuesta de fondo el 2 de agosto de 2017, esto es, en el t�rmino legal, luego de lo cual se dispuso la notificaci�n de la Fiscal�a, del Ministerio P�blico, del Defensor y, claro est�, del solicitante mismo, quedando todos habilitados para intentar los recursos de ley, lo cual se entiende fue modo ajustado para salvaguardar la efectiva participaci�n de todos los sujetos procesales, respetando a la par el derecho a una soluci�n pronta a la que ten�a derecho aquel peticionario que, en honor a la verdad, m�s all� de obtener una respuesta desfavorable, no ha sido lacerado en su garant�a al debido proceso por el modo en que se adopt� la decisi�n. Luego, se desatiende el reclamo de nulidad fundado en la emisi�n de una decisi�n escrita, sin la programaci�n de audiencia, insistiendo en lo grave que s� ser�a -en t�rminos de derechos fundamentales- que dentro de los tres d�as siguientes a la solicitud no hubiese un pronunciamiento de fondo, en tanto que ello s� ha llegado a ser calificado como un defecto procedimental constitutivo de una v�a de hecho judicial. 5.5.

Del fondo del asunto: Alcance de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad. 5.5.1. No hay duda alguna que el se�or LLANO L�PEZ se encuentra privado de su libertad desde el a�o 2013, es decir, que ya han transcurrido aproximadamente cuatro (4) a�os, no siendo necesario adentrarse a analizar una a una las diligencias judiciales adelantadas.

Ahora, tambi�n es una verdad incontrovertida que su caso cuenta con una sentencia de primera instancia (precisamente con la que se orden� su privaci�n de la libertad), y posterior a ella una segunda instancia dictada por la Sala Penal de Descongesti�n del Tribunal Superior del Distrito (MP: Orlando Fierro Perdomo) estando pendiente el asunto s�lo para desatar el recurso extraordinario de casaci�n propuesto por la Defensa.

Ante estos presupuestos, es preciso entonces verificar si el se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ debe obtener la libertad como aplicaci�n del par�grafo 1� del actual art. 307 del C.P.P. que dispone: �el t�rmino de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad no podr� exceder de un (1) a�o�. Para arrimar a una soluci�n es importante desarrollar las siguientes consideraciones: 5.5.2.

El derecho a la libertad, muy a pesar de su trascendencia constitucional y su connatural relevancia para el desarrollo de una vida digna, no es absoluto, existiendo restricciones a tal prerrogativa reguladas por la ley y avaladas por la �norma de normas�; no por un capricho de las autoridades estatales, sino para hacer efectivos fines estatales esenciales.

Es en este punto en el que aparece el derecho penal, como aquella parcela del ordenamiento jur�dico que tiene por vocaci�n la prevenci�n, persecuci�n y sanci�n de las conductas m�s gravosas dentro del conglomerado social y para la organizaci�n pol�tica estatuida. Y cuando se acude al derecho penal, se encuentra que la restricci�n a la libertad, no ocurre en exclusiva como respuesta punitiva por la infracci�n de la ley, sino que existen eventos en los que es preciso acudir a la privaci�n temporal del preciado derecho a la libertad, con fines diversos al castigo.

All� nacen, pues, las medidas de aseguramiento privativas de la libertad, las cuales, como su nombre lo indica, no son consecuencia de una determinaci�n de responsabilidad penal judicialmente dictada, sino cautela para que no se presenten contingencias indeseables durante el adelantamiento de la investigaci�n y juzgamiento de un delito. En este sentido se tiene como una apod�ctica realidad dentro de la jurisprudencia patria (incluida la sentencia C-221 de 2017) que cuando una medida de aseguramiento se dicta lo es: �con el objeto de evitar que el imputado obstruya el debido ejercicio de la justicia, no comparezca al proceso o no cumpla la sentencia o con fines de protecci�n de la sociedad o de la v�ctima.

