Micelio

SENTENCIA — Tribunal Superior de Ibagué

Radicado: 73-001-31-03-001-2012-00309-01

Sala: CIVIL - FAMILIA DE DECISION

Ponente: Ricardo Enrique Bastidas Ortiz

Fecha: 2018-02-07

Sujetos procesales: DEMANDANTE: Jaime Salcedo Herrera, Bryan Stiven Salcedo Cañón, Kevin Santiago Salcedo Ramos, Jorge Alberto Salcedo, Aura María Herrera Salcedo, William Albeiro Salcedo Herrera y Juan Pablo Salcedo Herrera \ DEMANDADO: Saludcoop EPS, Mario Bonet Arciniegas y Cesar Augusto Rojas

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Ibagu�, siete de febrero de dos mil diecisiete. Referencia: Ordinario de Jaime Salcedo Herrera, Bryan Stiven Salcedo Ca��n, Kevin Santiago Salcedo Ramos, Jorge Alberto Salcedo, Aura Mar�a Herrera Salcedo, William Albeiro Salcedo Herrera y Juan Pablo Salcedo Herrera contra Saludcoop EPS, Mario Bonet Arciniegas y Cesar Augusto Rojas Radicaci�n Nro. 73-001-31-03-001-2012-00309-01.

Se decide el recurso de apelaci�n interpuesto por la parte demandante contra la sentencia proferida el 30 de noviembre de 2015 por el Juzgado Primero Civil del Circuito de Ibagu� dentro del asunto de la referencia. I.

ANTECEDENTES 1.-En la demanda se solicit� �declarar que la Instituci�n Auxiliar del Cooperativismo GPP-Saludcoop, as� como el doctor Mario Bonnet Arciniegas y el doctor C�sar Augusto Rojas son civil, extracontractual y solidariamente responsables de la totalidad de los perjuicios causados a los demandantes Jaime Salcedo Herrera y a sus hijos menores Bryan Stiven y Kevin Santiago Salcedo, a Jorge Humberto Salcedo, Aura Mar�a Herrera de Salcedo, William Albeiro y Juan Pablo Salcedo Herrera como consecuencia de las operaciones quir�rgicas realizadas el 29 de enero y el 17 de mayo del 2008 al se�or Jaime Salcedo Herrera.� como consecuencia de lo anterior condenarlos a pagar las sumas de dinero mencionadas en el escrito incoativo.

Los hechos sobre los cuales se basa dicha petici�n se pueden resumir as�: A mediados del a�o 2007 el se�or Jaime Salcedo Herrera empez� a presentar incontinencia en la micci�n, por lo cual sent�a la necesidad de acudir constantemente al ba�o en horas de la noche, acudiendo a la EPS Saludcoop para ser valorado, siendo diagnosticado por el Dr. Mario Bonnet Arciniegas con Lumbago no especificado No. 45633203 del 12 de septiembre de 2007.

Luego de haber sido valorado, el paciente es remitido a Medic�diz para la pr�ctica de una Urograf�a Excretora, siendo realizado el examen por el Dr. Guillermo A. D�az Garc�a, el 28 de septiembre de 2007 el cual diagnostic� �Hidronefrosis derecha, probablemente por estrechez en la uni�n pielouretral�. En una nueva valoraci�n por el Dr. Mario Bonnet orden� un renograma, el cual fue practicado en el Centro de Medicina Nuclear del Tolima, arrojando como resultado �el ri��n izquierdo contribuye con el 54.5% y el derecho con el 45.5%, o sea que solo aparec�a con una disfunci�n del ur�ter derecho del 9%.� Por lo tanto fue necesaria una intervenci�n quir�rgica denominada �pieloplastia� la cual fue realizada por el Dr. Mario Bonet Arciniegas el 29 de enero de 2008, situaci�n que requiri� la hospitalizaci�n del paciente para dicho procedimiento, siendo dado de alta el 22 de febrero de 2008 con la incapacidad No. 601010000047333.

Luego de 20 d�as de haber sido realizada la pieloplastia, el demandante �se sinti� muy enfermo� acudiendo a las instalaciones de Saludcoop siendo atendido por el ur�logo tratante, el cual �despach� al actor dici�ndole que su estado de salud era razonable por la operaci�n�, posteriormente acudi� ante otro especialista el cual lo dictamino con �obstrucci�n de la pieloplastia y una masa en el abdomen debido al ri��n hinchado�, siendo remitido nuevamente a valoraci�n por parte del Dr. Mario Bonnet, el cual orden� la realizaci�n de un renograma en el centro de medicina nuclear de la cl�nica Tolima, el que fue practicado el 3 de abril de 2008 estableciendo: �ri��n derecho ten�a una contribuci�n solo del 21%, mientras que el ri��n izquierdo una contribuci�n del 78%, concluyendo que el ri��n derecho aparec�a con severo compromiso en la funci�n glomerular con hidronefrosis que no responde al est�mulo diur�tico.� El 17 de mayo de 2008 se le realiz� al se�or Salcedo una nueva intervenci�n quir�rgica al ri��n y ur�ter derecho por parte de los Ur�logos Mario Bonnet Arciniegas y Cesar Augusto Rojas, anestesi�logo Edgar Olaya Rojas y Gineth Gissela Castro como m�dico cirujana.

