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LOS HECHOS JUR�DICAMENTE RELEVANTES De conformidad con la prueba allegada a juicio, se determina que YAPL y su familia, para el a�o 2009, deciden ingresar a la Iglesia Di�cesis del Esp�ritu Santo, buscando la sanaci�n de una enfermedad que padec�a su madre, permaneciendo en sus inicios en una de las misiones de dicha iglesia que se llevaba a cabo en el Barrio Nueva Aranda de Pasto, en la casa de habitaci�n de GAFA y que era orientada por el reverendo �Jeremias� cuyo nombre de pila es LCLE.
En dicha misi�n se integra al ministerio de alabanza o de m�sica, que al cabo de un tiempo se unific� con el ministerio del templo principal o catedral ubicado cerca al Centro Comercial �nico de esta ciudad, que tuvo ocurrencia a ra�z de un encuentro de estos grupos musicales el d�a 6 de enero de 2010, fecha en la cual YAPL conoci� al obispo de la iglesia, IRRM, quien tras ganarse la confianza de la precitada y empoderarse frente a ella como un pap� espiritual, la empieza a abordar para indagar sobre temas personales e �ntimos, determinando entre otros aspectos que no hab�a tenido relaciones sexuales, hasta que en una ocasi�n la invita a conocer un lugar, a lo cual Y accedi� pensando que no representaba ning�n peligro, pero una vez que la recoge en un veh�culo, la transporta hacia un sector oscuro y solitario de la ciudad, donde repentinamente la acaricia en su pierna y la besa bruscamente en la boca, hecho que motiv� su reacci�n pretendiendo salir del veh�culo; ante ello IRRM decide regresarla a su casa.
Dada la autoridad e imagen que representaba el precitado en la iglesia para todos sus integrantes incluyendo a la familia de YAPL, ella decide ocultar y tratar de olvidar lo sucedido, de manera que contin�a en la iglesia manteni�ndose en el ministerio de m�sica, donde conoci� a su director CACC con quien inici� una relaci�n de noviazgo, de lo cual se enter� IRRM, requiri�ndole �ste a CA para que al interior del templo o en su presencia no realizaran manifestaciones de cari�o que pusieran en evidencia dicha relaci�n. Luego, aproximadamente en el mes de octubre de 2010, YAPL se involucra en una de las actividades de la iglesia que se desarrollaban en la casa de habitaci�n de IRRM, ubicada cerca al templo principal de su iglesia en el barrio La Carolina de esta ciudad, relacionada con unos folletos que se repartir�an en contra de las fiestas de Halloween, a lo cual accedi� porque en dicho sitio laboraba su media hermana MVPM, como empleada de servicio dom�stico, conoci�ndose que adem�s en dicho lugar se realizaban otras actividades como llamadas a los miembros de la iglesia, entre otras personas por KETD.
Aprovechando que en una de estas jornadas, MVPM termina sus labores antes de la hora acostumbrada y que YAPL se queda sola en la casa, IRRM decide acercarse a ella, e impedirle la salida de la casa cuando termin� su trabajo, empieza a hablarle y a tratar de convencerla de acceder a sus pretensiones libidinosas, llev�ndola por las gradas que conducen al segundo piso, de las cuales alcanz� a subir unos escalones.
Como YAPL manifiesta en varias ocasiones su deseo de irse, empieza un forcejeo, ante el cual RM decide cargarla y conducirla hacia una alcoba ubicada en el segundo piso, donde la lanza sobre la cama y cierra adem�s la puerta de la habitaci�n. Desconcertada, YAPL empieza a llorar e insistirle en su deseo de marcharse, lo cual no le ofreci� ning�n reparo a RM, para en su lugar tratar de calmarla y convencerla de sus pretensiones.
Como no logra su cometido decide por la fuerza accederla carnalmente pese a la oposici�n f�sica de YAPL quien se sinti� vencida por la superioridad y fuerza f�sica del agresor. Luego de lo anterior y en medio del silencio procede a llevar a la v�ctima a su casa de habitaci�n, donde ella nuevamente no comenta de lo sucedido a sus padres y a futuro a nadie de la comunidad religiosa, puesto que IRRM aprovechaba cualquier oportunidad para hacerle pensar que lo sucedido era normal y que si comentaba algo al respecto nadie le dar�a credibilidad pues estaba su palabra como l�der espiritual por encima de la de ella.
As�, YAPL decide continuar en la iglesia porque retirarse implicaba enviar una carta aduciendo el o los motivos, a lo cual no estaba dispuesta por evitar el escarnio p�blico, y as� un da�o a su familia o a la misma iglesia, ya que RM le inquir�a constantemente que nadie le creer�a y que si alguien se enteraba del hecho, la iglesia podr�a terminarse y sus almas perderse.
Pasa un tiempo, se dice unos meses, durante los cuales, YAPL se siente asediada, empieza a so�ar pesadillas, no duerme bien, llora frecuentemente y la imagen de su gu�a espiritual se transforma en una figura que le causa dolor psicol�gico y su salud f�sica tambi�n se ve afectada por la falta de sue�o. No obstante contin�a en su ministerio de alabanza, y nuevamente sin precisar la fecha se organiza el lanzamiento de un CD de m�sica cristiana de autor�a de CACC, a trav�s de un concierto que estar�a a cargo precisamente de su ministerio y como quiera que para la fecha fijada, los miembros del mismo deb�an estar al tanto de los preparativos, IRRM aprovecha el acontecimiento y antes de que iniciara el concierto, so pretexto de ir a su casa a traer unos elementos que hac�an falta para la instalaci�n del sonido, lleva a YAPL a su casa.
Ella ante la desconfianza que ten�a por la actitud del obispo, se queda afuera introduciendo los elementos en el veh�culo, no obstante ante la prisa que exist�a por llevarlos al concierto, RM le ordena recoger otro objeto que estaba al interior de la casa y una vez que logra esto, cierra la puerta; YAPL se percata de lo que su l�der religioso pretende y se paraliza, entra en shock, es lanzada hacia un mueble donde le sostiene a la fuerza sus manos llev�ndolas hacia arriba, y con rabia le ordena que se quede quieta, por lo cual es nuevamente accedida carnalmente.
Ocurrido lo anterior, se trasladan a la iglesia y el concierto se lleva a cabo con la participaci�n del grupo incluyendo a YAPL quien ejecuta la organeta e interpreta una de las canciones. Estos hechos fueron ocultados por la precitada, hasta que empieza al interior de la iglesia en especial entre los c�rculos m�s cercanos al obispo IRRM, a conocerse que al parecer �l hab�a tenido relaciones sexuales con algunas mujeres de la iglesia, porque precisamente una de ellas se acerca en actitud de confesi�n ante el reverendo LCLE y le comenta de este hecho, ello lo lleva a confrontar a RM quien acepta el episodio aduciendo que hab�a ca�do una vez pero que ello cambiar�a. Sin embargo, en una reuni�n que realiza RM con varios de sus reverendos, de la cual no se conoce la fecha precisa, decide comentarles que en realidad hab�a tenido relaciones sexuales con cinco mujeres de la iglesia.
LCLE, en principio no hizo mayores cr�ticas como tampoco otros de los que se enteraron de la confidencia, pues se hab�an acostumbrado a seguir al l�der bajo un principio de obediencia sin cuestionamientos y porque adem�s no conoc�an de las circunstancias que rodeaban los hechos. Entretanto esta noticia llega a o�dos de GAFA, a quien se le informa que al parecer entre las cinco mujeres se encuentra YAPL y aprovechando una visita que �sta le hiciera para llevarle una invitaci�n a una de las actividades de la iglesia, la interroga al respecto y ella en medio de su llanto decide comentarle todo lo sucedido, para luego animarse a presentar la denuncia correspondiente en abril de 2013.
En cuanto a YLG, se tiene conocimiento que ingresa a la iglesia cerca del a�o 2008 cuando fue invitada por su madre, asistiendo ocasionalmente a las ceremonias y pasado un tiempo ya para el a�o 2011, ingres� al ministerio de intercesi�n y adoraci�n, por consejo de IRRM. Una vez que pasa a formar parte del ministerio en menci�n, el precitado empez� a dirigirse hacia ella con palabras y frases de contenido personal lo cual le caus� sorpresa, porque le dec�a entre otras �bomb�n�, �amor�, �mamacita�, o que quer�a que le de un hijo, a lo que paulatinamente se unieron acciones f�sicas como ponerle las manos sobre las piernas o jugar con las tiras de su brasier, para lo cual aprovechaba las salidas de los ministerios o las vigilias que se extend�an durante toda la noche, igualmente le gui�aba el ojo o le enviaba besos desde el altar.
Posteriormente empieza a llamarla y hacerle invitaciones o a ofrecerle llevarla a la casa luego de las jornadas de oraci�n de su ministerio, a lo cual no pod�a negarse porque su madre y sus compa�eras, quienes no conoc�an lo que estaba ocurriendo y confiaban plenamente en �l, la presionaban para que acepte tales ofrecimientos, al punto que lo llamaban �pap� grande�, resultando que en una de esas ocasiones, luego de salir de la jornada de oraci�n del ministerio de intercesi�n IRRM adujo que la llevar�a a su casa pero una vez iniciado el recorrido cambi� de destino y se dirigi� a su casa, es decir la del precitado, y le dijo que solo ten�a que traer un material para el discipulado, ante lo cual le dijo que no quer�a ir que la deje ah�, �l le insisti� en que solo iban a traer material por lo cual la llev�, y una vez ah�, �l cambio su comportamiento y se lanz� sobre ella, la mand� contra las gradas y se puso encima, trat� de besarla y cogerla a la fuerza, pero ella se opuso y se protegi� cruzando sus brazos sobre su zona pectoral, lo que le sirvi� para que RM no insistiera en sus prop�sitos lujuriosos.
Ante lo sucedido Y sinti� miedo, enojo, impotencia, desilusi�n, resignaci�n, al no poder hacer nada y no contar a nadie lo que le estaba ocurriendo, pues tem�a que su agresor adoptara represalias en contra de su esposo quien era tambi�n ministro de la iglesia, a la par que empez� a hacerla sentir culpable de lo que pasaba, inclusive ella atribuy� el hecho a su condici�n de ser mujer.
Todo este proceso se dio aproximadamente por espacio de tres meses, y de manera constante porque ella iba muy frecuentemente a la iglesia y cuando no iba �l la llamaba e iba a su casa. ACTUACI�N PROCESAL Por los hechos anteriores, la Fiscal�a solicit� orden de captura en contra de IRRM, la que fue emitida por el Juzgado Noveno Municipal con Funci�n de Control de Garant�as de Pasto el d�a 3 de abril del a�o 2014 y que fue cumplida el d�a 22 de septiembre del a�o 2014.
La Fiscal�a present� al se�or RM el 23 de septiembre de 2014, ante el Juzgado de Garant�as correspondiente, donde se llev� a cabo la audiencia preliminar concentrada, que declar� la legalidad de la captura. En la imputaci�n que no fue aceptada por el precitado, la Fiscal�a le atribuy� cargos como autor a t�tulo de dolo, de los delitos de Acceso Carnal Violento agravado por la confianza, conforme al art�culo 205 y 211 del C.P., y Acoso Sexual, seg�n la tipificaci�n contenida en el art�culo 210 A del mismo c�digo; estos delitos cometidos en concurso material y homog�neo.
Luego de la imputaci�n, ante solicitud de imposici�n de medida de aseguramiento intracarcelaria que realiz� la Fiscal�a, el se�or Juez accedi� a la misma y gir� la correspondiente boleta de Detenci�n. Prosiguiendo el tr�mite correspondiente, el ente investigador, present� escrito de acusaci�n el 27 de noviembre de 2014, luego de lo cual, el 13 de abril de 2015 se llev� a cabo la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, manteniendo los t�rminos de la imputaci�n. La audiencia preparatoria se celebr� el 8 de septiembre de 2015, mientras que el juicio oral tuvo lugar durante los d�as 15, 16 y 17 de marzo de 2016 y 5 y 6 de julio del mismo a�o, fecha esta �ltima donde la Judicatura emiti� sentido de fallo condenatorio.
El 25 de abril del 2017 se realiz� la audiencia de individualizaci�n de la pena y lectura de sentencia, la cual fue apelada por el abogado que asiste los intereses judiciales del procesado. LA SENTENCIA APELADA La se�ora Jueza de primera instancia, registra los datos que permiten identificar al acusado, realiza enseguida una breve rese�a de los f�cticos y un resumen de los alegatos presentados en juicio por parte de la Fiscal�a, la representante de V�ctimas y la defensa.
Pasa luego a hacer la valoraci�n jur�dico probatoria, para lo cual se introduce en el estudio de los testimonios recibidos, en sede de juicio oral, de la v�ctima YAPL, de GAFA, de EAB, de LCLE, la pericia del Dr. OSWALDO PE�A HERNANDEZ, y el examen sexol�gico introducido a trav�s de la m�dica legista, Dra. MAGALY DEL SOCORRO REALCE PALACIOS.
Procede a demostrar la veracidad del dicho de YAPL, a trav�s de un proceso de corroboraci�n perif�rica, para lo que se tiene principalmente los testigos de descargo MP (media hermana de YAPL) y de KETD, quienes confirmaron que para la �poca de Halloween del a�o 2011, YAPL fue a la casa del acusado con el fin de realizar llamadas y elaborar panfletos en contra de dicha celebraci�n. Por su parte MP confirm� el dicho de la v�ctima, en punto de que la primera vez que el agresor la accedi� fue un d�a en que la prenombrada abandon� la vivienda de este, donde desempe�aba labores dom�sticas.
As� mismo se ratific� el testimonio de YAPL, por medio de MP, en cuanto al lugar de los hechos; la precisa distribuci�n de las habitaciones de la casa de su victimario en el primer y segundo piso, lo que a juicio de la quo se debe porque estuvo all� con ocasi�n del tr�gico suceso. Considera, que otro elemento de corroboraci�n perif�rica es el cambio de comportamiento de la v�ctima del que dieron cuenta los testigos: GAFA, EAB Y JCCC; quienes sostuvieron, se trataba de una joven espont�nea y alegre y sin explicaci�n alguna, se miraba taciturna, abatida y doliente, lo que deja ver el da�o ps�quico, descrito por la ofendida, causado a ra�z del ataque sexual.
Da�o que finalmente fue constatado por el Dr. V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, al evidenciar, en la v�ctima, temor y rechazo hac�a el sexo opuesto, pesadillas revivenciales, conducta evitativa, recuerdos intrusivos y depresi�n, signos compatibles con un estr�s postraum�tico. Respecto del segundo episodio se tiene que OMCD Y ENJ, certificaron que antes del concierto de lanzamiento del Cd de C, hicieron falta unos cables, mismos que IRM, fue a traer en compa��a de YAPL, ocasi�n que aprovech� el agresor para accederla sexualmente por segunda vez.