Su fin general es, as�, impedir indeseables situaciones como producto del tiempo transcurrido en la adopci�n de la decisi�n y las medidas de fondo a que haya lugar�. Por manera que estamos ante una v�lida opci�n para que una persona pueda ser restringida en su libertad sin tener a�n una decisi�n de condena en su contra, lo cual es materia que debe resolver el Juez de control de garant�as, a quien en su rol se impone sopesar la necesidad y proporcionalidad de la medida cautelar, bajo la premisa que, por tratarse de una f�rmula de prevenci�n, s�lo proceder� de manera excepcional.

Contrario a lo que le reclama la ley al Juez de conocimiento cuando dicta la sentencia condenatoria de primera instancia, en tanto que en este momento se hace imperativa la encarcelaci�n del sentenciado, quien incluso, por virtud del art. 450 del C.P.P., desde el anuncio del sentido del fallo deber� ser recluido porque ya no es requerido como una cautela, sino para que comience a purgar la pena que le ha sido impuesta.

Tal criterio no es novedoso y puede encontrarse en decisiones como la STP- 16383-2015 (Rad. 465184), en la cual se lee: �Ante las omisiones reiteradas de los jueces en materia de ejecuci�n de la sentencia, recuerda la Sala que en la sistem�tica procesal anterior (Ley 600 de 2000, art�culo 188) la pena privativa de la libertad se ejecutaba desde el momento en que se profer�a la sentencia, pero cuando se trataba de una persona a quien se le negaba el subrogado de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y �sta se encontraba gozando de una libertad provisional, era necesario esperar la ejecutoria del fallo para ordenar su captura. �La situaci�n es diferente en el nuevo esquema procesal en el cual se ha advertido expresamente:.�ART�CULO 450.

ACUSADO NO PRIVADO DE LA LIBERTAD. Si al momento de anunciar el sentido del fallo el acusado declarado culpable no se hallare detenido, el juez podr� disponer que contin�e en libertad hasta el momento de dictar sentencia. �Si la detenci�n es necesaria, de conformidad con las normas de este c�digo, el juez la ordenar� y librar� inmediatamente la orden de encarcelamiento. �Por mandato del anterior precepto se hace necesario que los jueces observen que en los t�rminos de la Ley 906 de 2004 la ejecuci�n de la sentencia y las �rdenes que en ella se imparten, especialmente cuando se condena a un procesado a pena privativa de la libertad y se le niegan subrogados o penas sustitutivas, resulta imperativo que la privaci�n de la libertad se ordene en el mismo momento en que se anuncia el sentido del fallo.

Dicho en otras palabras: cuando un acusado en contra de quien se anuncia un fallo de condena que conlleva la imposici�n de una pena privativa de la libertad cuya ejecuci�n no tiene que ser suspendida, los jueces deben cumplir la regla general consistente en disponer su captura inmediata para que empiece a descontar la sanci�n impuesta. Y si tal mandato lo incumple el a quo se debe impartir el correctivo por el ad quem.� (Resaltado nuestro).

Y h�gase notar que, de acuerdo al art. 308 del C.P.P., las decisiones atinentes a medidas de aseguramiento, corresponden por esencia al Juez de control de garant�as, de quien debe complementarse que, a tono con el art. 154 ejusdem, ser� competente para resolver de las peticiones de libertad que se presenten con anterioridad al anuncio del sentido del fallo, momento de quiebre que no fue fijado como tal de manera caprichosa o infundada, sino comprendiendo que la libertad que se clama con posterioridad a este momento es de otra naturaleza, cual es, el cumplimiento de la pena.

