Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2016-81362-01

Sala: SALA PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2017-07-31

Sujetos procesales: J. HERNÁNDEZ S. - SANDRA M. RINCÓN.

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H: 3: 50. p.m. Manizales, treinta y uno (31) de julio de dos mil diecisiete (2017). ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Defensa frente a la sentencia proferida el d�a 2 de noviembre de 2016 por el Juzgado Tercero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento de Manizales, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JONATAN HERN�NDEZ SERNA a la pena principal de 72 meses de prisi�n, tras ser hallado responsable del delito de �Violencia intrafamiliar� (inc. 2� art. 229 C�digo Penal).

HECHOS El d�a 1� de abril de 2016, en el barrio �20 de Julio� de la ciudad de Manizales, al interior de su residencia familiar, el se�or JONAT�N HERN�NDEZ SERNA agredi� f�sicamente a su compa�era permanente, Sandra Milena Rinc�n Atehort�a, a quien le propin� varios golpes en el rostro y en el pie izquierdo; en el lugar, igualmente, se encontraba la menor M.F.C.R, hija de esta �ltima, quien no s�lo presenci� las agresiones, sino que tambi�n tuvo que soportar las amenazas con arma cortopunzante [cuchillo] a las cuales fueron sometidas por parte del se�or HERN�NDEZ SERNA.

A ra�z del maltrato infligido, ambas mujeres se vieron obligadas a suplicar auxilio a gritos, apelando a la ayuda de sus vecinos, quienes, en efecto, alertaron a las autoridades. Fue as� como una patrulla de la Polic�a Nacional que realizaba vigilancia por el sector, tras recibir un reporte de la central de radio solicitando su presencia en el lugar de los hechos, arrib� al mismo, deteniendo el ataque y, acto seguido, dando captura en flagrancia del agresor.

ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Atendiendo la aprehensi�n en flagrancia, el d�a 2 de abril de 2016, el se�or JONATAN HERN�NDEZ SERNA fue llevado ante el Juzgado Octavo Penal Municipal con Funci�n de Control de Garant�as de Manizales, Caldas, escenario en el que, luego de legalizarse la captura, se le formul� imputaci�n por el delito de Violencia Intrafamiliar, ensanchado punitivamente por ejercerse sobre una mujer (inciso 2� del art�culo 229 del C�digo Penal), sin que el imputado aceptara los cargos.

Acto seguido, se solicit� y se le impuso medida de aseguramiento privativa de la libertad, consistente en detenci�n preventiva en el Establecimiento Penitenciario de Mediana Seguridad y Carcelario de Manizales, Caldas. 3.2. Surtida la fase de investigaci�n y siguiendo curso el proceso, la Fiscal�a Catorce Local CAVIF activ� la etapa de juzgamiento radicando escrito de acusaci�n el 13 de mayo de 2016; correspondi�ndole el conocimiento al Juzgado Tercero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento de Manizales, Caldas, Agencia Judicial que el d�a 1� de junio de 2016, realiz� audiencia de formulaci�n de acusaci�n, con ocasi�n de la cual se acus� al se�or JONAT�N HERN�NDEZ SERNA como autor de la conducta punible �violencia intrafamiliar�, en los t�rminos del inciso 2� del art�culo 229 de la Ley 599 de 2000. 3.3.

Posteriormente, luego de un aplazamiento efectuado a solicitud de la Fiscal�a, el d�a 2 de agosto de 2016 se llev� a cabo la audiencia preparatoria, dentro de la cual se solicitaron y decretaron los medios probatorios a practicar en el juicio oral. Sea del caso acotar que la Fiscal�a interpuso recurso de apelaci�n frente a la decisi�n adoptada por la Juez de Conocimiento, relativa al decreto de determinadas pruebas solicitadas por la Unidad de Defensa, activ�ndose la segunda instancia que fue resuelta con auto del 10 de agosto de 2016 que confirm� parcialmente la decisi�n emitida por el Juez a quo. 3.4.

A continuaci�n, la audiencia de juicio oral se desarroll� los d�as 22 de septiembre y 11 de octubre de 2016, culminando con la emisi�n de un sentido del fallo condenatorio. LA SENTENCIA Como corolario de lo actuado, a los 2 d�as del mes de noviembre de 2016 se dict� el fallo condenatorio que en derecho correspond�a, toda vez que para el Despacho se demostr�, m�s all� de toda duda razonable, la ocurrencia de la conducta punible y la responsabilidad penal del procesado, a quien en consecuencia impuso una pena intramural de 72 meses, sin concesi�n de sustitutos o subrogados por expresa prohibici�n legal contenida en el art. 68A del C�digo Penal.

Para arribar a la conclusi�n mencionada supra, la Juez a quo indic� que el testimonio de la mujer denunciante era dilucidador de la violencia padecida, siendo ella adem�s conteste en referir de modo semejante lo acontecido desde el mismo d�a de los hechos, a lo cual se sumaba el encontrar respaldo probatorio en el par de policiales que atendieron el caso y dieron cuenta en el juicio oral que debieron auxiliar a la mujer del ataque que padec�a al interior de su residencia por parte de su compa�ero sentimental, quien fuera capturado en el acto, lo cual constituye un factor adicional para un fallo de condena, como quiera que la flagrancia no refutada constituye evidencia procesal agregada.

Tras lo anterior rese�� la Juez que la prueba testimonial de cargo y descargo mostraba que el acusado y la lesionada, en efecto, eran pareja, conviviendo bajo el mismo techo en uni�n libre, conformando as� una familia que no se desestructuraba por el hecho de que la hija de la v�ctima indicara que el acusado no era nada suyo, puesto que la realidad es que hab�a una comunidad de vida como pareja entre el procesado y la afectada.

A continuaci�n se expres� que las experiencias pasadas y diversas a la desarrollada el 1� de abril de 2016, no desdec�an esta �ltima, quedando como verdad procesal que JONATAN HERN�NDEZ atac� en tal fecha a su pareja, sin que se cuente con prueba que indique que ella en tal ocasi�n tambi�n lo agrediera, sino que fue presa de la furia no provocada de aqu�l, quien realiz� un embate que varios testigos pudieron percibir, no como el par de amigos del procesado y declarantes que no conoc�an lo acontecido el 1� de abril de 2016, sino que refirieron peleas pasadas, inanes para desvirtuar la violencia intrafamiliar juzgada, la que sell� la Juez no obedeci� a una auto-puesta en peligro de la v�ctima como lo aleg� la Defensa, como tampoco un episodio de agresi�n mutua o bidireccional, como pudo presentarse en otros momentos, pero no el d�a de los hechos, respecto al cual se verificaba una conducta t�pica, antijur�dica y culpable.