Del testimonio de YLG, se tiene que este ratific� a YAPL, al referirse al modus operandi del agresor, y en segundo lugar, al uso que hizo el precitado de la jerarqu�a que ostentaba en la congregaci�n, para manipular a las v�ctimas y lograr que no lo denunciaran. Finalmente da cuenta de c�mo RM la asedi� y acos� con fines sexuales (llam�ndolas, bes�ndolas, gui��ndoles el ojo) En segundo lugar, pas� a analizar el concepto pericial del psic�logo forense Dr. V�CTOR OSWALDO PE�A HERNANDEZ, quien, luego de entrevistar a YAPL, y evaluar su contenido concluy� que su relato ofrece un grado importante de validez y credibilidad (estructura l�gica, narraci�n fluida, engranaje contextual, interacci�n de relaciones); detalles temporo-espaciales, asociaciones externas, descripci�n de su estado mental subjetivo (me paralic�) y del victimario (estaba ansioso), auto desaprobaci�n, lenguaje vivencial y no verbal a tono con los hechos (llanto, ojos aguados).
Manifest�, que si bien es cierto en el texto del informe pericial no aparece expresamente redactado el objetivo de la peritaci�n, como el t�tulo de conclusiones, es evidente que el objetivo del mismo fue el de determinar si YAPL, fue objeto de abuso sexual, concluy�ndose que s�. Concluye, que los testigos de descargo OMCD, ENOJ, YNCJ, KETD, al referirse acerca del excelente comportamiento de su pastor dentro de la congregaci�n, no logran desvirtuar la acusaci�n, por lo que no determina categ�ricamente que YLG y YAPL hayan mentido, en tanto, confabuladas con los reverendos expulsados por el se�or RM, mediante carta del 20 de julio de 2012, pretend�an expulsar al prenombrado y apoderarse de su congregaci�n. En ese mismo sentido afirma, que la teor�a de la defensa, en cuanto a la venganza en contra del acusado, queda en meras conjeturas, esto debido en primer lugar a que la denuncia por la que se conoci� los hechos se dio en el mes de abril 2013, mientras que la expulsi�n de los reverendos sucedi� el mes de julio del 2012, lo que evidencia la falacia de la teor�a defensiva, pues como lo demostr� el testigo LCLE, ante la decisi�n de disoluci�n tomada por el obispo, la actitud de los reverendos fue de absoluta obediencia, por lo que cada uno tom� su camino y form� nuevas iglesias.
Circunstancia que no desvirt�a la defensa. Finaliza afirmando que respecto del complot y los sentimientos de venganza de los reverendos contra el acusado, s�lo se tienen insumos probatorios inocuos (suposiciones-testimonio de o�das), frente a la contundencia de los argumentos f�cticos de la acusaci�n. Con el anterior an�lisis probatorio, el despacho de primera instancia, concluy� que lo manifestado por YAPL, es cre�ble, y brinda un conocimiento m�s all� de toda duda respecto de la ocurrencia de los hechos y su imputaci�n objetiva en cabeza del acusado RM.
As�, no existe una duda razonable respecto de la existencia de la conducta punible de ACCESO CARNAL VIOLENTO y ACOSO SEXUAL, y en cuanto que el autor fue el acusado RM. Ahora, en lo que respecta a las circunstancias de agravaci�n del Art. 211 numeral 2� del C.P., ellas se encuentran configuradas, dado la posici�n de autoridad que ostentaba el agresor, frente a YAPL y YLG, v�nculo que no fue controvertido por la defensa.
Finalmente el despacho de primer nivel, refiri� lo concerniente al tipo subjetivo de las conductas punibles, que es doloso, en atenci�n al conocimiento del il�cito por parte del IRRM, quien vulner� sin justa causa el bien jur�dico protegido de la libertad, formaci�n e integridad sexual de la v�ctima, y actu� con culpabilidad, porque para ejecutar su conducta, se asegur� de estar a solas con la v�ctima, deliberadamente plane� y ejecut� los injustos, de ah� que abus� de las condiciones de inferioridad f�sica y psicol�gica de YAPL y YLG As� pues, qued� demostrado que la conducta del procesado adem�s de ser t�pica y antijur�dica es culpable y por tanto merecedora de la pena legalmente correspondiente.
LA SUSTENTACI�N DEL RECURSO Parte la defensa, argumentando que no se acredit� en juicio la calidad de Psic�logo forense del Dr. V�CTOR OSWALDO PE�A HERNANDEZ, cuyo peritazgo, la Jueza de primera instancia tom� como base para proferir su sentencia. Sienta su inconformismo en el hecho de que seg�n lo preguntado al mencionado perito en el juicio oral, esto es, si ten�a una especializaci�n en Psicolog�a Forense al momento de realizar la entrevista a la v�ctima (21 de febrero de 2014) responde: �NO- en este momento la estoy realizando� (17 de marzo de 2016), dejando claro que no ostentaba la calidad de Psic�logo Forense al momento de realizar la entrevista, ni cuando declar� sobre la misma en sede de juicio oral.
Lo anterior en concordancia con lo consagrado en el art�culo 408 del C�digo de Procedimiento Penal que establece las cualidades para ser perito. Manifiesta, que en el informe base presenta varias inconsistencias, empezando por el error del perito al consignar, que la v�ctima se trataba de una menor de edad, lo que a su vez conlleva a que se haya realizado toda la valoraci�n Psicol�gica con base en ese ideal.
Lo que se corrobora de lo aludido en la audiencia de juicio oral, en punto de la existencia de un consentimiento informado otorgado por la v�ctima y que es requerido para la valoraci�n de un menor de edad, mismo que fue firmado por la defensora de familia, pero que no fue introducido al proceso, a pesar de lo manifestado por el perito quien afirm� se encontraba anexado al informe base.
De igual forma, se�ala que dentro de las t�cnicas empleadas para la valoraci�n, PE�A HERN�NDEZ anot� textualmente: �Gu�a DG-M-GUIA.09-V01 para la realizaci�n de pericias psiqui�tricas y psicol�gicas en ni�os, ni�as y adolescentes presuntas v�ctimas de delitos sexuales. Vigente desde 2010-02-22�, otro error que no fue valorado por la jueza de primera instancia. Busca a trav�s de la testigo de descargo, la Dra. MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N, demostrar que en la realizaci�n del informe en cuesti�n, no se aplicaron los m�todos y t�cnicas exigidos por la ciencia nacional e internacional, para lo que presenta un contrainforme, el cual fue realizado a trav�s de la t�cnica de an�lisis de contenidos, que pretende identificar qu� fue lo que se hizo por parte del perito y si esto se ajusta a la metodolog�a existentes en el �mbito Psicojur�dico y Forense, concluyendo a lo anterior, que el informe y posterior testimonio rendido por el se�or PE�A HERN�NDEZ contaba con var�as falencias y dificultades.
Manifiesta la defensa, que en el relato de la se�orita YAPL, existen innumerables contradicciones, que no fueron tenidas en cuenta por la a quo, que de haber sido valoradas correctamente no se hubiera dictado una sentencia condenatoria en contra, pues no se logr� desvirtuar a trav�s del mencionado relato, la presunci�n constitucional de inocencia que protege al se�or RM.
Entre las inconsistencias encontradas destaca las siguientes: En relaci�n al primer hecho, recalca errores en las manifestaciones realizadas por la v�ctima en la entrevista frente al Psic�logo y las realizadas en la audiencia de juicio oral. En cuanto a lo que concierne al segundo hecho, cuando supuestamente el se�or RM la carg� y subi� por las gradas para luego accederla, afirma que la v�ctima asever� �a lo que yo llegu� me tir� a la cama� lo que a criterio del defensor deja entrever que nunca fue cargada, sino que se dirigi� de manera voluntaria a la habitaci�n. Frente a lo anterior, dice haber demostrado con el testimonio de MP, el hecho de que las dimensiones de las escaleras de la casa (angostas) del acusado no hubieran permitido que este, una persona grande y robusta, cargara a la v�ctima.
Lo que deja sin piso lo dicho por la jueza de primera instancia al afirmar sin prueba alguna que la arquitectura de la casa hace que la misma tenga escaleras anchas. En ese mismo sentido, recalca que se pone en duda el dicho de la v�ctima en tanto menciona un sangramiento que manch� las sabanas cuando supuestamente fue accedida y evento que solo pudo haber sucedido si la v�ctima entr� con el acusado a su cama, siendo imposible en ese entendido que el prenombrado la haya empujado a las cobijas, tal como lo dijo en su relato YAPL Encuentra inconsistencia en lo relatado respecto a la dificultad para salir de la congregaci�n, situaci�n que fue mencionada por la supuesta v�ctima, pero que fue desvirtuada por varios de los testigos que rindieron testimonio en juicio, pues los mismos dijeron que no exist�a ning�n obst�culo que impidiera la salida de la iglesia, en ese sentido se manifest� CC quien afirm� haber salido de la congregaci�n en varias oportunidades, la �ltima en compa��a de su novia, la se�orita YAPL.
Considera la defensa que respecto de la ocurrencia del tercer evento, esto es los hechos que corresponden al lanzamiento del Cd de CC, el mismo fue desvirtuado con los testimonios de KET, YC, ENO Y LCC, quienes manifestaron que la v�ctima nunca sali� del lugar donde se realiz� el concierto y los dos �ltimos dan cuenta de que fueron ellos quienes se dirigieron a traer los cables que hicieron falta.
Posteriormente y en lo que refiere a la actitud tomada por YAPL, seg�n lo dicho por testigos de la Fiscal�a: se torn� una mujer callada, triste, acongojada, con miedo hac�a el g�nero masculino, dice la defensa que no corresponde con lo demostrado en juicio, en parte por el testigo de la Fiscal�a, CC, quien fue novio de la supuesta v�ctima y quien dej� claro que pasaba mucho tiempo con ella; sal�an a comer, permanec�an en su casa, lo que deja entrever que no existi� tal animadversi�n hac�a el g�nero masculino como producto del supuesto hecho delictual.
Frente al testimonio de la supuesta v�ctima de acoso sexual, YLG, encuentra la defensa que no se prob� en juicio la presi�n (gui�os, abrazos) por parte del se�or RM, del que hizo menci�n la prenombrada. De igual manera encuentra inconsistencia al momento de responder la pregunta de cu�ndo se dio su retiro de la iglesia, responde a la defensa que inmediatamente despu�s de la carta que RM envi� a los reverendos y ante el mismo cuestionamiento realizado por el ministerio p�blico respondi� que su salida se dio dos meses despu�s de la mentada carta.
Tambi�n se contradice al afirmar en un primer momento, que no puso en conocimiento de las autoridades los supuestos hechos acaecidos porque no quer�a ser tropiezo para que las personas dejaran de creer en Dios, y posteriormente afirm� que se debi� a que ten�a miedo que el se�or RM le hiciera algo a su esposo. Respecto del examen sexol�gico realizado a YAPL, practicado por la Dra. MAGALY DEL SOCORRO REALCE, afirma que solo puede inferirse que YAPL, ya no era virgen y que eso se debi� a un desfloramiento antiguo, por lo que de ninguna manera puede relacionarse esto con una posible conducta delictual de su prohijado.
Concluy�, el se�or defensor considerando que no existe prueba alguna contra su representado, que con grado de certeza determine su responsabilidad penal en el delito que se le acusa, siendo imposible desvirtuar la presunci�n de inocencia constitucional que lo cobija. En consecuencia, solicit� se revoque el fallo proferido contra IRRM y en consecuencia absolverlo de toda responsabilidad.
CONSIDERACIONES DE LA SALA COMPETENCIA Esta Corporaci�n, es competente para desatar el recurso de apelaci�n interpuesto por la defensa en contra de la decisi�n emitida el d�a 25 de abril de 2017, por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto, de conformidad con lo dispuesto en el art�culo 34 numeral 1� de la Ley 906 de 2004. PROBLEMAS JUR�DICOS Conforme a los cuestionamientos elevados por la defensa apelante, la Sala verificar� si la prueba allegada al juicio, permite adquirir el conocimiento m�s all� de toda duda, acerca del delito y la responsabilidad penal del se�or IRRM para proferir en su contra sentencia condenatoria.
Para asumir una posici�n frente a lo anterior, ser� necesario resolver de manera previa los siguientes aspectos, en relaci�n a cada una de las v�ctimas: �Se present� consentimiento por parte de YAPL para que tuvieran lugar los accesos carnales por parte de IRRM, obispo de la Iglesia Di�cesis del Esp�ritu Santo, a la cual pertenec�a la precitada como integrante del ministerio de alabanza o m�sica? Como problema subsidiario relacionado con los hechos en los que se ve inmiscuida YAPL, se determinar� si el concepto psicol�gico rendido por V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ pierde validez y confiabilidad frente a los reparos realizados por la psic�loga MARIA PAULA CHICUREL PACH�N, presentada por la defensa como prueba de refutaci�n. Respecto de los otros hechos que se atribuyen a IRRM, se determinar� si su comportamiento como obispo de la Iglesia Di�cesis del Esp�ritu Santo frente a YLG quien pertenec�a al ministerio de intercesi�n o de oraci�n, se tipifica como ACOSO SEXUAL.
ESTUDIO DEL CASO Siendo adversa la decisi�n de fondo adoptada en el primer nivel, para la situaci�n jur�dica del procesado, la verificaci�n legal debe realizarse conforme a los art�culos 7� y 381 de la Ley 906 de 2004, que indican que para proferir sentencia condenatoria debe existir convencimiento y conocimiento, m�s all� de toda duda, acerca del delito y de la responsabilidad penal del acusado, fundado en las pruebas debatidas en el juicio.
Agregando en la �ltima de las normas, que la sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en pruebas de referencia. Ahora para arribar a la soluci�n de los problemas jur�dicos planteados se analizar�n las especificidades respecto de cada una de las v�ctimas, YAPL y YLG, aunque como se ver�, algunas circunstancias se presentan como comunes en ambos casos. 5.3.1.
Los hechos relacionados con YAPL Para este caso, en lo fundamental la defensa durante la audiencia de juicio oral y siendo persistente en ello en la sustentaci�n de la apelaci�n, aparej� como pilares en contra de la prueba de cargo, dos aspectos fundamentales, el primero centrado en poner en evidencia que las relaciones sexuales que se atribuyen a IRRM realizadas con YAPL fueron consentidas por ella y el segundo en relaci�n a la ausencia de poder suasorio por parte del concepto psicol�gico rendido por V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ quien encontr� signos y s�ntomas cl�nicos compatibles con Trastorno por Estr�s Postraum�tico relacionado con los hechos que se atribuyen a RM.
Presenta adem�s como estrategia defensiva poner en evidencia que no se ha desvirtuado el principio de presunci�n de inocencia que ampara a su prohijado, ante las dudas que surgen conforme a la prueba ventilada en la audiencia de juicio oral. De ah� que resulta pertinente como primera medida determinar si YAPL consinti� que IRRM la accediera carnalmente, lo que a su vez ser� examinado en cada uno de los dos hechos que ella dio a conocer en su relato.
Para ello es menester hacer claridad que en el tema de la sexualidad no existen reglas de la experiencia que permitan admitir en el �mbito jur�dico, presunciones t�citas de consentimiento, ni patrones culturales generalizados que lleven a admitir tales presunciones. Por esa raz�n se debe dejar de lado, aquellas frases coloquiales presentes en las conversaciones del com�n de las personas, cuando se piensa que si una mujer responde negativamente ante una insinuaci�n lujuriosa es porque la acepta, o que si una mujer accede a la invitaci�n de un hombre para ir a pasear, a una comida o a su casa de habitaci�n es porque autom�ticamente est� consintiendo en que sea accedida carnalmente o que en contextos de obediencia como los laborales o ahora los religiosos, la mujer debe ser sometida a tocamientos libidinosos a�n sin su consentimiento, como parte de un derecho de quien ocupa el cargo de nivel superior u ostenta un nivel de autoridad.