El actor argumenta que en dicha cirug�a le fue extra�do �sin su autorizaci�n el ri��n derecho, el cual fue enviado a patolog�a y se encontraba sano.� El apoderado manifiesta que el se�or Jaime Salcedo durante el 2007 se desempe�aba como capacitador en diversos oficios, devengando un salario de $1.200.000, dinero que dej� de percibir a causa de su padecimiento renal. 2.

La demanda fue admitida el d�a 20 de marzo de 2009 y el despacho de conocimiento corri� t�rmino de notificaci�n y traslado a los demandados, los cuales se pronunciaron oportunamente de la siguiente manera: El Doctor Cesar Augusto Rojas a trav�s de apoderado judicial se opuso a las pretensiones de la demanda proponiendo como excepciones �falta de legitimaci�n en la causa por pasiva�, �indebido agotamiento del requisito de prejudicialidad de la ley 640 de 20012�, �ausencia del da�o como elemento estructural de la falla del servicio m�dico�.

El Doctor Mario Bonnet Arciniegas a trav�s de apoderada judicial refut� las pretensiones de la demanda formulando como excepciones �ausencia de causa para demandar�, �el paciente suscribi� consentimiento informado que contiene su identificaci�n plena, el cual hace parte de la historia cl�nica�, �ausencia de da�o�, �inexistencia de culpa�, �la obligaci�n del m�dico es de medios y no de resultado�, �inexistencia de nexo causal�, �causa extra�a�, �inexistencia de perjuicio moral�, �falta de legitimaci�n en la causa por pasiva�, �indicio en contra de la parte demandante�.

La Instituci�n Auxiliar de Cooperativismo GGP- Saludcoop Ibagu� emiti� contestaci�n de la demanda oponi�ndose a los hechos y pretensiones de la misma, alegando �no atribuci�n inmediata del da�o a la instituci�n auxiliar de cooperativismo GGP- Saludcoop Ibagu� y �excepci�n gen�rica�. 3. El juzgado dict� sentencia denegando las pretensiones de la demanda por no encontrarse probados los elementos que enmarcan la responsabilidad de los demandados especialmente el da�o al demandante, por lo cual, conden� en costas a la parte demandante, como agencias en derecho se fij� la suma de $1.800.000.

II.

FUNDAMENTOS DEL FALLO IMPUGNADO Determin� la procedencia de la acci�n desde el punto de vista de los elementos que constituyen la responsabilidad m�dica. Luego centr� su argumentaci�n en relaci�n al da�o contractual, pues consider� que el demandante pretend�a endilgar el da�o con relaci�n a la extracci�n de su ri��n derecho sin el debido consentimiento informado del procedimiento quir�rgico, situaci�n que el juzgado despach� desfavorablemente argumentando que �el demandante se someti� a un procedimiento quir�rgico sabiendo las complicaciones que podr�an surgir del mismo, la nefrectom�a como consecuencia del procedimiento quir�rgico inicial fue una secuela que cuyo fin ultimo le salv� la vida al paciente� debiendo hacer una explicaci�n de la enfermedad de base del paciente indicando que la pielonefritis es �una infecci�n bacteriana de uno o de ambos ri�ones (�) que puede producir un da�o irreversible del ri��n, llevando finalmente a la insuficiencia renal cr�nica� considerando el estrado que la nefrectom�a era el procedimiento necesario para preservar la vida del paciente, encontrando probado que el deterioro renal del paciente obligaba al medico tratante de conformidad a los protocolos de urolog�a a extraer el �rgano averiado y de esta manera preservar la vida del actor.

Por lo anterior consider� innecesario hacer un an�lisis a los dem�s elementos constitutivos de la responsabilidad m�dica al ser inexistente el da�o que se pretende sea indemnizado. III.

