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T-8484 (03-12-02)Corte Suprema de Justicia · Sala Tutelas2002

Magistrado ponente: Eduardo Adolfo López Villegas

Decreto 2591 de 1991

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA República de Colombia Corte Suprema de Justicia Tutela: Rad. 8484 7 CORTE SUPREMA DE JUSTICIA SALA DE CASACIÓN LABORAL MAGISTRADO PONENTE EDUARDO LÓPEZ VILLEGAS Tutela Expediente No. 8484 Acta No.58 Bogotá D.C., tres (3) de diciembre de dos mil dos (2002). Resuelve la Corte la impugnación formulada por EFRAÍN AVENDAÑO MORENO contra el fallo proferido por la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia el 1° de noviembre de 2002.

I-.

ANTECEDENTES 1-. EFRAÍN AVENDAÑO MORENO instauró acción de tutela contra la SALA CIVIL DEL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOTÁ, integrada por los Magistrados MANUEL JOSÉ PARDO CARO, MARÍA TERESA PLAZAS ALVARADO y ANA LUCÍA PULGARÍN DELGADO, por la presunta violación de sus derechos fundamentales del debido proceso, de igualdad y de propiedad que estima vulnerados con la expedición de la sentencia de 13 de septiembre de 2002, mediante la cual se declaró infundado el recurso extraordinario de anulación propuesto por el accionante contra el laudo arbitral de 5 de abril de 2000.

La decisión de los árbitros había resuelto sobre las pretensiones que impetró contra Luis Alberto Avendaño Contreras, por incumplimiento de un contrato de promesa de compraventa sobre las acciones que posee en la sociedad Industrias Saveyco Ltda.. Como apoyo de sus pretensiones expuso en síntesis, lo siguiente: 1.1. El 23 de noviembre de 1998 celebró contrato de promesa de compraventa civil con Efraín Avendaño Moreno, mediante el cual le prometía en venta 3.050 cuotas de interés social de las 4.050 que constituyen la totalidad de las acciones de la Compañía. El precio pactado de la acción fue de $19.672,13 para un total de $60’000.000,oo, más $5’000.000,oo a título de financiación. 1.2.

Sucedió que la mayor parte de ese dinero se canceló con recursos de su propia sociedad como lo ratificaron los peritos, lo que demuestra la mala fe del demandado; el resto se le adeuda a la fecha. Por ese motivo, solicitó un Tribunal de Arbitramento que declarara el incumplimiento de su contraparte y la resolución del contrato. En subsidió pidió la nulidad absoluta del acuerdo por ausencia de los requisitos de ley y que se hiciera efectiva la cláusula penal. 1.3.

El laudo arbitral proferido el 5 de abril de 2000 fue desfavorable a sus intereses. Con esa decisión se violaron sus derechos fundamentales por cuanto la solución del litigio correspondía en realidad a los jueces de la República y no al Tribunal de Arbitramento. Además, el procedimiento fue adelantado en forma irregular, pues sus testigos no fueron oídos, el peritaje que lo favorecía no fue tenido en cuenta por los árbitros, no se llamó al demandado a absolver el interrogatorio de parte y no se valoraron los documentos aportados con la demanda. 1. 4.

Agregó el accionante que la presente acción de tutela tiene como finalidad cuestionar la decisión de 13 de septiembre de 2002, mediante la cual se declaró infundado el recurso extraordinario de anulación propuesto contra el laudo arbitral referenciado, porque con ella se vulneraron sus derechos fundamentales del debido proceso, igualdad y propiedad.

Dice que el Tribunal Superior se demoró más de 2 años para decidir y sin ningún estudio profirió la sentencia cuestionada, pues avaló el laudo con todos los defectos sustanciales y de forma ya anotados. Por todo lo anterior, solicita que el Juez de Tutela revoque por ilegal e injusta la providencia de 13 de septiembre de 2002 y que en su lugar, declare nulo el laudo arbitral de 5 de abril de 2000. 2-.

La Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia denegó el amparo impetrado por cuanto no encontró configurada vía de hecho, pues fue el mismo accionante quien solicitó la convocatoria del Tribunal de Arbitramento. Además, la decisión cuestionada tiene fundamento legal y objetivo y fue dictada con base en las pruebas oportunamente allegadas al proceso. 3-.

El fallo anterior fue impugnado por EFRAÍN AVENDAÑO MORENO quien insiste en que la sentencia del Tribunal es ilegal reiterando los argumentos expuestos en la demanda. II-. CONSIDERACIONES DE LA CORTE Conforme se desprende del escrito de tutela, con esta acción se pretende dejar sin efectos la sentencia de 13 de septiembre de 2002, mediante la cual la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá declaró infundado el recurso extraordinario de anulación propuesto por el accionante contra el laudo arbitral de 5 de abril de 2000.

Sin embargo, tal pretensión resulta a todas luces improcedente, pues, como lo ha sostenido esta Sala en criterio uniforme y reiterado, el excepcional mecanismo de la tutela no puede utilizarse para buscar dejar sin validez sentencias o providencias judiciales como la que es objeto de cuestionamiento acá por la parte actora, por las razones que se exponen a continuación, so pena de quedar escritos los principios de la cosa juzgada y de la autonomía de los jueces consagrados en la Carta Política: 1-.

