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STC8178-2021Corte Suprema de Justicia · Sala Tutelas2021

Magistrado ponente: Francisco José Ternera Barrios

Decreto 196 de 1971Decreto 2591 de 1991Decreto 806 de 2020Ley 16 de 1972Ley 527 de 1999

Radicación n°. 11001-22-03-000-2021-00779-01 FRANCISCO TERNERA BARRIOS Magistrado ponente STC8178-2021 Radicación nº 11001-22-03-000-2021-00779-01 (Aprobado en sesión virtual treinta de junio dos mil veintiuno) Bogotá, D. C., seis (06) de julio de dos mil veintiuno (2021). Se decide la impugnación interpuesta frente a la sentencia proferida el 28 de abril de 2021 por la Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá que denegó el amparo reclamado por Gloria Stefany Carrera Romero, quien actuó en su calidad de apoderada general de Castro Tcherassi S.A., contra el Juzgado Segundo de Ejecución Civil del Circuito de Bogotá. I.

ANTECEDENTES 1. La gestora procura la salvaguarda del derecho de su prohijada al debido proceso, presuntamente transgredido por la autoridad accionada. 2. De conformidad con las pruebas arrimadas al plenario, se observa la siguiente situación fáctica: 2.1. La Compañía Aseguradora de Fianzas S.A. -Confianza- impulsó ejecutivo en contra de las sociedades Equipo Universal S.A. y Castro Tcherassi S.A. a efectos de cobrar judicialmente el pagaré allegado como base del recaudo[footnoteRef:1]. [1: Folio 3 del PDF «Cuaderno 1» del radicado EXPEDIENTE 46-2017-0198.] 2.2.

El 17 de julio del 2017, el Juzgado Cuarenta y Seis (46) Civil del Circuito de Bogotá libró mandamiento de pago[footnoteRef:2]. Notificadas las ejecutadas por conducta concluyente[footnoteRef:3], el despacho ordenó seguir adelante con la ejecución[footnoteRef:4]. [2: Folio 121 ibidem. ] [3: Folio 151 ibidem.] [4: Folio 154 ibidem.] 2.3. Remitidas las diligencias al Juez Segundo Civil del Circuito de Ejecución de Bogotá, el 17 de enero del 2020, el ejecutante allegó memorial en el que informó que la acá accionante efectuó un abono a la obligación total pretendida.

Por ende, manifestó lo siguiente[footnoteRef:5]: [5: Folio 178 ibidem.] «

1. COMPAÑÍA ASEGURADORA DE FIANZAS SA. – CONFIANZA, al tenor del artículo 1573 del código civil renuncia expresamente a la solidaridad por pasiva en el presente proceso, únicamente respecto a la sociedad CASTRO TCHERASSI S.A., pero queda claro que el saldo de la obligación no se extingue y queda a cargo de la sociedad Equipo Universal S.A. 2.

Por lo anterior, solicitamos el consecuente levantamiento de todas las medidas cautelares decretadas, es decir, que se decrete el desembargo de las cuentas corrientes y ahorros de la sociedad demandada CASTRO TCHERASSI S.A., (…) y en general todas las medidas cautelares que se hayan ordenado en el curso del proceso, respecto a esta sociedad. 3.

Los títulos judiciales que se encuentren en su despacho por concepto de embargo, se le pagarán al señor JAIME IGNACIO CASTRO VERGARA, (…) representante legal de la sociedad demandada CASTRO TCHERASSI S.A. (…) ». 2.4. El 15 de julio del 2020, el juzgador de ejecución requirió a los extremos de la litis « con el objeto de que presenten la actualización de la liquidación del crédito imputando el referido abono en la fecha respectiva conforme lo normado en el artículo 1653 del Código Civil ».

Además, instó al demandante a que clarificara la petición de terminación del proceso[footnoteRef:6]. [6: Folio 183 del PDF «Cuaderno 1» del radicado EXPEDIENTE 46-2017-0198.] 2.5. El 15 de octubre del 2020, el apoderado de la parte activa aclaró que « desiste de las pretensiones en contra de la demandada CASTRO TCHERASSI S.A. dejando en claro que el saldo de la obligación no se extingue y queda a cargo de la sociedad EQUIPO UNIVERSAL S.A.» y, nuevamente, pidió el decreto del desembargo de las cuentas bancarias de la aludida sociedad.

Adicionalmente, presentó la liquidación del crédito[footnoteRef:7]. [7: Folio 250 a 253 ibidem. ] 2.6. En consecuencia, en auto del 03 de noviembre siguiente, se resolvió « dar por terminado el presente proceso por desistimiento de las pretensiones únicamente respecto de la ejecutada Castro Tcherassi S.A ». Aunado a ello, ordenó « oficiar a la Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales -DIAN- (Seccional Barranquilla fl. 43) a fin de dar cumplimiento a lo establecido en el artículo 630 del Estatuto Tributario ».

Así mismo, dictó que, una vez obre respuesta de la entidad tributaria, « procédase al levantamiento de las medidas cautelares decretadas dentro del presente asunto únicamente respecto del ejecutado Castro Tcherassi S.A. »[footnoteRef:8]. [8: Folio 271 ibidem.] 2.7. La actora observó que, a la fecha, no ha podido acceder al último auto proferido, « por lo cual no ha podido ser recurrido pues nunca nos ha sido notificado ni nos es oponible.

La advertencia al despacho se puede observar a continuación, a lo cual el despacho contestó admitiendo que si tiene problemas en su plataforma ». Aseveró que desconoce las razones « por las cuales a pesar de que el despacho accedió al desistimiento de las pretensiones en relación con mi poderdante el despacho oficia a la DIAN. ¿Me pregunto que tiene que ver la DIAN con el proceso ejecutivo ventilado en el despacho accionado? ».

Aseguró que la ausencia de levantamiento de las medidas cautelares le ha generado incalculables perjuicios. En particular, afirmó que « a la fecha tenemos detenido un desembolso de un credito para obtener capital de trabajo para el normal funcionamiento de la empresa porque la entidad bancaria nos exige el levantamiento de las medidas cautelares sobre cuentas bancarias de esta sociedad y por causa de la inactividad injustificada del despacho no podemos acceder a recursos que nos permiten trabajar y operar con normalidad ».

Así mismo, sostuvo que ha solicitado en varias oportunidades cita para la atención en la sede del despacho, sin haber obtenido respuesta. Por ende, « se ha violado el debido proceso de la sociedad que represento en el marco del proceso ejecutivo referido teniendo en cuenta que (I) no hemos tenido acceso al contenido del auto publicado en el estado de 4 de noviembre de 2020, por lo que no pudo ser recurrido y alegado y (II) principalmente porque luego de más de 1 año de haber pagado la obligación que originó el proceso ejecutivo y que el apoderado del demandante solicitó la terminación del proceso en relación a la sociedad que represento, el despacho NO ha proferido y enviado los oficios de desembargo a las entidades correspondientes ». 3.

Por tal razón, pidió que se « ordene al JUZGADO EJECUCIÓN CIVIL CIRCUITO SEGUNDO DE BOGOTA que profiera el acto y/o decisión necesaria y envíe el o los oficios de desembargos y/o se levantan materialmente las medidas cautelares en contra de los bienes y haberes de la sociedad CASTRO TCHERASSI S.A. que hayan sido ordenados en el marco del proceso ejecutivo con radicado N° 11001310304620170019800., en los términos del decreto 806 de 2020, esto es, se solicita especialmente que el despacho directamente remita a las entidades bancarias y cualquier otra entidad destinataria de los oficios de desembargo los oficios pertinentes desde el correo electrónico institucional del despacho ».

II. LA RESPUESTA DEL ACCIONADO Y VINCULADOS 1. El Consejo Seccional de la Judicatura de Bogotá informó el trámite otorgado a la solicitud de vigilancia administrativa instaurada por la acá accionante. 2. El Juez Segundo de Ejecución Civil del Circuito de Bogotá manifestó que las reclamaciones que eleva la actora por esta vía constitucional « no han sido elevadas en término al interior del proceso, ya que según los anexos aportados por la actora solicitó copia del auto que decretó la terminación hasta el mes de diciembre de 2020, fecha en la cual la providencia ya se encontraba ejecutoriada ».

Por otra parte, « la togada no ha elevado petición alguna al interior del proceso solicitando el levantamiento de las medidas cautealres ni elevó petición alguna exponiendo los motivos de queja expuesto en el libelo tutelar, pues la única petición elevada fue una sustitución al poder por esta radicado ». Así pues, la acción carece de los requisitos de inmediatez y subsidiariedad.

Por demás, comunicó que « la DIAN a la fecha de presentación de la presente acción no emitió respuesta alguna, por lo tanto, dado que transcurrió un tiempo prudencial para darle cumplimiento a la referida orden, se ingresó el expediente al despacho y se ordenó el levantamiento de las medidas cautelares practicadas, motivo por el cual, una vez se adquiera ejecutoria se elaboraran los oficios y se tramitaran los mismos por conducto de la Oficina de apoyo ». 3.

La Dirección de Impuestos y Aduanas Nacionales alegó su falta de legitimación en la causa por pasiva pues « la UAE-DIAN, no tiene injerencia sobre el asunto en discusión en su calidad de vinculado. En ese orden, la administración tributaria NO genero afectación alguna a los derechos fundamentales de la sociedad accionante y por ello se solicita muy amablemente al señor juez, se desvincule de la presente acción a la UAE-DIAN, toda vez que como se indicó las actuaciones en discusión no son atribuibles o de responsabilidad de la DIAN ». 4.