LA APELACI�N 5.1. Una vez notificadas las partes actuantes de la decisi�n en estrados, se les dio la posibilidad de interponer el recurso de apelaci�n contra ella, espacio en el que �nicamente la Defensa promovi� la alzada, la cual fue sustentada oportunamente mediante escrito con el que deprec� la revocatoria de la sentencia proferida en sede de primera instancia. De ah� que, con el prop�sito de fundamentar su pedimento, la Censora asegur�, en primer lugar, que la Juez a quo realiz� una indebida valoraci�n probatoria respecto de la prueba testimonial, toda vez que la decisi�n se adopt� teniendo en cuenta �nicamente la declaraci�n rendida por la se�ora Sandra Milena Rinc�n, omitiendo la valoraci�n de los testimonios rendidos por John William Gonz�lez y Johnny Fernando R�os, pruebas que en su criterio eran determinantes para dar cuenta del tipo de relaci�n sostenida entre el procesado y la v�ctima, la cual no era de dominio, superioridad y sometimiento, sino que por el contrario era de agresi�n mutua, puesto que la se�ora Sandra Milena en reiteradas ocasiones fung�a como victimaria al maltratar tanto f�sica como psicol�gicamente a JONATAN HERN�NDEZ.

En segundo lugar, la Apelante estim� que la Juez Primigenia no estudi� correctamente la declaraci�n rendida por Johana Alexandra Pati�o, profesional en desarrollo familiar de la Universidad de Caldas e investigadora reconocida por COLCIENCIAS, quien realiz� una exposici�n en torno a los tipos de violencia y la diferencia entre violencia intrafamiliar y violencia bidireccional; diferenciaci�n que alega no recibi� ning�n valor y, por tanto, condujo al yerro de dejar de lado que la relaci�n sostenida entre su representado y la se�ora Rinc�n Atehort�a presentaba todas las caracter�sticas de una violencia de car�cter bidireccional.

En tercer lugar y, por �ltimo, aduj� que su poderdante, el se�or HERN�NDEZ SERNA, al momento de rendir su testimonio nunca hizo referencia a los hechos acaecidos el 1� de abril de 2016, deficiencia que al ser advertida por la C�lula Judicial, debi� ser por �sta subsanada, ya que para tal efecto pod�a ampliar el testimonio formulando las preguntas pertinentes en aras de esclarecer los hechos que soportar�an la decisi�n. 5.2.

La Representaci�n de la v�ctima, en su calidad de sujeto procesal no recurrente, indic� que, contrario a lo afirmado por la Unidad de Defensa, la Juez s� valor� la declaraci�n rendida por los se�ores Jhon William Gonz�lez �lvarez y Jhony Fernando R�os, sin embargo, ninguno de los testigos hizo alusi�n a hechos ocurridos el 1 de abril de 2016, pues no ten�an un conocimiento directo de los mismos, sino que simplemente se limitaron a dar cuenta de las circunstancias que rodeaban la relaci�n de pareja.

Acto seguido, manifest� que su prohijada nunca neg� conocer a JOHN WILLIAM GONZ�LEZ, s�lo dijo que lo conoc�a de saludo porque era amigo de JONAT�N y no de ella. Por otro lado, refiri� que la Dra. JOHANA ALEXANDRA PATI�O abord� los conceptos de familia, violencia intrafamiliar y bidireccional de forma te�rica, antropol�gica y sociol�gica, pero que para el proceso no otorg� ning�n valor.

Finalmente manifest� que si bien el Juez tiene la potestad de hacer preguntas complementarias, conforme al art�culo 397 del C�digo de Procedimiento Penal, la obligaci�n de debatir los hechos materia de investigaci�n era de la defensa, quien no se pronunci� respecto de �stos, sino que centr� la atenci�n en sucesos anteriores, lo cual, junto a los dem�s argumentos, imped�a dictar un fallo absolutorio.

CONSIDERACIONES 6.1. Esbozo del asunto a tratar. En el asunto que convoca la atenci�n de la Sala, la Fiscal�a consigui� sacar avante su teor�a del caso, debido a que, a partir de las pruebas practicadas en el marco de la audiencia de juicio oral, logr� persuadir a la Juez de primer nivel acerca de la real ocurrencia de los hechos y la responsabilidad penal del se�or JONATAN HERN�NDEZ SERNA respecto del delito de violencia intrafamiliar endilgado.

No obstante, la Defensa se ha mostrado inconforme con tal soluci�n de instancia, aseverando que en el particular no se configur� el delito de violencia intrafamiliar, toda vez que las caracter�sticas de la relaci�n sostenida entre la se�ora Rinc�n Atehort�a y el se�or HERN�NDEZ SERNA reflejaban el hecho de que se estaba en presencia de otro tipo de violencia, a saber, la violencia bidireccional, dado que las agresiones presentadas al interior de la pareja eran mutuas.

Circunstancia que, seg�n lo afirm� la Censora en su escrito de disenso, pas� inadvertida por parte de la Falladora de Primera Instancia, quien apreci� en forma errada el arsenal probatorio, restando valor suasorio a las declaraciones rendidas por los testigos de descargo. Ante tal decisi�n y los referidos reparos defensivos, le ata�e entonces a esta Corporaci�n, como Juez Plural de segundo nivel, (i) realizar una nueva estimaci�n de la prueba acaudalada, a efectos de verificar si existen los defectos valorativos relacionados con la impugnaci�n, para luego (ii) entrar a examinar si los hechos demostrados encuadran dentro del delito de violencia intrafamiliar o si, tal y como lo propone la Defensa, estamos de cara ante una violencia bidireccional apta para eximir de responsabilidad. 6.2.

