Micelio

AUTO — Tribunal Superior de Pasto

Radicado: 2016-00194 NI – 19664

Sala: PENAL

Ponente: Franco Solarte Portilla

Fecha: 2017-05-23

Sujetos procesales: ACUSADO: GSJ

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Adem�s para que resulte legal la suscripci�n del acuerdo, es necesario que se cumpla con el requisito de efectuar el reintegro pecuniario, al menos en un 50 % y se asegure el recaudo del remanente, en aquellos delitos que llevan inmersos el provecho econ�mico, sin que pueda predicarse que la ley solo se refiere a los punibles atentatorios del bien jur�dico del patrimonio econ�mico, por cuanto con la comisi�n de cualquier delito puede el sujeto activo lograr indebido incremento patrimonial. / Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto Sala de Decisi�n Penal Magistrado Ponente: Franco Solarte Portilla Asunto: Apelaci�n auto que improb� un preacuerdo Delito: obtenci�n de documento p�bico falso y otros Acusado: GSJ Radicaci�n: 2016-00194 NI - 19664 Aprobaci�n: Acta N�2017-087 (mayo 9 de 2017) San Juan de Pasto, mayo veintitr�s de dos mil diecisiete Vistos Se ocupa el Tribunal de resolver el recurso de apelaci�n interpuesto y sustentado por la delegada de la Fiscal�a, contra el auto proferido el 21 de noviembre de 2016, por medio del cual la titular del Juzgado Tercero Penal del Circuito de Pasto improb� el preacuerdo suscrito entre las partes, dentro del juicio adelantado en contra de la ciudadana GSJ, por la comisi�n de los delitos de obtenci�n de documento p�blico falso, uso de documento p�blico falso y fraude procesal.

Los hechos Por informaci�n claramente suministrada por la Fiscal�a se conoce que el se�or JAB, siendo propietario leg�timo de un lote de terreno distinguido con el n�mero 4 de la Urbanizaci�n Las Margaritas, IV etapa, el d�a 2 de marzo de 2014 fue sorprendido con el descubrimiento de la instalaci�n de una valla en el aludido inmueble, en la que la Curadur�a Segunda Urbana de Pasto daba a saber de la tramitaci�n de una licencia de construcci�n a nombre de la se�ora MCTD.

Tras la realizaci�n de sus propias averiguaciones, el referido ciudadano pudo develar que una persona asumi� su identidad y celebr� escritura p�blica n�mero 3192 del 10 de septiembre de 2013 en la Notar�a Tercera del C�rculo de Pasto, acto en el cual GSJ era la compradora y que �sta a su vez vendiera el predio a MCTD, por el mismo valor en que fue acordada la inicial transacci�n, esto es, $40.500.000.

La investigaci�n adelantada por la Fiscal�a decant� que, en efecto, el se�or JAB fue suplantado en su identidad, pero que quien ahora funge como acusada en este asunto s� intervino personalmente en la celebraci�n de la cuestionada escritura p�blica. Resumen de la actuaci�n cumplida El 4 de febrero de 2016 en el Juzgado Primero Penal Municipal ambulante con funciones de control de garant�as de Pasto, se llev� a cabo audiencia de legalizaci�n de la captura previamente librada en contra de GSJ.

En la misma fecha la Fiscal�a le imput� a la mencionada la comisi�n como coautora del delito de obtenci�n de documento p�blico falso en concurso homog�neo, fraude procesal y uso de documento p�blico falso, con la agravante prevista en el art�culo 58 numeral 10 del C�digo Penal. La imputada fue cobijada luego con medida de aseguramiento de detenci�n preventiva en establecimiento carcelario.

Previa radicaci�n del escrito de acusaci�n, el Juzgado Tercero Penal del circuito de Pasto dispuso la audiencia del mismo nombre que tuvo lugar el 11 de julio del a�o pr�ximo pasado. El 9 de agosto de la misma anualidad la representante del ente investigador alleg� a la Judicatura un acta de preacuerdo, cuyo contenido revela, en lo que importa, la admisi�n de responsabilidad penal por parte de la procesada en los delitos de �obtenci�n de documento p�blico falso en concurso homog�neo, uso de documento p�blico falso, fraude procesal en concurso homog�neo y concierto para delinquir, realizados en concurso homog�neo, conductas cometidas en coautor�a y bajo modalidad dolosa�.

La se�ora Fiscal, ya en la audiencia de verificaci�n de legalidad del convenio celebrada el 11 de agosto de 2016, enfatiz� en que debido a la efectiva colaboraci�n prestada por la se�ora J pudo descubrir la existencia de una banda criminal, lo que la condujo, primero, a adicionar a la imputaci�n jur�dica otrora hecha, la comisi�n del punible de concierto para delinquir y retirar la agravante del numeral 10 del art�culo 58 Sustancial; y, segundo, favorecer a la acusada con el �nico ofrecimiento de los lenitivos de pena previstos en el art�culo 56 ib�dem, relacionado con las circunstancias de marginalidad y pobreza extrema.