Los demás vinculados guardaron silencio. III. LA SENTENCIA IMPUGNADA La Sala Civil del Tribunal Superior del Distrito Judicial de Bogotá denegó el amparo por haber acaecido la figura del hecho superado. Para el efecto, sostuvo que « según lo indicó el titular del despacho quien, por demás, sostuvo desconocer las circunstancias atañederas a la ausencia de enteramiento de la providencia del 3 de noviembre de 2020 que, en estricto sentido, corresponde a una actuación eminentemente secretarial, del resorte de la Oficina de Apoyo del Centro de Servicios de Ejecución Civil del Circuito, se vislumbra que, en el transcurso de esta acción constitucional, en auto del 22 de abril postrero, la requirió con miras a que “…informe los motivos por los cuales no remitió copia del auto peticionado, así mismo, para que efectúe las manifestaciones que estime pertinentes respecto de las solicitudes por las cuales se duele la actora…” ».

Aunado a lo anterior, en providencia del día siguiente « ordenó “…el levantamiento de las medidas cautelares decretadas y practicadas, previa verificación de la existencia de créditos de mejor derecho y embargo de remanentes…”. Dispuso que por secretaría se procediera a la “…elaboración de los respectivos oficios. Para tal fin, téngase en cuenta que la oficina de apoyo deberá tramitar los mismos en cumplimiento a lo ordenado en el Decreto 806 de 2020…”, que valga anotar, es lo requerido por la sociedad Castro Tcherassi S.A ».

Finalmente, en lo que respecta a la actuación del Consejo Seccional de la Judicatura de Bogotá, concluyó que « conforme la actuación remitida, es patente que no se vislumbra vulneración a prerrogativas superiores, en tanto que, ciertamente, a la vigilancia administrativa formulada por la actora, se le dio el curso correspondiente y concluyó con una decisión de archivo que fue notificada al correo electrónico gerencia@castrotcherassi.com -folios 14 y 15 pdf07 ».

IV. LA IMPUGNACIÓN La impulsó la promotora, quien señaló que el a quo constitucional no se detuvo « a verificar si en efecto el Juzgado segundo civil del circuito de Bogotá o en su defecto el CENTRO DE SERVICIOS PARA LOS JUZGADOS CIVILES DEL CIRCUITO DE EJECUCIÓN DE SENTENCIAS procedieron a expedir y comunicar a las entidades correspondientes los oficios de desembargo, máxime cuando la violación del debido proceso para esta sociedad sigue si evidente e n la medida en que sus bienes y haberes siguen embargados al día de hoy, lo que evidencia FALLAS sistémicas y graves teniendo en cuenta que ni en sede de tutela se ha podido lograr que cese la violación de derechos ocasionadas por la omisión del Juzgado de ejecución segundo civil del circuito de Bogotá o en su defecto el CENTRO DE SERVICIOS PARA LOS JUZGADOS CIVILES DEL CIRCUITO DE EJECUCIÓN DE SENTENCIAS ».

Apuntaló que, dado que a la fecha la sociedad sigue embargada, la violación subsiste. De haberse efectuado la revisión respecto de la elaboración y envío de los oficios de desembargo « en ningún lugar hubiera indicado que la situación que dio origen a la acciones se superó pues a la fecha la oficina de apoyo judicial NO ha procedido a ejecutar lo ordenado por el despacho JUZGADO EJECUCIÓN CIVIL CIRCUITO SEGUNDO DE BOGOTA, y estando vinculado la oficina de apoyo judiciales para los juzgados de ejecución del circuito el fallador, debió tutelar los derechos de la sociedad que represento y ordenar a dicha entidad que de manera inmediata procediera a emitir y enviar para levantar materialmente las medidas cautelares que recaen sobre bienes y haberes de esta sociedad en virtud del proceso ejecutivo cursante en el JUZGADO EJECUCIÓN CIVIL CIRCUITO SEGUNDO DE BOGOTA ».

V. CONSIDERACIONES 1.- En el caso en concreto, la accionante se duele de la presunta mora judicial en que incurrió el Juzgado Segundo Civil del Circuito de Ejecución para elaborar y enviar los oficios de desembargo de las cuentas bancarias de la sociedad Castro Tcherassi S.A. 2.- La promotora del amparo, aduciendo la condición de apoderada general de la sociedad Castro Tcherassi S.A., accionó en búsqueda de obtener el efectivo levantamiento de las medidas cautelares que pesaban en su contra dentro del proceso de radicado 2017-00198-00. 3.- Pues bien, temprano se advierte que esta Sala no puede estudiar el amparo de fondo, toda vez que el poder general otorgado por la mentada sociedad a la abogada Gloria Stefany Carrera Romero no la habilita para cuestionar en su nombre la actuación adelantada por el juzgador accionado mediante este mecanismo extraordinario de defensa.

Ciertamente, cuando de derechos fundamentales ajenos se trata, es necesario que quien dice representar a otro acompañe a la demanda poder especial otorgado por el titular del derecho, por medio del cual actúa o alegue su calidad de agente oficioso, lo que en el presente asunto no se hizo. Dicho requisito de procedibilidad se encuentra prescrito en el artículo 10 del Decreto 2591 de 1991, el cual establece que: « Podrá ser ejercida, en todo momento y lugar, por cualquiera persona vulnerada o amenazada en uno de sus derechos fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de representante.

Los poderes se presumirán auténticos. También se pueden agenciar derechos ajenos cuando el titular de los mismos no esté en condiciones de promover su propia defensa. Cuando tal circunstancia ocurra, deberá manifestarse en la solicitud ». Bajo este parámetro, la jurisprudencia constitucional ha sostenido que: « Ahora bien, en lo que tiene que ver con el apoderamiento judicial en materia de tutela, esta Corporación ha precisado que  i)  es un acto jurídico formal, por lo cual debe realizarse por escrito;  ii)  se concreta en un escrito, llamado poder que se presume auténtico;  iii)   debe ser un poder especial;  iv)  el poder conferido para la promoción o para la defensa de los intereses en un determinado proceso no se entiende conferido para instaurar procesos diferentes, así los hechos que le den fundamento a estos tengan origen en el proceso inicial;  v ) el destinatario del acto de apoderamiento sólo puede ser un profesional del derecho habilitado con tarjeta profesional.

(…) Ahora bien, en aquellos eventos en los cuales la acción de tutela se presentó por intermedio de apoderado judicial, pero el abogado no contaba con poder especial, la jurisprudencia constitucional señaló, como consecuencia jurídica, la improcedencia de la solicitud de amparo por falta de legitimación en la causa por activa». (CC T-024/19, 28 de ene. 2019).

Y más aún, esta Sala ha considerado que el poder general no habilita para reclamar, a través del amparo, la protección de los derechos fundamentales de su poderdante. Ello pues, tal como se dijo en precedencia, el mandato requerido para estos asuntos es especial. Al respecto, esta Corporación explicó que: «(…) cuando la acción de tutela se ejerce a título de otro, es necesario contar con poder especial para (…) su interposición. La carencia de la citada personería para iniciar la acción de amparo constitucional, no se suple con la presentación del apoderamiento otorgado para un asunto diferente.

(…) La falta de poder especial para adelantar el proceso de tutela por parte de un apoderado judicial, aun cuando tenga poder específico o general en otros asuntos, no lo habilita para ejercer la acción de amparo constitucional a nombre de su mandante y, por lo tanto, en estos casos, la tutela debe ser declarada improcedente (…) (Sentencias T-658 de 2002;

T-451 de 2006 y T. 2011-00118-01 de 10 de junio de 2011 y T. 2011-00153-01 de 27 de julio del mismo año, entre otras). (…) [E] l poder general otorgado por las prenombradas personas a favor de la accionante ( ), no la habilita para cuestionar a nombre de ellos la actuación adelantada por la Colegiatura accionada mediante este mecanismo extraordinario de defensa, puesto que ese tipo de representación no “puede tener (…) la virtud de transferirle al apoderado los derechos fundamentales de su poderdante, ni mucho menos habilitarle para interponer acciones de tutela adyacentes (…), al ser este mecanismo un proceso judicial autónomo, que promovido a través de abogado, requiere sujetarse a las reglas generales del derecho de postulación ”» (CSJ STC7036-2019, reiterada, entre otras, en STC7147-2020).

Así mismo, en una controversia con connotaciones similares, esta Sala se pronunció de la siguiente manera: « De conformidad con los anteriores lineamientos, esta Corporación confirmará la desestimación del amparo; ya que, como viene de explicarse, la memorialista no allegó el poder especial que la faculte para actuar en nombre y representación de la sociedad Positiva S.A., deficiencia que pretendió subsanar con la aportación, en sede de impugnación, de la escritura pública n.º 3181 de 12 de diciembre de 2019, otorgada en la Notaría Veinticinco del Círculo de Bogotá, mediante la cual el presidente de esa compañía le confirió mandato general para adelantar actuaciones judiciales, el cual no es suficiente para impulsar este trámite excepcional.

Lo anterior, toda vez que el poder general otorgado a una abogada –como en el sub examine– no la habilita para reclamar, a través del amparo, la protección de los derechos fundamentales de su poderdante, en tanto el mandato requerido para estos asuntos es especial » (STC147-2020 del 10 de septiembre de 2020). Así las cosas, si la accionante no cuenta con legitimación en la causa para activar este medio excepcional de defensa, no es posible entrar a estudiar la legalidad de la actuación dictada por el juzgado en el proceso cuestionado. 4.- Corolario de lo discurrido en precedencia, se impone confirmar la sentencia controvertida, pero por las razones expuestas en precedencia. VI.