Por lo anterior result� pertinente la cita jurisprudencial que retoma la a quo y que ya esta Corporaci�n ha empleado en decisiones anteriores, respecto del tipo de violencia que se incluye en el tipo penal que se estudia, que puede ser f�sica o moral, la primera que puede ser efectiva o t�cita, poniendo en evidencia que puede existir un tipo de fuerza que hace parte del juego er�tico, y record�ndose que la ley no exige que la violencia tenga connotaciones de gravedad o brutalidad, bastando probar la seriedad del ataque o la amenaza, la desproporci�n de fuerzas y la vulnerabilidad ps�quica o f�sica del sujeto pasivo que se ve impelido a demostrar su oposici�n mediante el llanto, las s�plicas o su rechazo.
Resulta tambi�n fundamental en el presente caso, valorar el contexto en que ocurrieron los hechos objeto de investigaci�n sin prejuicios contra la v�ctima, y adem�s a fin de determinar si la violencia ejercida fue suficiente para doblegar su voluntad, adelantar una valoraci�n de manera objetiva y ex ante. El entorno de la v�ctima ha sido reconocido como relevante a la hora de analizar este tipo de asuntos, en la Convenci�n Interamericana Para Prevenir, �Sancionar y Erradicar La Violencia Contra La Mujer �"Convenci�n De Belem Do Para", que fue adoptada en Colombia, con la Ley 248 de 1995.
En dicho instrumento jur�dico internacional, se define la violencia contra la mujer como cualquier acci�n o conducta, basada en su g�nero, que cause muerte, da�o o sufrimiento f�sico, sexual o psicol�gico, tanto en el �mbito p�blico como en el privado. En espec�fico, la Convenci�n, en su art�culo 2�, literal b, establece: �Se entender� que violencia contra la mujer incluye la violencia f�sica, sexual y psicol�gica: b) que tenga lugar en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que comprende, entre otros, violaci�n, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostituci�n forzada, secuestro y acoso sexual en el lugar de trabajo, as� como en instituciones educativas, establecimientos de salud o cualquier otro lugar�.
(Negrillas fuera de texto) Por esta raz�n, para estudiar el caso en concreto, es importante contar por un lado con un acercamiento al contexto en medio del cual se desarrollan los hechos y por otro lado contar tambi�n con una aproximaci�n al perfil de las v�ctimas, al menos con base en lo que se puede percibir a trav�s de los diferentes testimonios aducidos en juicio.
Lo anterior permite a esta Sala abordar el entorno en el cual se ubican las v�ctimas YAPL y YLG, pero sin que se tenga que limitar al espacio f�sico que lo pueden representar el templo en el cual se desarrollaban las eucarist�as o encuentros de oraci�n y adoraci�n religiosas y la casa de habitaci�n de IRRM, donde tambi�n se realizaban actividades de difusi�n y acompa�amiento a los miembros, pues conforme a la norma citada puede comprender adem�s la comunidad religiosa a la que ellas pertenec�an, la que era liderada por el precitado como su gu�a espiritual.
No es menester abordar las disquisiciones que se pueden presentar, para encasillar ese entorno como una iglesia, una doctrina o una secta, seg�n las explicaciones que de manera did�ctica brindara el testigo LCLE quien perteneci� a esta comunidad y luego de que fuera separado de ella decide estudiar teolog�a. Lo importante aqu� es determinar algunas de las caracter�sticas, de las reglas, del manejo interno que se realizaba por parte del l�der, su estructura, las sanciones, y la influencia que se pudiera ejercer en sus miembros, as� como la obediencia debida en ocasiones sin cuestionamiento alguno. Ello es importante conocerlo, para comprender el nivel de confianza adquirido por las v�ctimas y el impacto generado en ellas por el comportamiento asumido por IRRM.
Entonces, se presentan varios testimonios a trav�s de los cuales se aporta informaci�n que permite construir su trayectoria. Se determina as� que la comunidad se present� como una iglesia denominada Di�cesis del Esp�ritu Santo, liderada por su obispo, IRRM, como as� lo revela uno de sus reverendos LCLE, persona que ingres� a la misma hacia los a�os 2003 o 2004 buscando sanaci�n de una enfermedad que padec�a. Menciona adem�s que el obispo se present� al inicio como cat�lico independiente basado en la doctrina de Mar�a, luego como pastor, y m�s tarde como anglicano. Tambi�n hace un recuento que abarca un gran per�odo de la historia de la comunidad, EABC, quien ingres� en el a�o de 1999.
Manifiesta que al inicio se denotaba una espiritualidad muy bonita y miraba a RM como un buen maestro, pero luego se gest� un cambio en �l, y seg�n su percepci�n, hac�a que la iglesia se convirtiera en una secta ya que se alababa al ministro y no a Dios, en la que el liderazgo se ejerc�a con autoritarismo por lo que la falta de obediencia daba lugar a sanciones, situaci�n que motiv� su primera salida en el a�o 2006, aunque luego reingresar�a en varias ocasiones.
En todo caso, la doctrina de RM fue acogida por muchas personas, llegando seg�n el testimonio de otro de sus sacerdotes ENOE, a tres mil miembros. En cuanto a las motivaciones que llevaban a diferentes personas a adherirse a la doctrina de IRRM, seg�n todos y cada uno de los testimonios, fueron diferentes, algunos buscaban sanar sus dolencias f�sicas como ocurri� con LCLE, o las de sus madres como sucedi� con una de las v�ctimas YAPL y la feligr�s KETD, o por invitaci�n de terceras personas como as� lo expresaron CACC y YNCJ, o porque buscaban algo diferente a la iglesia romana seg�n lo expres� ENOE.
En todo caso, IRRM se consolidar�a como la cabeza principal de la comunidad religiosa. En lo que respecta a la estructura y sus reglas, dan informaci�n los miembros m�s antiguos, entre ellos EABC, LCLE, ENOE y GAFA. Se determina con tales testimonios que el ingreso se daba en calidad de feligreses, y si hab�a alguna aptitud especial hacia la danza, el canto o la oraci�n, entre otras, pod�an ingresar a alg�n ministerio, para lo cual deb�an alinearse con Dios, participar en sesiones de liberaciones, consejer�as espirituales y otros servicios a manera de discipulados.
Por otro lado, pod�an avanzar en la jerarqu�a, aunque al parecer ello no era uniforme, se tiene que LCLE inici� como feligr�s, pas� a ser fraile y finalmente fue ordenado sacerdote y ENOE inici� como acolito, pas� a diaconado, sacerdote, episcopado y al final Obispo auxiliar. En la estructura que conoci� YAPL , se encontraba como l�der el acusado, luego estaban los reverendos quienes deb�an asistir a la iglesia, tambi�n eran los encargados de visitar las familias, dirigir misiones en otras partes, oraci�n y dem�s, luego de lo cual estaban los diferentes ministerios de alabanza (m�sica), danza, intercesi�n (oraci�n), liberaci�n y de j�venes.
Asimismo, cuando lo autorizaba o lo ordenaba RM se conformaban misiones que eran una especie de sucursales que depend�an de la iglesia principal, que se organizaban en barrios como Nueva Aranda en la casa de GAFA, a cargo del Reverendo JEREMIAS cuyo nombre de pila era LCLE, y el barrio las Palmas a cargo de ENOE. Ahora en lo que concierne a RM su imagen como l�der espiritual es un�nime tanto para los testigos de cargo como los de descargo.
As� por ejemplo, una de sus v�ctimas YLG explica que lo conoci� en sus inicios como un hombre �ntegro, que generaba confianza, que aplicaba lo que predicaba, lo describe como un hombre de testimonio que para ella es aquel que cumple con la palabra, aunque luego conocer�a otros aspectos de su personalidad que la desconcertar�an. Para GAFA era un hombre de alto prestigio y buen discernimiento de la palabra.
LCLE lo miraba como persona espiritual y que motivaba obediencia. Las j�venes YNCJ y KETD, le atribuyen inclusive dones de sanaci�n, y lo consideran como un padre para ellas, imagen que tambi�n se insertar�a en la intelecci�n de la v�ctima YAPL quien manifiesta que lo miraba como un �pap� espiritual�, todo ello consistente con lo que declarara otro de los sacerdotes ENOE quien describe el trato del acusado para con los miembros de su iglesia como paternal.
En lo que se difiere, es en el conocimiento que se tiene de RM como ser humano, con necesidades no solo espirituales sino tambi�n materiales entre las que se incluye su sexualidad, esta �ltima, por supuesto no pod�a de ninguna forma ser ventilada ni conocida por todos sus seguidores, si acaso por los m�s cercanos a su l�nea de poder, o aquellas personas a quienes directamente se acercaba el acusado, raz�n por la cual ninguna idea pod�an tener al respecto aquellos que se mantuvieron en la feligres�a como YNCJ.
La doctrina en este punto no fue dilucidada en el juicio, aunque se conoce que era casado lo que implicar�a que no se impone en su comunidad el celibato, por lo dem�s no se hace referencia en concreto respecto del apoyo a la monogamia o a la poligamia, tan solo la alusi�n superficial que hiciera YAPL quien calific� su comportamiento como contradictorio cuando en el p�lpito atacaba el adulterio, pero a nivel personal buscaba a otras mujeres, adem�s de su esposa.
Y no era tan clara la doctrina de RM en cuanto al tema de la sexualidad o del matrimonio, al menos para quienes se presentaron en juicio, pues al ser reconocido como un gu�a espiritual, citado por algunos como un hombre llamado por Dios, se mostraron confusos cuando se enteraron que se hab�a casado. Pero una vez superado este punto, de alguna forma se acept� como normal y de hecho varios de sus reverendos tambi�n eran casados.
As�, al menos en los entornos m�s cercanos al l�der religioso, la sexualidad tuvo un aval, cuando �ste admiti� que hab�a tenido relaciones sexuales con cinco mujeres de la iglesia, claro est�, porque como lo explica LCLE no se conoc�an los detalles en cuanto a la forma o m�todos empleados por RM para doblegar la voluntad de aquellas que se convert�an en su objetivo de tipo sexual.
Conocidos algunos elementos de la iglesia a la que se integraron YAPL y YLG, se pasa a determinar aspectos de su perfil, especialmente de la primera, en raz�n a que con ella se consum� el acceso carnal seg�n su relato y el resultado obtenido en el examen sexol�gico. Encuentra la Sala que dadas las limitaciones que surgen en cuanto al principio de inmediaci�n para el tr�mite de segunda instancia, en este caso se disminuyen en alguna medida porque el testimonio de YAPL fue registrado en video a trav�s del cual se visualiza en algunos apartes la imagen f�sica y actitud gestual de la mujer que hace un relato tan pormenorizado de lo que a ella le aconteci� que invirti� un lapso prolongado de tiempo de 2 horas y 49 minutos aproximadamente sin contar el receso.
Pero a la vez fue muy significativo que la defensa aportara a trav�s del testigo ENOE un �lbum fotogr�fico en el que se registraron varias im�genes del concierto en el que particip� el grupo musical al que ella pertenencia para la fecha en que se registr� uno de los episodios por ella relatado en el que fue accedida carnalmente por IRRM. Las im�genes del concierto, aunque no se haya establecido la fecha del mismo, permiten determinar la presentaci�n f�sica de YAPL para esa �poca, como una mujer muy joven, baja de estatura y de contextura delgada, aproxim�ndonos as� a la mujer de entonces y no a aquella que declara en juicio casi cinco o seis a�os despu�s, y que conforme a su relato y el de sus compa�eros era quien ejecutaba la organeta.
Revisemos entonces el relato de YAPL quien declara en juicio oral el 16 de marzo de 2016, pero contextualizado para la �poca en que ocurren los hechos a�os atr�s, y ubicando en el mismo la imagen de la mujer que qued� registrada en el �lbum fotogr�fico presentado como prueba documental por parte de la defensa. YAPL, explica que ingres� a la iglesia liderada por el acusado por iniciativa de su madre quien padec�a de un problema de salud, y con el inter�s de alcanzar una sanaci�n ya que se hab�a escuchado por ese entonces de los poderes de curaci�n de dicha comunidad.
Esta incursi�n no fue realizada directamente en el templo principal entendido �ste como el espacio f�sico donde se desarrollaban las eucarist�as, sino en una de las misiones, espec�ficamente en la del barrio Nueva Aranda de esta ciudad que se llevaba a cabo en la casa de la se�ora GAFA, ah� le llam� la atenci�n el tema de la m�sica y ante ese inter�s al interior del grupo se hacen contactos con otro integrante de la iglesia EABC quien empieza a dictarle clases de canto y de algunos instrumentos musicales especialmente la organeta.
As� YAPL ingresar�a al ministerio de alabanza como se denominaba a los grupos musicales de la iglesia, pero ligado a la misi�n del barrio Nueva Aranda, hasta que se realiza un encuentro de estos ministerios en la catedral o templo principal ubicado cerca al Centro Comercial �nico de esta ciudad, lo cual se llev� a cabo el 6 de enero de 2010.
Es en esta fecha cuando YAPL conoce al acusado IRRM, en medio de la relaci�n normal entre el pastor o sacerdote y sus feligreses, pero ante la acogida que tuvo el grupo entre la comunidad el precitado decide integrar los ministerios de alabanza de Nueva Aranda y del templo principal, en dicha uni�n conocer�a a CACC otro joven dedicado a la m�sica quien ser�a designado director del ministerio y con quien m�s adelante entablar�a una relaci�n de noviazgo.
Con el tiempo y dado que los ensayos del ministerio al que pertenec�a YAPL se adelantaban en el templo principal, empieza un contacto m�s directo con el obispo quien logra, como era normal entre sus feligreses ganar la confianza de Y al punto que ella empez� a verlo como un padre como as� ocurri� tambi�n con varios de los otros miembros de su iglesia, si retomamos por ejemplo los testimonios de KETD y ENOE.
Con el grado de confianza adquirido y la imagen generalizada y difundida entre todos los integrantes de la iglesia que miraban a IRRM como un padre, como un gu�a espiritual, �l empieza un contacto m�s directo con YAPL y poco a poco la aborda inquiri�ndole para conocer detalles de su vida personal que en principio eran sobre temas relacionados con su vida espiritual y su educaci�n pero que luego la empezaron a incomodar como cuando terminaron una vigilia y realiza un interrogatorio que al final incluy� el tema de su sexualidad hasta lograr su cometido enter�ndose que para ese entonces Y no hab�a estado en la intimidad con nadie.
Con ese grado de confianza y con el pensamiento que hasta ese momento ten�a YAPL, quien en su interior entend�a que siendo un hombre de Dios no pod�a causarle ning�n da�o acepta una invitaci�n para seg�n le dijo conocer un sitio especial, por lo cual la va a recoger cerca a su casa en un veh�culo que antes no le hab�a visto conducir, m�s sin embargo el acusado la traslada hacia un lugar solitario y oscuro, donde deja de lado las preguntas personales e �ntimas para tocar su pierna cerca al muslo, besarla en la cabeza y luego de manera brusca en la boca, pero como mirara la reacci�n de Y, quien le dijo que la suelte y forceje� intentando salir del carro, el acusado decide llevarla de regreso a su casa, en cuyo trayecto guardan silencio, hecho que Y ocult� a su madre dada la investidura que ostentaba para ella y su familia el acusado IRRM, adem�s que le daba verg�enza contar sobre el suceso.
