Demuestran una menor peligrosidad y atenúan, por tanto, la responsabilidad -en cuanto no hayan sido previstas de otra manera- las siguientes circunstancias:
La buena conducta anterior.
Obrar, por motivos nobles o altruistas.
Obrar en estado, de pasión excusable, de emoción determinada por intenso dolor o temor, o en ímpetu de ira provocada injustamente.
La influencia de apremiantes y excepcionales circunstancias personales o familiares en la ejecución del hecho.
La embriaguez voluntaria, cuando el agente no haya podido prever sus consecuencias delictuosas.
Haber obrado por sugestión de una muchedumbre o tumulto.
Procurar espontáneamente, después de cometido el hecho, disminuir o anular sus consecuencias.
Resarcir el daño, aunque sea parcialmente.
Presentarse voluntariamente a las autoridades después de cometido el delito y confesarlo.
En las culpas, causar el daño en circunstancias que lo hacían muy improbable o difícilmente previsible.
La indigencia y la falta de ilustración, en cuanto hayan influido en la ejecución del hecho.
Las condiciones de inferioridad psíquica, determinadas por la edad, por el sexo, o por circunstancias orgánicas transitorias.