Par�metros para el an�lisis de la prueba. Variados son los medios de conocimiento que se han establecido por la Legislaci�n Penal para lograr llevar al juez al convencimiento, m�s all� de toda duda razonable, acerca de la materialidad de la conducta y la determinaci�n de su art�fice o responsable o, por el contrario, para desmontar los supuestos f�cticos que fundamentan la acusaci�n. Entre ellos se encuentra la prueba testimonial, medio de prueba que tiene como base de informaci�n la fuente humana, en tanto se practica o lleva a cabo a trav�s de una persona que, prestando juramento, asiste ante una autoridad judicial para aportarle la informaci�n que gracias a sus sentidos haya percibido directamente o, cuando menos, que tengan relaci�n estrecha con lo que es materia de prueba, consistiendo entonces �en el relato que un tercero le hace al juez sobre el conocimiento que tiene de hechos en�general�.

Ahora, es sabido que las personas no se ven inexorablemente movidas a decir la verdad, como quiera que al ser sujetos pasionales y con intereses, no en escasas ocasiones las palabras, manifestaciones o versiones que se ofrecen al interior de una causa penal no est�n encaminadas a coadyuvar con el esclarecimiento de lo realmente ocurrido, sino a lograr la condena o absoluci�n de quien se encuentra en el banquillo del acusado, ya sea por v�lidos o reprobables motivos.

En efecto, la mentira es un componente de la condici�n humana, m�xime cuando se encuentra de por medio la libertad. De ah� que haya un consenso en el �mbito jur�dico en el sentido que persona cre�ble para el proceso penal ser� aquella sobre la que no se advierte alg�n inter�s de alterar la verdad, lo cual es predicable de aquellos que as� como no aborrecen, reprueban o poseen un sentimiento an�logo respecto al procesado, tampoco est�n unidos a �l por una estrecha relaci�n de amistad, parentesco o filiaci�n afectiva que les haga aspirar verlo exento de reproche.

Ahora, por otra parte tambi�n habr� de tenerse en cuenta que no s�lo la posible mendacidad del testigo puede afectar el poder suasorio del relato ofrecido por �l, sino que se presentan casos en los que quien ofrece sus dichos se encuentra en condiciones que impiden asignarle cr�dito o, al menos, lo colocan en entre dicho, como cuando al analiz�rsele se advierte que presenta deficiencias mentales que inciden sobre su memoria, posee sentidos insanos, su capacidad de aprehensi�n del mundo exterior se encuentra mermada o, simplemente, se encontraba para el momento de los hechos f�sicamente inhabilitado para percibir los supuestos f�cticos por los que se le cuestiona.

As� pues, a pesar de la trascendencia que para la comprobaci�n de los hechos materia de juzgamiento posee la prueba testimonial, no puede perderse de vista que al tener al hombre y sus dichos como base, debe examin�rsele con gran cautela, porque su confiabilidad no es tan f�cil de avizorar; siendo de esta forma que el legislador estableci� unos criterios elementales para su apreciaci�n, contenidos en el art�culo 404 del actual C�digo de Procedimiento Penal que dice: �Para apreciar el testimonio el juez tendr� en cuenta los principios t�cnico cient�ficos sobre la percepci�n y la memoria y, especialmente, lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, los procesos de rememoraci�n, el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su personalidad�.

Y ese inter�s de tergiversar la verdad al que hemos hecho alusi�n puede quedar en evidencia luego de un an�lisis de la consistencia interna y externa del testimonio. Al respecto en sentencia del 8 de agosto de 2010, la Corte Suprema de Justicia puntualiz�: �De tal manera, como cada testigo le imprime a su testimonio una parte de su mundo esencial, particular escala de intereses, habilidades, facultades f�sicas y valores morales, el cr�dito de su atestaci�n est� sometido a la condici�n de que, conforme a criterios l�gicos y experiencia comprehensiva, raz�n aplicada a la pr�ctica, se acompase objetivamente con s� mismo, pero adem�s como elemento de un sistema dentro de la masa del conocimiento del que hace parte, en lo que se ha dado en llamar �razones intr�nsecas y extr�nsecas que conducen a aumentar, a disminuir o a destruir su valor probatorio�, sin que pueda ser atendible un descr�dito general con solo mirar a contraluz disonancias entre una prueba y otra, o entre uno de sus momentos y el siguiente.� En consonancia con lo precedente, valga recordar que la valoraci�n de todo medio de prueba deber� hacerse conforme al sistema de la sana cr�tica, sin ser la prueba testimonial la excepci�n, en tanto, deber� el Juez verificar la credibilidad de la versi�n vertida por el testigo a partir de una confrontaci�n de las respuestas ofrecidas con la l�gica, la experiencia y la ciencia. Precisamente la verosimilitud del testimonio depende de su concordancia con el sentido com�n, con lo usual y con leyes de raigambre cient�fico.

Con lo anterior, aparece entonces como un imperativo para el operador judicial llevar a cabo una detallada labor de verificaci�n de todas y cada una de las respuestas ofrecidas por el testigo, para avistar tras la informaci�n aportada, alg�n posible inter�s de tergiversar la verdad, prejuicios, afectaci�n de la percepci�n o defectos en el proceso de rememoraci�n, todo ello sin pasar de soslayo su condici�n personal, social, cultural y acad�mica, que ser�n indicativas de su idiosincrasia y personalidad, y ello a su vez, se tornar� en derrotero para colocar en contexto las respuestas ofrecidas y la forma como se ofrecen.

Para cerrar este ac�pite, valga traer a colaci�n, dilucidadora providencia del M�ximo Tribunal de la Jurisdicci�n Ordinaria, que acerca de la prueba testimonial y su apreciaci�n ha planteado: �De manera que no es la calidad misma del declarante sino su situaci�n personal, sus facultades superiores de percepci�n, retentiva y recordaci�n, la ausencia de intereses en el tr�mite o de circunstancias que afecten su imparcialidad, y las restantes peculiaridades de las que pueda precisarse la correspondencia y credibilidad de su dicho, las que resultan relevantes para determinar la ocurrencia de una determinada situaci�n desde el punto de vista probatorio�. 6.3.