Enfatiz� en que la se�ora TD omiti� su deber de presentar querella por ser v�ctima del delito de estafa, raz�n que explica porqu� la acusaci�n no incluye el espec�fico cargo por la comisi�n de ese reato contra el patrimonio econ�mico. Expl�citamente se dijo que en manos de la Judicatura quedaba lo atinente a la dosificaci�n e imposici�n final de la pena as� como la posible concesi�n de alg�n subrogado o sustituto de la sanci�n en intramuros.

El se�or Juez Tercero Penal del Circuito de ese entonces procedi� a indagar a la procesada si se ratifica en el contenido del pacto, que si la aceptaci�n de responsabilidad es libre, voluntaria y asesorada, ante lo cual aquella asinti�, pero adem�s le advirti� plenamente el Juzgador acerca de las consecuencias derivadas de la renuncia a asumir un juicio p�blico, contradictorio y concentrado, que su decisi�n ser� irrevocable y que la sentencia que ha de venir ser� irremisiblemente de condena.

Al traslado, el se�or defensor se limit� a decir que coadyuvaba la exposici�n hecha por la Fiscal�a; mientras que el se�or representante de v�ctimas se opuso a la aprobaci�n del preacuerdo, sustentando en lo esencial que: i) a pesar de haber sido �l judicialmente reconocido como representante de la se�ora MCTD, no fue convocado a las conversaciones que dieron paso a celebrar el acuerdo en cuesti�n; y, ii) que no se ha dado cumplimiento a la condici�n prevista en el art�culo 349 del C�digo de Procedimiento Penal, seg�n el cual la procedencia de esta clase de convenios est� supeditada a que se haya realizado previamente la devoluci�n de por lo menos de 50% del valor objeto de defraudaci�n para la v�ctima.

El se�or Juez de conocimiento difiri� la decisi�n para ocasi�n ulterior, pero la providencia la dict� el 21 de noviembre la nueva funcionaria que avoc� la regencia del Juzgado Tercero Penal del Circuito de Pasto. La providencia impugnada Contiene inicialmente un recuento de lo expuesto por los sujetos procesales en audiencia, remarcando de entrada la Juez que la se�ora MCT fue legalmente reconocida como v�ctima atendiendo las voces del art�culo 132 del C�digo de Procedimiento Penal, en tanto que �al parecer sufri� da�o con los hechos que dieron g�nesis al presente asunto�, sin que sea de recibo alegar que para adquirir esa condici�n sea exigible que la aludida haya presentado la querella tras resultar perjudicada por la perpetraci�n de un delito contra el patrimonio econ�mico, como lo sugiri� la delegada de la Fiscal�a. Con citas de la jurisprudencia concibi� indiscutible la calidad de v�ctima de la mentada se�ora T, tal como fue reconocido en la audiencia de formulaci�n de imputaci�n. Apunt� que la misi�n del juez en un sistema de juzgamiento como el nuestro no se agota con preservar las garant�as que son anejas al procesado, sino que se extiende a los dem�s intervinientes del proceso penal, para el caso los que pertenecen a las v�ctimas, sin que constituya �bice el hecho de que ellas carezcan del poder de veto en los precisos casos de la celebraci�n de preacuerdos entre las partes; no por causa distinta es que la jurisprudencia constitucional obliga a la Fiscal�a a convocar sin excusa a los perjudicados de un delito para que �stos tengan la oportunidad �de conocer los t�rminos del acuerdo�, del mismo modo como lo ha entendido el Tribunal de Pasto, en providencias cuyos radicados refiri�.

Dicho lo anterior, la Juez de conocimiento otorg� cr�dito a lo manifestado por el abogado que representa los intereses judiciales de MCT como v�ctima, profesional del derecho que asever� no haber sido invitado a participar de los t�rminos de la negociaci�n que las partes sostuvieron para la suscripci�n del preacuerdo que nos concita, actitud que extra�a por parad�jica, en tanto la aludida omisi�n sucedi� pese a que con antelaci�n la se�ora Fiscal de todas maneras hab�a dado la orden de que sean entregados al abogado de la ofendida los elementos materiales probatorios que sustentan la acusaci�n. Adicional al hecho de que el representante judicial de la v�ctima en menci�n no particip� en el tr�mite del pacto, porque no fue llamado, pese a que su calidad surge indubitable por haber sido reconocido como tal en audiencia de acusaci�n, surge para la A quo una raz�n adicional que impide aprobar el preacuerdo en cuesti�n, cual es que tambi�n ha sido probado con suficiencia que la se�ora TD sufri� en este caso desmedro econ�mico, situaci�n que de suyo lleva a exigir el cumplimiento del requisito previsto en el art�culo 349 del C�digo de Procedimiento Penal, que supedita la legalidad de los acuerdos a que el sujeto activo de la conducta punible proceda a la devoluci�n de lo il�citamente apropiado, en por lo menos el 50%, condici�n �sta que no est� dada con exclusividad para los delitos contra el patrimonio econ�mico, seg�n fue expuesto en sentencia C-059 de 2010.

