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SUSTITUCI�N PRISI�N INTRAMURAL POR PRISI�N DOMICILIARIA FUNDADA EN LAS HIP�TESIS DE LA SUSTITUCI�N DE LA DETENCI�N PREVENTIVA POR LA PRISI�N DOMICILIARIA � Competencia del juez de ejecuci�n de penas � Teniendo en cuenta que la solicitud de la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena en centro carcelario por la del lugar de residencia motivada en la causal del numeral 4� del art�culo 314 del C de P.P., por grave enfermedad del procesado, no debe ser resuelta por el juez de conocimiento al momento de proferir sentencia, en tanto, conforme el art 461 de la misma codificaci�n, esta facultad se encuentra asignada al juez de ejecuci�n de penas, se determina que tanto el juez a quo, como esta Corporaci�n, carecen de competencia para pronunciarse al respecto; sin embargo, como no obstante lo anterior, se orden� la pr�ctica de un dictamen m�dico forense, en el que se concluy� que la enfermedad sufrida, era compatible con la vida en establecimiento carcelario, se determina que la decisi�n de negar tal sustituto devino acertada. / TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL SALA DE DECISI�N PENAL Magistrado Ponente: Dr. Jos� An�bal Mej�a Camacho Proceso N�: 520016000000201400162-1 N�mero Interno: 12174 Conducta Punible: Homicidio tentado Acusado: RGNL Decisi�n: Sentencia confirma la recurrida Aprobado: Acta N� 7 de 13 de marzo de 2017 San Juan de Pasto, treinta de marzo de dos mil diecisiete (Hora: 10:30 am) I. OBJETO DEL PRONUNCIAMIENTO Debe ocuparse la Sala del recurso de apelaci�n sustentado en el t�rmino previsto en el art�culo 179 del C�digo de Procedimiento Penal por el defensor del enjuiciado RGNL, contra la sentencia del 29 de julio de 2015, proferida por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto (N), mediante la cual, lo conden� como autor penalmente responsable de la conducta punible de homicidio en la modalidad de tentativa, imponi�ndole en consecuencia, como pena principal 52 meses de prisi�n e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas por el mismo t�rmino de la pena principal impuesta.
Le neg� la concesi�n de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y el sustituto penal de la prisi�n domiciliaria (fls. 102-114). 1. Supuestos f�cticos Se tiene que el d�a 10 de agosto de 2009 en horas de la madrugada, en el municipio de Yacuanquer - Nari�o, se encontraban departiendo en la casa de habitaci�n de la se�ora DRNR, con su ex yerno EFD, AC, su Hija IMM, en tanto que dorm�a el se�or ELM.
Transcurrido unos minutos se retira EFD, sale hacia la calle y se encuentra con SN, con quien se suscita una fuerte discusi�n, sus familiares al escuchar el alboroto no dudan en salir de la casa, DNR y su hija MM, con el �nimo de entrar a EF, sin lograrlo, porque son enfrentados por los integrantes de la familia NL, entre los que se encontraban SN, EL, R, A, P, C y EN.
Como consecuencia de lo anterior, sobrevinieron agresiones verbales y f�sicas, de all� que se tiene que cuando ELMT, sale de su casa para mirar lo que ocurr�a, se encuentra con el indiciado RGN, que sin mediar palabras y armado con un cuchillo se lanz�, propici�ndole varias pu�aladas, siendo trasladado al puesto de salud de dicho Municipio, de ah� que por la gravedad de sus heridas fue remitido al Hospital Departamental de Nari�o, donde pudo ser salvado. 2.
Actuaci�n procesal y sentencia recurrida Por solicitud de la Fiscal�a delegada ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Yacuanquer, el 6 de octubre de 2014, se adelant� la audiencia preliminar de legalizaci�n de captura e imputaci�n de cargos, en donde RGNL, se allan� al cargo por el delito de homicidio en la modalidad de tentativa; oportunidad en la que el ente acusador desisti� de la solicitud de imposici�n de medida de aseguramiento.
Luego, el 11 de mayo de 2015, se adelant� la audiencia de verificaci�n de allanamiento, anunciando en tal acto por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto, donde la defensa de RGN, puso a disposici�n de ese despacho, la solicitud de prisi�n domiciliaria por grave enfermedad, por lo tanto, el Juzgado Primero, orden� la pr�ctica de un examen psiqui�trico a fin de determinar si la enfermedad sufrida por el procesado, era compatible con la vida en establecimiento carcelario, la cual se dar�a a conocer en la audiencia de lectura de fallo.
Para el 29 de julio de 2015, se realiz� la audiencia p�blica de lectura de fallo; donde la a quo luego de referirse a los aspectos de car�cter formal y precisar el tipo penal que se le atribuy� al acusado, entr� al an�lisis de las posturas de los distintos sujetos procesales, destacando que la Fiscal�a se empe�� en demostrar la responsabilidad penal del acusado en la comisi�n del delito del que el procesado acept� los cargos.