Abordaje concreto del asunto. 1. Para la Defensa se est� de cara a un justiprecio desequilibrado de la prueba, como quiera que se ha preferido lo dicho por los testigos de cargo, dejando de lado lo que los deponentes de descargo adujeron. Cabe cuestionarse entonces �Hubo una evaluaci�n inequitativa de la prueba, con predilecci�n indebida por las probanzas presentadas por la Fiscal�a? Para dar una respuesta, lo primero que quiere mencionar la Sala es que, tras una observaci�n de la parte considerativa del fallo, de inmediato se avizora que las pruebas presentadas por la Defensa fueron tenidas en cuenta; es decir, no estamos de cara a una argumentaci�n judicial en la que la Falladora dio la espalda a los deponentes de descargo, en tanto que, adem�s de ser escuchados, fueron materia de argumentaci�n, al punto que tanto de los se�ores Jhon William Gonz�lez �lvarez y Jhony Fernando R�os, como de la profesional en desarrollo familiar y del acusado mismo se hallan razones para asignarles relevancia a efectos de ratificar o desestructurar las teor�as del caso.

As� pues, en un primer momento debe afirmarse que la Juez no ha omitido la estimaci�n de la prueba de descargo, dando ello lugar a una subsiguiente cuesti�n, cual es, si hubo una prelaci�n irregular; la que desde ya se revela inexistente, entendiendo que optar por dar cr�dito a unos testigos por encima de otros no es inviable o ileg�timo, y, tal y como este caso lo reclamaba, la prueba de cargo gozaba de mayor solidez y contundencia que la de descargo.

Se pasa a exponer: Tal y como viene de relacionarse en el ac�pite precedente, no toda persona se ve inexorablemente movida a relatar la realidad de lo ocurrido, siendo sentimientos negativos como el odio, o positivos como el afecto familiar o los lazos de amistad, factores importantes para que eventualmente se opte por encubrir la realidad de determinado acontecimiento para da�ar al enemigo o proteger al amigo o allegado, m�xime si se trata de temas tan sensibles como un delito que podr�a generar la pesarosa p�rdida de la libertad.

Coyuntura que lleva a preguntarse por las caracter�sticas personales de los testigos tra�dos a juicio, encontrando en un primer momento que la denunciante y presunta v�ctima, Sandra Milena Rinc�n, era la consorte del acusado, con quien ten�a una convivencia bajo un mismo techo, propia de una relaci�n familiar, raz�n por la que no eran enemigos, apareciendo as� extra�o que la mujer hiciera tan grave se�alamiento en la persona con la que hab�a optado por convivir.

Sin embargo, debe reconocerse que tambi�n es factible que personas unidas por el amor, tengan dificultades que alteren su convivencia, al punto de llegar a hacerse inculpaciones falsas de acentuada gravedad, lo cual para poder avalarse demanda de la demostraci�n de la situaci�n que ha fracturado la relaci�n y ha llevado a uno de los consortes a la actitud mendaz en contra de su pareja.

Actitud que no logra advertirse en la se�ora Sandra Milena Rinc�n, como quiera que no se conoci� de alg�n motivo familiar para que se atreviera a mentir en torno a la violencia del 1� de abril de 2016, vivencia que dio a conocer cuando a�n eran una pareja que compart�an techo y lecho, siendo s�lo conocido como irregular entre ellos las experiencias de agresiones pret�ritas que, ciertamente, antes que colocar en entredicho la sinceridad de la mujer al denunciar, la respaldan en forma suma.

De este modo, el v�nculo como pareja y la ausencia de motivos para una falsa inculpaci�n, hallando s�lo como motivo para denunciar precisamente la actitud agreste de JONATAN HERN�NDEZ, tornan a la se�ora Sandra Milena Rinc�n como testigo apta para suministrar informaci�n veraz y objetiva. Como igualmente es predicable de su hija, menor de edad que tampoco fue develada en el juicio oral como persona que quiso faltar a la verdad, sino que entreg� un relato detallado de una experiencia vivida, sin presiones de su progenitora, ni estimulada por negativos sentimientos de calado tal como para conducirla a buscar el encarcelamiento de la pareja de su madre.

De ah� que en el juicio oral no se revelara motivo alguno para impugnar su credibilidad. Ahora bien, tambi�n fueron presentados como testigos dos agentes de la Polic�a Nacional, de los cuales no se conoci� que tuvieran ojeriza, resquemor o similar en contra del acusado, persona que, por el contrario, desconoc�an, siendo as� como su testimonio tambi�n puede predicarse libre de inter�s en una falsa sindicaci�n, torn�ndose as� en importantes declarantes objetivos, m�xime cuando tuvieron conocimiento directo del episodio de violencia por el que finalmente capturaron al acusado.

Producto de lo anterior puede entonces establecerse como gran conclusi�n que la prueba de cargo se nutri� de testigos no generadores de recelo y s� muy aptos para entregar informaci�n apegada a la verdad, la que tambi�n pod�an entregar los se�ores Jhon William Gonz�lez �lvarez y Jhony Fernando R�os como testigos de la Defensa, pero de quienes deb�a tenerse presente que en el juicio oral reconocieron tener una relaci�n de amistad con el acusado, lo cual, a tono con lo ya despuntado, puede incidir en su cr�dito, en raz�n a que una relaci�n filial puede mover a una persona a morigerar los hechos, de modo tal que favorezcan a quien es allegado.

La amistad no es una cuesti�n balad�, es un poderoso lazo capaz de generar sentimientos de afecto, solidaridad y hasta compasi�n, que indudablemente pueden conducir a favorecer, por encima de la verdad, al amigo puesto bajo la condici�n pesarosa que representa ser objeto del derecho penal. Empero, no se limitan las divergencias de tales testigos de descargo y los de cargo a sus particulares intereses y a la objetividad testimonial, habiendo otros aspectos que explican la prelaci�n dada a �stos.

Es aqu� cuando debe recordarse que este asunto penal lo fue para juzgar y dilucidar una experiencia de violencia presentada el d�a 1� de abril de 2016, raz�n por la que, al tenor del art�culo 402 de la Ley 906 de 2004, importaba e imperaba lo que tuviesen para decir aquellos con conocimiento directo y personal sobre los acontecimientos de tal data, como efectivamente lo hicieron Sandra Milena Rinc�n, su peque�a hija y los dos gendarmes que atendieron el caso.

