SALA DE CASACIÓN LABORAL República de Colombia Corte Suprema de Justicia PÁGINA 2 República de Colombia Corte Suprema de Justicia TUTELA 12409 SALA DE CASACIÓN LABORAL Magistrado ponente Doctor LUIS JAVIER OSORIO LÓPEZ Radicación 12409 Acta No. 41 Bogotá, D.C, doce (12) de abril de dos mil cinco (2005) Se procede a resolver la impugnación, formulada por la Dra. Luz Helena Castro Cardozo, contra la sentencia proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bucaramanga, dentro de la acción de tutela que la citada instauró en contra del Juzgado Segundo Laboral de esa misma ciudad.
I.
ANTECEDENTES En el juzgado accionado, la Dra. Castro Cardozo tramitó un proceso ordinario en contra de María Constanza Fernández Martínez, el mismo que finalizó con sentencia condenatoria, confirmada en segunda instancia por la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bucaramanga, a través de decisión emitida el 13 de marzo de 1996. Toda vez que la parte vencida no canceló la obligación, en junio de 2004 se promovió un proceso ejecutivo para obtener el pago de las condenas impuestas, librándose así el mandamiento de pago a que había lugar.
Notificada de esto último, la demandada propuso la excepción de prescripción, la misma que en un comienzo fue desechada por el juzgado de conocimiento, quien sin embargo, en últimas, la declaró probada con fundamento en lo dispuesto en la Ley 791 de 2002, la cual redujo el término de la acción ejecutiva de diez a cinco años. De esta forma, el juzgado accionado, al no tener en cuenta el artículo 41 de la Ley 153 de 1887, aplicó erróneamente la mencionada normatividad, incurriendo en una ostensible vía de hecho, violando de paso el derecho fundamental al debido proceso de la accionante.
En consecuencia, lo pretendido es que se ordene al Juzgado controvertido que revoque la decisión mediante la cual declaró probada la excepción de prescripción, de suerte que continúe con el trámite de la actuación. II. TRÁMITE Y DECISIÓN DE PRIMER GRADO La solicitud de amparo constitucional, fue instaurada y tramitada ante la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bucaramanga, quien la admitió a través de auto de 17 de enero hogaño y dispuso su notificación al accionado.
Mediante sentencia de 28 de los mismos, la mencionada Sala de Tribunal puso fin a la primera instancia, denegando el amparo constitucional impetrado. En sus consideraciones, manifestó el a quo, luego de realizar unas estimaciones relacionadas con el debido proceso, que la tutela contra providencias judiciales sólo es viable en casos de actuaciones arbitrarias, escapando a la órbita del juez constitucional el resolver sobre el objeto materia de debate, sin que las interpretaciones no compartidas, o los errores menores, constituyan motivo suficiente para conceder el amparo constitucional.
En resumen, coligió que la decisión atacada no configuró una vía de hecho, amén que la parte actora no hizo uso de los mecanismos ordinarios que tenía a su alcance para controvertir la determinación individualmente considerada. III. DE LA IMPUGNACIÓN Inconforme con la anterior determinación, la Dra. Castro Cardozo interpuso y sustentó dentro del término el recurso de impugnación. Al efecto, sostiene que dos son las razones de su inconformidad: La primera, dice relación a que el proceso que motivó la actuación era de única instancia, motivo por el cual no le fue posible recurrir en alzada el fallo controvertido.
Y la segunda, referida a que el accionado sí incurrió en una vía de hecho, al sobrepasar los parámetros de interpretación, toda vez que desconoció el sentido del artículo 41 de la Ley 153 de 1887, con lo cual se violó su derecho fundamental al debido proceso, temática a propósito de la cual se dignó transcribir algunos apartes de jurisprudencia constitucional relacionada con este específico punto en particular.
IV. CONSIDERACIONES Establece la Carta Política en su artículo 86 que, para proteger los derechos fundamentales de cualquier persona, cuando éstos se vean amenazados o vulnerados por una acción o por una omisión de una autoridad pública, y en algunos eventos de los particulares, se cuenta con la vía judicial preferente de la tutela, la que para ser ejercida no exige requisito formal alguno. Quiso así el constituyente, garantizar a los ciudadanos el amparo de sus derechos básicos, permitiéndoles acudir a la Rama Judicial en busca de una orden que luego de un trámite ágil y sumario, impidiera el acto amenazante o lo suspendiera.