De esta manera es que para esta Corporaci�n, resulta completamente atendible la Corte Suprema de Justicia al expresar que cuando un asunto se encuentra pendiente de la resoluci�n de la segunda instancia, el sentenciado no se encuentra privado de la libertad por medida de aseguramiento alguna, la que valga decir que s�lo es dable de solicitar mientras se adelanta el tr�mite de primera instancia, sin ser posible el reclamo de la imposici�n de una de ellas cuando el proceso se halla ante el Juez de segundo nivel para resolver la apelaci�n de la sentencia. Y a tono con lo anterior pi�nsese como quien ha sido absuelto con la sentencia de primer nivel, independiente de si estuvo cobijado o no con medida de aseguramiento durante el tr�mite de instancia, obtendr� su inmediata libertad, por la existencia de una decisi�n de fondo que, si bien podr�a no quedar ejecutoriada por la interposici�n de los recursos de ley, goza de la presunci�n de acierto y legalidad, como igualmente es predicable del fallo de car�cter condenatorio, que crea en el mundo jur�dico un fundamento para privar de la libertad, tal y como es el cumplimiento de una pena, escenario m�s elevado del juzgamiento en el que ya no hay lugar a la adopci�n, modificaci�n o revocatoria de medidas cautelares personales.

De este modo, es preciso atender lo expresado en la decisi�n AP-4711-2017 (Rad.49734) al pregonar con mayor profundidad: �Por una parte, se advierte una equivocada equiparaci�n de lo que significa ser juzgado, en los t�rminos del art. 7-5 de la C.A.D.H. -norma que consagra la causal de libertad por vencimiento del plazo razonable-, con la duraci�n del proceso penal como tal; por otra, a la hora de interpretar el art. 1� de la Ley 1786 de 2016, �nicamente se acudi� a una interpretaci�n subjetiva de la norma -guiada por el m�todo hist�rico- sin consideraci�n de importantes razones sistem�ticas y teleol�gicas, suficientemente depuradas por la jurisprudencia especializada de la Corte Suprema, concernientes a la vigencia de las medidas de aseguramiento, desde la perspectiva material de su fundamento procesal. �En efecto, de manera pac�fica y reiterada, la Sala tiene dicho que, en consideraci�n a la naturaleza cautelar de la detenci�n preventiva, as� como en vista de las finalidades a las que sirve en el proceso, tal medida de aseguramiento tiene vigencia hasta que se profiere la sentencia de primera instancia, si el proceso es tramitado por la Ley 600 de 2000, o hasta la lectura del fallo de primera instancia, si se aplica la Ley 906 de 2004. �En vigencia de la Ley 600 de 2000, la Sala clarific� que con la emisi�n de una sentencia condenatoria cesan los efectos jur�dicos de la medida de aseguramiento, por lo que la subsistencia de la privaci�n de la libertad del sentenciado encuentra un sustento material diverso.

En tanto mecanismo cautelar, la detenci�n sigue sirviendo al proceso, pero ya no en aspectos probatorios ni de comparecencia stricto sensu, sino al eventual cumplimiento de la pena privativa de la libertad (art. 355 de Ley 600 de 2000). Esto, en la medida en que si bien la presunci�n de inocencia sigue rigiendo hasta que cobre ejecutoria la declaraci�n de responsabilidad penal (art. 248 de la Constituci�n), no es menos cierto que, al dictarse una condena en primera instancia, ya existe una decisi�n judicial sobre la responsabilidad penal de quien es sentenciado, por lo que las determinaciones de condena son de cumplimiento inmediato (art. 188 inc. 1� �dem).� (�) �Tales razones, en esencia, son igualmente aplicables a la comprensi�n del asunto en los casos a los cuales se aplica la Ley 906 de 2004.

Si se emite sentido de fallo condenatorio (arts. 446 y 447 �dem), la detenci�n sigue teniendo una naturaleza cautelar, no para el proceso sino para el cumplimiento de la pena (art. 296 �dem). Tal conclusi�n se ve sistem�ticamente ratificada con lo dispuesto en el art. 450 �dem, norma que autoriza al juez de conocimiento, al momento de anunciar el sentido de fallo condenatorio, a disponer que el acusado contin�e en libertad hasta el momento de dictar sentencia o, si la detenci�n es necesaria, ordenarla y librar inmediatamente la orden de encarcelamiento.