Con esos argumentos la se�ora Juez de primera instancia decidi� improbar el preacuerdo puesto a su consideraci�n, con fundamento en que con esa decisi�n se procura por la garant�a de los derechos fundamentales de las v�ctimas en esta ocasi�n vulnerados. La decisi�n fue apelada solamente por la delegada de la Fiscal�a, pero la defensa anticip� que coadyuvar�a la postura del ente instructor.

La impugnaci�n La se�ora Fiscal Sexta delegada para este asunto comenz� por advertir que la decisi�n del Juzgado, as� como est� concebida, constituye �un escollo insalvable� para darle cumplimiento, por cuanto, dej� ver, lo impide el texto de los art�culos 70 y 71 del C�digo de Procedimiento Penal, que indican en qu� casos se hace indefectible el requisito de la querella y qui�n es el querellante leg�timo.

Conectada esa premisa con el caso, trasunta en el hecho de que MCT no cumpli� con esa obligaci�n, si acaso se sinti� perjudicada con los hechos investigados, como as� lo dej� aquella funcionaria sentado en la audiencia en que, de todos modos, fue dicha ciudadana reconocida como v�ctima. Reproch� c�mo la mencionada se�ora, aunque ya ten�a conocimiento de las irregularidades cometidas en el curso de estos sucesos, decidi� vender el inmueble en cuesti�n, lo que determin� la compulsa de copias para que sea asimismo penalmente investigada.

Apunt� que �entonces, esa fue la raz�n por la cual la Fiscal�a la incluy� a dicha ciudadana para que compareciera ante el Juez de conocimiento�. Sostuvo que comoquiera el valor de lo entregado por la se�ora TD asciende a la suma de $40.000.000, tal cifra no supera los 150 salarios m�nimos legales mensuales vigentes, la investigaci�n respecto a esa defraudaci�n no puede iniciarse de oficio �y esa fue la raz�n por la cual la Fiscal�a no imput� a la se�ora presente la comisi�n del delito de estafa, porque no contaba con el requisito legal establecido en el C�digo de Procedimiento Penal�, e incluso ya no habr�a lugar a correcci�n alguna, en tanto desde la fecha de los hechos hasta el d�a de la audiencia ya hab�an transcurrido m�s de los 6 meses que hace posible la querella, no presentada por voluntad privativa de la perjudicada.

En otros apartes de su intervenci�n, la hoy recurrente recab� en que le resulta procesalmente imposible �cumplir con el requisito de que a la se�ora se le haga la reparaci�n, porque no cuenta con el requisito sine qua non que le hubiera permitido imputar el delito de estafa�, porque en su juicio, ello implicar�a hacer m�s gravosa la situaci�n de la acusada, lo que se ver�a reflejado en la necesidad de variar los t�rminos del preacuerdo, consistente en adicionar a los delitos ya imputados, el de estafa, lo que luce improbable hacer merced a la inexistencia de la querella de parte, aseverando expl�citamente que �la imputaci�n de ese delito s� debe ser presupuesto para hacerle exigible a la se�ora SJ la reparaci�n�.

Cerr� su intervenci�n solicitando la revocatoria de la providencia impugnada y de tal modo �no se exija ni la comunicaci�n al representante de la se�ora MCT por no haber formulado la querella, no va a tener, no tiene ya la calidad de v�ctima en el delito de estafa, que es el delito que la afecta a ella, por tratarse del patrimonio y en consecuencia se apruebe el preacuerdo�.

Aunque subsidiariamente plante� que en el evento en que se insista en que se hac�a imperativa la citaci�n a la v�ctima, dado que el Juzgado ya reconoci� tal calidad, si disponga subsanar tal omisi�n, pero en todo caso no demandar reparaci�n econ�mica alguna a la procesada. Concedido al traslado el uso de la palabra al se�or representante de la v�ctima, se refiri� con alguna extensi�n a los derechos de los perjudicados, los cuales no solamente han sido reconocidos por el ordenamiento jur�dico colombiano, sino que ha constituido tema tratado por el derecho internacional, normativas que enunci�.

