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C: AUDIENCIA PREPARATORIA � DECRETO DE PRUEBAS - El Auto que Decreta una Prueba No Admite Apelaci�n � Se abstiene la Sala de conocer el recurso interpuesto en contra de la decisi�n que decreta la pr�ctica de una prueba, en tanto no procede el recurso de alzada, sino el de reposici�n. AUDIENCIA PREPARATORIA - OPOSICI�N A LA INCORPORACI�N DE MEDIOS PROBATORIOS � EXCLUSI�N, RECHAZO E INADMISIBILIDAD: Diferencias - Analizadas las figuras jur�dicas a las que pueden acudir los sujetos procesales para evitar que se adelante la aducci�n del medio probatorio al juicio oral, las cuales se originan en consecuencias jur�dicas diversas y como tal configuran su propia din�mica procesal, se determina que los defensores, ante la negativa a su oposici�n al decreto de la prueba documental, efectuaron una inadecuada argumentaci�n, al solicitar su exclusi�n, sin que se hubieran vulnerado garant�as fundamentales; y al no alegarse alguna irregularidad que diera lugar a su rechazo, no hay lugar a su estudio; estableci�ndose que la �nica posibilidad de reproche se ajustar�a a la admisibilidad de la prueba, y al tratarse de una decisi�n que decret� una prueba, no admite recurso de apelaci�n. DECRETO DE PRUEBAS � PRUEBA CONJUNTA - Debe acreditarse pertinencia, conducencia y utilidad � En el evento de que un mismo testigo sea requerido por las dos partes, con miras a realizar el interrogatorio directo, corren con la carga de sustentar las razones de pertinencia, conducencia y utilidad, demostrando por tanto el objeto espec�fico y qu� se pretende acreditar con dicha prueba; por tanto al no haber argumentado en forma adecuada la defensa estos t�picos en relaci�n con la prueba conjunta, ni dio a conocer las razones por las cuales el contrainterrogatorio resultar�a insuficiente para cubrir sus pretensiones probatorias, se confirma la decisi�n que neg� la pr�ctica en el debate oral de los testimonios solicitados, siendo factible que los aspectos que pretend�a dilucidar, sean absueltos a trav�s del contrainterrogatorio. / Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto Sala de Decisi�n Penal Magistrado Ponente: Franco Solarte Portilla Asunto: Apelaci�n interlocutorio Decreto pruebas Delito: Concierto para delinquir y otros Acusados: WGCP, GGGA, CRAN, ACDR. Radicaci�n: 2016-00050 N.I. 19323 Aprobaci�n: Acta No. 2017 � 261 (Diciembre 11 de 2017) San Juan de Pasto, diciembre dieciocho de dos mil diecisiete Objeto del Pronunciamiento Resuelve el Tribunal el recurso de apelaci�n interpuesto por los defensores que asisten los intereses de los procesados en este asunto, contra el auto dictado el 25 de octubre de 2016 por el cual el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Pasto, en curso de la audiencia preparatoria, deneg� la pr�ctica de unos testimonios conjuntos y fij� posici�n respecto de la solicitud de exclusi�n de pruebas elevada por la defensa bajo el supuesto de la indebida conexidad de los asuntos.
Antecedentes Por la supuesta comisi�n de los delitos de concierto para delinquir agravado, hurto calificado y agravado, porte ilegal de armas de fuego de uso personal y prevaricato por omisi�n fueron acusados en diferentes grados de participaci�n, CRAN, GGGA y WGCP; respecto de �ste �ltimo se acus� tambi�n por el delito de secuestro extorsivo agravado; ello en virtud a haber sido identificados como miembros de la organizaci�n criminal �Los Luisitos� o �Caucanos� desde el a�o 2011.
Por su parte, y en lo que ata�e a ACDR, el ente fiscal la acus� en calidad de coautora, exclusivamente por el delito de hurto calificado y agravado de la suma de $45.000.000, acaecido en el �Almac�n Marly� de esta ciudad. Comoquiera que no se hizo expreso inter�s de someterse al tr�mite de la terminaci�n temprana del proceso y previa presentaci�n oportuna del escrito de acusaci�n por la Fiscal�a, el Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Pasto, designado para adelantar el juzgamiento, program� y llev� a cabo la audiencia de formulaci�n de acusaci�n el d�a 19 de julio de 2016, escenario en el que la representante del �rgano de la investigaci�n cumpli� con el rito del descubrimiento probatorio conforme lo dispone el art�culo 344 y siguientes del C�digo de Procedimiento Penal.
Durante los d�as 20 y 21 de octubre del a�o pr�ximo pasado tuvo ocurrencia la audiencia preparatoria, finalizando la misma el d�a 25 sesi�n en la que la Juez de primer nivel se dispuso a pronunciarse sobre las solicitudes probatorias de las partes intervinientes; neg� entonces para la defensa de ACDR, la pr�ctica de los testimonios de los se�ores WFEC y LAGI, que tambi�n fuera ofrecida como prueba de cargo por la Fiscal�a, decisi�n contra la que se interpuso recurso de apelaci�n. En el curso de la diligencia en menci�n fue concedida tambi�n la impugnaci�n interpuesta por la bancada defensiva de WGCP, ACDR, GGGA y CRAN, en lo que hace a la solicitud de exclusi�n de las pruebas documentales correspondientes a los expedientes No. 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 520016000485201209010, con sustento en la supuesta indebida conexidad de tales asuntos por parte del ente persecutor.
En ese orden y en lo que incumbe a la resoluci�n de la alzada, resulta menester rememorar lo fundamental de la petici�n probatoria conjunta expuesta por las partes, aunado a los considerandos atinentes a la eventual indebida conexidad de los asuntos que depare en la exclusi�n de la prueba documental relacionada con arribar al proceso los expedientes de investigaciones alternas.
As�, en primer lugar, el ente acusador fundament� la pertinencia de la probanza testimonial deprecada, en las calidades de los testigos LAGI y WFEC, quienes como segundo y tercer jefe de la organizaci�n criminal, respectivamente, participaron en la planeaci�n y coordinaci�n de las actividades delictivas, les asiste conocimiento sobre los miembros de la banda delincuencial, siendo testigos directos de los hechos objeto de investigaci�n, razones por las que se sustent� que tales probanzas emergen pertinentes al guardar relaci�n directa con los hechos investigados, y �tiles para demostrar la responsabilidad penal de las personas acusadas de los reatos imputados.
Por su parte, el abogado LU�S ARMANDO DELGADO MERA, defensor p�blico de ACDR, se�al� que la recepci�n de los testimonios de LAGI y WFEC, si bien se enarbolan como pruebas conjuntas al haber sido deprecadas tambi�n por el ente acusador, permitir�n ingresar al juicio informaci�n concerniente a la conformaci�n y el contexto de la empresa criminal, no as� respecto de las particularidades del hurto acaecido en el �Almac�n Marly� como lo pretende la Fiscal�a; de ah� la viabilidad de su decreto en aras de arribar a la verdad y clarificar informaci�n de trascendencia para la defensa.
Ahora bien, y en lo que ata�e a la eventual indebida conexi�n de los asuntos como marco de la exclusi�n de prueba documental y la determinaci�n del Despacho de instancia, de que ello ocurri� as� desde la audiencia de formulaci�n de imputaci�n, deprec� la bancada de la defensa de ACD y WGCP, de GGGA y de CRAN, que la Judicatura se pronuncie sobre el particular conforme a los siguientes planteamientos: Se�al� el doctor DELGADO MERA, representante de los intereses de ACD y WGCP, que conforme a lo preceptuado en el art�culo 51 del Estatuto Procesal Penal respecto de la conexidad y asignaci�n de competencia por tal factor, no se vislumbra en el sub lite un pronunciamiento expreso por parte del ente acusador para juntar las investigaciones adelantadas en diferentes Despachos que le permita a su vez afincar su teor�a del caso, siendo entonces inviable tenerse como pruebas documentales las copias derivadas de aquellas cuya producci�n y aducci�n no se ci�en al procedimiento establecido.
Frente al tema, la doctora GABY ROC�O ARAUJO, defensora de confianza de GGGA, comparti� la postura expuesta por su hom�logo, en tanto que ni durante la audiencia de imputaci�n ni en el decurso de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n la delegada Fiscal hizo solicitud alguna respecto del decreto de conexidad a la Juez de conocimiento, ni como prueba trasladada, raz�n por la que encuentra viciado de ilegalidad el medio atinente a la introducci�n de los expedientes con radicados No. 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 520016000485201209010, referidos a las investigaciones por los hechos relacionados con el secuestro extorsivo de la se�ora MC, el hurto calificado y agravado de la �Toyota negra� y el hurto calificado y agravado perpetrado en el �Almac�n Marly� de esta ciudad, respectivamente.
