Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Pasto

Radicado: 5267860005312012800721 NI. 9488

Sala: PENAL

Ponente: José Aníbal Mejía Camacho

Fecha: 2017-01-18

Sujetos procesales: ACUSADOS: CGCC, JSAG

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Les neg� la concesi�n de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y el sustituto penal de la prisi�n domiciliaria (fls. 59-86). 1. Supuestos f�cticos De la sentencia a revisar se sintetizan los siguientes: El 30 de abril de 2013 en horas de la ma�ana, en la v�a que se encuentra entre la poblaci�n de Linares � Nari�o, y la vereda San Francisco de esa municipalidad, exactamente en un punto que se conoce como �El Pitalito�, fue asesinado JAAN, cuando pasando en su moto por ese lugar, le salieron unos hombres propin�ndole varios disparos en la espalda y en el momento en el que la v�ctima cay� al suelo, lo remataron con otros disparos, ocasion�ndole inmediatamente la muerte, sin que en el momento se conocieran los causantes del fat�dico suceso.

Transcurridos unos meses se conoci� el relato de �VCM, vecino de esa localidad, se dio a conocer que los autores del suceso en que fue ejecutado JAAN, hab�an sido sus familiares y hoy acusados CGCC y JSA, por la promesa remuneratoria que les hizo FR, alias �C�, en el que se acordaron 15 millones de pesos �anticip�ndoles 300.000 mil pesos-; el que incumplido y ante el reclamo del pago, FR termin� amenazando de muerte a los mismos implicados si insist�an en la reclamaci�n. 2.

Actuaci�n procesal y sentencia recurrida Por solicitud de la Fiscal�a 25 Seccional el 6 de diciembre de 2013 se adelantaron las audiencias preliminares de legalizaci�n de captura, imputaci�n sin allanamiento a cargos por los procesados e imposici�n de medida de aseguramiento consistente en detenci�n preventiva. El 10 de abril de 2014 se celebr�, la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, en la cual, se dej� constancia que el Ministerio P�blico, a pesar de haber sido citado oportunamente no compareci�, tampoco lo hicieron los imputados, quienes en ese momento se encontraban en libertad por vencimiento de t�rminos. En el curso de la audiencia de formulaci�n de acusaci�n la Fiscal�a manifest� endilgar responsabilidad como autores a t�tulo de dolo a CGCC y JSAG, por los delitos de homicidio agravado en concurso homog�neo con fabricaci�n, tr�fico, porte o tenencia de armas de fuego accesorios partes o municiones, de acuerdo a los elementos materiales probatorios e informaci�n legalmente obtenida.

Celebrada la audiencia preparatoria y finalizada la de juicio oral, se anunci� el sentido del fallo de car�cter condenatorio y se dict� la sentencia objeto de impugnaci�n. 2.1 Sentencia recurrida El Funcionario de la primera instancia despu�s de referir los aspectos de car�cter formal y precisar los tipos penales que se le atribu�an a los acusados, entr� al an�lisis de las posturas de los distintos sujetos procesales, destacando que el inter�s de la Fiscal�a era demostrar la responsabilidad penal de los acusados en la comisi�n de los delitos endilgados a CGCC y JSA. 2.1.1 Aspectos f�cticos, jur�dicos y respuestas a los alegatos finales El a quo explic� que la Ley 906 de 2004, estableci� como medios de conocimiento, entre otros, la prueba testimonial, que puede llevar al juzgador junto con las dem�s pruebas debatidas en el juicio, al conocimiento mas all� de toda duda, acerca del delito y de la responsabilidad penal del acusado; adujo que dicha prueba testimonial tiene asignadas unas reglas para su producci�n durante el juicio oral, de ah� la importancia de que lo dicho en el interrogatorio verse sobre hechos percibidos directa y personalmente por el testigo, proscribi�ndose toda prueba de referencia, cuya admisi�n excepcional est� limitada �nicamente en los casos se�alados en la ley.

Mencion� entonces que la declaraci�n del testigo protegido, se mostraba con verosimilitud en el cu�ndo, d�nde, c�mo y qui�nes perpetraron el atentado que le cost� la vida a JAN; encontrando sustento en la forma coherente como �VC, narr� lo manifestado o confesado por sus parientes o coterr�neos en el vecino pa�s del Ecuador, de donde estim� surg�a ostensiblemente la participaci�n de los acusados en las conductas delictuales objeto del juicio oral.

Seguidamente dio la raz�n a la defensa cuando afirm� que en el caso exist�a prueba de referencia, debido a que ninguno de los testigos que declararon aseveraron constarles sobre la muerte de JAN; por lo cual, aclar� que no existieron testigos presenciales del luctuoso hecho; solo se obtuvo la deposici�n del testigo protegido �VC, a quien le confesaron los procesados ser los coautores de ese homicidio.

Pero explic� a diferencia de lo aducido por la defensa, que no constitu�a prueba de referencia lo aseverado por el testigo protegido, acerca de lo confirmado por los dos procesados, como quiera que el testigo declar� en la audiencia de juicio oral con imperio de los principios de publicidad, inmediaci�n y contradicci�n; sobre lo que de manera personal y directa percibi� o les escuch� decir a sus coterr�neos, es decir, respecto de las circunstancias y detalles de c�mo ejecutaron a AN, por encargo de FR, alias �c�, el 30 de abril de 2013, en el sector de San Francisco, jurisdicci�n municipal de Linares (N).

Expres� que con dicha atestaci�n que resulta ser de referencia, respecto al homicidio perpetrado contra la vida de AN, s� constituy� un elemento de partida de inferencias indiciarias, junto con los testimonios aportados en la investigaci�n; hechos indicadores que relacionados con determinadas reglas de la experiencia, como el que tiene motivos para delinquir es el autor del delito que se le atribuye; el que huye del lugar de los hechos es el autor del delito imputado o el que amenaza a otra persona es porque est� inmerso en el delito del cual se le acusa, a trav�s de una inferencia l�gica le permiti� deducir el hecho hasta entonces desconocido, que no era otro que la autor�a y responsabilidad de los acusados CC y AG, en la muerte violenta de JAN. 2.2.

Aspectos probatorios y jur�dicos del homicidio agravado y porte ilegal de armas Se�al� el a quo que sobre las aludidas conductas punibles, en la audiencia de juicio oral se dio lectura a los documentos y dict�menes periciales que fueron objeto de estipulaci�n probatoria, con los que se dio por demostrada la muerte violenta de JAN, los cuales fueron la inspecci�n del cad�ver efectuado a la v�ctima, protocolo de necropsia, realizada el 30 de abril de 2013, como tambi�n el respectivo �lbum fotogr�fico, que revel� que su muerte se produjo por 4 proyectiles provenientes de un arma de fuego.

Explic� que respecto a la coautor�a y responsabilidad de esos reatos en concurso, se contaba con el testimonio del testigo protegido VC, quien no observ� el atentado contra la vida de AN, sino que les escuch� a los acusados CC y AG, en el vecino pa�s del Ecuador, donde se refugiaron, haber sido los coautores materiales de aquella muerte, por promesa remuneratoria ofrecida por FR, alias �c�; al tiempo fueron expulsados por su permanencia ilegal, instante en el que fueron capturados por la autoridad nacional en la ciudad de Ipiales (N.), el 5 de diciembre de 2013; en cuya ciudad se tramitaron las audiencias preliminares.

Refiri� que el testimonio de VC, como el de las dem�s personas que declararon en el asunto y los funcionarios del CTI, constituyen prueba de referencia, como con acierto lo sostuvo la defensa, pues en la audiencia de juicio oral, ninguno de los testigos, asever� constarles o haber observado el atentado donde muri� AN; empero, lo que no es prueba de referencia, es la confesi�n hecha por los dos procesados a su pariente, el testigo protegido; cuyos testimonios son elementos de partida de inferencias indiciarias, logr�ndose establecer los anotados hechos indicadores que relacionados con reglas de la experiencia, pod�an inferir v�lidamente el hecho hasta entonces desconocido, como es la coautor�a de los procesados en los delitos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.