Con ese pre�mbulo evoc� el contenido del art�culo 132 de la Ley 906 de 2004, de conformidad con el cual se extrae que el �nico presupuesto exigido para considerar a una persona v�ctima de un delito, es la verificaci�n del da�o causado, el que en este caso refulge evidente, como que es el relato f�ctico hecho por la propia Fiscal�a el que informa sobre el pago que enga�ada hizo MCT por la compra espuria del terreno en cuesti�n. Por ello, cuestion� el abogado que ahora la representante de la Fiscal�a pretenda desconocer el reconocimiento que el Juzgado en la audiencia de acusaci�n hizo de la calidad de v�ctima de la mentada se�ora, cuanto m�s que con tal actitud se est� vulnerando el principio procesal de preclusividad.

Desde otro �ngulo, critic� que se pretenda supeditar la condici�n de v�ctima a la presentaci�n de la denuncia por parte de quien recibi� el agravio, siendo que, como ha acontecido en este proceso, existe una noticia criminal que a la postre activ� el aparato judicial Agreg� que aprobar un preacuerdo en las condiciones propuestas, es tanto como dejar en el desamparo a quien ha recibido un real y material menoscabo econ�mico, seg�n la prueba del ente investigador lo ha revelado, haciendo ver como inanes los esfuerzos efectuados tanto por la jurisprudencia nacional como for�nea, destinados al amparo de las v�ctimas de delitos.

Advirti� entonces que, as� como fue admitido sin ambages por la se�ora Fiscal, no fue �l convocado a participar de los t�rminos del ahora discutido convenio, actitud omitida que no se contrapone con la potestad que tiene el �rgano persecutor para la celebraci�n de esta clase de actos, porque lo que se trata es de poner condicionamientos de orden material para evitar injusticias en esta forma de terminaci�n consensuada de los procesos penales, como lo es, precisamente, la reparaci�n, as� sea parcial, del indebido provecho econ�mico logrado con la ilicitud.

Previo a informar que su mandante hizo devoluci�n oportuna de los dineros recibidos, en cuant�a de $50.000.000, por la venta que en efecto hizo del inmueble a un tercero, el abogado que representa los intereses judiciales de la se�ora MCT, reconocida como v�ctima, pidi� del Tribunal confirmar la providencia impugnada. En su turno, el defensor de la acusada se limit� a decir que el preacuerdo hoy en censura cumple con los fines previstos en el art�culo 348 del C�digo de Procedimiento Penal, en especial en lo que a la b�squeda de humanizar la actuaci�n ata�e, que se ve reflejado en el caso frente a las condiciones en que vive su prohijada, esto es, mujer humilde, que destina su mejor tiempo al trabajo duro de vender frutas en el mercado, amen que fue utilizada como un �conejillo de indias� en el contexto de una organizaci�n criminal, respecto de la cual aquella ha prometido colaboraci�n para desmantelar.

Por ello, anunci� coadyuvar los argumentos expuestos y la petici�n elevada por la delegada de la Fiscal�a. Consideraciones de la Corporaci�n Sea lo primero mencionar, que de conformidad con lo dispuesto en el numeral 1� del art�culo 34 de la Ley 906 de 2004, este Tribunal es competente para decidir de la alzada ahora propuesta, habida cuenta que la decisi�n objeto de inconformidad fue proferida dentro del tr�mite adelantado en un juzgado penal del circuito, perteneciente al Distrito Judicial de Pasto.

El problema a desatar radica en verificar si fue jur�dicamente correcta la decisi�n de la Juez de conocimiento en este asunto, quien improb� el preacuerdo presentado a su consideraci�n por las partes. Para lograr ese cometido y dadas las particularidades del caso, deber� la Sala adentrarse en el examen de los derechos que las v�ctimas tienen en el decurso de las actuaciones penales y en especial la potestad a intervenir en el tr�mite de los preacuerdos, de un lado, y de otro, establecer si era exigible para este caso el cumplimiento de la disposici�n contenida en el art�culo 349 del C�digo de Procedimiento Penal como presupuesto para reputar legal el pretendido convenio.

Ya en esa labor, necesario resulta partir del an�lisis del papel de la v�ctima al interior del sistema penal acusatorio, para lo cual habr� que decirse que en el esp�ritu del legislador se ha visto palpable la intenci�n de reivindicar el papel din�mico del afectado con la conducta punible, situaci�n �sta que ha tenido un mayor reflejo en la jurisprudencia nacional y en particular la emitida por la Corte Constitucional, que ha establecido toda una l�nea que consolida las prerrogativas que los ofendidos ostentan, delineando as� los alcances y fijando l�mites a su intervenci�n, dependiendo de las diversas etapas de la actuaci�n penal. Es as� como a partir de la idea de que la v�ctima no solamente invoca intereses econ�micos en el resultado de un proceso, sino que su participaci�n est� directamente en reclamo de verdad y justicia, es que se ha establecido su papel activo en el decurso procesal, pudiendo as� actuar desde la misma etapa preliminar de indagaci�n, denunciando el hecho, aportando pruebas y solicitando medidas efectivas de protecci�n.