FUNDAMENTOS DE LA APELACION Reitera el demandante en los hechos propuestos en la demanda, indicando que considera que no fueron adecuados los procedimientos m�dicos practicados al actor, argumentando que la primera cirug�a realizada al paciente fue �mal elaborada puesto que uno de los puntos cerr� en el conducto urinario, lo que ocasion� da�o en el ri��n derecho, producto de un mal procedimiento medico, lo cual trajo como consecuencia una segunda intervenci�n quir�rgica, con la extracci�n del ri��n sin consultar al paciente o a sus familiares, lo que realmente constituye una falla medica producto de una mala cirug�a.� Estas cuestiones acreditan la culpa que se endilga al cirujano que realiz� las intervenciones, siendo la primera cirug�a err�nea y la segunda cirug�a la correcci�n de todos los da�os ocasionados en la anterior, por tanto dan pie al resarcimiento de los da�os causados a los actores.

Reclama que no se hizo una valoraci�n probatoria en conjunto, pues no se tuvo en cuenta la actuaci�n de la EPS donde se evidencian elementos suficientes para denotar la demostraci�n del da�o ocasionado. Finalmente aleg� la aplicaci�n de la teor�a de la falla del servicio y del da�o especial, adem�s de la protecci�n al derecho a la salud, citando ampliamente pronunciamientos de la Corte Constitucional.

IV. CONSIDERACIONES 1. Para los demandantes las secuelas que trajo la pieloplastia realizada al se�or Salcedo Hern�ndez responde a la impericia y negligencia del m�dico ur�logo que le practic� los dos procedimientos quir�rgicos; sostienen que ese da�o colateral que present� el paciente en su ri��n pudo evitarse mediante las �medidas intraquir�rgicas� que correspond�an durante el primer procedimiento realizado.

Por tanto, como no se tomaron dichas prevenciones se configur� una inadecuada pr�ctica m�dica que propici� la �nefrectom�a derecha del paciente�. Y para adentrarse en la resoluci�n de la alzada, en cuya m�dula se plantea esa precisa problem�tica, ha de recordarse que en juicios relativos a la responsabilidad civil la carga de la prueba respecto de los hechos fundantes de la pretensi�n, corre por regla general en hombros de quien demanda; esa es la premisa evidente que surge a la luz el art�culo 177 de C�digo de Procedimiento Civil.

Y si bien la doctrina jurisprudencial, tanto en la jurisdicci�n ordinaria como en la contencioso administrativa, ha reconocido el aligeramiento de esa carga en ciertos eventos muy puntualmente establecidos en los que se facilita o se releva a la v�ctima de la demostraci�n de uno de los elementos fundantes de la responsabilidad seg�n sea el tipo que se endilgue, ora el actuar culposo ora el incumplimiento del contrato, encuentra la Sala que no es este uno de esos casos en que se exime a los actores de tal demostraci�n. En verdad.

Bastante clara ha sido la jurisprudencia al explicar la �distinci�n entre obligaciones de medio y de resultado, en relaci�n con los deberes que adquiere el m�dico como consecuencia de la celebraci�n de un contrato de prestaci�n de servicios profesionales�, sosteniendo que: ��Con relaci�n a la responsabilidad contractual, que es la que por lo general se le puede demandar al m�dico en consideraci�n al v�nculo jur�dico que se establece entre �ste y el paciente, la Corte desde la sentencia de 5 de marzo de 1940, partiendo de la distinci�n entre obligaciones de medio y de resultado, estim� que por lo regular la obligaci�n que adquiere el m�dico �es de medio�, aunque admiti� que �Puede haber casos en que el m�dico asume una obligaci�n de resultado, como la intervenci�n quir�rgica en una operaci�n de fines est�ticos�.

Todo para concluir, despu�s de advertir que no se pueden sentar reglas absolutas porque la cuesti�n de hecho y de derecho var�a, que en materia de responsabilidad m�dica contractual, sigue teniendo vigencia el principio de la carga de la demostraci�n de �la culpa del m�dico��, agregando como condici�n �la gravedad�, que a decir verdad es una graduaci�n que hoy en d�a no puede aceptarse, porque a�n teniendo en cuenta los aspectos tecnol�gicos y cient�ficos del acto profesional m�dico, la conducta sigue siendo enmarcable dentro de los l�mites de la culpa com�n, pero, sin duda alguna, sin perder de vista la profesionalidad, porque como bien lo dice la doctrina, �el m�dico responder� cuando cometa un error cient�fico objetivamente injustificable para un profesional de su categor�a o clase�. �Igualmente en sentencia de 3 de noviembre de 1977, la Corte consider� que por lo regular las obligaciones que para los m�dicos surgen, son de medio, de ah� que �stos no se obliguen, seg�n se dijo �a sanar el enfermo, sino a ejecutar correctamente el acto o serie de actos que, seg�n los principios de su profesi�n, de ordinario deben ejecutarse para conseguir el resultado.