No as� los se�ores Jhon William Gonz�lez �lvarez y Jhony Fernando R�os, porque no percibieron con sus sentidos lo que en tan espec�fico d�a ocurri�, debiendo deponer as� sobre otras circunstancias, quiz� importantes, pero adyacentes al episodio constitutivo del delito de violencia intrafamiliar. Por otro lado, la se�ora Gloria Matilde Vargas Correa, quien fungi� como compa�era sentimental del condenado a lo largo de dos a�os, aproximadamente en el a�o 2010, certific� que durante el tiempo que convivieron gozaron de una buena relaci�n en la cual no se presentaron peleas de ninguna clase, empero, manifest� que para el a�o 2016 no ten�a ning�n contacto con el se�or JONATAN y tampoco ten�a conocimiento de la relaci�n sostenida entre �l y la se�ora Rinc�n Atehort�a, desconociendo por consiguiente la forma en que se desarrollaba dicha relaci�n, la cual claramente se pod�a desenvolver de modo diferente a la forma en que se manej� la suya, pues al respecto hay que tener en cuenta lo complejo de las relaciones personales y sociales, las cuales pueden variar como consecuencia de diversos factores sociol�gicos, culturales, econ�micos, entre otros; motivo por el cual, pese a que sus declaraciones puedan ser calificadas como sinceras, las mismas no tienen la fuerza suficiente para infirmar la ocurrencia del il�cito ni desdecir la responsabilidad del procesado, pues no puede desmentir unos hechos que sucedieron fuera de su presencia. Y si bien el acusado estaba habilitado para hablar con conocimiento directo sobre lo acontecido el 1� de abril de 2016, al renunciar a su derecho a guardar silencio y responder al interrogatorio presentado por su Apoderada, no hizo alusi�n a tan preciso momento, sino que divag� entre otras situaciones, lo cual tambi�n incid�a para que la Juez de primera instancia no atendiese sus dichos y acogiera otros.

De este modo, a la objetividad de los testigos de cargo, se suma el conocimiento personal y directo del hecho juzgado, como rasgo que les hac�a m�s atendibles por parte de la Juez de instancia, apareciendo un tercer aspecto de colosal importancia, como es que las palabras de los testigos de cargo encontraron otros elementos de convicci�n objetivos que le serv�an de respaldo.

Sobre el particular t�ngase presente que al dossier fue aportado (i) informe pericial de cl�nica forense e historia cl�nica que denota una afectaci�n de la integridad f�sica de la se�ora Sandra Milena Rinc�n, por lo que su manifestaci�n en torno a haber sido golpeada fue amparada documentalmente, hall�ndose tambi�n (ii) un formato de medida de protecci�n para la Polic�a a favor de la misma mujer, en clara muestra de que cuando testific� que la violencia se hab�a convertido en rasgo distintivo de su pareja, no estaba tal aseveraci�n hu�rfana de respaldo.

Ahora, en el juicio oral fue incorporada (iii) el acta de derechos del capturado, rubricada por los dos agentes de la Polic�a Nacional que realizaron la captura (en flagrancia), denotando ello que, en efecto, s� acudieron al lugar de los hechos y, por consiguiente, su presencia no fue simulada o inventada, pudiendo as� dar fe de aquello que dieron cuenta, como por ejemplo, que el hombre estaba descontrolado y aparec�a presa de la furia, como objetivamente puede acogerse a trav�s de (iv) las fotograf�as aportadas que muestran el desorden generado al interior de la residencia, en la cual tambi�n se encontr� en el suelo un cuchillo que fuera relacionado por la menor como el arma con el cual el procesado las intimidaba.

Inversamente, los testigos que dijeron que Sandra Milena tambi�n atacaba, no cuentan con m�s que sus palabras, extra��ndose as� alguna denuncia penal, queja en inspecci�n de polic�a, citaci�n a Comisar�a de Familia o cualquier otro elemento objetivo similar apto para determinar, as� fuera por la v�a inferencial, que JONATAN HERN�NDEZ es realmente una v�ctima m�s, que ha sido objeto de pret�ritas golpizas.

Luego, estamos tambi�n ante testigos de cargo soportados en otras piezas probatorias, apareciendo casi como un imperativo que la Juez de primer nivel, al igual que ahora lo hace este Juez Plural de segunda instancia, concluyera que deb�a acogerse la versi�n consistente de Sandra Milena, su hija y los dos gendarmes que atendieron el caso, sin haber motivos conocidos ni deducidos para creer que faltaban a la verdad.

Todo lo cual representa que la verdad procesal es que el d�a 1� de abril de 2016, Sandra Milena Rinc�n no re��a y se bat�a en lucha con su compa�ero sentimental JONATAN HERN�NDEZ SERNA, sino que �ste, estimulado negativamente por la ingesta de licor, se descontrol� y atac� a su pareja, quien nadie vio reaccionar tambi�n violentamente, pero que s� fue hallada por dos gendarmes atemorizada por el embate, reclamando mediante gritos el auxilio que tambi�n ped�a una menor de edad, quienes como madre e hija debieron padecer, tras la golpiza, la zozobra de ser intimidadas con arma letal (cuchillo) por una persona con la que hab�an formado familia, y que al igual que en pasadas ocasiones, una vez m�s hac�a uso de la fuerza, la cual quedaba en evidencia por la intervenci�n policial que fren�, no una lucha, sino el ataque protagonizado por el ya referido HERN�NDEZ SERNA.

Lo cual no pod�a ser desmentido por los se�ores Jhon William Gonz�lez �lvarez y Jhony Fernando R�os, como mucho menos por la profesional en desarrollo familiar, no por un desecho prejuicioso de la Juez, y ni siquiera porque se coligieran mendaces, sino porque no eran testigos del episodio juzgado como tal, lo cual es raz�n v�lida para que, sin dejarlos de lado, no se les otorgara poder suasorio para desdecir la hip�tesis acusatoria, resultando incluso importantes para ofrecer informaci�n en torno al modo violento de interactuar de la pareja que, a no dudarlo, tornaba m�s probable que los hechos se hubiesen dado como los cuatro testigos referidos de cargo lo expresaron y como efectivamente esta Sala tambi�n considera que as� se dieron, acogiendo en un todo a la denunciante cuando en el juicio oral expres�: �(�) yo estaba parada en frente de �l, ya �l me empuj� contra la pared, me tir� al suelo y empez� a agredirme, empez� a pegarme patadas y la mayor�a me las dio en el pie que yo tengo lesionado, ya �l se fue para la cocina y cogi� el cuchillo y yo como pude me fui hasta donde estaba mi hija, ya �l empez� a decir dizque nos iba a matar, que nos iba a fumar, que me iba a dejar llena de rotos que porque si yo no era para �l no era para nadie, que le ten�a que entregar la plata que era para el arriendo, que eran como $200.000 pesos y me dec�a palabras, ya nos insultaba a las dos, nos dec�a que nos iba a matar y nos ten�a arrinconadas como en una esquina de la cama, ya �l en una mano ten�a el cuchillo y con la otra tir� a pegarme pu�os, yo logr� esquivar algunos pero �l me peg� uno en la cara, entonces ya �l tir� a pegarle a mi hija y entonces yo del susto le pase la plata y el celular para que nos dejara salir, que nos dejara ir de ah� para que no nos fuera a hacer nada y ya todo empeor�, porque segu�a insult�ndonos, �l se me arrimaba que la voy a matar (�) Ya mi hija de los nervios comenz� a vomitar y �l se burlaba de nosotras, se burlaba de ella, le remedaba, ya nosotras empezamos a pedir auxilio, que nos ayudaran, ya al rato lleg� la polic�a� Se desestima as� el reparo defensivo en punto a la inclinaci�n del a quo por los testigos de cargo y la subvaloraci�n de los de descargo.