A su turno, el doctor JHONATAN KARLO MART�NEZ OJEDA, defensor de confianza de CRAN, agreg� que el acatamiento del ritual legal previsto en los art�culos 51 y 52 procesales penales, es el que permite la declaratoria de conexidad de procesos; de ah� que, previa revisi�n de los registros de audio de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, dijo que se advierte una somera referencia a una aparente solicitud sobre el particular, pero sin que tal intervenci�n ostente la potencialidad de evidenciar el por qu� pueden ser conexas tales investigaciones, circunstancia por la que depreca �se excluya� la probanza documental relacionada con los expedientes referenciados.
La providencia impugnada Reanudada la audiencia preparatoria el 25 de octubre de 2016 a efectos de resolver las solicitudes probatorias elevadas tanto por la delegada de la Fiscal�a como por los se�ores defensores de los acusados, la Juez de conocimiento pas� a decidir los pedimentos planteados, no sin antes enlistar los delitos endilgados en tr�mite de la audiencia de formulaci�n de imputaci�n a los se�ores CRAN, GGGA y WGCP, eso, en aras de que las probanzas que se decreten guarden estrecha relaci�n con dichos punibles.
En ese orden indic� que para aquella oportunidad la se�ora Fiscal imput� la comisi�n de varios punibles de conformidad con el art�culo 52 Procesal Penal, sin que ninguno de los defensores objetara la competencia, raz�n por la que partiendo del delito de concierto para delinquir agravado radic� escrito de acusaci�n ante los juzgados penales del circuito especializado, de manera tal que los reatos ya ven�an conexados, y por ello nada se dijo al respecto durante la acusaci�n. Decantado lo anterior, destac� la A quo el car�cter estrictamente procesal de la audiencia en curso, cuyo fundamento parte del an�lisis efectuado por las partes sobre la pertinencia, conducencia, utilidad y racionalidad probatoria, siendo que a voces del alcance de tales par�metros y merced a los requisitos establecidos para el decreto de pruebas, a ello se destin�.
En ese orden, respecto de las solicitudes probatorias formuladas por la delegada Fiscal, dispuso la autorizaci�n de interrogatorios para refrescar memoria o para impugnar credibilidad, recepci�n de entrevistas y reconocimientos fotogr�ficos, y la pr�ctica de diversas pruebas testimoniales, entre ellas precisamente la recepci�n de los testimonios de LAGI y WFEC, cuya pertinencia se deriva de sus calidades de jefes de la organizaci�n criminal, y por ende, del conocimiento que les asiste sobre los integrantes de la misma y los hechos investigados, asomando entonces como sustento de la teor�a del caso del ente acusador.
Al respecto, aclar� que no hay lugar a atender la objeci�n planteada por la defensa en lo concerniente al descubrimiento tard�o de los interrogatorios de los antes mencionados, pues para la Judicatura tal circunstancia no fue relevante, comoquiera que se vislumbr� haber cumplido con la finalidad de dicho develamiento antes del juicio, m�xime si en cuenta se tiene que fueron recabados con posterioridad a la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, dando con ello cr�dito a que hubo plena comunicaci�n y conocimiento de los medios probatorios a la contraparte.
As�, en tanto que el se�or defensor de ACD deprec� se decrete id�ntica probanza, la Juez de primer nivel decidi� no acceder a su aducci�n como prueba testimonial conjunta, al considerar que bien puede la defensa en curso del contrainterrogatorio indagar o ampliar toda la informaci�n atinente a su prohijada, ya que entrat�ndose del decreto de solicitudes probatorias conjuntas dentro de un sistema de corte eminentemente adversarial, como lo es el penal oral acusatorio, la pertinencia y utilidad deben estar muy bien definidas, comoquiera que no es de recibo que la Fiscal�a procure la misma informaci�n que persigue la defensa, siendo estas partes del todo antag�nicas en la contienda del proceso penal.
Por ello, consider� la a quo que la defensa no indic� en debida forma sobre qu� aspectos difieren la pertinencia y utilidad de la probanza deprecada y sustentada por el ente acusador, y con motivo de ello se dispuso su negaci�n, siendo que ser� el contrainterrogatorio el escenario para abordar a los mencionados testigos. Con relaci�n a la prueba documental solicitada por la Fiscal�a dijo admitir que ingresen al juicio como tal, los expedientes con radicados No. 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 520016000485201209010, relacionados con los hechos del secuestro extorsivo de la se�ora MC, del hurto calificado y agravado de la �Toyota negra� y del hurto calificado y agravado perpetrado en la zapater�a Marly de esta ciudad, respectivamente, de los que indic� ya se encuentran conexados al presente proceso.
La sustentaci�n del recurso y criterio de los no recurrentes Doctor LUIS ARMANDO DELGADO MERA: El se�or defensor de los procesados ACDR y WGCP, reiter� su inconformidad respecto de la decisi�n que neg� la exclusi�n relacionada con arribar al proceso los expedientes referenciados en p�rrafos anteriores, sin que sea dable aseverar que con la mera imputaci�n se clarifique lo atinente a la conexidad, cuando efectivamente fue eso lo que dej� de hacer el ente Fiscal, puesto que una cosa es que se permita, y as� se hizo, que se impute en el escenario correspondiente una pluralidad de conductas delictivas a los acusados y otra que se pretenda que otras investigaciones ahora hagan parte de este proceso, desconociendo lo preceptuado en el art�culo 50 del C�digo de Procedimiento Penal, esto es, que por cada delito se adelantar� una sola actuaci�n procesal.
Para tal efecto refiri� que si bien es cierto en desarrollo de la audiencia de imputaci�n le fue endilgado a DR el reato de hurto calificado y agravado por los hechos del �Almacen Marly�, y a CP los delitos de secuestro extorsivo y el hurto calificado y agravado del caso denominado la �Toyota Negra�, sin embargo no se presenta conforme a derecho el que no est�n convocados a la presente causa las otras dos personas acusadas del punible atentatorio del bien jur�dico de la libertad individual, y no se lleve por la misma cuerda procesal tal investigaci�n, en clara contrav�a de lo dispuesto en la normatividad en cita; puesto que al pretender traer al proceso los elementos recaudados en las investigaciones adelantada por la Fiscal�a Sexta del Grupo Gaula y Fiscalia 11 Seccional de Pasto, se entiende que se han abierto o adelantado dos actuaciones procesales por la misma raz�n, m�s si se conoce que en cada uno de los despachos fiscales mencionados se han llevado a cabo actos como imputaci�n e incluso ya se han condenado a algunas personas por esos reatos.
Sostuvo que endilgar la categor�a de prueba documental a toda la investigaci�n adelantada en cada uno de los expedientes conocidos, es admitir que la Judicatura estar�a autorizando o justificando que tanto la Fiscal�a encargada de la acusaci�n en este proceso como el investigador jefe del mismo, hayan adelantado esas investigaciones cuando eso no fue as�, de manera que no podr�an llegar a las conclusiones que ahora se pretenden exponer en juicio, dado que el inter�s de ese escenario es la pr�ctica de la prueba, no pudi�ndose develar esa circunstancia en actuaciones que no fueron ejecutadas por aquellos acusados.
As� las cosas, consider� que de cara a esas situaciones, de contera se vislumbra que permitir la admisi�n de esos medios probatorios denominados documentales, ello constituir�a una prueba ilegal y por ende la afectaci�n al debido proceso, puesto que se desconoce abiertamente el contenido del art�culo 50 y siguientes del Estatuto Adjetivo.
De ah� que solicit� se revoque esa decisi�n. En lo que ata�e al no decreto de las pruebas testimoniales de LAGI y WFEC, bajo el supuesto de la indebida exposici�n sobre la pertinencia de la probanza al tratarse de una solicitud com�n con el ente de persecuci�n penal, sostuvo que de la atenta revisi�n del registro de audio sobre el particular, se extrae que su motivaci�n frente a dicho medio de prueba no gira en torno a los hechos que rodearon el hurto de la �Zapater�a Marly�, sino respecto de la conformaci�n de la banda en aras de clarificar ciertos hechos de la investigaci�n que revisten contradicciones con la informaci�n contenida en algunas entrevistas rendidas por testigos de cargo y que dieran origen a la investigaci�n. As� las cosas, solicit� del Ad quem se revoque la decisi�n objeto de la alzada y se proceda al decreto de los testimonios deprecados.