La v�ctima relata tambi�n que posteriormente se la involucra en una actividad para distribuir panfletos en las fiestas de Halloween de octubre, para lo cual deb�a ir a la casa de habitaci�n del acusado, y que acept� porque ah� trabajaba su media hermana M como empleada de servicio dom�stico, sin que se presentara ning�n inconveniente hasta que un d�a su hermana sale antes de lo acostumbrado, cerca de las dos de la tarde y se queda sola hasta que observa que llega el acusado sube al segundo piso y luego baja, y va a la cocina, acci�n que repiti� en varias ocasiones, mostr�ndose ansioso.
Luego ella termina su trabajo y pretendi� salir a coger taxi ante lo cual el acusado le dijo que no se vaya y la invit� a ver televisi�n, con la idea de que vaya al segundo piso, a lo cual no accedi�, y ella le insisti� en que estaba tarde y que sus padres podr�an preocuparse, ante lo cual la coge del brazo y de la cintura, y le dijo que estaba muy bonita, y como se siente incomoda enseguida da un paso con la intenci�n de salir de la casa, acci�n que gener� que �l la sujetara m�s fuerte, y le ofreci� llamar a sus padres para decirles que �l la llevaba en el carro.
Ella le dijo que no y en m�s de una ocasi�n le dijo �yo me voy�, sin darse cuenta hab�a avanzado algunos de los escalones, pero luego empez� a forcejear intentando salir, sin embargo �l la sujet� fuerte en los brazos y la llev� cargada al segundo piso, hasta una habitaci�n, donde la tir� a la cama, procediendo enseguida a cerrar la puerta.
Ella empez� a llorar y se ubic� en una esquina de la cama ante lo cual �l trataba de tranquilizarla sin acercarse. Ante tal situaci�n ella le pidi� que la dejar� salir, estaba asustada y nerviosa y �l le dec�a que no se preocupe que se relaje, y mir� que estaba como con una especie de pijama, pero ella segu�a ofuscada y azarada, y aunque �l trataba de calmarla, hubo un momento en que se cans� y la sujet� con fuerza, la tir� al colch�n y se fue sobre ella, pero al ser un hombre muy pesado, ella forceje� bastante (en este momento del relato la v�ctima empieza a llorar durante la audiencia de juicio oral), para luego empezar a besarla en la cara, el cuello y el pecho, empez� a gritar, pero como era un conjunto nadie la escuch�, ella luch� con todas sus fuerzas para quitarlo de encima pero �l ten�a bastante fuerza.
En medio del forcejeo se sent�a muy confusa, y trat� de zafarse, pero f�sicamente fue vencida, y el agresor aprovech� que llevaba un vestido y le result� f�cil levantarle la falda y bajarle el interior, y aunque procuraba tener las piernas juntas, logr� accederla, produciendo mucho dolor f�sico en sus partes bajas porque fue muy brusco, ante lo cual ya no pudo hacer nada m�s, pues ya no ten�a m�s fuerza, observando su cara de satisfacci�n, luego de lo cual sus piernas ya no las sent�a y an�micamente se sent�a totalmente destrozada.
Enseguida y luego del acceso, relata la v�ctima que su agresor se percat� que las prendas de la cama tanto s�banas como cobijas hab�an quedado manchadas de sangre y que parte de su cabello se hab�a desprendido por lo que le exigi� que lo recogiera. Luego la llevar�a a su casa, en el trayecto ella en su confusi�n y dolor no dijo nada, ella ingres� a su casa sin comentar lo sucedido a nadie y procedi� a ducharse pretendiendo sentirse limpia como si ba�arse resolviera la situaci�n y quedarse en el ba�o y pensar en que lo sucedido era una pesadilla.
Seg�n lo manifiesta la v�ctima este hecho le afect� en todo sentido, cambi� su comportamiento y su imagen de los hombres, al punto que hasta cuando su padre le tocaba el hombro le causaba fastidio, que pretendi� retirarse de la iglesia pero eso implicaba enviar una carta y explicar a todos el motivo, del cual no quer�a que se enteren. Adem�s se inici� una labor de manipulaci�n y de presi�n por parte del acusado quien la abordaba para hacerle sentir que lo ocurrido era normal, que aunque ella no lo reconociera le hab�a gustado, que �l estaba enamorado de ella y que tambi�n ella estaba enamorada de �l, y le hizo ver adem�s que aunque contara lo que realmente sucedi� nadie le creer�a porque la palabra del �l como obispo tendr�a mayor credibilidad y si pese a ello contaba lo ocurrido afectar�a la iglesia y muchas almas se perder�an.
Describe la v�ctima en sus propios t�rminos su situaci�n de vulnerabilidad ante la presi�n y manipulaci�n ejercidas por el obispo sobre ella, sin poder contar a nadie lo sucedido, pero con el deseo de que todos lo supieran, pas� de la luz a la oscuridad, condenada a vivir con ese dolor todo el tiempo, se volvi� ap�tica, su genio cambio mucho, por lo que lloraba f�cilmente y por cualquier motivo, su juventud la parti� en dos, sin poder tener una relaci�n normal, sin poder dormir bien, con pesadillas acerca de que llegaba un hombre y le hac�a lo mismo, viv�a con depresi�n, prefer�a mantenerse encerrada, todo lo cual afect� tambi�n su salud f�sica.
Y en medio de toda esta situaci�n por la que estaba atravesando, sigui� cumpliendo sus obligaciones con la iglesia y el ministerio, hasta que pasados unos meses al parecer al a�o siguiente del anterior episodio, se emprendi� una tarea para lanzar un CD de m�sica cristiana con el trabajo y autor�a de CACC, con quien tuvo una relaci�n de noviazgo pero sin comentarle por alg�n tiempo, lo sucedido con el obispo.
El lanzamiento del CD, inclu�a la presentaci�n en un concierto del ministerio de alabanza del que era director el precitado, integrado adem�s por Y, sobre el cual se vendieron boletas y se llevar�a a cabo en el templo principal. Llegado el d�a, siendo parte YAPL del ministerio, se encontraba pendiente de los preparativos como todos los otros integrantes, pero en un momento dado, el acusado so pretexto de que faltaban unos elementos para la instalaci�n de los equipos, le ordena que lo acompa�e a su casa a recogerlos.
En principio Y pens� que ir�an con alguien m�s, pero al subir al carro se percata que �nicamente la lleva a ella, por lo que de manera prevenida al llegar a la casa del acusado que queda muy cerca del templo, decide no entrar a recoger los elementos, sino que esperaba a que �l los saque para colocarlos en el carro, hasta que en medio de la prisa le ordena que entre a la casa para que lleve algo que hac�a falta y cuando cumple la orden, al pretender salir se percata que le hab�a cerrado la puerta, ante lo cual se asust� y se percat� que asumi� la misma actitud ansiosa de la primera vez que la abord� con fines sexuales, ante lo cual se paraliz�.
Cuenta que el acusado empez� a abrazarla, y como a coquetear haciendo alago sobre el vestido que llevaba, sinti� que la estaba presionando nuevamente y no dijo nada, enseguida adelanta una acci�n brusca con la cual la lanz� sobre el mueble, se puso nerviosa, pero �l insisti� en que se dejara, que no le iba a doler, que eso solo pasaba la primera vez, as� empez� a tocar sus partes �ntimas y antes de darse cuenta estaba pasando otra vez lo que hab�a temido en mucho tiempo, se sinti� como en shock, �l le insisti� y le dio rabia porque no le obedec�a por lo que le dijo que se quede quieta, y le apret� las mu�ecas de las manos hacia arriba, para luego proceder a accederla carnalmente.
Este relato que suministra YAPL revisado de manera aislada y sin tener en cuenta su entorno, su personalidad ni las ideas que ella hab�a interiorizado respecto de su gu�a espiritual, dejar�an muchas preguntas en el aire, como por ejemplo: �Por qu� accedi� a salir en el carro del acusado a solas?, �por qu� accedi� a trabajar en la casa de habitaci�n del acusado para elaborar o adecuar unos panfletos alusivos a las fiestas de Halloween?, �por qu� accedi� a trasladarse a la casa del agresor en una segunda ocasi�n a recoger unos elementos para la instalaci�n de los equipos?, �por qu� no coment� lo sucedido a sus familiares o amigos?, �por qu� no denunci� los hechos ante las autoridades?.
Las respuestas pueden ser muchas, y las que se propongan como alternativas, pueden llevar impl�citos estereotipos, cuestionamientos morales, atribuci�n de responsabilidades a las v�ctimas, etc., no debemos sin embargo olvidar que la valoraci�n se debe realizar de manera objetiva y ex ante, lo que implica tener en cuenta el contexto y entorno vivenciado por la v�ctima para la �poca en que se suceden los hechos, como ya lo hab�amos advertido, quiz� con la imagen registrada en las fotograf�as del concierto, pero advirtiendo tambi�n que IRRM, presenta diferentes facetas que como todo ser humano no se exponen en su integridad ni ante el p�blico y m�s cuando se trata de una figura consolidada como l�der religioso, lo que significa que no se podr�a evaluar el comportamiento de la v�ctima para la fecha de los hechos con el conocimiento que ahora se tiene respecto de la forma de actuar del acusado en el �mbito �ntimo y sexual, sino con la mirada que ella ten�a al considerarlo un �pap� espiritual�.
Tampoco podr�a aplicarse la experiencia de terceros ajenos a la comunidad religiosa que segu�a una doctrina personal�sima, con la que hab�a gran compenetraci�n de sus miembros, puesto que las reglas que podamos conocer por experiencia frente a otras iglesias o cultos, no tendr�an aplicaci�n. En cuanto a los estereotipos, a efectos de alejarse de las concepciones que se puedan tener, resulta interesante asumir como estrategia, el trasladar los mismos cuestionamientos que se realizan sobre el comportamiento de la v�ctima frente al caso, hacia el que asume el acusado.
Por ejemplo, cuando se cuestiona a la v�ctima del motivo por el cual no denunci� desde el inicio a su agresor y s�lo reaccion� hasta que fue impulsada a hablar de lo sucedido por parte de la se�ora GAFA, tambi�n cabe la misma pregunta hacia el comportamiento asumido por el acusado, cuando inform� a sus reverendos que hab�a tenido relaciones sexuales con cinco mujeres de la iglesia, lo cual lo hizo s�lo hasta que fue confrontado por LCLE, persona a la cual se le acerc� una mujer y en actitud de confesi�n le hizo conocer que hab�a sido accedida por el obispo, aunque no estaba segura de la forma en que permiti� dicha acci�n. La respuesta puede ser la misma sea que se mire el contexto de la v�ctima o sea que se mire el contexto del acusado, por una v�a puede decirse que corresponde al derecho a la intimidad por tratarse de la sexualidad de una persona, cuando se trata de entornos de normalidad en los que hay consentimiento, o por otra v�a cuando este elemento est� ausente y se pretende ocultar la posible comisi�n de un delito, para la v�ctima el temor a ser cuestionada y para el agresor el temor a ser judicializado.
Entonces, dejando de lado este tipo de cuestionamientos hacia el comportamiento de la v�ctima YAPL, la Sala proceder� a evaluar su relato para determinar si frente a las acciones adelantadas por IRRM hubo de por medio un consentimiento de su parte. En ese sentido se revisar�n los siguientes puntos: Entorno de la v�ctima Personalidad de la v�ctima Estado de vulnerabilidad ps�quica o f�sica La desproporci�n de fuerzas Proceso de verificaci�n perif�rica Entorno Resulta suficiente la informaci�n obtenida a trav�s de los testimonios de cargo y de descargo que ya se dio a conocer, para determinar que la iglesia liderada por IRRM ten�a sus propias reglas particulares impuestas por �l como su obispo, y que pese a las disimiles motivaciones de sus feligreses para el ingreso, se encuentran unos elementos comunes a todos ellos una vez que logran compenetrarse con la doctrina del precitado, como ocurre con el principio de obediencia que los llevaba en ocasiones a no cuestionar al l�der, como ocurri� con KETD quien fue sancionada para supuestamente bajar su orgullo aunque ella no supo el motivo de tal acusaci�n; y a la vez tambi�n eran atra�dos por las demostraciones de afecto que los llevaban a sentirlo como un padre.
Se infunde una necesidad de adoraci�n centrada ya no en Dios sino en el hombre, que permite crear una imagen m�s que cercana a los deseos materiales y humanos a un gu�a espiritual con dones de sanaci�n y liberaci�n. La atracci�n por actividades diferentes a las que tradicionalmente se realizan en otras iglesias, hacen sentir a los feligreses su cercan�a con el ministro, a trav�s de la conformaci�n de grupos musicales, de oraci�n, de danza y otros, as� como paseos, llamadas telef�nicas para entrar en contacto directo con cada miembro, etc.
La compenetraci�n lograda lleva a sus miembros a prestar su servicio a la iglesia en diferentes modalidades a�n a costa del propio tiempo y proyectos de vida, como ocurri� con CACC quien dej� de lado su carrera profesional, poniendo en ocasiones en riesgo su propia integridad y seguridad cuando se trasladaba a horas de la madrugada a la iglesia principal para cumplir con los diferentes ensayos; o como ocurri� con la misma YAPL quien se dedic� a aprender la organeta, a cantar y a asistir a los ensayos lo que ocup� gran parte de su tiempo.
En la historia vivida por Y no fue precisamente su fe personal la que la llev� a vincularse a la iglesia del acusado, recordemos que fue iniciativa de su madre, y aunque en principio no le llam� la atenci�n la iglesia como tal o su doctrina, s� se sinti� atra�da por la m�sica, y se percat� de que ten�a una oportunidad de aprender a cantar y a tocar un instrumento musical, por lo cual compr� una organeta, y como aprendiera con rapidez y entusiasmo como as� lo hace conocer EABC quien fuera su mentor, pronto recibe el reconocimiento que seguramente la alagar�a, en tanto que resultando un �xito su presentaci�n en la catedral o templo principal, el obispo IRRM decidi� integrarla al ministerio de alabanza principal.
En ese contexto YAPL aprendi� a ver a IRRM como un pap� espiritual incapaz de atentar en su contra de alguna forma, por lo que ninguna sospecha pod�a tener acerca de su intenci�n de acercarse a ella con fines sexuales, ante lo cual no le caus� ning�n temor aceptar una invitaci�n a salir en el carro o a trabajar en su casa, porque adem�s aprendi� a verlo como un hombre extrovertido que se acercaba a los j�venes con quienes frecuentemente sonre�a. En ese contexto cuando se queda a solas en la casa, al terminar el trabajo de los folletos de Halloween, el factor sorpresa derivado del contraste entre la imagen del gu�a espiritual y el que se insinuaba con fines sexuales, no le permiti� reaccionar desde el inicio, para escapar de su agresor, aunque si le manifest� en varias ocasiones que se quer�a ir, y luego de que forcejeara para intentar salir de la casa y verse acorralada en la habitaci�n, lo �nico que tuvo a su alcance fueron sus manifestaciones de llanto y la oposici�n con su cuerpo para tratar de repeler la agresi�n sexual.