El haber puesto estos medios, con arreglo a la ciencia y a la t�cnica, constituye el pago de esta clase de obligaciones�. �Posteriormente, concretamente en sentencia de 12 de septiembre de 1985, ya referenciada, la Corporaci�n luego de ubicar el tema en la responsabilidad contractual y anotar que el contenido de las obligaciones que en virtud del contrato asumen los m�dicos y los establecimientos hospitalarios, �variar� seg�n la naturaleza de la afecci�n que padezca el enfermo y la especializaci�n misma de los servicios que preste la entidad�, sostuvo que �Con relaci�n a las obligaciones que el m�dico asume frente a su cliente, hoy no se discute que el contrato de servicios profesionales implica para el galeno el compromiso sino exactamente de curar al enfermo, si al menos de suministrarle los cuidados concienzudos, sol�citos y conformes con los datos adquiridos por la ciencia, seg�n expresiones con que la jurisprudencia francesa describe su comportamiento.

Por tanto, el m�dico s�lo se obliga a poner en actividad todos los medios que tenga a su alcance para curar al enfermo; de suerte que en caso de reclamaci�n, �ste deber� probar la culpa del m�dico, sin que sea suficiente demostrar ausencia de curaci�n�. (�) �Aunque la Corte en otras ocasiones, tal como se observa en la rese�a jurisprudencial, ha partido de la distinci�n entre obligaciones de medio y de resultado, para definir la distribuci�n de la carga de la prueba en la responsabilidad contractual del m�dico, lo cierto es que sin desconocer la importancia de la sistematizaci�n y denominaci�n de las obligaciones �de moyens� y �de r�sultat�, atribuida a Ren� Demogue, que sin duda alguna juegan rol importante para efectos de determinar el comportamiento que debe asumirse, lo fundamental est� en identificar el contenido y alcance del contrato de prestaci�n de servicios m�dicos celebrado en el caso concreto, porque es este contrato espec�fico el que va a indicar los deberes jur�dicos que hubo de asumir el m�dico, y por contera el comportamiento de la carga de la prueba en torno a los elementos que configuran su responsabilidad y particularmente de la culpa, porque bien puede suceder, como en efecto ocurre, que el r�gimen jur�dico espec�fico excepcione el general de los primeros incisos del art�culo 1604 del C�digo Civil, conforme lo autoriza el inciso final de la norma� (Cas.

Civ., sentencia del 30 de enero de 2001, expediente No. 5507). �Igualmente que, con posterioridad, la Sala, luego de insistir en el anterior criterio, precis� que al demandante en acciones de responsabilidad m�dica le corresponde �demostrar, en l�nea de principio, el comportamiento culpable de aqu�l en cumplimiento de su obligaci�n, bien sea por incurrir en error de diagn�stico o, en su caso, de tratamiento, lo mismo que probar la adecuada relaci�n causal entre dicha culpa y el da�o por �l padecido, si es que pretende tener �xito en la reclamaci�n de la indemnizaci�n correspondiente, cualquiera que sea el criterio que se tenga sobre la naturaleza jur�dica de ese contrato, salvo el caso excepcional de la presunci�n de culpa que, con estricto apego al contenido del contrato, pueda darse, como sucede por ejemplo con la obligaci�n profesional catalogable como de resultado� (Cas.

Civ., sentencia del 13 de septiembre de 2002, expediente No. 6199; subrayas y negrillas fuera del texto)�. As� remat� exponiendo el Alto Tribunal que �por regla de principio, los m�dicos se obligan a realizar su actividad con la diligencia debida, esto es, a poner todos sus conocimientos, habilidades y destrezas profesionales, as� como todo su empe�o, en el prop�sito de obtener la curaci�n del paciente o, en un sentido m�s amplio, a que �ste consiga en relaci�n con su salud o con su cuerpo el cometido que persigue o anhela, sin que, por lo tanto, se reitera, como regla general, queden vinculados al logro efectivo del denominado �inter�s primario� del acreedor �para el caso, la recuperaci�n de la salud o su curaci�n-, pues su deber de prestaci�n se circunscribe, particularmente, a la realizaci�n de la actividad o comportamiento debido, con la diligencia exigible a este tipo de profesionales. �5.8.

No obstante lo anterior, en desarrollo del principio de autonom�a privada pueden presentarse casos, valga precisarlo, no solamente en el campo de la cirug�a pl�stica con fines est�ticos o de embellecimiento, en los que el m�dico, por decisi�n propia y consciente, adquiera el compromiso de lograr u obtener un resultado espec�fico, esto es, que se obligue para con el paciente a la consecuci�n de un fin determinado, supuesto en el que, como es obvio entenderlo, la obligaci�n a su cargo se tipifica como de resultado.