Doctora GABY ROC�O ARAUJO A su turno, la defensa de GGGA ventil� que la no exclusi�n de la prueba documental relacionada con el expediente de radicado 523566000514201180324, conocido como el caso de la �Toyota negra� y adelantado por la Fiscal�a 20 Seccional de Ipiales (N), no se ajusta a los par�metros legales, en punto a que escuchadas las respectivas audiencias de imputaci�n y de acusaci�n, en ning�n momento se hizo manifestaci�n alguna de la conexidad de dicha investigaci�n por parte del ente fiscal.
Aunado a ello, se�al� que vista as� la solicitud de decreto de dicha prueba documental, no puede pasar desapercibido que la misma adolece de imprecisi�n al desconocer el contenido de los elementos que contienen los denominados expedientes, pretermitiendo as� las etapas previstas para tener como medio de prueba el registro de otras actuaciones, contenidas en la Ley 906 de 2004, m�s cuando no es de recibo que se eleven peticiones sin contenido preciso y m�xime cuando no opera la figura de prueba trasladada.
En ese sentido, estableci� que al haberse solicitado y decretado de manera tan gen�rica como prueba documental el expediente del radicado antes anotado, necesario es que se proceda a la revocatoria de la decisi�n de primera instancia por cuanto va en contrav�a de los postulados reglados en el art�culo 50 del C�digo de Procedimiento Penal.
Doctor JHONATAN CARLO MART�NEZ OJEDA Por su parte, la representaci�n de los intereses de CRAN, en lo que ata�e al tema de la conexidad, desestim� que en sede de imputaci�n se efect�e inmediatamente la conexidad de asuntos, comoquiera que media una ritualidad procesal penal que impone cargas a tener en cuenta para su debido decreto, misma que a su juicio no se avizor� tampoco en la audiencia de acusaci�n, raz�n por la que se adhiere a la postura de revocatoria planteada por sus hom�logos de la defensa.
Fiscal�a Otorgada la palabra a la se�ora Fiscal en su calidad de no apelante, rese�� que de la detenida revisi�n del escrito de acusaci�n, m�s exactamente del folio 8 de los 63 que lo componen, se extrae con meridiana claridad el an�lisis complementario efectuado sobre las tres fases de la investigaci�n que involucran a 68 miembros de la organizaci�n criminal, anunciando de contera la existencia de una cuarta fase, y de ah� la necesidad de que se configure la respectiva ruptura procesal con miras, incluso, a la efectiva protecci�n de la comunidad, advirtiendo desde ah� que con el fin de esclarecer conductas delictivas que estaban siendo investigadas por otros despachos, estas han sido conexadas a la presente investigaci�n. Agreg� c�mo el devenir investigativo permiti� que miembros de la empresa delictiva brinden trascendente informaci�n sobre su conformaci�n, as� como frente a las actividades delictivas perpetradas objeto de investigaciones alternas, que precisamente conllevaron a la ruptura procesal y a la configuraci�n de la susodicha tercera fase.
A la par, desestim� el argumento vertido por los recurrentes atinente a que la cuestionada conexidad debe ser decretada por el juez de conocimiento, comoquiera que el inciso 2� del art�culo 50 de la obra adjetiva penal es claro cuando consagra que los delitos se investigan y se juzgan conjuntamente, advirtiendo as� que no media prohibici�n alguna para adelantar conexidades investigativas cuando a ello haya lugar.
En ese orden, dio cuenta que conforme a las Directivas 001 de octubre de 2012 y 002 del a�o 2015 proferidas por el se�or Fiscal General de la Naci�n, se estipularon criterios de priorizaci�n dentro de la pol�tica de investigaci�n que determinan que de existir unidad probatoria se opte precisamente por la conexidad, m�xime al desparecer en el sistema penal actual la figura de la prueba trasladada.
Acto seguido, clarific� que no existe una doble investigaci�n como lo pretenden hacer ver los apelantes, toda vez que los otros despachos fiscales dejaron de conocer las investigaciones para ser conexadas al proceso que nos incumbe; al margen de ello dio claridad en cuanto a que en la fase investigativa del Gaula a los se�ores AN y GA se los imput� y acus� por el delito del secuestro de la se�ora MC, de ah� que para este proceso se los haya vinculado a trav�s de esos elementos materiales probatorios en la participaci�n de varias personas y los roles adelantados, frente al conato del concierto para delinquir agravado con fines de secuestro, habi�ndose s� especificado de manera especial en lo que ata�e a CP, en las dos conductas delictivas referidas atr�s, ya que es de ah� de donde se deriva su judicializaci�n. Resalt� que para los fines del concierto para delinquir agravado no es necesaria la realizaci�n de la conducta materialmente verificable, sino su sola concertaci�n, de ah� la comunicabilidad de circunstancias para el establecimiento de la agravante y la estrecha relaci�n que guarda la imputaci�n con la acusaci�n, esto para las tres personas antes relacionadas.
Anunci� entonces que, para mayor claridad de la defensa, lo que hizo la Fiscal�a fue dar a conocer de d�nde surgieron las investigaciones que ahora se encuentran conexadas a una sola, resaltando que por ende tales actuaciones dejaron de ser conocidas por los despachos fiscales in�ciales, por lo tanto, solicit� no se atienda la revocatoria de la prueba decretada por la Juez de instancia, y por el contrario se proceda a su confirmaci�n. Con relaci�n a la prueba conjunta sobre los testimonios de los se�ores WFEC y LAGI, aduj� que el tema de prueba que expuso la Fiscal�a est� encaminado a determinar las circunstancias de tiempo, modo y lugar de la organizaci�n criminal, sobre el rol de sus miembros, la participaci�n en la ejecuci�n de las actividades delictivas o en la planeaci�n de las mismas, por lo tanto, no habr�a lugar a que se considere v�lido que se admita un interrogatorio directo por parte de la defensa, cuando es precisamente ese el tema a probar, de ah� que con el contra interrogatorio perfectamente se pueda suplir ese inter�s. Por lo tanto invoc� sea tambi�n en este punto confirmada la decisi�n de primera instancia. Ministerio P�blico Las apreciaciones esbozadas por la delegada Fiscal encontraron respaldo en la intervenci�n del se�or delegado del Ministerio P�blico, para quien al momento de la imputaci�n se da autom�ticamente la conexidad de los hechos punibles al anunciar cu�les son las conductas a investigar, m�xime si el reato de concierto para delinquir imputado se erige como un delito transversal al resto de injustos endilgados como concurso, sin que para ello sea menester se depreque formalmente.
Arguy� que las circunstancias de conexidad descritas en el art�culo 51 Procesal Penal, se pregonan propiamente de la etapa del juicio, sin que ello obste para que aquella se configure al inicio de la investigaci�n con la imputaci�n de los delitos a investigar, sin necesidad de declaraci�n judicial como lo echa de menos la bancada de la defensa, cuando se aborda la supuesta ausencia de conexidad en los hechos constitutivos de los reatos de concierto para delinquir, secuestro y hurto calificado y agravado, sin que al respecto se haya emitido pronunciamiento alguno durante la audiencia de imputaci�n. En lo que ata�e al decreto de los testimonios conjuntos, refiri� advertir que durante la sustentaci�n del recurso, el apelante introdujo aspectos nuevos y no tocados durante su pedimento, exposici�n que adem�s, adujo, no fue tan clara al momento de dar cuenta de su pertinencia, sin que entonces sea dable introducirla en tr�mite de la alzada, razones por las que depreca se confirme en su integridad la providencia proferida por la A quo.
Consideraciones Al deslindar las circunstancias de la materia objeto de alzada, observa la Corporaci�n que la tem�tica en la cual deber� guiar los prop�sitos de esta instancia, bien se pueden concentrar en los siguientes problemas jur�dicos: Establecer si es procedente la impugnaci�n propuesta por la bancada defensiva, correspondiente al decreto de la probanza de la Fiscal�a relacionada con el ingreso al juicio oral de lo que se calific� como la prueba documental, consistente en los expedientes radicados bajo noticia criminal No. 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 52001485201209010, y en ese orden determinar la competencia que le asiste al Tribunal frente a ese punto objeto de reproche.