Se ha establecido adem�s que su participaci�n puede ser de forma personal o a trav�s de apoderado, pudiendo intervenir de manera activa y proactiva en las audiencias preliminares e incluso encontr�ndose revestida del poder para solicitar medidas de aseguramiento, all� donde el delegado de la Fiscal�a no lo haga y vea posible su procedencia.

Ahora bien, en el juicio, eso s� ya asistida con abogado, tiene la potestad de participar en el proceso de producci�n probatoria y aunque le est� vedado actuar en su pr�ctica en la forma como lo hacen las partes, s� puede pedir que se decrete la recepci�n de pruebas, y desde luego debe ser llamada para participar del tr�mite de los preacuerdos celebrados entre la Fiscal�a y el acusado.

Adem�s, est� leg�timamente habilitada para la interposici�n de los recursos, en algunos casos esta �ltima facultad no la poseen ni el defensor ni el representante del Ministerio P�blico, como sucede justo respecto al auto que decide la preclusi�n de la investigaci�n. La naturaleza de la contenci�n puesta ahora en manos del Tribunal exige un an�lisis sobre la participaci�n de las v�ctimas en las controversias que desembocan en la suscripci�n de preacuerdos, teniendo siempre como norte que tales pactos y negocios jur�dicos, al interior de nuestro sistema, exigen el sometimiento al principio de legalidad y el respeto de los derechos fundamentales de los involucrados en la actuaci�n. Para ello, inexorable resulta remitirse a la sentencia C-516 de 2007, que en examen de constitucionalidad de distintas normas contenidas en la Ley 906 de 2004 y sobre el preciso rol de los perjudicados en materia de preacuerdos, declar� la exequibilidad condicionada de los art�culos 348, 350, 351 y 352 de la Ley 906 de 2004 ��en el entendido que la v�ctima tambi�n podr� intervenir en la celebraci�n de acuerdos y preacuerdos entre la Fiscal�a y el imputado o acusado, para lo cual deber� ser o�da e informada de su celebraci�n por el fiscal y el juez encargado de aprobar el preacuerdo.� As�, aunque del texto literal de tal pronunciamiento podr�a pensarse que la intervenci�n de la v�ctima en la celebraci�n de preacuerdos es apenas una potestad de la cual se puede hacer uso o no, esto es, para el propio afectado, no as� para el ente acusador y el juzgador, pues s� se impone como un deber el que pueda ser o�da y enterada de la celebraci�n de los mismos y de su verificaci�n ante el funcionario judicial, lo que implica la obligaci�n de poner en su conocimiento la realizaci�n de esas actuaciones.

Tal conclusi�n f�cilmente puede extractarse de la ratio decidendi del fallo en menci�n, que por su importancia, merece ser destacado en su tenor expreso, as�: ��Finalmente la titularidad del derecho de participaci�n en las decisiones que los afectan reposa tanto en el imputado o acusado como en la v�ctima o perjudicado. Si bien la v�ctima no cuenta con un poder de veto de los preacuerdos celebrado (sic) entre la Fiscal�a y el imputado, debe ser o�da (Art. 11.d) por el Fiscal y por el juez que controla la legalidad del acuerdo.

Ello con el prop�sito de lograr una mejor aproximaci�n a los hechos, a sus circunstancias y a la magnitud del agravio, que permita incorporar en el acuerdo, en cuanto sea posible, el inter�s manifestado por la v�ctima. Celebrado el acuerdo, la v�ctima debe ser informada del mismo a fin de que pueda estructurar una intervenci�n ante el juez de conocimiento cuando el preacuerdo sea sometido a su aprobaci�n. En la valoraci�n del acuerdo con miras a su aprobaci�n, el juez velar� por que el mismo no desconozca o quebrante garant�as fundamentales tanto del imputado o acusado como de la v�ctima.� (Subrayas ajenas al texto original).

No sobra advertir acerca de la obligatoriedad de los precedentes constitucionales, y en especial de las sentencias de constitucionalidad, pues por su examen de concordancia con el ordenamiento superior, obligan a las autoridades administrativas y judiciales a su acatamiento en pro de la garant�a de la jerarqu�a m�xima de la Constituci�n Pol�tica y del derecho a la igualdad, por manera que sin la posibilidad de realizar una interpretaci�n divergente, v�lidamente puede colegirse que es obligaci�n del ente acusador y del juez de conocimiento velar por el deber de comunicaci�n a las v�ctimas de este tipo de negociaciones.