Dicho aserto tambi�n se desprende de los arts. 449 y 451 de la Ley 906 de 2004, pues, por una parte, si el acusado est� privado de la libertad, el juez podr� ordenar su excarcelaci�n siempre y cuando los cargos por los cuales fue encontrado culpable fueren susceptibles, al momento de dictar sentencia, del otorgamiento de un subrogado penal; por otra, de ser absuelto de la totalidad de los cargos consignados en la acusaci�n, el juez dispondr� la libertad inmediata del procesado, y si estuviere privado de ella, levantar� todas las medidas cautelares impuestas, al tiempo que librar� sin dilaci�n las �rdenes correspondientes. �En relaci�n, con tales normas, cuando se omite un pronunciamiento al respecto, la Sala (CSJ AP 30 ene. 2008, rad. 28.918), ha puntualizado que: �Por mandato del anterior precepto [art. 450] se hace necesario que los jueces observen que en los t�rminos de la Ley 906 de 2004 la ejecuci�n de la sentencia y las �rdenes que en ella se imparten, especialmente cuando se condena a un procesado a pena privativa de la libertad y se le niegan subrogados o penas sustitutivas, resulta imperativo que la privaci�n de la libertad se ordene en el mismo momento en que se anuncia el sentido del fallo. �Dicho en otras palabras: cuando un acusado en contra de quien se anuncia un fallo de condena que conlleva la imposici�n de una pena privativa de la libertad cuya ejecuci�n no tiene que ser suspendida, los jueces deben cumplir la regla general consistente en disponer su captura inmediata para que empiece a descontar la sanci�n impuesta.

Y si tal mandato lo incumple el a quo se debe impartir el correctivo por el ad quem. �Excepcionalmente el juez podr� abstenerse de ordenar la captura inmediata. En este caso recae sobre el servidor judicial una carga argumentativa conforme a la cual debe justificar amplia, razonada y razonablemente, conforme lo cual debe quedar suficientemente explicado el por qu� le resulta innecesaria la orden de detenci�n inmediata.

Esto podr�a presentarse, por ejemplo, cuando aparece debidamente demostrado que el acusado padece de una grave enfermedad. �En todo caso cada situaci�n deber� ser analizada en forma concreta; muy probablemente no estar�n cubiertas por la excepci�n (i) aquellas personas que han rehuido su comparecencia ante los jueces, (ii) quienes se han escondido o dificultado las notificaciones a lo largo de la actuaci�n, (iii) los que han utilizado estrategias dilatorias en busca de beneficios, (iv) los procesados que han tenido que ser conducidos policialmente para que hagan presencia en la actuaci�n y, (v) en general, cuando se den las mismas circunstancias que ameritan la imposici�n de una detenci�n preventiva. �Y esa comprensi�n, valga precisar, es del todo compatible con la presunci�n de inocencia. Si bien �sta subsiste hasta que cobre ejecutoria la declaraci�n de responsabilidad penal, tambi�n es verdad que, con la emisi�n de una decisi�n condenatoria en primera instancia, al sentenciado se le traslada la carga de refutar, por la v�a del derecho de impugnaci�n, las razones por las cuales se ve condenado provisionalmente. �Cabe precisar, por otra parte, que si al anunciarse el sentido del fallo de car�cter condenatorio se omite hacer un pronunciamiento en los t�rminos del art. 450 de la Ley 906 de 2004, en concordancia con el art. 449 �dem, los efectos de la medida de aseguramiento s�lo se extienden hasta el proferimiento de la sentencia, pues por mandato del art. 162-5 �dem, as� como de los arts. 34 y ss. del C.P., el juzgador deber� imponer las penas principales, sustitutivas y accesorias.

Adem�s, seg�n se desprende de lo estipulado en los arts. 63 y 68 A del C.P., tambi�n se debe pronunciar acerca de libertad del implicado, en referencia a la suspensi�n de la ejecuci�n de la pena de prisi�n y la prisi�n domiciliaria. �En esa direcci�n, si se llegare a conceder la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, cesan en ese instante los efectos de la medida de aseguramiento de detenci�n preventiva, pero si por el contrario se negare, la privaci�n de la libertad, en adelante, se fundamentar� en la denegaci�n del beneficio, decretada en la sentencia condenatoria. �De igual manera, al aplicar el art. 68 A del C.P., si hay lugar a la negativa de subrogados penales, ello se materializa en el fallo condenatorio.