Expres� que la defensa, comenz� su intervenci�n reconociendo que su prohijado dado el quantum de pena a imponer y la pena de prisi�n m�nima legal correspondiente al delito que por lo que se le acus�, no cumpl�a con el requisito objetivo para hacerse acreedor a los subrogados penales de la condena de ejecuci�n condicional y la prisi�n domiciliaria.
Empero, aclar� que solicit� que se le concediera la �ltima en raz�n a la grave enfermedad que padece. A continuaci�n, realiz� la valoraci�n jur�dico probatoria, empezando con la tipicidad y explic� que, respecto al delito de homicidio en la modalidad de tentativa, estaba demostrado con las entrevistas de ELMT, IMMN y DN, E.M.P. a trav�s de los cuales adujo se constataba las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se recreaban los hechos ya relatados en el ac�pite correspondiente, y en punto de las lesiones sufridas por EMT, adujo que se encontraba el informe m�dico legal de lesiones no fatales emitido por la doctora Liliana Hidalgo Bravo, adscrita al Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Nari�o. Estableci� la tipicidad de la conducta que se endosa a RGNL, arguyendo que se encontraba satisfecho la iniciaci�n por parte de �l de los actos ejecutivos e id�neos para la consumaci�n de la conducta punible de HOMICIDIO, al tenerse que tom� un cuchillo para atentar en contra de la vida de EMT; sin embargo, su acci�n se vio truncada por la oportuna asistencia m�dica que se le prest� en centro hospitalario.
Explic� no encontrar causal que justificara la conducta del acusado, torn�ndola abiertamente antijur�dica, pues atent� sin justa causa contra el bien m�s preciado, la vida de un ser humano, estim� entonces que no hab�a duda que la conducta de RGNL, puso en peligro el bien jur�dico de la vida y la integridad de EMT. En cuanto a la Culpabilidad, sostuvo que el acusado actu� conociendo la ilicitud de su comportamiento y determin� su realizaci�n conforme a ese conocimiento. 2.1 Dosificaci�n de la Pena Al concluir que la conducta de RGNL, se adecuaba en el delito de homicidio en la modalidad de tentativa, descrito en los art�culos 103 y 27 del C�digo Penal, con una pena de prisi�n de 104 meses a 337.5 meses de prisi�n, aclar� que al tenor del art�culo 61, inciso 1� �dem, no exist�an circunstancias de mayor punibilidad, pero s�, se ten�an las de menor punibilidad consistentes en la ausencia de antecedentes penales del procesado y su presentaci�n voluntaria a las autoridades, por lo cual, decidi� ubicarse dentro de los linderos del primer cuarto y de conformidad con la gravedad de la conducta, el da�o real producido, la intensidad del dolo, la necesidad y la funci�n de la pena de prisi�n, la fij� en ciento cuatro (104) meses.
Aclar� que la misma habr�a que rebajarse en un 50%, en raz�n del allanamiento a cargos por parte del acusado en audiencia de formulaci�n de imputaci�n, quedando una pena definitiva de cincuenta y dos (52) meses de prisi�n, m�s la accesoria de interdicci�n de derechos y funciones p�blicas por el mismo t�rmino de la duraci�n de la pena principal.
Consider�, adem�s, que en el caso se acredit� por parte de la defensa que RGNL, padece de episodios de epilepsia tipo A, apunt� que de conformidad con el concepto de la doctora Magaly del Socorro Realpe Palacios, profesional especializado forense del Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Nari�o, su padecimiento no reun�a los criterios para estado de salud grave por enfermedad; por lo cual, concluy� que no podr�a sustituirse el lugar de la ejecuci�n de la pena, esto es, centro carcelario por el de su residencia. 3.
Argumentos del recurrente y de los no apelantes 3.1. Abogado defensor de RGNL como recurrente El defensor de RGNL impugn� la anterior determinaci�n bajo los siguientes argumentos: Con fundamento en el art�culo 10 del C�digo Penal, alega que la conducta reprochada de su defendido no encaja en el juicio de tipicidad realizado, puesto que, para la prescripci�n legal que del delito de homicidio en la modalidad de tentativa trae el C�digo Penal en sus art�culos 103 y 27 se requiere lo siguiente: Respecto al tipo objetivo se establece que est� demostrado con las entrevistas sobre las circunstancias de tiempo, modo y lugar, pero aclara que con base en la mismas, su prohijado tal como se dice en los supuestos f�cticos jam�s sali� en b�squeda del lesionado, pues �ste no hizo parte de la ri�a anterior, adem�s que no sab�a de su existencia en el lugar de los hechos, raz�n por la cual, queda desvirtuado cualquier tipo de conducta realizada en pro de preparar actos tendientes a consumar un delito en contra de la vida de EMT.
Expone que, de esa manera no se podr�a determinar un homicidio en grado de tentativa, puesto que el lesionado como se establece en las entrevistas �cuando se encontraron�, iniciaron una disputa y result� con las heridas el se�or MT, las cuales como se contempla en el Informe T�cnico M�dico Legal, se encuentra dentro de las lesiones no fatales, no constituyentes de un peligro para la vida o tendientes a buscar la realizaci�n del delito de homicidio.