Sin embargo, dicha facultad no es absoluta sino que, por el contrario, se reduce a cobijar ciertos y determinados derechos, que ya pueden estar definidos como fundamentales en la propia Constitución, o que por conexidad se encuentren consagrados en otros acápites de dicha normatividad. Ahora bien, tratándose de providencias judiciales, en principio la Carta no previó la utilización de este mecanismo judicial; fue el artículo 11 del Decreto 2591 de 1991, reglamentario de la Acción de Tutela, el que concibió la posibilidad de atacar las decisiones de los jueces, incluidas las que pusieran fin a la instancia correspondiente.
No obstante ello, la Corte Constitucional, en el estudio pertinente, determinó la inexequibilidad de la referida disposición, al pregonar la figura de la Cosa Juzgada y la independencia de la Rama judicial, señalando en algunos de los apartes de la Sentencia C-543 de octubre 1º de 1992, lo siguiente: “ La acción de tutela ha sido concebida únicamente para dar solución eficiente a situaciones de hecho creadas por actos u omisiones que implican la transgresión o la amenaza de un derecho fundamental, respecto de las cuales el sistema jurídico no tiene previsto otro mecanismo susceptible de ser invocado ante los jueces a objeto de lograr la protección del derecho.
La tutela no puede converger con vías judiciales diversas por cuanto no es un mecanismo que sea factible de elegir según la discrecionalidad del interesado, para esquivar el que de modo específico ha regulado la ley; no se da la concurrencia entre éste y la acción de tutela porque siempre prevalece -con la excepción dicha- la acción ordinaria.
La acción de tutela no es, por tanto, un medio alternativo, ni menos adicional o complementario para alcanzar el fin propuesto. Tampoco puede afirmarse que sea el último recurso al alcance del actor, ya que su naturaleza, según la Constitución, es la de único medio de protección, precisamente incorporado a la Carta con el fin de llenar los vacíos que pudiera ofrecer el sistema jurídico para otorgar a las personas una plena protección de sus derechos esenciales.
La cosa juzgada, que confiere a las providencias la fuerza de verdad legal dentro del ámbito individualizado del asunto litigioso resuelto, se funda en el principio de la seguridad jurídica, la cual para estos efectos, reside en la certeza por parte de la colectividad y sus asociados en relación con la definición de los conflictos que se llevan al conocimiento de los jueces.
El principio de la cosa juzgada hace parte indiscutible de las reglas del debido proceso aunque no se halle mencionado de manera expresa en el artículo 29 de la Constitución. Todo juicio, desde su comienzo, está llamado a culminar, ya que sobre las partes no puede cernirse indefinidamente la expectativa en torno al sentido de la solución judicial a su conflicto.
En consecuencia, hay un verdadero derecho constitucional fundamental a la sentencia firme y, por tanto, a la autoridad de la cosa juzgada. Si la Constitución dispone que ninguna persona podrá ser juzgada dos veces por el mismo hecho -"non bis in idem"-, con esa garantía procesal resulta incompatible la posibilidad de intentar acciones de tutela contra sentencias ejecutoriadas, toda vez que ello representaría la reapertura del proceso culminado.
Aunque se admitiera, en gracia de la discusión, que, a pesar de las razones enunciadas, fuera procedente la acción de tutela para que un juez impartiera órdenes a otro en relación con las providencias proferidas por su Despacho, tal posibilidad de todas maneras resultaría contraria al espíritu y al mandato del artículo 86 de la Constitución, pues reñiría con su carácter inmediato, en cuanto la orden habría de retrotraerse necesariamente al proceso culminado, con la inequívoca consecuencia de la invalidación, total o parcial, de etapas anteriores a la adopción del fallo, prolongando indefinidamente la solución del litigio.
No procede la acción de tutela contra ninguna providencia judicial, con la única salvedad del perjuicio irremediable, desde luego aplicada en este evento como mecanismo transitorio supeditado a la decisión definitiva que adopte el juez competente. Se hace posible la acción de tutela respecto de actuaciones judiciales distintas de las providencias.
De conformidad con el concepto constitucional de autoridades públicas, no cabe duda de que los jueces tienen esa calidad en cuanto les corresponde la función de administrar justicia y sus resoluciones son obligatorias para los particulares y también para el Estado. En esa condición no están excluidos de la acción de tutela respecto de actos u omisiones que vulneren o amenacen derechos fundamentales, lo cual no significa que proceda dicha acción contra sus providencias.
Así, por ejemplo, nada obsta para que por la vía de la tutela se ordene al juez que ha incurrido en dilación injustificada en la adopción de decisiones a su cargo que proceda a resolver o que observe con diligencia los términos judiciales, ni riñe con los preceptos constitucionales la utilización de esta figura ante actuaciones de hecho imputables al funcionario por medio de las cuales se desconozcan o amenacen los derechos fundamentales, ni tampoco cuando la decisión pueda causar un perjuicio irremediable, para lo cual sí está constitucionalmente autorizada la tutela pero como mecanismo transitorio cuyo efecto, por expreso mandato de la Carta es puramente temporal y queda supeditado a lo que se resuelva de fondo por el juez ordinario competente.