Es en ese instante cuando cesan los efectos jur�dicos de la medida de aseguramiento de detenci�n preventiva, de manera que la privaci�n de la libertad del procesado, en lo sucesivo, tambi�n estar� sujeta a lo se�alado en el fallo que declara la responsabilidad penal. �Por consiguiente, en los procesos regidos por la Ley 906 de 2004, la medida de aseguramiento tiene vigencia hasta el anuncio del sentido de fallo condenatorio, all� el juez puede hacer una manifestaci�n expresa acerca de la libertad del procesado, disponiendo su encarcelamiento, pero si omite hacer una manifestaci�n al respecto en esa oportunidad, la vigencia de la medida se extender� hasta la lectura de la sentencia, momento en el que, por mandato legal, no s�lo debe imponer la pena de prisi�n, sino que ha de resolver sobre la libertad; en particular, sobre la concesi�n o negativa de los sustitutos y subrogados penales. �Tales razones impiden, entonces, afirmar que el cumplimiento del mandato de juzgar al detenido dentro del plazo m�ximo legal -gen�rico- (art. 1� de la Ley 1786 de 2016, que modific� el art. 307 de la Ley 906 de 2004) se cumple con la lectura del fallo de segundo grado, como lo comprende la jurisprudencia constitucional. �Esta err�nea conclusi�n tambi�n estriba en que, para los efectos del art. 7-5 de la C.A.D.H., concretados en el art. 1� de la Ley 1786 de 2016, no es lo mismo juzgar al procesado privado de la libertad que entender agotado el proceso penal como tal. �ste se prolonga m�s all� de las instancias ordinarias (arts. 205 y ss. de la Ley 600 de 2000 y arts. 180 y ss. de la Ley 906 de 2004); inclusive, en estricto sentido, comprende etapas posteriores a la ejecutoria de la sentencia, como lo es la de ejecuci�n de la pena (arts. 469 y ss. de la Ley 600 de 2000 y arts. 459 y ss. de la Ley 906 de 2004). �Si el principal objeto del proceso penal es la determinaci�n de la responsabilidad penal del acusado, tal prop�sito se concreta en la decisi�n sobre tal aspecto, contenida en la sentencia. Cuesti�n diferente es que ese juicio -positivo o negativo- sobre la responsabilidad pueda ser sometido a controversia por la v�a del derecho de impugnaci�n. La indeterminaci�n sancionable con la p�rdida de la potestad estatal para investigar y juzgar con privaci�n de la libertad es aquella donde el estado de acusaci�n se prolonga indefinidamente sin que se defina la situaci�n jur�dica del procesado, en relaci�n con su estado de culpabilidad o de inocencia. Como lo clarifica la Corte I.D.H., �el principio del plazo razonable al que hacen referencia los arts. 7-5 y 8-1 de la Convenci�n Americana tiene como finalidad impedir que los acusados permanezcan largo tiempo bajo acusaci�n y asegurar que �sta se decida prontamente�. Es por virtud entonces de lo precedente que esta Sala en esta oportunidad comparte que quienes han sido condenados y, por tanto, cuentan con una pena que han entrado a purgar mientras se desata la alzada, se apartan de aquellos que han sido detenidos como cautela para que el proceso avance sin contratiempos ni reveses. 5.5.3.

Postura que ciertamente contraviene el precedente constitucional fijado con la decisi�n de constitucionalidad C-221 de 2017, lo cual se entiende que no es una v�a de hecho ni una visi�n antojadiza, sino un enfoque concienzudo que, como lo pregona la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, acoge una interpretaci�n sistem�tica de normas penales especiales, apegados a la autonom�a judicial que abre la puerta a que el derecho y su interpretaci�n no sea un absoluto inamovible, propio de sistemas r�gidos -y hasta desp�ticos-, sino un constante reflexionar.