DECISIÓN En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia en Sala de Casación Civil, administrando justicia en nombre de la República de Colombia y por autoridad de la ley, CONFIRMA la sentencia impugnada. Comuníquese por medio idóneo lo aquí resuelto a las partes y oportunamente remítanse las presentes diligencias a la Corte Constitucional para su eventual revisión.

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE FRANCISCO TERNERA BARRIOS Presidente de Sala ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO HILDA GONZÁLEZ NEIRA AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO LUIS ALONSO RICO PUERTA OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA (Con Salvamento de Voto) SALVAMENTO DE VOTO STC8178-2021 Radicación n.° 11001-22-03-000-2021-00779-01 Disiento de la decisión acogida en la providencia objeto de este pronunciamiento, porque en mi criterio la promotora sí estaba habilitada para impetrar el auxilio, según paso a explicar. 1.

Gloria Stefany Carrera Romero, en calidad de apoderada general de Castro Tcherassi S.A., formuló el resguardo contra el Juzgado Segundo de Ejecución Civil del Circuito de Bogotá, por cuanto, si bien el juzgador atacado decretó la terminación del proceso ejecutivo impulsado por la Compañía Aseguradora de Fianzas S.A. -Confianza- frente a su agenciada, atendiendo el desistimiento de la ejecutante, resolvió oficiar a la Dian “ a fin de dar cumplimiento a lo establecido en el artículo 630 del Estatuto Tributario ” Aseguró que esa decisión no pudo ser recurrida porque se omitió su publicación de forma correcta, en la página web correspondiente, pues, según admitió el despacho, éste “ tiene problemas en su plataforma ”.

Tras aseverar la improcedencia de requerir a la Dian, dado que no fungió como parte o interesada en las diligencias rebatidas, agregó que debe procederse al levantamiento efectivo de las medidas cautelares dispuestas, por cuanto la demora en ese proceder ha generado un detrimento en el patrimonio de su representada. 2. En primera instancia, se denegó la protección propuesta por ocurrir un hecho superado, pues el fallador acusado dispuso el levantamiento de las cautelas reprochadas “ previa verificación de la existencia de créditos de mejor derecho y embargo de remanentes ” y ordenó librar los oficios correspondientes. 3.

Impugnada esa determinación, la Sala Mayoritaria ratificó la negativa a la protección incoada, empero por razones distintas a las del a quo constitucional, pues, sostuvo, la salvaguarda resultaba improcedente, dado que “(…) el poder general otorgado por la mentada sociedad a la abogada Gloria Stefany Carrera Romero no la habilita para cuestionar en su nombre la actuación adelantada por el juzgador accionado mediante este mecanismo extraordinario de defensa (…)”; asimismo, anotó: “(…) [C] uando de derechos fundamentales ajenos se trata, es necesario que quien dice representar a otro acompañe a la demanda poder especial otorgado por el titular del derecho, por medio del cual actúa o alegue su calidad de agente oficioso, lo que en el presente asunto no se hizo (…)”. 4.

En concepto de la Sala Mayoritaria, si ruegos como el actual se impulsan por intermedio de mandatario, menester es que éste: (i) sea abogado y (ii) allegue poder especial para el efecto, otorgado por el titular de las prerrogativas presuntamente lesionadas. Con respaldo en semejante tesis, el fallo del cual me aparto concluyó que la petente no podía acudir a esta sede excepcional en defensa de las garantías de Castro Tcherassi S.A., a pesar de aportar a las diligencias poder, en donde la precitada la designó como su apoderada general, invistiéndola de amplias facultades para procurar la indemnidad de sus intereses ante todo tipo de autoridades, incluidas las jurisdiccionales.

La antelada posición se apoya en la línea jurisprudencial que la Corte empezó a consolidar en el año 2006, pues previamente había reconocido legitimación para adelantar este tipo de trámites, a quien verificara la condición de vocero judicial, especial o no[footnoteRef:9], siempre y cuando fuese abogado titulado[footnoteRef:10]. [9: La Corporación no puso trabas a la legitimación de profesionales del derecho que cobijados por un mandato general, comparecieron a esta vía residual, en casos como el de los fallos de 8 de abril de 2002, exp. 2002-00059-01; 3 de mayo de 2002, exp. 2002-00152-01; 31 de octubre de 2002, exp. 2002-12018-01; 4 de abril de 2003, exp. 2002-02973-01; 10 de marzo de 2004, exp. 2004-00078-01; 22 de junio de 2004, exp. 2004-00295-01 [en esta causa, la accionante exhibió un poder general a su favor y alegó ser abogada; empero, la Corte no le reconoció legitimación, por ausencia de prueba de la precitada calidad]; 25 de junio de 2004, exp. 2004-00630-00; y 26 de noviembre de 2004, exp. 2004-00524-01.

Es más, en fallo dictado el 21 de marzo de 2001, bajo el radicado nº 2001-00052-01, la Sala desató, sin anteponer algún obstáculo al respecto, la impugnación interpuesta por el abogado, apoderado general, de quien actuó en primera instancia, de manera personal, como agente oficiosa de su progenitora. ] [10: Tal fue la reiterada doctrina de la Corte hasta el año 2005.

Consúltense al respecto las siguientes sentencias de tutela: 27 de enero 1998, exp. 4684; 1º de septiembre de 1998, exp. 5295; 28 de septiembre de 1999, exp. 7213; 31 de julio de 2000, exp. 0206; 20 de febrero de 2001, exp. 2000-0965-01; 27 de marzo de 2001, exp. 2001-00406-01; 29 de noviembre de 2001, exp. 2001-00813-00; 20 de junio de 2002, exp. 2002-00174-01; 26 de junio de 2002, exp. 2002-00276-01 [en este caso, la Colegiatura indicó que la allí actora, en su calidad de apoderada general, no estaba legitimada para impetrar la salvaguarda, por no ser abogada, subrayando la posibilidad del otorgamiento de un poder especial por aquélla, a un profesional del derecho]; 4 de julio de 2002, exp. 2002-00698-01; 5 de julio de 2002, exp. 2002-02239-01; 17 de julio de 2002, exp. 2002-00240-01; 16 de agosto de 2002, exp. 2002-00031-01; 28 de agosto de 2002, exp. 2002-00333-01; 14 de febrero de 2003, exp. 2002-00071-01; 30 de septiembre de 2003, exp. 2003-00042-01; 23 de febrero de 2004, exp. 2003-00621-01; 29 de abril de 2004, exp. 2004-00155-01; 29 de julio de 2004, exp. 2004-00654-00; 13 de octubre de 2004, exp. 2004-01096-00; 26 de octubre de 2004, exp. 2004-00728-01; 29 de octubre de 2004, exp. 2004-01156-00; 11 de noviembre de 2004, exp. 2004-00479-01; 10 de junio de 2005, exp. 2005-00155-01; 13 de julio de 2005, exp. 2005-00759-00; 1º de agosto de 2005, exp. 2005-00108-01; y 14 de diciembre de 2005, exp. 2005-00209-01.] Ciertamente, de conformidad con la vigente tesitura de la Sala frente a este aspecto, para la instauración del resguardo consagrado en el canon 86 superior, en armonía con el precepto 10 del Decreto 2591 de 1991[footnoteRef:11], fuera de los eventos de representación legal –de menores de edad, personas jurídicas y sujetos en situación de discapacidad mental absoluta o relativa-, y de aquellos en los cuales es viable la agencia oficiosa, se torna indispensable conferir “ poder específico ” a un profesional del derecho, pues, se aduce, quien plantea a nombre de otro mecanismos como el presente, actúa dentro del marco legal y las reglas propias del ejercicio del indicado empleo[footnoteRef:12], siendo, por ende, aplicable la regulación prevista para éste en el ordenamiento jurídico, vale decir, por el Decreto 196 de 1971[footnoteRef:13], hoy día, por la Ley 1123 de 2007[footnoteRef:14]. [11: “La acción de tutela podrá ser ejercida, en todo momento y lugar, por cualquiera persona vulnerada o amenazada en uno de sus derechos fundamentales, quien actuará por sí misma o a través de representante.