As� las cosas, de lo expuesto se advierte que el acceso a un recurso judicial efectivo al que tienen derecho las v�ctimas exige la perentoriedad de la informaci�n de la celebraci�n del preacuerdo por parte del fiscal, as� como de la audiencia para su verificaci�n en cabeza del funcionario judicial, eso s�, sin que sea una exigencia su comparecencia, pues de su conocimiento de la realizaci�n de tales actos, f�cilmente puede colegirse su inter�s o no en una intervenci�n efectiva en la actuaci�n. Pues bien, no existen constancias procesales de que tales inexcusables deberes hayan sido aqu� acatados, pero es lo m�s, que tal omisi�n no responde a la posibilidad de un descuido o un olvido, sino a una decisi�n deliberada por parte de la se�ora Fiscal, como ella as� sin ambages lo reconoci� en sus intervenciones, enarbolando razones que desde ya la Sala califica de inaceptables.

En efecto, la afirmaci�n seg�n la cual la delegada no convoc� a la celebraci�n del preacuerdo al representante judicial de MCT, �por no haber formulado la querella, no va a tener, no tiene ya la calidad de v�ctima en el delito de estafa, que es el delito que la afecta a ella�, podr�a tener una respuesta lac�nica pero dotada de contundencia para rebatir lo afirmado, con la sola manifestaci�n de que existe providencia judicial en firme que reconoci� a la mencionada se�ora como v�ctima, previa convocatoria que a �sta hiciera la Judicatura para que asista a la audiencia de formulaci�n de acusaci�n, parad�jicamente a instancia de la Fiscal�a que as� lo implor� y que por eso mismo, en actitud para ese entonces coherente, no present� oposici�n alguna cuando el reconocimiento ahora soslayado se hizo.

Pero adem�s, no resulta jur�dicamente acertado condicionar la calidad de perjudicado de una conducta punible a la presentaci�n de una querella, pues al margen de considerar que el delito de estafa sufrido por la se�ora TD no fue aqu� imputado por falta de aquel requisito de procedibilidad, es lo cierto que junto con ese reato se cometieron otros, como los de obtenci�n y uso de documento p�blico falso, y ahora otro m�s definido por el ente instructor, cual es el de concierto para delinquir, perpetrados todos con unidad de designio �de ah� la deducci�n jur�dica del concurso-, una direcci�n final�stica encarrilada a esquilmar las arcas econ�micas de ingenuas personas que pagaron jugosas sumas de dinero por la ilusi�n de hacerse a un bien inmueble, creyendo con buena fe en la legalidad de unos documentos que en realidad eran espurios.

Lo cierto de todo es que la Fiscal�a activ� la acci�n penal tras adelantar su investigaci�n que la condujo a inferir la comisi�n de unos injustos de conocimiento oficioso, que existe por ello ahora un proceso judicial en curso y que respecto de esas ilicitudes fue la se�ora MCT legalmente reconocida como v�ctima y al abogado como su representante, por lo que se hac�a imperioso entonces su convocatoria a participar en las conversaciones tendientes a la suscripci�n del hoy cuestionado preacuerdo, como presupuesto ello que lo dote de legalidad.

Si no se hizo as�, refulge entonces jur�dicamente correcta la decisi�n que improb� en primera instancia el aludido pacto. Justamente los mismos argumentos acabados de exponer sirven para rebatir la segunda causa defendida por la apelante, para omitir cumplir con lo dispuesto en el art�culo 349 de la Ley 906 de 2004, que condiciona la procedencia de los preacuerdos, as�: �Improcedencia de acuerdos y negociaciones con el imputado o acusado.

En los delitos en los cuales el sujeto activo de la conducta punible hubiese obtenido incremento patrimonial fruto del mismo, no se podr� celebrar el acuerdo con la fiscal�a hasta tanto se reintegre, por lo menos, el cincuenta por ciento del valor equivalente al incremento percibido y se asegure el recaudo del remanente�. El equ�voco conceptual radica en que la representante del ente persecutor, con una intelecci�n francamente selectiva, hay que decirlo as�, interpreta que el condicionamiento de la referida norma procesal opera solamente cuando se hable de delitos atentatorios del bien jur�dico del patrimonio econ�mico, d�ndole de ese modo un alcance a la susodicha disposici�n legal distinto al que emerge de su claro contenido.