De igual forma, existen determinadas actuaciones m�dicas, en las que la finalidad perseguida se puede obtener con la ejecuci�n de la conducta convenida y en las que la presencia de elementos contingentes es m�nima, lo que conduce, en tales supuestos, a que se generen obligaciones de resultado. Pi�nsese al respecto, v.gr., en la colocaci�n de un aparato ortop�dico, la inmovilizaci�n de una extremidad, el implante de un mecanismo anticonceptivo, las labores m�dicas de certificaci�n o los an�lisis de laboratorio, entre otros, en los que el componente de aleatoriedad en la realizaci�n del inter�s del acreedor est� pr�cticamente ausente�.

(Casaci�n Civil, Sentencia de 5 de noviembre de 2013; expediente 20001-3103-005-2005-00025-01; resalta la Sala). Atendiendo esa reiterada y s�lida l�nea jurisprudencial debe admitirse que este es uno de esos eventos en que la responsabilidad m�dica endilgada debe juzgarse con vista en el r�gimen com�n; cuando se advierte que la atenci�n m�dica dispensada al se�or Jaime Salcedo Herrera no fue producto de una espec�fica convenci�n celebrada entre �l y el cirujano que lo atendi� y mucho menos que fue de aquellos en que el prop�sito asistencial perseguido est� rodeado de muy pocos �elementos contingentes�, casos en los cuales, como se vio, la responsabilidad pasa a analizarse desde una �ptica diferente, no puede tenerse otra idea.

Menos podr�a pensarse en la aplicaci�n aqu� de la teor�a de la culpa presunta por el ejercicio de actividades peligrosas, porque si �stas han sido definidas doctrinalmente como �aquellas en que se emplean m�quinas, instrumentos, aparatos, energ�as o sustancias que ofrecen riesgos o peligros en raz�n de su instalaci�n, de su propia naturaleza explosiva o inflamable, de su velocidad, de las energ�as que conduzcan o de otras causas an�logas� (VALENCIA ZEA, Arturo.

Derecho Civil. De las obligaciones. Tomo III. Vig�sima edici�n. Bogot�: Editorial Temis, 1998, p�gina 288), surge contundente que tal noci�n no se encuadra en los actos derivados de la profesi�n m�dica, ya que por tratarse de una activada categorizada como liberal no puede predicarse del galeno una obligaci�n de resultado sino de medio, como ya se vio; de ah� que haya �la necesidad de demostrar la culpa gal�nica� (autor antes citado), lo que lleva a inferir que la carga probatoria en este tipo de contiendas la ostenta, en las m�s de las veces, la parte recurrente, sin que este sea uno de esos eventos en que sea admisible presumir tal elemento estructural de la responsabilidad civil. 2.

Corresponde entonces verificar si los demandantes probaron la culpa que se le imputa a la labor realizada por el Dr. Mario Bonnet Arciniegas que conoci� del caso del demandante, observ�ndose desde ya que, por m�s esfuerzos que se hagan al escrutar en el acervo probatorio, no se encuentra evidenciada tal circunstancia. Bas�ndose en las pruebas del proceso, en especial la historia cl�nica del paciente, haciendo un recuento cronol�gico, se observa que el paciente presentaba padecimientos renales anteriores a la valoraci�n por urolog�a, tal y como se observa en las diferentes atenciones prestadas al paciente por medicina general siendo remitido al especialista en urolog�a Mario Bonnet, el cual consigna en la primer valoraci�n del 29 de agosto de 2007 �paciente con cuadro de dolor lumbar derecho que se incrementa con la actividad f�sica, ecograf�a muestra quiste en el ri��n derecho (�)� (fol. 65 c.5) por lo cual el m�dico tratante considera pertinente la realizaci�n de diferentes ex�menes para poder diagnosticar al paciente, dentro de los cuales se encuentra �gamagraf�a renal, urograf�a excretora�.

