Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Manizales

Radicado: 2005-80026-01

Sala: PENAL

Ponente: Gloria Ligia Castaño Duque

Fecha: 2017-05-09

Sujetos procesales: JOSÉ JULIÁN OSORIO ALZATE \

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H: 10:00 a.m. Manizales, nueve (09) de mayo de dos mil diecisiete (2017) 1. ASUNTO Procede esta Corporaci�n a resolver el recurso de apelaci�n interpuesto por la Unidad de Defensa en contra de la sentencia proferida el d�a 17 de junio de 2016 por el Juzgado Penal del Circuito de Aguadas, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE como Determinador del delito de �Homicidio simple� que en circunstancias de mayor punibilidad le atribuy� la Fiscal�a. 2.

HECHOS En horas de la tarde del 11 de enero del a�o 2005, en zona urbana del municipio de Aguadas, Caldas, el se�or Rogelio Jim�nez Carmona fue atacado con arma de fuego, recibiendo un disparo en su cabeza que fue suficiente para que perdiera la vida. Con las indagaciones no se logr� identificar al autor del il�cito, pero pasado el tiempo, en declaraci�n ofrecida por el se�or Fabio C�sar Mej�a en el a�o 2011, la cual rend�a como colaboraci�n a la justicia en su calidad de Comandante del frente de las AUC �Cacique Pipint�, expres� que en los hechos en los que perdi� la vida el se�or Rogelio Jim�nez �l estuvo implicado, dando la orden para su ejecuci�n, lo cual hizo atendiendo petici�n de su amigo y colaborador de las AUC: JOS� JULI�N OSORIO ALZATE, alias �El Indio�, quien pretend�a vengarse del hoy occiso por unas lesiones que hab�a causado a un hermano suyo.

Se germin� as� la causa penal que ahora concita la atenci�n de la Sala en contra de quien, aparentemente, pidi� el favor para vengar la afrenta sufrida por su cong�nere. 3. ACTUACI�N DE INSTANCIA 3.1. Sin ordenar la captura del se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE por hallarse ya recluido por otro proceso por concierto para delinquir, fue citado y conducido el d�a 30 de septiembre de 2014 ante el Juzgado Tercero Penal Municipal con funci�n de Control de Garant�as local, escenario en el que se le formul� imputaci�n como determinador del delito de Homicidio agravado y con circunstancia de mayor punibilidad, en los t�rminos de los arts. 103, 104 numeral 4�, y 58 numeral 10� del C�digo Penal.

El imputado no admiti� responsabilidad, luego de lo cual se solicit� medida de aseguramiento intramural que no fue decretada atendiendo que el se�or OSORIO ALZATE ya se hallaba tras muros. 3.2. Culminada la fase investigativa present� la Fiscal�a escrito de acusaci�n, correspondi�ndole el conocimiento del asunto al Juzgado Penal del Circuito de Aguadas, Caldas, despacho que el d�a 12 de febrero del a�o 2015 adelant� la audiencia de formulaci�n oral de la acusaci�n, con ocasi�n de la cual se le atribuy� de manera definitiva al procesado el delito de homicidio, pero aclarando que lo ser�a en su forma simple, y s� con la circunstancia de mayor punibilidad referida a la coparticipaci�n criminal. 3.3.

A continuaci�n, esto es, el d�a 14 de agosto de 2015, se efectu� la audiencia preparatoria, en la que se deprecaron y decretaron las pruebas a practicar en la diligencia de juicio oral que, tras varios aplazamientos, fue surtida los d�as 18, 19 y 20 de abril de 2016, culminando con la emisi�n de un sentido del fallo de car�cter condenatorio.

4. LA SENTENCIA Superado el anterior discurrir procesal, a los 17 d�as del mes de junio de 2016 se profiri� el fallo condenatorio previamente anunciado, a trav�s del cual el Juez comenz� haciendo referencia a las estipulaciones y dem�s probanzas practicadas que permit�an afirmar la materialidad de la conducta, quedando en claro que el se�or Rogelio Jim�nez Carmona perdi� su vida, de manera violenta, el d�a 11 de enero del a�o 2005.

Ya en torno a la responsabilidad de JOS� JULI�N OSORIO ALZATE, estableci� el a quo que pod�a soportarse en la sindicaci�n del testigo Fabio C�sar Mej�a (alias Jhonatan), quien por su participaci�n en los hechos y su riqueza descriptiva era id�neo para individualizar a otros implicados, tal y como lo hizo a trav�s de un testimonio en el que indic� que perteneci� y fue comandante de las AUC, siendo ello corroborado con otras pruebas, con las que tambi�n se verific� que el acusado JOS� JULI�N fue colaborador del paramilitarismo y era amigo cercano de Fabio C�sar, hasta el punto de ser padrino de una hija de �ste, por lo cual hab�a una cercan�a que daba cr�dito a la manifestaci�n del testigo en que acept� acabar con la vida de la v�ctima como un favor para su amigo, quien quer�a vengar la lesi�n sufrida en pret�rita ocasi�n por un hermano suyo, situaci�n que tambi�n fue corroborada con el testigo Jos� Mario Alzate, quien dio cuenta como el �bito lleg� a lesionar con machete al hermano del acusado.

Concluy� entonces el Juez que si la prueba mostr� que Fabio C�sar Mej�a era comandante de las AUC, que ten�a una amistad estrecha con JOS� JULI�N, que �ste era colaborador financiero del grupo de Autodefensas y que un hermano suyo sufri� unas lesiones por parte del hoy �bito, las cuales se dijeron que habr�an de ser vengadas, imperaba concluir que el se�alamiento del testigo Fabio C�sar es cierto, habi�ndolo hecho adem�s con espontaneidad, seriedad y coherencia. Posteriormente pas� el Juzgador a examinar los testigos de descargo, iniciando con la declaraci�n de Carlos Enrique V�lez, quien dijo que Fabio C�sar le pidi� que lo respaldara en decir que JOS� JULI�N OSORIO era financiero de las AUC, manifestaciones que no fueron acogidas, porque sus dichos no fueron ratificados por Fabio C�sar, porque no resultaba coherente que colaborando con la justicia permitiera que al acusado lo procesaran por otro homicidio (de alias confite) sin aclarar el asunto, y no era cre�ble que le hubiesen pedido que dijese que JOS� JULI�N hac�a parte de las AUC cuando �ste ya hab�a sido condenado tiempo atr�s, lo cual ocurri� por una admisi�n de cargos, que deja en evidencia que el testigo faltaba a la verdad al negar cualquier nexo del aqu� acusado con el grupo paramilitar.

Ya acerca del testigo C�sar Augusto Santa y Fabio Nelson Valencia Vidal, tambi�n se coligieron de poca credibilidad, por sus vac�os en cuanto a los motivos por los que supuestamente se orden� la muerte de Rogelio Jim�nez, aunado a la intenci�n de colocar a JOS� JULI�N OSORIO como ajeno a las AUC, a pesar de que hab�a prueba contundente en contrario.

En cuanto a Fabio Nelson, escolta de Fabio C�sar Mej�a, no se le otorg� cr�dito al referir ser el autor del homicidio del aqu� �bito, en tanto que no expres� las circunstancias modales tal y como realmente acontecieron. Finalmente, en torno al testimonio del propio acusado, se adujo que no aport� prueba objetiva de que le fue pedido dinero, como tampoco la entrega del mismo, el cual de haber entregado no resultaba l�gico que hubiese terminado finalmente en una declaraci�n falsa en su contra; a lo cual se sum� como dif�cil de creer que Fabio C�sar lo incriminara y, a su vez, se auto-incriminara, siendo de esperar que si se trataba de un chantaje hubiera negado cualquier participaci�n propia.

De esta manera se concluy� que la prueba de descargo no logr� quebrar la prueba tra�da por la Fiscal�a, por lo que se declar� al se�or OSORIO ALZATE como responsable, en calidad de determinador, por el homicidio del se�or Rogelio Jim�nez, imponi�ndosele pena de 400 meses de prisi�n, producto de ubicarse el Juez dentro del cuarto m�ximo de movilidad del delito del art. 103 del C.P. (por s�lo haber circunstancias de mayor punibilidad) y dentro de �ste aumentar algunos meses (10,5 meses) por la gravedad de la conducta, la intensidad del dolo, el m�vil del delito y la necesidad de la pena.

En raz�n al quantum punitivo no se otorgaron sustitutos ni beneficios. 5. LA APELACI�N Una vez notificada a las partes actuantes la decisi�n en estrados, la Unidad de Defensa interpuso recurso de apelaci�n, sustentando su disenso a trav�s de escritos del abogado y del acusado mismo, con los cuales se reclama la revocatoria del fallo condenatorio de primera instancia. 5.1.