Y diciendo lo anterior puede la Sala concluir entonces que, en raz�n a las agresiones verbales y f�sicas, los insultos, oprobios, amenazas con cuchillo, empujones, pu�etazos, puntapi�s y en s� humillaciones que se presentaron, se est� no ante un hostigamiento menor, sino ante un verdadero delito de violencia intrafamiliar, repudiado a trav�s del tipo penal consagrado en el art�culo 229 C.P. que contempla el verbo rector relativo a �maltratar�, el cual abarca �golpes, gritos, expresiones verbales hirientes, pellizcos, empujones, zancadillas, rega�os, mechoneos, gestos ademanes, etc., que en t�rminos generales, creen un ambiente de incomodidad y enrarecimiento que conspire contra la mutua confianza y tranquilidad familiares, como lesiones de cierta gravedad (�) injurias por v�a de hecho, etc.� (negrilla fuera del texto original), m�xime cuando el altercado ocasion� la desintegraci�n familiar, y en concreto pudo verificarse que la mujer (como no el hombre) fue afectada en su integridad personal, en tanto present�: �una peque�a escoriaci�n en regi�n malar izquierda con dolor a la palpaci�n (�) escoriaci�n en brazo derecho, edema y dolor a al palpaci�n en tobillo izquierdo�, las cuales le generaron una incapacidad provisional de diez d�as de acuerdo con el dictamen expedido por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, el 2 de abril de 2016, el cual fue objeto de estipulaci�n probatoria y se encuentra en el folio 71 del dossier. 2.

No obstante tal realidad de violencia de parte del se�or JONATAN HERN�NDEZ, que lleg� a ser t�citamente admitida por la Defensa al hacer alusi�n a que en la relaci�n de pareja del acusado hab�a agresiones de parte y parte, se insiste con la impugnaci�n en la absoluci�n bajo la idea, seg�n la cual, la violencia es bidireccional y ella suprime la denominada violencia intrafamiliar.

Pues bien, frente a este argumento, dos son las respuestas que la Sala tiene para exteriorizar, siendo la primera que ya con la prueba practicada, y producto de su an�lisis integral, se ha establecido como realidad demostrada que el 1� de abril de 2016, no estaba la se�ora Sandra Milena en actitud de guardia, como quien hace parte activa de una confrontaci�n violenta, sino que era objeto de la furia de su pareja, a quien no debi� enfrentar ni instigar, sino que desde un principio, tanto verbal como f�sicamente, la dobleg�, someti�ndola de tal modo que la mujer, antes que atacar o defenderse, reclam� auxilio mediante gritos, los que escucharon los policiales que no pudieron entrar a la residencia, porque precisamente el agresor se opon�a a ello, como no ser�a de esperar de un hombre que tambi�n estuviera siendo v�ctima y tuviera alg�n inter�s en frenar la reyerta.

En este sentido, los patrulleros de la Polic�a Nacional, Luis Fernando Valles y Edwar Mora Oliveros informaron con claridad que el 1� de abril de 2016 en la direcci�n calle 20 # 28 -16 del barrio 20 de Julio encontraron a dos mujeres, concretamente a Sandra Milena Rinc�n y a su menor hija M.F.C.R, implorando auxilio, puesto que estaban siendo agredidas por el compa�ero sentimental de la primera, el se�or JONATAN HERN�NDEZ SERNA, a quien capturaron en flagrancia, luego de que se opusiera a su ingreso a la residencia, en la que el hombre estaba alterado, mientras las f�minas se avistaban sumisas ante el agreste contexto que, se insiste y resalta, no era de agresiones f�sicas mutuas.

Luego, inane resultar�a ahondar en la aptitud de una supuesta violencia bidimensional para fundar una eximente de responsabilidad del atacante. Sin embargo, en gracia de discusi�n habr� de pronunciarse la Sala, acudiendo as� a la segunda de las respuestas, con la cual se pregona que de avalar que durante el episodio denunciado se present� una confrontaci�n de parte y parte, tampoco se desestructurar�a el delito de Violencia Intrafamiliar, porque no puede operar una compensaci�n de responsabilidades, sino que cada uno de los destructores de la indemnidad familiar ser� responsable por el ejercicio ileg�timo de su violencia. En este sentido, d�gase que cuando una persona opta por la violencia como modo natural de interacci�n con su familia, no puede eximirse de responsabilidad por el hecho de que otro miembro de la misma familia acuda a tan deplorable conducta, siendo as� imperioso y ajustado a derecho que ante una violenta acci�n de un familiar, las v�ctimas no opten por devolver golpe con golpe, sino que acudan a las autoridades, para conjurar la situaci�n, la cual no puede avalarse que intente superarse con m�s actos de violencia. Inadmisible ser�a que el derecho penal sancione a quien atenta contra su familia, pero no a quien alimenta tal situaci�n con m�s violencia. La tipicidad de la conducta no puede depender de si a quien se lesiona tambi�n es agresivo, por lo que cuando una pareja acude a la violencia, no act�an autorizados por el ordenamiento jur�dico, sino que ambos son sujeto pasible del derecho penal que pune los atentados contra la familia, la cual es seriamente afectada por quien hace uso deliberado de la violencia, as� lo sea porque su pareja tambi�n lo hace.