EL PRINCIPIO DE LA COSA JUZGADA. Tal como lo ha advertido la propia Corte Constitucional, la función de administrar justicia, “ lleva implícito el concepto de la cosa juzgada aún antes de su consagración en normas positivas, pues resulta esencial a los fines que persigue” (sentencia C-543/92) y, aunque no existe norma expresa, no duda ese ente colegiado en asignarle una raigambre estrictamente constitucional, no susceptible de ser desconocida por el legislador, tal como lo expresa en el mismo fallo de constitucionalidad: “El principio de la cosa juzgada hace parte indiscutible de las reglas del debido proceso aunque no se halle mencionado de manera expresa en el artículo 29 de la Constitución. Todo juicio, desde su comienzo, está llamado a culminar, ya que sobre las partes no puede cernirse indefinidamente la expectativa en torno al sentido de la solución judicial a su conflicto.

En consecuencia, hay un verdadero derecho constitucional fundamental a la sentencia firme y, por tanto, a la autoridad de la cosa juzgada. 2-. EL PRINCIPIO DE LA AUTONOMÍA DE LOS JUECES. El principio de la autonomía de los jueces encuentra su consagración constitucional en el artículo 228 de la Carta Política. Este claro mandato superior preserva tanto el respeto a las decisiones de los órganos constituidos – fundamentalmente el Congreso de la República- como que las decisiones judiciales no se orienten por el criterio personal de los administradores de justicia sino por la ley que están llamados a acatar.

Cuando las prescripciones legales son claras y han sido declaradas avenidas a la Carta Política no pueden ser cambiadas por la opinión de ningún juez, sin importar su nivel en la organización judicial. El cumplimiento de la ley dictada por la autoridad competente es la verdadera garantía de igualdad, es el auténtico antídoto contra el capricho judicial y la fuente inequívoca de seguridad jurídica.

La defensa de la autoridad del órgano que dicta las leyes y del contenido de éstas, antes que una postura jurisprudencial inconsistente, es el cabal acatamiento de un diáfano precepto constitucional, ese sí de ineludible cumplimiento, con carácter perentorio al exigirle al juez que “sólo” le deba obediencia a la ley, lo que descarta la sumisión a quien pretenda desconocerla o ignorarla.

Este postulado constitucional implica entonces, que las decisiones de los jueces no puedan ser interferidas, anuladas o cambiadas por otro juez o funcionario diferente al del proceso, que carece de competencia para decidir sobre el asunto en cuestión, de ahí que no encaje en nuestro orden constitucional, como lo sostiene la propia Corte Constitucional, un sistema que permita al juez de tutela invadir el ámbito de otras jurisdicciones para decidir puntos de derecho cuyo conocimiento la propia Carta ha reservado al conocimiento de éstas.

Las siguientes son sus palabras: “Como se puede advertir, habiendo establecido el Constituyente jurisdicciones autónomas y separadas (Título VIII de la Constitución) y puesto que el funcionamiento de ellas ha de ser desconcentrado y autónomo (artículo 228 de la Carta), no encaja dentro de la preceptiva fundamental un sistema que haga posible al juez, bajo el pretexto de actuar en ejercicio de la jurisdicción Constitucional, penetrar en el ámbito que la propia Carta ha reservado a jurisdicciones como la ordinaria o la contencioso administrativa a fin de resolver puntos de derecho que están o estuvieron al cuidado de estas.

Considerar que semejante opción se aviene a lo preceptuado por la Carta, tanto vale como aceptar que ésta consagró jurisdicciones jerarquizadas, lo cual no encuentra sustento en la normatividad vigente.” (sentencia C-543/92) 3-. LA TUTELA FRENTE A DECISIONES JUDICIALES. 3.1.- La única disposición que permitió la tutela contra decisiones del órgano límite fue estimada contraria al ordenamiento constitucional por la propia autoridad a quien se le confió la guarda de la integridad y de la supremacía de la Constitución, quien al declararla inexequible la retiró del mundo jurídico y no habiendo ninguna otra ley que permita la revisión de providencias judiciales, resultara manifiesto, por lo menos así lo considera la Sala, que ninguna autoridad está facultada legal ni constitucionalmente para alterar el carácter inmutable de que están revestidas las sentencias que han hecho tránsito a cosa juzgada.

En efecto, la propia Corte Constitucional mediante la sentencia C-543/92, declaró la inexequibilidad del artículo 11, y por unidad normativa, del 40 del decreto 2591 de 1991, que admitían la procedencia de la acción de tutela contra sentencias judiciales, sustancialmente, por considerar: “Conclusión forzosa de las consideraciones que anteceden es la inconstitucionalidad del artículo 11 del Decreto 2591 de 1991.