El Abogado defensor, luego de hacer relaci�n de principios probatorios, manifest� su inconformidad respecto a la valoraci�n probatoria del Juez, aduciendo que le otorg� credibilidad excesiva a un testigo �nico sin respaldo y que, por el contrario, fue contradictorio con pluralidad de testigos que eran suficientes para fincar la duda. Pas� el Impugnante a censurar que el Juzgador no hubiese tenido en cuenta que el investigador que atendi� el caso no obtuvo con sus pesquisas informaci�n de presencia del acusado en el teatro de los acontecimientos, as� como tampoco que estaba registrado en el organigrama de las AUC en la zona, trat�ndose de un hombre que con lo investigado se supo comerciaba con caf�, y no ten�a problemas con la v�ctima.

A continuaci�n se plante� como il�gico que se hubiese mandado a matar a una persona que el procesado no conoc�a, y a quien tampoco conoc�a supuestamente el comandante Fabio C�sar Mej�a, siendo tambi�n il�gico que se hubiera tratado de la venganza por un altercado del que ya hab�an pasado dos a�os, �enfri�ndose� las cosas y trat�ndose de un lapso que no era de esperar de un grupo con tanto poder.

De otra parte aludi� el Censor que con la prueba se conoci� que JOS� JULI�N admiti� responsabilidad por otro homicidio y por concierto para delinquir para conseguir reducci�n de penas y por las presiones de las que era objeto, pero no porque la Fiscal�a haya demostrado su compromiso, como tampoco lo lograba en este asunto en el que no hab�a motivo para que JOS� JULI�N quisiera la muerte de Rogelio Jim�nez, m�s a�n cuando pasaron dos a�os en los que �ste tuvo una vida normal, sin amenazas expl�citas por parte del procesado.

Luego de las anteriores manifestaciones, hizo alusi�n la Defensa al testimonio del se�or Fabio C�sar Mej�a (alias Jhonatan), catalog�ndolo contradictorio al decir que el atentado fue un favor a JOS� JULI�N, cuando su jefe paramilitar, quien siendo tan importante para la causa no fue tenido en cuenta cuando neg� que obraran as�. Tambi�n puso en tela de juicio la credibilidad del testigo por hablar del hermano de JOS� JULI�N como mudo y de quien escuch� que se le estaba secando el brazo con el machetazo, cuando en juicio se demostr� que eso no era as�, pues declar� con su propia voz y el brazo lacerado no ten�a signos de tal entidad.

Se pidi� as� la desestimaci�n del testigo que se predicaba estrella, quien adem�s se contradijo cuando dijo que coordin� la muerte de Rogelio con JOS� JULI�N, cuando es sabido que �ste no conoc�a a la v�ctima, no pudiendo servir para disponer y coordinar el atentado; contradici�ndose tambi�n al decir que el atentado ocurri� al salir de una tienda, cuando la esposa del occiso dijo que fue ultimado al salir de su casa, como as� se constat� porque su cad�ver fue hallado en cercan�as.

Ya en torno a los testigos de descargo se expres� con la apelaci�n que Carlos Enrique V�lez fue claro en narrar como el testigo Fabio C�sar (alias Jhonatan) le mostr� una foto de JOS� JULI�N en la picota para que declarara en contra de �l, lo cual le pidi� como retaliaci�n por una plata que le deb�a o le hab�a robado, �ltimo aspecto que alega corroborado por C�sar Augusto Santa, Fabio Nelson Valencia y el mismo procesado, al testificar el primero que tambi�n hab�a sido extorsionado por alias Jhonatan, viendo adem�s como �ste le ped�a en un patio de la c�rcel de Manizales dinero al acusado.

Finalmente aludi� el Apelante al testimonio de quien se present� como escolta del testigo alias Jhonatan, quien reclam� que fuese mejor evaluado al revelar que tuvo problemas con su ex jefe porque le pidi� que declarara en contra de ciertas personas faltando a la verdad, testificando adicionalmente que �l fue quien ejecut� el homicidio del se�or Rogelio, haci�ndolo por disposici�n de un se�or Hugo, quien era el encargado de identificar personas problemas, siendo en este caso la v�ctima reportada como vendedor de drogas, lo cual fue el motivo para segarle su vida.

Se pidi� as� la absoluci�n de quien era inocente pero result� extorsionado, siendo v�ctima de una falsa sindicaci�n, la que espera se abstraiga de una mejor valoraci�n de la prueba, para colegir que otros fueron los autores y m�viles del homicidio, operando as�, cuando menos, el in dubio pro reo. De forma adyacente se mostr� inconforme el Defensor con que en la �ltima sesi�n de juicio oral, al verificarse no grabado el audio de los alegatos de clausura y el sentido del fallo, se reh�zo la diligencia sin la presencia suya, lo cual le impidi� ofrecer sus alegatos para que quedasen registrados, como s� lo pudo hacer la Fiscal�a. Ya por �ltimo y como reclamo subsidiario, se critic� la tasaci�n de la pena, por el hecho de establecerse con una indebida motivaci�n, al no haberse deducido circunstancias de agravaci�n. 5.2.

El procesado, por su parte, reclam� la nulidad de la actuaci�n porque al final del juicio oral no estuvo presente su Defensor. En cuanto a su inocencia aleg� que se cont� con el testimonio del Comandante paramilitar Pablo Hern�n Sierra, que dijo que en el grupo no se mataba por favores, respaldado por otros testigos de descargo que dejaron al descubierto que �l no ten�a participaci�n. Como petici�n subsidiaria reclam� del Tribunal una pena ajustada al m�nimo posible, sin la severidad punitiva de que fue objeto en primera instancia. 5.3.

La Fiscal�a, como sujeto procesal no recurrente, reclam� la confirmaci�n del fallo de condena, acotando que la valoraci�n probatoria fue correcta, direccionada en contra de quien ya fue condenado por concierto para delinquir, teniendo un v�nculo directo con las AUC, con ocasi�n del cual result� inmerso en la desaparici�n de alias �Confite�, como tambi�n qued� acreditado con decisi�n en firme, lo cual no podr�an desdecir los testigos que, por tanto, tampoco eran aptos para mantener inc�lume la inocencia de quien se conoci� era hermano de persona que fue agredida por el hoy �bito Rogelio Jim�nez.

Se adicion� que el testigo alias Jhonatan, habiendo declarado en muchos otros procesos, ha limitado su sindicaci�n en contra de JOS� JULI�N, por lo que se desacredita un intento exacerbado de retaliaci�n. Finalmente, en cuanto a la repetici�n de los alegatos, desminti� la Fiscal que los hubiese presentado en dos oportunidades, sino que se trat� de una reconstrucci�n en la que dej� una constancia, pero sin tratarse de una nueva audiencia de espaldas a la Defensa, la cual fue citada pero no asisti�. 6.

CONSIDERACIONES. 6.1. Esbozo del asunto. Tal y como ocurre generalmente con los delitos contra la vida, la existencia de la ilicitud resulta de f�cil constataci�n, sin que este caso sea la excepci�n, pues hay clara prueba -no controvertida- conforme a la cual, en la tarde del 11 de enero de 2005 el se�or Rogelio Jim�nez Garc�a perdi� la vida de manera violenta, luego de ser impactado por proyectil proveniente de arma de fuego, el cual se aloj� mortalmente en su cabeza.

Ahora bien, en torno a la determinaci�n del responsable o responsables del atentado, por mucho tiempo la incertidumbre campe�, siendo s�lo en el a�o 2011 cuando un integrante de las AUC del frente �Cacique Pipint�, prestando colaboraci�n a la administraci�n de justicia, revel� pormenores de ciertos delitos cometidos por su agrupaci�n, dentro del cual habl� del ataque mortal perpetrado en contra del se�or Rogelio Jim�nez, afirmando que �l mand� a matarlo con uno de sus subalternos, pero no por una raz�n propia, sino como favor al se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE, quien como amigo personal y colaborador financiero de las AUC, quer�a vengar una desavenencia de la v�ctima respecto a un hermano suyo.

Tal ha sido la versi�n sostenida en el tiempo por el testigo, ratific�ndose en el juicio oral, estadio procesal en el cual se practicaron pruebas que condujeron al a quo a asignarle cr�dito, desestimando aquella teor�a, antag�nica, seg�n la cual, se est� ante una falsa sindicaci�n, producto de las exigencias econ�micas que el testigo realiz� a quien ha se�alado como determinador del il�cito materia de este proceso.

Hip�tesis en la cual la Defensa persiste en sede de segunda instancia, siendo as� como ahora la Sala se ve avocada a realizar un nuevo justiprecio de la prueba, a efectos de establecer cu�l de las dos teor�as ha sido acreditada, esto es, si se est� ante indeterminaci�n que conduce a la absoluci�n del acusado o hay contundencia demostrativa respecto a la participaci�n del acusado JOS� JULI�N OSORIO.