Por tanto, aclar� el juzgado que no exist�a evidencia alguna de que el testigo protegido haya faltado a la verdad, pues el comportamiento asumido por los dos acusados, antes y despu�s del luctuoso hecho, confirman su atestaci�n, que no era otra que la confesi�n hecha por propia boca de aquellos implicados en el vecino pa�s, donde hab�an huido o refugiado tras el cobarde atentado que cost� la vida al se�or AN, por promesa remuneratoria ofrecida por FR, que no fue cumplida, quien ante el reclamo de pago, los amenaz� con matarlos si regresaban al pa�s, es por ello que las autoridades migratorias del Ecuador, los deport� a quienes situados en la ciudad de Ipiales fueron capturados por las autoridades colombianas.

Expres� que, con fundamento en el material probatorio recaudado o evidencia f�sica ventilada en la audiencia de juicio oral, se encuentra acreditado mas all� de toda duda razonable, que los acusados CGCC y JSAG, participaron como coautores de los reatos de homicidio agravado y porte ilegal de armas de fuego de defensa personal, en concurso heterog�neo simult�neo.

Ultim� que, acreditado que los acusados de manera consiente, entend�an y comprend�an la ilicitud de su comportamiento; decidieron libremente realizarlo, pudiendo y debiendo obrar de otra manera; vulnerando los bienes jur�dicos contra la vida, y de la seguridad p�blica, que el legislador quiso anticipadamente proteger, elevando a delitos dichas acciones.

En s�ntesis, demostrada la ocurrencia o comisi�n de las aludidas conductas punibles, en concurso heterog�neo simult�neo, lo mismo que la responsabilidad de los incriminados CC y AG, como coautores de los mismos, lo que se demostr� con las pruebas practicadas en la audiencia de juicio oral, el despacho profiri� en su contra sentencia condenatoria. 2.3.

Dosificaci�n de la Pena Efectu� el an�lisis a que alude el art�culo 54 y siguientes del C�digo Penal, determinando que en el marco punitivo o el quantum de aquella era el previsto en la citada norma, esto es, de 400 a 600 meses de prisi�n sin que existiera otra disposici�n que lo modifique o altere. Siendo ello as�, fij� los cuartos m�nimos y se detuvo en el primero para imposici�n en atenci�n a que su proceder no devela circunstancias que agravaran la punibilidad, por tanto, fij� una pena de 406 meses de prisi�n que la increment� por el concurso de conductas punibles en 12 meses de prisi�n por el reato de porte ilegal de armas para la defensa personal, resultando una pena final a imponer de 418 meses de prisi�n. De igual manera, les impuso a los enjuiciados la pena accesoria de inhabilitaci�n de derechos y de funciones p�blicas, por un lapso o periodo de 20 a�os, que se aplicar�a de inmediato en el evento de ser capturados.

Concluy� que, en consideraci�n a la pena privativa de la libertad a aplicar a los encartados CGCC y JSAG, que exced�a a los tres (3) a�os de prisi�n, a la gravedad y modalidad de los reatos cometidos y a sus antecedentes personales, sociales y familiares, eran indicativos de que exist�a la necesidad de la ejecuci�n de la pena o de tratamiento penitenciario, por lo tanto, no concedi� el subrogado penal de la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena, ni la sustituy� por la de prisi�n domiciliaria. 3.

Argumentos del recurrente y de los no apelantes 3.1 Abogado defensor de CGCC y JSAG. El encargado de la defensa apela la decisi�n de condena, arguyendo no compartir la argumentaci�n expuesta por el Juzgado de conocimiento para sentenciar a sus representados, solicitando su revocatoria. Explica que, se incurri� en un error de derecho ante la violaci�n directa de la ley sustancial por desconocimiento de las reglas de producci�n y apreciaci�n de la prueba, que sirven de sustento a la sentencia por error de juicio y por falso juicio de convicci�n. Expone, en primer lugar, que se debe observar el requisito sine qua non, contenido en el art�culo 402 de la Ley 906 de 2004 y sostiene que, frente a esa exigencia plasmada en el ordenamiento positivo Procesal Penal Colombiano se debe aseverar con claridad, que el �nico testigo que ha sido escuchado en juicio, no ofrece una declaraci�n, que verse sobre su percepci�n directa y personal de los hechos materia de investigaci�n, sino que por el contrario se trajo a juicio un testigo de o�das que seg�n la jurisprudencia penal colombiana, se convierte en un testigo de referencia. Agrega que EM y los miembros del CTI, no son testigos tampoco directos del il�cito de homicidio.

Precisa que la sentencia condenatoria no puede fundamentarse, exclusivamente en pruebas de referencia, como es el caso de marras, tal como se puede ver a continuaci�n: Dice que el art�culo 438 del Estatuto Instrumental, habla de la admisi�n excepcional de la prueba de referencia, solo cuando el declarante manifiesta bajo juramento que ha perdido la memoria sobre los hechos y esa informaci�n es corroborada pericialmente, o cuando las declaraciones se registraron en escritos de pasada memoria o archivos hist�ricos.

Acota que la Corte Suprema de Justicia ha establecido cuatro directrices para tener en cuenta el testigo de referencia, en conjunto con los dem�s EMP, como: i. Que sea un testigo de referencia de primer grado, es decir que lo narrado lo escuch� de la persona que observ� los hechos; ii. Que el testigo debe se�alar cu�l es la fuente de su conocimiento; iii.

Se debe establecer las condiciones en que el testigo directo trasmiti� los datos a quien despu�s va a dar la referencia de cierta circunstancia, de manera que sea posible evidenciar que lo referido en modo indirecto por el declarante; iv. Es fundamental para otorgar poder suasorio a la especie de prueba en comento la conducencia de otra clase de medios de persuasi�n, as� sean indiciarios con la capacidad de reforzar las atestaciones del testigo de o�das, pues valoradas en su conjunto pueden suministrar elementos aptos para acreditar que lo referido al testigo indirecto se lo trasmiti� en forma como �ste lo se�al� y que efectivamente el debatido suceso ocurri� de conformidad con su narraci�n. Al punto, trae a colaci�n la declaraci�n jurada en formato FPJ 15, rendida por el testigo de referencia del 19 de septiembre de 2013 a las 3:00 p.m., que en la parte final de la segunda hoja dijo: �despu�s de eso empec� a escuchar por comentarios de conocidos m�os, que me contaron que quien hab�a hecho ese homicidio hab�a sido S, junto con otro muchacho que le dicen �el r� de nombre G, me contaron que los hab�an visto cuando hicieron esa vuelta�.

De lo citado, estima que el testigo manifest� que percibi� esa informaci�n de testigos directos que estuvieron mirando, en percepci�n primera, siendo que la Fiscal�a no tuvo la suficiente diligencia de buscar o por lo menos de probar dentro del proceso que hizo lo necesario para que acudieran los testigos principales para soportar su testigo de referencia. Contrapone que teniendo en cuenta los criterios legales y jurisprudenciales referenciados, es dable manifestar que la sentencia atacada tiene como �nico sustento el testigo y la declaraci�n de �VC, ya que el testimonio de EM, as� como de los funcionarios del CTI, carecen de prueba vinculante entre los hechos y las personas responsables de tal hecho, por lo tanto, no sirven para endilgar responsabilidad a alguna persona determinada.

Critica que de la entrevista y del testimonio rendido por el testigo protegido se extrae claramente que la informaci�n que ha suministrado la ha recibido de tres fuentes: los conocidos, los familiares y los condenados, pero se debe tener en cuenta que para la admisibilidad de la prueba de referencia entre varios requisitos, est� que el testigo informe con certeza la identificaci�n de las personas de las cuales recibi� la informaci�n, adem�s su informaci�n no es pormenorizada por la Fiscal�a Seccional Delegada, porque no hay siquiera prueba indiciaria de que efectivamente la hubiera escuchado de palabras de los acusados, m�xime si se informa por el mismo testigo que recibi� informaci�n de varias fuentes.

Sostiene que no se puede dar credibilidad a ese testigo de referencia, sustentada �nicamente en lo mismo que el testigo afirma, porque no hay otras pruebas o indicios que den a revelar que efectivamente sus representados SA y CC, hayan podido cometer el delito, sino que solo est� el testimonio de �C y los hechos indicadores a los que el Juez de primera instancia hizo alusi�n y que los toma de la misma prueba de referencia, tratando de fundamentarla con esos mismos hecho indicadores.