Explica que, los elementos indispensables en la estructura del delito de homicidio para su sanci�n en grado de tentativa, requieren de la existencia de la realizaci�n del delito doloso en el iter criminis, el cual, en la fase psicol�gica y de actos preparatorios de car�cter interno, es inexistente para los presentes f�cticos, puesto como se ha sustentado en el ente acusatorio su defendido jam�s sali� en b�squeda, ni se arm� con el objetivo de lesionar espec�ficamente al se�or MT.
Agrega que es claro que hay tentativa cuando el sujeto inicia la ejecuci�n del delito directamente por hechos exteriores, realizando todos o parte de los actos que objetivamente deber�an producir el resultado, pero �ste no se produce por causas independientes de la voluntad del autor. Por otra parte, alega que hay ausencia de desistimiento voluntario, esto es, que el resultado no se haya producido por causas independientes a la voluntad del autor, es decir, que no haya desistido de que se produzca el resultado, derivado de ello sostiene que su prohijado nunca tuvo la voluntad de quitarle la vida al lesionado y por otra parte, deducido del experticio t�cnico m�dico legista se puede esclarecer que no existe actos de un tercero denominado m�dico tendientes a impedir la consumaci�n del delito imputado.
Centra su discurs� en que la lesi�n recibida la v�ctima no puso en riesgo su vida y por contrario, la acci�n ejecutada por su representado era tendiente a lesionar su integridad sin querer causarle la muerte, as� las cosas, estima que queda desvirtuado el elemento objetivo de la conducta t�pica, pues si la conducta no encuadra en la descripci�n legal por carecer de algunos de los elementos necesarios para su integraci�n, habr� atipicidad y por lo tanto, no existe homicidio en grado de tentativa.
Para finalizar pide la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena con fundamentos en los art�culos 314 numeral 4� y 461 del C�digo Instrumental Penal, que se refieren �cuando el imputado o acusado estuviere en estado grave de enfermedad, previo dictamen de m�dicos oficiales�, se�ala que en el �ltimo examen m�dico legal realizado, se sugiere la toma de varios ex�menes m�dicos y una nueva valoraci�n m�dico legal en caso de cambios en las condiciones cl�nicas, por causa de m�ltiples problemas incluidos como la eventual ejecuci�n de la pena y el desarraigo de su familia, debido a su incremento por una elevad�sima frecuencia los episodios sintom�ticos. 3.2.
Fiscal Segundo Seccional de Pasto - no recurrente Para el min. 28:59 de la audiencia de lectura de fallo, el Fiscal Segundo Seccional de Pasto, Dr. JAIME ERNESTO ORTIZ RIASCOS, presenta su posici�n frente al fallo, argumentando que se encuentra conforme a lo estipulado en la sentencia. II. PARA RESOLVER SE CONSIDERA 1. El problema planteado Se trata de establecer si en el presente caso resulta procedente la retractaci�n del allanamiento a cargos propuesta por la defensa al considerar que la tipicidad de los hechos imputados deben corresponder a otro delito.
Adicionalmente si es dable acceder, a la pr�ctica de un nuevo y vigente informe pericial de medicina legal en aras de evaluar la condici�n actual de salud de su prohijado, buscando con ello la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena por enfermedad grave. 2. Del principio de no retractaci�n El principal argumento del defensor de RGNL, como recurrente, se dirige a alegar que la conducta endilgada a su poderdante no encaja en el juicio de tipicidad efectuado por el juzgado de primera instancia, como quiera que bajo su consideraci�n lo ocurrido no apunta a la realizaci�n de un homicidio en grado de tentativa, sino que el comportamiento que se reprocha encuadra en el delito de lesiones personales de las que se refieren los art�culos 111 y 112 del Estatuto Penal, pretendiendo entonces que en esta sede se estime sus alegaciones con el fin de acceder a la variaci�n pretendida.
Desde ya debe anunciarse que la primera petici�n de la defensa se constituye en una manifestaci�n de retractaci�n, del allanamiento de cargos que hizo RGNL desde la audiencia de imputaci�n en la que acept� su responsabilidad como autor del il�cito de homicidio en grado de tentativa. Tambi�n se debe precisar que tal arrepentimiento ocurre luego de haberse superado las etapas procesales verificaci�n del allanamiento, individualizaci�n de la pena y lectura de fallo que culminaron con una sentencia de tipo condenatorio.
As� pues, las afirmaciones de la defensa implican el ejercicio del velado acto de retractaci�n del acusado respecto del delito que fuere aceptado por �l, en audiencia de formulaci�n de imputaci�n. Recu�rdese que el art�culo 293 de la Ley 906 de 2004, respecto del procedimiento en caso de aceptaci�n de la imputaci�n, a su tenor literal dispone: Art. 293.- Modificado.