Previo a descender al examen en concreto de la prueba, teniendo en cuenta que el fundamento de una y otra teor�a es la prueba testimonial, se har�n algunas glosas sobre tal medio de prueba, dando as� contexto y contenido a la discusi�n. 6.1. De la prueba testimonial. Variados son los medios de conocimiento que se han establecido por la Legislaci�n Penal para lograr llevar al juez al convencimiento, m�s all� de toda duda razonable, acerca de la materialidad de la conducta y la determinaci�n de su art�fice o responsable o, por el contrario, para desmontar los supuestos f�cticos que fundamentan la acusaci�n. Entre ellos se encuentra la prueba testimonial, medio de prueba que tiene como base de informaci�n la fuente humana, en tanto se practica o lleva a cabo a trav�s de una persona que, prestando juramento, asiste ante una autoridad judicial para aportarle la informaci�n que gracias a sus sentidos haya percibido directamente o, cuando menos, que tengan relaci�n estrecha con lo que es materia de prueba, consistiendo entonces �en el relato que un tercero le hace al juez sobre el conocimiento que tiene de hechos en�general�.

Ahora, es sabido que las personas no se ven inexorablemente movidas a decir la verdad, como quiera que al ser sujetos pasionales y con intereses, no en escasas ocasiones las palabras, manifestaciones o versiones que se ofrecen al interior de una causa penal no est�n encaminadas a coadyuvar con el esclarecimiento de lo realmente ocurrido, sino a lograr la condena o absoluci�n de quien se encuentra en el banquillo del acusado, ya sea por v�lidos o reprobables motivos.

En efecto, la mentira es un componente de la condici�n humana, m�xime cuando se encuentra de por medio la libertad. De ah� que haya un consenso en el �mbito jur�dico en el sentido que persona cre�ble para el proceso penal ser� aquella sobre la que no se advierte alg�n inter�s de alterar la verdad, lo cual es predicable de aquellos que as� como no aborrecen, reprueban o poseen un sentimiento an�logo respecto al procesado, tampoco est�n unidos a �l por una estrecha relaci�n de amistad, parentesco o filiaci�n afectiva que les haga aspirar verlo exento de reproche.

Ahora, por otra parte tambi�n habr� de tenerse en cuenta que no s�lo la posible mendacidad del testigo puede afectar el poder suasorio del relato ofrecido por �l, sino que se presentan casos en los que quien ofrece sus dichos se encuentra en condiciones que impiden asignarle cr�dito o, al menos, lo colocan en entre dicho, como cuando al analiz�rsele se advierte que presenta deficiencias mentales que inciden sobre su memoria, posee sentidos insanos, su capacidad de aprehensi�n del mundo exterior se encuentra mermada o, simplemente, se encontraba para el momento de los hechos f�sicamente inhabilitado para percibir los supuestos f�cticos por los que se le cuestiona.

As� pues, a pesar de la trascendencia que para la comprobaci�n de los hechos materia de juzgamiento posee la prueba testimonial, no puede perderse de vista que al tener al hombre y sus dichos como base, debe examin�rsele con gran cautela, porque su confiabilidad no es tan f�cil de avizorar; siendo de esta forma que el legislador estableci� unos criterios elementales para su apreciaci�n, contenidos en el art�culo 404 del actual C�digo de Procedimiento Penal que dice: �Para apreciar el testimonio el juez tendr� en cuenta los principios t�cnico cient�ficos sobre la percepci�n y la memoria y, especialmente, lo relativo a la naturaleza del objeto percibido, al estado de sanidad del sentido o sentidos por los cuales se tuvo la percepci�n, las circunstancias de lugar, tiempo y modo en que se percibi�, los procesos de rememoraci�n, el comportamiento del testigo durante el interrogatorio y el contrainterrogatorio, la forma de sus respuestas y su personalidad�.

Con lo anterior, aparece entonces como un imperativo para el operador judicial llevar a cabo una detallada labor de verificaci�n de todas y cada una de las respuestas ofrecidas por el testigo, para avistar tras la informaci�n aportada, alg�n posible inter�s de tergiversar la verdad, prejuicios, afectaci�n de la percepci�n o defectos en el proceso de rememoraci�n, todo ello sin pasar de soslayo su condici�n social, cultural y acad�mica, que ser�n indicativas de su idiosincrasia y personalidad, y ello a su vez, se tornar� en derrotero para colocar en contexto las respuestas ofrecidas y la forma como se ofrecen.

Y ese inter�s de tergiversar la verdad al que hemos hecho alusi�n puede quedar en evidencia luego de un an�lisis de la consistencia interna y externa del testimonio. Al respecto en sentencia del 8 de agosto de 2010, la Corte Suprema de Justicia puntualiz�: �72. De tal manera, como cada testigo le imprime a su testimonio una parte de su mundo esencial, particular escala de intereses, habilidades, facultades f�sicas y valores morales, el cr�dito de su atestaci�n est� sometido a la condici�n de que, conforme a criterios l�gicos y experiencia comprehensiva, raz�n aplicada a la pr�ctica, se acompase objetivamente con s� mismo, pero adem�s como elemento de un sistema dentro de la masa del conocimiento del que hace parte, en lo que se ha dado en llamar �razones intr�nsecas y extr�nsecas que conducen a aumentar, a disminuir o a destruir su valor probatorio�, sin que pueda ser atendible un descr�dito general con solo mirar a contraluz disonancias entre una prueba y otra, o entre uno de sus momentos y el siguiente.� En consonancia con lo precedente, valga recordar que la valoraci�n de todo medio de prueba deber� hacerse conforme al sistema de la sana cr�tica, sin ser la prueba testimonial la excepci�n, en tanto, deber� el Juez verificar la credibilidad de la versi�n vertida por el testigo a partir de una confrontaci�n de las respuestas ofrecidas con la l�gica, la experiencia y la ciencia. Precisamente la verosimilitud del testimonio depende de su concordancia con el sentido com�n, con lo usual y con leyes de raigambre cient�fico.

Para cerrar este ac�pite, valga traer a colaci�n, dilucidadora providencia del M�ximo Tribunal de la Jurisdicci�n Ordinaria, que acerca de la prueba testimonial y su apreciaci�n ha planteado: �De manera que no es la calidad misma del declarante sino su situaci�n personal, sus facultades superiores de percepci�n, retentiva y recordaci�n, la ausencia de intereses en el tr�mite o de circunstancias que afecten su imparcialidad, y las restantes peculiaridades de las que pueda precisarse la correspondencia y credibilidad de su dicho, las que resultan relevantes para determinar la ocurrencia de una determinada situaci�n desde el punto de vista probatorio�. 6.2.

Valoraci�n en concreto de la prueba. 6.2.1. La Fiscal�a trajo a estrados cuatro testigos, dos de ellos investigadores de la Polic�a Nacional, la tercera la esposa de la v�ctima Rogelio Jim�nez y el cuarto, y m�s importante de acuerdo a la teor�a acusatoria, fue el se�or Fabio C�sar Mej�a (alias Jhonatan), jefe paramilitar que tras ser aprehendido y judicializado en su calidad de comandante del Frente �Cacique Pipint� se ofreci� a colaborar con la administraci�n de justicia, optando por ventilar y esclarecer muchos de los episodios il�citos de los que hab�a sido parte.

Fue as� como lleg� a relacionar de modo espont�neo su participaci�n en el homicidio del se�or Rogelio Jim�nez Carmona, informando desde un comienzo y hasta la audiencia de juicio oral que no hab�a actuado en solitario. De esta manera en la vista p�blica dijo, como ya lo hab�a hecho en pret�ritas ocasiones: �Este homicidio se realiz� por petici�n que me hizo el se�or JULI�N OSORIO, porque este se�or Rogelio Jim�nez hab�a tenido un problema con dos de sus hermanos y fue por esto que �l me pidi� el favor de asesinar a Rogelio Jim�nez�.

Dej� as� en claro el testigo que tal accionar lesivo de la vida obedeci�, no a un designio personal, sino a un favor que le hac�a al se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE. Pues bien, en este punto d�gase que para poder creer en que el jefe paramilitar estaba obrando en cumplimiento de un favor, deb�a constatarse que quien se lo hab�a pedido era una persona cercana a �l y a la organizaci�n, pues no de otro modo se entender�a que un insurgente atendiera, sin m�s, una petici�n de tan acentuada gravedad.