Acota que ninguna de las afirmaciones del testigo de referencia finca su veracidad en alguna prueba sumaria introducida por la Fiscal�a al plenario del proceso, tanto que no ofrece una prueba especifica del lugar de los hechos, o d�nde ocurri� la muerte de la v�ctima, ya que toda la investigaci�n penal y actos de polic�a como primeros intervinientes dan inicio en el hospital Juan Pablo II de Linares � Nari�o, y desde ah� arranca la investigaci�n sin siquiera hacerse un esfuerzo por comprobar si el homicidio efectivamente ocurri� en el lugar donde lo dijo �V, destacando que lo que se observa de ese deponente es su inter�s de limpiar su nombre.

Finaliza pidiendo se revoque la decisi�n de primera instancia y en su lugar, se dicte una de car�cter absolutorio, toda vez que, la Fiscal�a no pudo desvirtuar la presunci�n de inocencia de sus prohijados. 3.2 Fiscal Cuarenta y Siete Especializado de Samaniego Presenta oposici�n frente al recurso de alzada pidiendo se confirme la sentencia condenatoria.

Expone que la defensa aduce sobre lo que regla el art�culo 302 del C�digo de Procedimiento Penal, aclarando que no existen testigos directos de los hechos para el caso, siendo que el �nico testigo que tiene la Fiscal�a nunca ha dejado de ser de referencia y fue quien tuvo conocimiento de los hechos directamente de los acusados, cuando tuvo lugar la reuni�n en el Ecuador, donde los autores materiales del punible le comentaron al testigo con lujo de detalles qu� fue lo que hicieron, conociendo de ellos que fue FR, alias �c�, quien mand� a matar al se�or A, y confes�ndole al testigo que fueron ellos los autores materiales de lo que ocurri� verdaderamente.

En segundo lugar, menciona que la defensa hace alusi�n que los testigos como la esposa de la v�ctima y los funcionarios del C.T.I. son tambi�n de referencia, al respecto, reitera que no existen testigos presenciales de los hechos, en cuanto al art�culo 379 ib�dem y que remiti�ndose al art�culo 438 que tratan acerca de cu�ndo es admisible la prueba de referencia; sin embargo, agrega que tambi�n debe tenerse en cuenta la noci�n que trae el art�culo 437 del Estatuto Procedimental Penal, siendo finalmente un testigo que asiste a la audiencia de juicio oral, por lo cual, su testimonio se practic� con todas las garant�as constitucionales y la defensa tuvo la oportunidad de controvertirlas como de ejercer el contrainterrogatorio.

Respecto de la estimaci�n de la defensa sobre que el ente acusador ten�a la obligaci�n de traer a estrados a las personas que hablaron con el testigo, acota que son los mismos acusados y tambi�n habla el testigo que su padre le coment� que los autores materiales hab�an sido los procesados; empero, aquel falleci�. En cuanto a la manifestaci�n de la defensa sobre que fuera del testimonio o prueba de referencia se necesitan otros medios probatorios cuando alude que el a quo los saca del mismo testigo; apunta que los hechos indicadores aducidos son corroborados tanto por los agentes del CTI, los indicios no son solamente tra�dos de la declaraci�n del testigo, aduce la defensa que �en uno de los documentos se dice que le contaron, que hab�a comentarios�; sin embrago, el testigo en estrados dijo que no es testigo presencial de los hechos, refiriendo que los ahora acusados le narraron directamente los hechos como ocurrieron efectivamente.

Finalmente agrega que el presente caso se funda en indicios, en hechos indicadores, los cuales merecen plena credibilidad, la defensa tuvo la oportunidad de controvertir al testigo, quien adem�s se encuentra amenazado siendo que la Fiscal�a General de la Naci�n no conoce su ubicaci�n porque est� a cargo de la Unidad de Protecci�n a Testigos.

Por lo anterior, solicita que la sentencia de primera instancia sea confirmada. II. CONSIDERACIONES DE LA SALA I. Problemas jur�dicos a resolver -. Debe la Sala determinar si el testimonio de �VCM constituye prueba indirecta para acreditar la responsabilidad de CGCC y JSAG en la comisi�n de los delitos de porte ilegal de armas y el homicidio agravado de JAN. -.

Igualmente, si para emitir la sentencia condenatoria de primer nivel el juez de conocimiento al acreditar la responsabilidad de los encartados CGCC y JSAG se bas� exclusivamente en prueba de referencia. -. En consecuencia, si ante la inexistencia de prueba directa se deber� revocar la sentencia condenatoria y en su lugar absolver a los procesados, como lo reclama la defensa. 1.

Examen de la prueba sobre la materialidad de los delitos juzgados y la responsabilidad de los acusados 1.1. Debe comenzar la Sala por precisar que en punto a la materialidad de los punibles juzgados de fabricaci�n, tr�fico y porte ilegal de armas y homicidio agravado, se tiene que ninguna de las partes puso en duda su real ocurrencia, tampoco es tema de impugnaci�n, motivo por el que no se entrar� en mayores disquisiciones sobre tal tem�tica m�s all� de verificar los presupuestos probatorios m�nimos que acreditan los hechos t�picos.

En tal sentido obran las piezas probatorias que as� lo confirman, tales como: la inspecci�n t�cnica a cad�ver (fl. 7-12), protocolo de necropsia (fl. 15-19), el testimonio de MECM, esposa del difunto (fl. 13-14), �lbum fotogr�fico del occiso (fl. 22-25), Informe de investigador de campo (fl. 46-49) e informe investigador de laboratorio (fl. 43-44), hechos que adem�s fueron objeto de estipulaci�n entre la Defensa y la Fiscal�a. 1.2 En lo que corresponde a la autor�a y la responsabilidad de los acusados, eje del disenso planteado, la defensa como recurrente cuestiona la existencia de prueba directa que los incrimine, rechazando el valor suasorio que el juez de instancia le otorg� al testimonio de �VCM, �nico medio de prueba con el que se cuenta para acreditar la responsabilidad de los encartados el que se basa para proferir sentencia condenatoria en contra de CGCC y JSAG.

Alega el togado que el citado testigo tiene la connotaci�n de prueba de referencia, toda vez que, no presenci� directamente el homicidio perpetuado en contra de JAN, sino que dijo haber escuchado c�mo se cometi� el delito de terceras personas, para posteriormente afirmar que lo escuch� directamente de los dos indiciados. As� pues, sostiene que dicha prueba no deb�a tener el valor probatorio que le otorg� el Juez ni mucho menos concederle certeza de la real ocurrencia de los hechos tal como los afirm� el testigo.

Finalmente cuestiona a la Fiscal�a por no hacer comparecer al juicio a sus testigos directos. 1.2.1. Prueba de referencia Frente a este cuestionamiento de la defensa es dable precisar que en virtud del sistema de enjuiciamiento con tendencia acusatoria consagrado en la Ley 906 de 2004, se establece la prueba de referencia y a su vez, se resaltan las circunstancias excepcionales en que es admisible dentro del proceso, tal como lo ha establecido el art�culo 379: �El juez deber� tener en cuenta como pruebas �nicamente las que hayan sido practicadas y controvertidas en su presencia. La admisibilidad de la prueba de referencia es excepcional� As� mismo, en el art�culo 402 se establecen los aspectos sobre los cuales el testigo puede declarar en medio de la audiencia de juicio oral: �El testigo �nicamente podr� declarar sobre aspectos que en forma directa y personal hubiese tenido la ocasi�n de observar o percibir.

En caso de mediar controversia sobre el fundamento del conocimiento personal podr� objetarse la declaraci�n mediante el procedimiento de impugnaci�n de la credibilidad del testigo�. Sobre esta tem�tica la Corte Suprema de Justicia - Sala de Casaci�n Penal, ya ha fijado una l�nea de pensamiento: �En t�rminos menos abstrusos, puede decirse que prueba de referencia es la evidencia (medio probatorio) a trav�s de la cual se pretende probar la verdad de una declaraci�n realizada al margen del proceso por una persona determinada, no disponible para declarar en el juicio, que revela hechos de los cuales tuvo conocimiento personal, trascendentes para afirmar o negar la tipicidad de la conducta, el grado de intervenci�n del sujeto agente, las circunstancias de atenuaci�n o agravaci�n concurrentes, la naturaleza o extensi�n del da�o ocasionado, o cualquier otro aspecto sustancial del debate (antijuridicidad o culpabilidad, por ejemplo).

