Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2015-83565-01

Sala: SALA PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2017-09-15

Sujetos procesales: JESÚS DAVID SIERRA GÓMEZ NIÑA T.A.V.G

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H: 11:20 a.m. Manizales, quince (15) de septiembre de dos mil diecisiete (2017). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa en contra del fallo proferido el d�a 14 de diciembre de 2016 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Manizales, Caldas, a trav�s del cual se conden� al se�or JES�S DAVID SIERRA G�MEZ a la pena principal de 12 a�os de prisi�n, luego de ser hallado responsable del concurso homog�neo de Actos sexuales con menor de catorce a�os en concurso heterog�neo con el delito de Incesto que la Fiscal�a le endilg�.

HECHOS El se�or JES�S DAVID SIERRA G�MEZ fue criado por el �padre� que opt� por darle el apellido, alejado de su madre biol�gica que desarroll� su vida aparte. No obstante, pasado el tiempo el hijo busc� a su madre y comenz� a acerc�rsele, teniendo encuentros constantes en la residencia de ella. En tal residencia viv�a la mujer con otros dos hijos, un adolescente de g�nero masculino, y la ni�a T.A.V.G., �ltima que naci� el 2 de marzo de 2003 y que para tal momento de encuentro con su desconocido hermano ten�a aproximadamente 7 a�os de edad.

De este modo, �stos tambi�n comenzaron a compartir con el familiar reci�n conocido. Bajo tal escenario, de acuerdo a la acusaci�n, el se�or JES�S DAVID SIERRA aprovech� los momentos en que su madre sal�a a la puerta de la casa a vender obleas y su hermanito no se encontraba o estaba en su cuarto, para realizar tocamientos lascivos sobre las partes �ntimas de T.A.V.G., quien al guardar silencio sobre tales episodios fat�dicos qued� sometida a las afrentas sexuales hasta cuando tuvo aproximadamente 9 a�os que comenz� a oponerse a las insanas caricias.

ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. El se�or SIERRA G�MEZ fue citado ante la judicatura, siendo as� como el d�a 5 de febrero de 2016 se llev� a cabo ante el Juzgado S�ptimo Penal Municipal con funci�n de control de garant�as de Manizales, Caldas, la audiencia en la cual se le formul� imputaci�n por el delito de Actos sexuales con menor de catorce (14) a�os en concurso homog�neo y, adicionalmente, el delito de incesto.

El imputado no acept� cargos, luego de lo cual se culmin� la diligencia sin que se solicitara ni se impusiera medida de aseguramiento alguna. 3.2. Culminada la fase de investigaci�n y presentado el escrito de acusaci�n con el que se radic� la competencia en el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Manizales, el d�a 19 de mayo de 2016 se surti� la audiencia de formulaci�n oral de la acusaci�n, en la que al implicado se le atribuyeron de manera definitiva las conductas punibles contra la libertad, integridad y formaci�n sexuales, y contra la familia, atr�s referidas y enlistadas en los art�culos 209 y 237 del C�digo Penal.

Se ratific� que la primera lo era en concurso homog�neo. 3.3. Ya el d�a 3 de agosto del mismo 2016 se desarroll� la audiencia preparatoria, dentro de la cual se decretaron las pruebas a practicar e introducir en el juicio oral que se adelant� en dos sesiones que tuvieron lugar los d�as 19 y 20 de octubre de 2016, emiti�ndose al final un sentido del fallo condenatorio. LA SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA Superado el anterior discurrir procesal, a los 14 d�as del mes de diciembre del a�o 2016, se profiri� el fallo anunciado con el cual al procesado se le impuso una pena principal de 12 a�os de prisi�n (9 a�os por el delito base m�s 2 a�os por el concurso homog�neo y 1 a�o adicional en raz�n al incesto), sin concesi�n de subrogado o sustituto punitivo alguno por expresa prohibici�n legal contenida en la Ley 1098 de 2006.

Para arribar a tal conclusi�n, el Juez comenz� haciendo alusi�n gen�rica a la naturaleza del delito sexual y los criterios de evaluaci�n de los testimonios de menores v�ctimas, para luego descender al caso en concreto a expresar que al confrontar los dichos de la menor en el juicio oral con relaci�n a sus manifestaciones anteriores no se encontraban contradicciones, como tampoco que se tratara de una historia fantaseada, sino de una realidad vivida por quien no presentaba deficiencias mentales y frente a la afrenta denot� recuerdos recurrentes y sentimientos de tristeza.

A continuaci�n expres� el Juzgador que por el tipo de delito no podr�a exigirse que hubiese m�s testigos que confirmaran de manera directa lo ocurrido, siendo suficiente lo atestiguado por la menor que acusaba al hermano con quien tuvo en principio buena relaci�n y a quien no ten�a necesidad de inculpar falsamente, haci�ndolo con total objetividad y sinceridad, atributos que coligi� no se perd�an por contingencias declarativas que no evidenciaban mendacidad y que pudieron deberse al hecho de solicit�rsele en tantas oportunidades repetir lo mismo, habiendo discordancias menores que no afectaban la convicci�n de su an�logo relato sobre unos hechos que estaba habilitada para evocar, persistiendo siempre en lugar de ocurrencia, tiempos, periodos de edad en que fue v�ctima, etc.

Tras lo anterior expres� el Juez que con la prueba de descargo era dable acoger que, en verdad, el procesado fue fruto tambi�n de un delito sexual en contra de la madre (aqu� denunciante), sin que ello justificara el actuar lascivo juzgado, como tampoco que hiciera aplicable una inimputabilidad, y menos que explicara que la acusaci�n fue una venganza de la madre de JES�S DAVID, quien tambi�n al declarar quiso plantear que su hermana sent�a celos por su acercamiento a la madre, lo cual se concluy� qued� hu�rfano de sustento probatorio, siendo el �nico motivo de resquemor los hechos denunciados.