Y es en este punto en el que no se cuenta de manera exclusiva con el testimonio contundente, espont�neo y no dubitativo de Fabio C�sar Mej�a, toda vez que el lazo cercano que lo condujo a promover el atentado se soporta adem�s en sentencia anticipada (allanamiento a cargos) del 29 de noviembre del a�o 2007 que por el delito de concierto para delinquir dict� el Juzgado Penal del Circuito Especializado de Manizales, en contra del se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE, siendo relevante no s�lo por mostrar el nexo de �ste con el paramilitarismo, sino por revelar con claridad el v�nculo que lo acercaba al testigo y comandante paramilitar alias Jhonatan.

Amistad que se ratific� con hecho no controvertido en el juicio oral, como fue que JOS� JULI�N OSORIO fue padrino de bautizo de una hija del comandante Jhonatan, lo cual es, a no dudarlo, compadrazgo que se explica en perfecta forma como expresi�n de un lazo afectivo. No es com�n que se le conf�e ser padrino de un hijo a una persona desconocida, lejana o de poca confianza, siendo lo natural que ello se haga, al contrario, con amigos o familiares por los que se tiene un afecto especial.

Afecto especial que testific� en juicio Fabio C�sar Mej�a (Jhonatan) y que quiso desdibujarse por el procesado en el juicio oral manifestando que acept� �cargarle� la hija al comandante paramilitar por puro miedo, ya que fue casi obligado a hacerlo, pero que para esta Sala representa una hip�tesis inveros�mil, pues resulta incoherente que un padre quiera que el padrino de su hija y, por tanto, quien habr�a de quedar encargado eventualmente de ella, no lo sea por convicci�n sino como respuesta a una violenta intimidaci�n. No comparte entonces la Sala que JOS� JULI�N OSORIO ha sido una persona ajena al comandante Jhonatan, apareciendo al contrario como par de hombres que tuvieron, m�s que una simpat�a especial, una amistad entra�able, lo cual fue corroborado por otro jefe paramilitar, el se�or Pablo Hern�n Sierra Garc�a, quien en el juicio oral expres� con naturalidad que ellos fueron grandes amigos y compadres.

Se est� as� ante una verdad procesal que decanta una intenci�n del acusado dirigida a alterar la realidad al decir en el juicio oral que cuando se ve�a con Fabio C�sar (Jhonatan) no pasaba del saludo y quiz� una gaseosa, pero no m�s, pues de haber sido as� la relaci�n entre ellos, no se hubiera afirmado por terceros que eran amigos, no hubiese existido una relaci�n comprobada de compadrazgo y mucho menos hubiese culminado el proceso por concierto para delinquir en el que se hablaba de estrechos v�nculos entre los implicados con sentencia anticipada condenatoria; la cual, valga decir, no podr�a ahora dejarse de lado, como si no existiese, para darle cabida a una teor�a acerca de la ausencia de amistad que ni siquiera los testigos de descargo respaldan.

Lo anterior respaldado en probanza de gran objetividad, como es la sentencia condenatoria ejecutoriada que por el delito de desaparici�n forzada pesa en contra del aqu� procesado, a quien se le judicializ� en raz�n a su participaci�n en cofrad�a a la organizaci�n paramilitar que comandaba su �compadre�. De este modo, habr� de desestructurarse la coartada defensiva referida a que el procesado no ten�a modo para confabularse con las AUC, pues ello no puede predicarse de quien es amigo �ntimo del Comandante de zona, y por tanto contaba con la posibilidad de conseguir que se le hiciese un �favor�, como no era extra�o que ocurriera, toda vez que estamos ante una organizaci�n insurgente que para frenar el fen�meno guerrillero y otras contingencias sociales promov�a alianzas con hacendados, terratenientes y personas de poder econ�mico para crear un frente de il�cita protecci�n, dentro del cual las asistencias y ayudas mutuas -y de distinta �ndole- era base para salir avante.

Luego, estamos ante un panorama propicio para que tal y como el Comandante Jhonatan lo ha dicho de principio a fin, �l haya accedido al pedimento mortal de quien era afiliado econ�mico de la organizaci�n y amigo personal suyo. Lo que correlativamente deja sin piso la versi�n exculpatoria del procesado al proponerse como simple conocedor de Fabio C�sar Mej�a, siendo ello, m�s bien, factor para dar aval a su compromiso punitivo, toda vez que, atendiendo lo decantado, se puede afirmar que JOS� JULI�N ha faltado a la verdad, surgiendo as� el indicio de mentira que realza las palabras del testigo de cargo.

Testigo de cargo, refiri�ndonos a Fabio C�sar Mej�a, de quien es bueno decir, como ya se hab�a dictado en el ac�pite preliminar, no puede ser desvalorado por sus calidades personales, como el ser jefe paramilitar, sino por la contundencia de sus manifestaciones y su verosimilitud en t�rminos de sana cr�tica, la cual demanda que la falsedad no sea supuesta sino demostrada.

Como no puede lograrse con un testigo que no hay constancia de haber sido condenado por delito de falso testimonio a pesar de ser m�ltiples sus se�alamientos en contra de diversas personas, y que, m�s all�, en el juicio oral respondi� a cada pregunta con solvencia suficiente como para no generar recelo ni levantar sospechas en torno a su credibilidad, respaldado por el contenido de sus manifestaciones, entre las cuales se cuentan aquellas dirigidas a explicar el m�vil del atentado, el que se insiste no resulta ser descabellado, por cuanto est� relacionado con el accionar de las AUC, organizaci�n al margen de la ley que, es ampliamente conocido, ha sido protagonista de miles de muertes en el pa�s y en la regi�n, a trav�s de atentados selectivos orquestados por aquellos que han cre�do saber qui�nes son los �buenos� a proteger y los �malos� a eliminar; modo segregacionista de proceder que, m�s all� de su vileza, torna plausible que una persona llegara a ser ultimada por petici�n de un socio financiero de las AUC, amigo entra�able de uno de sus comandantes y de quien en juicio oral se expres� que serv�a como informante, siendo as� como era persona a la que se sol�a escuchar en cuanto a los objetivos en la regi�n. 6.2.2.

Ahora, tan contundente se�alamiento quiso desestructurarse con la prueba de descargo, compuesta por seis testimonios que, a diferencia de lo arg�ido con la apelaci�n, no le restan poder a la sindicaci�n realizada en contra del se�or JOS� JULI�N OSORIO. Por una parte porque testigos como el se�or Carlos Enrique V�lez y Fabio Nelson Valencia Vidal, siendo integrantes de las AUC y de gran cercan�a con alias Jhonatan, en el juicio oral procuraron que el nombre del procesado saliera tan en limpio que afirmaron que a �l lo conoc�an de saludo no m�s y que nada ten�a que ver con Fabio C�sar Mej�a o la organizaci�n, a pesar de existir elementos de juicio s�lidos y contundentes que, como viene de verse, denotan lo contrario.

En este sentido h�gase notar que cuando un proceso es resuelto con una sentencia que ha adquirido firmeza, ella resulta ser prueba objetiva de dif�cil desestructuraci�n, lo cual implica que al haber sido el se�or OSORIO ALZATE condenado por los delitos de concierto para delinquir (en modalidad de paramilitarismo) y desaparici�n forzada asociada a la misma insurgencia, es realidad que asienta o ratifica su adherencia a la organizaci�n paramilitar y a su comandante Jhonatan, perdiendo valor cualquier negaci�n indemostrada sobre el particular, como igualmente ser�a el desconocer su acreditado �compadrazgo�.

Lo cual implica, a su vez, que el par de testigos aludidos, no pueden acogerse en sus palabras exculpatorias en torno al responsable del homicidio del se�or Rogelio Jim�nez, porque al declarar aspectos que se oponen a lo que denotan las sentencias condenatorias ejecutoriadas que pesan en contra de JOS� JULI�N, queda en evidencia que, a toda costa y en contra de toda prueba objetiva, han intentado disipar cualquier reproche penal en contra de �ste, arrimando a estrados con el designio de excusarlo independientemente de la verdad de lo acontecido.

En otras palabras: si no hubo de parte del par de declarantes veracidad en el v�nculo acreditado entre el procesado y las AUC, por qu� habr�a de predicarse en torno a la responsabilidad por el homicidio materia de este proceso. Ahora, otro testigo convocado a estrados por la Defensa fue el se�or Pablo Hern�n Sierra, quien era jer�rquicamente superior a alias Jhonatan en la comandancia del grupo insurgente en Aguadas, y por tal ten�a conocimiento de su funcionamiento, tanto como para declarar lo que declar� en juicio, como fue que el se�or JOS� JULI�N OSORIO, contrario a lo manifestado por los precedentes testigos, era conocido dentro de la organizaci�n como amigo de Jhonatan, en tanto �ste lo present� como tal, introduci�ndolo al mundo de ilicitud del que no hizo parte de manera directa, pero s� siendo un �amigo de la organizaci�n�, modo claro de ratificar, de un lado, que el procesado no era tan ajeno, y, de otro lado, que alias Jhonatan no era aqu�l perjuro que se quiso mostrar por algunos testigos de descargo.