Examinar si la defensa de la se�ora ACD cumpli� de manera adecuada con la carga que le correspond�a de precisar con exactitud la pertinencia, conducencia y utilidad de la prueba conjunta, relacionada con el testimonio de los se�ores WFEC y LAG, quienes obran como testigos de la Fiscal�a. Sobre la impugnaci�n de pruebas decretadas Con relaci�n a la cuesti�n jur�dica en debate debemos adentrarnos a verificar el contenido del ordenamiento procesal penal, el que se compone de unos principios rectores, entre ellos, el de la doble instancia, mediante el cual se determina que ser�n susceptibles del recurso de apelaci�n las sentencias y los autos, siempre que estos se destinen a resolver las siguientes situaciones: 1) la libertad del imputado o acusado, 2) se afecte la pr�ctica de la prueba, y, 3) sobre efectos patrimoniales.
Al tenor de ello, el legislador en el ac�pite del tr�mite de los recursos ordinarios, estableci� respecto a la apelaci�n que esta se debe otorgar en los efectos suspensivo y devolutivo, se�alando de manera taxativa respecto al primero, que opera para los autos cuando niegan la pr�ctica de la prueba y deciden sobre la exclusi�n del medio probatorio, los dos eventos en el contexto del juicio oral, y para el segundo, cuando se trata de prove�do que admite la pr�ctica de la prueba anticipada, ante el juez de control de garant�as. Se infiere entonces de lo mencionado, que la normatividad aplicable nada dijo con relaci�n a la impugnaci�n del auto que decide sobre el decreto de la prueba que ser� practicada en el juicio oral, aspecto que en tiempo atr�s fue abordado por la jurisprudencia en la materia, extendiendo la posibilidad de reprochar en alzada tales determinaciones, aduciendo en ese entonces, entre otras razones, que frente al tr�mite que ordena el C�digo de Procedimiento Penal en el escenario de la conclusi�n de la audiencia preparatoria, atinente a las posibilidades de la suspensi�n de la misma, se contempla que una de ellas obedece a la resoluci�n de �la apelaci�n de las decisiones relativas a las pruebas�, lo que indica que ninguna distinci�n se hizo al respecto en cuanto al decreto o no de la prueba solicitada, dando lugar a habilitar la concesi�n del recurso de apelaci�n frente a ese �mbito.
So pena de las mentadas reflexiones, en reciente pronunciamiento la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia asumi� una postura diametralmente opuesta, tal como lo dej� sentando en decisi�n del 27 de julio de 2016, dentro del radicado 47469, en el que puntualiz� lo siguiente: �Corolario de lo antedicho, ninguna mengua sufre la estructura del sistema acusatorio, o los derechos a la doble instancia y contradicci�n, cuando el legislador, en ejercicio del poder de configuraci�n que le asiste, reflejado en la normatividad tra�da a colaci�n en esta providencia, decidi� que solo se puede apelar el auto que deniega o imposibilita la pr�ctica de una prueba �no el que la concede-; m�s a�n, si en cuenta se tiene, de cara a los l�mites de esa facultad, que no se aprecia i) un atentado a los fines del Estado, tales como la justicia o la igualdad, ii) violaci�n a los derechos fundamentales de las partes, iii) desconocimiento de los principios de razonabilidad y proporcionalidad en la definici�n de las formas e, iv) imposibilidad de la realizaci�n material de los derechos y de primac�a del derecho sustancial sobre las formas, conforme lo ha se�alado la Corte Constitucional (CC C-227/09).
Precisamente, en torno de los fines que gobiernan la pr�ctica de pruebas y su naturaleza de medios encaminados a demostrar la particular teor�a del caso de las partes, observa la Sala c�mo, dentro del necesario balanceo obligado de hacer en la determinaci�n de cu�l es la mejor manera de adelantar el proceso y los sacrificios que ello implica, con la decisi�n legislativa de conceder el recurso de apelaci�n solo para la decisi�n que deniega pruebas, se obtiene un resultado mejor que en caso de aceptarlo en general.� (Negrillas fuera de texto) Es as� como de acuerdo al antecedente mencionado, el Tribunal de cierre en lo penal aclar� que la interpretaci�n que debe darse al tema en concreto, es con referencia al querer del legislador de donde se extrae que frente al auto que admite la pr�ctica de la prueba en el juicio oral �nicamente procede el recurso de reposici�n, no as� respecto de la decisi�n que la niega o la excluye, la cual s� es impugnable ante el superior jer�rquico, significando que se trata de aquellos eventos en los que las decisiones apunten a la imposibilidad de su efectiva pr�ctica o incorporaci�n. De manera que ante la referida conclusi�n sobre la distinci�n que debe hacerse al momento de conceder o no el recurso de apelaci�n, en cuanto al decreto o negaci�n de la pr�ctica del medio probatorio en el juicio oral, la Colegiatura en cita adujo que las razones de ello, corresponden a los siguientes planteamientos: �En efecto, cuando se niega la pr�ctica de determinada prueba, ello de inmediato anula cualquier posibilidad de hacer valer la informaci�n que ella contiene e incluso se puede afectar fuertemente la teor�a del caso de la parte, si la misma se fundamenta en ese elemento de juicio.
As� se entiende que la decisi�n denegatoria deba posibilitar la alzada, visto el da�o que puede producir. De manera diferente, si el juez acepta la pr�ctica de determinado medio de convicci�n, no s�lo se habilita que su contenido pueda ser utilizado para soportar la tesis de la parte, sino que, adem�s, existe la posibilidad de controvertir esa determinada prueba directamente a partir del ejercicio de confrontaci�n o con la presentaci�n de otros elementos de juicio que la confute.� Es as� como podemos ir decantando, que frente al problema jur�dico planteado por la Sala, hasta aqu� con claridad se deja sentado que contra el auto que decreta la pr�ctica de la prueba no procede el recurso de alzada, sino el de reposici�n, situaci�n que resulta ser contraria en los casos en que se haya dispuesto la negaci�n o la exclusi�n, como lo indic� el legislador, consider�ndose en este punto, ya por estudio y valoraci�n de este Tribunal, que la alzada tambi�n opera cuando se ha decidido sobre el rechazo de la prueba; siendo todos estos aspectos ya abordados por esta Colegiatura en pret�rita oportunidad.
Ser� menester que para darle una soluci�n de manera integral al punto de censura, nos detengamos a analizar cu�les son los aspectos o situaciones que pueden alentar - en la oportunidad otorgada por el Juez de conocimiento-, a las partes intervinientes para que eleven su manifestaci�n sobre la solicitud probatoria de la contraparte, antes de la decisi�n que se vaya a adoptar, circunstancias que a no dudarlo se aviene del rito que enmarca el desarrollo de la audiencia preparatoria, y como tal del descubrimiento probatorio con el que inicia el ente investigador desde el escenario del acto complejo de la acusaci�n. Al respecto, recordemos que el art�culo 359 de la Ley 906 de 2004 prev� las condiciones a las que pueden acudir los sujetos procesales para evitar que se adelante la aducci�n del medio probatorio al juicio: la exclusi�n, el rechazo y la inadmisibilidad.
Expresiones normativas que merecen una detenida explicaci�n, ya que se originan en consecuencias jur�dicas diversas y como tal configuran su propia din�mica procesal; para ello conviene traer a colaci�n las referencias que sobre la tem�tica adelant� el Tribunal en otra ocasi�n, as�: ��.. la inadmisibilidad, (�.), opera para los eventos en los cuales no se ha demostrado por el peticionario la conducencia, la pertinencia o la utilidad; frente al decreto o no de estos medios, no cabe entonces la apelaci�n.
La exclusi�n, comoquiera que refulge como la sanci�n m�s dr�stica, es de esperarse que la causa que la origina sea as� mismo de particular trascendencia. Es el caso del ofrecimiento de un medio de convicci�n que ha nacido a la vida jur�dica con claro quebranto de los derechos fundamentales y que en el lenguaje jur�dico se conoce como prueba il�cita;
(�. Por disposici�n expresa del art�culo 360 ib�dem, tambi�n opera cuando la prueba procurada en su pr�ctica ha sido conseguida �con violaci�n de los requisitos formales�. La decisi�n judicial que resuelve sobre la exclusi�n es apelable, sin importar en qu� sentido fue emitida. Finalmente, el rechazo probatorio que tiene sustento en la hip�tesis prevista en el art�culo 346 del C�digo Procesal Penal, justamente erigida como sanci�n para la parte que pretende la aducci�n de elementos probatorios y evidencias f�sicas que no fueron oportunamente descubiertas.
Es una figura jur�dica que permite dar herramientas a la contraparte para atacar un punto axial del procedimiento de producci�n probatoria, el cual fue ignorado, por lo que se le permite atacar la decisi�n judicial nugatoria del pedimento de rechazo a trav�s de los medios de impugnaci�n ordinarios, incluido por supuesto el de apelaci�n.� (Resaltado fuera de texto).