De este modo entonces, no hay lugar a compensar responsabilidades, ni a exonerar a quien echa mano de las humillaciones, intimidaciones y golpes como m�todo de relacionarse con su familia, independiente de la actitud de los dem�s miembros, salvo que se tratase de una actitud de defensa que depender� de la demostraci�n de que quien lesiona lo hace para reaccionar en defensa de sus propios derechos, como aqu� no es predicable del acusado que, con base en la prueba de cargo y sin ser desmentido por la prueba de descargo, el d�a 1� de abril de 2016 abord� a su pareja, en presencia de su hija menor, y la someti� a sus maltratos de palabra y obra, en un embate no provocado por la mujer, sino surgido de su ingesta de licor.

Y d�gase finalmente que tal conclusi�n no se resquebraja por el hecho de que una profesional en desarrollo de familia indic� en el juicio oral que el concepto de violencia es polis�mico y que, por tanto, pod�a dividirse en el plano familiar en varias categor�as, como la violencia de g�nero, la violencia intrafamiliar y la violencia bidireccional, porque tal diferenciaci�n, relevante para las ciencias sociales para efectos de estudiar causas, caracter�sticas, consecuencias, etc., no posee para el derecho penal la relevancia que la Defensa le ha querido asignar, como quiera que estando ante un tipo penal que pune el maltrato f�sico o psicol�gico a los miembros del n�cleo familiar, en �l encuadra tanto quien lo hace en solitario, como quien dolosamente lo hace espoleado por una din�mica familiar an�mala en la que su pareja tambi�n ha acudido a la violencia. �ltimo aspecto que permite tambi�n comprender la raz�n por la que aquellos testigos que dijeron que Sandra Milena tambi�n empleaba la fuerza, avistando aru�ones en pasadas ocasiones sobre el cuerpo de su amigo JONATAN, no es que no hayan sido debidamente evaluados por la Juez, sino que con tal informaci�n resultaban inanes para eximir a quien, adem�s de demostrarse que el d�a de los hechos no re��a con su pareja sino que la somet�a, cuando hac�a uso de la violencia lo hac�a deliberadamente, no como modo de defensa, sino como conducta integrada a su fracturada relaci�n sentimental. 3.

Impera, pues, dictar un fallo de segunda instancia confirmatorio del juicio de responsabilidad formado en sede de primera instancia, no sin antes abordar el tercero de los reparos de la Defensa, al censurar que la Juez de primer nivel, al advertir que el procesado en su testimonio no se pronunci� sobre los hechos del 1� de abril de 2016, no conjur� la situaci�n indagando sobre el particular a trav�s de la facultad de realizar preguntas complementarias.

En torno a esta desavenencia debe decirse que el Sistema Penal Acusatorio tiene un rasgo que denota una trascendental importancia, el cual es que se trata de un sistema adversarial en virtud del cual el procesado y su representante judicial ya no ostentan un papel secundario dentro del proceso penal, sino que desempe�an un rol activo en igualdad de armas con el Ente Acusador.

Este principio de igualdad de armas reconoce entonces iguales oportunidades y posibilidades, as� como, similares potestades para las partes dentro de la actuaci�n penal, lo que le habilita para presentar una teor�a del caso con el prop�sito de confrontar aquella planteada por la Fiscal�a y, adem�s, recolectar evidencia en aras de fundamentar su posici�n, y hacer lo necesario para la cabal incorporaci�n de la prueba decretada. En ese sentido corresponde a las partes presentar sus testigos y realizarles las preguntas necesarias en t�rminos de pertinencia para demostrar su teor�a del caso y desvirtuar la de su contraparte, pues pese a que el Juez se encuentra habilitado por el art�culo 397 del C�digo de Procedimiento Penal para efectuar preguntas complementarias en aras de lograr el cabal entendimiento del caso, tal potestad est� limitada por derechos y principios tales como la dignidad humana, la igualdad, in dubio pro reo, legalidad, contradicci�n y defensa, imparcialidad, entre otros.

Por lo tanto, atendiendo tales bases axiol�gicas, la Autoridad Judicial est� impedida para sustituir el rol de la Fiscal�a o la Defensa, incluso tomar partido por alguna de las partes, corrigiendo los yerros y vac�os en que estas incurren. Adem�s extrapolando las reglas del interrogatorio cruzado seg�n lo dispuesto por el art�culo 391 del C�digo de Procedimiento Penal, toda vez que si la parte que contrainterroga exclusivamente puede referirse a aspectos tratados en el interrogatorio directo o, quien hace uso del re-directo s�lo puede solicitar aclaraci�n respecto a puntos debatidos en el contrainterrogatorio, mal se har�a al interpretar la potestad otorgada al Juez por el art�culo aludido de una manera absoluta, entendiendo de manera errada que el Fallador puede formular preguntas para solicitar aclaraci�n en torno a temas que no fueron objeto de interrogatorio y contradicci�n, puesto que eso atentar�a contra las bases del Sistema Penal con tendencia Acusatoria.

Por virtud de lo precedente, que la Juez se abstuviera de cuestionar por una tem�tica no ventilada por la parte que solicit� el testimonio de HERN�NDEZ SERNA, no es un error censurable, sino un proceder acorde a derecho que entiende que los jueces no tienen por facultad -y mucho menos por obligaci�n- realizar el trabajo que las partes han omitido desarrollar. 7.