El 24 de octubre de 2007 en control por urolog�a por parte del Dr. Bonnet, se hace la revisi�n de la �urograf�a excretora� siendo anotado en la historia cl�nica por el galeno �se encuentra pelvis extra renal derecha con posible estrechez de la uni�n ureteropielica en placa de 2 horas, no evac�a, persiste dolor� (fol.290 c.1) Medicina general tambi�n realiza la valoraci�n de los ex�menes paracl�nicos en diferentes ocasiones: el 8 de noviembre de 2007 se observa anotaci�n dentro de la historia cl�nica donde el m�dico precisa �reporte de renograma, ri��n izquierdo con pieloestasia transitoria y ri��n derecho con signos de hidronefrosis sin respuesta al diur�tico, patr�n obstructivo� (fol.291 c.1) coincidiendo con lo manifestado por el Dr. Cesar Rojas � Ur�logo el cual atendi� al se�or Salcedo Herrera el 15 de noviembre de 2007, indicando �gamagraf�a renal reporta ri��n izquierdo normal, derecho con hidronefrosis de tipo obstructivo, sin respuesta al diur�tico con aporte funcional del 45% pero hay un aplanamiento de fase funcional.� (fol 292 c.1).

De las anteriores valoraciones y ex�menes, el m�dico titular del tratamiento del demandante, al observar �severo compromiso de la funci�n glomerular con hidronefrosis que no responde al estimulo diur�tico, ri��n derecho con pieloestasia transitoria (no obstructiva)� (fol 48 c.5) procedi� a explicarle al paciente el requerimiento de la realizaci�n de una cirug�a denominada �pieloplastia desmembrada�, remiti�ndolo a anestesiolog�a quien aprueba intervenci�n quir�rgica, siendo realizada el 29 de enero de 2008.

De lo anterior se puede evidenciar que el paciente acude a todas las instancias necesarias para su valoraci�n, examen y tratamiento, al ser diagnosticado y coincidiendo con su valoraci�n por diferentes galenos, tratado posteriormente por el Dr. Mario Bonnet Arciniegas con la cirug�a inicial denominada �pieloplastia�. Antes de haber sido realizada la cirug�a se observa que el paciente ten�a comprometido su ri��n derecho, al presentar �hidronefrosis�, situaci�n que contribu�a con la complejidad del procedimiento quir�rgico, sin embargo, seg�n se evidencia en la historia cl�nica, dicha intervenci�n fue culminada a satisfacci�n sin complicaci�n alguna.

Posteriormente a la pieloplastia el paciente presenta complicaciones en el postoperatorio, acudiendo a medicina general siendo consignado en la historia cl�nica �36 d�as pop pieloplastia derecha hace 16 d�as controlado por ur�logo, urocultivo negativo ch normal, creatinina 1.8, orden� control a los 4 meses para gamagrafia renal, acusa masa subjetiva en el cuadrante abdominal superior derecho desde los primeros d�as del posoperatorio, dolor desde los primeros d�as del posoperatorio, dolor leve tipo punzada poliaquiuria, no fiebre no v�mito� (fol 82 c.1) por lo cual el paciente es remitido por urolog�a, acudiendo a consulta con gamagraf�a renal en la cual se evidencia �filtraci�n que muestra hidronefrosis derecha con p�rdida del parequimia sin respuesta al estimulo diur�tico, el ri��n izquierdo elimina adecuadamente, plan: se programa nuevamente cirug�a (�) pero con alta posibilidad de realizar nefrectom�a�.

(fol. 22 c.1.)Subrayado de �sta sala. Las pruebas hasta aqu� analizadas muestran que luego de haber sido realizada la pieloplastia desmembrada del ri��n derecho fue necesaria la realizaci�n de nefrectom�a derecha, lo cierto es que nada indica que la �ltima intervenci�n haya sido producto de una inadecuada o negligente pr�ctica m�dica; se sabe que el actor tuvo complicaciones posteriores a la cirug�a, las cuales se anuncian en el escrito incoativo y en la historia cl�nica allegada con el mismo, las que requirieron que, entre otras cosas, tuviese que ser sometido nuevamente a intervenci�n quir�rgica, pero de ninguna manera puede pensarse que tal situaci�n se derive de una inapropiada gesti�n por parte del cirujano que atendi� su caso.

En cuanto a las afecciones presentadas por el paciente, se observa que antes de ser realizada la primera intervenci�n quir�rgica ya presentaba hidronefrosis en su ri��n derecho, la cual a pesar de haber sido tratada por medio de la pieloplastia inicial fue persistente durante el postoperatorio. En la declaraci�n rendida por el Dr. Mario Bonnet se encuentra una explicaci�n frente a la hidronefrosis secundaria a estrechez de la uni�n uteropielica o pielo uretral indicando que �es una enfermedad de origen cong�nita, es decir que el paciente desde su nacimiento padece la enfermedad y hay la importancia que se tiene en los �ltimos a�os en los controles prenatales de las madres, en donde se busca ese tipo de alteraciones para poderlas corregir en los primeros a�os de edad y no esperar como este caso, que se manifiesten en la edad adulta con dolor y p�rdida de la funci�n del �rgano�.