IRRM trat� de convencer a Y, como as� lo dar�a a entender con una de las frases que utiliz� para tratar de calmarla, que si bien no fue dada a conocer en el juicio si fue expuesta ante el psic�logo, cuando le dec�a que no har�a nada que ella no quisiera, sin embargo ante el paso del tiempo y al no lograr persuadirla, ella ya estaba a su merced, bajo su dominio territorial por decirlo as� y aprovechando su ventaja corporal, �l decidi� ejercer su fuerza f�sica para accederla carnalmente.
En este escenario, ya no interesa la forma en que la v�ctima ingresa a la casa de habitaci�n, ya no interesa que su media hermana se percatara o no de que en uno de los d�as en que ella fue a trabajar, Y se qued� sola, no interesa qu� tipo de vestuario llevaba o que subiera algunos escalones sin darse cuenta ante el acoso del que era v�ctima, pues lo que resulta relevante es su deseo de querer salir de la casa, reiterado en varias oportunidades, a lo cual se adiciona su llanto cuando se observ� acorralada en la habitaci�n, y su oposici�n f�sica ante el peso del cuerpo del agresor, todo lo cual indica a todas luces que YAPL fue accedida en contra de su voluntad, y no procede aqu� aplicar ninguna presunci�n de que hab�a una aceptaci�n t�cita de acceder a la relaci�n sexual por el solo hecho de haber ingresado voluntariamente a la casa de habitaci�n del agresor, o por haber avanzado unos escalones hacia el segundo piso, cuando m�s se conoce que era normal que se realizaran actividades de la iglesia en dicho lugar, como as� lo expuso con suficiencia la media hermana de Y, es decir MVPM.
Ante tal hecho, se cuestiona a la v�ctima por no haber denunciado o al menos comentado lo sucedido a alguien de su familia, o por no haberse retirado de la iglesia, sin embargo dicho comportamiento no debe evaluarse conforme al criterio personal de terceros ajenos a la comunidad religiosa a la que pertenec�a Y, sino que debe atenderse su pensamiento y personalidad formados desde muy joven seg�n la doctrina de IRRM.
N�tese que el v�nculo fundamental entre la v�ctima y la iglesia no era precisamente la fe, sino su pertenencia al ministerio de alabanza donde de alguna manera era reconocido su talento, y en el que adem�s hab�a conocido a CACC quien era el director y entablaron una relaci�n de noviazgo, a todo lo cual se une el v�nculo de su familia a la iglesia, al punto que su padre L en alg�n momento estim� que su madre M requer�a de tratamiento psicol�gico dada su entrega incondicional a la iglesia, adem�s que sus hermanos menores W y D tambi�n formaban parte del ministerio de alabanza, todo lo cual permite comprender su actitud de no denunciar lo sucedido, cuando adem�s se conoce que si bien el ingreso a la iglesia era libre no as� la salida, lo que implicaba dar una raz�n y ello a su vez redundaba en un perjuicio para su familia y para la iglesia, si se pon�a en conocimiento el real motivo de la salida.
No se conoce adem�s que terminada la pr�ctica correspondiente al curso en el SENA, YAPL tuviese un trabajo o cursara una carrera profesional que le permitiera dividir su tiempo entre la iglesia y otras actividades, o al menos no se menciona nada al respecto, por lo que al igual que sucedi� con CACC quien menciona que dej� de estudiar para dedicarse de lleno a la iglesia, ella tambi�n hab�a hecho del ministerio y la m�sica su principal actividad o proyecto de vida.
A estos motivos personal�simos se unen aquellos comunes en situaciones de abuso sexual en las que la persona ofendida prefiere ocultar el il�cito a verse sometida al escarnio p�blico, a que posiblemente sea cuestionada o ridiculizada. Claro ejemplo del tortuoso camino que emprenden las v�ctimas en estos casos, se encuentra en el contrainterrogatorio que realiz� la defensa sin la objeci�n del se�or Fiscal y sin control de la jueza, ante preguntas capciosas, confusas y conclusivas, que inclu�an cuestionamientos morales sobre el adulterio, o sobre la intimidad que tambi�n fue objeto de interrogatorio por parte del se�or Fiscal cuando se le requiri� para que informara si hab�a tenido relaciones sexuales antes de los hechos ocurridos con el acusado.
Personalidad de la v�ctima No es del caso adentrarse en estudios psicol�gicos sobre este punto, pero s� contar con una aproximaci�n al perfil de YAPL con base en el material probatorio allegado a juicio, encontrando que ella se describe as� misma para la �poca de los hechos como una mujer callada, t�mida, introvertida, sin experiencia en el campo sexual y sin mayores aspiraciones que aprender m�sica e interpretar la organeta.
Inclusive ella considera que este fue el factor detonante que le permiti� al acusado acerc�rsele con fines sexuales. La descripci�n que la v�ctima hace de s� misma, no se aleja de la concepci�n que ten�an algunos de sus compa�eros en la iglesia, pues GAFA la describe como una persona sencilla, bien espont�nea y f�sicamente se miraba como una ni�a joven.
LCLE la conoci� en el a�o 2009 cuando fue ordenado sacerdote o pastor y llega a la misi�n del barrio de Nueva Aranda y observa sus dones en alabanza, y en su forma de ser como una persona callada pero siempre sonriente. YNCJ, la describe igualmente como una persona callada, que no se relacionaba con todos en el ministerio aunque s� con su novio C, considerando que no era muy abierta hacia todas las personas.
Siendo esta la personalidad de YAPL, exist�a un factor de vulnerabilidad por su formaci�n al interior de la iglesia del acusado, quien exig�a obediencia sin cuestionamientos respecto de las �rdenes que impart�a y se mostraba a la vez como un padre, de tal forma que logr� influenciarla con facilidad para lograr su confianza. Estado de vulnerabilidad ps�quica o f�sica Adem�s del factor de riesgo que es evidente como as� lo detect� tambi�n el psic�logo V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ dada la pertenencia de la v�ctima a la iglesia liderada por el acusado, por lo cual �l hab�a alcanzado con ella un nivel de confianza, se unen otros elementos verificables con la prueba testimonial y documental allegada a juicio, como su personalidad, su falta de experiencia en el campo sexual, pues precisamente no hab�a tenido relaciones sexuales antes de ser accedida por RM, lo que se corrobora adem�s con las evidencias f�sicas observadas por la misma v�ctima luego de la agresi�n sexual por las manchas de sangre en el lugar donde se produce el acceso, compatibles con la desfloraci�n del himen como as� lo explic� la m�dica MAGALY DEL SOCORRO REALPE PALACIOS, profesional especializado forense de Medicina Legal.
Lo anterior se une al impacto generado por el choque entre lo que representaba para ella el acusado como m�xima autoridad de la iglesia a la que pertenec�a, como su pap� espiritual y lo que demostraba con su comportamiento enfocado en lo �ntimo hacia la satisfacci�n de sus deseos sexuales, lo que genera de por s� un nivel de vulnerabilidad, que se incrementa ante el abuso sexual del que fue v�ctima a trav�s del cual se produjo su desfloraci�n del himen de forma violenta.
Se presenta as�, una carga emocional, que para el com�n de la gente resultar�a aflictiva, a�n sin que se contara con un concepto psicol�gico que diera cuenta de ello, la que se incrementa porque YAPL, preocupada por su familia y por la presi�n ejercida por el acusado quien le hac�a ver la afectaci�n hacia la iglesia si contaba lo sucedido, decide guardar silencio y actuar de la manera m�s normal posible para que nadie se percate de su situaci�n emocional, sin pensar que se afectar�a psicol�gicamente no solo por el acto violento del que fue v�ctima sino porque se oblig� a s� misma a soportar la carga del secreto, y a soportar tambi�n el constante hostigamiento y manipulaci�n por parte del acusado que trataba de convencerla de que lo ocurrido era normal.
Al respecto, el psic�logo V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ encontr� en la v�ctima signos y s�ntomas cl�nicos compatibles con Trastorno por Estr�s Postraum�tico relacionado con los hechos que se atribuyen a RM en el primer evento de acceso carnal violento, por lo cual se corrobora la afectaci�n ps�quica de la que da cuenta YAPL, y ello denota su grado elevado de vulnerabilidad, lo cual explica el poder de dominio que hab�a logrado el acusado sobre su vida.
Lo anterior explica la reacci�n casi pasiva que adopt� YAPL en el episodio ocurrido antes del concierto del ministerio de alabanza organizado con ocasi�n del lanzamiento del CD de CACC, la cual es posible como as� lo expuso el psic�logo V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, cuando utiliz� un ejemplo ilustrativo acerca de las diferentes reacciones ante la comisi�n de cualquier delito como ocurre con frecuencia con el de hurto, ante el cual si bien se piensa en un momento dado en una reacci�n, puede ocurrir que en la realidad no se haga nada, o cuando se piensa en asumir una actitud pasiva puede terminar con una reacci�n contraria.
Adicionalmente explic� el perito que la actitud de par�lisis se presenta como resultado tambi�n del impacto generado por la imagen que la v�ctima hab�a creado del l�der espiritual en contraposici�n a su comportamiento agresivo en el plano sexual. En este punto, si bien el abogado defensor a trav�s del contrainterrogatorio, trat� de impugnar credibilidad a la testigo, la forma en que utiliz� los elementos materiales probatorios en los que hab�a intervenido anteriormente la v�ctima, no logr� el efecto deseado, pues en dos oportunidades anunci� utilizar documentos para refrescar memoria y culmin� �l mismo con la lectura de algunos apartes sin contextualizaci�n.
Realiz� adem�s, sin oposici�n de la Fiscal�a o la Jueza, varias preguntas formuladas de manera capciosa y confusa, que no pod�an ser comprendidas por la v�ctima, al punto que al percatarse que las respuestas no eran las que esperaba, �l mismo ofrec�a y dejaba registro de las respuestas, o inclu�a en sus intervenciones argumentaciones, conclusiones, cuestionamientos de tipo moral y afirmaciones no realizadas por la testigo.
A manera de ejemplo, el siguiente interrogante: �Por eso o sea si no tengo una buena relaci�n, perd�n me explico si no tengo una buena relaci�n con mi padre y veo al obispo como mi padre entonces usted no lo ve�a como un padre verdadero sino diferente no o sea no era el gran padre como uno ama al padre y todo eso, cierto? Por lo anterior y en forma similar a como lo hizo la primera instancia no se tendr� en cuenta este contrainterrogatorio, a efectos de valorar el testimonio de la v�ctima en relaci�n al acceso carnal que tuvo ocurrencia para la fecha del concierto.
Depurado as� el testimonio de YAPL, encontramos que frente al segundo evento de acceso carnal, dada la vulnerabilidad ps�quica que padec�a por el Trastorno por Estr�s Postraum�tico derivado del primer evento, ella no tuvo la voluntariedad de aceptar libre de presiones y coacciones al acceso carnal al que la someti� el acusado, quien de todas formas ejerci� fuerza f�sica no compatible con la actividad er�tica sino suficiente y contundente para doblegar la voluntad de su v�ctima al tirarla a un mueble, presionar sus manos hacia arriba y exigirle que le obedeciera y se quedara quieta para facilitar el acceso.
La desproporci�n de fuerzas Este aspecto se encuentra demostrado a trav�s del testimonio de GAFA, quien realiza una descripci�n f�sica de YAPL, mencionando que era baja de estatura de 1,55 mts y que su contextura era delgada, lo cual al menos en este �ltimo aspecto es notorio a trav�s de la imagen registrada en el �lbum fotogr�fico aportado por el testigo ENOE.
Da a conocer adem�s GAFA, que el acusado por el contrario es un hombre de estatura alta de aproximadamente 1,75 metros de contextura gruesa y robusto. En este punto se encuentra que hay desproporci�n de fuerzas f�sicas entre el agresor y la v�ctima, lo cual explica la raz�n por la que la �ltima pese a su resistencia y oposici�n corporal no logr� evadir el ataque sexual.
Proceso de corroboraci�n perif�rica Este concepto al que ya se ha acudido en otras oportunidades por parte de esta Corporaci�n y que tambi�n se aplica en el an�lisis realizado por la a quo, fue explicado por la CSJ en el fallo radicado No. 43.866 de marzo 16 de 2016, cuando se�ala: �En el derecho espa�ol se ha acu�ado el t�rmino �corroboraci�n perif�rica�, para referirse a cualquier dato que pueda hacer m�s cre�ble la versi�n de la v�ctima, entre ellos: (i) la inexistencia de razones para que la v�ctima y/o sus familiares mientan con la finalidad de perjudicar al procesado;
(ii) el da�o ps�quico causado a ra�z del ataque sexual; (iii) el estado an�mico de la v�ctima en los momentos posteriores a la ocurrencia de los hechos; (iv) regalos o d�divas que el procesado le haya hecho a la v�ctima, sin que exista una explicaci�n diferente de propiciar el abuso sexual, entre otros. (�) Es claro que no es posible, ni conveniente, hacer un listado taxativo de las formas de corroboraci�n de la declaraci�n de la v�ctima, porque ello depender� de las particularidades del caso.
No obstante, resulta �til traer a colaci�n algunos ejemplos de corroboraci�n, con el �nico prop�sito de resaltar la posibilidad y obligaci�n de realizar una investigaci�n verdaderamente exhaustiva: (i) el da�o ps�quico sufrido por el menor; (ii) el cambio comportamental de la v�ctima; (iii) las caracter�sticas del inmueble o el lugar donde ocurri� el abuso sexual;
(iv) la verificaci�n de que los presuntos v�ctima y victimario pudieron estar a solas seg�n las circunstancias de tiempo y lugar incluidas en la teor�a del caso; (v) las actividades realizadas por el procesado para procurar estar a solas con la v�ctima; (vi) los contactos que la presunta v�ctima y el procesado hayan tenido por v�a telef�nica, a trav�s de mensajes de texto, redes sociales, etc�tera;
(vii) la explicaci�n de por qu� el abuso sexual no fue percibido por otras personas presentes en el lugar donde el mismo tuvo ocurrencia, cuando ello sea pertinente; (viii) la confirmaci�n de circunstancias espec�ficas que hayan rodeado el abuso sexual, entre otros�. Si bien este concepto resulta de gran utilidad para el an�lisis de testimonios de v�ctimas menores de edad, no se descarta como herramienta jur�dica de an�lisis probatorio en casos de personas adultas.
Para el sub examine se encuentran acreditados varios de esos elementos que como se explica en la decisi�n de la CSJ no corresponde a un listado cerrado o taxativo, de forma tal que podr�an acreditarse algunos de ellos u otros similares como se pasa a ver. Inexistencia de razones para que la v�ctima y/o sus familiares mientan con la finalidad de perjudicar al procesado De entrada se descarta cualquier inter�s de los familiares de la v�ctima YAPL, ya que ellos no se enteraron de los hechos sino hasta mucho tiempo despu�s de su ocurrencia, en tanto que la precitada no les hizo conocer de su experiencia con el acusado por las razones que ya han sido suficientemente ilustradas.