Su letra no deja lugar a dubitaciones cuando de manera categ�rica exige que el reintegro parcial y la garant�a del pago del remanente es condici�n de procedencia para la suscripci�n de los preacuerdos. Por lo dem�s, no se ve ni siquiera atisbos de razones indicadoras de que tal demanda deba circunscribirse solo a los punibles que atentan el patrimonio econ�mico.

Es que esta misma l�nea de pensamiento ya ha sido tratada por el Tribunal, casualmente en un asunto donde examin� la misma postura hoy asumida por la se�ora Fiscal en la presente actuaci�n. Otrora, esto dijo la Corporaci�n: �Dicha disposici�n contiene un innegable sentido protector de los derechos de las v�ctimas, pero fundamentalmente de aquel que dice relaci�n con la reparaci�n. Que el cumplimiento de la devoluci�n de lo indebidamente apropiado con el delito se erija como una condici�n indefectible para la validez de un preacuerdo, es aserto que en este asunto nadie lo ha puesto en duda, lo cual se extrae de las diferentes exposiciones realizadas por las partes e intervinientes e incluso por la Juez en sus decisiones, cuando sin reticencia se habla de estar en presencia de un �requisito de procedibilidad�.

Es m�s, lo que de forma expl�cita ha sido admitido es que precisamente por conocer de esa limitante legal la Fiscal�a decidi� sustraer del contenido del cuestionado pacto el delito de estafa, bajo la errada convicci�n de estar con ello facultada con legitimidad para la celebraci�n del preacuerdo, como si el contenido y teleolog�a de la norma del art�culo 349 citado estuviesen sustentados en un fundamento restringido a los punibles atentatorios del bien jur�dico del patrimonio econ�mico, siendo que, por el contrario, lo que verdaderamente trasciende es que al margen del juicio de tipicidad que quepa, con cualquier conducta considerada delictuosa puede el sujeto activo lograr indebido incremento patrimonial, el cual debe ser reintegrado al menos en un 50 % a la hora de la suscripci�n de un preacuerdo, pero garantiz�ndose de alguna manera adem�s el remanente.

Tal postura, debe decirse, no es original de esta Corporaci�n. En similares t�rminos se pronunci� la honorable Corte Suprema de Justicia, en providencia de connotada utilidad para la resoluci�n de este caso, as�: �Sobre la prohibici�n as� consagrada, la Sala tiene dicho que el reintegro pecuniario, condicionante de la validez del preacuerdo, �constituye un acto de obligatorio cumplimiento para aquellos delitos que llevan inmersos el provecho econ�mico, en tanto que, de acuerdo con la inteligencia de la norma, permite concluir que el pluricitado reintegro, as� como tambi�n el asegurar el recaudo del remanente, constituye un acto de procedibilidad para perfeccionar el preacuerdo o la negociaci�n�.

Lo anterior encuentra fundamento en que, como as� lo ha ense�ado la jurisprudencia de la Corporaci�n, y aqu� lo reitera, �la noci�n de pronta y cumplida justicia, entonces, debe entenderse en la nueva sistem�tica de manera integral, es decir, no s�lo en la perspectiva de lograr una sentencia condenatoria r�pidamente a cambio de una ventaja punitiva para el procesado -que es lo que pasa en la sentencia anticipada-, sino adem�s en la necesidad de restablecer el equilibrio quebrantado con el delito, que es lo que finalmente soluciona el conflicto al verse la v�ctima compensada por la p�rdida sufrida�.

A partir de los razonamientos precedentes, la Corte puede anticipar su postura en el sentido de que la tesis que pregonan los apelantes no es de recibo, porque parte de un equ�voco evidente: que solamente las conductas punibles que en su descripci�n t�pica integran la consecuci�n o intenci�n de obtener un beneficio patrimonial son id�neas para generar incremento patrimonial en el sujeto activo.

Dicho de otra manera, no solamente los tipos penales que describen un inter�s patrimonial -ya sea que se concrete, o bien que solamente sea un fin ulterior del sujeto activo- son aptos para generar una ganancia patrimonial en el agente. Son los hechos objeto de investigaci�n los que, en �ltimas, permiten establecer si como consecuencia de la comisi�n de una o varias conductas punibles el actor obtuvo un incremento patrimonial.

(�) De suerte que afirmar ante ese conjunto de hechos que la concusi�n le gener� incremento patrimonial a la entonces fiscal delegada, pero esa misma aptitud no la tuvo la emisi�n de providencias abiertamente ilegales (constitutivas de prevaricato por acci�n), desconoce la realidad de los acontecimientos, pues lo cierto es que los pagos indebidos se hicieron no solamente gracias a la inducci�n o constre�imiento, sino con el claro prop�sito de obtener las determinaciones prevaricadoras, como en efecto se obtuvieron.