Para que una prueba pueda ser considerada de referencia, se requiere, por tanto, la concurrencia de varios elementos: (i) una declaraci�n realizada por una persona fuera del juicio oral, (ii) que verse sobre aspectos que en forma directa o personal haya tenido la ocasi�n de observar o percibir, (iii) que exista un medio o modo de prueba que se ofrece como evidencia para probar la verdad de los hechos de que informa la declaraci�n (testigo de o�das, por ejemplo), y (iv) que la verdad que se pretende probar tenga por objeto afirmar o negar aspectos sustanciales del debate (tipicidad de la conducta, grado de intervenci�n, circunstancias de atenuaci�n o agravaci�n punitivas, naturaleza o extensi�n del da�o causado, entre otros).

La doctrina comparada coincide en se�alar, con criterio general, que la declaraci�n que se realiza por fuera del juicio oral puede ser verbal o escrita, o provenir inclusive de otras formas de comunicaci�n normalmente aceptadas, como ademanes o expresiones gesticulares que provoquen en quien las percibe la impresi�n de asentimiento, negaci�n o respuesta.

Tambi�n conviene en precisar que la declaraci�n que informa de los hechos cuya verdad se pretende probar, debe provenir de una persona determinada, entendida por tal, la que se halla debidamente identificada, o cuando menos individualizada, con el fin de evitar que a trav�s de la prueba de referencia se introduzcan al proceso rumores callejeros o manifestaciones an�nimas, sin fuente conocida.

La exigencia consistente en que la declaraci�n realizada por fuera del juicio oral verse sobre hechos de los cuales la persona que hace la declaraci�n ha tenido conocimiento personal, responde a los requerimientos del principio de inmediaci�n objetiva, previsto en el art�culo 402 del C�digo, que impone como condici�n para la admisi�n a pr�ctica de un testimonio en el juicio, que el testigo informe de hechos o circunstancias que haya tenido la ocasi�n de observar o percibir en forma directa y personal: �Art�culo 402.

Conocimiento personal��. La prueba testimonial llamada indirecta, de o�das, hearsay o ou� dire (oir decir), es por antonomasia una especie de prueba de referencia, pero no la �nica. Existen otros modos o medios, igualmente admisibles, a trav�s de los cuales puede intentarse probar la verdad de la declaraci�n emitida por fuera del juicio oral, como por ejemplo una evidencia escrita (una carta) o un medio t�cnico (una grabaci�n).

Lo importante es que se trate de un medio leg�timo, legalmente admisible, a trav�s del cual se aspire llevar al proceso un conocimiento personal ajeno (de un tercero). Una de las particularidades m�s sobresalientes de la prueba de referencia, y la que, a no dudarlo, marca la diferencia con la prueba directa, es que tenga por objeto probar la verdad de una declaraci�n rendida por fuera del juicio oral por una persona que tuvo conocimiento personal y directo de aspectos que interesan a la justicia, quien no concurre al proceso.

O lo que es igual, que la prueba tenga por finalidad introducir al debate oral conocimientos personales ajenos. Si A, por ejemplo, escuch� a B decir que C fue el autor del homicidio de Z, y A es llevado a juicio para probar la verdad de la afirmaci�n hecha por B, es decir, que C fue el autor del homicidio, se estar� frente a una prueba de referencia, pues lo buscado, a trav�s de ella, es probar la verdad de un conocimiento personal ajeno. Pero si lo pretendido es simplemente acreditar que B hizo la manifestaci�n, o que �sta simplemente existi�, independientemente de que su contenido sea o no veraz, se estar� frente a una prueba directa, porque el aspecto que se pretende probar (que la manifestaci�n se hizo), fue personalmente percibido por el testigo.

Esta especial caracter�stica la diferencia tambi�n de la llamada prueba de referencia con fines de impugnaci�n, a trav�s de la cual no se busca probar la verdad de la declaraci�n realizada por una persona que no est� disponible para concurrir al juicio oral, como de ordinario acontece con la evidencia que se utiliza con prop�sitos estrictamente probatorios, sino simplemente con el fin de cuestionar la credibilidad de un determinado testigo, en los casos previstos en el art�culo 403 del C�digo.

Adicionalmente a estos requerimientos, la normatividad exige que la verdad que se pretende probar a trav�s de la prueba de referencia, tenga adicionalmente la virtualidad de definir aspectos sustanciales del proceso, como las categor�as del delito, o las circunstancias de atenuaci�n o agravaci�n concurrentes, exigencia que no responde en estricto sentido a las notas caracter�sticas de la prueba de referencia, sino a una condici�n de admisibilidad de las pruebas en general, en virtud de su pertinencia objetiva y funcional.�, (subrayado fuera de texto).

Teniendo en cuenta las anteriores anotaciones, debe precisar la Sala que la prueba de referencia abarca un amplio espectro de supuestos, donde se incluyen eventos en los cuales un testigo puede atestar de forma simult�nea tanto como testigo directo, como de testigo indirecto, dependiendo de la aprehensi�n sensorial que tuvo de la fuente del conocimiento sobre la que depone.

En efecto, un declarante puede relatar hechos que percibi� por s� mismo, evento en el cual ser�a un testigo directo; tambi�n y al mismo tiempo, narrar otros que le fueron relatados por otra fuente o persona, es decir, testigo de o�das, circunstancia bajo la cual ser�a testigo indirecto, lo que nos ubicar�a ante un prueba que tiene la doble naturaleza de prueba directa y prueba indirecta o de referencia. Volviendo al caso en estudio, advierte la Sala que respecto a esta sutil distinci�n se equivoca parcialmente el censor al confundir los dos conceptos, al pretender que el testigo �VCM, quien compareci� al juicio a declarar, corresponde meramente a un testigo de referencia por no haber percibido de forma directa el homicidio de JAN.

Tal categorizaci�n de la defensa resulta parcialmente correcta, si se deja de lado que �V en el testimonio que rindi� en el juicio describi� la percepci�n directa que tuvo de haber escuchado de boca de los dos implicados ser quienes mediante la utilizaci�n de armas de fuego le causaron la muerte a JAN en cumplimiento de la promesa remuneratoria que les hizo FR alias �C�.

Verificados los registros corrobora la Sala que �VCM en la audiencia de juicio oral, narr� que percibi� directamente las manifestaciones provenientes de CGCC y JSAG, de ser quienes ultimaron a JAN. A la saz�n, afirma que cuando se encontraba en el Ecuador, adelantando los tr�mites necesarios con ocasi�n a la muerte de su padre, CG y JS, los cuales son familiares lejanos, le contaron que hab�an sido quienes ultimaron a JAN.

As�, exclusivamente el relato de este hecho, corresponde a una atestaci�n de un testigo presencial y por tanto, esta parte del testimonio es una prueba directa. Relata el testigo que G y S, tambi�n le dijeron que no pod�an regresar a Colombia porque sus vidas corr�an peligro, ya que a pesar de la muerte de �C�, a ellos los segu�a buscando la guerrilla por el crimen cometido en contra de JAN.

Posteriormente asevera que los endilgados fueron expulsados del Ecuador dada su permanencia ilegal en ese pa�s, y capturados por autoridades colombianas por los se�alamientos que se les hab�an hecho como autores del delito que hoy ocupa la atenci�n de la Sala. Tambi�n afirma que d�as anteriores al asesinato, el acusado JSAG le hab�a comentado que estaban ofreciendo una recompensa por matar a un �cucho� sin que para ese momento le dijera a quien se refer�a, a lo que �V le respondi� que �l no se met�a en esos negocios, que a �l le gustaba trabajar honestamente.

Agreg� que CG y JS le manifestaron que se arrepent�an de haber cometido dicho crimen, calific�ndolo como un error, ya que al final de cuentas �C� no les hab�a pagado lo prometido, que era la suma total de $15�000.000, pues solamente les hab�a dado $300.000, habiendo sido amenazados de muerte si le segu�an insistiendo sobre la paga. No hay duda que la deposici�n que realiza �V corresponde a un hecho que percibi� por s� mismo, la aceptaci�n por parte de los acusados de haber cometido el homicidio de JAN, conocimiento que adquiri� a trav�s de sus sentidos; en este entendido, se itera, se trata de una prueba directa.

De todas formas, el testigo es preciso y enf�tico en reconocer que no estuvo presente en el lugar el d�a ni en el momento de la ocurrencia de los hechos y que por tanto, no pod�a afirmar o negar qu� fue lo que realmente pas�. Como es llano advertir, la condici�n de testigo directo de �VCM no puede ir m�s all� de dar cuenta del relato sobre las presuntas manifestaciones de los acusados.