Los poderes se presumirán auténticos. También se pueden agenciar derechos ajenos cuando el titular de los mismos no esté en condiciones de promover su propia defensa. Cuando tal circunstancia ocurra, deberá manifestarse en la solicitud. También podrán ejercerla el Defensor del Pueblo y los personeros municipales”.] [12: Así se ha sostenido, cuando menos desde el año 2006, en diversos pronunciamientos, entre los cuales destacan: sentencias de 1º de noviembre de 2006, exp. 2006-01750-00, y de 3 de mayo de 2007, exp. 2007-00039-01; auto de 16 de enero de 2008, exp. 2008-00035-00; y fallos de 10 de junio de 2011, exp. 2011-00118-01; 3 de agosto de 2011, exp. 2011-00153-01; 4 de mayo de 2012, exp. 2012-00145-01 [en dicha causa, aunque el promotor del resguardo era abogado, se concluyó su falta de legitimación para impetrar el auxilio a nombre de otro, por cuanto exhibió un poder general y no el especial requerido];

CSJ. STC de 25 de junio de 2015, exp. 2015-00365-01; CSJ. STC de 3 de julio de 2015, exp. 2015-00111-01 [en este caso, la Sala reconoció derecho de postulación al abogado petente de la salvaguarda, quien obraba como apoderado especial constituido por el mandatario general del titular de los intereses iusfundamentales presuntamente agraviados];

CSJ. STC de 16 de junio de 2016, exp. 2016-00716-01 [en ese trámite, contrario sensu a lo manifestado en el precedente recién citado, la Corte sostuvo: “Aunado a lo anterior, le falta legitimación al profesional del derecho que promueve el resguardo, pues el poder especial fue otorgado por mandatario general quien no está facultado para ello, como quiera que el instrumento público a él conferido no transfiere derechos fundamentales de sus representados”];

CSJ. STC de 9 de mayo de 2018, exp. 2018-00067-01; CSJ. STC de 23 de mayo de 2018, exp. 2018-00436-01; CSJ. STC de 12 de julio de 2018, exp. 2018-00171-01; CSJ. STC de 18 de julio de 2018, exp. 2018-00155-01; y CSJ. STC de 10 de agosto de 2018, exp. 2018-00130-01.] [13: “Por el cual se dicta el estatuto del ejercicio de la abogacía”. ] [14: “Por la cual se establece el Código Disciplinario del Abogado”.] Esta intelección del asunto se ha fincado además, de forma expresa, en la jurisprudencia de la Corte Constitucional, quien ha pregonado, con las anotadas salvedades, la necesidad de que la representación en esta materia sea confiada a un abogado, en virtud de poder especial[footnoteRef:15], entendiéndose por éste, el otorgado por “ una sola vez para el fin específico y determinado de representar los intereses del accionante en punto de los derechos fundamentales que alega, contra cierta autoridad o persona y en relación con unos hechos concretos que dan lugar a su pretensión ”[footnoteRef:16]. [15: Corte Constitucional: T-550 de 1993, T-001 de 1997, T-658 de 2002, T-451 de 2006, T-493 de 2007 [en esta sentencia, no obstante señalar que la acción de tutela se puede promover mediante apoderado judicial, “caso en el cual el apoderado debe tener la condición de abogado titulado, debiendo anexarse a la demanda el poder especial para el caso o en su defecto el poder general respectivo”, renglón seguido esa Colegiatura expuso que en ese tipo de decursos el mandato siempre ha de ser específico, incurriendo en la misma contradicción en los fallos T-194 de 2012 y T-430 de 2017];

T-417 de 2013; y T-054 de 2014. ] [16: Corte Constitucional: T-001 de 1997.] Desde tal perspectiva, esa Alta Corporación, al discurrir acerca de los “ requisitos del apoderamiento judicial para interponer la acción de tutela ”, expuso que “ el poder por medio del cual se faculta al abogado para actuar [ha de contar] con una serie de elementos en los que se identifique en forma clara y expresa: (i) los nombres y datos de identificación tanto de poderdante como del apoderado;

(ii) la persona natural o jurídica contra la cual se va a incoar la acción de tutela; (iii) el acto o documento causa del litigio y, (iv) el derecho fundamental  que se pretende proteger y garantizar ”[footnoteRef:17]. [17: Corte Constitucional: T-1025 de 2006.] 5. En mi opinión, la doctrina atrás expuesta es equivocada, por cuanto, estimo, el poder general es suficiente para promover herramientas como la examinada. 5.1.

En su acepción lata, mandato viene del latín mandatum, de mando, as, are, mandar, encargar. Mandatum, a su turno, proviene de manus datio, pues según la opinión generalizada, el estrechamiento de manos era entre los hombres antiguos symbolum fidei datae, suponiendo la confianza recíproca entre quien lo confiere y a quien se le otorga[footnoteRef:18]. [18: Así: DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMENEZ ALFARO, Francisco.

Diccionario de Derecho Privado. Tomo II. Editorial Labor S.A. Barcelona. 1950. Pág. 2582. También: ESCOBAR SANÍN, Gabriel. Negocios Civiles y Comerciales I. Negocios de sustitución. Universidad Externado de Colombia. Bogotá. 1987. Pág. 297.] 5.1.1. En punto a su origen histórico, en Caldea[footnoteRef:19] se conoció la figura con las mismas características que hoy reviste en el Derecho Moderno. El Código de Hammurabi no se refirió a la misma, si bien pueden apreciarse sus rasgos en las “ cartas de negocios ”. [19: Los caldeos fueron una tribu semítica de origen ignoto, asentada en la Mesopotamia meridional alrededor del primer milenio antes de Cristo. ] La fuente más fidedigna y abundante es, sin duda, la del Derecho Romano [footnoteRef:20], al cual se le debe su construcción técnica y su consagración como contrato autónomo y típico, como pasó luego, aunque con algunas –y sensibles- variaciones, a las codificaciones europeas del Siglo XIX y principios del XX, entre ellas al Código francés de 1804[footnoteRef:21] (arts. 1984-2010); al Burgerlijk Wetboek holandés (BW) de 1838[footnoteRef:22] (arts. 1829-1856); al Codice del Reino de Italia de 1865[footnoteRef:23] (arts. 1737-1763); al Código Civil de Portugal, sancionado en 1867[footnoteRef:24] (arts. 1318-1369); al Código español de 1889[footnoteRef:25] (arts. 1709-1739); al Burgeliches Gesetzbuch alemán (BGB) entrado en vigor en 1900[footnoteRef:26] (párs. 662 y ss.); y al Code suizo de las obligaciones de 1911[footnoteRef:27] (arts. 394-418). [20: Referente al tratamiento del contrato de mandato en el Derecho Romano, véase: GIRARD, Paul Frédéric.

Manuel Ëlémentaire de Droit Romain. Librairie Arthur Rousseau. Paris. 1918. Págs. 592 y ss.; ZIMMERMANN, Reinhard. The Law of Obligations. Roman Foundations of the Civilian Tradition. Clarendon Paperbacks. Oxford. 1996. Págs. 413 y ss.; STITCHKIN BRANOVER, David. El Mandato Civil. Editorial Jurídica de Chile. Santiago. 1975. Págs. 20-22.] [21: En su redacción original, visible en: Code Civil des Francais. Ëdition Original et Seule Oficielle.

L’Imprimerie de la République. Paris. 1804. Págs. 478 y ss.] [22: Cfr. HAANEBRIK, P.H. Code Civil Néerlandais. Traduit en Francais et mis en Concordance avec le Code Civil Belge. Ed. Émile Bruylant/Librairie Générale de Droit. Bruxelles/Paris. 1921. Págs. 376 y ss.] [23: Cfr. FRANCHI, Luigi (anotador y comentarista). Codice Civile. Editore Librario della Real Casa.

Milán. 1913. Págs. 410 y ss.] [24: Cfr. Código Civil Portugués. Imprenta Nacional. Lisboa. 1924. Págs. 196 y ss.] [25: Cfr. Código Civil. Edición Oficial. Imprenta del Ministerio de Gracia y Justicia. Madrid. 1889. Págs. 496 y ss.. ] [26: HUI WANG, Chung (traductor y anotador). The German Civil Code. Stevens and sons Limited. Law Publishers.

Londres. 1907. Págs. 146 y ss.] [27: Cfr. ROSSEL, Virgile (compilador y anotador). Code Civil et Code des Obligations. Librairie Payot & Cie. Lausanne/Géneve. 1921. Págs. 101 y ss.] Lo propio pudo apreciarse en la América de la época, donde, de la mano de los juristas integrantes del movimiento codificador[footnoteRef:28], se introdujeron en los diversos cuerpos legales numerosas disposiciones tendientes a reglar dicho contrato, yendo desde su contenido y pasando por su forma, hasta sus efectos y las obligaciones que genera. [28: Sobre el hecho histórico de la Codificación en América, véase: CASTÁN VÁSQUEZ, José María/HERNÁNDEZ GIL, Antonio (contestador).

La Influencia de la Literatura Jurídica Española en las Codificaciones Americanas. Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Madrid. 1984.] Así ocurrió en Haití en 1825[footnoteRef:29] (arts. 1748- 1774 C.C.); el Perú en 1852 (arts. 1921-1950 C.C.); Argentina en 1869-1871 (arts. 1869-1940 C.C.); en el Estado de México en 1871[footnoteRef:30] (arts. 2474-2532 C.C.);

Cuba y Puerto Rico en 1889, cuando acogieron el Código español de ese mismo año[footnoteRef:31]. Y en los posteriores códigos de Honduras de 1906[footnoteRef:32] (arts. 1888-1918); de los Estados Unidos del Brasil de 1916[footnoteRef:33] (arts. 1288-1330) el de Panamá del mismo año (arts. 1400-1430); y el de Venezuela de 1922[footnoteRef:34] (arts. 1742-1769). [29: Vide: BORNO, Luis (anotador).

Code Civil D’Haiti Annoté. Avec une Conférence des articles entre eux et leur correspondance avec les articles du Code Civil francais. Ed. Chez L’Auteur/A. Giard & E. Briére. Port Au Prince/Paris. 1892. Págs. ] [30: Cfr. Código Civil de Méjico. Ed. Góngora Compañía. Madrid. 1879. Pág. 140. Págs. 120-123.] [31: Cosa que se hizo mediante mediante Real Decreto de 31 de julio de 1889.] [32: Cfr. Código Civil.

República de Honduras. Tipografía Nacional. Tegucigalpa. 1906. Págs. 261 y ss.] [33: Cfr, Codigo Civil. Republica dos Estados Unidos de Brasil. Imprenta Nacional. Rio de Janeiro. 1915. Págs. 226 y ss.] [34: Cfr. Código Civil de los Estados Unidos de Venezuela. Edición Oficial. Lit. y Tip. Del Comercio. Caracas. 1928. Págs. 288 y ss.] 5.1.2.