Pero este testigo Pablo Hern�n Sierra no se limit� a la anterior informaci�n, sino que tambi�n expres� en la vista p�blica que las AUC mataban por diversos motivos, como por ser �sapo�, ladr�n, cuatrero, expendedor de vicio, entre otros, pero siempre existiendo una raz�n; �ltimo aspecto del que se ha valido la Defensa para sugerir que al se�or Rogelio no habr�an de mandarlo a matar por un simple favor y sin constatar razones de fondo, a lo cual la Sala se opone, en raz�n a dos argumentos: El primero porque cuando una persona es calificada como �amigo de la organizaci�n� es dable creer que tiene opci�n para reclamar �favores�, los que ciertamente de pedirse a miembros de las AUC, es apenas l�gico que sean al margen de la legalidad, como tan probable ser�a el mandar a segar la vida de un ser humano, lo que ciertamente es una conducta grav�sima y ampliamente censurable, pero que era com�n dentro de la organizaci�n, por lo que resulta tambi�n factible que no hubiese importantes trabas para cumplir con el favor de aqu�l que serv�a a los fines de la organizaci�n. Y el segundo de los argumentos radica en que dentro del testimonio del comandante Pablo Hern�n tambi�n se le escuch� decir que l�deres como alias Jhonatan ten�an autonom�a para mandar a matar personas, aduciendo de forma llana al ser cuestionado por si tales �rdenes pod�an darse por enemistades personales de miembros que: �dependiendo�, clara manifestaci�n que denota, adem�s de la ausencia de rigurosidad del grupo paramilitar, la posibilidad de que a un auxiliador econ�mico e informante de peso de la regi�n se le colaborara en saldar sus asuntos pendientes, como nada extra�o aparece dentro del bajo mundo de la subversi�n. Sea �ste entonces el punto para indicarle al Apelante que no se aprecia contradicci�n entre Jhonatan y el comandante Pablo Hern�n Sierra, como quiera que el segundo no neg� de forma categ�rica la posibilidad de matar por favor a un colaborador y, al contrario, de sus palabras dej� en claro lo probable que ser�a que el mismo Fabio C�sar Mej�a, alias Jhonatan, diera �rdenes homicidas con autonom�a, lo cual representa para este caso la posibilidad de que ayudase a un amigo personal y compadre con sus asuntos particulares.

Ahora bien, siguiendo con el decurso evaluativo de los testigos de descargo, d�gase que tambi�n se cont� con la deponencia del se�or C�sar Augusto Santa Garc�a, persona que afirm� que Fabio C�sar Mej�a, esto es, el comandante Jhonatan, era persona que faltaba a la verdad en sus declaraciones, vali�ndose de ello para extorsionar a sus v�ctimas.

Pues bien, a no dudarlo no es �sta una hip�tesis tampoco descabellada, pero que encuentra serios reparos para acogerse; de un lado, porque a pesar de los m�ltiples se�alamientos que Fabio C�sar Mej�a ha realizado, no se ha sancionado por delito de falso testimonio y/o calumnia, y de otro lado, porque quienes dentro de esta causa han dicho que el testigo es falso, son las mismas personas que han sido se�aladas por �l (lo cual tambi�n es predicable del se�or Santa), raz�n por la que est�n interesadas en denotar su mendacidad, lo que podr�an hacer con rectitud, pero que no puede afirmarse, perfil�ndose necesario que su descr�dito sea producto de la informaci�n entregada por terceros objetivos y no de aquellos que han sido delatados con el �ventilador� prendido por alias Jhonatan.

Y para seguir haciendo referencia a testigos de los cuales esta Sala pone su objetividad en entredicho, hemos de hacer alusi�n al se�or Jos� Mario Morales Alzate, de quien se predica lo anterior porque es hermano medio del procesado y ello, sin lugar a dudas, es un factor que incide sobre la verosimilitud, en tanto que la prole se protege y los consangu�neos se resguardan, m�xime si es para evitar pesar tan acentuado como ser�a la imposici�n de una pena de prisi�n para un ser cercano. Idea que para esta Sala no logra desvanecerse por el hecho de que en juicio se dijera que la relaci�n entre los hermanos presentaba dificultades por la venta de una casa tras la muerte de su se�ora madre, porque a la par con tal informaci�n, se conoci� que tal altercado no hab�a generado una fractura absoluta de la relaci�n, como mucho menos que cualquier afecto hubiera desaparecido, trat�ndose de hermanos que no eran enemigos y que dialogaban, hasta el punto que cuando Jos� Mario sufri� el atentado su hermano lo visit�, apareciendo factible que a�os posteriores, al necesitarlo para liberarse del brazo poderoso de la ley, procurara una declaraci�n de su consangu�neo a efectos de respaldar su coartada.

Sin que as� lo lograra en sede de primera instancia, como tampoco ahora frente a este Tribunal que advierte en el lazo de consanguinidad un motivo sensible para evitar narrar lo acontecido tal y como sucedi�, como tambi�n es predicable del procesado que, en un estado de exasperaci�n natural por evitar m�s a�os de pena a los ya impuestos en otros procesos, ha asistido a este nuevo juicio oral con la f�rrea intenci�n de excusarse, hasta el punto de querer restarle validez a la admisi�n de responsabilidad que por concierto para delinquir realiz� otrora, alegando un vicio del consentimiento no manifestado oportunamente y que, por tal, resulta inane para este proceso en el que no pueden avalarse los dichos carentes de comprobaci�n de quien, obviamente, el haberse condenado por nexos paramilitares le dificulta defenderse en este nuevo asunto, en el que un paramilitar amigo suyo lo ha delatado.

Quiz� por un altercado personal o, como varios testigos lo han dicho, por conseguir dinero, pues resulta factible que Fabio C�sar Mej�a hubiese encontrado un modo de lucrarse, pero sin que ello desdiga la veracidad de la sindicaci�n, porque el que el testigo estrella le hubiese puesto precio a su silencio no significa que estuviese realizando falsas sindicaciones, siendo m�s probable que, tal y como muchos otros insurgentes lo han hecho, en pro de conseguir beneficios punitivos comenzara a ventilar lo que efectivamente tuvo ocurrencia, sin callar detalles ni encubrir a los verdaderos responsables.

De este modo, la Sala avala que en sede de primera instancia se le diera cr�dito al se�or Fabio C�sar Mej�a, persona de quien quiere finalizar diciendo esta Colegiatura que el testigo Fabio Nelson Valencia, a pesar de ser de descargo, reconoci� que en los episodios que fue involucrado o se�alado por �l, efectivamente hab�a participado, sin hallar en su ex jefe sindicaciones falsas, representando ello factor de credibilidad al que se suma que la versi�n que alias Jhonatan ha entregado en torno a lo ocurrido con el occiso Rogelio Jim�nez se encuentra nutrida por hechos ver�dicos, como que �l era comandante de las AUC, que ten�a una amistad estrecha con JOS� JULI�N, que �ste era colaborador financiero del grupo de Autodefensas y que un hermano de �ste sufri� unas lesiones por parte del finado Rogelio, las que, como secreto a voces, se dec�a en el pueblo habr�an de ser vengadas, y como efectivamente era dable creerlo por la posici�n que el hoy procesado ten�a en Aguadas.

Posici�n acentuada por ser amigo de persona con poder para mandar a realizar ejecuciones, contando con el poder, hombres, armas y, en s�, circunstancias para sacar avante sus proyectos il�citos sin consecuencias, como lo logr� con el homicidio de aquel hombre que, valga acotar, no fue hallado en la puerta de su casa, sino en cercan�a, aleda�o a un establecimiento de comercio o tienda (folio 4 cuaderno de pruebas), como efectivamente as� fue declarado por alias Jhonatan, quien por tanto no puede minarse en su credibilidad en cuanto a la ubicaci�n del cad�ver.

Como tampoco puede hacerse por el hecho de que dijera que la motivaci�n del procesado para vengar el ataque de su hermano era que ten�a mucho pesar por el brazo de �ste, por el hecho de que se le estaba secando, toda vez que es posible que para el a�o 2003 que se dio el altercado, realmente, el se�or Jos� Mario Morales Alzate s� hubiese tenido una afectaci�n anat�mica considerable y perceptible, propia del ataque con machete recibido, sin que ello se desdiga porque en el juicio oral, el cual tuvo lugar en el a�o 2016, es decir, m�s de 10 a�os despu�s, el brazo del afectado no tuviese secuelas perceptibles del embate sufrido. 6.2.3.