Y no puede ser de otra manera, dado que todos los dem�s aportes testificales que se acaban de rese�ar corresponden a hechos y circunstancias que no conoci� de primera mano, lo fueron todas a trav�s de terceros, respecto de los que siquiera identifica o individualiza, solamente destaca a su progenitor de quien �l mismo da cuenta falleci� tiempo atr�s y del que la Fiscal�a General de la Naci�n tampoco trajo su declaraci�n, siquiera como prueba de referencia admisible.

Bajo este contexto f�ctico y jur�dico dirigido al momento de la comisi�n de los delitos investigados, la Sala se encuentra ante el panorama de un t�pico testigo de o�das, pues en los dos momentos del contenido de su atestaci�n, solamente ofrece como fuente de su conocimiento, las manifestaciones de terceros, sin importar que se trate de los mismos encartados.

La Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia, en el precedente evocado, califica a esta clase de declaraciones como prueba testimonial indirecta, la que tambi�n considera que por excelencia es una variedad de prueba de referencia, la que tambi�n considera resulta admisible. Basados en el mismo precedente, el testimonio de �VCM, en lo que respecta a dar cuenta sobre la realizaci�n de los delitos endilgados a los acusados, tiene la particularidad m�s sobresaliente de la prueba de referencia, al pretender probar la verdad de una declaraci�n de terceros �los procesados-, dada por fuera del juicio y que se refiere como quienes s� tuvieron el supuesto conocimiento personal y directo de los punibles juzgados �los acusados-, pero que no declararon en el juicio, pues habiendo estado presentes hicieron ejercicio de sus derecho constitucional y legal de guardar silencio.

A las luces de los conceptos precisados en la jurisprudencia evocada, es claro para la Sala que la declaraci�n de �V constituye prueba directa respecto de lo que le dijeron los dos enjuiciados e indirecta en lo que se trata de la ocurrencia de la comisi�n del homicidio de JAN, primera respecto de la cual, dada su naturaleza tambi�n se considera una particular especie de prueba de referencia. A esa conclusi�n se arriba con el elemental cotejo respecto de lo que �l percibi� a trav�s de sus sentidos y lo que no lo fue, esto es, que no presenciaron el momento de la comisi�n de los reatos indagados, menos a�n que hayan sido los dos acusados quienes cometieron las conductas t�picas.

Es decir, se itera, su atestaci�n est� compuesta por declaraciones propias de un testigo directo sobre hechos diferentes a la percepci�n personal del acontecer delictual las que de todas formas constituyen prueba de referencia y otras de las que su fuente de conocimiento lo son relatos de terceros indeterminados, las que tambi�n son prueba de referencia. Las primeras lo constituyen las aseveraciones que dijo escuchar de los dos acusados sobre el acontecer del deceso violento de JAN causado por los mismos encartados previa promesa remuneratoria; las segundas, son las que indica le dijo su padre ya fallecido y el decir de personas indeterminadas de qui�n o qui�nes fueron los autores materiales del deceso de JAN.

En la palabras de la Corte tra�das a colaci�n, con el testimonio de �VCM la Fiscal�a pretendi� �introducir al debate oral conocimientos personales ajenos�. Precisamente, es la misma alta Corporaci�n quien ilustra de manera pedag�gica un evento de gran similitud cuando se�ala que cuando un testigo declara que ��escuch� a B decir que C fue el autor del homicidio de Z, y A es llevado a juicio para probar la verdad de la afirmaci�n hecha por B, es decir, que C fue el autor del homicidio, se estar� frente a una prueba de referencia��.

Destaca la Sala que cuando la Fiscal�a General de la Naci�n trae al juicio el testimonio de �VCM, para que depusiera que los dos acusados, otras personas y su padre le comentaron que hab�an sido los mismos encartados quienes le causaron la muerte mediante la utilizaci�n de armas de fuego a JAN, lo que aspir� fue a acreditar esa verdad a partir de un conocimiento personal ajeno; por tanto, en lo que concierne a la responsabilidad penal de los acusados su testimonio no deja de ser m�s que una prueba de referencia. En este orden de las cosas, lo primero que se debe concluir es que el testimonio de �VCM en lo que ata�e a ser tenido en cuenta como prueba de cargo respecto de la responsabilidad de CGCC y JSAG en la comisi�n de los delitos de porte ilegal de armas y homicidio agravado, a las voces de la jurisprudencia nacional, a pesar de resultar admisible, constituye una prueba de referencia, como acertadamente as� fue declarado y reconocido en la instancia y lo alega el recurrente. 1.2.2.- Ahora, el segundo interrogante propuesto y a despejar lo constituye, si adicional al testimonio de �V, como prueba de referencia, la instancia se fund� en otros medios de prueba para emitir condena.

La respuesta inmediata que refulge del cotejo de la decisi�n impugnada es que s�. En efecto, revisada la sentencia se corrobora que el a quo tambi�n tuvo en cuenta los testimonios de los investigadores del Cuerpo T�cnico de Investigaci�n, Ana Milena Rosero y Andr�s L�pez, al igual que de la esposa del occiso EMC. De estas declaraciones el mismo funcionario de instancia, de manera acertada se�al�, pues as� lo es, correspond�an a pruebas de referencia por cuanto ninguno de los deponentes presenci� el hecho de la comisi�n de los delitos de porte ilegal de armas y homicidio agravado que se juzgan.

Adicionalmente, advierte la Sala que la sentencia se soporta en pluralidad de elementos indiciarios edificados a partir del contenido de las declaraciones de �VCM, los investigadores del Cuerpo T�cnico de Investigaci�n Ana Milena Rosero y Andr�s L�pez, al igual que de la esposa del occiso EMC con base en los cuales edific� el juicio de responsabilidad en contra de los encartados.

Debemos recordar que la prueba indiciaria ha sido definida como una prueba indirecta, pues corresponde a un ejercicio l�gico inferencial que se realiza a partir de un hecho cierto, probado y conocido llamado hecho indicador, a trav�s del cual se deriva otro, el hecho indicado, el cual es desconocido y se pretende acreditar mediante la inferencia que elabora el juzgador.

Sobre esta clase de medio de prueba la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia ha sentado pronunciamientos en los que explica su clasificaci�n y relevancia en el proceso de persuasi�n racional: �2. � El indicio como mecanismo probatorio se plasma en un juicio de inferencia l�gica que emite el juez teniendo en cuenta la existencia probada de un hecho indicador que lo lleva a concluir la presencia de otro indicado.

Tal instrumento conceptual le permite al juzgador adquirir certeza sobre la autor�a y responsabilidad del procesado cuando otros medios probatorios no se la brindan; la confiabilidad descansa en la demostraci�n racional del hecho indicador y en la capacidad del juez para valorarlo y para inferir de �l la existencia del hecho indicado y su l�gica conexi�n con el sujeto a ellos ligado.

La doctrina usualmente califica, entre otros, como indicios los siguientes: el de capacidad para delinquir; el del m�vil para delinquir; el de oportunidad para delinquir; el de las huellas materiales del delito; el de las manifestaciones anteriores al delito; el de las manifestaciones posteriores al delito; el de disculpa; el de mentira. El indicio de oportunidad -que juega papel importante en este proceso- se refiere a la especial situaci�n en que se encontraba el procesado en raz�n de sus condiciones personales o de su relaci�n con otras personas y cosas, situaci�n que facilitaba la comisi�n del delito; la oportunidad puede ser de car�cter material o moral, seg�n que est� relacionada con aspectos objetivos o subjetivos.

El indicio de las huellas materiales del delito -tambi�n de inter�s en este proceso-, apunta hacia las improntas que hechos punibles de resultado material dejan en el medio ambiente, sobre personas o cosas, y que son susceptibles de ser percibidas sensorialmente: es el desgarramiento himeneal en la violaci�n sexual; es la raspadura del papel para borrar la palabra que se sustituye por una ap�crifa en la falsedad material; es la mano amputada por acci�n del machetazo en las lesiones personales.