Fue la República de Chile una de las primeras en poner en marcha el proceso de su Codificación nacional. Así pudo, en ella, promulgarse con relativa prontitud –el 14 de diciembre de 1855- la ley que aprobó el Código Civil, cuya redacción se encomendó a un solo hombre: Don Andrés Bello (1781-1865). Como en tantas otras áreas del Derecho Civil, el genial codificador de las Américas no se contentó con reproducir en bloque las normas del Code francés; en sus sucesivos Proyectos, particularmente en el de 1853 y en el Inédito [footnoteRef:35], dejó bien claro que la reglamentación del contrato de mandato habría de fincarse en la doctrina de los expositores galos (especialmente en Pothier;

Delvincourt y Troplong), pero también, en la legislación española, particularmente en las Partidas de Alfonso X y en la Novísima Recopilación. [35: Los tengo a la vista y los he confrontado. Vide: BELLO, Andrés. Obras Completas. Tomo III. Proyecto de Código Civil. Tomos II-III. Editorial Nascimento/Universidad de Chile. Santiago. 1932.] El precepto 2289 del Proyecto Inédito, llamado así por haber estado sin editar algún tiempo, y que pasaría a la disposición 2116 del Código chileno sancionado en 1855, lo redactó de la siguiente manera: “ (…) El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera (…)”.

“(…) La persona que confiere el encargo, se llama comitente o mandante; i la que lo acepta, apoderado, procurador, i en general, mandatario (…) ”. 5.1.3. El Código Civil colombiano, adoptado en 1873 y luego a la manera de legislación nacional en 1887, acogió exactamente, como lo hicieron otros países del hemisferio (Guatemala; Ecuador y Uruguay), la regla 2116 del Código de Chile.

Así, preceptuó en su artículo 2142: “(…) El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera (…)”. Del concepto legal se deriva su característica más acusada, esto es, la de conferir al mandatario el poder de actuar a nombre del comitente y de representarlo jurídicamente [footnoteRef:36]; naturalmente cuando el contrato lleva envuelta la representación[footnoteRef:37], casos en los cuales ésta se torna esencial, por cuanto la gestión se realiza por cuenta y riesgo del mandante, y en proyección de la confianza ínsita en todos los pactos de la anotada clase[footnoteRef:38]. [36: En este sentido: GRIOLET, Gaston/VERGÉ, Charles.

Dalloz Dictionaire Pratique de Droit. Bureau de la Jurisprudence Générale Dalloz. Paris. 1908. Pág. 873; DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMENEZ ALFARO, Francisco. Ob. cit. Págs. 2583-2585.] [37: Porque también hay un mandato “sin representación”, admitido reiteradamente por la jurisprudencia de esta Corte con apoyo en los preceptos 2146 y 2177 del C.C. Así, entre otras: CSJ SSC del 16 de febrero de 1938 (M.P. Hernán Salamanca); 28 de marzo de 1939 (M.P. Hernán Salamanca); 3 de oct. de 1939 (M.P. Fulgencio Lequerica); 4 de marzo de 1940 (M.P. Hernán Salamanca); 23 de nov. de 1941 (M.P. Liborio Escallón); 23 de sept. de 1942 (M.P. Fulgencio Lequerica); 4 de nov. de 1943 (M.P. Liborio Escallón); 30 de junio de 1947 (M.P. Manuel J. Vargas); 22 de sept. de 1952 (M.P. Pablo Emilio Manotas); 9 de nov. de 1956 (M.P. Pablo Manotas); 11 de abril de 1957 (M.P. Guillermo Garavito); 30 de agosto de 1964 (M.P. Arturo Posada); 3 de marzo de 1978 (M.P. Alberto Ospina); 9 de sept. de 1991 (M.P. Héctor Marín Naranjo); 11 de oct. de 1992 (M.P. Carlos E. Jaramillo); y 17 de abril de 2007 (M.P. Pedro O. Múnar).] [38: Sobre la confianza como elemento central dentro de la noción del mandato, vide: CSJ SC del 17 de feb. de 1958 (M.P. José Hernández Arbeláez); y 30 de sept. de 1960 (M.P. José J. Gómez).

Y otras varias. En doctrina: DÍEZ PICAZO, Luis. Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial IV. Las particulares relaciones obligatorias. Editorial Aranzadi S.A. 2010. Pág. 475; STITCHKIN BRANOVER, David. Ob. cit. Págs. 48-49.] En torno a esta cuestión la Corte, en fallo de 3 de octubre de 1939 (M.P. Fulgencio Lequerica), acotó: “(…) [E] l mandatario, en cualquier forma que actúe, obra por cuenta y riesgo de su comitente, lo representa de manera ostensible u oculta y para éste son los beneficios derivados de los contratos o negocios que realice; en una palabra, obra jurídicamente en lugar del mandante y contrata para él, como si éste directamente realizara los actos jurídicos o negocios celebrados a su nombre (…)”.

En la CSJ SC del 11 de abril de 1957 (M.P. Guillermo Garavito), la Sala dejó sentenciado: “ (…) El mandante, al celebrar el contrato de mandato, tiene en cuenta la competencia del mandatario en la realización de los negocios que le encomienda y es en atención a esa competencia que se celebra la convención (…)”. “(…) La doctrina ha aceptado que el mandato puede ser representativo o sin representación. Cuando comporta representación, ésta puede ser directa o indirecta.

Para la representación directa se requiere un contrato válido de mandato, que el mandatario acepte y que obre a nombre del mandante; de consiguiente, el mandatario al obrar debe entender que ejecuta el encargo o negocio que se le encomendó, en los términos convenidos (…)”[footnoteRef:39]. [39: Ver también, en sentido análogo: CSJ SSC del 5 de agosto de 1936; 3 de oct. de 1939 (M.P. Fulgencio Lequerica); 30 de nov. de 1940 (M.P. Daniel Anzola); 18 de oct. de 1949 (M.P. Ricardo Hinestrosa); 25 de febrero de 1952 (M.P. Rodríguez Peña); del 25 de julio de 1957 (M.P. Enrique Giraldo); 30 de agosto de 1962 (M.P. Arturo Posada); 17 de junio de 1964 (M.P. Arturo Posada); 30 de marzo de 1978 (M.P. Alberto Ospina).

Entre muchas más. ] También en fallo del 27 de marzo de 2012 (M.P. Jaime Arrubla), cuando se dijo: “(…) Desde el punto de vista jurídico, la noción de mandato viene asociada a la idea de favor o de encargo (…). Se trata, entonces, de un instrumento de integración y colaboración que facilita satisfacer intereses del comitente, en cuyo beneficio se realizan actos que por circunstancias de diversa índole, no puede o no desea llevar a cabo él directamente.

Tal herramienta permite, pues, que a través de una superposición personal, un sujeto de derecho realice una gestión por o para otro, ya como simple benevolencia, ora a cambio de una contraprestación (…)”. El mismo razonamiento se aprecia en la doctrina de los expositores nacionales. Afirma Fernando Vélez: “(…) El mandatario representa al mandante, es decir, habla y obra en su nombre, es propiamente obra del mandante, de modo que una vez ejecutado por el mandatario el acto que le ha encargado el mandante, éste se halla en el mismo caso en que hubiese ejecutado el acto por sí mismo.

Qui mandat ipse facisse videtur. El mandante queda acreedor y deudor por el sólo hecho del mandatario, quien personalmente no se obliga, ni obliga a terceros respecto de él, porque cumplido el mandato, desaparece y en su lugar está el mandante (…)”[footnoteRef:40]. [40: VÉLEZ, Fernando. Derecho Civil Colombiano. Tomo VIII. Número 178.] Según Wahl: “(…) el mandato es un contrato mediante el cual una persona confiere a otra le poder de representarla, a fin de que ésta, en nombre e interés de aquélla, realice uno o varios negocios jurídicos (…)”[footnoteRef:41] (Subrayas y negrillas fuera del original). [41: Citado en: DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMENEZ ALFARO, Francisco.

Ob. cit. Pág. 2583.] Más modernamente, el italiano De Ruggiero sostiene: “(…) [El mandato] es el encargo conferido a una persona para que realice por cuenta nuestra y en nuestro nombre uno o varios negocios jurídicos, de modo que los efectos del negocio realizado se enlacen a nuestra persona como si nosotros mismos lo hubiésemos efectuado (…) ” [footnoteRef:42]. [42: Ibídem. ] Por supuesto, no debe perderse de vista que la idea de la representación viene cifrada en la circunstancia de que los efectos del acto celebrado o ejecutado por el representante se radican en cabeza del representado, como si él mismo los hubiere adelantado.

Magistralmente lo ha expuesto la Sala, al decir: “(…) Resulta incontrastable que las personas en el ejercicio ordinario de sus actividades laborales, económicas, financieras, y aún frente a asuntos de la vida como el matrimonio, etc., independientemente de las circunstancias que las conducen a determinaciones de ese temperamento, les corresponde, en línea de principio, optar por cumplir dichos actos de manera directa y personal; empero, así mismo, les es dable ejecutarlos a través de terceros, con mayor razón cuando la leyó alguna norma de carácter imperativo no restringe esa prerrogativa.