De acuerdo con lo dicho, en el caso que nos concierne, la bancada defensiva luego de ser conocedora del conjunto de los medios probatorios que ser�an solicitados para ser introducidos en el juicio oral por parte del ente fiscal, atendiendo eso s�, a cada una de las fases del sistema penal acusatorio necesarias para descubrir el material de cargo obrante en contra de los acusados, se destinaron al un�sono a objetar la incorporaci�n como prueba documental de los expedientes con NUNC 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 52001485201209010, tras la petici�n de la �exclusi�n de la prueba�.
Pues adujeron los se�ores defensores que ante la decisi�n desfavorable a sus intereses de no atender su reproche, en cuanto a que no se decrete la denominada prueba documental de las carpetas investigativas se�aladas, por carecer estas de los presupuestos legales, insistieron en la interposici�n del recurso de alzada, ya que la misma no se ajustaba a los lineamientos normativos que en su momento debi� agotar la Fiscal�a para consolidar la conexidad procesal de tales investigativos al proceso penal actual.
La argumentaci�n aducida por los representantes judiciales para enervar el recurso que ahora convoca la atenci�n de la Sala, no es como corresponde, pues si bien las partes intervinientes como la Juez de conocimiento, encausaron el problema de la aducci�n probatoria frente a una oposici�n de exclusi�n de la misma, lo cierto es que ello nada tiene que ver con esa figura procesal establecida por el legislador en cuanto a la tem�tica expuesta.
Recordemos como l�neas atr�s se mencion� cu�les son las circunstancias que revelan los 3 eventos en que se puede encaminar la incorporaci�n del medio probatorio y como tal la oposici�n de los sujetos procesales antes de su decreto, teniendo entonces que cuando se habla de la �exclusi�n de la prueba�, se hace referencia al �ofrecimiento de un medio de convicci�n que ha nacido a la vida jur�dica con claro quebranto de los derechos fundamentales y que en el lenguaje jur�dico se conoce como prueba il�cita�, y que a su vez hace alusi�n a la previsto en el art�culo 360 del Estatuto Adjetivo, sobre la prueba ilegal.
Al margen de esa exposici�n se tiene que a pesar de que el ropaje de la oposici�n del decreto de la prueba por los defensores, lo encuadraron en el ausencia de la indebida aplicaci�n de la figura de la conexidad procesal, aspecto que para la Sala deriva de una equivocada convicci�n, para no centrar la discusi�n en ese tema que ya fue superado con suficiencia en los albores de la actuaci�n, nos queda entonces que no existe la suficiente motivaci�n para hallar la justificaci�n de la petici�n de la �exclusi�n probatoria� como lo aleg� la defensa, en raz�n a que de la misma no se deriva afrenta alguna a garant�as fundamentales como para ubicarla en una ilicitud.
Como tampoco se podr�a considerar que tales argumentaci�n se puedan adecuar a que el reproche de la decisi�n de primera instancia sea por el �rechazo de la prueba�, ya que ello tampoco se suple con suficiencia, en tanto que esta expresi�n normativa hace alusi�n o se encamina a que ha obrado un deficiente e incompleto descubrimiento probatorio, que en este caso ser�a de parte de la Fiscal�a, tem�tica que como tal no fue alegada por la defensa, en consecuencia de ello, no habr�a cabida una vez m�s para estudiar por ese sendero la impugnaci�n. Nos queda entonces que la �nica posibilidad de reproche incoada se ajustar�a en verdad a la admisibilidad de la prueba, situaci�n que es gobernada por la verificaci�n de una adecuada motivaci�n de las circunstancias de pertinencia, conducencia y utilidad de la probanza, y como tal despuntan en que la decisi�n se destine a que sea decretada o no, tal como ocurri� en el presente asunto.
De tal manera que la Colegiatura puede inferir que el lenguaje utilizado por las partes intervinientes, en especial de la defensa e incluso de la Funcionaria de instancia, no fue el acertado en lo atinente a la identificaci�n de las verdaderas razones de la oposici�n frente a la prueba documental solicitada por la Fiscal�a, lo que entonces condujo a la errada convicci�n de la concesi�n de la impugnaci�n en sentido vertical sobre una tem�tica que, como se sabe, resulta ser improcedente justamente para esos menesteres, ya que se repite, solamente es posible atacar por la v�a del recurso ordinario de reposici�n que no de apelaci�n. Sobre lo concluido, ya la jurisprudencia atr�s rese�ada hab�a anticipado que tales situaciones pueden ocurrir, en raz�n de que se utiliza indistintamente la figura de �exclusi�n probatoria� para habilitar la viabilidad del recurso de apelaci�n, en asuntos en los que nada de ello se ventila frente al medio probatorio en debate, tan solo con el �nimo incluso de dilatar el curso normal del proceso; es por ello que el alto �rgano en la materia deposit� en los jueces la labor de adelantar con sumo cuidado la identificaci�n de cu�l es la verdadera tem�tica que se busca debatir, para no caer en la concesi�n indebida de recursos que han sido vedados por el mismo legislador; como as� lo dijo la Corte Suprema de Justicia: �En este punto, la Corte quiere hacer hincapi� en la necesidad de que los jueces controlen adecuadamente la solicitud de pruebas y sus efectos, pues es factible que las partes acudan al mecanismo de exclusi�n para evadir la limitaci�n del recurso de apelaci�n que aqu� ha quedado claro existe frente la impugnaci�n de autos que resuelven sobre peticiones probatorias.
Al efecto, se debe precisar que el tema de exclusi�n necesariamente est� vinculado con la vulneraci�n de derechos fundamentales, dentro del escenario de la prueba il�cita y no apenas la ilegal, lo que obliga de quien se opone a ella presentar una argumentaci�n dirigida exclusivamente a demostrar la vulneraci�n de tales garant�as. De no ocurrir as�, ha de resaltarse, que al juez le compete rechazar de plano la argumentaci�n y la petici�n que alrededor de ella se eleve, acorde con lo establecido en el ordinal primero del art�culo 139 de la Ley 906 de 2004, dada la abierta improcedencia de lo solicitado.
(�) En efecto, d�a a d�a se registra, de conformidad con los procesos que ingresan a la Corte, c�mo esa habilitaci�n para que se pueda impugnar la decisi�n que admite la prueba, ha sido utilizada a manera de mecanismo claramente dilatorio del proceso, al punto que se erige en la �nica raz�n que gobierna, la m�s de las veces, el recurso, independientemente de los motivos que sustenten la pretensi�n de la defensa.� Referencias que incluso ya hab�an sido alertadas por esta Corporaci�n, bajo los siguientes t�rminos: �Sin embargo, la Sala se encuentra en el deber de alertar sobre el riesgo que puede cernirse en el decurso procesal, en el sentido de que por diversidad de causas pueda acudirse irreflexivamente a la alzada de decisiones que en materia probatoria se adopten, camuflando en el nombre jur�dico de la exclusi�n una simple y lisa inadmisibilidad por inconducencia o impertinencia, generando con ello inconcebibles afectaciones al normal desarrollo de la actuaci�n. Es all� donde se impone la capacidad del juez, quien haciendo uso de los poderes que dimanan de su condici�n de director, examine de qu� acto judicial en concreto se trata y establecer tras de ello si es procedente o no conceder el recurso.� Ante esta claridad, se colige que atendiendo que en el presente caso la apelaci�n se dirigi� contra el auto que admiti� como prueba documental la relacionada con los expedientes investigativos varias veces mencionados, mismos que fueron solicitados en la audiencia preparatoria por la Fiscal�a y de la que obtuvo la complacencia de la primera instancia para su incorporaci�n en el juicio oral, y atendiendo como se vio anteriormente la improcedencia del recurso de alzada para ello, la Sala se abstendr� de estudiar de fondo aquellos planteamientos presentados por los apelantes.
(ii) Sobre la prueba conjunta. Para abordar este tema la jurisprudencia ha ense�ado cu�les son las particularidades de que debe estar dotada la prueba en general para que sea admitida en juicio, como son la conducencia, pertinencia, racionalidad y utilidad, todo ello ligado a la postulaci�n probatoria que haga la parte interesada, como lo expres� la Corte Suprema de Justicia: �En ese orden, la parte que formula la postulaci�n probatoria ostenta la ineludible carga procesal de indicar las razones que orientan la solicitud y, espec�ficamente, los motivos de conducencia, pertinencia y utilidad del medio de convicci�n que imponen su decreto, obligaci�n que comporta otorgar argumentos claros y concretos a efectos de garantizar la adecuada comprensi�n de la petici�n y, consecuentemente, el derecho de contradicci�n de la contraparte, quien al conocer los fundamentos de la petici�n adquiere elementos de juicio para oponerse a su pr�ctica, si as� lo considera.