Finalizando los considerandos, el Juzgador neg� una vulneraci�n del non bis in �dem al haberse endilgado el delito sexual en concurso con incesto, dado que la afrenta a su esfera sexual pod�a atribuirse en paralelo con el atentado contra la familia. Para ello cit� jurisprudencia de la CSJ. LA IMPUGNACI�N Una vez notificada la decisi�n en estrados, la Defensa (en cabeza de profesional distinto a quien actu� en primera instancia) interpuso recurso vertical de apelaci�n, el cual sustent� mediante escrito con el que reclam� la revocatoria del fallo condenatorio de primera instancia. La Defensa en primer lugar insisti� en que la �nica prueba directa fue el testimonio de T.A.V.G., echando de ver que la madre de la peque�a finalmente opt� por no declarar, sin ser sustento entonces de la inculpaci�n, como tampoco lo eran la psic�loga del ICBF que verific� derechos de la menor ni la M�dico legista que la abord�, en tanto que se limitaron a recibir las manifestaciones de la peque�a, sin poder tenerse como pruebas que corroboran o confirman la realidad f�ctica de los abusos, m�xime cuando no emitieron concepto pericial y, por tal, terminaron siendo s�lo repetidoras de lo dicho por la menor.

Y habiendo una testigo �nica del episodio, rese�a el Censor haber falencias declarativas en ella que imped�an asignarle cr�dito, tales como: (i) lo at�pico que resultaba que los hechos se presentaran por dos a�os y medio de un mismo modo, sin variaci�n ni avance, como si de un actuar mec�nico se tratara; (ii) los hechos -dijo la menor- que siempre se presentaron en la habitaci�n y cama de su mam�, mientras ella dorm�a, gener�ndose vac�os, como no saberse si se daban todos los d�as, a qu� hora se daban, o si siempre en realidad estaba durmiendo la menor cuando JES�S DAVID visitaba la casa de su madre; resultando adicionalmente extra�o que trat�ndose de un lugar sin puertas, nadie se diera cuenta de tan reiterado actuar de aqu�l;

(iii) generador de vacilaci�n es que la menor fuera advertida por su madre para que hablara con la verdad y no dijera mentiras, mientras que su hermano acusado tambi�n la requiri� para que no dijera mentiras; (iv) la menor indic� tener la misma memoria de su mam�, aclarando que suele no acordarse de nada, lo cual indica su dificultad para dar cuenta de hechos pasados, t�pico sobre el que no se ahond�;

(v) la menor inicialmente no indic� su jornada de estudio y no ubic� la hora de los tocamientos, diciendo al final que estudiaba por la ma�ana, cuando el acusado expres� que su hermana estudiaba era en las tardes, habiendo as� contradicciones por las que no hubo inter�s en profundizar; (vi) T.A.V.G. era conocedora que JES�S DAVID no era el hijo predilecto de su madre, lo cual le permit�a saber que cualquier queja contra su hermano habr�a de ser apoyada por ella; y (vii) el que la supuesta v�ctima no haya permitido que se le hiciera un examen sexol�gico dejaba entre sombras su real inter�s en que se hiciera lo pertinente judicialmente contra su hermano. Cr�ticas todas que condujeron a la parte Apelante a sugerir un aleccionamiento de T.A.V.G., no contando con la espontaneidad que fue maculada por su patr�n id�ntico para referir lo sucedido, siendo as� necesario que se soportara en otros medios de prueba obtenidos tras una mejor labor investigativa en la que se extra�a no haber realizado mejores labores investigativas, tales como: (a) una inspecci�n al lugar de los hechos para darse cuenta la imposibilidad de que se diera el delito en la habitaci�n, (b) averiguaciones sobre las charlas que hicieron que la ni�a inculpara a su hermano, a fin de evaluar si fueron sugestivas, (c) recaudo de informaci�n en torno al episodio con una hijastra del acusado que supuestamente se le vio realizando maniobras l�bricas indebidas, mencionando el nombre de aqu�l, (d) conseguir el testimonio de la prima de la v�ctima que fue quien supuestamente lleg� al lugar en el momento en que se present� el �ltimo ataque sexual, (e) profundizar en torno al trabajo y jornadas del acusado, en tanto que la menor dijo que su agresor le expres� que no lo delatara porque ser�a despedido, (f) investigarse si T.A.V.G. hab�a sido v�ctima de otros delitos sexuales.

Con base en lo anterior predica entonces el Censor estar ante una investigaci�n precaria y una deficiente labor defensiva, todo lo cual redund� en la ausencia de elementos para desvirtuar la presunci�n de inocencia, la que resalta no se pod�a quebrar a trav�s del testimonio de la menor que no cumpl�a con los criterios jurisprudenciales para atender al testigo �nico, dado que T.A.V.G. fue influida por la falta de afecto de su madre hacia su hermano, adem�s no encontr� respaldo en otros medios de prueba y, finalmente, si bien no incurri� en contradicciones, s� denot� aleccionamiento por el patr�n fijo establecido para referirse en torno a los hechos.

CONSIDERACIONES 6.1. Esbozo de la tem�tica a desarrollar. �Realmente cuando la menor T.A.V.G., en diferentes oportunidades, expres� que su hermano le realiz� tocamientos sexuales indebidos, gozaba de la sinceridad que le han asignado la Fiscal�a y el Juez de primer nivel, o, muy al contrario, estaba haciendo un se�alamiento falso germinado en la influencia ladina de su madre que actuaba movida por el deseo de vengarse en contra del hijo no amado? Para dar una soluci�n a tal disyuntiva, ciertamente debe verificarse lo dicho por la menor, el modo en que lo hizo, sus circunstancias, y adicionalmente constatar si el entorno en que ha hecho tama�a revelaci�n es transparente o ha sido objeto de influencias propias de la malquerencia y el odio, encaminados a una injusta privaci�n de la libertad.

Para tales efectos, la Sala deber� desarrollar un nuevo justiprecio del arsenal probatorio acaudalado, centr�ndose en la testigo base (y eje de la impugnaci�n), sobre la que se ofrecer�n algunos par�metros, en t�rminos te�ricos, para su apreciaci�n: 6.1. Evaluaci�n del testigo que se reputa v�ctima. Es sabido que las personas no se ven inexorablemente movidas a decir la verdad, como quiera que al ser sujetos pasionales y con intereses, no en escasas ocasiones las palabras, manifestaciones o versiones que se ofrecen al interior de una causa penal no est�n encaminadas a coadyuvar con el esclarecimiento de lo realmente ocurrido, sino a lograr la condena o absoluci�n de quien se encuentra en el banquillo del acusado, ya sea por v�lidos o reprobables motivos.