En esa perspectiva aparece la representación como el mecanismo jurídico más idóneo para cumplir tales objetivos (…)”. “(…) Deviene por lo mismo que el representante al aceptar y ejercitar el encargo dispensado por su representado, despliega ciertos comportamientos en los que explicita, frente a quienes está facultado, su verdadero rol, esto es, que vivifica la autorización recibida de un tercero para actuar en nombre suyo: vivifica, en consecuencia, la representación en los términos en los que se ha conferido, y en la mayoría de eventos la persona representada actúa por su intermedio y es tanto como si ella misma ejecutara el acto o negocio encomendado; aparece, subsecuentemente, que la representación no es nada diferente al a realización del pertinente acto o negocio por parte del mismo interesado, sólo que lo realiza por interpuesta persona, es decir, configura la abstracción que la ley realiza de la presencia real del titular en el acto o negocio que se ejecuta; sin embargo, y esto es obvio, las responsabilidades derivadas de eventos como el de esta especie, recae en el representado y no en el representante (…) ” [CSJ SC del 25 de febrero de 2009 (M.P. Pedro O. Munar)][footnoteRef:43]. [43: Ver también: CSJ SC del 24 de oct. de 1975 (M.P. Humberto Murcia Ballén); 25 de abril de 2000 (M.P. José F. Ramírez). ] 5.1.4.

Se impone, para efectos de la claridad en la exposición, distinguir –conceptualmente- las tres figuras atrás referidas, esto es, el contrato de mandato, la representación y el acto de apoderamiento o poder. Los tres, aun cuando complementarios, son diferentes. El primero es un contrato consensual y bilateral, una convención generadora de obligaciones; la segunda es una institución propia del Derecho del Negocio Jurídico, a través de la cual los efectos de los actos desarrollados por quien lleva la representación de otro se radican en cabeza del representado; el poder es, grosso modo, un acto jurídico unilateral que relaciona apoderado y terceros, sin crear – per se - obligaciones de ninguna clase por limitarse a habilitar a otro para actuar a nombre de quien lo confiere.

El mandato viene definido en el artículo 2142 del Código Civil, cuando dice que es: “ (…) un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra, que se hace cargo de ellas por cuenta y riesgo de la primera (…) ”. Es, desde luego, un auténtico negocio jurídico de carácter consensual y bilateral, y se perfecciona, a voces del precepto 2150 ibídem, con la sola aceptación, expresa o tácita del mandatario.

Naturalmente, puede ser tanto representativo como no representativo, conforme lo dejé explicado en la nota al pie número 31 de este documento. La representación, cuando es de las personas físicas o naturales, tiene por objeto primario suplir la deficiencia que supone la limitación de nuestras facultades, para de este modo ampliar el campo de nuestra actividad jurídica o, en su caso, económica.

En el estudio del sujeto como elemento de la relación jurídica, es preciso diferenciar el titular del poder jurídico del portador efectivo de la voluntad, habilitado para poner en ejercicio el derecho, que bien puede no coincidir con el primero. De esta manera, la declaración de voluntad puede hacerse por el mismo interesado en el negocio, caso en el cual coinciden titular y portador de la voluntad, o a través de persona distinta.

En este último caso, es donde se habla propiamente de representación, pues se sustituye al titular en la manifestación de voluntad por el representante, quien pasa a actuar como instrumento de transmisión de la voluntad ajena. Los autores[footnoteRef:44] separan la representación indirecta de la directa. La primera se cifra en la idea de que el representante realiza el acto en nombre propio, aunque por cuenta e interés del otro, de tal modo que los derechos y obligaciones se producen en el representante; en la segunda, por el contrario, el representante realiza el acto a nombre del representado, radicándose los efectos del acto en cabeza de este último. [44: Cfr. DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMENEZ ALFARO, Francisco.

Ob. cit. Pág. 3379.] Dentro de la representación directa de personas naturales[footnoteRef:45] se distinguen[footnoteRef:46], en atención a su fuente, dos clases principales: (i) necesaria o legal, es decir, la conferida por la ley a ciertas personas, que por virtud de un cargo u oficio o de una posición familiar, obran a nombre de otras que están impedidas para hacerlo por sí mismas; y (ii) voluntaria, esto es, aquella en cuya virtud una persona autoriza a otra para que concluya en su nombre uno o varios negocios jurídicos que han de producir sus efectos como si la primera, por sí misma, los hubiese celebrado. [45: Porque en el ámbito propio de las personas jurídicas o entes morales se habla también de “representación orgánica”.

Sobre este tipo de representación, vide: HINESTROSA FORERO, Fernando. Ob. cit. Págs. 179 y ss.] [46: Ver: MESSINEO, Francesco. Manuale di Diritto Civile e Commerciale. Vol. I. Ed. Giuffré. Milán. 1947. Págs. 309 y ss.; HINESTROSA FORERO, Fernando. La Representación. Universidad Externado de Colombia. Bogotá. 2008. Págs. 155 y ss.] El poder, finalmente, es la facultad que da una persona a otra para que haga en su nombre cuanto ella haría por sí misma en el negocio que le encarga.

Más concretamente, es el instrumento mediante el cual alguno autoriza a otro para que en su lugar lo represente y ejecute alguna cosa o ejerza ciertas facultades[footnoteRef:47]. [47: Así: PUJOL, Pedro. Diccionario Tecnológico de Jurisprudencia, Economía y Legislación. Publicaciones Mundial. Barcelona. 1931. Pág. 405.] Tradicionalmente se ha identificado el poder con el contrato de mandato.

Nuestro Código Civil refleja en su articulado esa confusión. Empero, la doctrina moderna[footnoteRef:48] ha distinguido ambas instituciones. [48: Cfr. DE CASSO Y ROMERO, Ignacio/CERVERA Y JIMENEZ ALFARO, Francisco. Ob. cit. Pág. 3381; STITCHKIN BRANOVER, David. El Mandato Civil. Editorial Jurídica de Chile. Santiago. 1975. Págs. 38-39.] Mientras el mandato estriba en una relación interna y material de gestión constituida contractualmente entre mandate y mandatario, o entre mandante y apoderado, el poder de representación es un acto o negocio jurídico unilateral que relaciona apoderado y terceros, con carácter meramente formal que trasciende a la esfera exterior, pues tiene como efecto propio y singular el de vincular al representado con los terceros, mediante la estimación de que los actos jurídicos que el representante concluya a nombre del representante y estén dentro de la órbita del poder, habrán de considerarse, en punto a sus consecuencias y efectos, como si éste último los hubiese realizado.

La aludida diferenciación es la aceptada también en la jurisprudencia de esta Sala, cuando ha dicho: “ (…) En ese sentido, por lo tanto, se distinguen el mandato y el acto de apoderamiento, así éste sea una consecuencia de aquél, para significar que el primero por sí no confiere la representación del mandante y que el segundo es un acto autónomo e independiente de su causa.

De ahí que se hable de la coexistencia de dos actos jurídicos, uno bilateral, el contrato de mandato, y otro unilateral, el acto de procuración (…)”. “(…) Distinción que es de capital importancia para efectos probatorios, porque si el contrato de mandato es esencialmente consensual, cualquier medio probatorio sería idóneo para establecerlo.

En cambio, cuando se trata de acreditar el acto de apoderamiento ante terceros y los poderes se refieren a asuntos respecto de los cuales la ley exige cierta formalidad, la prueba tendría que restringirse a la solemnidad del escrito (…) ” [CSJ SC del 15 de diciembre de 2005 (M.P. Jaime A. Arrubla)]. El chileno Stitchkin Branover, luego de explicar la naturaleza de ambas figuras, ilustra su distinción de la siguiente manera: “(…) [P] artiendo de [sus] conceptos, podemos resumir las diferencias que separan el poder de representación del mandato en las siguientes conclusiones: a) el mandato se origina siempre en una relación contractual; es siempre un acto jurídico bilateral porque requiere acuerdo de voluntades; el poder de representación puede ser legal, cuando emana de la ley (…) o voluntario, si tiene su origen en un acto o declaración de voluntad del poderdante; b) el mandato es un acto jurídico bilateral; es un contrato.

El poder voluntario emana de un acto jurídico unilateral que no requiere la aceptación y ni siquiera el conocimiento del apoderado; c) el mandato engendra obligaciones recíprocas entre las partes que lo acuerdan. El poder de representación no crea por sí sólo obligaciones de ninguna especie ya que su objeto consiste simplemente en facultar, capacitar al apoderado para afectar un patrimonio ajeno a las resultas de los actos o contratos que ejecute o acuerde en tal carácter.

En caso alguno impone al apoderado la necesidad jurídica de hacer uso del poder; d) el mandato determina las relaciones jurídicas entre el poderdante y los terceros; e) el mandato es contrato principal, pues subsiste por sí mismo, sin necesidad de otra convención; el otorgamiento de poder también es un acto jurídico principal, que subsiste independientemente de todo otro acto jurídico, pero ordinariamente va unido a otro acto o contrato que puede ser cualquiera de los nominados o nominados que conocemos (…); f) por último, el mandatario debe actuar a nombre propio, si carece de la facultad de representar al mandante; el apoderado siempre debe actuar a nombre el poderdante.

Si omite esta circunstancia no opera la representación (…) ” [footnoteRef:49]. [49: STITCHKIN BRANOVER, David. Ob. cit. Págs. 38-39.] 5.1.5. Ahora bien, tratándose de los apoderados generales que ostentan la calidad de abogados titulados o habilitados para ejercer su profesión, los mismos principios atrás enunciados resultan aplicables, conforme enseguida procedo a explicar.

Ni quien contrata con un abogado a fin de que le represente en un litigio o en cualesquiera otra actividad inherente a su ciencia es amo, ni el profesional aceptante de la procuración es criado, porque la ley ni siquiera quiso clasificar este contrato, o sea el de “ prestar servicios ”, como resulta del tenor del canon 2144 del Código Civil cuando sentencia: “ Los servicios de las profesiones y carreras que suponen largos estudios, o a que está unida la facultad de representar y obligar a otra persona respecto de terceros, se sujetan a las reglas del mandato”.