Como bien se lee en la sentencia C-621 de 2015: �(�) a pesar de la regla general de obligatoriedad del precedente judicial, siempre que el juez exprese contundentemente las razones v�lidas que lo llevaron a apartarse del precedente constitucional, su decisi�n ser� leg�tima y acorde a las disposiciones legales y constitucionales, como se ha determinado en distintas decisiones de esta Corporaci�n como T-446/2013, T-082 de 2011, T 194/2011, que fueron reiteradas en la sentencia T-309 del 2015, concluyendo lo siguiente: �La Corte ha reconocido que es preciso hacer efectivo el derecho a la igualdad, sin perder de vista que el juez goza de autonom�a e independencia en su actividad, al punto que si bien est� obligado a respetar el precedente fijado por �l mismo y por sus superiores funcionales, tambi�n es responsable de adaptarse a las nuevas exigencias que la realidad le impone y asumir los desaf�os propios de la evoluci�n del derecho.

En consecuencia, un juez puede apartarse v�lidamente del precedente horizontal o vertical si (i) en su providencia hace una referencia expresa al precedente conforme al cual sus superiores funcionales o su propio despacho han resuelto casos an�logos, pues �s�lo puede admitirse una revisi�n de un precedente si se es consciente de su existencia� (requisito de transparencia); y (ii) expone razones suficientes y v�lidas a la luz del ordenamiento jur�dico y los supuestos f�cticos del caso nuevo que justifiquen el cambio jurisprudencial, lo que significa que no se trata simplemente de ofrecer argumentos en otro sentido, sino que resulta necesario demostrar que el precedente anterior no resulta v�lido, correcto o suficiente para resolver el caso nuevo (requisito de suficiencia).

Satisfechos estos requisitos por parte del juez, en criterio de la Corte, se entiende protegido el derecho a la igualdad de trato ante las autoridades y garantizada la autonom�a e independencia de los operadores judiciales. Se avizora as� la posibilidad de que el Juez, aut�nomo en su ejercicio jurisdiccional pueda separarse del denominado precedente, incluso del constitucional, tal y como viene de verse y como ahora esta Sala lo hace en una decisi�n que, en todo caso -y en correspondencia con la Corte Constitucional- se discurre no desconoce en momento alguno la existencia, relevancia y obligaci�n de acatamiento de los l�mites temporales a la duraci�n de la prisi�n preventiva y las correlativas facultades de la judicatura en asegurar los fines del proceso mediante f�rmulas de cautela, pero que entiende que ello no puede abarcar a aquellos que, de acuerdo a una visi�n juiciosa e integral del actual sistema penal, no son privados de la libertad por una medida de aseguramiento, sino porque ya han sido sentenciados, con la posibilidad de que la pena que descuentan (as� como su responsabilidad penal) sea desmontada en sede de segunda instancia. As� las cosas, el se�or IGNACIO ASDRUBAL LLLANO, quien nunca fue afectado con una medida de aseguramiento intramural, sino que fue conducido a la prisi�n s�lo luego de que se le determin� responsable de los delitos por los que se le enjuici�, no puede decirse que ahora se halla detenido preventivamente, como quiera que, si bien a�n est� su caso pendiente de dilucidaci�n definitiva, ya ha agotado dos escenarios de conocimiento en los que ha sido sentenciado por dos tipos de jueces (unipersonal a quo y plural Ad quem) que no dirigieron su raciocinio a evaluar la necesidad de poner tras rejas al acusado como una cautela, sino que determinaron que deb�a responsabiliz�rsele, quedando obligado a cumplir una consecuencia jur�dica (castigo) que, ins�stase, en la actual sistem�tica penal, no se aplica s�lo al quedar la sentencia en firme, sino desde el momento mismo en que se anuncia el sentido del fallo. 5.5.4.