En hipótesis como estas no puede hablarse de atentado alguno contra la seguridad jurídica de los asociados, sino que se trata de hacer realidad los fines que persigue la justicia. Pero, en cambio, no está dentro de las atribuciones del juez de tutela la de inmiscuirse en el trámite de un proceso judicial en curso, adoptando decisiones paralelas a las que cumple, en ejercicio de su función, quien lo conduce, ya que tal posibilidad está excluida de plano en los conceptos de autonomía e independencia funcionales, a los cuales ya se ha hecho referencia. De ningún modo es admisible, entonces, que quien resuelve sobre la tutela extienda su poder de decisión hasta el extremo de resolver sobre la cuestión litigiosa que se debate en un proceso, o en relación con el derecho que allí se controvierte...” Y es que en efecto, las determinaciones emitidas dentro de un proceso, ya ordinario, ora especial, gozan de presunción de legalidad al igual que los actos administrativos y, por ende, han de respetarse y acogerse por quienes de manera libre y voluntaria acuden a la administración de justicia buscando la solución a sus conflictos.
Así las cosas, las partes deben someterse a las decisiones que dentro del trámite del respectivo proceso adopte el funcionario judicial, sin que sea viable pretender su desconocimiento alegando atropello alguno, porque no se ajusten al querer de éstas; la firmeza de tales providencias, es también una garantía de orden constitucional, prevista en el artículo 29 de la Carta, que consagra el deber de brindar un juicio con el lleno de las formalidades propias de éstos.
Por lo demás, como lo ha sostenido esta Sala desde la sentencia de Marzo 2 de 1998, radicación 3103: “ …al juez de tutela le esta vedado injerirse en actuaciones de competencia de otro juez, dado que las decisiones de uno y otro son independientes y autónomas, conforme a lo previsto por los artículos 228 y 230 de la Constitución Nacional, los que instituyeron independencia y autonomía para los jueces al proferir sus decisiones judiciales.
Si las determinaciones del juez originan inconformidad para alguna de las partes del proceso, la ley ha previsto los medios judiciales para que esas actuaciones se revisen por el superior inmediato, con la posibilidad de revocarlas, modificarlas o confirmarlas. Admitir la intromisión de funcionario distinto al director de un proceso, tal como se plantea en el caso bajo examen, constituye una vulneración directa y flagrante a los dos cánones constitucionales enunciados.” Por lo anterior, es que no puede esta Sala de la Corte inmiscuirse en el trámite de un proceso que revistió todas las formalidades de su rango, para revocar la decisión objeto de cuestión, máxime cuando en la misma no se alcanza a apreciar la configuración de una vía de hecho, requisito indefectible para la procedencia de la tutela en este tipo de casos.
Así lo entendió la Sala Laboral del Tribunal Superior de Bucaramanga, al finiquitar la primera instancia en la presente actuación, considerando, de forma atinada, que la decisión del juzgado accionado se ajusta en un todo y por todo a una línea de interpretación que por el sólo hecho de no ser compartida, no abre la compuerta a la procedencia de la acción de tutela.
Recuérdese que la tutela no es una tercera instancia, como parece entenderlo la actora en el presente caso, quien pretende debatir a través de dicho mecanismo excepcional, cuestiones que ya fueron definidas dentro del proceso propiamente dicho, queriendo imponer su particular forma de interpretación, no siendo la tutela, en todo caso, una instancia adicional para revisar o revivir procesos ya culminados.
Por manera que, en este orden de ideas, y sin que se hagan necesarias más consideraciones, lo que se impone es la confirmación del fallo de tutela objeto de apelación. En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, FALLA: PRIMERO.- CONFIRMAR la decisión adoptada por la Sala de Casación Civil de la Corte Suprema de Justicia, dentro de la acción de tutela instaurada por la Dra. Luz Helena Castro Cardozo, contra el Juzgado Segundo Laboral del Circuito de Bucaramanga.
SEGUNDO. - NOTIFICAR a los interesados mediante envío telegráfico o cualquier otro medio expedito. TERCERO.- REMITIR el expediente a la Corte Constitucional para su eventual revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE LUIS JAVIER OSORIO LÓPEZ GUSTAVO JOSÉ GNECCO MENDOZA CARLOS ISAAC NADER EDUARDO LÓPEZ VILLEGAS FRANCISCO JAVIER RICAURTE GÓMEZ CAMILO TARQUINO GALLEGO ISAURA VARGAS DÍAZ MARIA ISMENIA GARCÍA MENDOZA Secretaria