De acogerse el argumento propuesto por los recurrentes, habr�a de admitirse que solamente los comportamientos que atentan espec�ficamente contra el patrimonio econ�mico, o bien otros como el peculado, el cohecho o la concusi�n, son id�neos para generar un incremento patrimonial en el sujeto agente, toda vez que su descripci�n hace expresa alusi�n a la consecuci�n o intenci�n de obtener un beneficio.

(�) Por lo tanto, la Sala reitera que son los hechos del caso, y no las particulares descripciones t�picas de las conductas, los que han de tenerse en cuenta para determinar si la ejecuci�n de un delito genera o no incremento patrimonial en el sujeto activo�. Por manera que un pensamiento como el que ha guiado la actuaci�n de la Fiscal�a en este caso, avalado por la se�ora Juez de conocimiento, sustentado en que la sustracci�n del delito de estafa como tema de discusi�n en el preacuerdo viabiliza su celebraci�n, no solamente resulta abiertamente contrario a los postulados legales, sino que adem�s deja a los derechos de las v�ctimas en vilo, sin destacar que con esa actitud lo que se pretende es justamente saltar una condici�n normativa de validez procesal.

As�, seg�n la forma como ha estructurado su acusaci�n la Fiscal�a, deviene en incontrovertible que el grupo de personas, dentro del cual est� inmerso el acusado en este proceso, dirigi� su voluntad hacia la consecuci�n de favorecimiento econ�mico mediante enga�os, lo que en principio es constitutivo de la estafa, pero para lograrlo se valieron de otras acciones concomitantes t�picas de otros delitos, tales como el de concierto para delinquir, fraude procesal y uso de documentos falsos, comportamientos que avizorados en comisi�n concursante, causaron afrenta a las finanzas de los incautos perjudicados, sin que quepa pregonar, se itera, que a pesar de la innegable conexi�n ideol�gica que inspir� la ejecuci�n de todas las cuestionadas conductas punibles, solo una de ellas fue la que materializ� el desfalco�. Con estas consideraciones proceder� la Sala a confirmar la providencia recurrida.

Decisi�n En m�rito de lo expuesto, El Tribunal Superior del Distrito Judicial de Pasto, en Sala de Decisi�n Penal, Resuelve Confirmar la providencia impugnada. Por lo tanto, el asunto deber� ser remitido al Juzgado de origen para que se siga el tr�mite a que haya lugar. Se notifica en estrados y se hace saber que contra la misma no procede recurso alguno. C�piese y c�mplase, Franco Solarte Portilla Magistrado Blanca Lidia Arellano Moreno Silvio Castrill�n Paz Magistrada Magistrado Juan Carlos �lvarez L�pez Secretario  Ver entre muchas las sentencias y por su relevancia: C-209 de 2007, C-250 de 2011 y C-881 de 2011.  Art�culo 11 de la Ley 906 de 2004.  Ver entre otras sentencias C-775 de del 9 de septiembre de 2003 y C-591 de junio 9 de 2005.  T-293 de 2013.  CSJ AP, 6 marzo 2013, Rad. 40330.  CSJ SP, 19 oct 2011, Rad. 37449  Fueron demandadas ciertas expresiones del literal d y h del art�culo 11, del numeral 4 del art�culo 137 y de los art�culos 340, 348 y 350 del C�digo de Procedimiento Penal.  Art�culo 4 constitucional.  CSJ AP, 14 mayo 2009, Rad. 29473.  Ibid.  CSJ SP, 27 abril 2011, Rad.34829.  Providencia del 1� de septiembre de 2015, radicado n�mero interno 12329, con ponencia del Magistrado Franco Solarte Portilla.     Interlocutorio Segunda Instancia � SPA Radicaci�n: 2016-00194 N.I.19964 M.P. Franco Solarte Portilla PAGE  PAGE 17   m��������t  �  ) / 7 E F ] d v � � �����Ⱥ���ȟ���x��x�xnaTGh�)�h�c OJQJ^Jh�)�h��OJQJ^Jh�)�h�>OJQJ^JhJeOJQJ^Jh�)�h�+�OJQJ^Jh�)�hf( OJQJ^Jh�)�h�`OJQJ^Jh�)�h6hOJQJ^Jh�)�h�75�OJQJ^Jh�)�h'q|5�OJQJ^Jh�)�h'q|OJQJ^Jh�)�h�>5�OJQJ^Jh�)�h <�5�OJQJ^Jh�)�h6h5�OJQJ^Jhi�������Zw����  ������������������� $dha$gd&d$���<�^��`�<�a$gd&d$����^��`��a$gd&d$a$gd&dgd&d $dha$gd&d$a$gd+R$&d P�� a$gd bL� � � � � �    ! 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