Recu�rdese que el sistema procesal penal nacional, de tendencia acusatoria, se caracteriza por su naturaleza adversarial, conforme al cual cada parte ostenta potestad investigativa individual para demostrar, con sus propios medios de prueba, la teor�a del caso adoptada. En tal sentido, la postulaci�n probatoria constituye una actividad rogada, en cuya ejecuci�n las partes deben otorgar elementos de juicio al juzgador que evidencien la conducencia, pertinencia y utilidad de los medios de convicci�n frente a los hechos o circunstancias de la conducta punible, a la responsabilidad penal del acusado y a la teor�a del caso� Ahora, con referencia a la petici�n probatoria com�n, la jurisprudencia del Tribunal de cierre en la materia ha sostenido que es v�lido en el sistema procesal imperante, siempre y cuanto la parte que as� lo pretenda, informe con suficiencia las razones adicionales a los componentes de la postulaci�n probatoria, relacionadas con la necesidad del uso del mismo declarante de la contraparte, en este caso del testigo de la Fiscal�a, para un interrogatorio directo, tal como se encuentra aseverado en el siguiente precedente: �3.
En lo que tiene que ver con las pruebas en com�n, particularmente la de car�cter testimoniales perfectamente viable dentro de la sistem�tica propia de la ley 906 de 2004, que tanto la fiscal�a y la defensa coincidan y busquen valerse de los mismos testigos, pues es probable que un declarante pueda aportar informaci�n relacionada con el caso, que sirva tanto a la parte que lo requiri� como a su contradictor, desde luego dentro del marco de la teor�a del caso que cada uno pretende sacar avante en el juicio, que suele ser antag�nica en atenci�n a los intereses que defienden.
En esos casos se justifica plenamente el interrogatorio directo de doble v�a, porque seg�n lo ha precisado la Sala, �en un proceso donde la Fiscal�a y la Defensa han anunciado sus pretensiones de responsabilidad e inocencia, el sustento del interrogatorio directo sobre tales supuestos es sustancialmente diferente y por ende m�s que justificado, no puede tildarse en t�rminos formalistas y anticipados de repetitivo, dado que la fiscal�a interrogara sobre supuestos de responsabilidad y la defensa acerca de la inocencia.� (AP896-2015 Radicado 4501, febrero 25 de 2015.) Naturalmente, a cada parte compete la carga de acreditar la pertinencia, conducencia y utilidad, que es una exigencia de car�cter legal, sobre lo cual la Corte tambi�n ha puntualizado lo siguiente: �Insiste la Sala en que no es que le est� vedado al defensor acudir a la pr�ctica del testimonio com�n, pero si lo hace debe tener en cuenta que le asiste el deber de agotar una argumentaci�n completa y suficiente que le permita entender al juez de la causa por qu� el contrainterrogatorio no ser� id�neo ni suficiente para satisfacer las pretensiones probatorias, encaminadas a sustentar la teor�a del caso.
(�.) �Lo dicho conduce a recavar que en el caso de pruebas comunes, a la defensa se le exige una argumentaci�n de pertinencia, conducencia y utilidad adicional a la que propone la fiscal�a. Lo anterior es l�gico, porque como distinto es el rol que cumplen la parte acusadora y la parte acusada, entonces la necesidad e inter�s para acudir a la misma prueba es bien dis�mil para ambos.
Es as� que en un sistema en el que la pr�ctica probatoria es rogada, a las partes, en especial a quien pretende oponerse al pliego de cargos, no le est� dado reclamar la pr�ctica de una determinada prueba �a ver qu� pasa� o �por si acaso�, pues debe tener claro y hac�rselo saber de manera expl�cita al juez o corporaci�n de conocimiento -deber que tambi�n le corresponde a la fiscal�a- qu� es en particular lo que busca obtener de la prueba, c�mo esta es id�nea y eficaz para acreditar lo que se quiere y por qu� es relevante para su postura o para el caso, seg�n el inter�s que se defienda y, en especial, por qu� el ejercicio del contrainterrogatorio es insuficiente para obtener la informaci�n que se pretende.
(�.) 3.10. En ese orden de ideas, puede concurrir inter�s del acusador y del defensor en la pr�ctica de determinada prueba testimonial, lo que no est� vedado por el ordenamiento jur�dico, caso en el cual de autorizarse la declaraci�n a quien la solicit�, la contraparte podr� reclamar interrogatorio directo, pero debe agotar una argumentaci�n completa y suficiente en la audiencia preparatoria que le permita al juez determinar por qu� se satisface la pretensi�n probatoria con ese tipo de interrogatorio, dados los supuestos de licitud, pertinencia, conducencia y utilidad y dem�s factores ya referidos en esta decisi�n.� De tal manera que dentro de ese marco, la defensa de ACD en el discurso expuesto para la solicitud probatoria de los testimonios de WFEC y LAGI, m�s all� de indicar la pertinencia, conducencia y admisibilidad del medio de prueba, debi� adem�s puntualizar los temas que no siendo abordados en los interrogatorios del ente fiscal como prueba directa, estar�an adem�s por fuera del alcance del contrainterrogatorio para deprecar la pr�ctica independiente de tales testimonios, circunstancia que no se cumpli� a cabalidad, ya que se demeritan de ese puntual prop�sito, aseveraciones como: �(�) clarificar ciertos hechos de la investigaci�n que revisten contradicciones (�)� o �se quiere que ingrese informaci�n al juicio concerniente a la conformaci�n de esta organizaci�n�, como a la letra lo expres� el se�or defensor recurrente, lo que indica que su pedimento no alcanz� la potencialidad de lograr tal preciso cometido.
Siguiendo esa l�nea argumentativa, debemos precisar que de anta�o se tiene sentado que el contexto del proceso penal se encuentra investido por un corte eminentemente adversarial, que entra�a una verdadera pugna entrabada por dos contendores, quienes bajo la �gida de unas reglas determinadas y la observancia de espec�ficos roles, procuran el �xito de una particular teor�a del caso, para cuyo prop�sito se valen de las posibilidades que en buena hora les concede la dial�ctica, sin embargo, en esta ocasi�n el argumento arribado por el representante judicial de la se�ora ACD en referencia al medio probatorio objeto de negaci�n para su pr�ctica a cargo de la defensa, no alcanz� el prop�sito necesario para el cometido que fue solicitado, arribando con ello a la conclusi�n de que la intenci�n para el tema probatorio estar�a inmerso entonces en la posibilidad del contrainterrogatorio como lo asever� la Juez de primera instancia. Aunado a lo anterior, y dado que el recurrente alega que su motivaci�n frente a dicho medio de prueba gira en torno a la conformaci�n y el contexto de las labores de planeaci�n de la banda, se cuestiona entonces esta Corporaci�n en qu� aspectos difiere tal pretensi�n - as� formulada por el togado -, frente a los argumentos que sobre pertinencia y utilidad expuso a su turno la Fiscal�a, si justamente el inter�s de la prueba testimonial de esta �ltima se afinca en el conocimiento que les asiste a los testigos sobre la organizaci�n, planeaci�n y coordinaci�n de la organizaci�n delincuencial investigada, factores del todo coincidentes con la causa perseguida por la defensa.
Tal situaci�n devela cuando m�s el indebido cumplimiento de la carga indelegable que le asiste a la parte peticionaria, de sustentar su petitum mediante una precisa y un�voca exposici�n de los motivos que inspiran las solicitudes probatorias, en aras de garantizar sin riesgos interpretativos el derecho de confrontaci�n. Son los anteriores argumentos suficientes para que la Sala confirme la decisi�n de la primera instancia en el tema atinente al no decreto de la pr�ctica de la prueba conjunta, consistente en la recepci�n de los testimonios deprecados por la defensa de ACDR, respecto de los se�ores WFEC y LAGI.
Decisi�n En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto en Sala de Decisi�n Penal, Resuelve Primero.- Abstenerse de conocer del recurso de apelaci�n interpuesto por la bancada defensiva, en contra de la decisi�n proferida en el escenario de la audiencia preparatoria, en orden a la incorporaci�n al juicio oral como prueba documental de los expedientes con NUNC 523566000513201200081, 523566000514201180324 y 52001485201209010, solicitados por la Fiscal�a, por la razones expuestas en este prove�do.