En efecto, la mentira es un componente de la condici�n humana, m�xime cuando se encuentra de por medio la libertad. De ah� que haya un consenso en el �mbito jur�dico en el sentido que persona cre�ble para el proceso penal ser� aquella sobre la que no se advierte alg�n inter�s de alterar la verdad, lo cual es predicable de aquellos que as� como no aborrecen, reprueban o poseen un sentimiento an�logo respecto al procesado, tampoco est�n unidos a �l por una estrecha relaci�n de amistad, parentesco o filiaci�n afectiva que les haga aspirar verlo exento de reproche.

As� pues, a pesar de la trascendencia que para la comprobaci�n de los hechos materia de juzgamiento posee la prueba testimonial, no puede perderse de vista que al tener al hombre y sus dichos como base, debe examin�rsele con gran cautela, porque su confiabilidad no es tan f�cil de avizorar; siendo de esta forma que el Legislador estableci� unos criterios elementales para su apreciaci�n, contenidos en el art�culo 404 del actual C�digo de Procedimiento Penal que dice: �Para apreciar el testimonio el juez tendr� en cuenta los principios t�cnico cient�ficos sobre la percepci�n y la memoria y, especialmente, lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, los procesos de rememoraci�n, el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su personalidad�.

Con lo anterior, aparece entonces como un imperativo para el operador judicial llevar a cabo una detallada labor de verificaci�n de todas y cada una de las respuestas ofrecidas por el testigo, para avistar tras la informaci�n aportada, alg�n posible inter�s de tergiversar la verdad, prejuicios, afectaci�n de la percepci�n o defectos en el proceso de rememoraci�n, todo ello sin pasar de soslayo su condici�n social, cultural y acad�mica, que ser�n indicativas de su idiosincrasia y personalidad, y ello a su vez, se tornar� en derrotero para colocar en contexto las respuestas ofrecidas y la forma como se ofrecen.

A tono con lo anterior cabe recordar: �De manera que no es la calidad misma del declarante sino su situaci�n personal, sus facultades superiores de percepci�n, retentiva y recordaci�n, la ausencia de intereses en el tr�mite o de circunstancias que afecten su imparcialidad, y las restantes peculiaridades de las que pueda precisarse la correspondencia y credibilidad de su dicho, las que resultan relevantes para determinar la ocurrencia de una determinada situaci�n desde el punto de vista probatorio� Todo lo anterior acompasado con aquel criterio jurisprudencial que reza que el cr�dito a asignar a la v�ctima o al testigo presencial solitario que fungen como conocedores �nicos de los precisos hechos investigados, est� directamente relacionado con: (i) la verosimilitud de sus atestaciones, (ii) que el se�alamiento haya sido consistente y no se encuentre maculado por contradicciones, y (iii) que las condiciones particulares del testigo indiquen su capacidad de aprehender la realidad y que no le asiste ladino inter�s en alterarla en disfavor de una persona respecto de la cual tiene una aversi�n u ojeriza. �ltimo aspecto sobre el cual el Apelante ha centrado su censura, alegando un aleccionamiento de la menor que ha mentido estimulada por arteros intereses de su madre, grave hip�tesis que a continuaci�n se verificar� si qued� acreditada, no sin antes finalizar este ac�pite diciendo que siempre deber� hacerse un an�lisis de ponderaci�n, pues trat�ndose de una posible mentira apta para acabar con la libertad de alguien, la b�squeda debe centrarse en el hallazgo de un motivo poderoso para tan macabro cometido, m�s all� de cualquier resquemor o discusi�n insignificante entre denunciante y denunciado. 6.2.

Caso en concreto. Valoraci�n de la prueba acaudalada. 6.2.1. Cuando de evaluar un testigo se trata, sin importar si es tercero desinteresado o la v�ctima misma, uno de los factores que resulta ser relevante para su eventual credibilidad, es que aquello que rese�a constituya una versi�n firme, no sujeta a variaciones patentes que denoten la labilidad del relato.

De ah� que la jurisprudencia patria de anta�o haga hincapi� en la importancia de la consistencia interna del testigo, referente a la correspondencia en todas sus manifestaciones, o como en otros casos lo ha pregonado, relievando que el operador judicial verifique la �persistencia en la incriminaci�n�. Aspecto que para este asunto logr� acreditarse plenamente con la declaraci�n de la psic�loga del ICBF y con la m�dico legista que atendieron en un principio a T.A.V.G., puesto que si bien debe reconocerse que no desplegaron una labor pericial que las condujera a conclusiones expertas, s� tuvieron un contacto personal con quien se reputa v�ctima, escuch�ndola y, por tanto, quedando habilitadas para suministrar informaci�n en el juicio oral para que la Judicatura pudiese concluir que la narraci�n de abuso siempre ha sido la misma y, por consiguiente, que estamos ante una testigo persistente en su inculpaci�n. Lo anterior porque con la presencia en estrados de las anteriores profesionales pudo conocerse, bajo la inmediaci�n judicial y la oportunidad de contradicci�n de la Defensa, que el d�a 2 de octubre de 2015, cuando la menor fue inquirida (por la m�dico legista) acerca de lo sucedido ofreci� versi�n semejante a la que le entreg� a la psic�loga del ICBF evaluadora el 28 de octubre del mismo 2015, trat�ndose adem�s de una narrativa compatible con aquella dada el 19 de octubre de 2016 en la sala de audiencias.

Para dar cuenta expresa de tal compatibilidad narrativa, n�tese como T.A.V.G., en correspondencia a sus dichos en juicio en torno a que su hermano, cuando ella ten�a 7 a�os, en aquellos espacios solitarios que ten�a en el cuarto de su madre en las tarde mientras ella dorm�a le toc� en varias ocasiones su vagina con los dedos, as� como le manipulaba los senos, habiendo un �ltimo episodio el d�a en que hubo una fiesta en su casa, le dijo a la profesional del Instituto de Medicina Legal: �En ese tiempo mi mam� vend�a obleas y yo me quedaba en la casa dormida, y cuando me despertaba lo ve�a a �l ah� toc�ndome, yo le dec�a que se fuera y �l empezaba a intimidarme y decirme que no fuera a contar.