Esta norma contraviene la Carta Política, además de lo ya expuesto en materia de caducidad, por cuanto excede el alcance fijado por el Constituyente a la acción de tutela (artículo 86), quebranta la autonomía funcional de los jueces (artículos 228 y 230), obstruye el acceso a la administración de justicia (artículo 229), rompe la estructura descentralizada y autónoma de las distintas jurisdicciones (Título VIII), impide la preservación de un orden justo (Preámbulo de la Carta) y afecta el interés general de la sociedad (artículo 1º), además de lesionar en forma grave el principio de la cosa juzgada, inherente a los fundamentos constitucionales del ordenamiento jurídico”. 3.2.- En dicha providencia que, de acuerdo al artículo 243 de la Carta Política, hizo tránsito a cosa juzgada constitucional, consideró la Corte que el Constituyente de 1991 no consagró la acción de tutela “ como medio de defensa contra los resultados de los procesos que él mismo hizo indispensables en el artículo 29 de la Constitución para asegurar los derechos de todas las personas” y al analizar los antecedentes constitucionales del artículo 86, concluyó que hubo en el seno de la Asamblea Constituyente la plena convicción de que no procedía este mecanismo contra las decisiones de los jueces dictadas para resolver los asuntos a su cargo.

Sobre el punto se expresó de la siguiente manera: “De gran importancia resulta en este caso la consideración de los antecedentes constitucionales. En la Asamblea Nacional Constituyente se perfiló desde el comienzo el alcance del mecanismo hoy consagrado en el artículo 86 de la Carta como oponible a actos u omisiones de autoridades públicas, pero no a las sentencias ejecutoriadas.

Apenas motivos relacionados con la forma o redacción del articulado llevaron a suprimir la limitación expresa en este sentido, de lo cual obra constancia de indudable precisión y autenticidad. ”…” ”Existió, pues, en el seno de la Asamblea Constituyente la plena convicción sobre el verdadero entendimiento del artículo aprobado: se consagraba la acción de tutela como forma nueva de protección judicial de los derechos, pero no contra las decisiones dictadas por los jueces para resolver sobre los litigios a su cargo.

Que hayan sido negadas proposiciones tendientes a consagrar de modo expreso tal limitación no supone que el Constituyente hubiese elevado a norma constitucional la tesis contraria a la que tales propuestas hubiesen deseado plasmar literalmente. El rechazo de ellas apenas significa la improbación de textos determinados, probablemente acogiendo la tesis del informe-ponencia citado en el sentido de que su inclusión no era necesaria, pero de ninguna manera sería lícito inferir de dicha negativa la actual vigencia de un "mandato implícito" en el que pueda apoyarse la tutela contra los proveídos judiciales.” 3.3.- Como consecuencia de las violaciones a los principios de rango constitucional de la cosa juzgada y de la autonomía funcional de los jueces, la obstrucción del acceso a la administración de justicia y el rompimiento de la estructura descentralizada y autónoma de las distintas jurisdicciones, que, observó la Corte en su extenso análisis, implicaría la figura de la acción de tutela frente a las decisiones judiciales, además de que él no está contemplado en el artículo 86 de la Constitución Política, la llevaron a concluir tajantemente que tal amparo no procede contra ninguna providencia judicial.” Las razones consignadas, estima la Corte, son suficientes para confirmar la sentencia impugnada.

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República y por autoridad de la ley, RESUELVE 1-. CONFIRMAR la sentencia proferida por la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia el 1° de noviembre de 2002, dentro de la acción de tutela propuesta por EFRAÍN AVENDAÑO MORENO contra la SALA CIVIL DEL TRIBUNAL SUPERIOR DEL DISTRITO JUDICIAL DE BOGOTÁ, integrada por los Magistrados MANUEL JOSÉ PARDO CARO, MARÍA TERESA PLAZAS ALVARADO y ANA LUCÍA PULGARÍN DELGADO, por los motivos expuestos. 2-.

Comunicar a los interesados en la forma prevista por el artículo 32 del Decreto 2591 de 1991. 3-. Enviar el expediente a la Corte Constitucional para su eventual revisión. Notifíquese y cúmplase. EDUARDO LÓPEZ VILLEGAS CARLOS ISAAC NADER LUIS JAVIER OSORIO LÓPEZ LUIS GONZALO TORO CORREA GERMÁN G. VALDÉS SÁNCHEZ ISAURA VARGAS DÍAZ FERNANDO VÁSQUEZ BOTERO JESUS ANTONIO PASTAS PERUGACHE SECRETARIO ACCIONANTE: EFRAÍN AVENDAÑO MORENO ACCIONADA: SALA CIVIL DEL TRIBUNAL SUPERIOR DE BOGOTÁ. El accionante pretende la revocatoria de la sentencia de 13 de septiembre de 2002, mediante la cual la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá declaró infundado el recurso extraordinario de anulación propuesto por el actor contra el laudo arbitral de 5 de abril de 2000.

La Sala de Casación Civil de la Corte negó el amparo deprecado porque no encontró configurada vía de hecho, pues fue el mismo accionante quien solicitó la convocatoria del Tribunal de Arbitramento. Además, la decisión cuestionada tiene fundamento legal y objetivo y fue dictada con base en las pruebas oportunamente allegadas al proceso. Se confirma el fallo por tratase de una tutela contra providencia judicial que es improcedente.