Etapa claramente ya agotada en el caso de aquel que ahora espera que se desate el recurso extraordinario de casaci�n, supuesto de hecho que escapa a la argumentaci�n de la Corte Constitucional, pues si en gracia de discusi�n se acogieran en interinidad sus razonamientos, deber�a tenerse en cuenta que ha hecho expreso que cuando el Legislador pens� en un a�o como plazo m�ximo de duraci�n de las medidas de aseguramiento, tuvo en cuenta el t�rmino legal y promedio que reclamar�a un tr�mite ordinario, esto es, desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n hasta la resoluci�n del recurso de apelaci�n interpuesto en contra del fallo de primera instancia, sin aplicar para quienes ya obtuvieron un fallo de segunda instancia. De ah� que en la C-221 de 2017 la Corte Constitucional explique: �20.

Como lo pone de manifiesto la demanda, conforme a la exposici�n de motivos de la Ley 1760 de 2015, que por primera vez previ� las dos reglas que se han venido analizando, el plazo m�ximo de duraci�n de un (1) a�o de las medidas de aseguramiento privativas de la libertad, corresponde al tiempo promedio que toma un proceso penal, desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n hasta la resoluci�n del recurso de apelaci�n interpuesto contra la sentencia, a partir de las reglas contenidas en el C�digo de Procedimiento Penal. �En el citado documento, en efecto, el Ministro de Justicia y del Derecho y el Fiscal General de la Naci�n, funcionarios que presentaron el proyecto de ley,�se�alaron que el l�mite temporal de la privaci�n preventiva de la libertad deb�a estar en armon�a con la duraci�n efectiva del proceso penal ordinario, a partir de la audiencia de formulaci�n de la imputaci�n, de manera que dicho m�ximo legal no resultara en contradicci�n con la debida administraci�n de justicia. En este sentido, mostraron que, de conformidad con el C�digo, para la generalidad de los casos, la duraci�n del proceso, desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n hasta la decisi�n por el juez de segunda instancia, era de 220 d�as.

Advirtieron que este t�rmino, sin embargo, no era suficiente en la realidad para agotar todo la actuaci�n. �Explicaron que el plazo anterior hab�a sido consultado con jueces y fiscales, para comparar las reglas previstas en la ley con la pr�ctica y que, seg�n indicaron, en ocho meses, es pr�cticamente imposible terminar el proceso�, debido a la duraci�n de las sesiones y a las circunstancias que a veces impiden la realizaci�n de las audiencias. �Por esta raz�n, afirmaron que se hab�a llegado a la conclusi�n de que un t�rmino razonable para evacuar los procesos con personas privadas de la libertad, que no fuera en contrav�a de la administraci�n de justicia y, al mismo tiempo, respetara los derechos de aquellas, pod�a ser fijado en un (1) a�o. �La anterior propuesta se recogi� en el proyecto de ley y fue finalmente aprobada.

El marco precedente explica el sentido y la raz�n de ser de la regla, con id�ntico contenido, prevista luego en el art�culo 1 de la Ley 1786 de 2016. El plazo aqu� consagrado, como se clarific�, parte del c�lculo de lo que dura razonablemente el proceso penal, desde la audiencia de formulaci�n de la imputaci�n hasta la expedici�n de la sentencia de segunda instancia.� 6.

Aclaraci�n final. En raz�n de un par de situaciones administrativas (Licencia del Dr. Jos� Fernando Reyes y Permiso de la Dra. Dennys Marina Garz�n) la Sala de Decisi�n que tiene por ponente a la suscrita, ha quedado sin los integrantes necesarios para adoptar decisiones plurales, siendo as� imperioso suplir tal vac�o con un Magistrado con el cual conseguir quorum decisorio, tal y como se ha dispuesto con la Resoluci�n 031 del 28 de agosto de 2017, la cual ha integrado transitoriamente al Dr. ANTONIO TORO como Magistrado revisor.