En cuanto a la v�ctima siempre puso de presente que en principio interioriz� una imagen bondadosa de IRRM al punto de considerarlo un �pap� espiritual�, de tal forma que no se vislumbra un inter�s en inventar una historia como la relatada con el fin de causar un perjuicio al acusado. Se aduce que podr�a ser instrumentalizada por parte de algunos reverendos a quienes RM manifest� su deseo de que se independizaran para que conformaran sus propias iglesias y se volvieran autosostenibles econ�micamente, sin embargo tal como lo registr� la a quo, este hecho sucedi� el 20 de julio de 2012, seg�n lo manifestado por ENOE, y la denuncia fue formulada en abril de 2013.
No resulta tampoco cre�ble esta hip�tesis que se presentar�a como un complot de los reverendos a quienes se aparta de la iglesia, porque ante la afectaci�n psicol�gica que padec�a YAPL, no iba a someterse tan f�cilmente y a favor de terceros, a un proceso penal en el que fuera cuestionada y someterse al escarnio p�blico para ventilar muchas aspectos de su vida privada.
No se establece un nexo tan fuerte entre los reverendos y la v�ctima que permita presumir que ella declarar�a en contra del acusado a expensas de su propia honra y m�s para una �poca en la que para ella la iglesia hab�a perdido valor y los supuestos integrantes del complot ya estaban por fuera de la iglesia mucho tiempo atr�s. (ii) el da�o ps�quico causado a ra�z del ataque sexual.
En este punto varios fueron los reparos que se realizaron respecto del concepto psicol�gico rendido por V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, a trav�s del testimonio de la tambi�n psic�loga MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N presentada por la defensa como prueba de refutaci�n, pero ninguna resulta de contundencia para desvirtuar el examen y las conclusiones realizadas por el perito, lo que se puso en total evidencia a trav�s del contrainterrogatorio del Fiscal, quien dej� claro que los errores detectados eran simplemente formales mas no sustanciales.
En la argumentaci�n presentada en la apelaci�n, el apoderado del acusado trata de explotar a su favor las falencias que expuso MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N en juicio oral y agrega otras tantas, sin �xito ante la contundencia del an�lisis efectuado por V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, como se pasa a exponer. El fundamento jur�dico que se debe acatar para determinar el valor suasorio de un concepto como el que se trata, se encuentra en el art�culo 420 de la Ley 906 de 2004, cuyo texto es el siguiente: �Para apreciar la prueba pericial, en el juicio oral y p�blico, se tendr� en cuenta la idoneidad t�cnico cient�fica y moral del perito, la claridad y exactitud de sus respuestas, su comportamiento al responder, el grado de aceptaci�n de los principios cient�ficos, t�cnicos o art�sticos en que se apoya el perito, los instrumentos utilizados y la consistencia del conjunto de respuestas�.
Sobre la parte inicial que se relaciona con la idoneidad t�cnico cient�fica y moral del perito la misma ley, ofrece los par�metros necesarios a tener en cuenta en los art�culos 408 y 409. En el primero de ellos, se indica que podr�n ser peritos los siguientes: 1. Las personas con t�tulo legalmente reconocido en la respectiva ciencia, t�cnica o arte. 2.
En circunstancias diferentes, podr�n ser nombradas las personas de reconocido entendimiento en la respectiva ciencia, t�cnica, arte, oficio o afici�n aunque carezca de t�tulo. A los efectos de la cualificaci�n podr�n utilizarse todos los medios de prueba admisibles, incluido el propio testimonio del declarante que se presenta como perito.
En la segunda de las normas, se enuncia quienes no pueden en ning�n caso ser nombrados como peritos, y los ennumera as�: 1. Los menores de dieciocho (18) a�os, los interdictos y los enfermos mentales. 2. Quienes hayan sido suspendidos en el ejercicio de la respectiva ciencia, t�cnica o arte, mientras dure la suspensi�n. 3. Los que hayan sido condenados por alg�n delito, a menos que se encuentren rehabilitados.
Con estas preceptivas, no le asiste raz�n a la parte apelante cuando aduce que PE�A HERN�NDEZ no podr�a rendir un concepto psicol�gico por no contar con un t�tulo de Especializaci�n en piscolog�a forense, cuando lo que en el caso se requer�a era suficiente que acreditara su t�tulo en psicolog�a, lo cual fue demostrado a trav�s del interrogatorio de la Fiscal�a, aspecto que no fue desvirtuado por la defensa, la que adem�s no present� ninguna prueba que demuestre que el precitado haya sido suspendido en el ejercicio de su profesi�n o que haya sido condenado por alg�n delito.
Ahora en cuanto a la especialidad forense, que constituir�a para el caso un plus adicional que dar�a mayor fuerza a los conceptos que pueda rendir cualquier profesional de la psicolog�a, resulta que en el devenir del interrogatorio cruzado al que se sometieron tanto V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ como MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N, las respuestas del primero fueron de mayor claridad y exactitud que las proporcionadas por la segunda, en lo que se denot� como as� lo explic� PE�A HERN�NDEZ que el t�tulo en especializaci�n es para �l simplemente un requisito formal dada su vinculaci�n con medicina legal por m�s de veinte a�os y estar rindiendo conceptos de psicolog�a forense por m�s de seis a�os, y as� lo demostr� con el conocimiento y experiencia expuestos a trav�s de su testimonio, que fueron suficientes para analizar la vivencia de YAPL.
Es tal el conocimiento del perito psic�logo PE�A HERN�NDEZ y su experiencia, que sin tener especializaci�n en psicolog�a forense, dio cuenta del protocolo utilizado que aclar� correspond�a al de v�ctimas adultas de abuso sexual, en el que tuvo la oportunidad de formar parte de su elaboraci�n al interior del Instituto de Medicina Legal, en el que se introdujeron varios de los est�ndares internacionales adaptados a las necesidades propias de nuestro entorno. Dio cuenta tambi�n de los diecinueve (19) items de verificaci�n de credibilidad del relato del protocolo CBCA que los confront� con la informaci�n rendida por la v�ctima, sin consultar ning�n documento adicional pues dado el n�mero de conceptos rendidos, ten�a en su memoria cada uno de esos �tems, y no es que se exija que as� se rindan este tipo de peritazgos, sino que esa contundencia al explicar cada punto, contrast� con las explicaciones rendidas por la psic�loga de refutaci�n quien adujo que en el examen realizado a YAPL se hab�a utilizado un protocolo para menores de edad, cuando ni siquiera conoc�a el significado de las siglas en ingl�s SATAC o su equivalente en espa�ol ICITAP, en cuyo caso uno de los puntos aplicables corresponde al anat�mico, que se incluye en dicha sigla con la letra �A�, el cual por supuesto no se encuentra en ninguno de los apartes del estudio psicol�gico realizado a la v�ctima, a la vez que requer�a consultar varios documentos e inclusive demostr� desconocimiento de varios conceptos que fueron explicados por el se�or Fiscal en su contrainterrogatorio, y que ella misma agradeci�.
Significa lo anterior que si bien la testigo de refutaci�n dedujo que el protocolo utilizado o aplicado por PE�A HERN�NDEZ correspond�a al de v�ctimas menores de edad, ello lo dedujo tan solo por aspectos simples que fueron explicados por el perito, correspond�an a simples errores de forma por la plantilla generalmente utilizada y que por supuesto no afectan el contenido del estudio.
As� por ejemplo se dej� el �tem de la identificaci�n en �TI� en lugar de �CC� cuando a las claras se mira que por la edad registrada de �21 a�os� la examinada era una adulta, cuando adem�s es notorio que el n�mero de identificaci�n correspond�a a la c�dula como as� se constat� con el documento presentado al inicio de su testimonio ante la jueza de conocimiento, que registr� el No. 1.085.298.299, lo que permite determinar total coincidencia entre los n�meros, igualmente porque al presentarse el documento al momento del examen, el perito constat� que se trataba de una mujer adulta de 21 a�os de edad, como as� lo reiter� y ratific� durante el interrogatorio complementario del ministerio p�blico.
Se adujo adem�s que el psic�logo de cargo, no fue orientado en los objetivos de su estudio por parte de la Fiscal�a, sin embargo la psic�loga de refutaci�n, menciona que solo pueden darse dos caminos, uno el de determinar el grado de credibilidad del entrevistado, y otro el de constatar si existe o existi� alguna lesi�n de tipo psicol�gico para demostrar la comisi�n de un delito de lesiones personales y que adem�s en el concepto rendido no se incluyeron las t�cnicas e instrumentos utilizados, as� como los est�ndares internacionales que seg�n su criterio se exigen.
En este punto olvidaron tanto la testigo perito como el abogado defensor que el art�culo 415 de la Ley 906 de 2004, indica que la base de opini�n pericial simplemente constituye un resumen y que el concepto en s� es aquel que se rinde en juicio oral, por lo cual dicho dictamen fue rendido de manera muy clara y explicativa por parte de V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ en audiencia de juicio oral, contundente en todas sus respuestas, explicando adem�s que los est�ndares internacionales est�n incluidos y adoptados en el protocolo interno, el cual sigui� en todos sus pasos porque adem�s �l personalmente form� parte del equipo que elabor� dicho protocolo.
De tal manera que si bien no se consignan formalmente los elementos de dicho protocolo no significa que no hayan sido atendidos por el perito de cargo, y antes por el contrario su resumen facilita la valoraci�n de sus conclusiones. Al respecto aduce la defensa que no se demostr� que efectivamente el perito haya participado en la confecci�n del protocolo para ser utilizado por medicina legal, pero tampoco se presenta prueba que determine que tal afirmaci�n realizada bajo la gravedad del juramento sea falsa.
En cuanto a la orientaci�n que debi� realizar la Fiscal�a para la realizaci�n del estudio, si bien en el informe se registra en t�rminos generales como �entrevista psicol�gica�, siendo s�lo dos los objetivos que se pod�an plantear seg�n lo aduce MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N, resulta que los dos fueron plenamente evacuados por el perito de medicina legal, en tanto que se aplic� el test de credibilidad y se determin� una afectaci�n de tipo psicol�gico, por lo que resulta que ninguna incidencia tiene que la Fiscal�a no haya encausado hacia uno u otro el estudio, cuando adem�s confirman ambos profesionales que la psicolog�a no es una ciencia exacta y que sus estudios se miden en grado de probabilidad de sus resultados m�s no de certeza.
Otra de las cr�ticas se enfil� en contra del esquema de entrevista utilizado y el tiempo empleado en la misma, lo que facilit� a la v�ctima explayarse en su relato por fuera de lo permitido seg�n el criterio de MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N, sin embargo PE�A HERN�NDEZ puso de manifiesto que la entrevista semiestructurada facilita el contacto con el examinado por encima de aquella que se utiliza en los estrados judiciales, acorde adem�s con las necesidades de YAPL, ya que determin� que permitirle hablar tendr�a un fin terap�utico.
Advierte la Sala que esta justificaci�n resulta no solo atendible sino que da cuenta de una actuaci�n acorde a los instrumentos internacionales y ordenamiento interno que exige respetar el derecho a la dignidad de las v�ctimas de abuso sexual y el derecho a que sean escuchadas, por lo que imponer l�mites de tiempo podr�a dejar por fuera informaci�n relevante para el an�lisis del caso, y m�s cuando resulta razonable si en cuenta se tiene que en la audiencia de juicio oral el relato fue tan detallado y extenso, que la testigo emple� aproximadamente 2 horas y 49 minutos, sin contar el receso que hubo necesidad de emplear para que se recuperara del impacto que le produc�a recordar los hechos de los que fue v�ctima.
Tambi�n se adujo por parte de la psic�loga MAR�A PAULA CHICUREL PACH�N que para efectos de conceptuar sobre la presencia de un trastorno por estr�s postraum�tico, debi� acudirse a la validaci�n mediante entrevistas adicionales de familiares o allegados, ante lo cual fue claro el perito de medicina legal quien explic� que ese rol no le correspond�a, y en ello acierta, porque de creerse necesario tal elemento de estudio, deb�a actuarse seg�n la orientaci�n de la Fiscal�a porque seguramente los entrevistados deb�an acudir a juicio.
Sobre este aspecto no debe olvidar la defensa que los conceptos periciales son elementos auxiliares que contribuyen a fortalecer o no la teor�a del caso de las partes y que no necesariamente son los �nicos a fin de construir hip�tesis de acusaci�n o defensivas, y que lo procedente es que el debate se genere a instancias de la audiencia de juicio oral, con base en la valoraci�n probatoria que implica entre otros pasos adelantar un proceso de corroboraci�n perif�rica por parte del funcionario investigador o juzgador seg�n la etapa en la que se encuentre el proceso.
Y en este punto s� vale la pena llamar la atenci�n a la a quo, quien interpret� equivocadamente el objetivo y resultado del examen psicol�gico, en tanto que de acuerdo al testimonio rendido en juicio, V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, realiz� su evaluaci�n para determinar el nivel de credibilidad del relato de la v�ctima y para constatar si hubo alguna afectaci�n psicol�gica, pero en ninguna forma para establecer YAPL �fue objeto de abuso sexual�, como as� se aduce en el fallo.
No es menester hacer alusi�n a cada una de las intervenciones de la testigo de refutaci�n que fueron destruidas por la Fiscal�a, como que en el �tem de estado civil se registr� que era menor de edad o que no se colocaron t�tulos a cada ac�pite del examen que son simplemente falencias formales, pero s� dejar en claro que ninguna de ellas por s� solas eran suficientes para desvirtuar el valor suasorio de la prueba de cargo, a�n sin contar con las incisivas preguntas realizadas por el ente acusador, en la medida en que efectivamente el contenido de la base de opini�n pericial en ning�n momento registra el interrogatorio que suele realizarse a los menores de edad, lo que se constata a�n sin conocer el protocolo SATAC que sirve de gu�a en esos casos y que fue expuesto por el se�or Fiscal.
Igualmente porque de acuerdo al relato pormenorizado de la v�ctima en ninguno de sus apartes pone en evidencia alg�n tipo de afectaci�n actual por hechos de su pasado relacionados con el fen�meno del desplazamiento o un acto sexual abusivo, como as� tambi�n fue notorio en la audiencia de juicio oral en la que las manifestaciones de dolor reflejadas en el llanto y el resquebrajamiento de la voz se produjeron al momento en que rememor� y revivenci� el acceso carnal del que fue v�ctima por parte del acusado.
De esa forma se determina y concluye que la confrontaci�n y refutaci�n adelantadas por la defensa, al contrario del efecto buscado, gener� mayor credibilidad, validez y confiabilidad al concepto psicol�gico adelantado por V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ, adscrito a Medicina Legal, con lo cual se obtiene una respuesta al problema jur�dico subsidiario que se hab�a planteado al inicio del an�lisis del caso.
(iii) el estado an�mico de la v�ctima en los momentos posteriores a la ocurrencia de los hechos De los cambios sufridos por la v�ctima YAPL en su estado an�mico y comportamiento, son varias las pruebas testimoniales que se aportaron a juicio, con lo cual se suple adem�s aquella supuesta falencia que se endilga al estudio psicol�gico de V�CTOR OSWALDO PE�A HERN�NDEZ.