Ley 1453 de 2011. Art. 69. Si el imputado, por iniciativa propia o por acuerdo con la Fiscal�a acepta la imputaci�n, se entender� que lo actuado es suficiente como acusaci�n. La Fiscal�a adjuntar� el escrito que contiene la imputaci�n o acuerdo que ser� enviado al juez de conocimiento. Examinado por el juez de conocimiento el acuerdo para determinar que es voluntario, libre y espont�neo, proceder� a aceptarlo sin que a partir de entonces sea posible la retractaci�n de alguno de los intervinientes, y convocar� a audiencia para la individualizaci�n de la pena y sentencia. Par�grafo.
La retractaci�n por parte de los imputados que acepten cargos ser� v�lida en cualquier momento, siempre y cuando se demuestre por parte de estos que se vicio su consentimiento o que se violaron sus garant�as fundamentales. (Subrayas propias de la Sala) En el punto es importante, reiterar, como en otras oportunidades se ha dicho por esta Corporaci�n que el aceptar la tesis de la defensa, ser�a tanto como echar en saco roto el principio de la irretroactividad del allanamiento con las graves y funestas consecuencias que ello arrastra, recordando lo que pasa a citarse: �De igual manera, como la jurisprudencia en torno a la sentencia anticipada de la Ley 600 de 2000, hab�a proclamado de manera invariable su naturaleza irretractable, ahora, de cara a la figura del allanamiento o aceptaci�n unilateral de cargos, se mantiene esa postura�.
De lo rese�ado, se decanta que no puede concebirse que un proceso de naturaleza p�blica, como es el penal, quede sometido al vaiv�n del querer voluble del imputado, para que dependiendo de las variables e impredecibles circunstancias, manifieste su voluntad de allanarse y ma�ana aduciendo cualquier motivaci�n, reverse su decisi�n. El caos ser�a total, la seriedad y seguridad que debe caracterizar a las decisiones en el �mbito penal, caer�an en el descr�dito y finalmente todo quedar�a en manos del capricho de los imputados.
Ahora bien, la H. Corte Suprema en sentencia que data de mayo 30 de 2012 para sorpresa de muchos de nosotros, adopt� el criterio acorde con el cual, la facultad de retractaci�n se hac�a extensible desde el momento de aceptarse los cargos en la audiencia de imputaci�n y hasta cuando el Juez de conocimiento verifica la legalidad del allanamiento, sin que se requiriera de justificaci�n alguna, bastando la manifestaci�n expresa del acusado en el sentido de desconocer lo pactado para exigir al Funcionario judicial a admitirla y, por consiguiente, a disponer tramitar el asunto por los cauces del procedimiento ordinario.
Por fortuna fue muy corta la vigencia de esa ex�tica postura, ya que posteriormente se la reconsider� volviendo a la interpretaci�n inicial�. En este mismo t�pico, la misma Corte tambi�n ha sostenido que: �[ ] -C-uando una persona a quien se le endilga la comisi�n de una conducta punible acepta su responsabilidad de manera libre, consciente, espont�nea e informada sobre las consecuencias que ello entra�a, ese acto impide toda impugnaci�n que busque deshacer los efectos de la aceptaci�n (CSJ SP, 20 oct. 2005, rad. 24026).
Tal postura se apoya en el art�culo 293 de la Ley 906 de 2004, seg�n el cual, la aceptaci�n de la imputaci�n por parte del indiciado no admite retractaci�n, cuando la misma es voluntaria, libre y espont�nea[] (�) �Conforme lo consignado en la ley y la necesaria contextualizaci�n de las normas regulatorias del tema, advierte la Corte que en la pr�ctica se pueden presentar dos escenarios diferentes respecto del tema de la aceptaci�n unilateral de cargos operada en la audiencia de formulaci�n de imputaci�n: (i) la retractaci�n en su estricto sentido, entendida cuando unilateralmente la persona, por su solo querer, desdice de lo aceptado previamente;
(ii) los casos en que esa aceptaci�n de cargos estuvo viciada o refleja vulneraci�n de garant�as fundamentales. (i) En el primer evento, se reitera, si la persona acepta voluntariamente y de forma unilateral los cargos consignados en la formulaci�n de imputaci�n, ya despu�s no puede desdecirse de ello, porque la ley no permite que el simple deseo o querer afecte la legitimidad y efectos del allanamiento.
(ii) En el segundo, si la persona acepta unilateralmente cargos en la audiencia de formulaci�n de imputaci�n y posteriormente aduce que su consentimiento fue viciado o le fueron violadas garant�as fundamentales, el juez de conocimiento (o cualquiera de las instancias, incluida la Corte en casaci�n), puede invalidar ese acto y sus efectos.
Desde luego, si de lo que se trata es de dar plena operatividad material al par�grafo del art�culo 293 de la Ley 906 de 2004, el juez de conocimiento, al momento de adelantar la audiencia de individualizaci�n de pena y sentencia, debe permitir que el imputado o su defensor, si as� lo alegan all� o presentan previamente escrito en dicho sentido, accedan a la posibilidad de anular la aceptaci�n de responsabilidad penal, para lo cual, adem�s, ha de abrir un espacio previo a su pronunciamiento de fondo, en el cual se discuta el t�pico y, m�s importante a�n, el imputado y su defensor efectivamente prueben que lo aducido sucedi�, pues, expresamente la norma demanda del postulante demostrar que el vicio o la violaci�n sucedieron.