Segundo.- Confirmar en lo dem�s la decisi�n objeto del recurso de alzada. Regrese la actuaci�n al Juzgado de origen, para lo de su cargo. Se notifica en estrados y se hace saber que contra esta decisi�n no procede recurso alguno. C�piese y c�mplase, Franco Solarte Portilla Magistrado Blanca Lidia Arellano Moreno Magistrada Silvio Castrill�n Paz Magistrado Juan Carlos �lvarez L�pez Secretario Investigaci�n relacionada con el secuestro extorsivo de MC. Investigaci�n por el hurto calificado y agravado del caso de la �Toyota negra�. Investigaci�n sobre el hurto calificado y agravado a la zapater�a �Marly� de esta ciudad. Sobre el punto rememor� jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia en los radicados 46571 del 30 de septiembre de 2015 y 44452 del 8 de octubre de 2014, para as� puntualizar que frente al llamado descubrimiento tard�o de los medios de prueba, su objeto es que no se vaya a sorprender a la defensa con medios probatorios no conocidos antes del juicio. Con referencia a los hechos acaecidos con motivo del secuestro extorsivo de la se�ora MC, del hurto calificado y agravado del caso que se conoce de la �Toyota negra� y el hurto calificado y agravado perpetrado en el almac�n de raz�n social �Almac�n Marly�, respectivamente, Art�culo 20 del C�digo de Procedimiento Penal Art�culo 177 numerales 4� y 5� del C�digo de Procedimiento Penal Numeral 6� ib�dem. Al respecto se puede consultar las decisiones de la Corte Suprema de Justicia, Sala Penal, en los radicados 36562 del 13 de junio de 2012, 39048 del 26 de septiembre de 2012 y 41106 del 23 de mayo de 2013. Fue en esa oportunidad en que se dijo adem�s, que: �Dicha variante encuentra su raz�n de ser en el car�cter esencialmente adversarial del nuevo sistema, que determina que la iniciativa probatoria se concentre en cabeza de las partes (ente acusador y defensa), con exclusi�n del juez, quien asume la condici�n de �rbitro, y que ambas tengan derecho no solo en que se incluyan o practiquen las pruebas que aducen en apoyo de su teor�a del caso, sino de oponerse a las que postula la parte contraria.// Tambi�n en la necesidad de que el procedimiento de depuraci�n probatoria que se realiza en la audiencia preparatoria cuente con la garant�a de la doble instancia, para que las pruebas que se lleven al juicio oral cumplan realmente las condiciones de conducencia, pertinencia y utilidad, en aras de la efectivizaci�n de los principios de concentraci�n y de eficacia probatoria.
(�)�. Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, Radicado 36562 del 13 de junio de 2012. Art�culo 363 numeral 1� del C�digo de Procedimiento Penal M.P. Gustavo Enrique Malo Fern�ndez Sobre este aspecto no existe discusi�n alguna, puesto que como lo explic� la jurisprudencia, �cuando se trata de la solicitud de exclusi�n de un elemento suasorio en poder de una parte, que esta solicita introducir al juicio oral, necesariamente se hace referencia a derechos fundamentales en juego, que se entienden afectados con la recolecci�n o posible introducci�n del medio.//En estas circunstancias, como la decisi�n puede remitir a la vulneraci�n o no de dichas garant�as, se explica la raz�n para que en caso positivo o negativo pueda acudirse al superior, pues si se acepta la inclusi�n del medio, puede pervivir el tema de derechos fundamentales afectados.� (Negrillas de la Sala).
CSJ, SCP. AP-Radicado 47469 del 27 de julio de 2016.. Auto Interlocutorio NI 16407, Proceso 528356107497201300902, 24 de agosto de 2017, M.P. Blanca Lidia Arellano Moreno. Ver Auto Interlocutorio NI-16077, Proceso 520016000485201600814, 14 de diciembre de 2016, M.P. Blanca Lidia Arellano Moreno; Auto Interlocutorio NI 4811, Proceso 520016000485200900708-1, 23 de enero de 2017, M.P. Jos� An�bal Mej�a Camacho.
Auto Interlocutorio NI 16407, Proceso 528356107497201300902, 24 de agosto de 2017, M.P. Blanca Lidia Arellano Moreno. Argumentaci�n que para el momento en que se profiri� la decisi�n del Tribunal en efecto acog�a la postura que imperaba en cuanto a la procedencia del recurso de apelaci�n frente al decreto probatorio en el escenario de la audiencia probatoria. Sobre el tema, ver entre otras, sentencias 33621 del 10 de marzo de 2010 y 32872 del 24 de febrero de 2010, con ponencia de los Magistrados de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, doctores Sigifredo Espinosa P�rez y Julio Enrique Socha Salamanca, respectivamente. Auto Interlocutorio, NI 4479, proceso No. 2011-00066-1, 29 de julio de 2011, M.P. Franco Solarte Portilla. Sobre el tema, ver entre otras, sentencias 33621 del 10 de marzo de 2010 y 32872 del 24 de febrero de 2010, con ponencia de los Magistrados de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, doctores Sigifredo Espinosa P�rez y Julio Enrique Socha Salamanca, respectivamente. Auto Interlocutorio, NI 4479, proceso No. 2011-00066-1, 29 de julio de 2011, M.P. Franco Solarte Portilla. Al respecto la Corte Suprema de Justicia ha sostenido en auto del 5 de junio de 2013, radicado 41127 que: ��� la prueba es conducente cuando ostenta la aptitud legal para forjar certeza en el juzgador, lo cual presupone que el medio de convicci�n est� autorizado en el procedimiento; es pertinente cuando guarda relaci�n con los hechos, objeto y fines de la investigaci�n o el juzgamiento; es racional cuando es realizable dentro de los par�metros de la raz�n y, por �ltimo, es �til cuando reporta alg�n beneficio, por oposici�n a lo superfluo o innecesario�. Radicado 41127, del 5 de junio de 2013, M.P. Mar�a del Rosario Gonz�lez Mu�oz. Radicado AP2814-2017, proceso 49307, del 3 de mayo de 2017, M.P. Luis Guillermo Salazar Otero En la intervenci�n de la solicitud probatoria, en la audiencia del 20 de octubre de 2016, sesi�n de la tarde, audio 2, sobre el testigo WFEC, desde el minuto 01:33:42 al 01:35:29 y del testigo LAGI, desde el minuto 01:37:11 al 01:39:01, sobre la pertinencia, conducencia y utilidad de los testigos