Aspecto fundamental del indicio como prueba es el de su unidad, al que se refiere nuestro estatuto procesal penal cuando se�ala que � las circunstancias o momentos referentes a un solo hecho indicador, constituyen un solo indicio"; conforme a este principio de universal aceptaci�n, de un hecho indicador' solamente puede surgir un indicio; las m�s frecuentes dificultades que en su desarrollo se presentan, der�vanse de la confusi�n entre hecho indicador y circunstancias o momentos que lo integran y que en veces se toman como otros tantos hechos indicadores; estos son el factum que con objetiva autonom�a apunta hacia la persona con la que se conecta 'materialmente, aquellos son datos que lo nutren y conforman, pero que no tienen por s� mismos el poder un�vocamente orientador del hecho indicante.� Del escrutinio procesal es palmario concluir que el discernimiento del fallador en la construcci�n de la prueba indiciaria parti� de los hechos que dijo eran ciertos, probados y conocidos en la instancia a trav�s de los testimonios de �V, Ana Milena Rosero, Andr�s L�pez y MECM, todos, los que como se dej� se�alado corresponden a pruebas de referencia. Lo anterior, por cuanto a que tal ejercicio cr�tico lo realiz� el juzgador de instancia a partir de esas atestaciones, donde se vertieron relatos referidos a la autor�a de los implicados que no eran producto de su vivencialidad.

El a quo de manera global, pues no lo discrimin�, dijo que de las pruebas testimoniales rendidas por �V, Ana Milena Rosero, Andr�s L�pez y MECM, se desprend�an los siguientes hechos indicadores:.-i) El hecho de que d�as antes a la muerte de JAN, el acusado JSAG le manifest� a �V que se estaba ofreciendo una suma de dinero para matar a un �cucho�..- ii) Que posteriormente a este encuentro, el 30 de abril de 2013 fue asesinado JAN, a la saz�n un adulto mayor, mediante el impacto de 4 proyectiles de arma de fuego y en el momento en que se desplazaba en su bicicleta..- iii) Despu�s de ocurrido este hecho, CG y JS desaparecieron del municipio de Linares, huyendo con destino al Ecuador..- iv) Encontr�ndose �V con CG y JS en el Ecuador, �stos le confesaron que hab�an sido quienes le hab�an causado la muerte a JAN mediante promesa remuneratoria de 15 millones de pesos que les pagar�a FR, acordando un anticipo de $300.000.oo y que ante el cobro del saldo, fueron amenazados por �ste si insist�an en lo pretendido..-v) El m�vil de los acusados para cometer el hecho, lo fue la promesa remuneratoria..- vi) Que el determinador del homicidio FR se suicid�, motivado por la presi�n de grupos ilegales y la guerrilla que le reprocharon el hecho..- vii) Las amenazas de muerte de las que es objeto �V y sus familiares por parte de los acusados por haber declarado en su contra lo que llev� a que la Fiscal�a General de la Naci�n lo mantenga a �l y sus parientes m�s cercanos como testigo protegido.

Calific� que estos hechos indicadores a partir de las reglas de la experiencia constitu�an que quien ten�a un motivo para delinquir es autor del delito que se le atribuye; quien huye del lugar es autor del punible que se le imputa; el que amenaza a otra persona es porque est� inmerso en el delito del que lo acusa. A partir de esta base, aplicando la l�gica dedujo que se establec�a como hecho desconocido que CC y AG eran responsables a t�tulo de coautores de la muerte de JAN.

Luego rese�� que se contaba con los indicios de presencia, oportunidad, m�vil para delinquir, fuga, manifestaciones anteriores y posteriores al delito que cotejada con la prueba testimonial, documental y pericial allegada al juicio permit�an llegar a esa conclusi�n. Verificados los registros del juicio, advierte la Sala, que en efecto el testigo de cargo �VCM refiri� de manera puntal, clara, precisa las revelaciones que los dos acusados le hicieron sobre el encargo para realizar el homicidio, luego su ejecuci�n, afirmaciones incriminatorias que fueron sometidas a la confrontaci�n una vez la defensa realiz� un exhaustivo contrainterrogatorio en camino a desacreditar al testigo, sin lograrlo.

Verifica la Sala que se trata de un declarante s�lido, sin dubitaciones, ubicado en tiempo y espacio, con sanidad de sus sentidos, el que dada su posici�n especial de ser familiar lejano de los procesados, conocido del occiso y residente del municipio de Linares donde ocurrieron los hechos, lo privilegian desde la perspectiva del acceso a la informaci�n que tuvo a su alcance, la cual suministr� a la judicatura con generosidad de detalles de c�mo conoci� del deceso de JAN y las personas que realizaron el hecho, circunstancias que suasoriamente permiten otorgarle credibilidad a su dicho.

A partir de este medio de prueba conocido en el proceso, pues se alleg� de manera oportuna y v�lida al juicio, se contienen los diferentes hechos que como tales, est�n probados a partir de los cuales se elabor� una acertada construcci�n indiciaria. Por tanto, para la Sala desde la visi�n de la cr�tica racional resultan v�lidas las deducciones que como indicios de m�vil, presencia, oportunidad, fuga y manifestaciones anteriores y posteriores del delito elabor� el juez de instancia. La prueba de cargo es clara en se�alar que anterior al deceso de JAN el acusado AG hizo saber que se estaba ofreciendo una importante suma de dinero para causarle la muerte a un adulto mayor (indicio de manifestaciones anteriores al delito).

Es m�s �V depone que lo consider� como un ofrecimiento, y lo rechaz�. De forma posterior al ofrecimiento dinerario ocurri� el deceso de JAN como un hecho aleve y sicarial (indicio de m�vil). Refiri� que CGCC y JSAG son habitantes del municipio de Linares y se hallaban en la localidad para cuando ocurri� el deceso de JAN (indicio de presencia y oportunidad).

Luego, fallecido JA y dados los se�alamientos que se les hac�a, se present� el abandono intempestivo de los procesados del municipio de Linares con destino al Ecuador (indicio de fuga), pa�s del cual regresaron luego de ser deportados por las autoridades. Ya en el Ecuador, cuando �V se hallaba con ocasi�n a las honras f�nebres de su padre, donde tuvo la compa��a de los acusados, estos le expresaron que hab�an sido quienes hab�an ultimado a JAN (indicio de manifestaciones posteriores al delito).

Esta coincidencia en tiempo y lugar se encuentra justificada por la relaci�n cercana del testigo �VCM con los acusados, quien conforme a su dicho deviene por coterr�neos y residentes del municipio de Linares, adem�s del parentesco. Consangu�neo con JSG por tratarse de su primo en cuarto grado y pol�tico (sobrino) con CGCC por ser �ste hijo de la esposa de su hermano. Estos hechos indicadores se refuerzan en los testimonios de EMC y los funcionarios del CTI, Milena Rosero y Andr�s L�pez, como ya se acot�, corresponden a pruebas de referencia en relaci�n con la responsabilidad de los acusados, pues como lo precis� la instancia no presenciaron de forma directa la comisi�n del homicidio Alvear Narv�ez, ni escucharon de boca de los implicados su confesi�n; sin embargo, relatan una serie de hechos de los cuales son testigos presenciales, pues son productos de sus propias vivencias.

Con ellos se soportan circunstancias temporoespaciales relatadas por �V. As�, ME depone sobre la relaci�n que exist�a entre FR alias �C� con el occiso JAN, destacando que como conocidos en el municipio de Linares meses antes del suceso, JA y FR hab�an hecho un negocio en el que JA le vendi� a FR una acci�n del trapiche de ASOPAL por 20�000.000 de pesos, negocio del que no se hizo ninguna �escritura� y a la hora de la muerte de J, F no se present� para verificar el cumplimiento del negocio.

Tambi�n refiere que presenci� que JA y FR, meses antes de ocurrido el homicidio, tuvieron un altercado fuerte en unas fiestas en el parque de Linares, escenario en el que F se resinti� y utiliz� un vocabulario fuerte para referirse a JA y decirle que alg�n d�a �l, (F), iba a llegar a ser m�s que �l (JA), a lo que J le respondi� que �ni naciendo 20 veces podr�a llegar a ser como �l�, confrontaci�n que ocasion� bastante malestar a F. Estos dos hechos �el negocio inconcluso de la venta de la acci�n del trapiche de ASOPAL por 20�000.000 de pesos y las rencillas y ofensas del occiso a F antes de su deceso-, para la Sala constituyen dos hechos indicadores que refuerzan el indicio de m�vil.