Despuntadas las anteriores argumentaciones dirigidas a la confirmaci�n de la decisi�n de condena dictada en primera instancia, es preciso abordar algunos t�picos ventilados con la apelaci�n. El primero de ellos hace referencia a que el se�or JOS� JULI�N OSORIO no estaba presente en el lugar de los hechos, lo cual el a quo como tampoco este Juez Plural de segundo nivel puede negar, pero acotando que su presencia no era necesaria para responsabilizarse, como quiera que desde que fue se�alado como part�cipe de la conducta homicida se indic� que lo fue en calidad de instigador o determinador, por lo que era su conciencia y no sus manos directamente las que estaban te�idas por la sangre derramada por la v�ctima.

En este sentido, n�tese que no hubo versi�n alguna que indicara que JOS� JULI�N realiz� de forma directa el embate letal, siendo as� como siempre apareci� que el procesado �vendi� la idea a quien sab�a que pod�a colaborarle, trat�ndose �ste de un proceder en un todo cre�ble que as� se dio, como quiera que no es un �pice extra�o que adeptos del movimiento paramilitar pidieran a los militantes de la organizaci�n que desarrollaran el trabajo sucio que no se quer�a ni se ten�a la capacidad para realizar directamente.

Por lo anterior el no contar testigos que ubicaran al procesado en el teatro de los acontecimientos no es prueba de su inocencia, como tampoco lo es el que varios de los testigos afirmaran que JOS� JULI�N no era parte de las AUC; esto �ltimo por cuanto, adem�s de los intentos descubiertos dirigidos a favorecerlo por parte de algunos declarantes, se sabe que �l no era el tradicional militante que se uniformaba y se armaba, sino que, conservando su vida social y econ�mica tradicional en la venta de caf�, serv�a como informante, como auxiliador financiero y como amigo cercano de la comandancia de la zona, siendo as� como su adherencia no era identificada como una pertenencia plena al brazo armado de la agrupaci�n subversiva.

Sobre este aspecto �chese de ver que los grupos al margen de la ley suelen tener ej�rcitos, dirigentes, milicianos civiles y colaboradores en distintos niveles, siendo as� como JOS� JULI�N, conforme a sus circunstancias, no era visto como miembro activo de las AUC, pero s� como amigo de la organizaci�n, tal y como el ex dirigente Pablo Hern�n Sierra lo testific� en el juicio oral.

Mismo juicio oral en el que se oy� decir que alias Jhonatan no conoc�a a la v�ctima Rogelio Jim�nez, as� como ninguno otro miembro de las AUC lo ten�a referenciado como objetivo militar, bas�ndose la Defensa en ello para predicar il�gico que desde la organizaci�n se ordenara matar a un desconocido, lo cual esta Sala no respalda, porque hacerlo ser�a omitir que los grupos de auto-defensas a lo largo y ancho del pa�s han protagonizado ataques en contra de opositores pol�ticos que viven en la legalidad, han asesinado a centenares de personas en raz�n a su preferencia sexual, han activado sus armas en contra de personas de las cuales sospechan, como es ampliamente conocido han atacado a no escasa poblaci�n civil, y han llegado a absurdos de eliminar a personas por su apariencia f�sica.

Modo vil de operar que denota, adem�s de la ausencia de filtros serios, la poca importancia que han dado a la vida humana, resultando as� muy probable que un comandante paramilitar accediera a los pedimentos homicidas de un socio de la organizaci�n y amigo personal, ordenando una eliminaci�n m�s entre las muchas otras que han sido realizadas por motivos m�s abyectos que el que aqu� nos convoca, cual es una agresi�n f�sica previa.

Agresi�n f�sica que se germin� aproximadamente dos a�os antes al atentado homicida, siendo �ste un tiempo considerable, del cual se vale la Defensa para cortar el nexo de causalidad entre uno y otro episodio, pero el que ahora no se cree roto, por cuanto una situaci�n de agresi�n grave que puso en vilo la integridad f�sica del atacado es apta para generar una enemistad extendida en el tiempo, el que pudo dejarse pasar para no levantar sospechas sobre el autor del atentado a realizar y que, como bien lo testific� la esposa del occiso, no parec�a tener otra motivaci�n sino la pelea con el hermano de JOS� JULI�N OSORIO ALZATE, por cuanto su esposo no ten�a enemigos ni otros factores de riesgo.

Postura que se respalda en una reflexi�n particular, como es que si la situaci�n de agresi�n de Jos� Mario Alzate hubiese sido de tan poca relevancia (como lo ha testificado el procesado), no era de esperar que su ocurrencia hubiera sido conocida por Fabio C�sar Mej�a -alias Jhonatan-, como mucho menos que la recordara a�os despu�s a la hora de realizar una delaci�n ante las autoridades, como efectivamente ha ocurrido, en clara muestra que el altercado entre Jos� Mario y el de cujus Rogelio Jim�nez s� tuvo una importancia considerable, la suficiente como para que el hermano del primero, valido de su cercan�a a las AUC y al comandante alias Jhonatan, provocara una venganza mortal.

Comportamiento altamente censurable que no ser�a de esperar de una persona de bien, apegado a la legalidad, pero s� probable que proviniera de una persona que, como el arsenal probatorio lo denota, estaba aliado con una agrupaci�n ilegal en la que acabar con vidas humanas era �pan de cada d�a� y que, allende, ha sido responsabilizado, con decisi�n en firme, por la desaparici�n de otra persona.

Verdad que, si bien procesal, no puede colocarse en entredicho porque ahora el se�or JOS� JULI�N la quiera desdibujar a trav�s de sus hu�rfanas palabras, mediante las cuales propone haber admitido cargos por conveniencia penol�gica y haber sido v�ctima del sistema, pero sin que as� lograra acreditarlo, as� como tampoco logr� evidenciarse dentro de esta causa en la que, muy al contrario, la prueba de cargo ha gozado de la solidez suficiente como para confirmar que JOS� JULI�N OSORIO es determinador del delito de homicidio en circunstancias de mayor punibilidad por el que ha sido responsabilizado en primera instancia. 6.3.

Petici�n subsidiaria. Reducci�n de la pena. Por un lado el procesado ha pedido un trato m�s ben�volo, deprecando que su pena se fije en el m�nimo posible, mientras que su Defensor argumenta que la pena ha sido fijada sin una debida motivaci�n, acotando que en la acusaci�n se endilg� el homicidio en su forma simple, sin ninguna circunstancia de agravaci�n del art. 104 del C.P que pudiera tener en cuenta el Juzgador al momento de resolver.

Pues bien, previo a adoptar la Sala una determinaci�n sobre el particular, es preciso hacer un recuento de los pasos que debe tener en cuenta el operador judicial al momento de la determinaci�n espec�fica de la pena: Las penas como expresi�n del poder punitivo del Estado e imposici�n de dolor leg�timo, como otrora ya no son creadas e impuestas de manera desp�tica o arbitraria, sino que, como conquista humana y garant�a esencial de los Estados sociales de derecho, a la fecha est�n sometidas al imperio de la ley; de ah� que sea ut�pico concebir cualquier Estado erigido sobre la legalidad que dentro de su ordenamiento penal desconozca la m�xima: �nulla poena, sine lege�.

As� pues, Colombia, como la gran mayor�a de los Estados contempor�neos, tiene dentro de su sistema normativo un procedimiento riguroso y especial, tanto para la creaci�n de las penas en un sentido abstracto (criminalizaci�n primaria), como para su determinaci�n cuantitativa en cada caso en concreto (criminalizaci�n secundaria). En efecto, el Ordenamiento Penal Colombiano para la determinaci�n cuantitativa de la pena, en cada evento particular de imposici�n, acude a un sistema de cuartos, sujet�ndose a los criterios previstos en los art�culos 60 y 61 de la Ley 599, normas que, de forma cierta, originan la ineludible obligaci�n para el Juzgador de: a) fijar los l�mites m�nimos y m�ximos en los que ha de moverse, de acuerdo al tipo atribuido, b) aplicar las reglas que consagra el art�culo 60 de la misma obra, cuando existen circunstancias espec�ficas modificadoras de tales l�mites, c) posteriormente dividir el �mbito punitivo de movilidad previsto en la ley en cuartos: uno m�nimo, dos medios y uno m�ximo, d) determinar, atendiendo al inciso segundo del art�culo 61 del mentado C�digo, el cuarto en el que se habr� de establecer la sanci�n concreta, y f) determinar el quantum punitivo, dentro del cuarto ya establecido, ponderando: �la mayor o menor gravedad de la conducta, el da�o real o potencial creado, la naturaleza de las causales que agraven o aten�en la punibilidad, la intensidad del dolo, la preterintenci�n o la culpa concurrentes, la necesidad de pena y la funci�n que ella ha de cumplir en el caso concreto�.