Ello si se tiene en cuenta la descripci�n de la personalidad que se registr� anteriormente en la que en t�rminos generales se presenta a Y como una persona t�mida pero a la vez alegre y entregada a su afici�n por la m�sica. El antes y el despu�s es expuesto por personas como GAFA, LCLE y EABC, quienes tuvieron la oportunidad de conocer a Y a su ingreso en la misi�n del barrio de Nueva Aranda, donde la primera facilitaba su casa de habitaci�n para los encuentros de oraci�n, el segundo era el reverendo asignado por el obispo para las orientaciones religiosas y el �ltimo se encarg� de dictarle clases de m�sica y canto; y para ese entonces la miraban como una persona callada y t�mida pero a la vez alegre.
El �despu�s�, es descrito con gran dolor por parte de EABC, quien dej� de ver por un tiempo a Y al haberse adherido por orden del obispo al ministerio de alabanza de la iglesia principal, pero cuando la encuentra nuevamente en la misi�n de G, le produjo escalofr�o su presentaci�n cuando manifiesta que la mir� con el rostro desencajado, con palidez y como un zombi sin sentido de orientaci�n.
LCLE manifiesta que posterior a la integraci�n de los ministerios de m�sica, al volver a encontrar a Y, la observa reacia a muchas cosas especialmente en lo relacionado con Dios y que ya no quer�a escuchar sobre el tema de los ministros, reflej�ndose en su rostro tristeza y que parec�a desubicada. El cambio de comportamiento tambi�n fue observado por CACC que si bien conoce a Y a ra�z de su llegada al ministerio principal, si le llam� la atenci�n cuando le dec�a que no se le acerque ni le toque, que reflejaba tristeza y en las oraciones lloraba.
Como se ve la actitud comportamental de YAPL fue diferente entre la �poca en la que participaba de la misi�n de GAFA a la �poca en que entra en contacto con IRRM, de lo que se deduce una gran probabilidad de que ese cambio se haya producido como la v�ctima lo manifiesta a ra�z del abuso sexual del que da cuenta en su testimonio. iv) Las caracter�sticas del inmueble o el lugar donde ocurri� el abuso sexual Se trata de la casa de habitaci�n de IRRM ubicada en el barrio la Carolina de Pasto, cerca al templo donde se desarrollaban las eucarist�as, lugar en el cual de manera estrat�gica se adelantaban tambi�n varias actividades relacionadas con la iglesia, en las que participaban varias personas como as� lo relata MVPM, raz�n por la cual tanto YAPL como YLG, aceptaron participar de algunas de ellas sin sospecha de que se podr�a tratar de una maniobra para buscar estar a solas con aquellas mujeres que el obispo escog�a para satisfacer sus deseos sexuales.
(v) Las actividades realizadas por el procesado para procurar estar a solas con la v�ctima Son dos las estrategias asumidas tanto con YAPL como con YLG, la primera hacerles invitaciones para salir en el carro y trasladarlas a lugares solitarios y oscuros y la segunda organizar actividades de la iglesia que se desarrollaban en su casa de habitaci�n, para buscar la oportunidad de estar a solas con sus v�ctimas.
Hasta aqu�, es posible avanzar con el an�lisis de las pruebas que llevan a resolver el primer problema jur�dico planteado en cuanto a determinar si hubo o no consentimiento por parte de YAPL para que IRRM la accediera carnalmente, encontrando que la respuesta es de tipo negativo, es decir que las acciones desplegadas por el acusado en contra de la integridad y libertad sexuales de YAPL, se adelantaron sin su consentimiento, estructur�ndose as� su tipificaci�n plena en el delito de ACCESO CARNAL VIOLENTO Y AGRAVADO por el cual se impuso condena en primera instancia. Se determina adem�s conforme al an�lisis probatorio adelantado que no se configura ninguna duda que pueda resolverse a favor del acusado que amerite revocar la sentencia de condena impuesta en primera instancia. Se pasa as� a analizar la situaci�n relacionada con lo sucedido a la otra v�ctima que puso en conocimiento de la Fiscal�a el comportamiento asumido con ella por parte del acusado. 5.3.2.
Los hechos relacionados con YLG Para esta v�ctima se encuentran muchos elementos en com�n respecto de las acciones adelantadas por parte de IRRM que paulatinamente se han ido ventilando a lo largo del an�lisis probatorio realizado con ocasi�n de lo sucedido a YAPL, lo que inclusive podr�a dar lugar a determinar un modus operandi como as� se denota en los puntos antes presentados relacionados con las caracter�sticas del lugar donde ocurri� el abuso sexual y las actividades realizadas por el procesado para procurar estar a solas con las v�ctimas.
Por esa raz�n no ser� tan extenso el enfoque espec�fico, aunque de todas maneras para YLG tambi�n se aplicar�n algunos aspectos ya determinados en la anterior valoraci�n probatoria. Por ello se hace extensivo a su caso lo expuesto respecto del entorno en el que se desenvuelven los hechos, que le es com�n a todos los miembros que pertenecieron a la iglesia liderada por IRRM, en cuanto a la aplicaci�n de los principios fijados por �l. Ahora en lo particular YLG da a conocer en su testimonio, que se acerc� a la iglesia liderada por IRRM cerca del a�o 2008 cuando fue invitada por su madre, asistiendo ocasionalmente a las ceremonias y pasado un tiempo ya para el a�o 2011, ingresa al ministerio de intercesi�n y adoraci�n, adquiriendo un compromiso de servicio que consist�a en asistir los d�as jueves al templo ubicado en el barrio Pucalpa, a orar e interceder por ni�os, j�venes y necesidades de los miembros y familias, adelant�ndose adem�s algunas visitas.
En cuanto a la estructura, por ser una congregaci�n anglicana se manejaba una jerarqu�a, en la que se ubicaba como m�xima autoridad IRRM, luego siguen en la l�nea los reverendos, los di�conos, los ac�litos, los l�deres de los ministerios y los que serv�an o integraban los mismos. Explica la testigo v�ctima que exist�a una autoridad por parte de IRRM ya que �l planificada todo y se deb�a obedecer lo que ordenaba, se deb�a sujeci�n y sometimiento a la autoridad impuesta por Dios a trav�s de �l, y si no se cumpl�a se calificaba de rebeld�a, y se pon�a a la persona en correcci�n, lo que implicaba sanciones relacionadas por ejemplo con actividades de aseo, suspensiones y retiros del ministerio, lo cual era dif�cil de aceptar porque cuando se conoce a Dios, la vida no se concibe sin estar a su servicio, al punto que pese a su salida de la iglesia continu� en actitud de servicio.
Recuerda la testigo que si bien en principio su asistencia a la iglesia no era permanente, en una ocasi�n IRRM, a trav�s de una consejer�a espiritual le dijo que era necesario que empezara a servir a trav�s de los ministerios, y cuando le explic� en qu� consist�an escogi� el de intercesi�n. Poco a poco, �l se convirti� en su gu�a espiritual acerca de decisiones que deb�a tomar en su vida, y cuando entr� en proceso de liberaci�n, ella pas� un d�a a buscarlo en la iglesia para recibir la asesor�a espiritual, y como no lo encontr� se fue a su casa.
M�s tarde �l la llam� y le dijo �hola bomb�n como est�s� palabras que la sorprendieron, al igual que otras, porque le empez� a decir �amorcito� o �amor�, palabras no usuales en sus conversaciones, porque adem�s en su concepci�n las mismas son propias de una relaci�n que ella no manten�a con �l. Luego la situaci�n se torn� m�s incomoda porque en una de las vigilias que se realizaban en la iglesia durante la noche y hasta las seis de la ma�ana, su madre la acompa�� hasta la media noche, momento en el cual RM la llama y le dice que si ya se fue �la suegra� lo cual tambi�n le molest� para luego abrazarla y empezar a jugar con la tira del brasier, actitud que no la esperaba, y le parec�a en principio un chiste, y no supo c�mo reaccionar frente a la gente que estaba en el sitio, por la sorpresa que le ocasion� este comportamiento.
Siendo que RM es la m�xima autoridad de la iglesia y lo ve como un gu�a espiritual, no entiende lo que pasa y empieza a pensar que puede ser una broma, y por eso no sab�a si comentarle a su madre, y a los otros familiares que empezaban a compenetrar con la iglesia, sin embargo este comportamiento sigui�, ya que empez� a llamarla por tel�fono y como a veces no quer�a contestar, lo hac�a su madre.
Luego empez� a hacerle invitaciones sobre las cuales ella no pod�a decidir si las aceptaba o no porque llamaba y sin preguntar dec�a que en cinco minutos estaba en la casa y aunque le dijera que no, de todas formas llegaba. Incluso en una ocasi�n en la que estaba con las otras mujeres del ministerio, �l estaba ah� y sali� con el carro y le ofreci� llevarla a la casa y las hermanas que estaban ah� le dijeron que vaya que no se oponga a ir con el �pap� grande� y como ella no pod�a explicar lo que estaba sucediendo, entonces ten�a que ir.
Empez� as�, a asumir una actitud distante frente al obispo, porque empez� a sentir miedo, en medio de lo cual entabl� una relaci�n con quien luego se casar�a y que era tambi�n ministro dentro de la iglesia, a quien RM empez� a llamar para quejarse de ella dici�ndole que era grosera y que se sent�a autosuficiente en tanto que ya no necesitaba las asesor�as espirituales, que era una persona que no le conven�a, entonces ella empez� a temer que tomar�a represalias en contra de �l y por eso no cont� lo sucedido.
En cuanto a las acciones adelantadas por IRRM respecto de YLG, se encuentran que le gui�aba el ojo y le mandaba besos desde el altar, le dec�a �hola bomb�n�, �hola mamacita� y no solo actuaba de esa forma, sino que tambi�n a trav�s de acciones f�sicas porque trataba de tocarle las piernas, recordando que luego de una salida en la que fueron a prestar servicio a Ipiales con los de su ministerio, fueron a comer y por debajo de la mesa le pon�a las manos encima de sus piernas y ella se las quitaba y �l le dec�a que acepte que ella estaba enamorada de �l, En otra de las salidas que se realiz� a Catambuco, tambi�n le dijo entre otras cosas que quer�a que le d� un hijo y trat� de tocarle las piernas, pero su reacci�n fue la de defenderse, aunque admite que nunca fue grosera por temor a represalias con su esposo, y que siempre le manifest� que le molestaba, ante lo cual le insist�a y le dec�a �yo te gusto�.
Da a conocer la v�ctima que uno de los eventos que m�s la asust� fue cuando en cierto d�a al salir de la jornada de oraci�n del ministerio de intercesi�n y presionada por sus compa�eras quienes no ten�an conocimiento de lo que estaba sucediendo, subi� al carro de IRRM quien adujo que la llevar�a a su casa pero una vez iniciado el recorrido cambio de destino y se dirigi� a su casa, es decir la del precitado, y le dijo que solo ten�a que traer un material para el discipulado, ante lo cual le dijo que no quer�a ir que la deje ah�, �l le insisti� en que solo iban a traer material por lo cual la llev�, y una vez ah�, �l cambio su comportamiento y se lanz� sobre ella, la mand� contra las gradas y se puso encima, pens� en que la iba a violar, trat� de besarla y cogerla a la fuerza, trat� de defenderse y lo sinti� encima, de repente se calm� y dijo que iba a imprimir el material.
Ah� record� de los rumores acerca de c�mo hab�a actuado frente a otras j�venes de quienes escuch� que les hab�a pasado lo mismo y al encontrarse en la casa de habitaci�n del acusado, les propon�a subir a ver televisi�n, momento en el cual precisamente le hizo dicha invitaci�n, a la que no accedi� y le pidi� que la lleve a su casa, ante la reacci�n asumida la dejo ir y le dio para el transporte a la vez que le advirti� que no contara a nadie de lo sucedido.
En la audiencia de juicio oral ante la dificultad del registro que para esa ocasi�n era auditivo, se dej� constancia del movimiento que realiz� la testigo para indicar c�mo reaccion� para defenderse, registrando que ella escenific� el cruce de sus brazos, armando una especie de caparaz�n o blindaje sobre su zona pectoral. Explica Y que ante lo sucedido sinti� miedo, enojo, impotencia, desilusi�n y al final al no poder hacer nada, se sinti� resignada, pues record� que una de las muchachas se atrevi� a hablar y como no le creyeron, fue tildada de rebelde.
Es importante anotar que al describir estos sentimientos en el juicio se le quebr� la voz y se sinti� su sollozo por lo cual hubo necesidad de suspender la audiencia. Al esposo no le cont� lo sucedido porque lo envi� a Popay�n y ejerc�a presi�n a trav�s de �l, quej�ndose de que ella no lo saludaba, cuando en realidad lo que estaba pasando es que se mostraba distante, evitaba quedar a solas con �l, hablaba lo necesario, no sacaba asesor�as porque a trav�s de ellas se sent�a manipulada, y cuando no le quer�a contar algo, le dec�a que necesitaba confesarse, la llevaba y empezaba a preguntar, y as� obten�a informaci�n que necesitaba.
Comenta la testigo que esta persecuci�n se dio por espacio aproximado de tres meses, por lo cual se afect� su vida, pues empez� a desconfiar no solo de �l, sino de todos los ministros, y porque siempre mantuvo el temor de que tomara represalias en contra de esposo, o en su contra si le dec�a que ella no le conven�a y que deb�a alejarse. Que como mujer se sent�a humillada y con culpa, lo que surgi� a ra�z de que un d�a la llam� y le dijo que iba a la casa para ir a la iglesia, y pese a que no quer�a, lleg�, y su mam� le dijo que salga, y cuando pens� que la llevar�a a la iglesia pas� de dicho lugar y la condujo hacia la Laguna de la Cocha, ante lo cual sinti� temor de que har�a algo, pero se sorprendi� cuando observ� que asumi� una actitud diferente y le pidi� perd�n pero a la vez le dijo que ella era la culpable por su forma de ser y de hablar, y as� ella empez� a sentir culpabilidad por ser mujer.
Solo hasta que sali� de la iglesia y adelant� un proceso de restauraci�n con la ayuda de otros ministros, se dio cuenta de que no fue su culpa. Todo este proceso de acoso se dio aproximadamente por espacio de tres meses, y de manera constante porque ella iba muy frecuentemente a la iglesia y cuando no iba �l la llamaba e iba a su casa. Expresa adem�s Y, que a ra�z del proceso de restauraci�n que adelant�, no existe de su parte rencor hacia IRRM, por lo que decidi� denunciar no como un acto de venganza sino porque quiere invitarlo a que corrija su actuaci�n. Es importante del relato de YLG, cuando explica que no se present� la oportunidad de conversar con YAPL pero s� se percat� que en una ocasi�n en que le deb�a dar plata para el transporte, el acusado la abraz� y le habl� al o�do y mir� en ella una actitud de desagrado ante lo cual pens� que pod�a estar sucediendo algo como lo que ella estaba viviendo.
Adicionalmente y ante el interrogatorio de la defensa, aclara que no siempre particip� voluntariamente en todas las actividades de la iglesia, pues hab�an unas con las que no estaba de acuerdo pero se obedec�an porque �l era la autoridad y en lo que respecta a la denuncia ocurri� porque fue citada por la fiscal�a a rendir testimonio y le explicaron que el comportamiento que asumi� IRRM con ella, constitu�a un delito de acoso sexual, y por eso no tuvo ninguna incidencia que su esposo fuera retirado de la iglesia.