Lo anterior, por cuanto con ellos se establecen razones por las cuales FR ten�a inter�s de causarle la muerte a JAN, tanto econ�micas como an�micas, reflejadas en el negocio inacabado por el que deb�a pagar $20.000.000.oo, como el sentimiento de retaliaci�n por las ofensas y agresiones verbales que en un espacio p�blico hab�a recibido del occiso.

En este orden, con tales hechos acreditados debidamente en el proceso, la atestaci�n de �V encuentra m�s soporte f�ctico y probatorio, cuando, entre otros aspectos ya rese�ados, relat� que conoci� de palabras del procesado JS la oferta il�cita para causarle la muerte a un �cucho�; luego, que las voces de CG y JS, conoci� que ellos hab�an cumplido ese encargo para FR, donde la v�ctima correspond�a a JAN.

A las anteriores pruebas testimoniales se agregan las atestaciones de Ana Milena Rosero, quien da a conocer en juicio que en su labor como investigadora del CTI, a trav�s del trabajo de campo y corroboraciones en el GAULA estableci� que en el municipio de Linares operaban bandas criminales a las cuales hac�a parte FR alias �C� dedicados a la extorsi�n suplantando para ello a la guerrilla, deposiciones que en el mismo sentido ratific� en su declaraci�n Andr�s L�pez su compa�ero de investigaci�n. Tambi�n refieren en juicio los dos testigos que verificaron la ocurrencia del altercado y algunas rencillas personales de FR con JA, en el mismo sentido como lo manifest� MEC.

Tambi�n aportaron el conocimiento de que los dos acusados manten�an una relaci�n cercana con FR alias �C� y que se ten�an informes de investigaci�n sobre su conjunta participaci�n en la comisi�n de extorsiones a pobladores de Linares, circunstancia que refuerza la veracidad del testimonio de �V sobre lo que escuch� de primera mano de los acusados y el encargo que FR les hab�a hecho.

Con todo, tambi�n se fortalecen los indicios de presencia y oportunidad. Con estos testimonios se revela claro que los dos encartados se encontraban en el municipio de linares para la misma �poca del homicidio de JAN, lo conoc�an, interactuaban en el mismo medio con el se�alado determinador del crimen y recibieron el encargo dinerario para ejecutarlo.

Esta concatenaci�n de hechos indicadores revisten total gravedad al se�alar de manera directa a las personas que cometieron materialmente el delito de homicidio y revelan su identidad al converger al mostrar inequ�vocamente que los autores del deceso de JAN fueron los aqu� enjuiciados CGCC y JSAG. Con todo, la prueba testimonial e indiciaria, fueron las que llevaron al juzgador de instancia a declarar que exist�a conocimiento suficiente para emitir condena contra los procesados por los delitos que fueron acusados. 1.2.3.- Conocimiento para condenar.

El art�culo 381 de la Ley 906 de 2004 establece que para emitir sentencia de condena se requiere el conocimiento m�s all� de toda duda, acerca del delito y de la responsabilidad penal del acusado, fundado en las pruebas debatidas. As� mismo, que la sentencia condenatoria no podr� fundarse exclusivamente en pruebas de referencia. Lo anterior no es otra cosa, que para poder emitir una sentencia de condena se requiere que al juicio se haya allegado por lo menos una prueba directa que acredite la conducta t�pica y la responsabilidad del procesado en su realizaci�n. La doctrina de la Sala de Casaci�n Penal de la Corte Suprema de Justicia ha precisado que el inciso segundo de la disposici�n enunciada contiene una tarifa legal negativa consistente en que tampoco se podr� emitir sentencia condenatoria fundada exclusivamente en prueba de referencia. Sin embargo, el presente caso no corresponde a la hip�tesis de la ocurrencia exclusiva de una tarifa legal negativa, pues el fallo no se encuentra soportado exclusivamente en prueba de referencia. Se parte de no discutir que el testimonio de �VCM corresponde a una prueba de referencia, pero como se dej� ampliamente rese�ado en el ac�pite anterior, el juzgador no solamente se bas� en este medio de prueba, pues para el efecto acudi� adicionalmente a la pluralidad de elementos indiciarios.

Se le debe recordar al recurrente que el sistema procesal penal colombiano se rige por el principio de libertad probatoria, conforme al cual los elementos constitutivos del delito y la responsabilidad del procesado podr�n acreditarse a trav�s de los medios de prueba relacionados en el C�digo de Procedimiento Penal o de cualquier otro, siempre y cuando respete las garant�as fundamentales de quienes intervienen.

Precisamente el indicio es otro medio de prueba v�lido, diferente a la prueba de referencia, con el cual es procedente demostrar cualquiera de los elementos del delito o la responsabilidad del procesado. La Sala de casaci�n penal de la Corte Suprema de Justicia ya ha tenido la oportunidad de ocuparse de temas afines al que ahora ocupa la atenci�n de esta Corporaci�n, donde recientemente determin� que: �Acorde con las reglas procesales previstas en la Ley 906 de 2004, no existe tarifa probatoria positiva por cuanto la ley no fij� valor a ning�n medio de prueba y, por el contrario, en el art�culo 380 estableci� la libertad de apreciaci�n al se�alar que �los elementos materiales probatorios y la evidencia f�sica, se apreciar�n en conjunto�.

Sin embargo, el art�culo 381 s� estableci� una tarifa legal negativa en virtud de la cual �la sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en prueba de referencia�. Las instancias dedujeron la responsabilidad de EMIGDIO S�NCHEZ ORTEGA en el homicidio de Janer Caicedo Sambon� con apoyo en tres pruebas de referencia �testimonios de Ever Orlando Caicedo Sambon�, Gerardo Ortega Ortega y Orlando Sambon� y en algunos indicios derivados del material probatorio acopiado en el juicio.

El Tribunal se pronunci� en la siguiente forma: En conclusi�n, est� claramente demostrado que el se�or Emigdio S�nchez Ortega se encontraba en el establecimiento de comercio en el que tambi�n estaba presente la v�ctima Janer Caicedo Sambon�; que aquel ten�a en su poder una arma de fuego hechiza calibre 38 con capacidad para un proyectil; que se retir� del lugar aproximadamente diez minutos antes de que lo hiciera el hoy obitado; que luego fue visto por un sobrino suyo minutos antes de hallarse herido a Janer y muy cerca de ese lugar, y que seg�n el protocolo de necropsia, la v�ctima recibi� un proyectil de carga �nica compatible con la referida arma (hechos indicadores), de los cuales se puede inferir v�lidamente que aquel fue el que le dispar� (hecho indicado), lo que aunado a las manifestaciones que en el mismo sentido la v�ctima Janer Caicedo Sambon� le hizo y reiter� a su hermano Ever Orlando y a Gerardo Ortega Ortega y Orlando Sambon�, permiten colegir a la Sala m�s all� de toda duda que el encartado fue la persona que accion� el arma de fuego y le caus� la lesi�n que horas despu�s produjo su deceso.

Por tanto, se confirmar� la sentencia apelada. En consecuencia, la condena no se fund� exclusivamente en prueba de referencia porque la misma fue adicionada con elementos de convicci�n de car�cter indiciario, situaci�n perfectamente posible, ya que seg�n la jurisprudencia de esta Sala, los indicios pueden complementar la prueba de referencia en orden a soportar una condena (CSJ AP, 21/01/15, rad. 45067).� Empieza entonces la Sala por declarar un hecho irrefutable, esto es, que en el presente caso si bien la prueba testimonial de cargo corresponde a prueba de referencia respecto de la responsabilidad de los acusados en la ejecuci�n de los delitos por los que fueron acusados, estos medios de conocimiento fueron acompa�ados por el juzgador con abundante prueba indiciaria.

En otra oportunidad esto Dijo la Corte: �El inciso segundo del art�culo 381 de la Ley 906 de 204 limita la eficacia probatoria de la prueba de referencia, pues proh�be condenar con fundamento exclusivamente en esta clase de prueba, siendo necesario, por tanto, para poder llegar a una decisi�n de condena, que existan otros medios de naturaleza distinta que la complementen, y que su valoraci�n conjunta permita llegar a la convicci�n racional de que el hecho delictivo ocurri� y que el procesado es responsable.