Eso pas� varias veces. Despu�s nos pasamos a otra casa y en esa casa que yo recuerde, en mi casa estaban haciendo una fiesta, y cuando me despert� �l est� ah� toc�ndome, yo le dije que se saliera, �l no se quer�a salir, y me dijo que no fuera a contar que porque si contaba que a �l lo mataban o lo echaban a la c�rcel, y que yo recuerde esa fue la �ltima vez (�) Me tocaba con los dedos en la vagina y los senos�, encontrando ello correspondencia meridiana cuando a la psic�loga del ICBF le manifest�: �JES�S DAVID SIERRA G�MEZ llegaba a mi casa, la mayor�a de las veces estaba dormida y cuando me despertaba lo ve�a a �l toc�ndome a m�, me dec�a que no dijera nada porque lo met�an a la c�rcel, lo echaban del trabajo, en una ocasi�n estaba dormida con mi primo estaba toc�ndome a m�, yo le dije que se saliera y �l dijo que no, yo le dije que le contaba a mi mam�, en ese momento entr� mi prima y �l ah� mismo se sali� �Qu� se tiene entonces? Tal y como viene de anunciarse, que se est� ante una menor que de principio a fin, en escenarios extra juicio y en estrados, ha mantenido una persistencia en la inculpaci�n, con identidad de las circunstancias de tiempo, modo y lugar m�s trascendentes.

Conclusi�n a la que no se hubiera podido llegar de no haberse contado con el testimonio de tales profesionales, siendo as� como, contrario a lo esbozado con la apelaci�n, se coligen relevantes el par de profesionales testigos que vienen de rese�arse. Lo que no desconoce que, en verdad, la informaci�n suministrada por ellas en torno a lo sucedido como tal es indirecta, pero que no por ello debe desecharse, como quiera que es menester tener presente que, de acuerdo a una tarifa legal negativa incluida en la Ley 906 de 2004, no es posible condenar con sustento exclusivo en prueba de referencia, implicando ello que cuando un medio de prueba ostente tal calidad, no podr� ser fundamento �nico de la existencia del delito ni de la responsabilidad del acusado, pero s� pudiendo ser elemento de convicci�n de aspectos relevantes para la reconstrucci�n de la verdad, como puede ser respaldar la veracidad de quien ofrece su testimonio en calidad de v�ctima.

As� las cosas, la m�dica legista y la psic�loga del ICBF tra�das a juicio no estaban llamadas a su desestimaci�n, siendo pieza importante para establecer la persistencia en la inculpaci�n de la v�ctima y la consistencia en los aspectos cardinales de su narrativa. Ahora bien, de la psic�loga del ICBF habr� de indicarse que su importancia no se colma en lo precedente, sino que tambi�n aport� conocimiento directo, no de los hechos investigados como tal, pero s� del modo en que la menor hizo la revelaci�n de lo sucedido, pudiendo conocer por su capacidad humana de percepci�n e intelecci�n, pero adem�s por sus aptitudes profesionales, que T.A.V.G. presentaba sentimientos de tristeza al hablar de la mala experiencia con su hermano, lo cual es referente emocional que no encontr� forzado sino que fue percibido como espont�neo y, por consiguiente, un factor para creer que cuando la menor ha hablado extra juicio del abuso sexual protagonizado por JES�S DAVID no ha faltado a la verdad, sino que lo ha hecho con la sincera emotividad afectada que habr�a de esperarse de quien ha sido v�ctima.

La Corte Suprema de Justicia, sobre la posibilidad de que testigos de referencia en cuanto a los hechos, sean a su vez directos de aspectos relevantes para el esclarecimiento de los hechos, ha dictado: �� pues olvida que las pruebas rese�adas �el testimonio de la t�a de la menor abusada y los informes y atestaciones de los peritos- no son prueba de referencia. (�) �Como ya lo precis� la Sala en ac�pite anterior, las pruebas rese�adas por el recurrente no son de referencia, pues, en primer lugar, la declaraci�n de Claudia Soraya Dur�n, aunque, como lo admiti� el sentenciador, conten�a una referencia a lo que, a su vez, le manifest� la menor, en todo caso, la deponente tambi�n refiri� �otros datos importantes, surgidos estos en cambio de sus propias percepciones�� entre ellos �los sensibles cambios de comportamiento de E� quien exterioriz� tristeza e inapetencia, alteraciones que le fue posible constatar, pues estaba encargada de su cuidado durante 2 o 3 d�as de la semana.

De igual modo �contin�a el Tribunal-, a los sentimientos ambivalentes de aquella hacia su progenitor, de miedo, pero a la vez de cari�o; incluso, a�n m�s significativamente, al dolor vaginal experimentado por la menor, acompa�ado de un flujo a tal punto anormal que la determin� a procurarle inmediatamente asistencia m�dica.� 6.2.2. Con lo precedentemente expuesto, discurre la Sala que ha quedado abordado el primer punto de la impugnaci�n, siendo ahora el momento para pasar al segundo �tem de censura, cual es, los vac�os declarativos de T.A.V.G. Pues bien, al respecto se tiene que para la Defensa es generador de recelo el que la menor hiciera alusi�n a unos tocamientos que se dieron durante dos a�os y medio de una misma manera, pues no encaja con la realidad que no avanzaran o se transformaran y, por tanto, que siempre fueran id�nticos.

Argumento que para esta Sala, si bien no resulta ser descabellado, en tanto que es imperioso reconocer que m�ltiples casos de abusos sexuales que se extienden en el tiempo se desarrollan de manera progresiva, pasando de los tocamientos a escenarios de penetraci�n, no es ello un absoluto que suprima la posibilidad de que, de igual modo, tambi�n haya episodios sexuales prolongados en los cuales se sacia la libido de una misma manera, sin variar el modus operandi.

D�gase en este sentido que no hay manera para dictar como realidad absorbente o categ�rica que siempre el agresor sexual quiere avanzar e ir m�s all� en su accionar, trat�ndose s�lo de una posibilidad paralela a aquella otra referente a que un actuar de quien busca satisfacer su apetito sexual puede sostenerse en el tiempo, lo cual puede explicarse en diferentes factores, como las dificultades de ir m�s all� sin ser percibido, colocando en vilo el �xito con que ha contado por no correr mayores riesgos.

Aspectos que para este caso resultan aplicables, en tanto que ha sido conocido que cuando JES�S DAVID estaba en la habitaci�n con su hermana T.A.V.G., la madre no estaba ausente, sino que se ubicaba la mayor�a de veces en las afueras de la casa vendiendo obleas, espacio que ciertamente habilitaba al hermano de la peque�a para usar sus manos con fines lascivos, desplegando los tocamientos que f�cilmente podr�a encubrir, sin ser descubierto, como dif�cilmente lo lograr�a si hubiera optado por ejecutar acci�n m�s compleja, como ser�a quitarle ropa a la menor, desvestirse �l y/o intentar maniobras de penetraci�n. De esta manera, teniendo como verdad procesal que cuando JES�S DAVID SIERRA estaba en casa con su hermana, m�s precisamente en el cuarto, en cercan�as a �ste tambi�n estaba la madre, permite eliminar como un absurdo o como un imposible el que por tanto tiempo aqu�l se limitara a realizar tocamientos limitados, no por gusto, sino por las dificultades que le representaba un ir m�s all�.