La razón de ello es histórica. Como señaló la Sala, evocando a los franceses Planiol y Ripert, “(…) Una tradición que se remonta al derecho romano considera que las artes liberales no pueden ser objeto de un contrato de trabajo y lo sustituyen por la noción de mandato. Esa tradición es consecuencia del carácter de arrendamiento que tradicionalmente se asignaba al contrato de trabajo; parecía que ciertas profesiones repugnaban ser objeto de él. No se arriendan los servicios de un médico, de un profesor, de un abogado.

La jurisprudencia del siglo XIX ha seguido generalmente ese criterio, y considera que el contrato celebrado es un mandato y no un arrendamiento de servicios o de obra (…)”[footnoteRef:50] (Resaltados para hacer énfasis). [50: CSJ SC del 6 de abril de 1959 (M.P. Hernando Morales Molina); en sentido análogo: 19 de sept. de 1958 (M.P. Alfredo Cock).] Los servicios profesionales, en línea de principio, no constituyen propiamente un mandato, pues no conllevan por sí y ante sí la idea de representación ni de gestión por cuenta del mandante.

No obstante, si a ellos está ligada la facultad de representar y obligar a otra persona en frente de terceros, cual sucede muy particularmente en el caso de los abogados, la sujeción a las disposiciones del Título XXVIII del Libro IV del Código Civil se impone legalmente (art. 2144 ib. ), pero también por su propias notas jurídicas, porque en tales casos se reúnen las condiciones constitutivas de un genuino mandato, y quien lo ejecuta recibe el nombre genérico de “ apoderado judicial ”, siguiendo la terminología del Código General del Proceso (art. 75).

Desde este ángulo, la sola circunstancia de que una persona acredite legalmente como apoderado suyo a otra para sus negocios judiciales, le confiere la calidad de mandatario, con todas las facultades, pero también deberes y responsabilidades propios de ese convenio, obligándose a gestionar los actos adecuados a su objeto. Este razonamiento, es de acotar, se acompasa íntegramente con las normas sustantivas que definen y reglamentan el mandato (arts. 2142, 2144, 2146 y 2150 del C.C.).

Síguese de ello que la actuación del apoderado es actuación del poderdante; lo que hace aquél se reputa hecho por éste (art. 1505 C.C.). El reconocimiento de un sujeto como intermediario o vocero de otro en la verificación de un particular negocio, afirma el poder especial (o general, según los casos) del intermediario para adelantar la comisión por cuenta del comitente.

El mandato así otorgado puede ser general, si es para todos los negocios, o especial, si se confiere de cara a una determinada gestión de naturaleza más o menos transitoria o duradera. Pero en todo caso es un mandato. Estas ideas se acompasan con la teoría de la Sala de Casación Civil, invariable a lo largo del tiempo, y condensada en varias providencias que me limito a dejar referenciadas[footnoteRef:51].

La tesis constituye doctrina probable y de obligatoria observancia, conforme lo establece el canon 7º del Estatuto Adjetivo. [51: Et al: CSJ SC del 21 de marzo de 1938 (M.P. Arturo Tapias Pilonetta); 17 de marzo de 1945 (M.P. Hernán Salamanca); 18 de octubre de 1949 (M.P. Ricardo Hinestrosa Daza); 6 de julio de 1955 (M.P. Manuel Barrera Parra); 28 de julio de 1958 (M.P. Ignacio Escallón); y 19 de septiembre de 1958 (M.P. Alfredo Cock).] 6.

Partiendo de las premisas expuestas y aplicándolas al subjúdice, se deduce lo siguiente: La confianza depositada por el comitente en el procurador, cualesquiera sea la especie del mandato que se trate, es elemento inherente al convenio. Como lo expone Díez-Picazo, el reseñado acuerdo de voluntades encuentra su base y su fundamento en un vínculo de confianza y de fidelidad entre los participantes, deviniendo de allí, en línea de principio, el carácter intuitu personae del mismo, y la marcada relevancia de la personalidad de los intervinientes, al punto que “(…) [l] a modificación sobrevenida o la desaparición de las circunstancias o cualidades personales sobre las cuales se basó la confianza de las partes tiene que tener un cauce para repercutir en la suerte de la relación. La ley contempla alguno (sic) de estos cambios como causas especiales de terminación de la relación (la interdicción, la quiebra, la insolvencia), pero, en general, toda pérdida de la confianza debe generar una posible terminación de la relación (…)”[footnoteRef:52]. [52: DÍEZ PICAZO, Luis.

Fundamentos del Derecho Civil Patrimonial IV. Las particulares relaciones obligatorias. Editorial Aranzadi S.A. 2010. Pág. 475.] Es tan medular la confianza, que el contrato puede extinguirse unilateralmente cuando ésta se diluye: el mandante, revocándolo, y el mandatario, renunciando, según emerge de lo consignado en los artículos 2189 a 2193 del Código Civil.

Por esa razón, impedir a un sujeto provisto por un mandato general de la facultad de resguardar las garantías de un tercero la ejecución de su gestión pretextando la falta de un poder especial y/o la carencia de una calidad superflua, desconoce la particular naturaleza del mentado negocio jurídico y los principios que lo inspiran. El mandatario, sea o no abogado, se encuentra facultado para incoar la acción de tutela en nombre del supuestamente agraviado; distinto es que para el efecto constituya “ poder especial ”, pero a un profesional del derecho. 7.

La tesis prohijada por la Sala deja inoperante lo estatuido en los preceptos 1505, 2142, 2144 y 2156, todos del Código Civil, porque vuelve inútil la potestad concedida por el legislador a los particulares a fin de que designen a un tercero para que los represente en cualquier negocio de la vida, y en los términos que a bien tengan. Resulta contradictoria con la propia jurisprudencia de esta Corporación, que de manera uniforme y reiterada, y en sede de casación, haya reconocido la licitud y eficacia de pactos extendidos en tales términos, así como sus rasgos característicos y los efectos dimanantes de ellos, pero en materia de tutela camine a contrapelo, cuando precisamente se trata de la protección de los derechos fundamentales en el Estado Social de Derecho.

En materia de tutela, la tesis de la Sala es desacertada y se halla en contra de lo previsto en el artículo 10 del Decreto 2591 de 1991, el cual consagra el principio de informalidad, sin distinguir si la representación proviene de un mandato general o especial o de un acto de apoderamiento. Permite, precisamente, formular la acción a la persona afectada en sus prerrogativas superiores “ por sí misma o a través de representante ”.

No existiendo norma que prohíba la estipulación de convenciones de la clase indicada y echada de menos por la Corte, debió dársele aplicación al principio de la autonomía privada, expresión de libertad, derechos fundamentales, libre desarrollo de la personalidad e iniciativa económica y de empresa garantizadas por el Estado Social de Derecho, soporte y apoyo del sistema democrático, conforme se desprende del Preámbulo y de los artículos 2º, 13, 14, 16, 28, 58, 59 a 66, 78, 82, 94, 150 332, 333, 334, 335 y 373 de la Constitución. Mediante él, se confiere al sujeto iuris el poder para engendrar el negocio jurídico.

No debe perderse de vista, “(…) la autonomía privada en cuanto libertad contractual, comporta el razonable reconocimiento legal a toda persona de un cúmulo de poderes o facultades proyectadas en la posibilidad de disponer o abstenerse de la disposición (libertad de contratar o no contratar), seleccionar el sujeto con quien dispone (libertad de elegir parte o contratante), escoger o crear el tipo contractual (libertad de optar en el catálogo legis o en los usos o prácticas sociales por la especie singular de contrato o crearlo), celebrarlo de inmediato o previo agotamiento de una fase formativa (libertad de celebrar el contrato en forma inmediata o progresiva), hacerlo directamente o por mandatario, representante o apoderado, expresar el acto dispositivo (libertad de expresión o de forma), determinar el contenido (libertad de estipular el contenido), asegurar el cumplimiento, prevenirla terminación o disponerla, y garantizar, atenuar o ampliar la responsabilidad (…)”[footnoteRef:53]. [53: CSJ SC del 30 de agosto de 2011 (M.P. William Namén Vargas).

En sentido similar: CSJ SC del 16 de dic. 2014 (M.P. Jesús Vall de Rutén); CSJ SC del 10 de marzo de 1995 (M.P. Pedro Lafont Pianetta). ] Ahora, dicho postulado no es libérrimo, absoluto ni ilimitado. Su ejercicio encuentra cortapisa en el orden público, las normas imperativas o del ius cogens, la moralidad o las buenas costumbres[footnoteRef:54]. [54: Así: CSJ SC del 30 de agosto de 2011 (M.P. William Namén Vargas);

CSJ SC del 8 de oct. de 1997 (M.P. Pedro Lafont Pianetta).] Dicho en términos más simples: si el legislador o el ordenamiento no impone una restricción, prohibición o limitación, las partes gozan de la facultad de pactar cuanto estimen conveniente, quedando atadas (o vinculadas) a sus estipulaciones, según lo disponen los cánones 1602 del Código Civil y 871 del Estatuto Mercantil.

Es una arbitrariedad pretender, a través de una hermenéutica forzada y equívoca de las normas regulatorias del mandato, limitar el ejercicio de esos poderes, cuya fuente última se encuentra en la propia Carta. Jamás se puede coartar de ese modo la libertad contractual que le asiste a los contrayentes, pues se estaría violando la ley so pretexto de interpretarla. 8.