La prueba que sirve de complemento a la prueba de referencia no est� sujeta a condicionamientos especiales en cuanto a su naturaleza, raz�n por la que se ha entendido que respecto de ella opera el principio de libertad probatoria, pudiendo tratarse, en consecuencia, de cualquier medio de conocimiento, incluida la prueba indiciaria, como ya lo ha precisado la Sala en otras oportunidades, �La norma no tasa la clase de prueba que debe complementarla, como sucede en otras legislaciones, por lo que ha de entenderse que puede ser cualquier medio de prueba (testifical directa o indiciaria, por ejemplo), siempre y cuando sea de naturaleza distinta, y que el conjunto probatorio conduzca al conocimiento, m�s all� de toda duda razonable, de la existencia del delito y la responsabilidad del procesado� (CSJ SP, 6 de marzo de 2008, radicaci�n No.27477)�.

Tambi�n ha dicho la Corte que: �La prueba de referencia ostenta toda validez para ser apreciada por el juez como un elemento de conocimiento que debe ser tenido en cuenta en su valoraci�n conjunta del recaudo probatorio, con la limitaci�n impuesta por el inciso segundo del art�culo 381 de la Ley 906 de 2004, en el sentido de que "la sentencia condenatoria no podr� fundamentarse exclusivamente en pruebas de referencia".

Sin embargo, una lectura a la decisi�n impugnada permite identificar que fue el mismo fallador de segunda instancia quien precis� de manera expl�cita que las entrevistas del menor, incorporadas al procesado a trav�s de las profesiones que intervinieron en su valoraci�n psicol�gica, constitu�an pruebas de referencia y que en ellas no pod�a fundarse el fallo condenatorio, motivo por el cual razon� que, adem�s del conocimiento de las circunstancias del hecho, dimanante de la narraci�n del ni�o, exist�an hechos indicantes, demostrados en el juicio, fundantes de indicios de presencia y oportunidad, que a trav�s de inferencias racionales soportadas en reglas de la sana cr�tica, permitieron el certero establecimiento del hecho indicado, representado en la realizaci�n de la conducta lesiva a manos de la procesada�.

En consecuencia no nos hallamos ante el supuesto del inciso final del art�culo 381 del estatuto instrumental, pues la sentencia de condena emitida contra CG y JS no se basa exclusivamente en prueba de referencia, pues adicional a los testimonios de �VCM, Ana Milena Rosero, Andr�s L�pez y MECM, luego de un ejercicio racional se determin� que en su contra militan los indicios de m�vil, fuga, manifestaciones anteriores y posteriores al delito, presencia y oportunidad, para se�alarlos m�s all� de la duda razonable como coautores del homicidio de JAN.

Basten estos motivos para confirmar la sentencia recurrida. III. LA DECISI�N Por lo expresado, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, Resuelve: 1�. Confirmar la sentencia de 19 de mayo de 2015, proferida por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Samaniego (N). 2� Esta providencia se notifica en estrados y se hace saber que en su contra procede el recurso extraordinario de casaci�n. Notif�quese y c�mplase, JOS� AN�BAL MEJ�A CAMACHO Magistrado Ponente FRANCO SOLARTE PORTILLA Magistrado BLANCA ARELLANO MORENO Magistrada Juan Carlos �lvarez L�pez Secretario  Audiencia de lectura de fallo, record: 58:25  Audiencia de Lectura de Fallo (19 de Mayo de 2015, 11:00 am), record: 1:22:44  Carpeta de Pruebas  Art. 379.

C�digo de Procedimiento Penal. Ley 906 de 2004.  Del C�digo de Procedimiento Penal. Ley 906 de 2004.  Sentencia 6 de marzo de 2008, radicaci�n 27477.  Aud. Juicio Oral. 16 octubre de 2014. Corte 0. Record 50:15 y ss.  Sentencia Corte Suprema de Justicia � Sala de casaci�n penal de 27 de noviembre de 1981  Aud. Juicio Oral. 05 de Octubre de 2014.

Corte 1. Record 21:50:00  Aud. Juicio Oral. 05 de Octubre de 2014. Corte 1. Record 37:03  Aud. Juicio Oral. 05 de Octubre de 2014. Corte 1. Record 01:10:00  Aud. Juicio Oral. 05 de Octubre de 2014. Corte 1. Record 02:12:30  CSJ, SP 28 sep. 2016. Rad. 47553.  CSJ SP, 4 May. 2016. Rad. 41667.  CSJ SP, 17 Jun. 2015. Rad. 41377.     Proceso N�: 5267860005312012800721-01 No. Interno: 9488 Conducta Punible: Homicidio Agravado, Porte Ilegal de Armas de fuego de defensa personal Acusados: Carlos Geovany C�rdoba C�rdoba, Jos� Sebasti�n Andrade Guerrero PAGE  P�gina PAGE 20 de 41 01^kqtu~������), 0 8 ���ǼǮՠ��ym��_O�B8hr�@�CJaJh�>h�st@�CJaJ h�>h�st5�@�CJ]�aJh�>h�st@�CJ]�aJh86�hQu5�CJaJh86�h.AJ5�@�CJaJh86�5�@�CJaJh86�h�Z5�@�CJaJh86�h�st5�@�CJaJh86�h.AJ5�CJ\�aJh86�5�CJ\�aJh86�h,X5�CJ\�aJh86�h,X5�@�CJaJh�>h�Z5�@�CJaJh�>h�st5�@�CJaJ� � " #:; h�R�CJ\�aJh�>h�o�CJ\�aJh�>hp�CJ\�aJh�>h ga@�CJaJh�:@�CJaJh�>h�GJ@�CJaJh�>h�?.@�CJaJh�>h� �@�CJaJh�>h�st@�CJaJh�>h�;CJ\�aJh�>h]�CJ\�aJh�>hQG�CJ\�aJh�>h�/�CJ\�aJh�>h��CJ\�aJ 9: � � � � " #:; h�>CJ\�aJh�>hCCJ\�aJ h�>h-�CJaJnH $tH $ h�>h�R�CJaJnH $tH $� � � � � � � �   ! 6; p q r s t u v w � � � � � � � � � � � � � � � ����Ĺ��Ϲ�墔�������{p�p���h�]�]hh^@�h�7ZCJaJh9^1CJaJh^@�h�>�CJaJh^@�hgE�CJaJh^@�h2" 5�CJ\�aJh^@�h�'15�CJ\�aJh^@�h�'1CJ\�aJh^@�h  CJ \�aJ h{ �CJ aJ h^@�he=CJ aJ h^@�hMbCJ aJ h^@�h.CJ aJ '~��morsty{|}�����ms�����������Ծ߲����uju_T_H_=h^@�hS~�CJ aJ h^@�h�6�CJ aJ h^@�h�^^CJ aJ h^@�h�CJ aJ h^@�hb$CJ aJ h^@�h�,�CJ aJ h^@�hs0CJ aJ h^@�h�V�CJ aJ h^@�h�V�5�CJ \�aJ h^@�hgUr5�CJ \�aJ h^@�h.:�CJ aJ h^@�h�[�CJaJ h^@�h.CJaJ h^@�h�CpCJaJ h^@�h�CpCJ aJ h^@�he=CJ aJ h^@�h.CJ aJ ��������  *RS^t}�������������$4=?kmr���������������������������ɾ������ɨ�����ɒɇꝇꇾ�|�h^@�h�;�CJ aJ h^@�hv~CJ aJ h^@�hS~�CJ aJ h^@�h?v%CJ aJ h^@�h,]�CJ aJ h^@�h�,�CJ aJ h^@�h` CJ aJ h^@�h�O CJ aJ h^@�h�BCJ aJ h^@�h�r�CJ aJ h^@�h}�CJ aJ h^@�h�CJ aJ 0������  !"-1BCEVqrsu����������������ԽԲ�ԽԲԽߧ���ԧԑ�xj\jQh^@�h�V�CJ aJ h^@�h��5�CJ \�aJ h^@�h�V�5�CJ \�aJ h^@�hPj5�CJ \�aJ h^@�h{*CJ aJ h^@�h�O CJ aJ h^@�h�AdCJ aJ h^@�h` CJ aJ h^@�h,]�CJ aJ h^@�h?v%CJ aJ h^@�h�6�CJ aJ h^@�h�CJ aJ h^@�h}�CJ aJ h^@�hv~CJ aJ h^@�h�;�CJ aJ �&>?@An������    #.defmy������>?@AD������ɾɳ��ɝɒ������|�|�|�|q�|fh^@�h. 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