Y de la mano de lo anterior, puede responderse el segundo aspecto que inquieta a la Defensa, como es que en tanto tiempo nadie se diera cuenta de los supuestos recurrentes abusos, ya que para esta Colegiatura estamos de cara a una persona que, quiz� contra su voluntad pero s� con gran circunspecci�n, supo limitar su accionar, desarrollando tocamientos que su madre dif�cilmente podr�a observar, como tampoco lo podr�a hacer cualquier otra persona.

En efecto, a juicio de esta Colegiatura, JES�S DAVID, muy consciente de las posibilidades y las consecuentes restricciones que le representaban las circunstancias, se acogi� a un modo de operar limitado, sin efectuar acciones que lo pusieran en evidencia, siendo as� como asegur� que el ser descubierto s�lo dependiera de que la peque�a de escasos a�os relevara lo sucedido, lo cual controlaba a trav�s de la presi�n y coerci�n psicol�gica que ejerc�a, coloc�ndola al tanto de las consecuencias que delatarlo representar�a. Ahora bien, de otra parte se plantea como germen de duda en torno a la credibilidad de T.A.V.G. que hubiese sido exhortada por su mam� para que dijera la verdad y requerida por el acusado para que dejara de ser mentirosa, par de indicaciones que para este Juez Plural en modo alguno alteran su cr�dito, y sin que tampoco fuera necesario ahondar en ello como se reclama con la apelaci�n. Lo anterior porque se conoci� que cuando la mam� le hizo tal exhorto a su hija, lo fue al momento de saber que habr�an de ser convocadas a un escenario judicial para esclarecer lo sucedido, siendo absolutamente normal y, por consiguiente, esperable, que la progenitora de la chiquilla la invitara a que dijera la verdad, como lo har�a cualquier acudiente en torno a su pupilo, sin que hacerlo indique el saber que el menor ir� a decir mentiras.

Razonar de otro modo har�a pensar, por ejemplo, que cuando el Juez juramenta al testigo y le explica la importancia moral de decir la verdad, hay de entrada una sospecha de que faltara a ella, cuando la realidad es que s�lo se trata de un exhorto dispuesto por la ley para que se respete la realidad de lo sucedido, como un buen padre de familia se lo pedir�a a su hijo, incluso sabiendo que �ste acudir� a declarar lo efectivamente sucedido.

Y ya en torno a que el acusado dijo por tel�fono (aplicaci�n Whatsapp) a la menor que no fuera mentirosa, ello tampoco indica que en verdad lo estuviera siendo, apreciando la Sala que se est� realmente s�lo ante una reacci�n de reclamo propia de cualquier persona que est� siendo se�alada de un delito y busca evitar tan grave sindicaci�n, la cual es inepta para quebrar el cr�dito de quien sindica.

Palabras m�s, palabras menos: no porque el acusado tilde de mentirosa a quien ha dado lugar a la revelaci�n que lo ha involucrado judicialmente, debe concluirse que en realidad es la denunciante una embaucadora. Ahora bien, tambi�n se atac� el cr�dito de T.A.V.G. por el hecho de haber expresado en el juicio oral que ella ten�a la memoria de su mam�, es decir, �que no se acordaba de nada�, lo que tampoco acompa�a esta Sala que al escuchar el registro �ntegro de la declaraci�n encuentra que la menor durante el tiempo que fue sondeada tuvo real capacidad de expresar datos pasados con contundencia, teniendo tambi�n la claridad mental para reconocer aquellos aspectos que s� escapaban a su memoria (como horas y fechas), sin poderse deducir, y ni siquiera sospechar, que es una persona inhabilitada para dar cuenta de sus vivencias.

Conclusi�n que no podr�a desdibujarse por una manifestaci�n coloquial en torno a una mala memoria que no tiene por base un sustento s�lido, sino la percepci�n informal de la misma peque�a que habl� de su mala retentiva, pero al final de aquella declaraci�n en la que ya hab�a hecho alusi�n concreta, detallada y circunstanciada a unos abusos sexuales que, tal y como en su momento lo dictamin� la psic�loga que la evalu�, estaba capacitada para aprehender mentalmente y transmitir.

Ahora bien, tras lo anterior sea el punto para indicar que tampoco apoya esta Sala la sospecha fundada en que T.A.V.G. no permiti� que se le realizara el examen sexol�gico, dado lo normal y hasta esperable que se aprecia que una ni�a de escasos 13 a�os, afectada por lo acontecido y abrumada por encontrarse frente a una persona para ella desconocida, deba pasar la verg�enza de mostrar sus partes pudendas para un examen para el que no estaba preparada.

Y si bien, son muchas las adolescentes que en an�logas circunstancias permiten la realizaci�n del an�lisis m�dico legal, es toda una probabilidad fundada en la aprensi�n y el retraimiento que no se cuente con la voluntad de alguna ni�a para tan invasiva evaluaci�n, sin que no dar su consentimiento indique desinter�s en que se conozca la realidad.

Y tras los anteriores argumentos de disenso, la Defensa aleg� que la menor se permiti� hacer una inculpaci�n tal porque contaba con el apoyo de su madre, quien en raz�n a la falta de amor por su hijo la respaldar�a para denunciar. Hip�tesis que para su prosperidad deber�a tener por base la demostraci�n, de un lado, que la menor ten�a intenci�n de lograr el encarcelamiento de su hermano y, segundo, que su madre en verdad no ten�a consideraci�n alguna por su hijo JES�S DAVID; par de aspectos que no se fincaron como realidad procesal, tal y como pasa a exponerse: Con ninguna prueba se mostr� que T.A.V.G. �antes de los hechos- hubiera tenido altercado, reyerta o situaci�n similar que hiciera nacer en ella sentimiento negativo frente a su hermano, menos a�n de tanta entidad como para que la jovencita optara por alternativa tan grave como buscar su confinamiento en una c�rcel.