Los derechos fundamentales, en el contexto de la Democracia Constitucional y Social de Derecho, donde el acceso a la justicia y la tutela judicial efectiva[footnoteRef:55], son base angular, no pueden resistir una conceptualización de ese talante. [55: Sobre los derechos a las garantías y a la protección judicial efectiva, pueden verse los arts. 8º y 25 de la Convención Americana de Derechos Humanos, también conocida como Pacto de San José de Costa Rica, firmada en San José, Costa Rica, el 22 de noviembre de 1969, aprobada en Colombia por la Ley 16 de 1972.] En ese orden: ¿por qué se admite la instauración del auxilio por conducto de agente oficioso, aun cuando éste no dispone ni ha de exhibir autorización alguna ni acreditar ser abogado, habilitándosele incluso para conferir poder especial[footnoteRef:56], pero al apoderado general se le prohíbe, a pesar de contar, él sí, con la aquiescencia del directo interesado en la protección de las prerrogativas presuntamente quebrantadas? [56: En la sentencia T-430 de 2017, la Corte Constitucional reiteró que “(…) ha reconocido la posibilidad de agenciar el derecho de postulación judicial.

En efecto, un tercero podría otorgar poder a un abogado para que interponga la acción de tutela. Empero, en estos casos debe probarse la necesidad de acudir a la figura de la agencia oficiosa, es decir que debe acreditarse la imposibilidad que tiene el titular de un derecho de otorgar poder por sí mismo a un profesional del derecho. Esta hipótesis podría ocurrir, por ejemplo, en el caso de un incapaz absoluto (…)”.] Si se afirmara como parte de la respuesta a este cuestionamiento, el deber de asegurar la defensa técnica de las garantías del inmediatamente afectado y la eventual responsabilidad profesional del representante, tal tesis fallaría al intentar contestar la primera hipótesis, pues a quien obra al abrigo de la agencia oficiosa no le son aplicables los comentados requerimientos.

El mandatario, por tanto, sea o no abogado, se encuentra facultado para incoar la acción de tutela en nombre del agravado; y muy distinto es que para el efecto constituya apoderado especial a un profesional del derecho. 9. Es más, al margen de lo plasmado, de cualquier modo, la postura de la Sala mayoritaria y de la Corte Constitucional carece de asidero jurídico, porque ni el artículo 86 de la Carta Nacional, consagratorio de la acción de tutela, ni el Decreto 2591 de 1991, reglamentario de ésta, prescriben las memoradas exigencias.

Por el contrario, el referido canon superior consigna -sin restricción- que reclamos iusfundamentales como el actual pueden ser invocados por toda persona, “ por sí misma o por quien actúa a su nombre ”, mientras el precepto 10 del Decreto 2591 reitera esa noción, añadiendo la presunción de autenticidad de los poderes otorgados con miras a la formulación de esta clase de trámites.

De contera, la decisión de la cual discrepo está imponiendo a los usuarios de la administración de justicia el cumplimiento de requisitos no previstos en la ley; deniega así su libre acceso[footnoteRef:57], y soslaya la informalidad[footnoteRef:58] de actuaciones de este linaje, en el marco de la acción constitucional. [57: Art. 229 de la Constitución Nacional: “Se garantiza el derecho de toda persona para acceder a la administración de justicia. La ley indicará en qué casos podrá hacerlo sin la representación de abogado”.] [58: Art. 14 del Decreto 2591 de 1991: “En la solicitud de tutela se expresará, con la mayor claridad posible, la acción o la omisión que la motiva, el derecho que se considera violado o amenazado, el nombre de la autoridad pública, si fuere posible, o del órgano autor de la amenaza o del agravio, y la descripción de las demás circunstancias relevantes para decidir la solicitud.

También contendrá el nombre y el lugar de residencia del solicitante. No será indispensable citar la norma constitucional infringida, siempre que se determine claramente el derecho violado o amenazado. La acción podrá ser ejercida, sin ninguna formalidad o autenticación, por memorial, telegrama u otro medio de comunicación que se manifieste por escrito para lo cual se gozará de franquicia. No será necesario actuar por medio de apoderado.

En caso de urgencia o cuando el solicitante no sepa escribir o sea menor de edad, la acción podrá ser ejercida verbalmente. El juez deberá atender inmediatamente al solicitante, pero, sin poner en peligro el goce efectivo del derecho, podrá exigir su posterior presentación personal para recoger una declaración que facilite proceder con el trámite de la solicitud, u ordenar al secretario levantar el acta correspondiente sin formalismo alguno”.] 10.

Téngase además que el mandato consensual como es, no requiere solemnidad alguna, y por ese motivo, la ausencia de poder especial para impetrar una acción de tutela, no lo desvirtúa. Sobre el particular, el Consejo de Estado señaló: “(…) Si bien es cierto que, conforme ya se explicó, al demandante no se le confirió poder para presentar la solicitud de revocatoria directa, también lo es que este hecho no es suficiente para concluir, como lo hizo la Corte Suprema de Justicia, que aquel carecía de mandato para adelantar tal gestión. No debe perderse de vista que el poder es apenas uno de los requisitos que deben cumplirse para que se produzca la representación, pero no es un elemento necesario para la formación del mandato, pues éste es de carácter consensual y se reputa perfecto por la simple aceptación del mandatario (Código Civil, arts. 2149 y 2150).

Al respecto, la doctrina ha puntualizado que: (…)” “(…) El poder es simplemente la facultad conferida a un intermediario de actuar en nombre de la persona interesada en la celebración de algún negocio y, de manera general, en la emisión o recepción de alguna manifestación de voluntad; o dicho en otros términos, el poder es la facultad de representación. El poder, por sí solo, no obliga al apoderado a actuar, apenas autoriza a representar al interesado (…)”.

“(…) Dicha facultad puede emanar de la ley o de la voluntad del propio interesado… Para la representación voluntaria, en cambio, el propio interesado confiere el poder al representante, en virtud de un negocio jurídico unilateral que se denomina apoderamiento o acto de apoderamiento o procuración ( … ). Es aquí en la representación voluntaria donde residen la mayoría de las confusiones doctrinales e imprecisiones legales atañaderas (sic) a la representación (…)”.

“(…) En la representación voluntaria, la procuración, que es un negocio unilateral, y el poder, que es una facultad, por regla general no se dan solos, sino asociados a otro negocio jurídico, previo o simultáneo, por el cual el representante y el representado regulan las relaciones que existen entre ellos con motivo de la existencia y ejercicio del poder y el representante se obliga a ejercerlo.

Se llama negocio fundamental o relación fundamental. Puede ser y es en la mayoría de los casos un mandato, es decir, un contrato por el cual el mandatario se obliga a gestionar uno o más negocios por cuenta y riesgo del mandante (…). Entonces, coexisten la procuración, el poder y el contrato fundamental que se otorgan simultáneamente y se hacen constar en el mismo documento: por eso los propios autores suelen pensar que sólo han celebrado un negocio.

Pero son dos y no deben confundirse (…)”. “(…) Para distinguir los tres fenómenos con toda nitidez basta pensar en la esencia de cada cual. Por ejemplo, la procuración o acto de apoderamiento es un negocio jurídico unilateral del poderdante que sólo crea facultades; mientras que el poder es una mera facultad; y el mandato es un negocio bilateral, un contrato, que no crea simples facultades sino obligaciones, en especial, las del mandatario de obrar por cuenta y riesgo (pero no necesariamente en nombre del mandate).

Puede existir el mandato sin poder (“mandato no representativo”, lo ha llamado la Corte), que sirve de base a la mediación reservada o el mandato con poder (“representativo”, según el léxico de la Corte), que sirve de base a la representación pero no por ser un mandato sino por envolver dos negocios, el mandato y la procuración (…). La distinción es tan radical que pueden coexistir la procuración y el poder desprovistos de toda relación fundamental: así ocurre cuando el representado se limita a conferir la facultad de celebrar en nombre suyo algún negocio al representante sin que éste se obligue a hacerlo ni entre los dos medie contrato alguno que defina sus relaciones.

En suma, la procuración y el poder son fenómenos diferentes del negocio fundamental y en buen grado autónomo frente a él (…)”. “(…)”. “(…) Se reitera, el hecho de que el abogado López Morales careciera de poder para presentar a nombre de la quiebra de Industrias Ancon Ltda. la solicitud de revocatoria directa, no desvirtúa la existencia del mandato.

Esto solo prueba que la quiebra incumplió con una de sus principales obligaciones –cual es la de proveer al mandatario de todo lo necesario para la ejecución del encargo (Código Civil, artículo 2184)–; y que, en contraste, el demandante fue diligente en el cumplimiento de gestión pues, ante la actitud asumida por el síndico de la quiebra, que se negó a otorgarle los poderes respectivos, actuó en la forma prevista por el artículo 2160 del Código Civil, pues se valió de medios equivalentes –esto es, acudió ante otra de las personas legitimadas para solicitar la revocatoria directa de la resolución n.º 876 de 1981, el señor Víctor Manuel López Páramo, acreedor de la quiebra–, con el fin conseguir que se lo facultara para gestionar ante la Superintendencia de Control de Cambios la revocatoria de la sanción impuesta a su mandante (…)”[footnoteRef:59]. [59: Consejo de Estado, Sala de lo Contencioso Administrativo, Sección Tercera, Subsección B, sentencia de 26 de julio de 2012, exp. 25000-23-26-000-1999-02010-01.] 11.

En los anteriores términos, dejo consignado mi anunciado salvamento de voto. Bogotá, D.C., ut supra. LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA Magistrado 41