DECISI�N En m�rito de lo expuesto en precedencia, el TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE, MANTENER INC�LUME la sentencia proferida el d�a 2 de noviembre de 2016 por el Juzgado Tercero Penal Municipal con Funci�n de Conocimiento y Depuraci�n de Manizales, Caldas, mediante la cual conden� al se�or JONATAN HERN�NDEZ SERNA como responsable del delito de �Violencia intrafamiliar� (inc. 2� art. 229 C.P.), ratificando el quantum punitivo de 72 meses de prisi�n e inhabilitaci�n para el ejercicio de derechos y funciones p�blicas que se le impuso, as� como, la negativa para conceder la suspensi�n condicional de la ejecuci�n de la pena y la prisi�n domiciliaria como sustitutiva de la prisi�n. Se ordena NOTIFICAR el presente fallo, INFORMANDO que en contra del mismo procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y c�mplase Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOS� FERNANDO REYES CUARTAS Gloria In�s Guti�rrez Aristizabal - Secretaria  La audiencia de imputaci�n se encuentra contenida en el disco No. 1.  El escrito de acusaci�n se encuentra del folio 1 al 5 del expediente.  Ver folios 7,8 y 9 del cartulario.  La audiencia de formulaci�n de acusaci�n est� contenida en el disco No. 2, as� mismo, el acta de audiencia de formulaci�n de acusaci�n se puede vislumbrar en el folio 15 del dossier.  Folio 18 de la carpeta.  La audiencia preparatoria se puede observar en el disco No. 3 y el acta de la misma se observa en el folio 24 del legajo.  Se avizora en el disco No. 4 y entre los folios 25 y 34 del expediente.  La audiencia de juicio oral realizada el 22 de septiembre de 2016, se encuentra en el disco No. 5 y la respectiva acta est� en los folios 88 y 89 del dossier.  La audiencia de continuaci�n del juicio oral, efectuado el 11 de octubre de 2016, se encuentra en el disco No. 6 y el acta se observa entre los folios 103 y 105 del cartulario.  La sentencia se encuentra entre los folios 111 y 128 del expediente.  Concepto gen�rico adoptado por la doctrina, tomado en esta oportunidad del Manual de Derecho Probatorio del profesor Jairo Parra Quijano.  Corte Suprema de Justicia. Decisi�n del 23 de febrero de 2011.

Radicado: 32996.  ART�CULO 402. CONOCIMIENTO PERSONAL. El testigo �nicamente podr� declarar sobre aspectos que en forma directa y personal hubiese tenido la ocasi�n de observar o percibir. En caso de mediar controversia sobre el fundamento del conocimiento personal podr� objetarse la declaraci�n mediante el procedimiento de impugnaci�n de la credibilidad del testigo.  Minuto 19:41, juicio oral, CD No. 5, audio No. 4.  Lecciones de derecho penal.

(2011). 2nd ed. Bogot�, Colombia: Universidad Externado de Colombia, p.529.  Sentencias C-591 de 2005, C-025 de 2010, C- 260 de 2011, T-293 de 2013 y C-387 de 2014.  ART�CULO 397. INTERROGATORIO POR EL JUEZ. Excepcionalmente, el juez podr� intervenir en el interrogatorio o contrainterrogatorio, para conseguir que el testigo responda la pregunta que le han formulado o que lo haga de manera clara y precisa.

Una vez terminados los interrogatorios de las partes, el juez y el Ministerio P�blico podr�n hacer preguntas complementarias para el cabal entendimiento del caso. (Negrilla de la Sala)  ART�CULO 391. INTERROGATORIO CRUZADO DEL TESTIGO. Todo declarante, luego de las formalidades indicadas en el art�culo anterior, en primer t�rmino ser� interrogado por la parte que hubiere ofrecido su testimonio como prueba.

Este interrogatorio, denominado directo, se limitar� a los aspectos principales de la controversia, se referir� a los hechos objeto del juicio o relativos a la credibilidad de otro declarante. No se podr�n formular preguntas sugestivas ni se insinuar� el sentido de las respuestas. En segundo lugar, si lo desea, la parte distinta a quien solicit� el testimonio, podr� formular preguntas al declarante en forma de contrainterrogatorio que se limitar� a los temas abordados en el interrogatorio directo.

Quien hubiere intervenido en el interrogatorio directo podr� agotar un turno de preguntas dirigidas a la aclaraci�n de los puntos debatidos en el contrainterrogatorio, el cual se denomina redirecto. En estos eventos deber�n seguirse las mismas reglas del directo. Finalmente, el declarante podr� ser nuevamente preguntado por la otra parte, si considera necesario hacer claridad sobre las respuestas dadas en el redirecto y sujeto a las pautas del contrainterrogatorio.

(Negrilla fuera del texto)     P�gina  PAGE 22 Sistema Acusatorio: 2016-81362-01 JONAT�N HERN�NDEZ SERNA Violencia intrafamiliar Confirma Rep�blica de Colombia  67Kfx|����������������ñãã��Àn�_�_�L6+h�ph$y<5�CJOJQJ^JaJmH sH %h4$�5�CJOJQJ^JaJmH sH he45�OJQJ^JmH sH #he4he45�OJQJ^JmH sH #he4h4$�5�OJQJ^JmH sH  h�phoj�OJQJ^JmH sH he4OJQJ^JmH sH #h�ph4$�5�OJQJ^JmH sH  h�ph4$�OJQJ^JmH sH (h�ph4$�CJOJQJ^JaJmH sH +h�ph4$�5�CJOJQJ^JaJmH sH 67Kf��������� � � � ����������������� $dha$gd/^$��dh`��a$gd}<($ & Fdha$gd4$�dhgd\2�$��dh^��a$gd4$�$dh&d P�� a$gd4$� $dha$gd4$�����8 9 @ g i m ~ � � � �   ? �����髀����nYF0Y+h�ph��5�CJOJQJ^JaJmH sH %hoj�5�CJOJQJ^JaJmH sH (h�ph��CJOJQJ^JaJmH sH "hoj�CJOJQJ^JaJmH sH (h�ph�'9CJOJQJ^JaJmH sH +h�ph�e�5�CJOJQJ^JaJmH sH (h�ph4$�CJOJQJ^JaJmH sH +h�ph$y<5�CJOJQJ^JaJmH sH %h4$�5�CJOJQJ^JaJmH sH +h�ph4$�5�CJOJQJ^JaJmH sH ? 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Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH $@$ 4$��Texto nota pie,Footnote Text Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Char Char,Footnote reference,FA Fu,texto de nota al pie,Footnote Text Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha,ft,Car,Ca, Car,FACJaJmHsH�o��! 4$�pTexto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Car,texto de nota al pie Car Car,texto de nota al pie Car1,f Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH &`��1 4$��Ref. de nota al pie,Texto de nota al pie,Footnotes refss,Appel note de bas de page,Footnote number,referencia nota al pie,BVI fnr,f,Ref,de nota al pie,Footnote symbol,Footnote,Ref. de nota al pie2,Nota de pie,Pie de pagina,Ref.,Ref1,FC,4_G,16 PointH*6�o��A6 4$��Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car,ft Car,Ca Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH Z�`��RZ 4$� Sin 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