Por el contrario, en la vista p�blica se supo que la ni�a tuvo una buena relaci�n con JES�S DAVID SIERRA y que, en principio, el compartir en casa se desarrollaba en armon�a, sin ninguna situaci�n que alterara tal orden, lo cual no pudo desmentir el mismo acusado que no expres� alg�n episodio particular para que su hermana tuviese tan macabra intenci�n en contra suya, aludiendo �nicamente a unos celos que, adem�s de quedar expuestos de forma et�rea, no acoge esta Sala porque se sustentan en la c�lera generada por una supuesta cercan�a entre JES�S DAVID y su madre que �l mismo, de manera contradictoria, niega que hubieran tenido, toda vez que ella supuestamente dec�a que no lo quer�a. En verdad una hip�tesis fundada en los celos de la menor, se contrapone a la versi�n tambi�n expresada por el acusado acerca del desprecio notorio y expl�cito de su madre.

Con tal aborrecimiento, absurdo que la jovencita estuviera celosa. Luego, motivos para tama�a malquerencia no fueron verificados en la vista p�blica; as� como tampoco fue conocido que la madre del acusado, tuviese una aversi�n por su hijo que la condujese a inducir o apoyar a su hija a que lo incriminaran por un delito sexual. Lo anterior porque, si bien fue ventilado en el juicio oral que la madre no recibi� en su momento el apoyo del padre biol�gico del acusado, como era de esperar porque �ste fue producto de una relaci�n sexual no consentida, y que en raz�n a ello, cuando era apenas una mam� adolescente no asumi� con compromiso su rol de madre, alej�ndose del indeseado hijo, todo ello alude a la situaci�n presentada casi 30 a�os atr�s, cuando la falta de madurez y el impacto de la mala vivencia hicieron que la progenitora de JES�S DAVID asumiera una actitud omisa.

La que no podr�a trasladarse autom�ticamente como realidad para cuando JES�S DAVID ya hab�a pasado los 20 a�os, edad despu�s de la cual �l mismo admiti� que su madre asumi� una actitud diferente, abri�ndole las puertas de su casa, tal y como �l mismo da cuenta, al reconocer que a casa de ella iba con mucha regularidad, teniendo acceso pleno como un familiar m�s, compartiendo momentos como madre e hijo e, incluso, recibiendo alimentaci�n. Suerte de cambio que, a las claras, denota que la mujer ya madura no podr�a ser juzgada conforme a la desgana razonable que tuvo los primeros a�os de vida de su hijo JES�S DAVID, quien precisamente con el paso del tiempo consigui� lo que antes no ten�a, como fue la posibilidad de ir a casa de su progenitora y compartir en familia, como no ser�a de esperar si la mujer sintiera un odio por la situaci�n pasada.

Si -en palabras del acusado- en alg�n momento su madre le dijo que no quer�a saber nada de �l, nada obsta para que as� se siguiera dando, pero lo que la realidad procesal denota -tambi�n soportada en las palabras de SIERRA G�MEZ- es que con el paso del tiempo el acercamiento se dio y por muchos a�os tuvo posibilidad de ingresar a la casa como un miembro m�s, lo cual no ser�a de esperar de una mujer con tan cargado odio como para querer ver a su hijo tras rejas.

Odio que de manera definitiva queda desvirtuado al observar como la madre de la menor y del acusado al momento del juicio oral, punto de quiebre en el que podr�a perder la libertad su hijo JES�S DAVID, opt� por guardar silencio, el cual no se interpreta como la confesi�n de que lo quer�a encubrir, pero que s� sirve para predicar que en realidad no estaba movida por un deseo de ver al fruto de su vientre tras rejas.

Por manera entonces, que no estamos ante una menor con motivos para someterse al bochornoso escarnio de un proceso penal por un delito sexual para hacer valer una mentira en contra de su hermano, quien es sabido que tuvo una buena relaci�n con T.A.V.G., la cual naci� precisamente porque la madre de ellos le abri� las puertas al hombre, d�ndole una efectiva oportunidad de integrarse a su n�cleo familiar, como un miembro m�s, sin que nunca se conociera que en ella hab�a un aborrecimiento tan poderoso que quer�a que JES�S DAVID fuera puesto en la c�rcel.

Y con base en lo anterior, es preciso adicionar a la persistencia acreditada en la sindicaci�n, la inexistencia de motivos serios y aptos para que las mujeres denunciantes forjaran tan gravosa sindicaci�n en contra de quien es �sangre de su sangre� y comparti� con ellas en familia, sin contarse con prueba que hubiese querido ser excluido vilmente por ellas, como pretende plantearlo ahora JES�S DAVID al hallarse en tan coyuntural apremio judicial. 6.2.3.

No hay sustento entonces para pensar que T.A.V.G. ha sido aleccionada, lo cual tampoco logra desprenderse del modo de expresarse de la jovencita en el juicio oral, en tanto que en tal escenario de interrogatorio cruzado se mostr� siempre espont�nea, hablando del entorno de abuso sin tener que ser presionada para ello y con total naturalidad, la cual le permiti� entregar libremente detalles modales, temporales y espaciales de los diversos embates lascivos que debi� padecer, los cuales claramente debieron ped�rsele, pero sin que se le sugirieran.

De ah� que cuando la jovencita ha hablado del lugar en el que fue vilipendiada, de los momentos en que ello ten�a lugar, de la persona que la hizo presa de su lascivia, de la ubicaci�n de su madre y dem�s familiares, ha sido producto de preguntas acrom�ticas en las que no iba inserta la respuesta. N�tese como la jovencita al ser preguntada de forma llana por la relaci�n con su hermano, expres� que al principio era buena pero que le comenz� a coger miedo cuando empez� a hacer �eso�, dando tal respuesta lugar a que se le interrogara por lo que ello quer�a decir, sin ninguna sugerencia ni presi�n, encontr�ndose como respuesta que significaba que JES�S DAVID la empez� a tocar, aspecto no sugerido sobre el que se le pidi� que fuera m�s detallada, siendo as� como pas� a decir, en tal labor dial�ctica para nada insinuante, que su hermano la hab�a tocado con sus dedos en la vagina.

Clara sindicaci�n que abri� la posibilidad para pedir mejores detalles, los cuales, al igual que lo anterior, tambi�n entreg� la jovencita libre de cualquier sugerencia indebida, la que no puede confundirse con el direccionamiento del interrogatorio que siempre ser� necesario, m�xime cuando se trata de episodios sexuales traum�ticos que no son f�ciles de rese�ar en un escenario hura�o como lo es un juicio oral.