Por lo cual manifiesta la finalidad de la primer pieloplastia realizada al paciente, argumentando que �la cirug�a lo que persegu�a era corregir un defecto anat�mico, pero no buscaba restituir la funci�n del ri��n, porque ya exist�an unas alteraciones irreversibles del mismo, o sea se buscaba evitar que empeorara�. (Subrayado fuera del texto original.) De lo manifestado por el galeno tratante, puede inferirse que el padecimiento del actor corresponde a una patolog�a cong�nita, la cual no se debe a la impericia o imprudencia del cirujano, por el contrario, evidencia que el m�dico tratante realiz� las maniobras necesarias para poder mejorar la calidad de vida del paciente, teniendo como ultima alternativa la nefrectom�a, que a pesar de ser un evento traum�tico para el paciente, era el procedimiento necesario para evitar complicaciones posteriores.

Situaci�n que es soportada por el dictamen rendido por el Doctor Francisco Donaldo Melo Aguilar, m�dico ur�logo, el cual al responder los interrogantes 5 y 6 del cuestionario frente al resultado de la nefrectom�a indica �de haberse suspendido el procedimiento y de hablar de no haber realizado nefrectom�a, se hubiere requerido un nuevo tiempo quir�rgico para realizar la extracci�n del ri��n, dadas las caracter�sticas del informe de patolog�a.� (Folio 537 C.1).

Similar conclusi�n adviene de la investigaci�n interpuesta por el actor ante el Tribunal Seccional de �tica M�dica del Tolima (folios 169 a 175 del cuaderno 5), en el fallo que absolvi� a los doctores Cesar Augusto Rojas y Mario Bonnet Arciniegas al considerar que �le dedicaron tiempo suficiente para hacer una buena historia cl�nica y mantuvieron una buena relaci�n m�dico paciente, hicieron un buen examen f�sico suficiente para llegar a un diagn�stico y confirmado suficientemente por medios paracl�nicos.

Se propuso un plan quir�rgico como la mejor manera de obtener como fin ultimo la salud y bienestar del paciente. Se informo suficientemente sobre la enfermedad, la forma de curarla y lo que le iba a ocurrir si no se le practicaba el tratamiento propuesto. Se avis� de la posibilidad de ampliar el acto quir�rgico hasta llegar a la nefrectom�a. El m�dico tratante solicit�, luego de la informaci�n el consentimiento del paciente y con diligencia, conocimientos, pericia y experiencia concibi� el plan quir�rgico.

Ya durante el acto, en presencia de consideraciones cl�nicas, sospechadas y confirmadas durante la operaci�n y de com�n acuerdo con el medico asistente, tambi�n perito y experto ur�logo decidieron que lo mejor para el paciente era practicar la nefrectom�a. Esta �ltima estaba considerada s�lo como una posibilidad terap�utica la cual fue informada al paciente y aceptada por el mismo.

Pero consideradas las condiciones cl�nicas observadas directamente en cirug�a la posibilidad terap�utica se torn� en indicaci�n quir�rgica y por ello se hizo el procedimiento quir�rgico con fundamentos m�dicos y cient�ficos en la consideraci�n de que se estaba haciendo lo mejor para el paciente y soportados por su conocimiento y experiencia.� Del escrutinio de estas probanzas, hay que reiterarlo, no emerge la culpa que se le imputa al m�dico tratante; nada en esas probanzas muestra que la lesi�n sufrida por el paciente se deba a un proceder imprudente o por lo menos omisivo por parte de ese galeno, ni mucho menos que no se adoptaron las medidas preventivas que, como lo sostiene la alzada, pudieron evitar tal secuela, lo que impide deducir que haya existido algo an�malo o no aconsejado por la ciencia m�dica imperante. 3.

De esta manera, aunque lamentablemente el se�or Salcedo Herrera ha tenido que soportar el tratamiento m�dico destinado a mejorar su funci�n renal, no hay manera de endilgar tal da�o a la actividad m�dica que le dispens� el ur�logo demandado; pues tambi�n est� a la vista que la nefrectom�a era el tratamiento adecuado y eficiente para los padecimientos que lo llevaron a consultar a los especialistas ur�logos.

Ante la ausencia de la contundencia probatoria que exige el caso puesto a consideraci�n de la Sala, contrario a lo reclamado en la apelaci�n, no resulta pertinente analizar los dem�s elementos de la responsabilidad m�dica, como son el da�o y el nexo causal, pues la falta de culpa implica inequ�vocamente la improcedencia de los pedimentos de la demanda. 4.