Serie de pasos que, desde ya, se anuncia que fueron respetados por el Juez de primer nivel, sin incurrir en una falsa motivaci�n. Se pasa a exponer las razones de tal aserto: Como quiera que nos hallamos de cara a un delito de homicidio sin circunstancias espec�ficas de agravaci�n, imperaba para el operador judicial acogerse a los l�mites punitivos del art. 103 del C.P., como as� lo hizo, pues dict� que la pena privativa de la libertad oscilaba entre 208 y 450 meses.

ARTICULO 103. HOMICIDIO. El que matare a otro, incurrir� en prisi�n de doscientos ocho (208) a cuatrocientos cincuenta (450) meses. Ahora, a continuaci�n, de manera ortodoxa, el Juzgador defini� los cuatro cuartos de movilidad, lo que se verifica hizo a trav�s de operaciones aritm�ticas bien desplegadas. Y tras lo anterior determin� que la sanci�n a imponer tendr�a que ser dentro del cuarto m�ximo, esto es, que la pena de prisi�n oscilar�a entre 389,5 y 450 meses por cuanto en el caso del se�or JOS� JULI�N OSORIO no se verificaban circunstancias de menor punibilidad y s� una de mayor punibilidad, la referente a la coparticipaci�n criminal (art. 58 numeral 10� C.P.).

Decisi�n ajustada a derecho, en tanto que cuando ya se tienen los cuatro cuartos se acudir� al m�s alto, no por la existencia exclusiva de circunstancias espec�ficas de agravaci�n, sino por la concurrencia �nica de circunstancias gen�ricas de mayor punibilidad de que trata el art. 58 del C.P., siendo una de ellas la coparticipaci�n criminal que en este caso ha sido verificada.

Para entender tal punto, c�tese a la CSJ cuando ha explicado la labor dosim�trica de la pena: �Ahora, una vez determinados los mencionados extremos, el paso a seguir es el de precisar el �mbito punitivo de movilidad, el que corresponde a la diferencia matem�tica existente entre el m�ximo y el m�nimo ya fijados. A continuaci�n, ese �mbito se divide en cuatro cuartos, de modo tal que puedan identificarse un cuarto m�nimo, dos medios y uno m�ximo, labor que una vez realizada abrir� paso a la cabal aplicaci�n del art�culo 61 del estatuto penal, que se asienta en seleccionar en cu�l de aquellos cuartos se va a ubicar definitivamente el fallador, con lo cual -a su vez- se reduce significativamente la amplia discrecionalidad de que gozaba en vigencia de los c�digos anteriores.

La concreci�n o la selecci�n del cuarto m�nimo obedecer� a la presencia exclusiva de circunstancias de atenuaci�n o a la inexistencia conjunta de agravantes y atenuantes; en tanto que la ubicaci�n en los cuartos medios se originar� en la concurrencia simult�nea de circunstancias de agravaci�n y de atenuaci�n, al paso que en el cuarto extremo se ubicar� el juez por raz�n de la existencia exclusiva de agravantes.

Debe dejarse en claro que en este momento s�lo ha de tenerse en cuenta la existencia o presencia de agravantes y/o de atenuantes, resultando indiferente su n�mero (singular o plural) a la hora de la selecci�n del respectivo cuarto, as� como expresamente ha de se�alarse que en este espec�fico paso del proceso punitivo no procede el an�lisis al interior de las circunstancias, vale decir, que s�lo se requiere -se itera- la comprobaci�n de su existencia o presencia. De igual modo, quiere hacer claridad la Sala respecto a que las circunstancias que en este punto se manejan son las gen�ricas de mayor y de menor punibilidad reguladas por los art�culos 58 y 55 del C.P., siempre que las mismas �no hayan sido previstas de otra manera�, esto es, que no se hayan consagrado normativamente -y con la misma naturaleza- como espec�ficas o confortantes de la estructura del tipo, pues de as� suceder, ellas ya han debido tener aplicaci�n al fijarse inicialmente los l�mites m�nimo y m�ximo, sin que tengan cabida nuevamente, so pena de aplicar una doble incriminaci�n. A t�tulo de ejemplos de aquella doble consagraci�n normativa se pueden se�alar: el obrar en coparticipaci�n criminal (art. 58-10) y la causal 10� del art�culo 241 agravante del hurto por haberse cometido por dos o m�s personas; la indigencia en cuanto haya influido en la ejecuci�n de la conducta (art. 55-8) y la descrita en el art�culo 56; el ejecutar la conducta por motivo abyecto, f�til o promesa remuneratoria (art. 58-2) y la rese�ada en el art�culo 104-4 como calificante del homicidio; el ejecutar el delito con aprovechamiento de condiciones de superioridad sobre la v�ctima (art. 58-5) y el comportamiento descrito en el art�culo 104-7; el aumentar el sufrimiento de la v�ctima caus�ndole padecimientos innecesarios (art. 58-8) y la causal se�alada en el art�culo 104-6, etc.� Se aprecia as� que el acoger el cuarto m�ximo de movilidad no fue caprichoso ni infundado, as� como tampoco se hizo con base en circunstancias espec�ficas de agravaci�n que en el caso de marras no fueron endilgadas, sino teniendo en cuenta el art. 58 del C.P. que desde la formulaci�n de imputaci�n se ha determinado cabe para el asunto, sin que se constituya entonces laceraci�n del principio de legalidad de las penas.

Finalmente el Juez dentro del rango a tomar (389,5 y 450 meses), no se pleg� al tope m�nimo, sino que llev� la sanci�n hasta 400 meses, posibilidad que no le est� vedada y que, por el contrario, constituye ejercicio leg�timo de la discrecionalidad que la ley le otorga, por lo que no estamos ante un proceder irregular. Y es bueno aclarar que tal discrecionalidad es reglada, como quiera que el apartarse del l�mite m�nimo no puede ser caprichoso o carente de argumentos, sino que tiene que ser producto de la evaluaci�n de aspectos adicionales a la tipicidad b�sica que acrecientan el juicio de desvalor, lo que para esta Sala en esta oportunidad se ha respetado, en tanto que el Juez, ni ha acogido de forma vaga los par�metros del inc. 3� del art. 61 del C.P., como tampoco ha realizado evaluaci�n doble de aspectos ya castigados, sino que, de modo razonable, ha colegido m�s grave la conducta por ser perpetrada por quien opt� por no acudir a los mecanismos legales para la soluci�n de los problemas, desechando o dando la espalda a la administraci�n de justicia; lo cual se complement� con un an�lisis del dolo que desvalor� en mayor medida por la forma calculadora en que el agente acudi� ante amigo de las AUC, despreciando la vida por optar por acabarla como un favor que se gratifica.

Adicional a lo anterior analiz� los efectos del homicidio, apreciando negativamente el que se hubiese dejado a una esposa desamparada. As� las cosas, el reclamo de una reducci�n punitiva no habr� de proceder, ratific�ndose la sanci�n de 400 meses de prisi�n, que se hallan en los l�mites legales y son el producto de un ejercicio discrecional motivado y ajustado a las circunstancias del grave atentado acontecido, sin incluir circunstancias espec�ficas de agravaci�n por las que no se acus�. 6.4.

Asunto adicional. Censura direccionada a la existencia de una irregularidad procesal lesiva del derecho de Defensa. No prosperidad del reclamo. Alega la Unidad de Defensa no haber podido ejercer sus facultades en la fase final del juicio oral, como quiera que habi�ndose generado una falla t�cnica que impidi� grabar la fracci�n de los alegatos y el sentido del fallo en la jornada matutina, en horas de la tarde se dej� una constancia de todo lo acontecido, pudiendo la Fiscal�a intervenir, como no lo pudo hacer la Defensa que no asisti�, siendo imperativo el que le hubieren vuelto a citar.

Frente a este reparo comi�ncese por decir que la administraci�n de justicia y los procedimientos establecidos para su ejercicio, como quiera que est�n sometidos al manejo de seres humanos, tal como la naturaleza de �stos, son falibles, siendo probable que el registro audiovisual de una diligencia judicial eventualmente no se logre y, por tanto, al final de ella no se cuente con su grabaci�n. Tal y como ha ocurrido en este caso, en el que se ha configurado una desventura t�cnica que no posee una f�rmula legal de soluci�n definida, raz�n por la que a los jueces les es preciso acudir a una salida concertada y razonable, la cual, de acuerdo a la pr�ctica judicial conocida, ha sido desplegar una reconstrucci�n lo m�s fidedigna posible cuando, como en este caso, se trata de actuaciones de parte o decisiones de fondo, como lo son la presentaci�n de los alegatos de clausura y la emisi�n del sentido del fallo respectivamente.