Si el t�pico no se prueba u obedece apenas a la simple manifestaci�n del imputado, ha de proseguir el funcionario con el tr�mite propio de la sentencia -eso s�, evaluado que tampoco se vulneran el principio de legalidad y la presunci�n de inocencia, como reclama el inciso tercero del art�culo 327 de la Ley 906 de 2004-, pues, se recalca, no es posible retractarse, en su acepci�n estricta, de lo aceptado en sede de allanamiento a cargos durante la audiencia de formulaci�n de imputaci�n, por el solo querer de la persona�[].
(Subrayas fuera de texto) �Como consecuencia de lo anterior, el art�culo 293 de la Ley 906 de 2004 establece que una vez el allanamiento es revalidado por el juez de control de garant�as en la actuaci�n que es de su resorte, o cuando tal figura se presenta ante el juez de conocimiento en los hitos procesales que son de su dominio, y uno u otro funcionario constatan que el mismo es voluntario, libre y espont�neo, y procede a aceptarlo, a partir de ese momento no es posible alguna retractaci�n�[]. �En el estudio que realiz� la Corte Constitucional del citado precepto al constatar su conformidad con el texto superior, hizo �nfasis en que al estar rodeada la aceptaci�n o el allanamiento de cargos, o los acuerdos y negociaciones que puede realizar el procesado, de las garant�as relacionadas con el respeto a la autonom�a de su voluntad, a fin de que su manifestaci�n est� distante de cualquier injerencia, que sea libre, espont�nea y cuente con la debida asistencia e informaci�n del defensor, no es razonable que se permita su rescisi�n en detrimento de la administraci�n de justicia, salvo, claro est�, que se acredite la seria, grave e irreparable vulneraci�n de garant�as fundamentales, caso en el cual lo que procede es la anulaci�n del respectivo tr�mite�[] Bajo esta �ptica, se hace necesario -se insiste- que para efectos de alegar la retractaci�n y �sta tenga �xito, ha de requerirse por parte de quien la invoca, se demuestre la existencia de vicios en su consentimiento o la violaci�n de garant�as fundamentales.
As�, debe decirse que no deja de llamar la atenci�n que el defensor ni siquiera adujera las razones por las que busca la retractaci�n de lo que su prohijado ya hab�a aceptado en la audiencia de formulaci�n de imputaci�n, y que por cierto, ya hab�a pasado por la respectiva audiencia de verificaci�n en la que acept� todo lo verbalizado por la Juez sin objeci�n alguna; por el contrario, el defensor encamina su apelaci�n directamente a inferir que el delito por el que ha sido sentenciado RG est� equ�voco y pretende con sus argumentos cambiar la adecuaci�n t�pica en estas instancias del proceso, lo que para esta Sala es inaceptable, sobre todo cuando se pretende desconocer una manifestaci�n de voluntad, exteriorizada previa informaci�n y explicaci�n acerca de su naturaleza, contenido y consecuencias, tanto negativas como positivas que hacen parte del llamado derecho premial o consensuado.
En ese orden y solo por claridad, debe tenerse que los hechos presentados por la imputaci�n, juzgados y tenidos como ciertos en el fallo se concretan a que el indiciado RGN, sin mediar palabras y armado con un cuchillo se lanz� a ELMT, por lo cual, le propici� varias pu�aladas, siendo trasladado al puesto de salud, de ah� que por la gravedad de sus heridas fue remitido al Hospital Departamental de Nari�o, donde pudo ser atendido y evitado que pudiera ocurrir su deceso.
En la audiencia de imputaci�n la Fiscal�a adecu� esos hechos a la conducta punible del homicidio en grado de tentativa, sin que en tal instancia se hubiera encontrado que esa adecuaci�n vulnerase derecho fundamental alguno, postura que se afianza por la misma asesor�a del defensor de turno al encartado en que aceptara los cargos en presencia del Juez de Garant�as bajo el rito legal correspondiente.
Se advierte que la defensa debe verse como una sola unidad, por lo cual, en el momento quien hizo ese papel activo, como fue el Dr. Carlos Ernesto Ch�vez Bravo, en la imputaci�n de manera expresa s� pidi� una aclaraci�n de tipo f�ctico, misma a la que el Fiscal Delegado seguidamente ofreci� explicaci�n; sin embargo, el Juez de Garant�as le concede nuevamente la palabra a la defensa quien all� presenta una glosa a la imputaci�n a la misma que el Funcionario Judicial procede a darle respuesta y pese a tal particular situaci�n, luego de un receso, la Judicatura pregunt� si la Fiscal�a modificar�a la imputaci�n, manifestado el ente acusador que la mantendr�a por el delito de homicidio en grado de tentativa, de all� que, el enjuiciado con asesor�a de su defensor acept� los cargos, de esa manera, el Juez luego de dar a conocer las implicaciones de la aceptaci�n, indica que frente a ese acto de imputaci�n no operaba recurso alguno por ser de mera comunicaci�n, pese a ello, concedi� nuevamente la palabra tanto a la Fiscal�a como a la defensa para que se pronunciaran, momento en que la defensa se�al� no tener observaciones a la imputaci�n y menos a la aceptaci�n de cargos.