Y tampoco podr�a hablarse de un aleccionamiento por un supuesto patr�n de referencia id�ntica de lo sucedido por parte de la menor, en tanto que al cotejar sus respuestas en las diferentes ocasiones en que formalmente ha hablado sobre el particular, se encuentra que no ha empleado exactas palabras, suprimi�ndose as� el que tuviese un libreto aprendido, as� como tampoco se aprecia una narrativa de corrido propia de quien tiene preparado qu� decir, sino que fue una ni�a que hizo parte de di�logos espont�neos en los que se le formulaban diferentes preguntas, las que contestaba con llaneza, pero obviamente conduciendo a una similar versi�n, pues se le estaba cuestionando por el mismo contexto de abuso, el que deb�a quedar relacionado de un modo semejante en cada ocasi�n porque, como ya se dijo l�neas atr�s, el modo de operar del acusado fue an�logo, manteni�ndose en el tiempo las caricias lascivas que la ni�a supo recordar y referir, con la claridad para hacer entender que su hermano no fue m�s all� y que s�lo hubo un episodio (el �ltimo) que ten�a particularidades que lo apartaban del resto, como fue que se dio en una fiesta, cuando el acusado estaba alicorado y habiendo un intento de arrebatamiento de ropa que marc� a la jovencita que, ins�stase, tambi�n recordaba los anteriores embates, pero de un modo m�s gen�rico por tratarse de todo un escenario regular, extendido en el tiempo, con identidad de proceder y que, adem�s, se dio cuando ella apenas contaba con 7 y 8 a�os de edad, pero que relataba cuando ya contaba con 12 a�os.

Y h�gase notar que en el juicio oral la �nica respuesta que pareci� suger�rsele fue cuando al final del testimonio la ni�a expres� que al despertar vio que su hermano como que la estaba tocando, lo cual hizo que se le pidiera aclarar si era que la estaba tocando o como que le parec�a que la estaba tocando, lo cual no se hizo de manera irregular para conseguir que la menor hiciera concreta la sindicaci�n que apenas hac�a de un modo et�reo, sino para que, como ya lo hab�a dicho en ocasiones pasadas y en m�ltiples manifestaciones dentro del testimonio, precisara que su hermano s� la toc�.

En otras palabras, la Fiscal�a no buscaba que los hechos acusados se hicieran realidad a pesar de que para la ni�a eran s�lo una creencia, sino que buscaba al final del testimonio que la menor no diera lugar a vacilaciones en torno a la existencia de lo acontecido al final de la declaraci�n con la cual con cada respuesta dej� en claro que fue manipulada sexualmente por su hermano, trat�ndose de un proceder procesal v�lido, pues el testigo puede emplear expresiones que den lugar a equ�vocos y abra brechas de dubitaci�n de no superarse, como aqu� se logr� con la aclaraci�n pedida por la Fiscal�a, con la cual se logr� que T.A.V.G., por en�sima vez, dijese que JES�S DAVID SIERRA le toc� su vagina y sus senos, en diferentes oportunidades que tuvo el auspicio de la soledad relativa que le daba la residencia en la que ellos depart�an. 6.2.4.

Y a prop�sito del departir entre hermanos que se dio desde el momento en que el acusado se integr� a su familia materna, es este el punto para hacer alusi�n a un elemento que respalda la acusaci�n, tal y como es el indicio de oportunidad, juicio l�gico que se abstrae de base f�ctica acreditada como fue que cuando JES�S DAVID llegaba a casa de su madre su visita no se circunscrib�a a conversar y departir con ella, sino que tuvo plena acogida como un hijo m�s, pudiendo entrar y estarse en la casa, teniendo acceso a todas sus piezas, entre ellos el cuarto en el que se ubicaba la menor, no as� la madre que deb�a hacerse en las afueras para ejercer su actividad comercial, gener�ndose as� entre hermanos un espacio de cercan�a e intimidad en el cuarto y, m�s precisamente, en la cama que otorgaba al acusado la posibilidad de saciar su libido con control sobre la situaci�n y con dificultades para ser descubierto. 6.2.5.

No prosperar� entonces para esta Sala el reclamo de absoluci�n deprecado por la Defensa, atendiendo que las cr�ticas fundadas en contra de la credibilidad de la menor no han salido avante y, al contrario, al realizar una nueva estimaci�n de la prueba se refuerza el poder incriminatorio de T.A.V.G., de quien viene de hallarse que ha sido persistente en el se�alamiento, lo ha hecho de forma an�loga, sin denotar aleccionamiento y con la capacidad para entregar una versi�n fidedigna.

Versi�n que, adicionalmente, se refuerza por el modo de comportarse en el juicio oral, en tanto que all� se encontr� a una jovencita que estuvo presta a contestar, sin apasionamientos y, al contrario, con la ecuanimidad de quien no est� movido sino por el deseo de hablar con la verdad, exponiendo una aciaga historia con el respaldo emocional que ello significaba, pues al profundizar en torno a lo sucedido, las l�grimas aparecieron, no de manera forzada, sino de la manera esperable y sincera que representaba el saberse v�ctima por tanto tiempo de unos actos capaces de afectar el desarrollo sexual de quien, a sus escasos 7 a�os, conoci� los pesares de la vida, con el acento que genera que lo fue a manos de su propia prole, recibiendo en juicio oral un nuevo golpe afectivo, como fue el saber que su madre, como la ni�a misma lo dijo, se ech� para atr�s o se arrepinti� para hablar de una historia que, h�gase hincapi�, con cada respuesta dej� la f�rrea idea que se trataba de un relato sincero en torno a hechos efectivamente acontecidos.

Luego, para esta Colegiatura es preciso ratificar la aptitud suasoria de la menor para ser fundamento base de la decisi�n de condena, respaldada por otras pruebas que, si bien no corroboraban directamente los hechos, ampliaban la credibilidad de ella al dar cuenta de su ocurrencia, formando un todo probatorio apto para arrimar al conocimiento necesario acerca de que JES�S DAVID SIERRA abus� sexualmente en diversas oportunidades en contra de su hermana, quien vio afectada su esfera sexual, adem�s de la afectaci�n familiar ocasionada con tan incestuoso proceder. 6.2.6.