De conformidad con lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales, Caldas, en Sala de Decisi�n Penal, RESUELVE, NEGAR la solicitud de nulidad deprecada por el se�or LLANO L�PEZ, por las diversas razones expuestas en la parte motiva de la decisi�n. CONFIRMAR en su integridad el auto interlocutorio No. 010 del 2 de agosto de 2017, mediante el cual el Juzgado Sexto Penal del Circuito de Manizales, Caldas, le neg� al se�or IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ la libertad por vencimiento de t�rminos deprecada dentro del proceso que por los delitos de actos sexuales abusivos con persona menor de catorce a�os e incesto se ha seguido en su contra.

INFORMAR que en contra de la presente decisi�n no procede recurso alguno, para lo cual se dispone de su remisi�n inmediata al Juez de conocimiento para los fines legales pertinentes. Notif�quese y C�mplase: Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE ANTONIO TORO RUIZ Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal Secretaria  A trav�s de Resoluci�n No. 031 del 28 de agosto de 2017, la Presidencia de la Sala Penal del Tribunal Superior de Manizales, dispuso recomponer la Sala, teniendo en cuenta que a quienes les correspond�a integrarla, presentaban situaciones administrativas (licencia no remunerada y permiso) que les imped�a fungir como revisores, siendo as� como se integr� al Magistrado ANTONIO TORO RUIZ, a efectos de alcanzar quorum decisorio.  Caso Su�rez Rosero vs. Ecuador, sent. 12. nov. 1997, num. 70.     P�gina  PAGE 2 Ley 906: 2011-80321-01 IGNACIO ASDRUBAL LLANO L�PEZ Actos sexuales con menor de 14 a�os Confirma Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 67Jevw{�������������  U r Q U [ \ ��ӽӫ�ә��������t\t�tJtJ"h$jQCJOJQJ^JaJmH sH /jha]0JCJOJQJU^JaJmH sH "ha]CJOJQJ^JaJmH sH %h<+L5�CJOJQJ^JaJmH sH "h<+LCJOJQJ^JaJmH sH "ha]CJOJQJ^JaJmH sH +h��ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH (h��ha]CJOJQJ^JaJmH sH ha]%ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Je������� � � � � � !��������������������������S`�Sgda]$a$gd<+Lgda]��^��gda]gda]$&d P�� a$gda]$a$gda]\ � � � � � � � �  h _ n � � � � � � � � � � � � ���ɳ�����ܡ��yfy��TB"h,�CJOJQJ^JaJmH sH "h�*�CJOJQJ^JaJmH sH %h�*�5�CJOJQJ^JaJmH sH +h��ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH "h�XCJOJQJ^JaJmH sH "ha$�CJOJQJ^JaJmH sH +h�%sha]5�CJOJQJ^JaJmH sH %ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH "h$jQCJOJQJ^JaJmH sH "ha]CJOJQJ^JaJmH sH � �  !%&������������%*O��&���5Q[����Ƴܡ��vc���������Q�"h:CJOJQJ^JaJmH sH %ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH +h0i�ha]5�CJOJQJ^JaJmH sH (h�*�h�*�CJOJQJ^JaJmH sH "h,CJOJQJ^JaJmH sH 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normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista 4@�4 a]�Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,Footnote Text Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Car Car Car,Footnote Text Char Char Char Car,Footnote Text Char,texto de nota al p,fd�CJaJmHsHtH8�/��8 a]�Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,Footnote Text Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Car Car Car Car,Footnote Text Char Char Char Car Car,f Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH&`�� a]0�Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,Ref. de nota al pie 2,Pie de P�gina,FC,referencia nota al pie,Ref,de nota al pie,FZ,Footnotes refss,Appel note de bas de page,BVI fnr,Footnote symbol,Footnote,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,4_G,16 Point,f1H*V@"V a]0 Encabezado �C�"d�CJaJmHsHtHX�/��1X a]0Encabezado Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtHZ�`��BZ a] Sin espaciado$CJOJPJQJ_HaJmH sH tH h�ORh a]Texto 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