En esas condiciones, la audiencia de imputaci�n fue el momento para hacer ese tipo de censuras y si bien en tal acto, se ofrecieron algunas inquietudes las mismas se despejaron, por lo cual, debe recalcarse que la defensa de manera expresa prohij� cuando permiti� y asesor� a RGNL, para que se allanar� a los cargos. Nada conduce a aseverar que en esa manifestaci�n de voluntad expresada por el imputado p�blicamente con la presencia de su defensor, estuvo interferida por el ocultamiento o el enga�o, � que se hizo en circunstancias insuperables de coacci�n o confusi�n ps�quica o emocional; por el contrario, todo lleva a demostrar que el consentimiento del se�or RGNL, no s�lo estuvo acompa�ado de buen grado de intelecci�n, sino que fue libre y debidamente informado.
As� entonces, la impugnaci�n no tiene �xito. 4. De la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena en centro carcelario por la del lugar de residencia motivada en la causal del numeral 4� del art�culo 314 del C�digo de Procedimiento Penal �cuando el imputado o acusado estuviere es estado de grave enfermedad, previo dictamen de m�dicos oficiales-.
El defensor del procesado tambi�n recurre la sentencia de primera instancia, la negativa del a quo de concederle la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena por la prisi�n domiciliaria bajo el argumento de que su representado se encuentra en estado de grave enfermedad. Asunto previo Sea lo primero precisar por la Sala, que tanto el juez a quo, como esta Corporaci�n, carecen de competencia para pronunciarse respecto de las solicitudes de sustituci�n de la privaci�n de la libertad en centro carcelario por la prisi�n domiciliaria para todos los eventos consagrados en el art�culo 314 del estatuto adjetivo, en tanto esa facultad se encuentra asignada por el legislador a otra autoridad.
En efecto, el art�culo 461, ib�dem, establece que el juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad podr� sustituir la ejecuci�n de la pena por la prisi�n domiciliaria en los mismos supuestos de la sustituci�n de la detenci�n preventiva. El caso concreto En el asunto al que converge la atenci�n de la Sala, el recurrente reclama que a su prohijado se le sustituya la ejecuci�n de la pena intramural por la prisi�n domiciliaria bajo el supuesto del numeral 4� del art�culo 314, del ordenamiento evocado, que determina que la detenci�n preventiva en centro carcelario podr� sustituirse por la del lugar de residencia �Cuando el imputado o acusado estuviere en estado grave por enfermedad, previo dictamen de m�dicos oficiales.�, bajo el entendido del citado art�culo 461.
Si bien esta disposici�n autoriza la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena por la prisi�n domiciliaria reclamada por el recurrente, tal supuesto se puede verificar, �nica y exclusivamente cuando el tr�mite se encuentra en sede de conocimiento de los jueces de ejecuci�n de penas y medidas seguridad. El entendido no puede ser otro, pues el mismo precepto en que se funda tal pretensi�n otorga esa facultad de manera exclusiva a esta clase de jueces, evento que se verifica solamente cuando la sentencia se encuentra ejecutoria o en firme, pues no es otra la oportunidad procesal que la especialidad de estos jueces, tienen la vocaci�n de competencia, precisamente para conocer la ejecuci�n de la sanci�n. Por lo tanto, por disposici�n legislativa, la sustituci�n de le ejecuci�n de la pena bajo los supuestos descritos en el art�culo 314 de la Ley 906 de 2004, como el que aqu� se reclama, solo son susceptibles de abordar en primera instancia por los jueces de ejecuci�n de penas, sin que tal facultad pueda ser arrogada a los jueces de conocimiento Lo anterior cobra sentido con las luces que ofrece lo dispuesto en el art�culo 478 del mismo ordenamiento adjetivo, consistente en que las decisiones que adopte el juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad en relaci�n con mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y la rehabilitaci�n, son apelables ante el juez que profiri� la condena de primera o �nica instancia. De este modo es claro que taxativamente el legislador previ� que el competente para conocer en segunda instancia de las determinaciones que se tomen por los jueces de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad sobre los mecanismos sustitutivos de la pena privativa de la libertad y la rehabilitaci�n, es el juez que profiri� la condena de primera o �nica instancia, es decir, que a esta Corporaci�n no le compete conocer de tales apelaciones, excepto cuando haya actuado como juez de primer grado o de �nica instancia, lo que lo excluye de las decisiones que en ese sentido haya tomado los jueces penales del circuito y de manera espec�fica del tr�mite que ahora se somete a su conocimiento.