Conclusi�n que no se derruye por carencia de profundidad en la investigaci�n ni en la actividad defensiva, tal y como se ha propuesto con la apelaci�n. Lo anterior porque: (i) conoci�ndose en el juicio oral que la madre deb�a salir de la casa de habitaci�n y que el puesto de obleas se ubicaba en las afueras, incluso debiendo subirse unas escalas, perd�a relevancia una inspecci�n del interior de la residencia;

(ii) siendo tan improbable que una charla escolar sobre educaci�n sexual sugiera que las personas falten a la verdad y realicen inculpaciones al garete, no se considera indispensable que a estrados fuera tra�da la encargada de tal instrucci�n educativa para saber si T.A.V.G. hab�a sido inducida; as� como tampoco se cree que hubiese sido ampliamente dilucidadora, en torno a la reacci�n inmediata de la menor frente a la charla, porque incluso no habi�ndola tenido no podr�a descalificarse su inculpaci�n. (iii) En cuanto a la necesidad de ahondar y averiguar sobre otros abusos sexuales padecidos por la menor, se aprecia por esta Sala como una opci�n v�lida, pero que para este caso no resulta indispensable, como quiera que no se plante� ni se sugiri� siquiera que la menor estuviera confundida con otro caso, diverso al que categ�ricamente refiri� en torno a su hermano. (iv) Cuando a T.A.V.G. se le cuestion� por el �ltimo episodio, dijo que �ste culmin� con la llegada de su prima, de quien aclar� que no entr� al cuarto cuando el acusado desplegaba el embate sexual, lo cual indica de entrada que ella no estar�a habilitada para dar cuenta del hecho; y adicionalmente, por el hecho de entrar al cuarto y no advertir ninguna situaci�n irregular, resultaba probable que ni siquiera recordara el momento, como s� lo recordaba aquella que en ese instante era presa de tan grave atentado.

(v) Finalmente, en cuanto a la averiguaci�n del incidente acaecido con la hija de la pareja sentimental del acusado, si bien esta Sala considera que pudo ser una tem�tica importante por ser, al parecer, episodio que estimul� la revelaci�n de T.A.V.G., queda ello como una posibilidad probatoria no agotada, propia de la estrategia de las partes en contienda, que no resulta cardinal para la resoluci�n de este asunto, y por tanto pasible de inadvertencia, m�xime cuando la importancia de este hecho s�lo se reliev� en el juicio oral.

DECISI�N En m�rito de lo expuesto, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:

PRIMERO: CONFIRMAR �ntegramente la sentencia proferida el d�a 14 de diciembre de 2016 por el Juzgado Segundo Penal del Circuito de Manizales, Caldas, a trav�s de la cual se conden� al se�or JES�S DAVID SIERRA G�MEZ a la pena principal de 12 a�os de prisi�n, luego de ser hallado responsable del concurso homog�neo de Actos sexuales con menor de catorce a�os en concurso heterog�neo con el delito de Incesto que la Fiscal�a le endilg�.

SEGUNDO: INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal -Secretaria-  Ver folio 9.  Confrontar folios 19 y 20.  Folios 22 a 24.  Ver folios 25 y 33.  Corte Suprema de Justicia. Decisi�n del 23 de febrero de 2011.

Radicado: 32996.  Todo lo relacionado en este ac�pite se condensa en las consideraciones que sobre la prueba testimonial se encuentran en la decisi�n de la Corte Suprema de Justicia 40105 del 28 de mayo de 2014. MP: Eugenio Fern�ndez Carlier. (SP-6700-2014).  Folio 63.  Folio 67.  Corte Suprema de Justicia, Sala de Casaci�n Penal, sentencia de 29 de febrero de 2008, radicaci�n No. 28257.     P�gina  PAGE 6 Sistema Acusatorio: 2015-83565-01 JES�S DAVID SIERRA G�MEZ Actos sexuales con menor de 14 a�os e Incesto Confirma Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala de Decisi�n Penal 67Kfx������� 1; a x � � � � � �ͯ௑��r�r���T�T�T�:h >�h�V�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH =h >�h�|a5�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH:h >�h�|a6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH:h >�h9G�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH $h >�h9G�CJ$aJ$mH nH sH tH =h >�h9G�5�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH 67Kf������� � ������������v$��dh�`��a$gd9G�$��dh�`��a$gd9G� ��dh�^��gd9G�$ & F �dh�a$gd9G� $dh�a$gd9G�$��dh�^��a$gd9G�gd9G�$dh�&d P�� a$gd9G� $dh�a$gd9G� � �   Q [ ^ � � � � � � � � � � � � n  � � � � � �¤¤…�……oYoCoCoCoCoCo+h >�h,l|6�CJ$OJQJ^JaJ$mH sH +h >�h9G�6�CJ$OJQJ^JaJ$mH sH +h >�h�V�6�CJ$OJQJ^JaJ$mH sH =h >�h9G�5�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH:h >�h�V�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH:h >�h9G�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH =h >�h�V�5�6�CJ$OJPJQJ]�^JaJ$mH nH sH tH � � � O P +.EF��]_�������������������$��dh`��a$gd9G� 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9G�0Encabezado Car*6�CJOJPJQJ]�^JaJmHsHtHB@B 9G��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha,Footnote Text Cha,Ca d��6�OJPJQJ]�mHsHtH.�o��!. 9G��Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car,FA Fu Car1$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH &`��1 9G��Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,f,Ref,de nota al pie,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,Pie de P�gina,FH*L�`��BL 9G� Sin espaciado6�]�_HmH $sH $tH xB@Rx 9G�Texto independiented��*$1$&6�CJOJPJ QJ]�aJmH,sH,tH�j�o��aj 9G�Texto independiente Car$CJOJPJ QJ^JaJmH,sH,tH�f^@rf 9G�0 Normal (Web)d��d�d[$\$6�CJOJPJQJ]�aJtH $>W`���> 9G�`Texto en negrita5�\�L �L 9G�0 Pie de p�gina �C�"d��X�o���X 9G�0Pie de p�gina Car6�CJOJPJQJ]�^JaJPK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!�sz��theme/theme/theme1.xml�YMoE�#�F{oc'vGu�رH�F�[��xw�;���jf��7���q�7��J\ʯ A��xgfw��I�FPAsh�����1��^�v?f�Iy���k"����m���i�CR�$��'��M���m���U��"�\�m/R*]_Z�>,cy��$�wc.b��Q�K��G�7fK˵��R�i���v4( ��xL}�m��{ d$J����fN2�68�k���.����~4$���� 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