Hasta aqu� se presenta los datos m�s relevantes del relato de YLG, quien enfrent� los hostigamientos y persecuci�n de IRRM, que en su conjunto denotan un fin sexual de su parte, adoptando varias de las estrategias que aplic� con YAPL como invitarla a formar parte de un ministerio, llamar� a consejer�as espirituales a trav�s de las cuales obten�a informaci�n sobre su vida personal, aprovechando el cansancio que generaban las vigilias, a decirle que acepte sus acciones libidinosas porque ella estaba enamorada de �l, a buscar estrategias para llevarla a su casa, propiciando estar a solas para facilitar escenarios de dominio f�sico, entre otras.
Igual que ocurri� con YAPL, se adelant� un trabajo para llevarla a un estado de vulnerabilidad, en la medida en que la asediaba constantemente y le prohib�a hablar de lo que estaba ocurriendo, aprovechando adem�s que por su cargo ten�a autoridad sobre el esposo de Y, infundiendo as� sentimientos de temor, de miedo y de impotencia, en tanto que su esposo hab�a realizado un gran recorrido para avanzar en la jerarqu�a de la iglesia, al punto que cuando le enviaron la carta para que se independizara mir� el hecho m�s que como un perjuicio como una oportunidad para contar lo sucedido.
La defensa apelante en lo que concierne a este hecho, considera que su relato resulta inveros�mil, porque no es posible que los asistentes a las eucarist�as no observaran acciones atribuidas a su prohijado como la de gui�ar el ojo o lanzar un beso desde el altar. Sin embargo debe recordarse que varios de los testigos observaron acciones de este tipo, y otras frente a varias de las mujeres como cuando las abrazaba, o les cog�a de la cintura, o les hablaba al o�do, y se hab�an convertido en actitudes normales del obispo, por lo cual no llamar�an la atenci�n en cada caso en particular.
Es de anotar aqu� que tales acciones bien pueden confundirse con acciones de coqueteo y de seducci�n, pero seg�n el contexto en que se ubica YLG, se traspas� ese nivel en la medida en que ella no consent�a ese tipo de actos, resultando un claro ejemplo de ello, el hecho sucedido en la casa de habitaci�n del acusado, cuando pretendi� accederla ejerciendo un cierto nivel de fuerza f�sica.
No acepta la defensa las razones que aduce la v�ctima para no poner en conocimiento de lo sucedido a las autoridades o familiares, pero como se explic� en precedencia al analizar el caso de YAPL, no es la valoraci�n que se realice desde la perspectiva personal de un tercero ajeno a la iglesia, sino que corresponde a un derecho de la v�ctima de este tipo de delitos que se tenga en cuenta su entorno, que no es otro que el de la iglesia a la que pertenec�a, que implica tener en cuenta las reglas impuestas a su interior y no conforme las que se puedan conocer respecto de otras comunidades religiosas.
Pone adem�s de relieve las versiones de los testigos de descargo como JCC, KETD, YNCJ y MVPM, para restar credibilidad a los relatos de las v�ctimas, pero olvida la defensa que conductas delictivas como las que ocurrieron respecto de YAPL se cometen en la clandestinidad, y que a�n si fuesen consentidas, ello no significa per se que puedan ser conocidas por terceras personas ajenas a los involucrados en una relaci�n que ha llegado al plano sexual.
Igualmente porque la finalidad de comportamientos como los asumidos en p�blico con YLG, que pueden confundirse con una forma de coqueteo, �nicamente puede ser conocida en su alcance sexual, por la v�ctima en espacios de mayor privacidad como cuando fue abordada en la casa de habitaci�n del agresor. Y no es que se quiera decir que los precitados est�n faltando a la verdad, pues la imagen que ellos describen de su l�der coincide con la que en principio tambi�n conocieron las v�ctimas, sino que no es posible que conocieran los detalles acerca de los hechos que enfrentaron YAPL y YLG porque se desarrollaron en la clandestinidad.
Ahora en cuanto a la presentaci�n de un posible complot, en el que se buscan intereses de tipo econ�mico, no tiene asidero porque se aduce que tal estrategia surgi� a instancias del despido de los reverendos, pero que como explicamos en precedencia, no resulta aceptable en la medida en que entre ese hecho y la denuncia pasaron varios meses y ya los reverendos hab�an reencaminado sus vidas.
Vistas as� las cosas, es menester pasar a comparar el comportamiento asumido por el acusado respecto de YLG, en relaci�n al art�culo 210 A del C.P., por el cual fue llamado a juicio. Uno de los ingredientes normativos de este delito es el relacionado con los fines libidinosos pretendidos por el sujeto activo, buscados a trav�s de diferentes acciones como el hostigamiento, la persecuci�n y el acecho, que pueden ser f�sicos o verbales, contando en los primeros por ejemplo aquellos tocamientos sobre la integridad f�sica de la v�ctima o en los segundos palabras o frases de contenido er�tico.
A lo anterior se debe agregar el elemento inicial del tipo, que tiene que ver con la relaci�n de superioridad manifiesta o de autoridad o de poder derivadas de la edad, el sexo, la posici�n laboral, social, familiar o econ�mica, del autor respecto de la v�ctima, el cual opera en cualquier escenario p�blico o privado, y fue explicado por la CSJ en el caso analizado a trav�s del auto emitido en el radicado 36570 del 8 de junio de 2011, en los siguientes t�rminos: �� est� claro que el art�culo 210 A, recientemente introducido al C�digo Penal, no pretende sustituir ni mucho menos modificar el art�culo 404 de esa misma normatividad, sino consagrar como delito una conducta hasta el momento at�pica, el com�nmente denominado acoso sexual, por lo general remitido a las relaciones de dependencia o subordinaci�n en el campo laboral, p�blico o privado.
Es por ello que en la exposici�n de motivos del proyecto de ley respectivo, se ubica ese nuevo delito dentro de aquellas conductas de g�nero que representan violencia contra la mujer, bajo el entendido que: �El problema de la violencia contra las mujeres como manifestaci�n de las relaciones de poder desigual construidas hist�ricamente entre hombres y mujeres, establecidas y aceptadas por la sociedad, debe ser abordado con una visi�n integral, que comprometa los procesos de sensibilizaci�n, informaci�n y educaci�n de toda la sociedad, con la finalidad de erradicar este terrible flagelo que agobia a la humanidad, impide la conformaci�n de sociedades aut�nticamente democr�ticas, obstaculiza el acceso al desarrollo y afecta profundamente la salud mental de la poblaci�n. La violencia basada en las relaciones de subordinaci�n que viven las mujeres ocurre tanto en el �mbito p�blico como en el privado, esto es, en el lugar de trabajo, en los centros de salud, en los centros educativos, en el espacio de la comunidad en general, en la relaci�n de pareja y en las relaciones intrafamiliares.�.
En el caso analizado por la Corte, se judicializ� la conducta de un juez quien aprovechando su investidura, solicit� favores sexuales de mujeres que, ya sea directamente o a trav�s de familiares y allegados suyos, ten�an inter�s en asuntos que estaban a su cargo, hechos por los cuales fue condenado por el delito de concusi�n aunque la defensa planteaba se trataba de un delito de Acoso sexual.
Al final la Alta Corporaci�n aplic� el principio de especialidad atendiendo a la funci�n que desempe�aba el juez y su condici�n de servidor p�blico, por lo que se mantuvo la condena por el delito de concusi�n, sin embargo se pone en evidencia que efectivamente la relaci�n de subordinaci�n y/o dependencia derivada entre otros factores de la posici�n, la edad o el sexo, constituye uno de los ingredientes del acoso sexual, sobre todo en las relaciones en las que la mujer se encuentra en estado de vunerabilidad.
Entonces, revisando el comportamiento asumido por IRRM respecto de YLG, se encuentra en primer lugar que �l ocupa respecto de ella una posici�n de jerarqu�a que al interior de la comunidad religiosa a la que pertenec�a, lo ubic� en una posici�n de superioridad con poder para incidir inclusive sobre situaciones personales, como cuando presentaba quejas sobre su comportamiento ante el ministro con el que inici� un noviazgo y que luego ser�a su esposo.
Igualmente adelant� varias acciones de hostigamiento, persecuci�n y acecho, como cuando sin su consentimiento era abordada en su casa de habitaci�n, o era presionada a trav�s de los otros integrantes del ministerio de intercesi�n, para que subiera a su veh�culo, las llamadas constantes, los tocamientos en diferentes partes de su cuerpo y respecto de sus prendas �ntimas como el brasier, hasta el momento en que intent� besarla a la fuerza y colocar su cuerpo sobre ella, al punto que pens� que sobrevendr�a un ataque sexual para llegar al acceso carnal.
Todo ello con una evidente connotaci�n f�sica que reforzaba lo que ya se hab�a iniciado de manera verbal, cuando le dec�a por ejemplo que quer�a tener un hijo con ella. De todo lo anterior deviene que frente al caso de YLG, efectivamente el comportamiento asumido por IRRM, se adec�a en su integridad al tipo de ACOSO SEXUAL. Se concluye as� que la decisi�n de primera instancia fue acertada y por ello se confirmar� en su integridad.
OTRAS DISPOSICIONES Se establece a trav�s del tr�mite adelantado, que tuvo ocurrencia un hecho delictivo que si bien se incluye en los f�cticos imputados y registrados igualmente en la acusaci�n por parte de la Fiscal�a, no as� en la imputaci�n jur�dica, en tanto que la v�ctima YAPL da a conocer que en una ocasi�n RM la invit� a conocer un lugar, para lo cual la recogi� en un veh�culo, la transport� hacia un sector oscuro y solitario de la ciudad, donde repentinamente la acaricia en su pierna y la besa bruscamente en la boca.
Este hecho por s� solo podr�a llegar a estructurar y adecuarse como un presunto delito de Acto sexual violento, seg�n lo previsto en el art�culo 206 del C.P. y tuvo ocurrencia en el a�o 2010, posterior a la vinculaci�n de la v�ctima a la iglesia principal en enero 6 de ese a�o y anterior al acceso carnal violento que sucedi� en fechas cercanas a las fiestas de Halloween.
Tales actos no se subsumen en la conducta por la cual finalmente se impone condena al acusado de Acceso Carnal Violento, raz�n por la cual se hace necesario ordenar la compulsa de copias ante la Fiscal�a para que se adelante el tr�mite legal correspondiente. DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE 1�.
CONFIRMAR en su integridad la sentencia dictada el d�a 25 de abril de 2017, por medio de la cual el Juzgado Primero Penal del Circuito de Pasto impuso sentencia condenatoria en contra de IRRM por hallarlo responsable como autor del delito de ACCESO CARNAL VIOLENTO AGRAVADO, en concurso homog�neo y heterog�neo con el de ACOSO SEXUAL. 2� COMPULSAR copias ante la Fiscal�a para que se adelante la investigaci�n correspondiente por la posible comisi�n de un delito de Acto Sexual violento, conforme a lo explicado en la parte motiva. 3� Esta decisi�n se notifica en estrados y se hace saber que contra ella procede el recurso extraordinario de casaci�n, el cual deber� ser interpuesto dentro de los cinco (5) d�as contados a partir de su notificaci�n. NOTIF�QUESE Y C�MPLASE BLANCA LIDIA ARELLANO MORENO Magistrada SILVIO CASTRILL�N PAZ Magistrado JOS� AN�BAL MEJ�A CAMACHO Magistrado JUAN CARLOS �LVAREZ L�PEZ Secretario Acta No. 125 Juzgado Noveno Con funci�n de Control de Garant�as Acta No. 407 Juzgado Cuarto Penal Municipal. Record: 1:49:00-1:50:00 Record: 25:45 CD 5 � Juicio oral � Cuarta Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 01:51:37 juicio sesi�n marzo 16 de 2016 Minuto 00:37:58 Juicio Cuarta sesi�n marzo 16 Minuto 00:07:14 CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:36:55 CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016.
Minuto 00:22:20 ella adquiri� la organeta con el pago de la pr�ctica realizada en el SENA CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:42:49 CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:46:45 CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:59:24 CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 01:08:05 CD 5 � Juicio oral � Cuarta Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:14:56 CD 5 � Juicio oral � Cuarta Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:21:13 CD 5 � Juicio oral � Cuarta Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 01:22:30 y Minuto 01:28:35 Tribunal Supremo de Espa�a, ATS 6128/2015, del 25 de junio de 2015 �dem CD 5 � Juicio oral - Tercera Sesi�n marzo 15 de 2016 Minuto 00:14:56 Fl. 27 de la sentencia CD 5 � Juicio oral � Sexta Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:21:31 a 00:22:13 y 00:23:50 a 00:24: 30 CD 5 � Juicio oral � Sexta Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 01:47:00 y 01:59:56 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:04:30 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:05:30 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:07:40 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:09:27 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:11:18 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:11:47 CD 5 � Juicio oral � Segunda Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:24:40 CD 5 � Juicio oral � Tercera Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:03:25 CD 5 � Juicio oral � Tercera Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:11:25 CD 5 � Juicio oral � Tercera Sesi�n marzo 16 de 2016 Minutos 00:23:57 Magistrada Ponente: Dra. Blanca Lidia Arellano Moreno Proceso No. 52-001-60-00496-2013-00033 N.I. 10126 PAGE PAGE 14 '()5�������������C F � � E L � � � � ������㫹����ǫǫ�uhuh[uNuhP�haseOJQJ^JhP�h�P�OJQJ^JhP�h�_�OJQJ^JhP�h�1bOJQJ^JhP�h�,nOJQJ^JhP�h��5�OJQJ^JhP�h_\5�OJQJ^JhP�h�,n5�OJQJ^JhP�h~85�OJQJ^JhP�hjR�5�OJQJ^JhP�h%�5�OJQJ^JhP�h� 5�OJQJ^JhP�h�;,5�OJQJ^J� � � 5�?cd����������������uu d��$5$7$8$9DH$Ifgd�l� d��5$7$8$9DH$gd{x� $dh@&a$gd�rpm$0$a$gdP�)$a$gdP�0$a$gdP� $dh�a$gd�/5 $d��&d 5$7$8$9DH$P�� a$gd�1b$a$gdP� � � � S U e o � � � � � � � B M | � � � � � � � ���������沥�����~���q]I&h�/5CJOJQJaJmH nH sH tH &hP�CJOJQJaJmH nH sH tH hP�h�/5OJQJ^JhP�h%;�OJQJ^JhP�h�OJQJ^JhP�h-pOJQJ^JhP�h �OJQJ^JhP�haseOJQJ^JhP�h�:FOJQJ^JhP�h�.�OJQJ^JhP�hrn=OJQJ^JhP�h�1bOJQJ^JhP�hB�OJQJ^J� 5y���������?@_`bcd������ݼμμμ�����tcO>O h�rp5�CJOJQJ\�^JaJ&h�^mh�rp5�CJOJQJ\�^JaJ hP�5�CJOJQJ\�^JaJ hP�5�CJ OJQJ\�^JaJ !jI��^ h 9�hP�5�UV\�h 9�hP�5�\�jh 9�hP�5�U\�hP�CJOJQJ^JaJ#h�w�hP�5�CJOJQJ^JaJ hP�5�CJOJQJ^JaJ#hVyhP�5�CJOJQJ^JaJ 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