Vale recordar que esta Corporaci�n, soportada en jurisprudencia de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia ya se ocup� del tema, oportunidad en la que destac� que al juez de conocimiento no le corresponde pronunciarse sobre la sustituci�n de la pena por la prisi�n domiciliaria al momento de proferir sentencia. En efecto, esta Sala al estudiar un asunto af�n, precis� que la sustituci�n de la ejecuci�n de la pena es un instituto cuya concesi�n debe ventilarse en el escenario del juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad, a quien por competencia legal en su esfera se halla la ejecuci�n de la sanci�n penal impuesta una vez se haya verificado la ejecutoria de la sentencia, labor que realizar� con apoyo de las autoridades penitenciarias y carcelarias conforme lo ritua el art�culo 459 del C�digo de Procedimiento Penal.
Se tuvo como apoyo para llegar a esa determinaci�n el criterio consolidado de la Sala de Casaci�n Penal la Corte Suprema de Justicia, colegiado que ha concluido que a los jueces de conocimiento no les corresponde pronunciarse sobre la sustituci�n de la pena de prisi�n por la prisi�n domiciliaria, en el entendido de que por fuerza legislativa del 461 de la Ley 906 de 2004, a ellos se les encontraba asignada la competencia para ello.
As� lo ha dicho esa alta Corporaci�n: �En ese orden, le correspond�a al fallador de primer grado analizar si frente al caso concreto se cumpl�an las referidas exigencias, que advierte la Sala no concurren, concretamente el factor objetivo, en la medida en que uno de los delitos por los que V�squez Mart�nez fue condenado contempla una pena m�nima superior a cinco a�os de prisi�n, raz�n que resultaba suficiente para disponer la ejecuci�n de la pena al interior de un centro de reclusi�n. Ahora bien, examinado el motivo por el que el a quo estim� procedente la aplicaci�n de la prisi�n domiciliaria, observa la Corte que el mismo est� relacionado con la causal de sustituci�n de la detenci�n preventiva, prevista en el art�culo 314, numeral 2�, de la Ley 906 de 2004, relativa a que �sta podr� sustituirse por la del lugar de residencia �cuando el imputado o acusado fuera mayor de sesenta y cinco (65) a�os siempre que su personalidad, la naturaleza y modalidad del delito hagan aconsejable su reclusi�n en el lugar de residencia�.
Sin embargo, de acuerdo con la jurisprudencia de la Sala, el mencionado precepto, aplicable por raz�n de lo dispuesto en el art�culo 461 de la Ley 906 de 2004, como un mecanismo sustitutivo de la pena de prisi�n, solo puede ser reconocido, una vez ejecutoriada la respectiva sentencia, por el juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad, puesto que: �� en el sistema de enjuiciamiento penal con tendencia acusatoria no cabe pronunciamiento alguno de los jueces de instancia sobre la sustituci�n de la prisi�n intramural por la domiciliaria por cuanto, a voces del art�culo 461 de la Ley 906 de 2004, esta es una competencia reservada al juez de ejecuci�n de penas y medidas de seguridad. �nicamente, en la hip�tesis de encontrar satisfechos los presupuestos normativos que regulan el instituto de la detenci�n domiciliaria, al momento de proferir sentencia, habr�a lugar a conceder la sustituci�n de la medida, no as�, la prisi�n domiciliaria�. Ahora bien, como en el presente evento se tiene que al momento de la audiencia de verificaci�n de allanamiento e individualizaci�n de pena se solicit� ante la juez a quo la sustituci�n de la prisi�n intramural por la prisi�n domiciliaria fundada en las hip�tesis de la sustituci�n de la detenci�n preventiva por la prisi�n domiciliaria, espec�ficamente la del numeral 4� del art�culo 314 de la Ley 906 de 2004, motivada en el estado grave por enfermedad del imputado, llev� a que la juzgadora previo a decidir considerara necesario la pr�ctica de un examen psiqui�trico a fin de determinar si la enfermedad sufrida por el procesado, era compatible con la vida en establecimiento carcelario.
Para el momento de proferir sentencia, se cont� con el dictamen m�dico forense en el que se concluy� que no podr�a sustituirse el lugar de la ejecuci�n de la pena, esto es, centro carcelario por su residencia, pues en el informe se dictamin� que: �el paciente RGNL, no re�ne los criterios para estado de salud grave por enfermedad. El intrahospitalario, puede y debe realizar los ex�menes y las valoraciones m�dicas, sus controles y tratamientos de manera ambulatoria.
Es importante que el funcionario judicial tenga presente que mientras se encuentra en situaci�n privativa de la libertad independientemente del lugar en donde le sea asignada su permanencia, se le deben garantizar sus necesidades de atenci�n en salud, acordes con lo descrito en la discusi�n del presente informe. Se sugiere una nueva valoraci�n m�dico legal si hay cambios importantes en su condici�n cl�nica� De manera que, si bien a partir de los criterios jurisprudenciales evocados sobre la competencia al juez de conocimiento no le correspond�a pronunciarse sobre la sustituci�n de la prisi�n intramural por la prisi�n domiciliaria, su determinaci�n devino acertada pues el concepto de los galenos m�dico legales as� lo establecen al dictaminar que el enjuiciado �no re�ne los criterios para estado de salud grave por enfermedad�.