comunes con la Fiscal�a. Interlocutorio segunda instancia � SP Radicaci�n: 2016-00050-01 NI � 19323 M.P. Franco Solarte Portilla PAGE \* MERGEFORMAT6 12:;AFGMNPQW`cvw����� 4 f g ~ ���������������㺩�����yk]K#hf0�h�aO5�OJQJ^JmH $sH $hf0�hu%m5�OJQJ^Jhf0�hkj�5�OJQJ^Jhf0�hJH5�OJQJ^J h: h�1OJQJ^JmH $sH $ h: h�yOJQJ^JmH $sH $ h: h(]�OJQJ^JmH $sH $h: h$xOJQJ^Jh: h�Q�5�OJQJ^Jh: h�X�5�OJQJ^Jh: h$x5�OJQJ^Jh: h�5�OJQJ^J ����123b���C~�����������������$��x�^�`�x�a$gdyQ@$�L���^�L`���a$gdyQ@$a$gdyQ@dhgdyQ@ $dha$gdyQ@$&dP��a$gd�e$5$7$8$9DH$a$gdT $a$gd�nn$a$gd: ~ � � � � � ) 3 4 D � � � � � � � � ���ķ�����rerXKX>hf0�h�OaOJQJ^Jhf0�h�TfOJQJ^Jhf0�hT OJQJ^Jhf0�h��OJQJ^Jhf0�h�1OJQJ^Jhf0�hVj{OJQJ^Jhf0�hJHOJQJ^J hf0�h/>ZOJQJ^JmH $sH $hf0�h/>ZOJQJ^Jhf0�h�|HOJQJ^Jhf0�hu%mOJQJ^Jhf0�hu%m5�OJQJ^Jhf0�hJH5�OJQJ^J#hf0�hJH5�OJQJ^JmH $sH $� � � � � &469AFOn�������)J^hst�������ٿ���ٲ��������z�l^lM hf0�h�OJQJ^JmH sH hf0�h2rOJQJ]�^Jhf0�h:P7OJQJ]�^Jhf0�h�skOJQJ]�^Jhf0�h�&�OJQJ]�^Jhf0�h��OJQJ]�^Jhf0�hT OJQJ]�^Jhf0�h\W�OJQJ^Jhf0�hNk�OJQJ^Jhf0�h�TfOJQJ^Jhf0�hT OJQJ^Jhf0�hZ'mOJQJ^Jhf0�h�COJQJ^Jtw~����������"#bc����������б���|k|^Q^@ hf0�h�{ZOJQJ^JmH $sH $hf0�h�_�OJQJ^Jhf0�h��OJQJ^J hf0�hc�OJQJ^JmH $sH $ hf0�h�^OJQJ^JmH $sH $#hf0�h�J�5�OJQJ^JmH $sH $#hf0�h�^5�OJQJ^JmH $sH $ hf0�h�J�OJQJ^JmH $sH $hf0�hT OJQJ]�^Jhf0�h2rOJQJ]�^J hf0�h�OJQJ^JmH sH hf0�h:P7OJQJ^JmH sH ����15y����� CE\a��������p`p`pPpPpPpPpAp`h?4hyQ@CJOJQJaJh?4h��5�CJOJQJaJh?4h��5�CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJOJQJaJ"h?4hyQ@5�6�CJ$OJQJaJ$hf0�5�6�CJ$OJQJaJ$h��CJOJQJaJmH $sH $hf0�CJOJQJaJmH $sH $ hf0�h�^OJQJ^JmH $sH $hf0�h��OJQJ^J hf0�hf=�OJQJ^JmH $sH $abc}~�������(34EFGISU���������²��� vgvXvgvgvgvgvIvIvh?4h�\�CJOJQJaJh?4hB3�CJOJQJaJh?4h7�CJOJQJaJh?4hyQ@CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJ$OJQJaJ$h�w�5�CJ OJQJaJ h?4hyQ@5�CJ OJQJaJ h?4h�P�5�CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJOJQJaJh?4h��5�CJOJQJaJh�w�5�CJOJQJaJ~��������������������`a��������������������������� $dha$gd�\� $dha$gdyQ@ $dha$gdyQ@�������� ��������')hlt�����������������ĵⵦ���xixixixixixixixixZxh?4h�nCJOJQJaJh?4hB�CJOJQJaJh?4hlQ�CJOJQJaJh?4hyQ@5�CJ$OJQJaJ$h?4h��CJ$OJQJaJ$h?4h#�CJ$OJQJaJ$h?4h#�CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4hyQ@CJOJQJaJh?4h�\�CJOJQJaJ#��/01�������������HLWbcs���ĵ����Ӗć���x��ći�ZKh?4h��CJOJQJaJh?4h�p�CJOJQJaJh?4hB3�CJOJQJaJh?4hU=�CJOJQJaJh?4h�:�CJOJQJaJh?4h� �CJOJQJaJh?4h�p�6�CJOJQJaJh?4h-IRCJOJQJaJh?4h�nCJOJQJaJh?4h>�CJOJQJaJh?4hlQ�CJOJQJaJh?4h�wCJOJQJaJst��������RZl{�� a��������������v�v�v�vg�X�L=h?4h�uCJOJQJaJhyQ@CJOJQJaJh?4h�]�CJOJQJaJh?4h�}�CJOJQJaJh?4h�WCJOJQJaJh?4hb�CJOJQJaJh?4hyQ@CJOJQJaJh?4h�p�CJOJQJaJh?4h�nCJOJQJaJh?4h-IRCJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4h��6�CJOJQJaJh?4hHg�6�CJOJQJaJ����"#&'(*0237:<>?@Atw������ӵ�������������yĈj�y�y�[h?4h4�CJOJQJaJh?4h�c�CJOJQJaJh?4h�S_CJOJQJaJh?4h�p�CJOJQJaJh?4h�r6CJOJQJaJh?4h'KKCJOJQJaJh?4h�GCJOJQJaJh?4h?-�CJOJQJaJh?4h�(�CJOJQJaJh?4h�PpCJOJQJaJh?4hYlCJOJQJaJ���������$-5AHITXx|������ĵ��ėĈ��yj�[�[L[L=h?4h�PpCJOJQJaJh?4h�CJOJQJaJh?4hR�CJOJQJaJh?4h�sJCJOJQJaJh?4h0�CJOJQJaJh?4h�p�CJOJQJaJh?4h?-�CJOJQJaJh?4hv?CJOJQJaJh?4h�S_CJOJQJaJh?4h(;7CJOJQJaJh?4h�GCJOJQJaJh?4h4�CJOJQJaJh?4h�:2CJOJQJaJ�������9OT^amz�����������̮��̐�r�cTETEcEh?4h�T)CJOJQJaJh?4h�FCJOJQJaJh?4h�]�CJOJQJaJh?4h�p�CJOJQJaJh?4h?-�CJOJQJaJh?4hR�CJOJQJaJh?4h�CJOJQJaJh?4hv?CJOJQJaJh?4h[�CJOJQJaJh?4h�CCJOJQJaJh?4h�PpCJOJQJaJ)jh?4h�C0JCJOJQJUaJ�Z�����giknr�)*BU������������������ĵ����ӈy�y�jy[L[L[L[Lh?4hU_�CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4h�\CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4h�@�CJOJQJaJh?4h�}�CJOJQJaJh?4hRn�CJOJQJaJh?4h?-�CJOJQJaJh?4h�:2CJOJQJaJh?4h�n�CJOJQJaJh?4h�sjCJOJQJaJh?4h`z�CJOJQJaJ���� 3 H b p z { | � � � � � � � � � � � � � !������������ĵ⦗�yj�[��[yL[Lh?4h� �CJOJQJaJh?4h�}�CJOJQJaJh?4h�<�CJOJQJaJh?4h?-�CJOJQJaJh?4hKoCJOJQJaJh?4h�|�CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4h�n�CJOJQJaJh?4h�\CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJh?4hU_�CJOJQJaJh?4h��CJOJQJaJ�{ | �"�"Y$Z$�&�&�)�)r,s,�,�,�.�.d0e0�1�1H4I4���������������������� $dha$gd|c�dhgdyQ@ $dha$gdyQ@dhgdx{a $dha$gd�*3 $dha$gdyQ@!!!!!&!h!�!�!�!�!�!""" 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p�rrafo predeter.Ri���R 0Tabla normal�4� l4�a�,k ���, 0 Sin lista@�yQ@0�Texto nota pie,Ref. de nota al pie1,Texto de nota al pie,referencia nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Texto nota pie Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char1 Car,Footnote referenc Car,Footnote number,f,BVI fnr,4_G,FA Fu.�/��.yQ@0�Texto nota pie Car,Ref. de nota al pie1 Car,Texto de nota al pie Car,referencia nota al pie Car,Footnotes refss Car,Appel note de bas de page Car,Texto nota pie Car Car Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char1 Car Car,Footnote referenc Car Car CJOJQJ^JaJmH sH tH F&`��FyQ@0Ref. de nota al pieH*^JH�@"HyQ@ P�rrafo de lista ��^��m$<@2<yQ@0 Encabezado ��8!T�/��ATyQ@0Encabezado Car CJOJQJ^JaJmH sH tH B @RByQ@0 Pie de p�gina ��8!Z�/��aZyQ@0Pie de p�gina Car CJOJQJ^JaJmH sH tH b^rb�E0Normal (Web) �d�d5$7$8$9DH$[$\$CJaJmH $sH $Z��Z�Ecentrado �d�d5$7$8$9DH$[$\$CJaJmH $sH $jP@�j�0Texto independiente 2$dh5$7$8$9DH$a$CJtH $j�/���j�0Texto independiente 2 Car CJOJQJ^JaJmH sH tH $l�O�l�}�Texto independiente 21$dh5$7$8$9DH$a$CJtH $@W`���@�}�`Texto en negrita5�^JL��L �Od0Texto de globoCJOJQJ^JaJ\�/���\�Od0Texto de globo Car CJOJQJ^JaJmH sH tH RQ@�R �,0Texto independiente 3�xCJaJj�/��j�,0Texto independiente 3 Car CJOJQJ^JaJmH sH tH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� ��ð�_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6_rels/.rels���j�0���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml�M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!N�Qtheme/theme/theme1.xml�YϏ5�#�?XsO�k&?V�V�$�Bw۪I�z�&N�]�8�qvU�P{DBBāJ�8 �R+q)�B��g�db'ۮzX��^2��=~���=�|�~��1�ʣ�S�Tr�F|L�i˹=�J�ƘI�+�~p��}����1�)�4�����Mxb��8�� � 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