Par de estadios procesales que en este asunto fueron los que se perdieron, pero una vez ya colmados en su integridad, siendo para esta Corporaci�n sensato el que se acudiera a grabar un nuevo CD en el que se buscara hacer constar por parte del Juzgador lo m�s fiel posible todo aquello que en la diligencia matinal perdida hab�a ocurrido. Pero surge como interrogante: �Es imperioso que ello se haga con la presencia de todas las partes? La respuesta m�s garantista para esta Colegiatura es que s�, en tanto que trat�ndose de un tr�mite especial de recuperaci�n de una informaci�n ya entregada, es preciso que todos aquellos que hicieron parte de la diligencia disoluta den fe que lo restaurado tiene una correspondencia o fidelidad, la cual quedar�a en vilo para terceros (como para esta Sala) si apareciera que la reconstrucci�n no se hiciera con una de las partes.

Luego, para esta Colegiatura s� resulta censurable que de parte del Juzgado no se asegurara la presencia tanto de Fiscal�a como Defensa para la recreaci�n de una diligencia en la cual, tanto una como otra parte fueron protagonistas. Empero, no conduce el anterior reproche a acudir al remedio procesal m�s extremo (la nulidad), atendiendo a que, de un lado, para la reconstrucci�n de la diligencia no se dio la espalda a la Defensa, buscando que no participara, sino que fue �sta la que opt� por no acudir para el momento del d�a en que fue nuevamente citada.

Y de otro lado, porque la audiencia de recuperaci�n llevada a cabo en horas de la tarde no fue para escuchar alegaciones nuevas, como no las hizo la Fiscal�a, sino que fue para que el Juez reprodujera, a groso modo, los argumentos planteados en la ma�ana, como efectivamente lo hizo en la diligencia en la que, valga decir, se procur� por parte del funcionario hacer una referencia fidedigna de todos los alegatos de clausura, los que son propuestas argumentativas para que el Juez adopte su sentido del fallo, el cual ya hab�a emitido en la ma�ana, sin que sean por esencia insumo de an�lisis por el Juez de segunda instancia que, como ya ha sido jurisprudencialmente definido, adquiere su competencia por la impugnaci�n, debi�ndose restringir a los puntos formulados con su sustentaci�n. Lo que correlativamente implica que esta Colegiatura, teniendo completa la sustentaci�n del recurso por la Unidad de Defensa y, adicionalmente, contando a cabalidad con las pruebas practicadas y que dieron lugar a un sentido del fallo emitido desde la diligencia matutina primigenia, no podr� acudir a la declaratoria de nulidad ni determinaci�n similar, pues m�s all� del deber ser de recuperar audiencias con la presencia de todos aquellos que en ella intervinieron, no se avizora lesi�n de garant�as que obliguen al retroceso de un proceso respetuoso de las prerrogativas procesales y sustanciales de las partes en contienda, en el que no ha habido sorprendimiento, deslealtades y, mucho menos, apertura de una oportunidad adicional para que la Fiscal�a presentara un nuevo alegato de cierre, tal como el registro presentado lo permite constatar, al observar que en la diligencia de la tarde la Representante del Ente acusador se limit� a manifestar en casi un minuto que el resumen hecho por el Juez se ajustaba a la realidad, sin aducir nuevas razones para un sentido del fallo que, en todo caso, desde la ma�ana todos sab�an fue condenatorio. 7.

DECISI�N Por todo lo precedentemente discurrido, el TRIBUNAL SUPERIOR DE MANIZALES, SALA DE DECISI�N PENAL, administrando justicia en nombre de la Rep�blica y por autoridad de la ley, RESUELVE:

PRIMERO: NEGAR la solicitud de nulidad deprecada en relaci�n con la reproducci�n de la fase final del juicio oral que no fue grabada, atendiendo lo despuntado en el �ltimo aparte de este prove�do.

SEGUNDO: CONFIRMAR la sentencia proferida el d�a 17 de junio de 2016 por el Juzgado Penal del Circuito de Aguadas, Caldas, mediante la cual se conden� al se�or JOS� JULI�N OSORIO ALZATE como Determinador del delito de �Homicidio simple� que en circunstancias de mayor punibilidad le atribuy� la Fiscal�a, RATIFICANDO la pena de cuatrocientos (400) meses de prisi�n que fuera impuesta por el Juez a quo.

TERCERO: INFORMAR que en contra de la presente decisi�n procede el recurso extraordinario de Casaci�n. Notif�quese y C�mplase: Los Magistrados, GLORIA LIGIA CASTA�O DUQUE DENNYS MARINA GARZ�N ORDU�A JOS� FERNANDO REYES CUARTAS Yanet Licet Ocampo Vallejo Secretaria  El acta de la audiencia preliminar se avista en los folios 15 y 16 del cuaderno principal.  El escrito de acusaci�n se avizora entre los folios 27 y 33 del cuaderno principal, mientras el acta de su formulaci�n oral se halla en el folio 39 del mismo.  Ver folios 77 y 78 del cartulario contentivo de la actuaci�n.  Confrontar entre los folios 135 y 144.  Concepto gen�rico adoptado por la doctrina, tomado en esta oportunidad del Manual de Derecho Probatorio del profesor Jairo Parra Quijano.  Corte Suprema de Justicia. Decisi�n del 23 de febrero de 2011.

Radicado: 32996.  CD 7, Video 2, minuto 14.  Tal labor judicial de tasaci�n de la pena atendiendo el sistema de cuartos, aunque se refiere ineludible, es preciso se�alar que, en eventos en los que se celebran preacuerdos con los que se pacta tambi�n la pena a purgar, se hace innecesaria, ya que el operador judicial �nicamente deber� verificar que la pena fijada de manera consensuada se ajuste a los par�metros de ley, es decir, que no coloque en vilo el imperio de la legalidad que, ciertamente, envuelve a las sanciones dentro de cualquier Estado de Derecho.  Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia. Decisi�n del 27 de mayo del a�o 2004.

MP: Alfredo G�mez Quintero.  CD 8, Video 1, minuto 16.     PAGE  P�gina  PAGE 46 Sentencia Ley 906, 2005-80026-01 JOS� JULI�N OSORIO ALZATE Homicidio Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal P�gina  PAGE 1 Sentencia Ley 906, 2005-80026-01 JOS� JULI�N OSORIO ALZATE Homicidio Rep�blica de Colombia  Tribunal Superior de Manizales Sala Penal 68JKLguy|�����������������̺��̺��̺�̓�o���o�`N#h��h�q�5�CJ OJQJ^JaJ h�q�5�CJ OJQJ^JaJ "h�q�CJOJQJ^JaJmH sH "h�%eCJOJQJ^JaJmH sH (h�8�h�q�CJOJQJ^JaJmH sH "h�%eCJ OJQJ^JaJ mH sH "h�q�CJ OJQJ^JaJ mH sH (h��h�q�CJ OJQJ^JaJ mH sH h�q�mH sH +h��h�q�5�CJ OJQJ^JaJ mH sH  678Lg������n o y z q r � � ����������������������$��dh`��a$gd�B $dha$gd�q� ��dh^��gd�q�gd�q�$dh&d P�� a$gd�q� $dha$gd�q��- A � � � �   o x { � � � � � F I i r � � � �   b h � � � &�����������ұ�ңңң���y���y�y�y���k��he[�CJ OJQJ^JaJ h%�CJ OJQJ^JaJ hQ�CJ OJQJ^JaJ h�BCJ OJQJ^JaJ h�=0CJ OJQJ^JaJ #h��h�q�5�CJ OJQJ^JaJ h�Y�5�CJ OJQJ^JaJ h�q�CJ OJQJ^JaJ h�q�5�CJ OJQJ^JaJ h��h�q�CJ OJQJ^JaJ 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Char,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char,Footnote Text Char Char Cha, Car,Car,Ca,ft,FA 1$7$8$mHsH6�o��q6 �q��Texto nota pie Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Car1,Footnote reference Car1,FA Fu Car1,texto de nota al pie Car1,Footnote Text Char Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car1,Car Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH:�o���: �q��Texto nota pie Car1,Footnote Text Char Char Char Char Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Car,Footnote reference Car,FA Fu Car,texto de nota al pie Car,Footnote Text Char Car,Footnote Text Char Char Char Char Char Char Char Char Car, Car Car,ft Car$CJOJPJQJ^JaJmHsHtH B �B �q�0 Pie de p�gina  �C�"^�o���^ �q�0Pie de p�gina Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tH >W`���> 1 U`Texto en negrita5�\�:U`���: �!�0 Hiperv�nculo >*ph�PK!���� [Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r� �Ø��J��B+$�G]��7O٭V��,cy��$�wc.b��Q�K��G�7fK˵��R�i���v4( ��xL}�m��{ 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