Como el recurrente sin elemento de juicio nuevo persiste en la concesi�n de la reclamada sustituci�n, le debe precisar la Sala que siendo un presupuesto normativo que para su reconocimiento se cuente con previo dictamen de m�dicos oficiales, el que ya obra en el proceso, tal circunstancia no permite hallar a su representado frente a las condiciones de estado grave por enfermedad que den viabilidad a su pedimento, raz�n por la que se deber� confirmar lo decido en la instancia. Debe precisarse que la negativa de acceder a tal sustituci�n recae en el resultado de la valoraci�n m�dico legal, de all� que habi�ndose practicado en la debida oportunidad y puesto el mismo en traslado y consideraci�n de las partes, resulta ahora improcedente pretender insistir por una nueva verificaci�n, pues como lo anunci� el informe m�dico forense con el que se cuenta, tal evento puede darse en caso de �cambios importantes en su condici�n cl�nica�.
III. LA DECISI�N Por lo expresado, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, Resuelve: 1�. Confirmar la sentencia recurrida de naturaleza y procedencia conocida. 2�. Esta decisi�n se notifica en estrados y se hace saber que contra ella procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y C�mplase, JOS� AN�BAL MEJ�A CAMACHO Magistrado Ponente FRANCO SOLARTE PORTILLA Magistrado BLANCA ARELLANO MORENO Magistrada JUAN CARLOS �LVAREZ L�PEZ Secretario Audiencia de Lectura de Fallo (29 de julio de 2015, 11:20 am) Auto interlocutorio 20120201301 No. I 5717 Marzo 6 de 2014 MP Jaime Cabrera J. Radicaci�n 37668 de mayo 30 de 2012;
M.P. Dra. Mar�a del Rosario Gonz�lez Mu�oz Radicaci�n 39707 de febrero 13 de 2013; M.P. Dra. Mar�a del Rosario Gonz�lez Mu�oz AP8328-2016(45760) [] CSJ AP-1010-2016, 24 feb. 2016, rad. 47183. En el mismo sentido, CSJ AP- 937-2016, 24 feb. 2016, rad. 47366; y CSJ AP-5185-2015, 9 sep. 2015, rad. 46027; CSJ AP-4925-2014, 27 ago. 2014, rad. 42203 [] CSJ SP, 13 feb. 2013, rad. 40053 [] CSJ.
SP. 13 feb. 2013, rad. 40053, y AP. 20 nov. 2013, rad. 42180. CSJ AP7364-2015, 16 Dic 2015, Rad, 47199 CD Audiencia de Formulaci�n de imputaci�n, Corte 1, minuto 1:00 Cd. Audiencia Formulaci�n Imputaci�n, corte 1, record: 45:08. Sentencia de segunda instancia de 15 de noviembre de 2016, radicaci�n No. 2016-00591-01 N.I. 15939 MP.
Dr. Franco Solarte Portilla. CSJ AP, 11 dic. 2013, rad. 41300; CSJ AP, 30 jul. 2014, rad. 38262; entre otras. Ib�dem CSJ SP, 3 feb 2016, Rad. 45905. Fl. 96 Proceso N�: 520016000000201400162-1 N�mero Interno: 12174 Conducta Punible: Homicidio Tentado Acusado: Rom�n Guillermo Navarro L�pez PAGE P�gina PAGE 16 de 23 $ m3wxy��������������%&+,4<>������Ⱥȱ������|��qiaY|qaM�|�h�*+h�\�5�CJaJh�\�CJaJh`�CJaJh��CJaJh�*+h�\�CJaJh�\�5�CJ\�aJh��CJaJh�?�h�\�CJaJh�?�h�\�5�CJ\�aJh�N5�CJ\�h�\�5�CJ\�h��h�\�5�@�CJ\�hz!h�\�5�@�CJ\�h�/�5�@�CJ\�h�/�htw{CJaJh� htw{CJh� htw{5�CJlmwxy������,Qb��������������������� $dha$gd�\�$�ndh^�na$gd�\�$�n^�na$gd��$�n^�na$gd�\�dhgd�\� $dha$gd�\�$&dP��a$gd��$a$gd�[>?PQWXZ[\]ablmoxy��������������������ɻ�����ߤ����ߜ�|tl|t�aYh�I�CJaJh�Ezh�\�CJaJh�@�CJaJh�l�CJaJh>"CJaJh^Q�CJaJh`�CJaJh��CJaJh�\�CJaJh`�h`�CJ\�aJh "�5�CJ\�aJh�?�h "�5�CJ\�aJh�\�5�CJ\�aJh�@�5�CJ\�aJh�?�h�\�5�CJ\�aJh��CJaJh�?�h�\�CJaJ��������!$*+,.NO������'�������������xhx`X`M`D`h�F5�CJaJh�0h�FCJaJh�I�CJaJh�FCJaJh�Ezh�\�5�@�CJ\�aJh�Ezh�\�CJaJh�Ezh/�CJaJh>"CJaJmH sH h�l�CJaJmH sH h/�h/�CJaJmH sH h/�CJaJmH sH h�\�CJaJmH sH h�I�CJaJmH sH h�/�CJaJmH sH h�l�CJaJmH sH 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