La decisi�n adoptada por el Juez de instancia se mantendr� inc�lume; las costas del recurso correr�n cargo del demandante por imponerlo as� la regla 1� del art�culo 392 del C�digo de Procedimiento Civil. VI. DECISION En m�rito de lo expuesto, el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Ibagu�, Sala Civil-Familia de Decisi�n, administrando justicia en nombre de la Rep�blica de Colombia y por autoridad de la ley,

RESUELVE

Primero: Confirmar la sentencia proferida el 30 de noviembre de 2015 por el Juzgado Primero Civil del Circuito de Ibagu� dentro del asunto del ep�grafe. Segundo: Condenar a los demandantes a pagar a la Instituci�n Auxiliar del Cooperativismo GPP Servicios Integrales de Ibagu�, Mario Bonnet Arciniegas y Cesar Augusto Rojas las costas del proceso en ambas instancias; como agencias en derecho relativas a la alzada se fija la suma de $1.475.434.

Esta sentencia fue discutida y aprobada en Sala de Decisi�n llevada a cabo el veintis�is de enero de dos mil diecisiete seg�n acta 003. Notif�quese. RICARDO ENRIQUE BASTIDAS ORTIZ Magistrado LUIS ENRIQUE GONZALEZ TRILLERAS Magistrado MANUEL ANTONIO MEDINA VARON Magistrado     S-2012-00309-01. PAGE \* MERGEFORMAT14 4;<=cd����������ʮʜ�vbNbvbvb:bvb:b'h�?�h�#�5�CJOJQJaJmH sH 'h�?�h$�5�CJOJQJaJmH sH 'h�?�h��5�CJOJQJaJmH sH 'h�?�ho^5�CJOJQJaJmH sH #h�?�ho^6�CJOJQJ^JaJ#h�?�ho^6�@���CJOJQJaJ6jh�?�h%�6�CJOJQJU]�aJmHnHu"h�?�ho^5�6�CJOJQJaJ"h�?�h�#�5�6�CJOJQJaJ"h�?�h��5�6�CJOJQJaJ=d������  P Q R ) *:; �����������������������$a$gd�#�$a$gd�#�$a$gdo^gdo^gdo^$a$gdo^ $��a$gdo^��������     0 5 6 N k � ? @ I K M N Q R � � � � ( ��ɻ���Ɏ�}�oaSaoao�o�o�o���o�o�h�RCJOJQJ^JaJh<d�CJOJQJ^JaJh$�CJOJQJ^JaJ h�?�h�#�CJOJQJ^JaJ h�?�hH�CJOJQJ^JaJh�'�CJOJQJ^JaJh�CJOJQJ^JaJh� CJOJQJ^JaJ h�?�ho^CJOJQJ^JaJ h�?�h�F�CJOJQJ^JaJ'h�?�ho^5�CJOJQJaJmH sH  ( *:;

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o^08Texto nota pie,Ref. de nota al pie1,Texto de nota al pie5$7$8$9DH$OJQJmH sH tH��/��A� o^0DTexto nota pie Car,Ref. de nota al pie1 Car,Texto de nota al pie Car$CJOJPJQJ^JaJmH sH tHD�RD o^ P�rrafo de lista ^��m$J bJ �U�0 Pie de p�gina �C�"mHsHV�/��qV �U�0Pie de p�gina CarCJOJPJQJ^JaJtH P��P ��0Texto de globoCJOJQJaJmHsHX�/���X ��0Texto de globo CarCJOJPJQJ^JaJtH PK!����[Content_Types].xml���N�0E�H���-J��@%�ǎǢ|�ș$�ز�U��L�TB� l,�3��;�r��Ø��J��B+$�G]��7O٭V��<a������(7��I��R�{�pgL�=��r����8�5v&����uQ�뉑8��C����X=����$␴�?6N�JC�������F�B.ʹ'�.�+���Y�T���^e5�5�� � �ð �_�g -�;�����Yl�ݎ��|6^�N��`�?���[��PK!�֧��6 _rels/.rels���j�0 ���}Q��%v/��C/�}�(h"���O� ������=������ ����C?�h�v=��Ʌ��%[xp��{۵_�Pѣ<�1�H�0���O�R�Bd���JE�4b$��q_����6L��R�7`�������0̞O��,�En7�Li�b��/�S���e��е������PK!ky���theme/theme/themeManager.xml �M � @�}�w��7c�(Eb�ˮ��C�AǠҟ����7��՛K Y,� �e�.���|,���H�,l����xɴ��I�sQ}#Ր���� ֵ+�!�,�^�$j=�GW���)�E�+& 8���PK!8#3��theme/theme/theme1.xml�Y]�7}/�? ���k�K���I��$�NJ���QV32#y7&J�X(��� 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